Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
WAGRAM, 5 Y 6 DE JULIO DE 1809
Napoleón en Wagram
Por Horace Vernet (1789-1863).

Por el Señor

Christophe Bourachot
Editor, fundador de la Librairie des Deux Empires

El Sr. Bourachot
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
A través de los testimonios que siguen, hemos querido volver a trazar esa jornada histórica del 6 de julio de 1809. ¿Quién puede hablar mejor del cañoneo ensordecedor, de los heridos, de los campos incendiados, de la retirada de los austriacos, que Coignet, Desboeufs, Lacorde, Jacquin, Putigny, Chevalier o aun Dupuy? Todos ellos actores que vieron con sus propios ojos la victoria del Emperador.
Christophe Bourachot.

Nota: los escritos que presentamos a continuación son obra de militares, muchos de ellos soldados de la tropa, por lo que tratamos de mantener el estilo lo más fiel posible a su espíritu sin recurrir a arreglos o mejoras en la redacción de sus cartas y relatos. Las referencias de cada fragmento figuran al calce.

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

 

WAGRAM, UNA VICTORIA EN LA CAMPAÑA DE AUSTRIA

Según Alain Pigeard:

El Dr. Alain Pigeard, Miembro de Honor del  Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Dr. Alain Pigeard
« A principios de julio de 1809, el ejército francés se concentró en la isla de Lobau y el día 4, a las nueve de la noche, Napoleón hizo comenzar el paso de sus tropas hacia Enzdorf, mientras las baterías francesas barrían la orilla izquierda del Danubio. El 5, el ejército francés ocupó una parte de la planicie y se posicionó frente al ejército austriaco. Napoleón trató entonces de hacer arrebatar los pueblos de Aderklaa, de Baumersdorf y de Wagram, pero dichos ataques fracasaron y los dos ejércitos retomaron sus posiciones. El 6 de julio tiene lugar la principal batalla; fue Davout quien resistió el primer violento ataque del cuerpo de Rosenberg. Bernadotte, el en centro, tuvo en cuanto a él las peores dificultades para mantenerse; así fue igualmente para Masséna quien luchó a uno contra tres en Essling. Napoleón volvió a tomar las riendas de la situación haciendo intervenir la artillería de la Guardia bajo las órdenes de Drouot, mientras el ejército de Italia, bajo Macdonald, avanzó al centro. Davout arrebató la posición de Niesiedl, y Oudinot se apoderó de Wagram. Los austriacos batieron en retirada abandonando el campo de batalla que hizo pensar en las jornadas de Eylau y de Essling. Las pérdidas fueron importantes en ambos ejércitos. Carlos se retiró en dirección de Bohemia donde su retaguardia fue aplastada en Znaim el 11 de julio de 1809. El príncipe Juan de Liechtenstein pidió entonces un armisticio ».

 

El paso del Danubio antes de Wagram
Obra de Jacques François Swebach-Desfontaines (1769 - 1823). Abajo, al centro, el Emperador Napoleón supervisa las operaciones. Museo Wellington, Aspley House.

 

EN EL FUEGO DE LA ACCIÓN…

Vincent Bertrand, soldado en el 7° regimiento de infantería ligera, cuenta:

« El regimiento, colocado en frente de una batería, tuvo que sufrir, durante una hora, la metralla. A la mitad del día, el Emperador pasa frente a nuestras líneas, nos sentíamos felices, y doblemente más fuertes, al verle.
Le habla al mariscal Davout. Algunos instantes después, la carga se deja oír, la batería que había fulminado a nuestras filas es arrebatada, casi todos los artilleros son muertos o heridos mortalmente por nuestras baterías. Nos colocábamos en Nieusiedel, en la planicie de Wagram donde la batalla causa estragos. Ahí otra vez el Emperador aparece frente a nosotros en el momento en que llovían las balas y la metralla, y temblábamos que le pudiera pasar una desgracia. Nunca hasta entonces, había yo quemado tantos cartuchos, mi fusil estaba tan quemante que ya no podía utilizarlo. Hacia las 4 horas, empujábamos una columna húngara cuando recibí una bala que entró en la parte ancha del muslo derecho. Mi herida no era peligrosa, y me quejé tanto menos cuanto que los húngaros bajaban las armas. Antes de la noche la batalla estaba ganada, mi cuerpo de ejército se reincorporaba y hacíamos el llamado. El regimiento, decíase, había perdido de 800 a 1000 hombres, la mayoría de ellos muertos ».

