Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
PREÁMBULO A LA TEORÍA DEL ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN

Por el Comandante

Henry Lachouque
Oficial de la Legión de Honor
Cruz de Guerra 1914-1918

El Comandante Lachouque (1883-1971)
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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La villa-de Rueil-Malmaison le debe la mitad de su nombre; Napoleón Bonaparte, la única avenida francesa que lleva el suyo; el Emperador, un camino que conduce a Saint-Cloud; los franceses, una evocación magistral del Trianón consular, al que Pierre Schommer ha echado la última mano; la Historia, un gran número de obras, entre ellas la primera parte de las Memorias de Marchand.
Se trata de mi maestro y amigo Jean Bourguignon, miembro del Instituto, gran oficial de la Legión de Honor, fallecido antes de haber publicado la última parte -la más importante- consagrada a la cautividad del emperador en Santa Helena.

Debo a su hija, la señora Rooke-Bourguignon, el haber tenido el honor de terminar la tarea de su padre, y desde aquíle renuevo la expresión de mi respetuoso agradecimiento.
Le debo, también, la oportunidad de haber conocido al doctor Sten Forshufvud.

Cirujano dentista en el Instituto de Estocolmo, en la Universidad de Burdeos, realizó su tesis en la Facultad de Medicina de Lund, especialmente conocido en el mundo por sus trabajos de histología, de patología y de fisiología alimenticia, este sabio sueco, profesor de categoría y escritor de talento, se interesa además por la obra y la persona de Napoleón I, del que es ferviente admirador.
Por tanto, leyó las Memorias de Marchand relativas a la cautividad en Santa Elena; volvió a leerlas, a estudiarlas, a pasarlas por la criba de su intuición, primero; después, de sus conocimientos científicos, obteniendo poco a poco, me ha escrito, « la clave del enigma que constituye la enfermedad de Napoleón en Santa Elena y llegando a la conclusión de que el ilustre cautivo fue envenenado y muerto con diabólico refinamiento ». Mientras me explicaba prolijamente, en el curso de una interesante visita que tuvo la amabilidad de hacerme, que el emperador había sido, como él mismo había escrito, « asesinado largamente, en detalle, con premeditación », Sten Forshufvud me pidió que, para añadir a las pruebas históricas otras pruebas químicas del envenenamiento, le ayudara a encontrar cabellos del Emperador.
El Doctor Sten Forshufvud

Yo los poseía, procedentes de dos orígenes indiscutibles:

1° Un paquete donde había escrito, de puño y letra de Marchand: « Cabellos del emperador », sin precisión de fecha.

2º Un paquete proveniente del pintor Isabey, autentificado y firmado por él: « Cabellos recogidos en Troyes de la Champaña, el 14 germinal del año XIII, con motivo de una parada del emperador en esa villa, durante su viaje hacia Milán, donde iba a recibir la corona de Italia. » Los diarios de la época indican, efectivamente, la presencia del emperador en Troyes en esa fecha.

Entregué a Sten Forshufvud varios cabellos de cada paquete.

Poco tiempo después, el doctor Forshufvud me envió el resultado del análisis hecho por el laboratorio de Glasgow sobre « unos cabellos » cuya procedencia ignoraba el analista... Este añadía a los resultados químicos obtenidos:

« El sujeto ha absorbido grandes cantidades de arsénico... Me gustaría conocer la historia de este caso particular. »

Así, pues, ¡novedades respecto a Santa Helena!

¡Napoleón, envenenado!

Sten Forshufvud conoce a fondo el drama de la cautividad, los actores y los comparsas, los personajes del séquito del emperador; y esto tiene ya mucho mérito.
Pero el sabio sueco se ha superado, escribiendo en francés un libro importante, sólidamente estructurado, que apasiona al lector desde las primeras páginas y le conduce hasta la muerte del emperador, a través de las múltiples escenas de un nuevo « caso de los venenos, cuyas circunstancias los hombres de ciencia estudiarán, sin duda, y discutirán, tal vez.

¡Nunca había lamentado tanto como hoy no haber profundizado más mis estudios científicos, iniciados durante una juventud agitada!

Henry Lachouque.

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