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El
vivaque nocturno de la
Gran Armada
Ilustración
de Vasily Vasilyevich
Vereshchagin (1842–1904) |
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Por
el Señor |
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John
Tarttelin
Representante
del Instituto Napoleónico México-Francia
en Inglaterra |
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| Sr.
John Tarttelin |
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Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
Dedicado
a Jean-Claude Damamme
Autor
de
Les
Aigles en Hiver
*
| «
El número de muertos
y de murientes que dejamos en
nuestros vivaques, al partir,
fue prodigioso. Más lejos,
era aun peor, pues, en el camino,
estábamos obligados a
pasar dando zancadas sobre los
cadáveres que los cuerpos
de armada que nos precedían
dejaban tras de sí
» |
Sargento
Bourgogne (a) |
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Pocos
eventos en toda la historia humana pueden
compararse con la retirada de la Gran
Armada de Moscú, en 1812. A los
brutales horrores de guerra se aunaron
las crueldades de lo que el Mariscal Ney
llamó « el General Invierno
» (1). Bourgogne
recuerda estos eventos con una prosa escueta,
desnuda, pues lo que les pasó realmente
a él y a sus camaradas no precisa
embellecimiento. « Guerra y paz
» de Tolstoi es como un cuento de
hadas en comparación, y su personaje
de Napoleón poco más que
una caricatura del verdadero Emperador
francés.
Hubo desastres
militares antes y después de esta
campaña, por ejemplo: la carga
de Pickett en Gettysburg en 1863; la derrota
del rey sueco Carlos XII en Poltava, en
1709 – una fatídica invasión
previa de Rusia; y la pérdida de
los paracaidistas franceses en Dien Bien
Phu en 1954. Pero ninguno de ellos conllevó
elementos semejantes, propios de la tragedia
griega. Clausewitz dijo que « en
la guerra la cosa más simple es
difícil » (2),
y el mismo Napoleón hizo la observación
de que « de
lo sublime a lo ridículo sólo
hay un paso ».
De que
el Emperador se sobrepasó aquí
no hay duda. Aquellos puentes entarimados
construidos a la carrera en la Beresina
realmente probaron ser, haciendo referencia
a la película del mismo nombre,
«puentes demasiado lejos»,
pero antes de que la campaña empezase,
jóvenes soldados franceses y otros
ansiosos por ganarse un cargo, se habían
incorporado con entusiasmo a lo que pensaban
podría ser la última empresa
militar de Napoleón. El Emperador
había puesto en acción todos
sus sorprendentes recursos en los preparativos
de este conflicto y todas las contingencias
habían sido previstas y preparadas.
Todas, salvo el clima.
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Napoleón
en el palacio Petrovski en Moscú
Vasily Vasilyevich Vereshchagin
(1842–1904) |
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Se estuvo muy
cerca de que se tratase de la última campaña
de Napoleón ya que, después de la
batalla de Malojaroslavetz – que le llevó
a hacer la fatal decisión de regresar por
el mismo desierto quemado que sus hombres habían
atravesado en su camino a Moscú –
decidió efectuar un reconocimiento en las
primeras horas de una mañana fría,
húmeda y brumosa. Casi de inmediato se
vio rodeado por 6 000 cosacos de Platoff y, de
no ser por la inmensa bravía de su estado
mayor personal y la oportuna llegada de Bourgogne
y un contingente de la Guardia Imperial, hubiera
sido muerto o capturado. (3)
En Dresde en mayo
de 1812, había estado en el apogeo de su
poder imperial. ¿Mientras su ejército
moría de frío y de hambre entre
los residuos rusos, se dio cuenta Napoleón
de que sus días estaban contados? Literalmente,
perdió tras de sí a su caballería,
pues 60 000 caballos murieron en Rusia. Unos 10
000 murieron en una noche durante una baja helada
de temperatura... ¡en julio! Muchos más
de aquellos desdichados animales
fueron comidos por sus antiguos jinetes, o por
la infantería que, cegada por la nieve,
iba tambaleándose detrás de la caballería
y de la artillería. Y eso fue antes de
que el canibalismo comenzara.
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Moscú
en llamas
Autor anónimo,
Alemania; hacia 1820 |
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De todas
las memorias del periodo, las de Bourgogne
son las mejores.
El sargento
Bourgogne tenía un alma de hierro,
no solo una constitución hecha
del mismo. Tenía su propia concepción
de la gloire: « Sentía
que entre más grandes eran el peligro
y el sufrimiento, mayores eran la Gloria
y el honor… » (4).
He aquí lo que significaba
ser un miembro de la Guardia Imperial
de Napoleón.
Eran éstos hombres forjados por
las privaciones, templados con coraje
y puestos a prueba con fuego: Napoleón
no pudo haber logrado las cosas que hizo
sin ellos. Y la campaña de 1812
puso a prueba su temple y su punto de
ruptura. En agonizante y escarificador
detalle, Bourgogne cuenta cómo
toda la Gran Armada fue sometida a prueba
hasta la destrucción.
La historia
de Bourgogne toca y conmueve la humanidad
común que hay en todos nosotros.
Le muestra al mundo moderno, en el que
la gente se regodea en la autocompasión,
en la pereza física y en el soso
y notorio consumo, justo lo que se precisa
para ser un héroe de verdad. Cuando
un hombre se halla en un aprieto su mayor
necesidad es ser capaz de recurrir a su
pozo interior de fuerza y de entereza.
