Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
MARCHAR O MORIR
El vivaque nocturno de la Gran Armada
Ilustración de Vasily Vasilyevich Vereshchagin (1842–1904)

Por el Señor

John Tarttelin
Representante del Instituto Napoleónico México-Francia en Inglaterra

Sr. John Tarttelin
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Dedicado a Jean-Claude Damamme
Autor de
Les Aigles en Hiver *
« El número de muertos y de murientes que dejamos en nuestros vivaques, al partir, fue prodigioso. Más lejos, era aun peor, pues, en el camino, estábamos obligados a pasar dando zancadas sobre los cadáveres que los cuerpos de armada que nos precedían dejaban tras de sí »
Sargento Bourgogne (a)

Pocos eventos en toda la historia humana pueden compararse con la retirada de la Gran Armada de Moscú, en 1812. A los brutales horrores de guerra se aunaron las crueldades de lo que el Mariscal Ney llamó « el General Invierno » (1). Bourgogne recuerda estos eventos con una prosa escueta, desnuda, pues lo que les pasó realmente a él y a sus camaradas no precisa embellecimiento. « Guerra y paz » de Tolstoi es como un cuento de hadas en comparación, y su personaje de Napoleón poco más que una caricatura del verdadero Emperador francés.

Hubo desastres militares antes y después de esta campaña, por ejemplo: la carga de Pickett en Gettysburg en 1863; la derrota del rey sueco Carlos XII en Poltava, en 1709 – una fatídica invasión previa de Rusia; y la pérdida de los paracaidistas franceses en Dien Bien Phu en 1954. Pero ninguno de ellos conllevó elementos semejantes, propios de la tragedia griega. Clausewitz dijo que « en la guerra la cosa más simple es difícil » (2), y el mismo Napoleón hizo la observación de que « de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso ».

De que el Emperador se sobrepasó aquí no hay duda. Aquellos puentes entarimados construidos a la carrera en la Beresina realmente probaron ser, haciendo referencia a la película del mismo nombre, «puentes demasiado lejos», pero antes de que la campaña empezase, jóvenes soldados franceses y otros ansiosos por ganarse un cargo, se habían incorporado con entusiasmo a lo que pensaban podría ser la última empresa militar de Napoleón. El Emperador había puesto en acción todos sus sorprendentes recursos en los preparativos de este conflicto y todas las contingencias habían sido previstas y preparadas. Todas, salvo el clima.

Napoleón en el palacio Petrovski en Moscú
Vasily Vasilyevich Vereshchagin (1842–1904)

Se estuvo muy cerca de que se tratase de la última campaña de Napoleón ya que, después de la batalla de Malojaroslavetz – que le llevó a hacer la fatal decisión de regresar por el mismo desierto quemado que sus hombres habían atravesado en su camino a Moscú – decidió efectuar un reconocimiento en las primeras horas de una mañana fría, húmeda y brumosa. Casi de inmediato se vio rodeado por 6 000 cosacos de Platoff y, de no ser por la inmensa bravía de su estado mayor personal y la oportuna llegada de Bourgogne y un contingente de la Guardia Imperial, hubiera sido muerto o capturado. (3)

En Dresde en mayo de 1812, había estado en el apogeo de su poder imperial. ¿Mientras su ejército moría de frío y de hambre entre los residuos rusos, se dio cuenta Napoleón de que sus días estaban contados? Literalmente, perdió tras de sí a su caballería, pues 60 000 caballos murieron en Rusia. Unos 10 000 murieron en una noche durante una baja helada de temperatura... ¡en julio! Muchos más de aquellos desdichados animales fueron comidos por sus antiguos jinetes, o por la infantería que, cegada por la nieve, iba tambaleándose detrás de la caballería y de la artillería. Y eso fue antes de que el canibalismo comenzara.

Moscú en llamas
Autor anónimo, Alemania; hacia 1820

De todas las memorias del periodo, las de Bourgogne son las mejores.

El sargento Bourgogne tenía un alma de hierro, no solo una constitución hecha del mismo. Tenía su propia concepción de la gloire: « Sentía que entre más grandes eran el peligro y el sufrimiento, mayores eran la Gloria y el honor… » (4). He aquí lo que significaba ser un miembro de la Guardia Imperial de Napoleón.
Eran éstos hombres forjados por las privaciones, templados con coraje y puestos a prueba con fuego: Napoleón no pudo haber logrado las cosas que hizo sin ellos. Y la campaña de 1812 puso a prueba su temple y su punto de ruptura. En agonizante y escarificador detalle, Bourgogne cuenta cómo toda la Gran Armada fue sometida a prueba hasta la destrucción.

La historia de Bourgogne toca y conmueve la humanidad común que hay en todos nosotros. Le muestra al mundo moderno, en el que la gente se regodea en la autocompasión, en la pereza física y en el soso y notorio consumo, justo lo que se precisa para ser un héroe de verdad. Cuando un hombre se halla en un aprieto su mayor necesidad es ser capaz de recurrir a su pozo interior de fuerza y de entereza. El pozo de Bourgogne era muy profundo. Cuando no tenía absolutamente nada y estaba congelándose y muriendo de hambre – se tenía a él mismo. El orgullo y el honor de Francia estaban resumidos en su espíritu indómito, su tenacidad y su dureza física.

