 |
El
vivaque nocturno de
la Gran Armada
Ilustración
de Vasily Vasilyevich
Vereshchagin (1842–1904) |
|
|
|
|
Por
el Señor |
|
John
Tarttelin
Representante
del Instituto Napoleónico México-Francia
en Inglaterra |
 |
| Sr.
John Tarttelin |
|
|
|
Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita y
puede ser reproducida con fines no lucrativos,
siempre y cuando no sea mutilada, se cite
la fuente completa y su dirección
electrónica. De otra forma, requiere
permiso previo por escrito de la institución.
|
|
|
Dedicado
a Jean-Claude Damamme |
Autor
de |
Les
Aigles en Hiver
* |
|
| «
El número de muertos
y de murientes que dejamos
en nuestros vivaques, al partir,
fue prodigioso. Más
lejos, era aun peor, pues,
en el camino, estábamos
obligados a pasar dando zancadas
sobre los cadáveres
que los cuerpos de armada
que nos precedían dejaban
tras de sí » |
Sargento
Bourgogne (a) |
|
|
Pocos
eventos en toda la historia humana pueden
compararse con la retirada de la Gran
Armada de Moscú, en 1812. A los
brutales horrores de guerra se aunaron
las crueldades de lo que el Mariscal
Ney llamó « el General
Invierno » (1).
Bourgogne recuerda estos eventos con
una prosa escueta, desnuda, pues lo
que les pasó realmente a él
y a sus camaradas no precisa embellecimiento.
« Guerra y paz » de Tolstoi
es como un cuento de hadas en comparación,
y su personaje de Napoleón poco
más que una caricatura del verdadero
Emperador francés.
Hubo
desastres militares antes y después
de esta campaña, por ejemplo:
la carga de Pickett en Gettysburg en
1863; la derrota del rey sueco Carlos
XII en Poltava, en 1709 – una
fatídica invasión previa
de Rusia; y la pérdida de los
paracaidistas franceses en Dien Bien
Phu en 1954. Pero ninguno de ellos conllevó
elementos semejantes, propios de la
tragedia griega. Clausewitz dijo que
« en la guerra la cosa más
simple es difícil » (2),
y el mismo Napoleón hizo la observación
de que « de
lo sublime a lo ridículo sólo
hay un paso ».
De que
el Emperador se sobrepasó aquí
no hay duda. Aquellos puentes entarimados
construidos a la carrera en la Beresina
realmente probaron ser, haciendo referencia
a la película del mismo nombre,
«puentes demasiado lejos»,
pero antes de que la campaña
empezase, jóvenes soldados franceses
y otros ansiosos por ganarse un cargo,
se habían incorporado con entusiasmo
a lo que pensaban podría ser
la última empresa militar de
Napoleón. El Emperador había
puesto en acción todos sus sorprendentes
recursos en los preparativos de este
conflicto y todas las contingencias
habían sido previstas y preparadas.
Todas, salvo el clima.
|
 |
Napoleón
en el palacio Petrovski en Moscú
Vasily Vasilyevich
Vereshchagin (1842–1904) |
|
|
Se estuvo muy
cerca de que se tratase de la última
campaña de Napoleón ya que, después
de la batalla de Malojaroslavetz – que
le llevó a hacer la fatal decisión
de regresar por el mismo desierto quemado que
sus hombres habían atravesado en su camino
a Moscú – decidió efectuar
un reconocimiento en las primeras horas de una
mañana fría, húmeda y brumosa.
Casi de inmediato se vio rodeado por 6 000 cosacos
de Platoff y, de no ser por la inmensa bravía
de su estado mayor personal y la oportuna llegada
de Bourgogne y un contingente de la Guardia
Imperial, hubiera sido muerto o capturado. (3)
En Dresde en
mayo de 1812, había estado en el apogeo
de su poder imperial. ¿Mientras su ejército
moría de frío y de hambre entre
los residuos rusos, se dio cuenta Napoleón
de que sus días estaban contados? Literalmente,
perdió tras de sí a su caballería,
pues 60 000 caballos murieron en Rusia. Unos
10 000 murieron en una noche durante una baja
helada de temperatura... ¡en julio! Muchos
más de aquellos desdichados animales
fueron comidos por sus antiguos jinetes, o por
la infantería que, cegada por la nieve,
iba tambaleándose detrás de la
caballería y de la artillería.
Y eso fue antes de que el canibalismo comenzara.
 |
Moscú
en llamas
Autor anónimo,
Alemania; hacia 1820 |
|
|
De todas
las memorias del periodo, las de Bourgogne
son las mejores.
El sargento
Bourgogne tenía un alma de hierro,
no solo una constitución hecha
del mismo. Tenía su propia concepción
de la gloire: « Sentía
que entre más grandes eran el
peligro y el sufrimiento, mayores eran
la Gloria y el honor… »
(4). He
aquí lo que significaba ser un
miembro de la Guardia Imperial de Napoleón.
Eran éstos hombres forjados por
las privaciones, templados con coraje
y puestos a prueba con fuego: Napoleón
no pudo haber logrado las cosas que
hizo sin ellos. Y la campaña
de 1812 puso a prueba su temple y su
punto de ruptura. En agonizante y escarificador
detalle, Bourgogne cuenta cómo
toda la Gran Armada fue sometida a prueba
hasta la destrucción.
La historia
de Bourgogne toca y conmueve la humanidad
común que hay en todos nosotros.
Le muestra al mundo moderno, en el que
la gente se regodea en la autocompasión,
en la pereza física y en el soso
y notorio consumo, justo lo que se precisa
para ser un héroe de verdad.