El pozo de Bourgogne era muy profundo.
Cuando no tenía absolutamente nada
y estaba congelándose y muriendo
de hambre – se tenía a él
mismo. El orgullo y el honor de Francia
estaban resumidos en su espíritu
indómito, su tenacidad y su dureza
física.
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La admiración
por semejantes calidades se extiende a lo largo
de los continentes y a través del tiempo.
Sir Arthur Conan Doyle declara: « No hay
mejor escritura ni lectura más fácil,
que los registros de aquellos hombres en acción
» (5). Y en tanto
que inglés, especuló acerca de «
lo que habría sido » de haber cruzado
el ejército de Napoleón la Mancha
y haber puesto a Inglaterra
en cintura.
« Un británico
no puede evitar preguntarse, cuando se da cuenta
de qué hombres eran esos, lo que habría
pasado si 150 000 Coignets y Bourgognes, con Marbots
dirigiéndoles, y teniendo a su cabeza al
gran capitán de todos los tiempos en la
flor de su vigor, hubiesen desembarcado en Kent
». (6)
La respuesta es
elemental, mi querido Doyle.
Murat, quien no
era tan brillante como los botones de su uniforme,
estaba a cargo de la vanguardia de la Gran Armada
que está basada en Winkovo, al sur de Moscú.
Adormecidas por los arrullos de una falsa sensación
de seguridad inducida por los rusos, sus fuerzas
fueron atacadas repentinamente, sufriendo un fuerte
número de bajas. Cuando Napoleón
oyó de esto se dio cuenta de que el juego
estaba acabado. El zar Alejandro no haría
nunca la paz. Y la retirada empezó.
Bourgogne dice
que « no hay cómo pueda describir
todos los sufrimientos, la angustia, y las escenas
de desolación que he visto y por las que
he pasado, como tampoco aquellas que aun estaba
destinado a ver y a soportar; dejaron profundos
y terribles recuerdos, que nunca he olvidado »
(7). Su descenso al valle
de la sombra de la muerte fue un pasaje al terror
abyecto, una pesadilla viviente que duró
semanas. En muchas ocasiones pensó que
su hora había llegado.
Adrien-Jean-Baptiste-François
Bourgogne nunca esperó volver a ver su
hogar en Condé. Nacido en 1785, ya era
veterano de Eylau y Essling, habiendo combatido
antes a austriacos, prusianos, españoles
y rusos en el servicio de su Emperador. Su actitud
se encuentra resumida en el tercer verso de la
canción de Rolando:
Eh! demande
où sont les périls
C’est là qu’est aussi la victoire!
(8)
(« ¡Eh!
Pregunta donde están los peligros,
¡Ahí es donde está también
la victoria! »)
Cuando llegó
a Moscú estaba orgulloso por el hecho de
que « nosotros los de la Guardia
Imperial habíamos marchado más
de mil doscientas leguas sin descansar
» (9). Habiendo sobrevivido
a las tormentas de fuego que le habían
dado la bienvenida al ejército francés,
más bien disfrutó su estancia: «
En los días sin servicio bebíamos,
fumábamos, y reíamos, hablando de
Francia y de la distancia que nos separaba de
ella, y de la posibilidad de ser enviados aun
más lejos. » (10)
Esos rumores de
una posible marcha a la India fueron prematuros.
En un clima clemente, un correo rápido
a caballo de París a Moscú tomaba
alrededor de catorce días. Mucho antes
de que el ejército dejara Moscú,
dichos correos habían dejado de aparecer.
La jornada se había llenado de peligros
y presagiaba al Pony Express en los Estados
Unidos de los 1860’. En vez de indios, había
cosacos y campesinos furiosos. El hecho de que
el correo ya no pudiera pasarlos era, en efecto,
una mala señal. Hacía mucho que
el verano había terminado y pronto todos
los caballos del Emperador estarían cayendo
cual hijas otoñales.
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Napoleón
y la Guardia Imperial en las cumbres
de Borodino
Óleo de Vasiliæi Vasilevich
Vereshchagin (1842-1904) |
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Una de las primeras
visiones siniestras con que se toparon los guerreros
en retirada fue la del campo de batalla de Borodino,
con sus cientos de cadáveres en putrefacción
(11). Esto no hizo maravillas
sobre su moral. Muchos brazos y piernas ya habían
sido comidos por animales salvajes. Una historia
increíble llamó la atención
de Bourgogne: un granadero francés, cuyas
piernas habían sido arrancadas de un cañonazo
durante la batalla, se había mantenido
vivo resguardándose dentro de un caballo
muerto. La carne de la pobre bestia le había
sustentado junto con el agua sanguinolenta de
un arroyo próximo (12).
El misma noche
siguiente, del 29 al 30 de octubre, cayó
la primera nevada. La estrella de Bourgogne debe
haber estado brillando, porque adquirió
un abrigo de piel de oso que le salvaría
su vida en muchas ocasiones futuras, mientras
otros infortunados se congelaban a muerte a su
alrededor. Hubo muchos a los que les fue peor
que a él. (13)
Ese mismo día
un oficial portugués se acercó furtivamente
al fuego junto al que Bourgogne estaba calentándose.