La admiración por semejantes calidades se extiende a lo largo de los continentes y a través del tiempo. Sir Arthur Conan Doyle declara: « No hay mejor escritura ni lectura más fácil, que los registros de aquellos hombres en acción » (5). Y en tanto que inglés, especuló acerca de « lo que habría sido » de haber cruzado el ejército de Napoleón la Mancha y haber puesto a Inglaterra en cintura.

« Un británico no puede evitar preguntarse, cuando se da cuenta de qué hombres eran esos, lo que habría pasado si 150 000 Coignets y Bourgognes, con Marbots dirigiéndoles, y teniendo a su cabeza al gran capitán de todos los tiempos en la flor de su vigor, hubiesen desembarcado en Kent ». (6)

La respuesta es elemental, mi querido Doyle.

Murat, quien no era tan brillante como los botones de su uniforme, estaba a cargo de la vanguardia de la Gran Armada que está basada en Winkovo, al sur de Moscú. Adormecidas por los arrullos de una falsa sensación de seguridad inducida por los rusos, sus fuerzas fueron atacadas repentinamente, sufriendo un fuerte número de bajas. Cuando Napoleón oyó de esto se dio cuenta de que el juego estaba acabado. El zar Alejandro no haría nunca la paz. Y la retirada empezó.

Bourgogne dice que « no hay cómo pueda describir todos los sufrimientos, la angustia, y las escenas de desolación que he visto y por las que he pasado, como tampoco aquellas que aun estaba destinado a ver y a soportar; dejaron profundos y terribles recuerdos, que nunca he olvidado » (7). Su descenso al valle de la sombra de la muerte fue un pasaje al terror abyecto, una pesadilla viviente que duró semanas. En muchas ocasiones pensó que su hora había llegado.

Adrien-Jean-Baptiste-François Bourgogne nunca esperó volver a ver su hogar en Condé. Nacido en 1785, ya era veterano de Eylau y Essling, habiendo combatido antes a austriacos, prusianos, españoles y rusos en el servicio de su Emperador. Su actitud se encuentra resumida en el tercer verso de la canción de Rolando:

Eh! demande où sont les périls
C’est là qu’est aussi la victoire!
(8)

(« ¡Eh! Pregunta donde están los peligros,
¡Ahí es donde está también la victoria! »
)

Cuando llegó a Moscú estaba orgulloso por el hecho de que « nosotros los de la Guardia Imperial habíamos marchado más de mil doscientas leguas sin descansar » (9). Habiendo sobrevivido a las tormentas de fuego que le habían dado la bienvenida al ejército francés, más bien disfrutó su estancia: « En los días sin servicio bebíamos, fumábamos, y reíamos, hablando de Francia y de la distancia que nos separaba de ella, y de la posibilidad de ser enviados aun más lejos. » (10)

Esos rumores de una posible marcha a la India fueron prematuros. En un clima clemente, un correo rápido a caballo de París a Moscú tomaba alrededor de catorce días. Mucho antes de que el ejército dejara Moscú, dichos correos habían dejado de aparecer. La jornada se había llenado de peligros y presagiaba al Pony Express en los Estados Unidos de los 1860’. En vez de indios, había cosacos y campesinos furiosos. El hecho de que el correo ya no pudiera pasarlos era, en efecto, una mala señal. Hacía mucho que el verano había terminado y pronto todos los caballos del Emperador estarían cayendo cual hijas otoñales.

Napoleón y la Guardia Imperial en las cumbres de Borodino
Óleo de Vasiliæi Vasilevich Vereshchagin (1842-1904)

Una de las primeras visiones siniestras con que se toparon los guerreros en retirada fue la del campo de batalla de Borodino, con sus cientos de cadáveres en putrefacción (11). Esto no hizo maravillas sobre su moral. Muchos brazos y piernas ya habían sido comidos por animales salvajes. Una historia increíble llamó la atención de Bourgogne: un granadero francés, cuyas piernas habían sido arrancadas de un cañonazo durante la batalla, se había mantenido vivo resguardándose dentro de un caballo muerto. La carne de la pobre bestia le había sustentado junto con el agua sanguinolenta de un arroyo próximo (12).

El misma noche siguiente, del 29 al 30 de octubre, cayó la primera nevada. La estrella de Bourgogne debe haber estado brillando, porque adquirió un abrigo de piel de oso que le salvaría su vida en muchas ocasiones futuras, mientras otros infortunados se congelaban a muerte a su alrededor. Hubo muchos a los que les fue peor que a él. (13)

Ese mismo día un oficial portugués se acercó furtivamente al fuego junto al que Bourgogne estaba calentándose. Estaba escoltando a cientos de prisioneros rusos: « No tenían comida, y estaban reducidos a comerse unos a otros. Literalmente, cuando uno de ellos moría, era cortado y dividido entre ellos, y luego comido » (14)

Por muchos días el mismo Bourgogne solo comió pellejo de caballo. Tosa la comida llevada en carreta desde Moscú por las tropas en fuga había sido consumida. Añade: « con el frío clima, nuestras verdaderas miserias empezaron » (15). Afligió incluso a los veteranos cuando tuvieron que empezar a dejar tras de sí a sus enfermos y heridos a la gentil merced de sus perseguidores rusos. Conforme la nieve se hacía profunda, el andar se hizo todavía más difícil.

