Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
UNA OPINIÓN PERSONAL
LA HISTORIA A TRAVÉS DE UN LENTZ DISTORSIONADOR

Por el Señor

John Tarttelin
Representante del Instituto Napoleónico México-Francia en Inglaterra

Sr. John Tarttelin
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
« Cualquier historiador apegado a su oficio o a su pasión, si mira los argumentos de unos y otros, y luego se documenta seriamente no puede creer una palabra de todo lo que ha sido escrito sobre el “envenenamiento” y la “substitución” de Napoleón… »
Thierry Lentz. (1)

Existe hoy en día una conspiración entre Thierry Lentz et sa bande (2) para amordazar a la oposición y confinar a la obscuridad profunda todos los puntos de vista y opiniones que no sean acordes a los propios. Desde estas arrogantes y olímpicas alturas desciende como un Nuevo Moisés con sus tablas de piedra y grita: « L’histoire c’est moi! » (3)

En una entrevista dada a Delage Irène en abril de 2009, el nuevo Mesías propugna su filosofía con un brío franco y consumado. Declara que: « ¡Napoleón fue envenenado! A pesar de los mejores esfuerzos de los historiadores, el rumor (sic) continúa floreciendo, buscando sin fin hacer la transición entre el mito y la historia… En años recientes, las hipótesis del envenenamiento y de la substitución han vuelto a salir a la superficie, con la muerte de Ben Weider… »
En un clásico truco de « culpabilidad por asociación », Lentz trata de vincular el trabajo de una vida de Ben Weider sobre el envenenamiento del Emperador con historias sin sentido acerca de un supuesto substituto del cuerpo de Napoleón que habría sido colocado en su tumba – como si ambos casos fueran el mismo. Lentz mira a través de un vidrio obscuro y se niega a tolerar lo que no ha descubierto él mismo. Literalmente, « no verá » lo que no quiere saber.

Luego, en la misma entrevista, en una frase que podría haber venido de la propia boca del Gran Líder coreano dice: « Jacques Macé y yo… queremos cerrar esos debates, de una vez por todas ». Hasta ahí llegan la investigación histórica sin restricciones y la libertad de expresión – parecería que Lentz quemaría aquellos libros con los que no está de acuerdo si tan solo tuviera la oportunidad.

Lentz continua: « Lo más importante y molesto con el “envenenamiento” y la “substitución”, es que su mediatización a terminado por dar a creer que éstos reposan sobre elementos serios e incontestables. Como consecuencia, estas “verdades” falsas hacen pasar a los historiadores que no creen en ellas por unos “pasados de moda”…».
Aquí está: uno protesta un poco demasiado Señor – ¿Es que las hermanas feas están gimoteando porque no han sido invitadas al baile?

El difunto Ben Weider no está aquí para defenderse y denunciar semejante manera de parodiar la obra de su vida. Entonces lo haré yo por él.
Podría agregar que escribí un artículo sobre el envenenamiento de Napoleón en Santa Helena en 1995 titulado Hairsay and HeresyCabellos, revelaciones y herejía: el asesinato de Napoleón ») mucho antes de que hubiera jamás oído hablar de Thierry Lentz. Teorías, historias y evidencia concerniente al fallecimiento prematuro del Emperador se han estado estableciendo por décadas. Si Lentz cree que puede desechar la investigación de un gran número de historiadores y toxicólogos con unos pocos y pueriles comentarios en una entrevista, le espera otra cosa.

Ben Weider haciendo entrega al Profesor David Chandler de la medalla de la Legión del Mérito de la Sociedad Napoleónica Internacional. Este es el más alto galardón que un historiador napoleónico puede recibir.
Napoleón fue un fenómeno singular, el hombre más grande del siglo XIX. Admirado por alemanes como Goethe, Heine y Nietzsche, así como por ingleses como Hazlitt y Byron, su muerte prematura fue lamentada incluso por sus antiguos enemigos como el historiador peninsular británico Napier, y Wilson, el agregado británico del ejército de Kutuzov durante la campaña de 1812. Cuando aparecieron grafitis en las calles de Londres en 1821 pidiéndole a la gente que deplorara el fallecimiento del mayor genio de sus tiempos, muchos ingleses lloraron por la muerte del Emperador.
Napoleón, esa masa de energía, un horno nuclear en cuerpo de hombre, quien era capaz de trabajar veinte horas al día, día tras día, y que necesitaba muy poco sueño, murió a la edad de 51 años, una muerte temprana incluso para principios del siglo XIX, sin mencionar para alguien tan lleno de vida. Murió en un peñasco del Atlántico Sur, habiendo declarado a menudo que estaba siendo envenenado por sus carceleros británicos. Napoleón no era un tonto y obviamente albergaba sospechas por su cuenta. En efecto, el gobernador de la isla, el reptiliano Hudson Lowe, era una criatura nocturna si acaso hubo una jamás. Sin embargo, el Emperador fue de hecho envenenado por uno de los suyos, traicionado otra vez por alguien en quien había confiado.