Estaba escoltando a cientos de prisioneros rusos:
« No tenían comida, y estaban reducidos
a comerse unos a otros. Literalmente, cuando uno
de ellos moría, era cortado y dividido
entre ellos, y luego comido » (14)
Por muchos días
el mismo Bourgogne solo comió pellejo de
caballo. Tosa la comida llevada en carreta desde
Moscú por las tropas en fuga había
sido consumida. Añade: « con el frío
clima, nuestras verdaderas miserias empezaron
» (15). Afligió
incluso a los veteranos cuando tuvieron que empezar
a dejar tras de sí a sus enfermos y heridos
a la gentil merced de sus perseguidores rusos.
Conforme la nieve se hacía profunda, el
andar se hizo todavía más difícil.
Para el 5 de noviembre
los soldados estaban desplomándose constantemente
en las orillas del camino. Bourgogne habla de
los esfuerzos sobrehumanos que había hecho
hasta ese punto con la esperanza de de llegar
a Smolensko. Ese día nació un bebé,
hijo de la cantinera, la madre Dubois «
mientras la nieve que caía, y con un frío
de veinte grados [esto es alrededor de –
20º], parió a un niño grande:
posición desdichada para una mujer…
» (16) El pobre infante
solo duró unos días [muriendo «
tan duro como madera » Nota del INMF]. «
Ese mismo día nuestros hombres mataron
a un osos blanco, que fue comido al de inmediato.
Después de haber pasado una noche miserable,
a razón de temible frío, partimos
nuevamente ». (17)
El 6 de noviembre
trajo consigo una densa niebla una helada castigadora:
« Nuestros labios se pegaban, el interior
de la nariz, o más el cerebro se helaba;
parecía que caminábamos en medio
de una atmósfera de hielo. La nieve, durante
todo el día, y con un viento extraordinario,
caía en copos, grandes como nadie los había
visto jamás » (18).
Un jinete que pasaba resultó ser un general
buscando a Napoleón para contarle de la
conspiración Malet en el lejano París.
(19)
Con los cosacos
encima, desgranando a los rezagados, la Gran Armada
en añicos tenía que estar en marcha
constante. No había tiempo ni para encender
una fogata y preparar un almuerzo conveniente.
El menú era simple – carne de caballo.
Muchos hombres tuvieron que conformarse sangrando
a los caballos. Hacía tanto frío
que los animales apenas lo notaban. Pronto Bourgogne
y sus camaradas parecían vampiros: «
recogíamos la sangre en una marmita, la
cocíamos y la comíamos (...) nos
llevábamos la marmita y, cada uno, caminando,
extraía de ella a manos plenas y comía;
así teníamos la cara embarrada de
sangre ». (20)
Soldados demacrados
con los ojos huecos y las mejillas hundidas, con
sus uniformes en jirones, vestidos con cualquier
cosa de que pudieran echar mano en un fútil
esfuerzo para permanecer calientes, se arrastraban
por ahí, con sus barbas erizadas con carámbanos
de sangre. Las condiciones se volvieron tan horrible
que incluso los lazos de amistad entre viejos
camaradas se rompieron. Los hombres comenzaron
a matarse entre sí por bocados de comida.
Las heladas se hicieron tan Fuertes que ni con
un hacha era posible cortar la carcasa de un caballo
para obtener su carne. Sin haber podido dormir
debidamente durante días, los refugios
se pusieron aun más débiles.
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Cosacos
zaporozianos de Ucrania
escribiendo una carta al sultán
turco
Visión romantizada en un óleo
de Elias Repin (1844-1930) |
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Como si las cosas
no estuvieran ya suficientemente mal, se tornaron
aun peores en la posta de Gara. Más de
setecientos hombres se habían metido dentro
del edificio, semejante a un largo granero en
cuyo interior estalló, en dos lugares,
el fuego. Afortunadamente para Bourgogne no había
habido lugar para él dentro de él.
En cambio, dio testimonio de la tragedia que siguió:
« Entonces ya no se oían más
que gritos de rabia, el fuego ya no era más
que una lumbre movediza, por los esfuerzos convulsivos
que todos esos desgraciados hacían al debatirse
contra la muerte: era una verdadera escena de
infierno » (21)
Bourgogne se las
arregló para salvar a un puñado
de hombres, pero otros individuos, medio dementes
por el frío y la inanición, corrieron
hacia el edificio gritando « ¡qué
buen fuego! » (22).
Luego oyó que cuerpos rostizados eran arrastrados
fuera de las ruinas y comidos por soldados croatas.
Bourgogne añadió con pesar: «
a falta de hombre, nos comíamos al diablo,
si estaba cocido » (23).
No obstante, en lo personal se abstuvo de tan
horrible sustento.
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A pesar
de toda la miseria, Bourgogne también
refiere un relato de extrema devoción.
Justo antes de que llegara a Smolensko hubo
una terrible tormenta de nieve con veintisiete
grados de congelamiento. Nadie que fuera
sorprendido en campo abierto tenía
la más mínima oportunidad
de supervivencia. Aun así esta era
la situación que tuvo que afrontar
el príncipe Emilio de Hesse-Kassel,
de veinte años de edad. Junto con
él estaban muchos cientos de sus
hombres. Toda la noche, vapuleados por un
viento bramante, le rodearon, protegiéndole
del frío ártico. Conforme
pasaban las horas, morían como los
anillos de una cebolla: «El día
siguiente en la mañana, los tres
cuartos estaban muertos y sepultados bajo
la nieve, con más de diez mil otros
de diferentes cuerpos». (24)
Cuando Bourgogne
llegó tambaleándose hasta
Smolensko se encontró con un caos
total. En un momento dado, Napoleón
había considerado quedarse ahí
durante el invierno, pero los escasos almacenes
de comida que quedaban en la quemada ciudad
fueron devorados bien pronto por hombres
desesperados. Un viejo cazador dijo a Bourgogne:
« Estuve en Egipto
y os certifico que a veces me las vi negras;
no se sí los sabéis, pero
me c… en D…, no hay comparación
con esta » (25).