Para el 5 de noviembre los soldados estaban desplomándose constantemente en las orillas del camino. Bourgogne habla de los esfuerzos sobrehumanos que había hecho hasta ese punto con la esperanza de de llegar a Smolensko. Ese día nació un bebé, hijo de la cantinera, la madre Dubois « mientras la nieve que caía, y con un frío de veinte grados [esto es alrededor de – 20º], parió a un niño grande: posición desdichada para una mujer… » (16) El pobre infante solo duró unos días [muriendo « tan duro como madera » Nota del INMF]. « Ese mismo día nuestros hombres mataron a un osos blanco, que fue comido al de inmediato. Después de haber pasado una noche miserable, a razón de temible frío, partimos nuevamente ». (17)

El 6 de noviembre trajo consigo una densa niebla una helada castigadora: « Nuestros labios se pegaban, el interior de la nariz, o más el cerebro se helaba; parecía que caminábamos en medio de una atmósfera de hielo. La nieve, durante todo el día, y con un viento extraordinario, caía en copos, grandes como nadie los había visto jamás » (18). Un jinete que pasaba resultó ser un general buscando a Napoleón para contarle de la conspiración Malet en el lejano París. (19)

Con los cosacos encima, desgranando a los rezagados, la Gran Armada en añicos tenía que estar en marcha constante. No había tiempo ni para encender una fogata y preparar un almuerzo conveniente. El menú era simple – carne de caballo. Muchos hombres tuvieron que conformarse sangrando a los caballos. Hacía tanto frío que los animales apenas lo notaban. Pronto Bourgogne y sus camaradas parecían vampiros: « recogíamos la sangre en una marmita, la cocíamos y la comíamos (...) nos llevábamos la marmita y, cada uno, caminando, extraía de ella a manos plenas y comía; así teníamos la cara embarrada de sangre ». (20)

Soldados demacrados con los ojos huecos y las mejillas hundidas, con sus uniformes en jirones, vestidos con cualquier cosa de que pudieran echar mano en un fútil esfuerzo para permanecer calientes, se arrastraban por ahí, con sus barbas erizadas con carámbanos de sangre. Las condiciones se volvieron tan horrible que incluso los lazos de amistad entre viejos camaradas se rompieron. Los hombres comenzaron a matarse entre sí por bocados de comida. Las heladas se hicieron tan Fuertes que ni con un hacha era posible cortar la carcasa de un caballo para obtener su carne. Sin haber podido dormir debidamente durante días, los refugios se pusieron aun más débiles.

Cosacos zaporozianos de Ucrania escribiendo una carta al sultán turco
Visión romantizada en un óleo de Elias Repin (1844-1930)

Como si las cosas no estuvieran ya suficientemente mal, se tornaron aun peores en la posta de Gara. Más de setecientos hombres se habían metido dentro del edificio, semejante a un largo granero en cuyo interior estalló, en dos lugares, el fuego. Afortunadamente para Bourgogne no había habido lugar para él dentro de él. En cambio, dio testimonio de la tragedia que siguió: « Entonces ya no se oían más que gritos de rabia, el fuego ya no era más que una lumbre movediza, por los esfuerzos convulsivos que todos esos desgraciados hacían al debatirse contra la muerte: era una verdadera escena de infierno » (21)

Bourgogne se las arregló para salvar a un puñado de hombres, pero otros individuos, medio dementes por el frío y la inanición, corrieron hacia el edificio gritando « ¡qué buen fuego! » (22). Luego oyó que cuerpos rostizados eran arrastrados fuera de las ruinas y comidos por soldados croatas. Bourgogne añadió con pesar: « a falta de hombre, nos comíamos al diablo, si estaba cocido » (23). No obstante, en lo personal se abstuvo de tan horrible sustento.

A pesar de toda la miseria, Bourgogne también refiere un relato de extrema devoción. Justo antes de que llegara a Smolensko hubo una terrible tormenta de nieve con veintisiete grados de congelamiento. Nadie que fuera sorprendido en campo abierto tenía la más mínima oportunidad de supervivencia. Aun así esta era la situación que tuvo que afrontar el príncipe Emilio de Hesse-Kassel, de veinte años de edad. Junto con él estaban muchos cientos de sus hombres. Toda la noche, vapuleados por un viento bramante, le rodearon, protegiéndole del frío ártico. Conforme pasaban las horas, morían como los anillos de una cebolla: «El día siguiente en la mañana, los tres cuartos estaban muertos y sepultados bajo la nieve, con más de diez mil otros de diferentes cuerpos». (24)

Cuando Bourgogne llegó tambaleándose hasta Smolensko se encontró con un caos total. En un momento dado, Napoleón había considerado quedarse ahí durante el invierno, pero los escasos almacenes de comida que quedaban en la quemada ciudad fueron devorados bien pronto por hombres desesperados. Un viejo cazador dijo a Bourgogne: « Estuve en Egipto y os certifico que a veces me las vi negras; no se sí los sabéis, pero me c… en D…, no hay comparación con esta » (25). Fue lo suficientemente afortunado para encontrarse a su amigo Grangier quien le dio una pieza cocida de res – su primer comida decorosa en veintitrés días.