Marbot, el célebre memorialista no podía fallar esta batalla:

« El 6 de julio, al despuntar el día, la acción recomenzó más vivamente que la víspera; pero para la gran sorpresa de Napoleón, el príncipe Carlos, quien, en la jornada del 5, se había limitado a defenderse, ¡acababa de tomar la ofensiva y de arrebatarnos Aderklaa!… Pronto el cañoneo se prolongó en toda la línea: ¡de memoria de hombre nunca se había visto tan numerosa artillería en un campo de batalla, pues el total de las bocas de fuego puestas en acción por los dos ejércitos se elevaba a más de doce cientos! ».

Lacorde, entonces sargento mayor en el 84º regimiento de infantería de línea dejó un diario muy interesante. Estaba presente el 6 de julio en Wagram:

« Pasamos el Danubio. Se nos reunió a todo el ejército de Italia bajo las órdenes de Su Alteza el príncipe Eugenio, virrey de Italia y de Su Excelencia el general Macdonald.
El Archiduque Carlos-Luis de Habsburgo (1771-1847)
« El Príncipe Carlos es un hombre sabio, amado por sus tropas… Aunque haya cometido un millar de faltas, es el mejor general austriaco ». Napoleón.
Pasamos ese río sobre dos puentes; entramos en la bella vasta llanura donde ya nos habíamos batido el día anterior y desde el amanecer. Se nos dirigió hacia el centro del ejército (Gran Armada) y entramos [con] todo el ejército de Italia en línea hacia las siete horas de la mañana en una soberbia planicie llena de hermosos trigos (listos a ser cortados por así decirlo). Las ciudades y los pueblos que están en esta bella planicie en gran número estaban en parte quemados de la víspera. Se combatía a cuatro leguas (dícese). Era un asunto terrible, de los más ardorosos que se hayan visto jamás. El ejército francés estaba comandado en jefe por el Emperador Napoleón. Llegamos al campo de batalla pero perdimos a mucho mundo. Nuestro cuerpo de ejército (el ejército de Italia) tenía el centro de la Gran Armada y fuimos nosotros quienes desbaratamos al ejército enemigo y lo dividimos en dos partes. Este gran golpe que era terrible llegó hacia las tres de la tarde. En el lugar en el que estábamos (nuestro cuerpo de ejército) en batalla y particularmente en los lugares donde nos hicieron formarnos en cuadro, los hombres se quedaron en montones, era verdaderamente un espectáculo espantoso. Los granos en los que estábamos (los trigos) estaban casi maduros, el fuego de cañón les puso fuego de manera que una gran parte de esa bella planicie se abrasó. Los muertos y los pobres desdichados heridos, que eran un gran número, que no pudieron evacuar o que estaba prohibido llevar en ambulancias, tuvieron el dolor de verse heridos y quemados antes de morir. La mayoría de ellos murieron enrabiados, echaban gritos horribles. Era verdaderamente un cruel espectáculo de ver. El fuego acabó por la noche y la batalla era nuestra. Pernoctamos en el campo de batalla donde se reunió al ejército de Italia que estaba bien reducido y que no formaba en todo el valor de una división, arriba del pequeño pueblo de Wagram. Nuestro regimiento, el 84º de línea, que era de tres batallones en la mañana, al entrar en línea ya no formaba más que un batallón, lo mismo pasaba con el ejército de Italia. La 4ª compañía del 2º batallón del cual yo era el sargento-mayor era al entrar en línea, en la mañana, de ochenta y siete hombres, dos oficiales fueron muertos y el otro herido. Quedé como jefe de la compañía con un sargento, el señor Bouzerand y nueve soldados entre los cuales el llamado Thievaut, que es de Stenay, figuraba. Sufrimos mucho todo el día batiéndonos. Hacía extremadamente calor. No encontrábamos agua para beber ».