Fue lo suficientemente afortunado para encontrarse
a su amigo Grangier quien le dio una pieza
cocida de res – su primer comida decorosa
en veintitrés días.
Pasando
Smolensko, 90 000 rusos bloqueaban el camino
a Krasnoé. Parecía que la
Gran Armada estaba condenada: « pero
el Emperador quería mostrarles que
no era tan fácil como lo imaginaban:
pues aunque estábamos bien mal, y
muriéndonos de frío y de hambre,
todavía conservábamos dos
cosas – coraje y honor ». (26)
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¡A
las bayonetas! ¡Cargad! ¡Hurrah!
¡Hurrah!
Vasily Vasilyevich Vereshchagin
(1842–1904) |
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La batalla comenzó
a las dos de la mañana. Los franceses avanzaron
a través de profundas nieves en tres columnas
y cargaron con sus bayonetas prestamente. Pasando
por el campo ruso, haciendo grandes estragos,
llegaron hasta el mismo pueblo de Krasnoé.
Siguió un mortal conflicto mano a mano
en el que sombras espectrales parpadeaban en las
flamas escabrosas que surgían de las cabañas
ardientes (27).
Un Segundo combate
tuvo lugar el 17 de noviembre. Conforme los franceses
se pusieron en orden de batalla, Bourgogne fue
destacado para ser el guide général
(« guía general ») a la derecha
de la línea. Se mantuvo por más
de una hora sosteniendo en el aire la culata de
su mosquete mientras las balas silbaban a su alrededor
(28). Unos pocos miles de
hombres de la Gran Armada se enfrentaron a 50
000 rusos y tuvieron que retroceder. Pasando Krasnoé
por otro camino, los sobrevivientes se vieron
mortificados cuando se vieron obligados a dejar
atrás a los heridos, abandonados: «
a la brutalidad de un enemigo salvaje y sin piedad,
que despojaba a esos desdichados heridos, sin
miramientos ni por su posición ni por sus
heridas » (29)
En el camino a
Orcha, Bourgogne vio al mismísimo Napoleón
a pie, ayudándose con un madero para caminar.
Una vez ahí, divisó las barcas de
un tren de pontones que estaban siendo quemados
para que caballos suplementarios pudieran ser
usados para tirar de las armas que quedaban. Esta
calamitosa decisión casi selló el
destino del ejército. Por el momento, de
unos treinta y cinco mil hombres antes pertenecientes
a la Guardia, difícilmente setecientos
llevaban aun los colores. (30)
Sin embargo
el ánimo mejoró, al llegar
noticias de que el Mariscal Ney había
llegado con el remanente de la retaguardia.
Hacía mucho que se le daba por
muerto: « la felicidad del Emperador
no tenia límites cuando oyó
que el mariscal estaba a salvo »
(31). Napoleón
había dicho que habría dado
todo el oro de las bóvedas de las
Tullerías solo para volverle a
ver. Por consiguiente es extraño
relatar que menos de dos años más
tarde, Ney traicionaría a su Emperador
cuando los aliados se acercaban a París.
El poder
del magnetismo propio de Napoleón
estaba incólume. Había oído
que los rusos estaban esperando en la
Berezina. Reuniendo a los granaderos y
a los cazadores en torno a él,
desenvainó su espada y elevó
su voz: « ¡Juremos
también, a nuestra vez, antes morir
con las armas en mano combatiendo, que
no volver a ver a Francia! »
Clamores de « Vive l’Empereur
» se alzaron majestuosamente en
el aire helado: « fue un momento
espléndido, y por un tiempo nos
hizo olvidar nuestras miserias »
(32)
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El
Emperador Napoleón durante
la retirada
Óleo de Vasiliæi
Vasilevich Vereshchagin (1842-1904) |
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En ese momento
del año, ya estaba obscuro para las cuatro
de la tarde y los hombres exhaustos se veían
reducidos a llamar a sus cuerpos a vivaquear donde
fuera al final del día, y no a sus otrora
orgullosos regimientos. El pensamiento de sus
amigos difuntos infestaron a Bourgogne y su depresión
se hizo más profunda. Entonces fue dejado
atrás… (33)
El viento el Norte
estaba aullando y todos sus camaradas habían
desaparecido: « Pronto estuve solo, solo
con los cuerpos muertos a lo largo del camino
para guiarme » (34).
Un sexto sentido le hizo hacer una pausa y voltear
su abrigo de oso para que el pelaje estuviera
en contacto con su piel. Esto le ayudó
a sobrevivir pero, aun así, tropezaba,
amenazado por el sueño que le abrumaba.
Dormir equivalía a una muerte segura.
Había pasado
por tantas cosas y su debilidad física
significaba que estaba próximo al colapso.