Cuando un hombre se halla en un aprieto
su mayor necesidad es ser capaz de recurrir
a su pozo interior de fuerza y de entereza.
El pozo de Bourgogne era muy profundo.
Cuando no tenía absolutamente
nada y estaba congelándose y
muriendo de hambre – se tenía
a él mismo. El orgullo y el honor
de Francia estaban resumidos en su espíritu
indómito, su tenacidad y su dureza
física.
|
La admiración
por semejantes calidades se extiende a lo largo
de los continentes y a través del tiempo.
Sir Arthur Conan Doyle declara: « No hay
mejor escritura ni lectura más fácil,
que los registros de aquellos hombres en acción
» (5). Y en tanto
que inglés, especuló acerca de
« lo que habría sido » de
haber cruzado el ejército de Napoleón
la Mancha y haber puesto a Inglaterra
en cintura.
« Un británico
no puede evitar preguntarse, cuando se da cuenta
de qué hombres eran esos, lo que habría
pasado si 150 000 Coignets y Bourgognes, con
Marbots dirigiéndoles, y teniendo a su
cabeza al gran capitán de todos los tiempos
en la flor de su vigor, hubiesen desembarcado
en Kent ». (6)
La respuesta
es elemental, mi querido Doyle.
Murat, quien
no era tan brillante como los botones de su
uniforme, estaba a cargo de la vanguardia de
la Gran Armada que está basada en Winkovo,
al sur de Moscú. Adormecidas por los
arrullos de una falsa sensación de seguridad
inducida por los rusos, sus fuerzas fueron atacadas
repentinamente, sufriendo un fuerte número
de bajas. Cuando Napoleón oyó
de esto se dio cuenta de que el juego estaba
acabado. El zar Alejandro no haría nunca
la paz. Y la retirada empezó.
Bourgogne dice
que « no hay cómo pueda describir
todos los sufrimientos, la angustia, y las escenas
de desolación que he visto y por las
que he pasado, como tampoco aquellas que aun
estaba destinado a ver y a soportar; dejaron
profundos y terribles recuerdos, que nunca he
olvidado » (7).
Su descenso al valle de la sombra de la muerte
fue un pasaje al terror abyecto, una pesadilla
viviente que duró semanas. En muchas
ocasiones pensó que su hora había
llegado.
Adrien-Jean-Baptiste-François
Bourgogne nunca esperó volver a ver su
hogar en Condé. Nacido en 1785, ya era
veterano de Eylau y Essling, habiendo combatido
antes a austriacos, prusianos, españoles
y rusos en el servicio de su Emperador. Su actitud
se encuentra resumida en el tercer verso de
la canción de Rolando:
Eh! demande
où sont les périls
C’est là qu’est aussi la
victoire! (8)
(« ¡Eh!
Pregunta donde están los peligros,
¡Ahí es donde está también
la victoria! »)
Cuando llegó
a Moscú estaba orgulloso por el hecho
de que « nosotros los de la Guardia
Imperial habíamos marchado más
de mil doscientas leguas sin descansar
» (9). Habiendo
sobrevivido a las tormentas de fuego que le
habían dado la bienvenida al ejército
francés, más bien disfrutó
su estancia: « En los días sin
servicio bebíamos, fumábamos,
y reíamos, hablando de Francia y de la
distancia que nos separaba de ella, y de la
posibilidad de ser enviados aun más lejos.
» (10)
Esos rumores
de una posible marcha a la India fueron prematuros.
En un clima clemente, un correo rápido
a caballo de París a Moscú tomaba
alrededor de catorce días. Mucho antes
de que el ejército dejara Moscú,
dichos correos habían dejado de aparecer.
La jornada se había llenado de peligros
y presagiaba al Pony Express en los
Estados Unidos de los 1860’. En vez de
indios, había cosacos y campesinos furiosos.
El hecho de que el correo ya no pudiera pasarlos
era, en efecto, una mala señal. Hacía
mucho que el verano había terminado y
pronto todos los caballos del Emperador estarían
cayendo cual hijas otoñales.
 |
Napoleón
y la Guardia Imperial en las cumbres
de Borodino
Óleo de Vasiliæi Vasilevich
Vereshchagin (1842-1904) |
|
Una de las primeras
visiones siniestras con que se toparon los guerreros
en retirada fue la del campo de batalla de Borodino,
con sus cientos de cadáveres en putrefacción
(11). Esto no hizo maravillas
sobre su moral. Muchos brazos y piernas ya habían
sido comidos por animales salvajes. Una historia
increíble llamó la atención
de Bourgogne: un granadero francés, cuyas
piernas habían sido arrancadas de un
cañonazo durante la batalla, se había
mantenido vivo resguardándose dentro
de un caballo muerto. La carne de la pobre bestia
le había sustentado junto con el agua
sanguinolenta de un arroyo próximo (12).
El misma noche
siguiente, del 29 al 30 de octubre, cayó
la primera nevada. La estrella de Bourgogne
debe haber estado brillando, porque adquirió
un abrigo de piel de oso que le salvaría
su vida en muchas ocasiones futuras, mientras
otros infortunados se congelaban a muerte a
su alrededor. Hubo muchos a los que les fue
peor que a él. (13)
Ese mismo día
un oficial portugués se acercó
furtivamente al fuego junto al que Bourgogne
estaba calentándose. Estaba escoltando
a cientos de prisioneros rusos: « No tenían
comida, y estaban reducidos a comerse unos a
otros. Literalmente, cuando uno de ellos moría,
era cortado y dividido entre ellos, y luego
comido » (14)
Por muchos días
el mismo Bourgogne solo comió pellejo
de caballo. Tosa la comida llevada en carreta
desde Moscú por las tropas en fuga había
sido consumida. Añade: « con el
frío clima, nuestras verdaderas miserias
empezaron » (15).