Pasando Smolensko, 90 000 rusos bloqueaban el camino a Krasnoé. Parecía que la Gran Armada estaba condenada: « pero el Emperador quería mostrarles que no era tan fácil como lo imaginaban: pues aunque estábamos bien mal, y muriéndonos de frío y de hambre, todavía conservábamos dos cosas – coraje y honor ». (26)

¡A las bayonetas! ¡Cargad! ¡Hurrah! ¡Hurrah!
Vasily Vasilyevich Vereshchagin (1842–1904)

La batalla comenzó a las dos de la mañana. Los franceses avanzaron a través de profundas nieves en tres columnas y cargaron con sus bayonetas prestamente. Pasando por el campo ruso, haciendo grandes estragos, llegaron hasta el mismo pueblo de Krasnoé. Siguió un mortal conflicto mano a mano en el que sombras espectrales parpadeaban en las flamas escabrosas que surgían de las cabañas ardientes (27).

Un Segundo combate tuvo lugar el 17 de noviembre. Conforme los franceses se pusieron en orden de batalla, Bourgogne fue destacado para ser el guide général (« guía general ») a la derecha de la línea. Se mantuvo por más de una hora sosteniendo en el aire la culata de su mosquete mientras las balas silbaban a su alrededor (28). Unos pocos miles de hombres de la Gran Armada se enfrentaron a 50 000 rusos y tuvieron que retroceder. Pasando Krasnoé por otro camino, los sobrevivientes se vieron mortificados cuando se vieron obligados a dejar atrás a los heridos, abandonados: « a la brutalidad de un enemigo salvaje y sin piedad, que despojaba a esos desdichados heridos, sin miramientos ni por su posición ni por sus heridas » (29)

En el camino a Orcha, Bourgogne vio al mismísimo Napoleón a pie, ayudándose con un madero para caminar. Una vez ahí, divisó las barcas de un tren de pontones que estaban siendo quemados para que caballos suplementarios pudieran ser usados para tirar de las armas que quedaban. Esta calamitosa decisión casi selló el destino del ejército. Por el momento, de unos treinta y cinco mil hombres antes pertenecientes a la Guardia, difícilmente setecientos llevaban aun los colores. (30)

Sin embargo el ánimo mejoró, al llegar noticias de que el Mariscal Ney había llegado con el remanente de la retaguardia. Hacía mucho que se le daba por muerto: « la felicidad del Emperador no tenia límites cuando oyó que el mariscal estaba a salvo » (31). Napoleón había dicho que habría dado todo el oro de las bóvedas de las Tullerías solo para volverle a ver. Por consiguiente es extraño relatar que menos de dos años más tarde, Ney traicionaría a su Emperador cuando los aliados se acercaban a París.

El poder del magnetismo propio de Napoleón estaba incólume. Había oído que los rusos estaban esperando en la Berezina. Reuniendo a los granaderos y a los cazadores en torno a él, desenvainó su espada y elevó su voz: « ¡Juremos también, a nuestra vez, antes morir con las armas en mano combatiendo, que no volver a ver a Francia! » Clamores de « Vive l’Empereur » se alzaron majestuosamente en el aire helado: « fue un momento espléndido, y por un tiempo nos hizo olvidar nuestras miserias » (32)

El Emperador Napoleón durante la retirada
Óleo de Vasiliæi Vasilevich Vereshchagin (1842-1904)

En ese momento del año, ya estaba obscuro para las cuatro de la tarde y los hombres exhaustos se veían reducidos a llamar a sus cuerpos a vivaquear donde fuera al final del día, y no a sus otrora orgullosos regimientos. El pensamiento de sus amigos difuntos infestaron a Bourgogne y su depresión se hizo más profunda. Entonces fue dejado atrás… (33)

El viento el Norte estaba aullando y todos sus camaradas habían desaparecido: « Pronto estuve solo, solo con los cuerpos muertos a lo largo del camino para guiarme » (34). Un sexto sentido le hizo hacer una pausa y voltear su abrigo de oso para que el pelaje estuviera en contacto con su piel. Esto le ayudó a sobrevivir pero, aun así, tropezaba, amenazado por el sueño que le abrumaba. Dormir equivalía a una muerte segura.

Había pasado por tantas cosas y su debilidad física significaba que estaba próximo al colapso. Ahora llegó su noche triste, lo que los españoles llaman noche de lágrimas: « En esta triste situación, viéndome solo en medio de un inmenso cementerio y de un silencio espantoso, los pensamientos más siniestros vinieron a acometerme: pensé en mis camaradas, de quienes me hallaba separado como por una fatalidad, enseguida a mi tierra, a mis padres, de modo que me puse a llorar como un niño. Las lágrimas que derramé me aliviaron y me devolvieron el coraje que había perdido ». (35)

Luego, como de milagro, cayó en un parapeto empinado y encontró, resguardándose en un vagón en el fondo, a su viejo amigo Picart. No le había visto desde que Napoleón pasó en revista a la Guardia Imperial la víspera de la partida de Moscú. Picart había sido enviado delante en servicio de escolta y estaba en una forma física razonable. Era también uno de los mejores modelos de todo el ejército. Para Bourgogne, llegó la hora, llegó el hombre. (35)