Ahora llegó su noche triste, lo
que los españoles llaman noche de lágrimas:
« En esta triste situación, viéndome
solo en medio de un inmenso cementerio y de un
silencio espantoso, los pensamientos más
siniestros vinieron a acometerme: pensé
en mis camaradas, de quienes me hallaba separado
como por una fatalidad, enseguida a mi tierra,
a mis padres, de modo que me puse a llorar como
un niño. Las lágrimas que derramé
me aliviaron y me devolvieron el coraje que había
perdido ». (35)
Luego, como de
milagro, cayó en un parapeto empinado y
encontró, resguardándose en un vagón
en el fondo, a su viejo amigo Picart. No le había
visto desde que Napoleón pasó en
revista a la Guardia Imperial la víspera
de la partida de Moscú. Picart había
sido enviado delante en servicio de escolta y
estaba en una forma física razonable. Era
también uno de los mejores modelos de todo
el ejército. Para Bourgogne, llegó
la hora, llegó el hombre. (35)
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Cosacos
del Don
Acuarela de Juliusz
Fortunat Kossak (1824-1899) |
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Bourgogne
le dijo a Picart las horrendas noticias.
De 40 000 unidades de caballería,
ya solo quedaban 1 000, formados en un
« escuadrón sagrado »
dirigido por el más antiguo mariscal
de Francia, en el cual generales eran
como capitanes y que los oficiales servían
como soldados. El mismo escuadrón
formaba parte de un « batallón
sagrado » similar. Picart estaba
aturdido y reprendía « al
buen Dios y al Emperador Napoleón
»: « ha de ser todo un novato
para haberse quedado tanto tiempo en Moscú
(…) quedarse treinta y cuatro días
para esperar el invierno, ahí ya
no le reconozco! » (37)
Picart
tenía un Tesoro sin parangón
– una marmita, y le dio a Bourgogne
un almuerzo preparado: « Creo que,
en toda mi vida, no había comido
y no comeré con tanto placer »
(38) Juntos, los
camaradas se encaminaron hacia la Berezina,
rodeados por doquier por la caballería
rusa. En un encuentro con cosacos, salieron
airosos y por añadidura capturaron
un caballo. Picart se volvió la
«vanguardia» sentándose
adelante sobre el caballo y Bourgogne,
volviendo la cabeza hacia el lado de la
cola del animal, era la « retaguardia
». Desmontaron y se ocultaron entre
los árboles cuando 200 prisioneros
franceses semidesnudos y su escolta se
acercaron. (39)
|
El oficial «
ruso » resultó ser un francés
que, después de veinte años en Rusia,
anhelaba volver a Francia. Le oyeron hablar a
un prisionero: « Sé que no fue la
fuerza de las armas lo que os venció, sino
la temperatura insoportable de Rusia » (40)
El « ruso » también que Napoleón
había sido capturado junto con su Guardia.
Esta noticia devastadora alteraron a Picart pero,
al final, se negó a creerla y dijo a Bourgogne:
« Ánimo, mon pays…
(« paisano ») (...) Si, como no lo
dudo, tenemos la dicha de alcanzar al Emperador,
todo estará acabado » (41).
Bourgogne añade « Picart pensaba,
como todos los viejos soldados idólatras
del Emperador, que una vez que estaban con él,
ya nada podía faltar, que todo debía
tener éxito, en fin, que con él
no había nada imposible »
(42).
San Pedro podía
haber negado a su señor, pero ahora estaba
listo para morir por él nuevamente.
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Cerca
del camino no lejos de Pneva, el 8 de
noviembre de 1812
Punzante retrato del Emperador
Napoleón y tres de sus
mariscales según el esbozo original
realizado en vivo e in situ
por un testigo presencial. Dibujo tardío
de 1831-1834 por Christian Wilhelm von
Faber du Faur (1780-1857). |
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Estaban desesperadamente
perdidos en una densa floresta cuando Picart divisó
a dos mujeres a lo lejos, así que decidieron
seguirlas. Una debió ser la señorita
suerte, pues fueron dirigidos a la puerta de una
muy acogedora familia polaca. Cuando le dijeron
a un viejo campesino que eran miembros de la Guardia
de Napoleón: « Al nombre de Napoleón
y de su Guardia, el buen polaco se inclinó
y quería besarnos los pies ». Grandes
cuidados y atención fueron prodigados al
par de soldados, se les trajo comida y sus heridas
fueron lavadas. (43)
Deseando recompensar
a su anfitrión, Bourgogne recordó
un maletín de grupa que estaba atado al
caballo cosaco que había sido capturado.
Entre los objetos contenidos había una
gran cruz de comendador con el retrato de Napoleón
grabado en ella. El viejo campesino tenía
los ojos fijos en dicho objeto y debidamente lo
recibió en guisa de obsequio: « Su
satisfacción sería difícil
de expresar. La llevó muchas veces a su
boca [para besarla], y a su corazón »
y obviamente, solo la muerte le separaría
de ella. (44)
Así era
como, en las profundidades del bosque lituano,
a kilómetros de cualquier parte, y a cientos
de millas de Francia, se toparon con simple campesino
cuya adoración por el Emperador igualaba
la de ellos. Esto demuestra de manera vívida
el colosal impacto que Napoleón tenía
en toda Europa, incluyendo las más distantes,
remotas, e aisladas partes.
Un guía
judío, conocido de la familia, les llevó
enseguida hacia la Berezina, donde el sonido del
fuego de cañón ya podía ser
oído. Irónicamente, ahora estaban
adelante de los residuos del ejército principal
y, esperando junto al camino principal, vieron
al mismísimo Napoleón acercarse.
El estado de los sobrevivientes impresionó
a Picart, quien no había visto a la Gran
Armada durante un mes, y derramó lágrimas
abiertamente: « ¡Lloro de haber visto
nuestro Emperador caminar a pie, con un bastón
en la mano, él tan grande, él que
nos hace tan orgullosos! » Picart añadió:
«¿Notasteis cómo nos miró?».