Afligió incluso a los veteranos cuando
tuvieron que empezar a dejar tras de sí
a sus enfermos y heridos a la gentil merced
de sus perseguidores rusos. Conforme la nieve
se hacía profunda, el andar se hizo todavía
más difícil.
Para el 5 de
noviembre los soldados estaban desplomándose
constantemente en las orillas del camino. Bourgogne
habla de los esfuerzos sobrehumanos que había
hecho hasta ese punto con la esperanza de de
llegar a Smolensko. Ese día nació
un bebé, hijo de la cantinera, la madre
Dubois « mientras la nieve que caía,
y con un frío de veinte grados [esto
es alrededor de – 20º], parió
a un niño grande: posición desdichada
para una mujer… » (16)
El pobre infante solo duró unos días
[muriendo « tan duro como madera »
Nota del INMF]. « Ese mismo día
nuestros hombres mataron a un osos blanco, que
fue comido al de inmediato. Después de
haber pasado una noche miserable, a razón
de temible frío, partimos nuevamente
». (17)
El 6 de noviembre
trajo consigo una densa niebla una helada castigadora:
« Nuestros labios se pegaban, el interior
de la nariz, o más el cerebro se helaba;
parecía que caminábamos en medio
de una atmósfera de hielo. La nieve,
durante todo el día, y con un viento
extraordinario, caía en copos, grandes
como nadie los había visto jamás
» (18). Un jinete
que pasaba resultó ser un general buscando
a Napoleón para contarle de la conspiración
Malet en el lejano París. (19)
Con los cosacos
encima, desgranando a los rezagados, la Gran
Armada en añicos tenía que estar
en marcha constante. No había tiempo
ni para encender una fogata y preparar un almuerzo
conveniente. El menú era simple –
carne de caballo. Muchos hombres tuvieron que
conformarse sangrando a los caballos. Hacía
tanto frío que los animales apenas lo
notaban. Pronto Bourgogne y sus camaradas parecían
vampiros: « recogíamos la sangre
en una marmita, la cocíamos y la comíamos
(...) nos llevábamos la marmita y, cada
uno, caminando, extraía de ella a manos
plenas y comía; así teníamos
la cara embarrada de sangre ». (20)
Soldados demacrados
con los ojos huecos y las mejillas hundidas,
con sus uniformes en jirones, vestidos con cualquier
cosa de que pudieran echar mano en un fútil
esfuerzo para permanecer calientes, se arrastraban
por ahí, con sus barbas erizadas con
carámbanos de sangre. Las condiciones
se volvieron tan horrible que incluso los lazos
de amistad entre viejos camaradas se rompieron.
Los hombres comenzaron a matarse entre sí
por bocados de comida. Las heladas se hicieron
tan Fuertes que ni con un hacha era posible
cortar la carcasa de un caballo para obtener
su carne. Sin haber podido dormir debidamente
durante días, los refugios se pusieron
aun más débiles.
 |
Cosacos
zaporozianos de Ucrania
escribiendo una carta al sultán
turco
Visión romantizada en un óleo
de Elias Repin (1844-1930) |
|
Como si las
cosas no estuvieran ya suficientemente mal,
se tornaron aun peores en la posta de Gara.
Más de setecientos hombres se habían
metido dentro del edificio, semejante a un largo
granero en cuyo interior estalló, en
dos lugares, el fuego. Afortunadamente para
Bourgogne no había habido lugar para
él dentro de él. En cambio, dio
testimonio de la tragedia que siguió:
« Entonces ya no se oían más
que gritos de rabia, el fuego ya no era más
que una lumbre movediza, por los esfuerzos convulsivos
que todos esos desgraciados hacían al
debatirse contra la muerte: era una verdadera
escena de infierno » (21)
Bourgogne se
las arregló para salvar a un puñado
de hombres, pero otros individuos, medio dementes
por el frío y la inanición, corrieron
hacia el edificio gritando « ¡qué
buen fuego! » (22).
Luego oyó que cuerpos rostizados eran
arrastrados fuera de las ruinas y comidos por
soldados croatas. Bourgogne añadió
con pesar: « a falta de hombre, nos comíamos
al diablo, si estaba cocido » (23).
No obstante, en lo personal se abstuvo de tan
horrible sustento.
| A
pesar de toda la miseria, Bourgogne también
refiere un relato de extrema devoción.
Justo antes de que llegara a Smolensko
hubo una terrible tormenta de nieve con
veintisiete grados de congelamiento. Nadie
que fuera sorprendido en campo abierto
tenía la más mínima
oportunidad de supervivencia. Aun así
esta era la situación que tuvo
que afrontar el príncipe Emilio
de Hesse-Kassel, de veinte años
de edad. Junto con él estaban muchos
cientos de sus hombres. Toda la noche,
vapuleados por un viento bramante, le
rodearon, protegiéndole del frío
ártico. Conforme pasaban las horas,
morían como los anillos de una
cebolla: «El día siguiente
en la mañana, los tres cuartos
estaban muertos y sepultados bajo la nieve,
con más de diez mil otros de diferentes
cuerpos». (24)
Cuando
Bourgogne llegó tambaleándose
hasta Smolensko se encontró con
un caos total. En un momento dado, Napoleón
había considerado quedarse ahí
durante el invierno, pero los escasos
almacenes de comida que quedaban en la
quemada ciudad fueron devorados bien pronto
por hombres desesperados. Un viejo cazador
dijo a Bourgogne: « Estuve en Egipto
y os certifico que a veces me las vi negras;
no se sí los sabéis, pero
me c… en D…, no hay comparación
con esta » (25).