Cosacos del Don
Acuarela de Juliusz Fortunat Kossak (1824-1899)

Bourgogne le dijo a Picart las horrendas noticias. De 40 000 unidades de caballería, ya solo quedaban 1 000, formados en un « escuadrón sagrado » dirigido por el más antiguo mariscal de Francia, en el cual generales eran como capitanes y que los oficiales servían como soldados. El mismo escuadrón formaba parte de un « batallón sagrado » similar. Picart estaba aturdido y reprendía « al buen Dios y al Emperador Napoleón »: « ha de ser todo un novato para haberse quedado tanto tiempo en Moscú (…) quedarse treinta y cuatro días para esperar el invierno, ahí ya no le reconozco! » (37)

Picart tenía un Tesoro sin parangón – una marmita, y le dio a Bourgogne un almuerzo preparado: « Creo que, en toda mi vida, no había comido y no comeré con tanto placer » (38) Juntos, los camaradas se encaminaron hacia la Berezina, rodeados por doquier por la caballería rusa. En un encuentro con cosacos, salieron airosos y por añadidura capturaron un caballo. Picart se volvió la «vanguardia» sentándose adelante sobre el caballo y Bourgogne, volviendo la cabeza hacia el lado de la cola del animal, era la « retaguardia ». Desmontaron y se ocultaron entre los árboles cuando 200 prisioneros franceses semidesnudos y su escolta se acercaron. (39)

El oficial « ruso » resultó ser un francés que, después de veinte años en Rusia, anhelaba volver a Francia. Le oyeron hablar a un prisionero: « Sé que no fue la fuerza de las armas lo que os venció, sino la temperatura insoportable de Rusia » (40) El « ruso » también que Napoleón había sido capturado junto con su Guardia. Esta noticia devastadora alteraron a Picart pero, al final, se negó a creerla y dijo a Bourgogne: « Ánimo, mon pays… (« paisano ») (...) Si, como no lo dudo, tenemos la dicha de alcanzar al Emperador, todo estará acabado » (41). Bourgogne añade « Picart pensaba, como todos los viejos soldados idólatras del Emperador, que una vez que estaban con él, ya nada podía faltar, que todo debía tener éxito, en fin, que con él no había nada imposible » (42).

San Pedro podía haber negado a su señor, pero ahora estaba listo para morir por él nuevamente.

Cerca del camino no lejos de Pneva, el 8 de noviembre de 1812
Punzante retrato del Emperador Napoleón y tres de sus mariscales según el esbozo original realizado en vivo e in situ por un testigo presencial. Dibujo tardío de 1831-1834 por Christian Wilhelm von Faber du Faur (1780-1857).

 

Estaban desesperadamente perdidos en una densa floresta cuando Picart divisó a dos mujeres a lo lejos, así que decidieron seguirlas. Una debió ser la señorita suerte, pues fueron dirigidos a la puerta de una muy acogedora familia polaca. Cuando le dijeron a un viejo campesino que eran miembros de la Guardia de Napoleón: « Al nombre de Napoleón y de su Guardia, el buen polaco se inclinó y quería besarnos los pies ». Grandes cuidados y atención fueron prodigados al par de soldados, se les trajo comida y sus heridas fueron lavadas. (43)

Deseando recompensar a su anfitrión, Bourgogne recordó un maletín de grupa que estaba atado al caballo cosaco que había sido capturado. Entre los objetos contenidos había una gran cruz de comendador con el retrato de Napoleón grabado en ella. El viejo campesino tenía los ojos fijos en dicho objeto y debidamente lo recibió en guisa de obsequio: « Su satisfacción sería difícil de expresar. La llevó muchas veces a su boca [para besarla], y a su corazón » y obviamente, solo la muerte le separaría de ella. (44)

Así era como, en las profundidades del bosque lituano, a kilómetros de cualquier parte, y a cientos de millas de Francia, se toparon con simple campesino cuya adoración por el Emperador igualaba la de ellos. Esto demuestra de manera vívida el colosal impacto que Napoleón tenía en toda Europa, incluyendo las más distantes, remotas, e aisladas partes.

Un guía judío, conocido de la familia, les llevó enseguida hacia la Berezina, donde el sonido del fuego de cañón ya podía ser oído. Irónicamente, ahora estaban adelante de los residuos del ejército principal y, esperando junto al camino principal, vieron al mismísimo Napoleón acercarse. El estado de los sobrevivientes impresionó a Picart, quien no había visto a la Gran Armada durante un mes, y derramó lágrimas abiertamente: « ¡Lloro de haber visto nuestro Emperador caminar a pie, con un bastón en la mano, él tan grande, él que nos hace tan orgullosos! » Picart añadió: «¿Notasteis cómo nos miró?». (45)

Bourgogne escribe: « el Emperador se había volteado hacia nuestro lado. Nos había mirado como miraba siempre a los soldados de su Guardia, cuando les hallaba caminando aisladamente, y sobre todo en ese momento de desgracia, en el que parecía, por su mirada, inspiraros confianza y coraje ». (46)

Muchos de los refugiados que tropezaban en el camino habían perdido dedos de las manos y de los pies a causa de las heladas. Sus ojos estaban rojos, sus caras ennegrecidas por haber estado demasiado cerca del soplo del viento de las hogueras de los campos. Vestidos con harapos y andrajos, habían quemado capas y abrigos y solo piel de borrego envolvía sus pies congelados.