El sargento Desboeufs, del 81º de infantería interviene, él también, en esta hoguera:

« Al no estar más que en la segunda línea, nos fue permitido abrir las filas para dejar pasar las bolas de cañón, la mayoría de las cuales no nos llegaban más que de rebote; perdimos sin embargo algunos hombres por el fuego de una batería muy cercana. Un soldado, colocado en la tercera fila, se sentó sobre su mochila y se durmió; me acerqué a él para hacerlo levantarse, cuando una bola, golpeando contra su fusil, que tenía entre los brazos, lo extendió muerto en redondo sin que tuviera la menor herida aparente. A las nueve, el Emperador pasa frente a nosotros pecho a tierra, yendo de derecha a izquierda; el mayor general lo acompañaba y la escolta galopaba bastante lejos detrás de sus huellas… Pronto un cañoneo de los más intensos se oyó entre el ala izquierda, que comandaba Masséna, y el centro. El ejército de Italia se dirigió hacia adelante y nuestras divisiones dirigidas en dirección de Wagram se detuvieron en un lugar barrido por el cañón enemigo, que, a cada instante, se llevaba filas enteras. Yo estaba tan agobiado de sueño que, a pesar del terrible estrépito de la artillería, me acosté en el suelo y me dormí. No se tardaron en despertarme, para indicarme que habían desbaratado el centro del ejército enemigo y que la batalla estaba ganada ».

Putigny, teniente en el 33º de línea, está presente también:

« Recibimos a los enemigos con firmeza; algunos desertan para refugiarse en nuestras filas. Les acogemos gustosos, pero sus oficiales atrapan a uno por la espalda y, frente a nosotros, frente a su regimiento, lo hacen fusilar. Nuestra artillería los quebranta. Pasamos un pequeño riachuelo muy encajonado; no puedo evitar beber su agua lodosa en el hueco de mi mano antes de subir al asalto de la planicie de Wagram... ».

La batalla causa estragos y Philippe-René Girault, músico de estado-mayor escribe:

« Ya no se distinguían los cañonazos, era un redoble continuo producido por las detonaciones de un millar de piezas. El suelo temblaba a causa de ello y era para volverse sordo ».

El célebre Lejeune, escribe que:

« Sin exageración, veía las bolas de cañón atravesar el aire y rebotar en el suelo, como se ve el granizo caer y rebotar durante las tormentas fuertes ».

El subteniente Gervais, del 13º regimiento de infantería ligera, está él también impresionado, por la acción de la artillería:

« Nunca habíamos visto tanta artillería en un campo de batalla. El cañoneo era ensordecedor. Creo que si cada cañonazo hubiera matado dos hombres, no hubiera quedado uno vivo en los dos ejércitos ».

Jean-Michel Chevalier, oficial en el 9º de cazadores a caballo de la Guardia Imperial, se halla igualmente en el corazón de la acción:

« En cuanto el Emperador hubo dicho a la artillería y a los cazadores a caballo dónde quería que se le hiciera una brecha, nos lanzamos a galope y con la cabeza baja. Una espantosa artillería nos fulminaba, estábamos en el fuego y la metralla, nuestra brava artillería ligera estaba casi destruida. Hombres, caballos, cañones, cajas [de municiones], todo estaba en desorden… Más de una pieza no estaba servida más que por un solo cañonero… vi, a un sargento de artillería solo junto a su pieza, en el momento en que tomaba un saquete [de pólvora] en la caja, caerle encima un obús, y el desdichado cañonero volar con su caja… »

El célebre capitán Coignet también estaba presente durante la jornada del 6 de julio de 1809:

« El mariscal Davout, con sesenta mil hombres, tenía la derecha del ejército con el príncipe Eugenio, y marchaba hacia un pueblo que está a orillas del brazo del Danubio. Detrás de ese pueblo, se encontraba un domo cubierto de pizarra y, ahí, se hallaban masas de caballería y de infantería. El mariscal hace lanzar obuses que caen en las masas, forzándolas a dejar su posición y a ponerse en descubierto frente al cuerpo del mariscal, quien carga contra ellos a la bayoneta, se apodera de las alturas y les corta la ruta de Hungría… El príncipe de Beauharnais llega a galope hacia el Emperador para hacerle saber que todos los caminos estaban en nuestro poder, y que la victoria era segura. El Emperador besa a su hijo y le dice: “Parte, di al mariscal que hago hacer un cambio de frente de inmediato a todo mi ejército para volcar al de ellos en Bohemia.” Este cambio de frente – el ala derecha hacia adelante – fue un movimiento extraordinario, nuestra ala izquierda atrás, como una retirada. Este cambio hecho, todas las columnas avanzaron, y el Emperador pidió su piel de oso para reposarse. La victoria era completa en todas partes ».

Regreso de Napoleón a la isla de Lobau después de la batalla de Essling
Cuadro de Charles Meynier (1768-1832).

Victor Dupuy, ayuda de campo del coronel Jacquinot en el 11º de cazadores a caballo asiste también a la batalla:

« La batalla estaba entablada; marchábamos en columna por pelotones, la brigada Jacquinot a la cabeza, cuando, de repente, una línea formidable de caballería enemiga, que una sinuosidad de terreno había impedido apercibir antes, se mostró a un poco de distancia de nuestros exploradores y de la cabeza de la columna, que se detuvo. Un frente atrás en línea, en uno de los regimientos del centro, de inmediato comandado por el general Montbrun, fue ejecutado con calma y precisión; los 7º de húsares, 1º y 2º de cazadores, fueron escalonados en el frente de batalla. Apenas estos movimientos preparatorios (que los austriacos no buscaron contrariar) fueron acabados, el 7º de húsares recibió la orden de cargar. Este bravo regimiento, lanzándose como un solo hombre, abordó al enemigo con su intrepidez, su franqueza ordinarios; éste aguantó. Por medio de un a la derecha y a la izquierda, dos regimientos de dragones rodearon a los húsares que se abrieron camino y volvieron a integrarse en su línea (de un destacamento de un oficial y de cincuenta reclutas de la víspera, no se salvaron más que dos hombres, el oficial mismo, recientemente salido de la escuela militar, quedó muerto en ese círculo de hierro). Toda la línea enemiga se puso en movimiento y se lanzó en su persecución; el 1º de cazadores quiso detenerlo por medio de un fuego de primera línea que no produjo sino desorden; obligado a abandonar, arrastró al 2º de cazadores y sucesivamente a los demás regimientos de la división, que no pudieron mantenerse, salvo no obstante el 11º de cazadores que se encontraba en la extrema izquierda, fuera del camino de los regimientos en retirada, [que] conservó la libertad de sus movimientos. Al aproximarse el enemigo, el coronel Désirat, su bravo jefe, mandó: “¡Escuadrones adelante, guía a la derecha!”. El buen regimiento se puso en movimiento al paso; este movimiento hizo detenerse, sorprendidos, a los austriacos que llegaban sobre él. Aprovechando este momento de vacilaciones, la carga fue entonces ordenada y provista con intrepidez; los dragones del regimiento de Oreilly, sobre los cuales se ejecutó, no pudieron soportar el choque; huyeron. Los cazadores acuchillaron a sablazos a un gran número e hicieron prisionero al jefe de ese cuerpo así como a múltiples oficiales. En ese mismo momento, el resto de la división incorporado a los dragones del general Grouchy, quienes, soberbios de compostura y de aplomo, avanzaban en línea, a intervalos tanto plenos como vacíos, orden de batalla en el cual el intervalo entre cada escuadrón es igual al frente de un escuadrón, volvió a la carga y tomó una larga y vigorosa revancha. Cuando recobramos la instancia, tuvimos con la caballería enemiga un momento de desorden, durante el cual recibí en el hombro derecho un fuerte golpe con la parte plana del sable. Felizmente para mí, el sable del húngaro había girado en su mano; eso sucede a menudo, al ser las hojas muy anchas y los mangos muy delgados. ¡Este combate de caballería a caballería fue magnífico! Éramos más o menos siete mil hombres, con los dragones del general Grouchy; los austriacos eran ocho mil. No teníamos, tanto unos como otros, infantería ni artillería, pues no podíamos contar con un batallón del 30º de línea comandado por el valiente jefe de batallón Plaige, quien se adosó a un bosque a nuestra derecha, y, no pudiendo hacer uso de sus armas porque, confundidos como estábamos, hubieran sido tan mortíferas para nosotros como para el enemigo, permaneció apacible espectador del combate… »