Fue lo suficientemente afortunado para
encontrarse a su amigo Grangier quien
le dio una pieza cocida de res –
su primer comida decorosa en veintitrés
días.
Pasando
Smolensko, 90 000 rusos bloqueaban el
camino a Krasnoé. Parecía
que la Gran Armada estaba condenada: «
pero el Emperador quería mostrarles
que no era tan fácil como lo imaginaban:
pues aunque estábamos bien mal,
y muriéndonos de frío y
de hambre, todavía conservábamos
dos cosas – coraje y honor ».
(26) |
 |
¡A
las bayonetas! ¡Cargad! ¡Hurrah!
¡Hurrah!
Vasily Vasilyevich Vereshchagin
(1842–1904) |
|
La batalla comenzó
a las dos de la mañana. Los franceses
avanzaron a través de profundas nieves
en tres columnas y cargaron con sus bayonetas
prestamente. Pasando por el campo ruso, haciendo
grandes estragos, llegaron hasta el mismo pueblo
de Krasnoé. Siguió un mortal conflicto
mano a mano en el que sombras espectrales parpadeaban
en las flamas escabrosas que surgían
de las cabañas ardientes (27).
Un Segundo combate
tuvo lugar el 17 de noviembre. Conforme los
franceses se pusieron en orden de batalla, Bourgogne
fue destacado para ser el guide général
(« guía general ») a la derecha
de la línea. Se mantuvo por más
de una hora sosteniendo en el aire la culata
de su mosquete mientras las balas silbaban a
su alrededor (28). Unos
pocos miles de hombres de la Gran Armada se
enfrentaron a 50 000 rusos y tuvieron que retroceder.
Pasando Krasnoé por otro camino, los
sobrevivientes se vieron mortificados cuando
se vieron obligados a dejar atrás a los
heridos, abandonados: « a la brutalidad
de un enemigo salvaje y sin piedad, que despojaba
a esos desdichados heridos, sin miramientos
ni por su posición ni por sus heridas
» (29)
En el camino
a Orcha, Bourgogne vio al mismísimo Napoleón
a pie, ayudándose con un madero para
caminar. Una vez ahí, divisó las
barcas de un tren de pontones que estaban siendo
quemados para que caballos suplementarios pudieran
ser usados para tirar de las armas que quedaban.
Esta calamitosa decisión casi selló
el destino del ejército. Por el momento,
de unos treinta y cinco mil hombres antes pertenecientes
a la Guardia, difícilmente setecientos
llevaban aun los colores. (30)
Sin
embargo el ánimo mejoró,
al llegar noticias de que el Mariscal
Ney había llegado con el remanente
de la retaguardia. Hacía mucho
que se le daba por muerto: « la
felicidad del Emperador no tenia límites
cuando oyó que el mariscal estaba
a salvo » (31).
Napoleón había dicho que
habría dado todo el oro de las
bóvedas de las Tullerías
solo para volverle a ver. Por consiguiente
es extraño relatar que menos
de dos años más tarde,
Ney traicionaría a su Emperador
cuando los aliados se acercaban a París.
El poder
del magnetismo propio de Napoleón
estaba incólume. Había
oído que los rusos estaban esperando
en la Berezina. Reuniendo a los granaderos
y a los cazadores en torno a él,
desenvainó su espada y elevó
su voz: « ¡Juremos
también, a nuestra vez, antes
morir con las armas en mano combatiendo,
que no volver a ver a Francia! »
Clamores de « Vive
l’Empereur »
se alzaron majestuosamente en el aire
helado: « fue un momento espléndido,
y por un tiempo nos hizo olvidar nuestras
miserias » (32)
|
 |
El
Emperador Napoleón
durante la retirada
Óleo de Vasiliæi
Vasilevich Vereshchagin (1842-1904) |
|
|
En ese momento
del año, ya estaba obscuro para las cuatro
de la tarde y los hombres exhaustos se veían
reducidos a llamar a sus cuerpos a vivaquear
donde fuera al final del día, y no a
sus otrora orgullosos regimientos. El pensamiento
de sus amigos difuntos infestaron a Bourgogne
y su depresión se hizo más profunda.
Entonces fue dejado atrás… (33)
El viento el
Norte estaba aullando y todos sus camaradas
habían desaparecido: « Pronto estuve
solo, solo con los cuerpos muertos a lo largo
del camino para guiarme » (34).
Un sexto sentido le hizo hacer una pausa y voltear
su abrigo de oso para que el pelaje estuviera
en contacto con su piel. Esto le ayudó
a sobrevivir pero, aun así, tropezaba,
amenazado por el sueño que le abrumaba.
Dormir equivalía a una muerte segura.
Había
pasado por tantas cosas y su debilidad física
significaba que estaba próximo al colapso.
Ahora llegó su noche triste,
lo que los españoles llaman noche de
lágrimas: « En esta triste situación,
viéndome solo en medio de un inmenso
cementerio y de un silencio espantoso, los pensamientos
más siniestros vinieron a acometerme:
pensé en mis camaradas, de quienes me
hallaba separado como por una fatalidad, enseguida
a mi tierra, a mis padres, de modo que me puse
a llorar como un niño. Las lágrimas
que derramé me aliviaron y me devolvieron
el coraje que había perdido ».
(35)
Luego, como
de milagro, cayó en un parapeto empinado
y encontró, resguardándose en
un vagón en el fondo, a su viejo amigo
Picart. No le había visto desde que Napoleón
pasó en revista a la Guardia Imperial
la víspera de la partida de Moscú.