(45)
Bourgogne escribe:
« el Emperador se había volteado
hacia nuestro lado. Nos había mirado como
miraba siempre a los soldados de su Guardia, cuando
les hallaba caminando aisladamente, y sobre todo
en ese momento de desgracia, en el que parecía,
por su mirada, inspiraros confianza y coraje ».
(46)
Muchos de los
refugiados que tropezaban en el camino habían
perdido dedos de las manos y de los pies a causa
de las heladas. Sus ojos estaban rojos, sus caras
ennegrecidas por haber estado demasiado cerca
del soplo del viento de las hogueras de los campos.
Vestidos con harapos y andrajos, habían
quemado capas y abrigos y solo piel de borrego
envolvía sus pies congelados.
Habiéndose
reunido con su regimiento, Bourgogne vio a los
pontonniers (pontoneros) sumergidos hasta el cuello
en las aguas heladas de la Berezina, construyendo
valientemente dos puentes de armazón (47).
Había desarrollado una fiebre y, de no
ser por la ayuda de sus camaradas, probablemente
habría sido dejado atrás y tomado
prisionero. Mientras los hombres de Oudinot atravesaban
al otro lado para asegurar la cabeza de puente,
el cuerpo de Víctor mantuvo a distancia
a los rusos en la parte trasera. A las siete de
la noche de la mañana del 28 de noviembre,
aunque todavía enfermo, Bourgogne cruzó
el río solo. Miles más, exhaustos
y negándose a abandonar sus fogatas, se
quedaron atrás solo para caer en las garras
del enemigo (48)
Puede asumirse
que para entonces todo el mundo estaría
maldiciendo a Napoleón imputándole
la responsabilidad por toda esta miseria. Sin
embargo, cuando algunos granaderos iban por ahí
en los vivaques pidiendo leña para él:
« Cada uno se apresuraba a dar lo mejor
que había; incluso hombres murientes todavía
levantaban la cabeza para decir: “¡tomad
para el Emperador!” « ¿Hubo
jamás devoción parecida a esta?
(49)
Cuando los rusos
bombardearon los puentes, se desencadenó
el pandemónium entre los centenares de
rezagados. Como una masa, corrieron hacia los
puentes y sobrevino el caos. Hombres, mujeres
y niños se peleaban entre sí mientras
se abrían camino a zarpazos hacia la orilla
opuesta. Cuando el Mariscal Víctor comenzó
su retirada: « fue sobre un monte de cadáveres
que pudo, con su tropas, atravesar el puente ».
(50)
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La
Gran Armada atravesando la Berezina
Óleo de Enero
Suchodolski (1797-1875) |
|
Siempre febril,
Bourgogne continuó su camino, siguiendo
los rusos al Ejército en fuga en ambos
lados del camino. Alcanzando más adelante
a algunos oficiales a cargo de un centenar y de
hombres de todas nacionalidades, pronto se dio
cuenta de que ninguno conocía el camino
correcto que había que tomar. Cuando esto
se supo en las filas, muchos hombres lloraron
como niños. Poco después, después
de que su refugio fue llevado por un feroz vendaval,
Bourgogne tuvo que deambular toda la noche para
evitar congelarse. (51)
Luego llegó
al Molodechno, en el camino a Vilna: « Me
enteré después, a mi llegada a Polonia,
que fue de este pueblo, Molodetschno, de donde
el Emperador trazó su vigesimonoveno boletín,
que anunciaba la destrucción de nuestro
ejército, y que causó tanta sensación
en Francia ». (52)
Quienquiera que
fuera incapaz de caminar se enfrentaba a una muerte
segura, pero incluso aquellos que estaban lo suficientemente
sanos para desplazarse no tenían idea de
a dónde iban. Bourgogne siguió a
10 000 hombres que estaban por ahí, andando
pesadamente, muchos tan cerca de la muerte que
ya nada no les importaba.
Cuando Bourgogne
llegó a Smorgoni el 6 de diciembre, oyó
que Napoleón había salido hacia
París la noche anterior. Declara que muchos
extranjeros empezaron entonces a criticar al Emperador,
pero: « después de la conspiración
de Malet, su presencia se hacía necesaria
en Francia, no solo para la parte administrativa,
sino para organizar ahí un nuevo ejército
» (53). Entre los
que llegaban, aparecieron individuos sorprendentemente
bien vestidos y vigorosos que aparecieron repentinamente
entre los rezagados. Bourgogne incluso se preguntó
si eran agentes ingleses enviados para causar
disturbios. (54)
El general Wilson,
el oficial inglés, estaba incorporado al
ejército de Kutusov en aquel tiempo y,
ciertamente, el oro ingles había estado
detrás de muchas de las guerras pasadas
entre Rusia y Francia. Incluso hoy en día,
muchos de los supuestos « historiadores
» británicos siguen reprochando a
Napoleón el haber « abandonado »
a su ejército en 1812, buscando ensombrecer
su reputación de cualquier modo que les
sea posible. De hecho, todos los oficiales superiores
franceses apoyaron su decisión de regresar
a París y, como lo demuestra el testimonio
de Bourgogne, hasta la tropa entendió las
razones que motivaron dicha decisión.