En 1982, Ben Weider y David Hapgood publicaron The Murder of Napoleon (« El asesinato de Napoleón »). ¿Tal vez Lentz ha oído hablar de David Chandler, el antiguo decano del academismo napoleónico en el mundo de habla inglesa? Esto es lo que Chandler dijo del libro: « Fascinante y de una profunda investigación. La historia que los autores develan y la evidencia científica que proveen son más que suficientes para justificar una cuidadosa reflexión y reconsideración. Este libro bien podría llevar a cambios considerables en la historia de los últimos años de Napoleón » (4).

Echemos un vistazo más de cerca a esta afirmación de un hombre que sabía más sobre Napoleón de lo que sabe McDonald’s sobre hamburguesas. Chandler dice que el libro goza de una « profunda investigación » y habla de « evidencia científica ». Lentz dice que el debate sobre envenenamiento es el resultado de un « vasto circo mediático ». Si es el caso entonces su contribución y la de su círculo representa poco más que la entrada de los payasos. Chandler tenía más peso académico en su dedo meñique que Lentz en todo su cuerpo.

Chandler dio una entrevista al diario británico The Daily Telegraph el 25 de junio de 2001. Fue citado por su reportero Thomas Harding de la manera siguiente: « Un experto británico de primera fila sobre Napoleón ha dado su respaldo a la teoría de que el Emperador francés caído fue asesinado por sus compañeros y paisanos ».
« El Dr. David Chandler, considerado la más alta autoridad viviente en cuanto se refiere a Napoleón, cree que los libros de historia deberían ser reescritos para incluir un capítulo final acerca de la conspiración detrás de su muerte » (5). Antes de morir Chandler estaba convencido de que Napoleón había sido envenenado.

Hudson Lowe viene a constatar la muerte del Emperador
Grabado de Nicolas-Toussaint Charlet (1792-1845), Memorial de Santa Helena.

 

Otro comentarista de The Murder of Napoleon de Ben Weider, Michael Baden, M.D., antiguo examinador médico en jefe de Nueva York observa que: « Esta fascinante relación muestra cómo las técnicas científicas forenses modernas pueden ser aplicadas para ayudar a resolver viejos misterios ». (6)

En una contribución relacionada a esta discusión, Jean-Claude Damamme, el representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional dijo que: « Recientemente, varios reportes en los medios de comunicación se han referido a un estudio conjunto suizo-canadiense-estadounidense que refuta las “ahora ampliamente desacreditadas” (cito) teorías del envenenamiento de Napoleón con arsénico. Al respecto, uno debe preguntarse: “¿desacreditadas por quién?” » (7). ¿No sería acaso por Lentz, o sí? Y aquí el circo mediático está claramente en contra del envenenamiento de Napoleón, y en lo absoluto en su favor como Lentz nos lo quisiera hacer creer.

Dr. Pascal Kintz.
« Fue hallado arsénico mineral [más del 95% dentro de los cabellos de Napoleón] y por consiguiente estamos en una pista totalmente criminal »
Dr. Pascal Kintz
Presidente (2005-2007) de la Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses, TIAFT.
Conferencia del 2 de junio de 2005, en Illkirch-Graffenstaden.*

 

Como Jean-Claude Damamme dice enseguida, el multinacional « estudio no hace la menor mención del trabajo del Dr. Pascal Kintz, Presidente de la Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses, ni de los del Prof. Robert Wennig de la Universidad del Gran Ducado de Luxemburgo, cuyos análisis demostraron – sin que quepa duda alguna – una concentración masiva de veneno raticida en el núcleo de los cabellos del Emperador. Sólo hay una explicación para esta presencia: la substancia tóxica debe haber penetrado a través de las vías digestivas ».
A estas alturas, a pesar de una decididamente amplia dosis por parte de aburrimiento de Thierry (8), voy a insistir más aún. Lentz dice de su propio libro sobre el tema, La Mort de Napoléon: Légendes, mythes et mystères: « Es porque nos negamos a que una tan útil y noble materia como la historia sea tomada como rehén por los manipuladores de opinión que redactamos este libro. No ocultamos ni nuestro mal humor ni nuestra sorpresa de ver a los mismos que gritan en sus columnas “¡Libertad para la Historia!” manipularla con fines que no se le escaparán más que a quienes ignoran cómo funciona la sociedad de los medios de comunicación ».
¡Médico cúrate a ti mismo! Es Lentz quien está alabeando y retorciendo el objetivo histórico y los estudios históricos llevados a cabo por Ben Weider y Sten Forshufvud, de manera a desacreditarlos a ojos del público y de los medios de comunicación. No puede permitírsele salirse con la suya por medio de este atroz giro y manipulación. Él mismo está envenenando la disciplina de la historia por medio de sus viles calumnias.