Picart había sido enviado delante en
servicio de escolta y estaba en una forma física
razonable. Era también uno de los mejores
modelos de todo el ejército. Para Bourgogne,
llegó la hora, llegó el hombre.
(35)
 |
Cosacos
del Don
Acuarela de Juliusz
Fortunat Kossak (1824-1899) |
|
|
Bourgogne
le dijo a Picart las horrendas noticias.
De 40 000 unidades de caballería,
ya solo quedaban 1 000, formados en
un « escuadrón sagrado
» dirigido por el más antiguo
mariscal de Francia, en el cual generales
eran como capitanes y que los oficiales
servían como soldados. El mismo
escuadrón formaba parte de un
« batallón sagrado »
similar. Picart estaba aturdido y reprendía
« al buen Dios y al Emperador
Napoleón »: « ha
de ser todo un novato para haberse quedado
tanto tiempo en Moscú (…)
quedarse treinta y cuatro días
para esperar el invierno, ahí
ya no le reconozco! » (37)
Picart
tenía un Tesoro sin parangón
– una marmita, y le dio a Bourgogne
un almuerzo preparado: « Creo
que, en toda mi vida, no había
comido y no comeré con tanto
placer » (38)
Juntos, los camaradas se encaminaron
hacia la Berezina, rodeados por doquier
por la caballería rusa. En un
encuentro con cosacos, salieron airosos
y por añadidura capturaron un
caballo. Picart se volvió la
«vanguardia» sentándose
adelante sobre el caballo y Bourgogne,
volviendo la cabeza hacia el lado de
la cola del animal, era la « retaguardia
». Desmontaron y se ocultaron
entre los árboles cuando 200
prisioneros franceses semidesnudos y
su escolta se acercaron. (39)
|
El oficial «
ruso » resultó ser un francés
que, después de veinte años en
Rusia, anhelaba volver a Francia. Le oyeron
hablar a un prisionero: « Sé que
no fue la fuerza de las armas lo que os venció,
sino la temperatura insoportable de Rusia »
(40) El « ruso »
también que Napoleón había
sido capturado junto con su Guardia. Esta noticia
devastadora alteraron a Picart pero, al final,
se negó a creerla y dijo a Bourgogne:
« Ánimo, mon pays…
(« paisano ») (...) Si, como no
lo dudo, tenemos la dicha de alcanzar al Emperador,
todo estará acabado » (41).
Bourgogne añade « Picart pensaba,
como todos los viejos soldados idólatras
del Emperador, que una vez que estaban con él,
ya nada podía faltar, que todo debía
tener éxito, en fin, que con él
no había nada imposible »
(42).
San Pedro podía
haber negado a su señor, pero ahora estaba
listo para morir por él nuevamente.
 |
Cerca
del camino no lejos de Pneva, el 8
de noviembre de 1812
Punzante retrato del Emperador
Napoleón y tres de
sus mariscales según el esbozo
original realizado en vivo e in
situ por un testigo presencial.
Dibujo tardío de 1831-1834
por Christian Wilhelm von Faber du
Faur (1780-1857). |
|
Estaban desesperadamente
perdidos en una densa floresta cuando Picart
divisó a dos mujeres a lo lejos, así
que decidieron seguirlas. Una debió ser
la señorita suerte, pues fueron dirigidos
a la puerta de una muy acogedora familia polaca.
Cuando le dijeron a un viejo campesino que eran
miembros de la Guardia de Napoleón: «
Al nombre de Napoleón y de su Guardia,
el buen polaco se inclinó y quería
besarnos los pies ». Grandes cuidados
y atención fueron prodigados al par de
soldados, se les trajo comida y sus heridas
fueron lavadas. (43)
Deseando recompensar
a su anfitrión, Bourgogne recordó
un maletín de grupa que estaba atado
al caballo cosaco que había sido capturado.
Entre los objetos contenidos había una
gran cruz de comendador con el retrato de Napoleón
grabado en ella. El viejo campesino tenía
los ojos fijos en dicho objeto y debidamente
lo recibió en guisa de obsequio: «
Su satisfacción sería difícil
de expresar. La llevó muchas veces a
su boca [para besarla], y a su corazón
» y obviamente, solo la muerte le separaría
de ella. (44)
Así era
como, en las profundidades del bosque lituano,
a kilómetros de cualquier parte, y a
cientos de millas de Francia, se toparon con
simple campesino cuya adoración por el
Emperador igualaba la de ellos. Esto demuestra
de manera vívida el colosal impacto que
Napoleón tenía en toda Europa,
incluyendo las más distantes, remotas,
e aisladas partes.
Un guía
judío, conocido de la familia, les llevó
enseguida hacia la Berezina, donde el sonido
del fuego de cañón ya podía
ser oído. Irónicamente, ahora
estaban adelante de los residuos del ejército
principal y, esperando junto al camino principal,
vieron al mismísimo Napoleón acercarse.
El estado de los sobrevivientes impresionó
a Picart, quien no había visto a la Gran
Armada durante un mes, y derramó lágrimas
abiertamente: « ¡Lloro de haber
visto nuestro Emperador caminar a pie, con un
bastón en la mano, él tan grande,
él que nos hace tan orgullosos! »
Picart añadió: «¿Notasteis
cómo nos miró?». (45)
Bourgogne escribe:
« el Emperador se había volteado
hacia nuestro lado. Nos había mirado
como miraba siempre a los soldados de su Guardia,
cuando les hallaba caminando aisladamente, y
sobre todo en ese momento de desgracia, en el
que parecía, por su mirada, inspiraros
confianza y coraje ». (46)
Muchos de los
refugiados que tropezaban en el camino habían
perdido dedos de las manos y de los pies a causa
de las heladas. Sus ojos estaban rojos, sus
caras ennegrecidas por haber estado demasiado
cerca del soplo del viento de las hogueras de
los campos. Vestidos con harapos y andrajos,
habían quemado capas y abrigos y solo
piel de borrego envolvía sus pies congelados.
