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de la revista First Empire,
ejemplar Nº 92, de enero-febrero 2007 |
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El
texto que sigue es la traducción de
un artículo firmado por el Señor
Paul Chamberlain, publicado
en la revista inglesa
First
Empire (Nº
92, de enero-febrero 2007).
La publicación de este artículo
muestra que, al contrario de Francia, en donde
se rechaza, con argumentaciones la mayor parte
del tiempo absurdas o deshonestas, la idea
de que Napoleón haya sido víctima
de un envenenamiento con arsénico,
Inglaterra, país que, tomando en cuenta
su « pasivo » para con él,
debería mostrarse el más hostil
a esta idea, acepta abordar el tema y reconocer
la validez y la solidez de esta tesis.
Este había sido ya el caso con el gran
historiador inglés del primer Imperio,
el Profesor David Chandler,
recientemente fallecido, quien, en vista de
los resultados de los análisis, había
declarado:
«
Es claro ahora que Napoleón fue envenenado.
Acepto este hecho aunque, durante años,
haya tenido dudas al respecto. »
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NAPOLEÓN FUE
ENVENENADO CON MATA-RATAS
«
Las grandes obras que he ejecutado y el código
de leyes que formé resistirán a la prueba
del tiempo, y los futuros historiadores vengarán
los atropellos que me habrán hecho padecer
mis contemporáneos. » |
Cita
recopilada por el doctor Barry Edward O’Meara
en Santa-Helena. |
La
Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal que
preside Ben Weider acaba de presentar un reporte fascinante
que detalla algunos de los experimentos recientes llevados
a cabo con los cabellos de Napoleón. Confirmando
que Napoleón si fue víctima de un envenenamiento,
precisan por lo demás la naturaleza real del veneno
utilizado.
Ben Weider, quien ha pasado
una buena parte de su vida a juntar las pruebas de que Napoleón
habría sido envenenado durante su deportación
en Santa-Helena, ha escrito múltiples libros para
explicar su teoría y aportar las pruebas sobre las
cuales está fundada.
En su último documento:
«
Napoleón
si fue envenenado: el agente tóxico era mata-ratas
»
detalla las pruebas nuevas
que vienen a apoyar sus conclusiones.
La historia comienza en
1955 cuando un estomatólogo sueco, Sten Forshufvud
– quien ha hecho estudios de toxicología –
descubre las Memorias de Marchand, el sirviente
de Napoleón en Santa-Helena. Múltiples síntomas
descritos en la obra conducen a Forshufvud a pensar que
Napoleón habría podido ser envenenado con
arsénico. Para profundizar esta hipótesis,
logra procurarse cabellos del Emperador gracias al ex-conservador
adjunto del museo Napoleónico de Malmaison, el comandante
Henry Lachouque. Cabellos cuya autenticidad fue garantizada
por el donador. Enviados al departamento de medicina legal
de la universidad de Edimburgo, los cabellos fueron sometidos
a un bombardeo de neutrones, que reveló una fuerte
concentración de arsénico. Cuando estos resultados
fueron conocidos en Francia, Forshufvud tuvo la sorpresa
de verse rechazar otros cabellos para su análisis.
Se vio obligado entonces de ir a buscar a otra parte.
Obtuvo otros mechones en
Suiza, en Australia, y en Nueva Jersey; estaban acompañados
por certificados de autenticidad que confirmaban que todos
habían pertenecido a contemporáneos de Napoleón:
Las Cases, Marchand, etc. Dichos mechones fueron sometidos
a los mismos análisis, los cuales, a su vez, revelaron
la presencia de arsénico. En 1962, Forshufvud había
publicado un libro: « ¿Fue Napoleón
envenenado? » que hacía el balance de
sus investigaciones. La idea de que Napoleón hubiese
así podido ser envenenado fue ridiculizada ferozmente
por los historiadores franceses, que la rechazaron en bloque.
Ben Weider había,
por su lado, desarrollado una hipótesis similar.
En 1972, los dos hombres se encontraron y decidieron poner
sus medios en común con el fin de proseguir las investigaciones
y de dar a conocer esta tesis del envenenamiento. Fundamentándose
en la proporción de arsénico hallado en los
cabellos de Napoleón y en documentos provenientes
de personas que lo habían conocido en Santa-Helena,
Sten Forshufvud y Ben Weider publicaron informaciones para
emitir la sugestión de que el Emperador deportado
había claramente sido envenenado. Ambos refutaban
la tesis oficial del cáncer de estómago, una
refutación fundamentada sobre la opinión de
un experto en cancerología que había estudiado
los reportes de la autopsia de Napoleón.
En 1995, Ben Weider hizo
entrega, par su análisis, de dos cabellos al departamento
de Química-Toxicología del FBI. Estos cabellos
provenían de la colección del conde de Las
Cases que los había recogido en Santa-Helena. Fueron
sometidos al método llamado « Graphite Furnace
Atomic Absorption Spectroscopy » cuyos resultados
corroboraron los de la universidad de Edimburgo. La relación
del FBI concluía:
« La cantidad
de arsénico presente en los cabellos es característica
de un envenenamiento con arsénico. »
Esta vez, nuevamente, la
comunidad universitaria francesa acogió esta declaración
con desprecio, y la ridiculizó, negándose
a aceptar exámenes que no habían sido realizados
en Francia.