Parquin, subteniente en el 20º regimiento de cazadores a caballo remarca que:

« El 7º de cazadores cargó, teniendo al general Colbert a su cabeza; pero, a cien pasos, un tiroteo terrible del cuadro enemigo produjo un desorden espantoso en las filas de ese regimiento. El general Colbert recibió una bala en la cabeza; muchos oficiales fueron muertos o heridos, y cincuenta a sesenta cazadores fueron puestos fuera de combate: el 7º de cazadores tuvo que dar media vuelta; viéndolo, el coronel Castex, en vez de cargar sobre el cuadro que estaba frente a él, como había recibido la orden de hacerlo, prefirió dirigir el regimiento que estaba en trote hacia el cuadro que acababa de hacer fuego contra el 7º de cazadores. Comandó debidamente: - Escuadrones, media vuelta a la derecha, al trote y cargad.
El cuadro no pudo resistir a esta nueva carga y fue desbaratado ».

Según Paulin, oficial de ingenieros y ayuda de campo del general Bertrand:

« Al medio día, nada parecía decidirse aún; grandes movimientos se operaban por una y otra parte. Veíamos al mariscal Masséna, recordando al soberano Maurice de Saxe en Fontenoy, recorrer las filas de sus divisiones e imprimirles su bullicioso ardor, llevado por una calesa que sus caballos conducían por doquiera que el peligro reclamaba la presencia de un jefe ».

El cazador a caballo Chevalier hace las cuentas:

« En una hora, perdimos cerca de trescientos caballos, a nuestros dos mayores, a dos jefes de escuadrones, varios capitanes, un gran número de oficiales, a ciento cincuenta hombres heridos y veinte muertos. Los que estaban desmontados o heridos, el gran número de proyectiles que hacían surcos en la planicie en todos sentidos mataban al herido y a los que le llevaban. Vi a un apuesto joven oficial de infantería preguntarme dónde estaba la ambulancia. Tenía un brazo arrancado del hombro, se veía el interior de su cuerpo y el valiente joven marchaba solo a la ambulancia. Para aumentar todo el horror de este terrible campo de batalla, los granos, que estaban en el momento de ser cortados, estaban abrasados, la planicie estaba en llamas y los desdichados ardían en sufrimientos horribles… Esta vasta llanura no ofrecía más que una inmensa hoguera ardiente. Nosotros, en medio de los obuses y de las bolas de cañón, bajábamos al suelo y, con nuestros sables, tratábamos de cortar los granos alrededor de los desgraciados heridos… »

El capitán de artillería en segundo Noël, del ejército de Italia, hace una observación interesante:

«En una batalla, a menos que se pertenezca al estado mayor, no se ve más que lo que se tiene inmediatamente frente a sí. El humo ciega y la lucha absorbe».

LA MUERTE DE LASALLE…

Parquin, rinde homenaje al más célebre de las víctimas de la batalla:

« El ejército perdió en la batalla de Wagram al intrépido general Lasalle. La bala de un soldado de infantería austriaco había derribado a uno de nuestros mejores oficiales de caballería, quien, en Egipto, en Italia et en Alemania, siempre se había hecho notar por una energía extraordinaria. Él también, en la mañana de esta jornada, había pronosticado esta fatal circunstancia. Su caballo de batalla, que su húsar había llevado imprudentemente a beber, a partir de las cuatro de la mañana, a un riachuelo más allá de los puestos avanzados, había sido atrapado, así como el húsar, por una patrulla enemiga. Fue el primer disgusto que le sucedió en la mañana. Un poco más tarde, husmeando en la funda de la silla del caballo que montaba, para alcanzar una pequeña botella de excelente aguardiente de Francia que su doméstico nunca fallaba en poner en ahí, estuvo decepcionado de no encontrar en ella más que pedazos de vidrio: la botella estaba quebrada.