Habiéndose
reunido con su regimiento, Bourgogne vio a los
pontonniers (pontoneros) sumergidos hasta el
cuello en las aguas heladas de la Berezina,
construyendo valientemente dos puentes de armazón
(47). Había desarrollado
una fiebre y, de no ser por la ayuda de sus
camaradas, probablemente habría sido
dejado atrás y tomado prisionero. Mientras
los hombres de Oudinot atravesaban al otro lado
para asegurar la cabeza de puente, el cuerpo
de Víctor mantuvo a distancia a los rusos
en la parte trasera. A las siete de la noche
de la mañana del 28 de noviembre, aunque
todavía enfermo, Bourgogne cruzó
el río solo. Miles más, exhaustos
y negándose a abandonar sus fogatas,
se quedaron atrás solo para caer en las
garras del enemigo (48)
Puede asumirse
que para entonces todo el mundo estaría
maldiciendo a Napoleón imputándole
la responsabilidad por toda esta miseria. Sin
embargo, cuando algunos granaderos iban por
ahí en los vivaques pidiendo leña
para él: « Cada uno se apresuraba
a dar lo mejor que había; incluso hombres
murientes todavía levantaban la cabeza
para decir: “¡tomad para el Emperador!”
« ¿Hubo jamás devoción
parecida a esta? (49)
Cuando los rusos
bombardearon los puentes, se desencadenó
el pandemónium entre los centenares de
rezagados. Como una masa, corrieron hacia los
puentes y sobrevino el caos. Hombres, mujeres
y niños se peleaban entre sí mientras
se abrían camino a zarpazos hacia la
orilla opuesta. Cuando el Mariscal Víctor
comenzó su retirada: « fue sobre
un monte de cadáveres que pudo, con su
tropas, atravesar el puente ». (50)
 |
La
Gran Armada atravesando la Berezina
Óleo de Enero
Suchodolski (1797-1875) |
|
Siempre febril,
Bourgogne continuó su camino, siguiendo
los rusos al Ejército en fuga en ambos
lados del camino. Alcanzando más adelante
a algunos oficiales a cargo de un centenar y
de hombres de todas nacionalidades, pronto se
dio cuenta de que ninguno conocía el
camino correcto que había que tomar.
Cuando esto se supo en las filas, muchos hombres
lloraron como niños. Poco después,
después de que su refugio fue llevado
por un feroz vendaval, Bourgogne tuvo que deambular
toda la noche para evitar congelarse. (51)
Luego llegó
al Molodechno, en el camino a Vilna: «
Me enteré después, a mi llegada
a Polonia, que fue de este pueblo, Molodetschno,
de donde el Emperador trazó su vigesimonoveno
boletín, que anunciaba la destrucción
de nuestro ejército, y que causó
tanta sensación en Francia ». (52)
Quienquiera
que fuera incapaz de caminar se enfrentaba a
una muerte segura, pero incluso aquellos que
estaban lo suficientemente sanos para desplazarse
no tenían idea de a dónde iban.
Bourgogne siguió a 10 000 hombres que
estaban por ahí, andando pesadamente,
muchos tan cerca de la muerte que ya nada no
les importaba.
Cuando Bourgogne
llegó a Smorgoni el 6 de diciembre, oyó
que Napoleón había salido hacia
París la noche anterior. Declara que
muchos extranjeros empezaron entonces a criticar
al Emperador, pero: « después de
la conspiración de Malet, su presencia
se hacía necesaria en Francia, no solo
para la parte administrativa, sino para organizar
ahí un nuevo ejército »
(53). Entre los que llegaban,
aparecieron individuos sorprendentemente bien
vestidos y vigorosos que aparecieron repentinamente
entre los rezagados. Bourgogne incluso se preguntó
si eran agentes ingleses enviados para causar
disturbios. (54)
El general Wilson,
el oficial inglés, estaba incorporado
al ejército de Kutusov en aquel tiempo
y, ciertamente, el oro ingles había estado
detrás de muchas de las guerras pasadas
entre Rusia y Francia. Incluso hoy en día,
muchos de los supuestos « historiadores
» británicos siguen reprochando
a Napoleón el haber « abandonado
» a su ejército en 1812, buscando
ensombrecer su reputación de cualquier
modo que les sea posible. De hecho, todos los
oficiales superiores franceses apoyaron su decisión
de regresar a París y, como lo demuestra
el testimonio de Bourgogne, hasta la tropa entendió
las razones que motivaron dicha decisión.
Aunque parece
difícil creerlo, para el pobre Bourgogne,
el clima se puso todavía peor. En la
ruta de Vilna dice: « hacía, para
llegar, esfuerzos sobrenaturales. El frío
de veintiocho grados [bajo cero] estaba más
allá de todo lo que podíamos hacer.
Me sentía desfallecer, parecía
que aminábamos en medio de una atmósfera
de hielo » (55).
La anarquía en Vilna era virtualmente
indescriptible conforme 50 000 espectros hambrientos
bajaban a la plaza, tocando en cada puerta con
la esperanza de encontrar comida. (56)
Para la inmensa
alegría de Bourgogne, se topó
con Picart nuevamente, su viejo camarada tenía
un pan recién horneado: « hacía
cincuenta días que no había comido
[pan], me parecía que habría olvidado
todas mis miserias, de tenerlas » (57).