En septiembre de 2000,
cinco mechones de cabellos fueron remitidos, en Estrasburgo,
al doctor Pascal Kintz, entonces presidente de la Sociedad
francesa de Toxicología Analítica y autoridad
reconocida en el ámbito del análisis toxicológico
de los cabellos. Estos mechones habían pertenecido
a Lady Holland, al abate Vignali, al doméstico Noverraz
(este mechón provenía del museo de Arenenberg,
antigua residencia de la reina Hortensia, en el cantón
suizo de Thurgovia, en el lago de Constancia), al sirviente
Marchand y a Las Cases. Era la primera vez que un laboratorio
disponía de tantas pruebas de cabellos para efectuar
análisis.
El año siguiente,
el doctor Kintz anunció que los cinco mechones de
cabellos presentaban una proporción de arsénico
más elevado que aquel al que uno podía esperarse
en un individuo que no hubiera ingerido veneno.
Esta nueva prueba fue,
una vez más, ridiculizada por esa misma comunidad
universitaria francesa, y la revista Science
& Vie publicó un artículo
que pretendía barrer con la idea de que Napoleón
había podido ser envenenado, basando su afirmación
en el análisis de un mechón de cabellos, análisis
que mostraba que el arsénico no se encontraba en,
sino sobre los cabellos. Así
pues, concluía la revista, la presencia del tóxico
se explicaba únicamente por el empleo de productos
de conservación.
Esto decidió al
doctor Kintz a recurrir a otro enfoque analítico.
Cuando el método por espectrofotometría de
absorción atómica toma en cuenta al cabello
en su conjunto, el nuevo método, que utiliza el Nano-SIMS
(Nano-secondary Ion Mass Spectrometry), permite
examinar el corazón del cabello (la « médula
»). Las pruebas efectuadas revelaron que el arsénico
estaba presente en el interior del cabello, y que no había
podido llegar hasta ahí más que desde el interior
del cuerpo. En otras palabras, había sido ingerido.
El resultado de este análisis
– esencial para la tesis – aporta la
prueba que refuta definitivamente las demás teorías
acerca de la manera como el arsénico invadió
el cuerpo de Napoleón. Esas otras teorías
reposan sobre los productos de conservación de los
cabellos desde el momento de su corte, sobre el pegamento
del papel tapiz, y el humo de la estufa de Longwood. Una
teoría reciente pretende que Napoleón sucumbió
efectivamente a un cáncer del estómago. ¡Los
autores, investigadores suizos, basaban sus conclusiones
después de haber medido diversos pantalones del Emperador,
y constatado que su talla había disminuido regularmente
durante su deportación en Santa-Helena! Como el doctor
Kintz lo hizo observar « no es midiendo la talla de
los pantalones de una persona como se determina si sufre
de un cáncer. »
El doctor Kintz efectuó
entonces una investigación complementaria recurriendo
a otro método, el ICP-MS, o « plasma inducido
acoplado a la espectrometría de masa » con
la finalidad de buscar la huella de otros elementos químicos
presentes en los cabellos de Napoleón. Los resultados
obtenidos confirmaron los niveles de arsénico precedentes,
pero pusieron igualmente en evidencia mercurio (un derivado
de un purgante, el calomel), antimonio (revelador de un
vomitivo, el « tártaro emético »),
plata (residuo de sirope de colargol, un antiséptico
local), y plomo, revelador del litargirio, u óxido
de plomo, empleado en aquella época para endulzar
el vino y el porto). Este método permitió
igualmente determinar la naturaleza del arsénico
utilizado. Existen dos tipos de arsénico, un arsénico
orgánico, que se halla en los mariscos, y un arsénico
mineral, particularmente tóxico, que se encuentra
en el mata-ratas. Es esta última variedad cuya presencia
en los cabellos de Napoleón demostraron los análisis.
La relación presentada
por Ben Weider evoca las fuentes posibles del arsénico
en los cabellos de Napoleón, desechando los productos
de conservación desde el momento en que los cabellos
fueron cortados, el humo de la estufa, el agua de Santa-Helena,
y el pegamento del papel tapiz que decoraba los muros de
Longwood. La conclusión final que se impone después
de todas estas experimentaciones es la siguiente:
« En
todas las pruebas de cabellos del Emperador, el ICP-MS puso
en evidencia concentraciones masivas, concentraciones que
son compatibles con una intoxicación crónica
con mineral muy tóxico. Lo cual implica que estamos
sin ambigüedad sobre la pista de una intoxicación
criminal » (Doctor Pascal Kintz).
Ben Weider dedicó
una buena parte de su vida a estudiar la tesis y a aportar
las pruebas de que Napoleón fue víctima de
un envenenamiento con arsénico. Los resultados de
los últimos trabajos efectuados aportan datos convincentes
para apoyar esta hipótesis.
Junto a esta búsqueda de la verdad acerca de los
últimos años de Napoleón, Ben Weider
ha financiado numerosos proyectos napoleónicos en
el mundo entero.