-¡Diablo de jornada! Dijo el general Lasalle; seré muerto en ella.

Dos horas después de haber pronunciado estas palabras, era herido mortalmente durante una carga brillante que ejecutaba contra los cuadros enemigos, a la cabeza de numerosos escuadrones acostumbrados a seguirle a la victoria ».

 

LA BATALLA SE ACABA, LOS AUSTRIACOS HUYEN…

Victor Dupuy recalca que:

« Les austriacos habiendo cedido al fin, los llevamos vigorosamente hasta la extremidad de la planicie; el llamado de concentración fue tocado entonces en todos los puntos, nuestros regimientos se volvieron a formar y retomaron su fila de batalla; nuestra pérdida no fue considerable. Al haber la victoria coronado nuestros esfuerzos en todas las partes del campo de batalla, el enemigo se puso en retirada ».

Antoine Charles Louis, conde de Lasalle (1775-1809)
En una época caracterizada por héroes de leyenda, el conde de Lasalle destacaba como el más bravo entre los oficiales de caballería, sólo equiparado con jinetes míticos como el rey Joaquín Murat. El Emperador dirá de él que «era un oficial del mayor mérito y uno de nuestros mejores generales de caballería ligera». Lasalle decía que «¡Todo húsar que no esté muerto a los treinta años es un “Juan Lanas”! ». Sus restos fueron enterrados con honores en el Hotel de Los Inválidos y su nombre figura en el Arco de Triunfo de París.

Y Paulin observa que hacia el final de la batalla:

« El Emperador se acostó cuan largo era, en un surco de esa planicie quemada por el sol, con la cara contra la tierra, apoyado sobre sus dos manos, y en medio de todos nosotros permaneció sin movimiento y como dormido hasta el momento en que el mayor general, habiendo reunido todos los reportes que esperaba de los diversos puntos del campo de batalla, le indicó que las posiciones de Nieusiedel y de Wagram, defendidas lo más resueltamente por el enemigo, habían sido arrebatadas ».

El músico Girault observa:

« Los austriacos huían en toda la línea, y pronto se ponían en plena retirada. Nuestros soldados los persiguieron con la bayoneta en los riñones por tres leguas, haciendo cantidad de prisioneros. Pero la fatiga detuvo la persecución y todo el ejército, que había combatido casi sin interrupción durante más de cuarenta horas, recibió la orden de pernoctar en el campo de batalla de Wagram ».

Jacquin, granadero en el 37º de línea, escribe que:

« 27 mil hombres fueron obligados a bajar las armas y entregarse como prisioneros. Más de 60 piezas de cañón se quedaron en nuestro poder y 12 banderas. Su ejército se decidió finalmente a la retirada. La planicie de Wagram que tiene cerca de seis leguas de extensión, estaba cubierta de muertos y de heridos cuyo nombre se evaluó en 80 mil hombres, tanto austriacos como franceses; hubo mil trescientas piezas de cañón que hicieron fuego en la jornada; nunca se había visto una batalla tan sangrienta ».

Chevalier, escribe que el Emperador:

« … encargó al [gran] mariscal Duroc recorrer el inmenso campo de batalla, hacer recoger a todos los heridos indistintamente y hacerlos conducir a Viena, a los vastos hospitales que él había preparado ».

 

WAGRAM EN ALGUNAS CIFRAS

Según Alain Pigeard:

Fuerzas francesas: 180 490 hombres.

Fuerzas austriacas: 161 467 hombres.

Pérdidas francesas: se elevan en total a 33 854 muertos y heridos. El número de muertos es de 3 235 en cuanto a los 3º, 4º cuerpos, división Dupas, Sajones, Guardia, reserva de caballería pesada, división bávara, ejército de Dalmacia. Es conveniente añadir los del ejército de Italia y del 2º cuerpo. En resumen, aproximadamente 5 000 muertos, 28 000 heridos, 3 000 a 4 000 prisioneros. Martinien indica 453 oficiales muertos y 1 409 heridos.

