|
|
|
|
| Instituto
Napoleónico México-Francia - Institut
Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador. |
SIGNOS
CLÍNICOS REFERENTES A LA
INTOXICACIÓN POR ARSÉNICO
SUFRIDA POR NAPOLEÓN
|
|
Por
el Doctor Bernard Charton, FINS
|
Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
En
el diagnóstico de una enfermedad cualquiera,
son prioritariamente los signos clínicos
los que informan al médico. Este diagnóstico,
propuesto por la clínica, podrá
sin embargo ser confirmado, de ser necesario,
por exámenes de laboratorios, radiografías
o todo otro examen indicado específicamente,
y adaptado a cada caso.
En el tema del diagnóstico de la causa
del deceso de Napoleón I, los exámenes
complementarios no son, por supuesto, posibles,
ni los exámenes biológicos, ni
las radiografías, ni las ecografías.
El único examen, o dosificación
que es aún posible en nuestros días,
es el examen, así como la búsqueda
toxicológica a nivel del cabello. Esto
ha sido hecho, y los resultados son bien conocidos.
Lo que no es posible tampoco, es el interrogatorio
del paciente sobre todos los síntomas
sentidos, así como el examen clínico
minucioso del paciente, todas estas informaciones
hubiesen sido bien útiles para establecer
un diagnóstico confiable.
En cambio, disponemos afortunadamente de numerosos
escritos, de numerosas declaraciones de innumerables
descripciones, hechas por su entorno, y por
el mismo Napoleón Bonaparte. Estas informaciones,
mucho más importantes de lo que se piensa
comúnmente, nos brindan elementos muy
constructivos para la elaboración de
un diagnóstico verdaderamente confiable.
Y vamos a demostrar que los signos clínicos
revelados por los personajes que le rodean,
son suficientes por ellos mismos, y ampliamente,
para establecer un diagnóstico sin falla.
He aquí, tal vez un poco en desorden,
todos los síntomas que pudimos apuntar
a través de nuestras lecturas. Por supuesto,
tomados de manera aislada, estos signos no tienen
ningún valor específico, pero
es el conjunto de estos síntomas el que
el diagnóstico irrefutable de intoxicación
arsenical, excluyendo toda otra enfermedad.
Precisemos que estos signos clínicos
no eran constantes, sino variables en el tiempo,
por la buena razón que la administración
del tóxico no era ni regular ni constante,
sino intermitente, yendo creciente en el tiempo,
y yendo creciente también en intensidad
con el tiempo, e incrementándose su importancia
durante los dos últimos años de
su vida, en 1820 y sobre todo 1821.
Después de este preámbulo indispensable,
he aquí estos signos, o síntomas,
sin duda un poco en desorden, pero poco nos
importa, al ser lo esencial señalarlos
todos, y hemos apuntado en nuestras lecturas,
no una docena, como se declara comúnmente,
sino cerca de una centena.
En el plano
general y mental:
-
Una agitación
permanente, física y mental.
-
Una ansiedad
llana y sin interrupción, frecuentemente
sin motivo válido.
-
A un grado
superior, esta ansiedad se convierte en angustia.
-
El sujeto
tiene la certeza que no podrá curarse
jamás.
-
El sujeto
está persuadido de que es aquejado
por muchas enfermedades incurables.
-
El sujeto
tiene un miedo sin cesar creciente de la muerte.
- El paciente ya no soporta la
soledad, busca compañía y desea
que una tercera persona se quede a su lado,
o al menos esté muy próxima.
-
Es presa
de un estado de reflexión profunda.
Medita y regresa a la razón.
-
Está
melancólico, triste.
-
Se torna
cada vez más riguroso.
-
La economía
le preocupa.
-
Es minucioso,
puntilloso, difícil, exigente, quisquilloso,
formalista.
-
Aún
cuando ya lo es, se torna aún más
ordenado.
-
Teme a los
mirones.
-
Tiene la
impresión de ser observado incesantemente.
-
Cierra las
persianas o las cortinas para no ser observado.
-
Se tiene
la impresión de que lucha contra una
vitalidad desfalleciente.
-
Lucha también
contra la marcha ineluctable del tiempo.
-
Las cefaleas
son frecuentes, en la región frontal
así como en la región del occipucio.
Estas cefaleas son aliviadas por el frío.
-
Tiene una
impresión de calor en la cabeza, impresión
aliviada por el fresco.
-
Tiene una
importante impresión de frío
en todo el cuerpo.
-
Esto no
es sólo una impresión, sino
que todo su cuerpo está helado.
-
Es invadido
por una gran fatiga.
-
Una fatiga
redoblada por una gran debilidad.
-
El hígado
está dañado: la hepatitis franca
es frecuente.
-
La lengua
es blanca y saburral.
-
La salivación
se incrementa fuertemente.
-
La gastritis
es frecuente.
-
La enteritis
se halla presente con frecuencia y asociada.
-
Los vómitos
surgen inopinadamente.