Una alarma sonó y, después de
echar a algunos cosacos de las afueras del pueblo,
se separaron otra vez.
Se suponía
que el rey Murat debía haber mantenido
Vilna y reorganizado las tropas ahí mismo,
pero le faltó lo que Napoleón
llamaba el valor de las dos de la mañana.
Cuando salió para Kowno con su guardia
de escolta, Picart formando parte de ésta,
todos os demás trataron de seguir su
ejemplo. Para entonces Bourgogne estaba en un
estado desesperado. No solo su pie estaba congelado,
tenía una herida abierta, la primera
falange del dedo medio de su mano derecha estaba
a punto de caerse, y tenía cólico,
tras haber sido envenenado por un judío
que codiciaba sus posesiones.
(58)
Una multitud
de 10 000 hombres se debatía para salir
de Vilna, Bourgogne entre ellos. Pronto, se
halló siendo dejado atrás. Solo
la retaguarda de 300 hombres del Mariscal Ney
evitó que fueran todos capturados por
cosacos. Bourgogne le rinde tributo: «
Nunca olvidaré el semblante imponente
que tenía el Mariscal en esta circunstancia,
su actitud amenazadora al mirar al enemigo,
y la confianza que inspiraba a los desdichados
enfermos y heridos que le rodeaban. Era, en
ese momento, tal como se pinta a los héroes
de la antigüedad. Puede decirse que fue,
en los últimos días de esta desastrosa
retirada, el salvador de los restos del ejército
». (59)
 |
La
retirada del Mariscal Ney en Rusia
(detalle)
Óleo de Adolphe Yvon
(1817-1893) |
|
Casi matado
por un cosaco, Bourgogne escaló la colina
Ponari donde vagones abandonados llenos de oro
del ejército, fueron saqueados tanto
por cosacos y franceses por igual (60).
De no haber alcanzado a Grangier y sus camaradas,
hubiera terminado no siendo más que otro
cuerpo en la nieve. Cada camino parecía
ahora un campo de batalla.
« Al fin
llegamos a Kowno », dice, y « oíamos
todavía, por intervalos, algunos cañonazos
que parecían anunciar el último
suspiro de nuestro ejército » (61).
En una noche, 1 500 hombres se congelaron hasta
morir después de emborracharse. Estaban
tan débiles que solo una pequeña
porción de brandy causó intoxicación.
Cuando llegó al Niemen y a la frontera
rusa, Bourgogne era uno de solo 60 sobrevivientes
en su regimiento – unos 2 000 hombres
se habían adentrado en Rusia cinco meses
antes (62).
Más apuros
le esperaban en Prusia, y sin embargo ya había
estado caminando durante sesenta días.
En temperaturas muy por debajo de cero, con
escasa comida, sin contar nunca con más
de dos o tres horas de sueño en la noche,
y sometido a presión y a constantes ataques
de cosacos y del ejército ruso, había
seguido adelante obstinadamente. Su hazaña
fue increíble, su voluntad de sobrevivir
inviolable y su fortaleza indómita.
« Tal
vez un día, ¿quién sabe?
Mis relatos, aunque mal escritos, interesarán
a quienes los leerán (…) El gran
genio ya no es más, ¡pero su nombre
existirá siempre! »
(63)
También
el tuyo Bourgogne, también el tuyo. En
avant, marche! (64)

|
|
 |
*
Atención
lectores francófonos |
|
| EL
AUTOR DE ESTE
ARTÍCULO
Y EL INMF RECOMIENDAN |
|
| ¡Un
magnífico
–
y veraz –
fresco de la Epopeya! |
|
|
|
|
|
|
|
PRESENTACIÓN
DE LA OBRA
Título:
Les Aigles en hiver (Russie
1812)
Autor: Jean-Claude DAMAMME
Género: Ensayos y Documentos
Temas: Historia
Fecha de aparición: 19 de
febrero de 2009
Precio: 25,90 €
Número de páginas:
828
Dimensión: 160 x 240 mm
ISBN: 2-259-20805-3 |
|

a) Sargento
Bourgogne: La retirada de Moscú. The
Folio Society (1985) p.57.
NOTAS
1) Felix Markham:
Napoleon (1963) p.197 Mariscal Ney
en una carta a su mujer Aglaé.
2) Kevin J. Dougherty y al, Battles Of The
American Civil War 1861-1865 p.143.
3) Markham op.cit., p.195. « El 24 de
octubre halló el camino bloqueado por
los rusos en Malojaroslavets, y en una combate
desesperado de un día, en la que las
unidades italianas de Eugenio se distinguieron,
sufrió cinco mil pérdidas ».
Bourgogne op.cit., p.49. « Me acuerdo
que un instante después de esta refriega,
estando el Emperador platicando con el rey Murat,
reía de que había estado a punto
de ser cogido, pues bien poco faltó ».
4) Bourgogne Ibid., p.98.
5) « There is no better writing and no
easier reading, than the records of these men
of action ». Sir Arthur Conan Doyle: Through
The Magic Door.
Ver igualmente: http://books.google.com/books?isbn=1426415796%20(2007)%20p.80
6) Ibid., supra: « A Briton cannot help
asking himself, as he realizes what men these
were, what would have happened if 150,000 Coignets
and Bourgognes, with Marbots to lead them, and
the great captain of all time in the prime of
his vigour at their head, had made their landing
in Kent ».
7) Bourgogne op.cit., p.141
8) Ibid., p.13. Tercer verso de Roland à
Roncevaux, texto y música de Rouget
de L’Îsle.
9) Ibid., p.18. Una legua equivale a 4.8 kilómetros.