Pérdidas austriacas: Los reportes austriacos citados por Gachot y Buat indican como pérdidas entre el 4 y el 12 de julio: 5 631 muertos (entre los cuales los generales Nordmann, Aspre, Wukassowitch y Weczay, y 120 oficiales), 18 1143 heridos (13 generales, 616 oficiales y 17 490 hombres), 7 585 prisioneros, 10 banderas, 40 piezas, el número de caballos muertos en el mismo periodo es de 1 935, el de los heridos es de 1912.
En un trabajo más antiguo, el general Descoins escribe: « En resumen lo que determinó el gane de la batalla, es el movimiento del mariscal Davout. Pero es una victoria muy caramente comprada, a precio de pérdidas enormes ».

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

BIBLIOGRAFÍA DE LAS OBRAS CITADAS

- Capitán Vincent BERTRAND: « Mémoires. Grande-Armée, 1805-1815 » (« Memorias. Gran Armada, 1805-1815 »). A la Librairie des Deux Empires, 1998.

- Teniente CHEVALIER: « Souvenirs des guerres napoléoniennes » (« Recuerdos de las guerras napoleónicas »). Publicadas según el manuscrito original por Jean Mistler y Hélène Michaud. Hachette, 1970.

- Capitán COIGNET: « Cahiers » (« Cuadernos »). Presentados por Jean Mistler. Preámbulo de Christophe Bourachot. Arléa, 2002.

- Capitán DESBOEUFS: « Les étapes d’un soldat de l’Empire. Souvenirs (1801-1815) » (« Las etapas de un soldado del Imperio. Recuerdos (1801-1815) »). A la Librairie des Deux Empires, 2000.

- General DESCOINS: « Etude synthétique des principales campagnes modernes, 1674-1914 » (« Estudio sintético de las principales campañas modernas, 1674-1914 »). Charles-Lavauzelle et Cie, 1935, 2 volúmenes.

- Victor DUPUY: « Souvenirs militaires, 1794-1816 » (« Recuerdos militares, 1794-1816 »). Publicados con un prefacio por el general Thoumas. A la Librairie des Deux Empires, 2001.

- Capitán GERVAIS [de verdadero nombre Etienne Béniton]: « A la conquête de l’Europe. Souvenirs d’un soldat de l’Empire » (« A la conquista de Europa. Recuerdos de un soldado del Imperio »). Editions du Grenadier, 2002.

- Philippe-René GIRAULT: « Mes campagnes sous la Révolution et l’Empire » (« Mis campañas durante la Revolución y el Imperio »). Le Sycomore, 1983.

- François-Joseph JACQUIN: « Carnet de route d’un grognard de la Révolution et de l’Empire » (« Carnet de ruta de un gruñón de la Revolución y del Imperio »). Texto inédito presentado por Antoine Dufournet. Publicado por Paul Dufournet. Clavreuil, 1960.

- Teniente LACORDE: « Journal historique, 1er janvier 1803-17 mars 1813 » (« Diario histórico, 1º de enero de 1803-17 de marzo de 1813 »). Publicado por Paul Dufournet. Clavreuil, 1992.

- General LEJEUNE: « Mémoires, 1792-1813 » (« Memorias, 1792-1813 »). Editions du Grenadier, 2001.

- General Barón de MARBOT: « Mémoires » (« Memorias »), Plon, 1891, 3 volúmenes.

- Colonel NOEL : « Souvenirs militaires d’un officier du Premier Empire (1795-1832) » (« Recuerdos de un oficial del Primer Imperio (1795-1832) »). A la Librairie des Deux Empires, 1999.

- Comandante PARQUIN: « Souvenirs et campagnes d’un vieux soldat de l’Empire (1803-1814) » (« Recuerdos y campañas de un viejo soldado del Imperio (1803-1814) »). Con una introducción por el capitán A. Aubier. Berger-Levrault et Cie, 1892.

- General PAULIN: « Souvenirs » (« Recuerdos »). A la Librairie des Deux Empires, 2002.

- Alain PIGEARD: « Dictionnaire de la Grande-Armée » (« Diccionario de la Gran Armada »).Tallandier, 2002.

- Bob PUTIGNY: « Le grognard Putigny, baron d’Empire » (« El gruñón Putigny, barón de Imperio ». Copernic, 1980.