Habiéndose reunido con su regimiento, Bourgogne vio a los pontonniers (pontoneros) sumergidos hasta el cuello en las aguas heladas de la Berezina, construyendo valientemente dos puentes de armazón (47). Había desarrollado una fiebre y, de no ser por la ayuda de sus camaradas, probablemente habría sido dejado atrás y tomado prisionero. Mientras los hombres de Oudinot atravesaban al otro lado para asegurar la cabeza de puente, el cuerpo de Víctor mantuvo a distancia a los rusos en la parte trasera. A las siete de la noche de la mañana del 28 de noviembre, aunque todavía enfermo, Bourgogne cruzó el río solo. Miles más, exhaustos y negándose a abandonar sus fogatas, se quedaron atrás solo para caer en las garras del enemigo (48)

Puede asumirse que para entonces todo el mundo estaría maldiciendo a Napoleón imputándole la responsabilidad por toda esta miseria. Sin embargo, cuando algunos granaderos iban por ahí en los vivaques pidiendo leña para él: « Cada uno se apresuraba a dar lo mejor que había; incluso hombres murientes todavía levantaban la cabeza para decir: “¡tomad para el Emperador!” « ¿Hubo jamás devoción parecida a esta? (49)

Cuando los rusos bombardearon los puentes, se desencadenó el pandemónium entre los centenares de rezagados. Como una masa, corrieron hacia los puentes y sobrevino el caos. Hombres, mujeres y niños se peleaban entre sí mientras se abrían camino a zarpazos hacia la orilla opuesta. Cuando el Mariscal Víctor comenzó su retirada: « fue sobre un monte de cadáveres que pudo, con su tropas, atravesar el puente ». (50)

La Gran Armada atravesando la Berezina
Óleo de Enero Suchodolski (1797-1875)

 

Siempre febril, Bourgogne continuó su camino, siguiendo los rusos al Ejército en fuga en ambos lados del camino. Alcanzando más adelante a algunos oficiales a cargo de un centenar y de hombres de todas nacionalidades, pronto se dio cuenta de que ninguno conocía el camino correcto que había que tomar. Cuando esto se supo en las filas, muchos hombres lloraron como niños. Poco después, después de que su refugio fue llevado por un feroz vendaval, Bourgogne tuvo que deambular toda la noche para evitar congelarse. (51)

Luego llegó al Molodechno, en el camino a Vilna: « Me enteré después, a mi llegada a Polonia, que fue de este pueblo, Molodetschno, de donde el Emperador trazó su vigesimonoveno boletín, que anunciaba la destrucción de nuestro ejército, y que causó tanta sensación en Francia ». (52)

Quienquiera que fuera incapaz de caminar se enfrentaba a una muerte segura, pero incluso aquellos que estaban lo suficientemente sanos para desplazarse no tenían idea de a dónde iban. Bourgogne siguió a 10 000 hombres que estaban por ahí, andando pesadamente, muchos tan cerca de la muerte que ya nada no les importaba.

Cuando Bourgogne llegó a Smorgoni el 6 de diciembre, oyó que Napoleón había salido hacia París la noche anterior. Declara que muchos extranjeros empezaron entonces a criticar al Emperador, pero: « después de la conspiración de Malet, su presencia se hacía necesaria en Francia, no solo para la parte administrativa, sino para organizar ahí un nuevo ejército » (53). Entre los que llegaban, aparecieron individuos sorprendentemente bien vestidos y vigorosos que aparecieron repentinamente entre los rezagados. Bourgogne incluso se preguntó si eran agentes ingleses enviados para causar disturbios. (54)

El general Wilson, el oficial inglés, estaba incorporado al ejército de Kutusov en aquel tiempo y, ciertamente, el oro ingles había estado detrás de muchas de las guerras pasadas entre Rusia y Francia. Incluso hoy en día, muchos de los supuestos « historiadores » británicos siguen reprochando a Napoleón el haber « abandonado » a su ejército en 1812, buscando ensombrecer su reputación de cualquier modo que les sea posible. De hecho, todos los oficiales superiores franceses apoyaron su decisión de regresar a París y, como lo demuestra el testimonio de Bourgogne, hasta la tropa entendió las razones que motivaron dicha decisión.

Aunque parece difícil creerlo, para el pobre Bourgogne, el clima se puso todavía peor. En la ruta de Vilna dice: « hacía, para llegar, esfuerzos sobrenaturales. El frío de veintiocho grados [bajo cero] estaba más allá de todo lo que podíamos hacer. Me sentía desfallecer, parecía que aminábamos en medio de una atmósfera de hielo » (55). La anarquía en Vilna era virtualmente indescriptible conforme 50 000 espectros hambrientos bajaban a la plaza, tocando en cada puerta con la esperanza de encontrar comida. (56)

Para la inmensa alegría de Bourgogne, se topó con Picart nuevamente, su viejo camarada tenía un pan recién horneado: « hacía cincuenta días que no había comido [pan], me parecía que habría olvidado todas mis miserias, de tenerlas » (57). Una alarma sonó y, después de echar a algunos cosacos de las afueras del pueblo, se separaron otra vez.