Aunque parece
difícil creerlo, para el pobre Bourgogne,
el clima se puso todavía peor. En la ruta
de Vilna dice: « hacía, para llegar,
esfuerzos sobrenaturales. El frío de veintiocho
grados [bajo cero] estaba más allá
de todo lo que podíamos hacer. Me sentía
desfallecer, parecía que aminábamos
en medio de una atmósfera de hielo »
(55). La anarquía
en Vilna era virtualmente indescriptible conforme
50 000 espectros hambrientos bajaban a la plaza,
tocando en cada puerta con la esperanza de encontrar
comida. (56)
Para la inmensa
alegría de Bourgogne, se topó con
Picart nuevamente, su viejo camarada tenía
un pan recién horneado: « hacía
cincuenta días que no había comido
[pan], me parecía que habría olvidado
todas mis miserias, de tenerlas » (57).
Una alarma sonó y, después de echar
a algunos cosacos de las afueras del pueblo, se
separaron otra vez.
Se suponía
que el rey Murat debía haber mantenido
Vilna y reorganizado las tropas ahí mismo,
pero le faltó lo que Napoleón llamaba
el valor de las dos de la mañana. Cuando
salió para Kowno con su guardia de escolta,
Picart formando parte de ésta, todos os
demás trataron de seguir su ejemplo. Para
entonces Bourgogne estaba en un estado desesperado.
No solo su pie estaba congelado, tenía
una herida abierta, la primera falange del dedo
medio de su mano derecha estaba a punto de caerse,
y tenía cólico, tras haber sido
envenenado por un judío que codiciaba sus
posesiones. (58)
Una multitud de
10 000 hombres se debatía para salir de
Vilna, Bourgogne entre ellos. Pronto, se halló
siendo dejado atrás. Solo la retaguarda
de 300 hombres del Mariscal Ney evitó que
fueran todos capturados por cosacos. Bourgogne
le rinde tributo: « Nunca olvidaré
el semblante imponente que tenía el Mariscal
en esta circunstancia, su actitud amenazadora
al mirar al enemigo, y la confianza que inspiraba
a los desdichados enfermos y heridos que le rodeaban.
Era, en ese momento, tal como se pinta a los héroes
de la antigüedad. Puede decirse que fue,
en los últimos días de esta desastrosa
retirada, el salvador de los restos del ejército
». (59)
 |
La
retirada del Mariscal Ney en Rusia
(detalle)
Óleo de Adolphe Yvon
(1817-1893) |
|
Casi matado por
un cosaco, Bourgogne escaló la colina Ponari
donde vagones abandonados llenos de oro del ejército,
fueron saqueados tanto por cosacos y franceses
por igual (60). De no haber
alcanzado a Grangier y sus camaradas, hubiera
terminado no siendo más que otro cuerpo
en la nieve. Cada camino parecía ahora
un campo de batalla.
« Al fin
llegamos a Kowno », dice, y « oíamos
todavía, por intervalos, algunos cañonazos
que parecían anunciar el último
suspiro de nuestro ejército » (61).
En una noche, 1 500 hombres se congelaron hasta
morir después de emborracharse. Estaban
tan débiles que solo una pequeña
porción de brandy causó intoxicación.
Cuando llegó al Niemen y a la frontera
rusa, Bourgogne era uno de solo 60 sobrevivientes
en su regimiento – unos 2 000 hombres se
habían adentrado en Rusia cinco meses antes
(62).
Más apuros
le esperaban en Prusia, y sin embargo ya había
estado caminando durante sesenta días.
En temperaturas muy por debajo de cero, con escasa
comida, sin contar nunca con más de dos
o tres horas de sueño en la noche, y sometido
a presión y a constantes ataques de cosacos
y del ejército ruso, había seguido
adelante obstinadamente. Su hazaña fue
increíble, su voluntad de sobrevivir inviolable
y su fortaleza indómita.
« Tal vez
un día, ¿quién sabe? Mis
relatos, aunque mal escritos, interesarán
a quienes los leerán (…) El gran
genio ya no es más, ¡pero su nombre
existirá siempre! »
(63)
También
el tuyo Bourgogne, también el tuyo. En
avant, marche! (64)

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Atención
lectores francófonos |
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| EL
AUTOR DE ESTE ARTÍCULO
Y EL INMF RECOMIENDAN |
|
| ¡Un
magnífico
–
y veraz –
fresco de la Epopeya! |
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PRESENTACIÓN
DE LA OBRA
Título:
Les Aigles en hiver (Russie
1812)
Autor: Jean-Claude DAMAMME
Género: Ensayos y Documentos
Temas: Historia
Fecha de aparición: 19 de febrero
de 2009
Precio: 25,90 €
Número de páginas: 828
Dimensión: 160 x 240 mm
ISBN: 2-259-20805-3 |
|

a) Sargento Bourgogne:
La retirada de Moscú. The Folio Society
(1985) p.57.
NOTAS
1) Felix Markham:
Napoleon (1963) p.197 Mariscal Ney en
una carta a su mujer Aglaé.
2) Kevin J. Dougherty y al, Battles Of The
American Civil War 1861-1865 p.143.
3) Markham op.cit., p.195. « El 24 de octubre
halló el camino bloqueado por los rusos
en Malojaroslavets, y en una combate desesperado
de un día, en la que las unidades italianas
de Eugenio se distinguieron, sufrió cinco
mil pérdidas ».
Bourgogne op.cit., p.49. « Me acuerdo que
un instante después de esta refriega, estando
el Emperador platicando con el rey Murat, reía
de que había estado a punto de ser cogido,
pues bien poco faltó ».