-
Las diarreas
son frecuentes, entrecortadas por periodos
de constipaciones.
-
Crisis de
hipo aparecen de manera repetida.
-
Eructos
desagradables son de oficio.
-
Los bostezos
se suceden sin tregua.
-
El sujeto
gusta de beber frío, pero en pequeñas
cantidades.
-
No se siente
atraído por las bebidas calientes,
pero las soporta mejor que las bebidas frías.
Sobre el plano
sanguíneo y circulatorio:
-
Los sangrados
son frecuentes, y esto en diferentes partes
del cuerpo.
-
Sangra a
nivel de la nariz, de las encías, del
intestino, de los pulmones, del ano.
-
Las hemorroides
son frecuentes.
-
El sujeto
está pálido y anémico.
-
Las piernas
están infladas, el edema y la trombosis
acechan.
Luego:
-
Las aletas
de la nariz están hinchadas, excoriadas
y con dolor.
-
Presencia
de costras en el interior y en el exterior
de la nariz.
-
Estornudos
repetidos e inexplicados sobrevienen inopinadamente.
Sobre el plano
respiratorio:
-
Una tos
seca aparece, frecuentemente entrecortada,
similar a de la tosferina.
-
La respiración
es difícil, casi asmática.
-
Predisposición
frecuente a la neumonía y a la pleuresía.
Luego:
-
Los ojos:
están hinchados, como todo el rostro.
-
La esclerótica
es amarillenta.
-
La fotofobia
es manifiesta.
-
Orejas:
aparece una tendencia a la sordez.
-
Zumbidos
en los oídos son frecuentes.
-
Un edema
invade progresivamente todo el cuerpo.
-
Edema predominante
en ambas piernas.
-
La marcha
se torna difícil.
-
Inseguridad
al caminar...
Ya que, además del edema, se instala
una cierta parálisis.
-
La piel
está pálida, sudorosa, fría,
cerosa, amarillenta.
-
Las infecciones
cutáneas cunden: erupciones, granos
de naturaleza infecciosa aparecen por doquier,
hasta la altura de la cara, dando nacimiento
a veces a pústulas o inclusive a furúnculos.
-
La erisipela
no es rara.
-
El prurito
molesta enormemente al paciente.
-
El sujeto
sufre igualmente del sistema piloso.
-
Los cabellos
se hacen raros.
-
Los bochornos
febriles se repiten con una intensidad variable.
-
Una fuerte
transpiración acompaña a dichos
accesos febriles.
-
Escalofríos
persistentes acompañan o preceden dicha
fiebre.
-
El corazón
está cansado.
-
Palpitaciones.
-
Pulso débil
y rápido.
Luego:
-
El hombro
derecho duele.
-
Algunos
reumatismos pueden dañar muchas articulaciones.
Finalmente:
-
Se observa
un temblor de las extremidades, y sobre todo
de los dedos.
-
Estos temblores
pueden concernir a todo el cuerpo.
-
Diversas
neuralgias aparecen.
-
Las convulsiones
no son raras, así como las crisis casi
epilépticas.
-
Los riñones
están tocados, signos urinarios de
cistitis aparecen.
He aquí
una mayoría de signos que se pueden apuntar
al leer todas las memorias escritas por el entorno
de Napoleón, ya sean las memorias de
sus médicos, o sobre todo de sus sirvientes,
que eran excelentes observadores.
La fuente de esta abundancia de signos patológicos
nos fue brindada por las numerosas experimentaciones
realizadas por médicos homeópatas,
hace casi dos siglos. Sus experimentaciones
eran muy rigurosas y muy precisas. Arriesgando
su salud, ingurgitaron dosis de arsénico
frecuentemente al límite de lo soportable,
al límite de lo peligroso. Pero esto
les permitió recoger una abundancia de
signos toxicológicos, específicos
del arsénico. Este mismo arsénico
les era útil para curar algunas enfermedades,
pero, por supuesto, a dosis, esta vez, infinitesimales.
(«Materia Médica Homeopática
de J.T.Kent»)
Esta abundancia
de síntomas hace pensar en una acumulación
de muchas enfermedades, ya que a fin de cuentas,
todos los órganos están dañados.
El arsénico ha efectivamente tocado todos
los órganos. Y la lógica nos conduce
simplemente a declarar que, tomados de manera
aislada, estos signos no son de ninguna ayuda,
pero que:
« El conjunto de estos síntomas
no puede corresponder más que a una intoxicación
por arsénico, y a nada más. »
(Ver el libro "Napoléon, empoisonné
à l’Arsenic", Bernard
Charton (Napoleón envenenado con arsénico))
Así, como lo decíamos de entrada,
la clínica, ella sola, es capaz de brindarnos
un diagnóstico confiable e irrefutable.
¡Notemos, para la pequeña historia,
que la observación del caso clínico
de Napoleón es un ejemplo notable, y
de un interés pedagógico único
para todos los estudiantes de medicina, para
todos los médicos, y para todos los toxicólogos!
|
|
|