Se suponía que el rey Murat debía haber mantenido Vilna y reorganizado las tropas ahí mismo, pero le faltó lo que Napoleón llamaba el valor de las dos de la mañana. Cuando salió para Kowno con su guardia de escolta, Picart formando parte de ésta, todos os demás trataron de seguir su ejemplo. Para entonces Bourgogne estaba en un estado desesperado. No solo su pie estaba congelado, tenía una herida abierta, la primera falange del dedo medio de su mano derecha estaba a punto de caerse, y tenía cólico, tras haber sido envenenado por un judío que codiciaba sus posesiones. (58)

Una multitud de 10 000 hombres se debatía para salir de Vilna, Bourgogne entre ellos. Pronto, se halló siendo dejado atrás. Solo la retaguarda de 300 hombres del Mariscal Ney evitó que fueran todos capturados por cosacos. Bourgogne le rinde tributo: « Nunca olvidaré el semblante imponente que tenía el Mariscal en esta circunstancia, su actitud amenazadora al mirar al enemigo, y la confianza que inspiraba a los desdichados enfermos y heridos que le rodeaban. Era, en ese momento, tal como se pinta a los héroes de la antigüedad. Puede decirse que fue, en los últimos días de esta desastrosa retirada, el salvador de los restos del ejército ». (59)

La retirada del Mariscal Ney en Rusia (detalle)
Óleo de Adolphe Yvon (1817-1893)

 

Casi matado por un cosaco, Bourgogne escaló la colina Ponari donde vagones abandonados llenos de oro del ejército, fueron saqueados tanto por cosacos y franceses por igual (60). De no haber alcanzado a Grangier y sus camaradas, hubiera terminado no siendo más que otro cuerpo en la nieve. Cada camino parecía ahora un campo de batalla.

« Al fin llegamos a Kowno », dice, y « oíamos todavía, por intervalos, algunos cañonazos que parecían anunciar el último suspiro de nuestro ejército » (61). En una noche, 1 500 hombres se congelaron hasta morir después de emborracharse. Estaban tan débiles que solo una pequeña porción de brandy causó intoxicación. Cuando llegó al Niemen y a la frontera rusa, Bourgogne era uno de solo 60 sobrevivientes en su regimiento – unos 2 000 hombres se habían adentrado en Rusia cinco meses antes (62).

Más apuros le esperaban en Prusia, y sin embargo ya había estado caminando durante sesenta días. En temperaturas muy por debajo de cero, con escasa comida, sin contar nunca con más de dos o tres horas de sueño en la noche, y sometido a presión y a constantes ataques de cosacos y del ejército ruso, había seguido adelante obstinadamente. Su hazaña fue increíble, su voluntad de sobrevivir inviolable y su fortaleza indómita.

« Tal vez un día, ¿quién sabe? Mis relatos, aunque mal escritos, interesarán a quienes los leerán (…) El gran genio ya no es más, ¡pero su nombre existirá siempre! » (63)

También el tuyo Bourgogne, también el tuyo. En avant, marche! (64)

 

 

* Atención lectores francófonos
EL AUTOR DE ESTE ARTÍCULO Y EL INMF RECOMIENDAN
¡Un magnífico y veraz fresco de la Epopeya!  
Sr. Jean-Claude Damamme
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PRESENTACIÓN DE LA OBRA

Título: Les Aigles en hiver (Russie 1812)
Autor: Jean-Claude DAMAMME
Género: Ensayos y Documentos
Temas: Historia
Fecha de aparición: 19 de febrero de 2009
Precio: 25,90 €
Número de páginas: 828
Dimensión: 160 x 240 mm
ISBN: 2-259-20805-3

a) Sargento Bourgogne: La retirada de Moscú. The Folio Society (1985) p.57.