10) Ibid., p.45.
11) Markham op.cit., p.193 « El ataque
principal francés inició en la
madrugada del 7 de septiembre, y para el final
del día las posiciones rusas habían
sido capturadas, pero el ejército ruso
no había sido desbaratado; solo setecientos
prisioneros fueron tomados ».En la misma
página cita a Clausewitz, quien, en su
recuento de 1812 escribió: « Kutuzov,
es seguro, no había peleado en Borodino
cuando obviamente no esperaba ganar. Pero la
voz de la Corte, del ejército, de toda
Rusia le forzó la mano. »
12) Bourgogne op.cit., p.50. Oyó esta
historia el 28 de octubre de 1812.
13) Markham op.cit., p. 196 declara que «
La primera nieve no cayó hasta el 5 de
noviembre… ». En esto está
equivocado. ¡Obviamente no leyó
la p.50 con suficiente atención!
14) Bourgogne op.cit., p.51
15) Ibid., p.51.
16) Ibid., p.54.
17) Ibid., p.54. Este no podía ser un
oso polar, por supuesto, sino « pardo
». Los osos pueden tener cualquier color
desde el amarillo o pardo hasta el negro. Esto
simplemente nos muestra, sin embargo, cuán
salvaje era el bosque a través del cual
estaban pasando. Los lobos y los osos eran muy
comunes en Lituania y Rusia.
Cuando Bourgogne y Picart estaban con la familia
polaca, un grupo de lobos se acercó repetidamente
a la puerta y comenzó a aullar, incluso
después de que Picart los alejó
con un instigador.
18) Ibid., p.54.
19) Malet era un ex general desequilibrado que
se apoderó brevemente del poder en París
después de declarar que Napoleón
había muerto en Rusia. El hecho de que
nadie pensó en proclamar al Rey de Roma,
Napoleón II, preocupó profundamente
al Emperador.
20) Ibid., p.55.
21) Ibid., p.61.
22) Ibid., p.61.
23) Ibid., p.62.
24) Ibid., p.65.
25) Ibid., p.70.
26) Ibid., p.84.
27) Ibid., pp.83-86.
28) Ibid., pp.89-90.
29) Ibid., p.91.
30) Ibid., p.96.
31) Ibid., p.96. Cuando Napoleón oyó
las noticias, dijo que Ney no era un hombre,
que era un león.
Bourgogne y sus camaradas tenía en orgullo
de los leones, un inflexible sentido del honor
y del deber que los guió a través
de este desastre.
32) Ibid., p.98.
33) Ibid., pp.98-99
34) Ibid., p.101.
35) Ibid., p.103.
36) Ibid., pp.108-110. Picart debe haber sido
un verdadero personaje. Las páginas 108
a 143 tratan de las aventuras con Picart. Una
gran película podría ser filmada
tan solo con esta pequeña sección
de la épica jornada de Bourgogne.
37) Ibid., p.113.
38) Ibid., p.117.
39) Ibid., pp.125-126.
40) Ibid., p.126.
41) Ibid., p.128.
42) Ibid., p.128.
43) Ibid., p.130.
44) Ibid., p.132.
45) Ibid., p.142.
46) Ibid., p.142.
47) Ibid., p.145. El primer Puente fue terminado
a las dos de la tarde del 26 de noviembre. El
segundo, para la artillería y la caballería,
a las cuatro. « Estos valientes sacrificaron
su vida para salvar al ejército. Uno
de mis amigos me dijo como un hecho que había
visto al mismísimo Emperador repartiendo
vino ». El General Eblé estaba
a cargo de esta operación.
48) Ibid., pp.148-151. La escena en el cruce
era tan horrenda que incluso Bourgogne, a pesar
de todos los horrores que había presenciado,
tuvo que voltearse.
49) Ibid., p.150.
50) Ibid., p.151.
51) Ibid., p.158.
52) Ibid., p.158.
53) Ibid., p.159.
54) Ibid., p.159.
55) Ibid., p.161.
56) Ibid., p.162.
57) Ibid., p.162.
58) Ibid., p.163. Anteriormente, un judío
había le salvado la vida a Bourgogne
y a Picart. Aquí y más tarde,
otros judíos trataron de envenenar y
robar a los debilitados restantes del Ejército.
Como Picart podía hacerse pasar por un
judío y conocía sus ceremonias,
le trataban usualmente muy bien.
59) Ibid., p.173.
60) Ibid., pp.174-176.
61) Ibid., p.189.
62) Ibid., p.195.
63) Ibid., p.200.
64) ¡Adelante, Marcha!
|
|
BIBLIOGRAFÍA |
|
|
A) |
Albrecht
Adam: Napoleon’s Army in Russia
(2005) |
B) |
Paul Britten Austin: 1812 The March
On Moscow (1993) |
C)
|
Paul
Britten Austin: 1812 Napoleon In Moscow
(1995) |
D) |
Paul Britten Austin: 1812 The Great
Retreat (1996) |
E) |
Ed. Jeremy Black: Great Military Leaders
And Their Campaigns (2008) |
|
F) |
Sargento Bourgogne: Retreat From Moscow
– Folio Books (1985) |
G) |
Antony Brett-James: 1812 Eyewitness
Accounts (1966) |
H)
|
Armand
de Caulaincourt: With Napoleon in
Russia (2005) |
I) |
Kevin J. Dougherty y al: Battles of
The American Civil War (2007) |
J) |
John R. Elting: Swords Around A Throne
(1988) |
K) |
Mayor Faber du Faur: With Napoleon
In Russia (2001) |
L) |
Felix Markham: Napoleon (1963)
|