¿Pero, quién se cree que es este hombre?

De un lado tenemos a Weider, Forshufvud, Chandler, Damamme, Baden, Kintz y Wenning, y del otro – a Thierry Lentz. Me pregunto: ¿a quién le creería un lector imparcial?
El hombre que quisiera « cerrar estos debates, de una vez por todas » ha abordado más de lo que puede abarcar. La historia no está escrita en tablas de piedra a prueba de lectura por Thierry Lentz. La historia es una disciplina fluida e inexacta, más arte que ciencia, con flujos y reflujos naturales de creencia y conjetura. Ocasionalmente hay un tsunami histórico cuando los puntos de vista de la mayoría son un torrente; son ampliamente aceptadas, y poco después las vemos desbordarse – así es como se crea un paradigma. Lentz ha estado quejándose y agitándose con los medios de comunicación para simular un desplazamiento sísmico a cuenta propia – pero su « paradigma » no vale dos centavos, es un « plugged nickel » como los estadounidenses dirían, una moneda falsa. No debe permitírsele ser una « divisa » histórica aceptada entre los verdaderos historiadores y el público en general.

Napoleón sí fue envenenado. « ¿Qué prueba tenemos?», clama Lentz. Pues bien Monsieur, búsquelas en todo lo anteriormente citado y luego lea el libro de Ben Weider.

Todavía otro comentarista de The Murder of Napoleon, « Steven Ross, profesor en el Colegio de Guerra Naval de los E.U.; autoridad en historia napoleónica » añade: « Un libro enigmático y bien escrito. Establece un caso sólido y – a menos que alguien tenga evidencia médica contraria – convincente de que Napoleón fue envenenado ». (9)
Uno se pregunta si Lentz ha leído alguna vez alguno de estos libros y artículos que quisiera enterrar « de una vez por todas ». Es un extraño « historiador » que se las arregla para abrir la boca y darse alas él sólo al mismo tiempo. Ya no voy a demorarme más tiempo en las gracias del príncipe payaso de la historia napoleónica.

Cuando Ben Weider publicó The Murder of Napoleon en 1982 tenía casi sesenta años y había dedicado una vida de estudio al tema. Ese mismo año Lentz tenía veintidós y era un total desconocido. Aún lo es, afortunadamente, en la mayor parte del mundo angloparlante.

Luego siguió el artículo que escribí en 1995, después de haber efectuado mucha investigación por mi lado. Por coincidencia fue el mismo año en que Ben Weider formó la Sociedad Napoleónica Internacional. Muchos años después, en 2008, leyó mi reseña sobre su libro Napoleón, defensor inmolado de la paz en Amazon y me invitó a convertirme en miembro de la SNI.

Fui lo bastante afortunado como para conocer a Ben durante cinco breves meses. Sólo tuve dos conversaciones telefónicas con él y nunca lo conocí en persona. Era un hombre amable y generoso, especialmente con su tiempo – a pesar de estar increíblemente ocupado. No sufriré que su memoria sea ofendida y deshonrada por una persona que parece inmensamente envidioso de la organización que Ben inauguró y que no tiene ni la integridad ni el sentido del honor de Ben.

John Tarttelin
M.A., FINS.
Recipiendario de la Legión del Mérito.

NOTAS

1) Ver en el sitio de la Fundación Napoleón la rúbrica THE MAGAZINE/NEWS – THIERRY LENTZ: THREE QUESTIONS ON THE “MYSTERIES” OF ST. HELENA (Interview by Delage Irène, April 2009). Todas las citas de Lentz en este texto provienen de ese artículo presentado en dos versiones, francesa e inglesa.
2) « Y su banda »; en francés en el original.
3) « La Historia soy yo ».
4) Citado en el dorso del libro The Murder of Napoleon (New York, Congdon & Lattès, Inc., 1982).
5) Ver el sitio de la SNI en la rúbrica Poisoning y Doctor David Chandler, FINS, on the poisoning of Napoleon. El artículo del Telegraph article está presentado ahí.
6) Citado en el dorso de The Murder of Napoleon.
7) Ver el sitio de la SNI en la rúbrica Poisoning y The Poisoning of Napoleon, Correction – por Jean-Claude Damamme: http://inmf.org/damrevuenap1er.htm
8) Referencia a una cita del Sr. Lentz vuelta célebre: « Napoleón no murió envenenado. Estaba tuberculoso [sic], tenía una úlcera y sobre todo, se aburría. Murió de aburrimiento y de tristeza ».
9) Citado en el dorso de The Murder of Napoleon.

* Para nuestros amigos francófonos: ver en este sitio la Conferencia del doctor Pascal Kintz del 2 de junio de 2005 en Illkirch-Graffenstaden, visible en línea (en francés) y descargable en diversos formatos de audio y vídeo.