4) Bourgogne Ibid., p.98.
5) « There is no better writing and no easier
reading, than the records of these men of action
». Sir Arthur Conan Doyle: Through The
Magic Door.
Ver igualmente: http://books.google.com/books?isbn=1426415796%20(2007)%20p.80
6) Ibid., supra: « A Briton cannot help
asking himself, as he realizes what men these
were, what would have happened if 150,000 Coignets
and Bourgognes, with Marbots to lead them, and
the great captain of all time in the prime of
his vigour at their head, had made their landing
in Kent ».
7) Bourgogne op.cit., p.141
8) Ibid., p.13. Tercer verso de Roland à
Roncevaux, texto y música de Rouget
de L’Îsle.
9) Ibid., p.18. Una legua equivale a 4.8 kilómetros.
10) Ibid., p.45.
11) Markham op.cit., p.193 « El ataque principal
francés inició en la madrugada del
7 de septiembre, y para el final del día
las posiciones rusas habían sido capturadas,
pero el ejército ruso no había sido
desbaratado; solo setecientos prisioneros fueron
tomados ».En la misma página cita
a Clausewitz, quien, en su recuento de 1812 escribió:
« Kutuzov, es seguro, no había peleado
en Borodino cuando obviamente no esperaba ganar.
Pero la voz de la Corte, del ejército,
de toda Rusia le forzó la mano. »
12) Bourgogne op.cit., p.50. Oyó esta historia
el 28 de octubre de 1812.
13) Markham op.cit., p. 196 declara que «
La primera nieve no cayó hasta el 5 de
noviembre… ». En esto está
equivocado. ¡Obviamente no leyó la
p.50 con suficiente atención!
14) Bourgogne op.cit., p.51
15) Ibid., p.51.
16) Ibid., p.54.
17) Ibid., p.54. Este no podía ser un oso
polar, por supuesto, sino « pardo ».
Los osos pueden tener cualquier color desde el
amarillo o pardo hasta el negro. Esto simplemente
nos muestra, sin embargo, cuán salvaje
era el bosque a través del cual estaban
pasando. Los lobos y los osos eran muy comunes
en Lituania y Rusia.
Cuando Bourgogne y Picart estaban con la familia
polaca, un grupo de lobos se acercó repetidamente
a la puerta y comenzó a aullar, incluso
después de que Picart los alejó
con un instigador.
18) Ibid., p.54.
19) Malet era un ex general desequilibrado que
se apoderó brevemente del poder en París
después de declarar que Napoleón
había muerto en Rusia. El hecho de que
nadie pensó en proclamar al Rey de Roma,
Napoleón II, preocupó profundamente
al Emperador.
20) Ibid., p.55.
21) Ibid., p.61.
22) Ibid., p.61.
23) Ibid., p.62.
24) Ibid., p.65.
25) Ibid., p.70.
26) Ibid., p.84.
27) Ibid., pp.83-86.
28) Ibid., pp.89-90.
29) Ibid., p.91.
30) Ibid., p.96.
31) Ibid., p.96. Cuando Napoleón oyó
las noticias, dijo que Ney no era un hombre, que
era un león.
Bourgogne y sus camaradas tenía en orgullo
de los leones, un inflexible sentido del honor
y del deber que los guió a través
de este desastre.
32) Ibid., p.98.
33) Ibid., pp.98-99
34) Ibid., p.101.
35) Ibid., p.103.
36) Ibid., pp.108-110. Picart debe haber sido
un verdadero personaje. Las páginas 108
a 143 tratan de las aventuras con Picart. Una
gran película podría ser filmada
tan solo con esta pequeña sección
de la épica jornada de Bourgogne.
37) Ibid., p.113.
38) Ibid., p.117.
39) Ibid., pp.125-126.
40) Ibid., p.126.
41) Ibid., p.128.
42) Ibid., p.128.
43) Ibid., p.130.
44) Ibid., p.132.
45) Ibid., p.142.
46) Ibid., p.142.
47) Ibid., p.145. El primer Puente fue terminado
a las dos de la tarde del 26 de noviembre. El
segundo, para la artillería y la caballería,
a las cuatro. « Estos valientes sacrificaron
su vida para salvar al ejército. Uno de
mis amigos me dijo como un hecho que había
visto al mismísimo Emperador repartiendo
vino ». El General Eblé estaba a
cargo de esta operación.
48) Ibid., pp.148-151. La escena en el cruce era
tan horrenda que incluso Bourgogne, a pesar de
todos los horrores que había presenciado,
tuvo que voltearse.
49) Ibid., p.150.
50) Ibid., p.151.
51) Ibid., p.158.
52) Ibid., p.158.
53) Ibid., p.159.
54) Ibid., p.159.
55) Ibid., p.161.
56) Ibid., p.162.
57) Ibid., p.162.
58) Ibid., p.163. Anteriormente, un judío
había le salvado la vida a Bourgogne y
a Picart. Aquí y más tarde, otros
judíos trataron de envenenar y robar a
los debilitados restantes del Ejército.
Como Picart podía hacerse pasar por un
judío y conocía sus ceremonias,
le trataban usualmente muy bien.
59) Ibid., p.173.
60) Ibid., pp.174-176.
61) Ibid., p.189.
62) Ibid., p.195.
63) Ibid., p.200.
64) ¡Adelante, Marcha!
|
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(2005) |
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D) |
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E) |
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