NOTAS

1) Felix Markham: Napoleon (1963) p.197 Mariscal Ney en una carta a su mujer Aglaé.
2) Kevin J. Dougherty y al, Battles Of The American Civil War 1861-1865 p.143.
3) Markham op.cit., p.195. « El 24 de octubre halló el camino bloqueado por los rusos en Malojaroslavets, y en una combate desesperado de un día, en la que las unidades italianas de Eugenio se distinguieron, sufrió cinco mil pérdidas ».
Bourgogne op.cit., p.49. « Me acuerdo que un instante después de esta refriega, estando el Emperador platicando con el rey Murat, reía de que había estado a punto de ser cogido, pues bien poco faltó ».
4) Bourgogne Ibid., p.98.
5) « There is no better writing and no easier reading, than the records of these men of action ». Sir Arthur Conan Doyle: Through The Magic Door.
Ver igualmente: http://books.google.com/books?isbn=1426415796%20(2007)%20p.80
6) Ibid., supra: « A Briton cannot help asking himself, as he realizes what men these were, what would have happened if 150,000 Coignets and Bourgognes, with Marbots to lead them, and the great captain of all time in the prime of his vigour at their head, had made their landing in Kent ».
7) Bourgogne op.cit., p.141
8) Ibid., p.13. Tercer verso de Roland à Roncevaux, texto y música de Rouget de L’Îsle.
9) Ibid., p.18. Una legua equivale a 4.8 kilómetros.
10) Ibid., p.45.
11) Markham op.cit., p.193 « El ataque principal francés inició en la madrugada del 7 de septiembre, y para el final del día las posiciones rusas habían sido capturadas, pero el ejército ruso no había sido desbaratado; solo setecientos prisioneros fueron tomados ».En la misma página cita a Clausewitz, quien, en su recuento de 1812 escribió: « Kutuzov, es seguro, no había peleado en Borodino cuando obviamente no esperaba ganar. Pero la voz de la Corte, del ejército, de toda Rusia le forzó la mano. »
12) Bourgogne op.cit., p.50. Oyó esta historia el 28 de octubre de 1812.
13) Markham op.cit., p. 196 declara que « La primera nieve no cayó hasta el 5 de noviembre… ». En esto está equivocado. ¡Obviamente no leyó la p.50 con suficiente atención!
14) Bourgogne op.cit., p.51
15) Ibid., p.51.
16) Ibid., p.54.
17) Ibid., p.54. Este no podía ser un oso polar, por supuesto, sino « pardo ». Los osos pueden tener cualquier color desde el amarillo o pardo hasta el negro. Esto simplemente nos muestra, sin embargo, cuán salvaje era el bosque a través del cual estaban pasando. Los lobos y los osos eran muy comunes en Lituania y Rusia.
Cuando Bourgogne y Picart estaban con la familia polaca, un grupo de lobos se acercó repetidamente a la puerta y comenzó a aullar, incluso después de que Picart los alejó con un instigador.
18) Ibid., p.54.
19) Malet era un ex general desequilibrado que se apoderó brevemente del poder en París después de declarar que Napoleón había muerto en Rusia. El hecho de que nadie pensó en proclamar al Rey de Roma, Napoleón II, preocupó profundamente al Emperador.
20) Ibid., p.55.
21) Ibid., p.61.
22) Ibid., p.61.
23) Ibid., p.62.
24) Ibid., p.65.
25) Ibid., p.70.
26) Ibid., p.84.
27) Ibid., pp.83-86.
28) Ibid., pp.89-90.
29) Ibid., p.91.
30) Ibid., p.96.
31) Ibid., p.96. Cuando Napoleón oyó las noticias, dijo que Ney no era un hombre, que era un león.
Bourgogne y sus camaradas tenía en orgullo de los leones, un inflexible sentido del honor y del deber que los guió a través de este desastre.
32) Ibid., p.98.
33) Ibid., pp.98-99
34) Ibid., p.101.
35) Ibid., p.103.
36) Ibid., pp.108-110. Picart debe haber sido un verdadero personaje. Las páginas 108 a 143 tratan de las aventuras con Picart. Una gran película podría ser filmada tan solo con esta pequeña sección de la épica jornada de Bourgogne.
37) Ibid., p.113.
38) Ibid., p.117.
39) Ibid., pp.125-126.
40) Ibid., p.126.
41) Ibid., p.128.
42) Ibid., p.128.
43) Ibid., p.130.
44) Ibid., p.132.
45) Ibid., p.142.
46) Ibid., p.142.
47) Ibid., p.145. El primer Puente fue terminado a las dos de la tarde del 26 de noviembre. El segundo, para la artillería y la caballería, a las cuatro. « Estos valientes sacrificaron su vida para salvar al ejército. Uno de mis amigos me dijo como un hecho que había visto al mismísimo Emperador repartiendo vino ». El General Eblé estaba a cargo de esta operación.
48) Ibid., pp.148-151. La escena en el cruce era tan horrenda que incluso Bourgogne, a pesar de todos los horrores que había presenciado, tuvo que voltearse.
49) Ibid., p.150.
50) Ibid., p.151.
51) Ibid., p.158.
52) Ibid., p.158.
53) Ibid., p.159.
54) Ibid., p.159.
55) Ibid., p.161.
56) Ibid., p.162.
57) Ibid., p.162.
58) Ibid., p.163. Anteriormente, un judío había le salvado la vida a Bourgogne y a Picart. Aquí y más tarde, otros judíos trataron de envenenar y robar a los debilitados restantes del Ejército. Como Picart podía hacerse pasar por un judío y conocía sus ceremonias, le trataban usualmente muy bien.
59) Ibid., p.173.
60) Ibid., pp.174-176.
61) Ibid., p.189.
62) Ibid., p.195.
63) Ibid., p.200.
64) ¡Adelante, Marcha!

BIBLIOGRAFÍA
A)
Albrecht Adam: Napoleon’s Army in Russia (2005)
B)
Paul Britten Austin: 1812 The March On Moscow (1993)
C)
Paul Britten Austin: 1812 Napoleon In Moscow (1995)
D)
Paul Britten Austin: 1812 The Great Retreat (1996)
E)
Ed. Jeremy Black: Great Military Leaders And Their Campaigns (2008)
F)
Sargento Bourgogne: Retreat From Moscow – Folio Books (1985)
G)
Antony Brett-James: 1812 Eyewitness Accounts (1966)
H)
Armand de Caulaincourt: With Napoleon in Russia (2005)
I)
Kevin J. Dougherty y al: Battles of The American Civil War (2007)
J)
John R. Elting: Swords Around A Throne (1988)
K)
Mayor Faber du Faur: With Napoleon In Russia (2001)
L)
Felix Markham: Napoleon (1963)