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| CREACIÓN
DE LA ORDEN DE LA LEGIÓN
DE HONOR |
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| Cordón
de la Legión
de Honor |
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|
Por
el Señor |
André
Bessière
Héroe
de Guerra
Presidente
del Círculo Austerlitz
Presidente de la Peña de
los Resistentes Deportados Tatuados
del 27 de Abril de 1944
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| El
Señor
Bessière |
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Traducción
de la Francósfera México-Francia
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«
Incentivé
todas las emulaciones,
recompensé todos
los méritos, y
alejé los límites
de la gloria »
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Napoleón.
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LA
IDEA GERMINA
Egresado
42° de 58 en la promoción
de 1784 de la Escuela militar
de Briena, el futuro general Bonaparte
y Primer Cónsul se había
enfurecido por no haber obtenido
la cruz de Nuestra Señora
del Monte Carmel, reservada tan
sólo a los tres primeros.
En revancha, habría podido
beneficiar de la cruz de San Luis,
atribuida desde el reglamento
de 1781 a los tenientes después
de diez años de servicios,
pero no tenía más
que ocho de antigüedad cuando
la supresión de ésta...
El Primer Cónsul tiene
pues el recuerdo de estas condecoraciones
e insignias, que nunca tuvo, cuando
el 15 de febrero de 1802, al final
de una cena íntima en la
Malmaison (1) reuniendo
a algunos comensales en la sala
llamada «del Consejo»,
evoca la prestigiosa recepción
dada el día anterior en
las Tullerías donde, pasmoso
contraste con sus homólogos
franceses que tienen prohibidas
las distinciones de honor por
la Revolución, los uniformes
de los embajadores y militares
extranjeros habían brillado
con todo el fulgor de los aderezos
de sus diversas órdenes
nacionales. Sin duda alguna había
aprovechado el momento más
propicio para exponer enseguida
a su auditorio restringido, pero
selecto, su opinión acerca
de las distinciones honoríficas.
Vehemente y premonitorio, Bonaparte
precisa especialmente que si «los
hombres están prendados
de las distinciones, los franceses
más que los demás
están literalmente hambrientos
de ellas: tal ha sido su espíritu
en todos los tiempos. Jamás
Luis XIV hubiera podido apoyar
la guerra de Sucesión de
España con ventaja si no
hubiese tenido a su disposición
la moneda de la Cruz de San Luis.
Este poderoso auxiliar dio a luz
prodigios de valor. El dinero
no era de valor alguno ante aquella
distinción: muchos son
los que la hubieran preferido
a montones de oro.
- Pues bien, no hay más
que restablecer la Cruz de San
Luis, replica Monge.
Sigue un silencio molesto que
interrumpe el futuro Emperador
para quien el tema se ha agotado.
- ¿Si
fuéramos al salón
para reunirnos con esas damas?»
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Orden
Real de San
Luis
Museo
de la Legión
de Honor |
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LA
IDEA SE AFINA
Dos meses
más tarde, el 15 de abril de 1802,
siempre en Malmaison, el Primer Cónsul
reincide al final de una reunión
del consejo privado. Consciente de que
había que reconstituir el tejido
social desgarrado instaurando una jerarquía
de los méritos, y firmemente convencido
de que la nación no podía
prosperar sin el reconocimiento público
de los mejores espíritus que la
animan, Bonaparte desarrolla de una manera
clara y poderosa la institución
de una Orden honorífica apoyándose
en la ley del 6 de agosto de 1791 que,
suprimiendo las Órdenes de Caballería,
se reservaba estatuar si habría
una condecoración única
que podría ser acordada a las virtudes,
a los talentos y a los servicios prestados
al Estado. Y afirma que los soldados
que no sepan ni leer ni escribir estarán
orgullosos de portar la misma condecoración
que los hombres más ilustres y
éstos atribuirán tanto más
valor a esta recompensa cuanto que será
la misma para todos.
Y sobre la base de los principios de la
creación de una reunión
de hombres dedicados al culto del honor
y a la defensa de ciertos valores, Bonaparte
encarga al Consejero Roederer redactar
un proyecto de decreto cuya exposición
de los motivos será leída
por éste último en la sesión
del Consejo de Estado del 4 de mayo de
1802 (14 de floreal del año X).
LA
LEY DEL 29 DE FLOREAL AÑO X (19
DE MAYO DE 1802)
Después
de tres sesiones agitadas en el transcurso
de las cuales el consejero de Estado Berlier
profiere, sentencioso, la frase legendaria:
«¡La orden propuesta conduce
a la aristocracia, las cruces y los listones
son las sonajas de la Monarquía!»,
el Consejo de Estado aprueba el proyecto
por 14 voces contra 10 y lo envía
al Cuerpo Legislativo donde será
presentado por el Primer Cónsul
el 25 de floreal del año X.
Votado por 166 voces contra 110 y adoptado
el mismo día en el Tribunado por
50 voces contra 38, el proyecto se convierte
en la ley del 29
de floreal del año X. (2)
LA
ORDEN DE LA LEGIÓN DE HONOR
|
La
institución de la Legión
de Honor no es pues el resultado
de una creación espontánea,
brotada del cerebro genial del Primer
Cónsul, sino el de un largo
camino de sus pensamientos, desembocando
en un elemento de fusión
de la Nación salida victoriosa
de trece años de pruebas
políticas, sociales, económicas
y militares que la habían
llevado más de una vez al
borde del abismo.
Este elemento de fusión implicaba
acordar un lugar de preeminencia
a aquellos cuyas virtudes cívicas
o heroísmo guerrero habían
modelado la faz de una Francia nueva,
es decir que el Cónsul vitalicio
no quería, según sus
propios términos, «que
se distinguiera a los hombres en
civiles y en militares». |
 |
Retrato
del Primer Consul
Óleo
de Robert Lefèbvre |
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Al
instituir una nueva Orden, Bonaparte,
verdadero maestro en psicología,
apuntaba igualmente al establecimiento
de una escala de distinciones honoríficas
susceptibles de ser otorgadas bajo
el mismo título a todos los
ciudadanos, en vista de hacer surgir
en la nación una élite
entre las élites, consagrada
al culto del Honor y a la defensa
de los grandes principios cívicos.
Yendo la institución en contra
de los preceptos de la Revolución
de los que todavía estaban
impregnados un buen número
de representantes en las Asambleas
del Consulado, la idea no recibe
todos los sufragios e imaginamos
mal el tumulto desencadenado por
el proyecto de esta nueva institución:
No es posible hoy en día,
escribirá treinta años
más tarde la duquesa de Abrantès,
hacerse una idea justa de ello.
Esta creación de una orden
de Caballería en un país
en el que no se camina más
que en medio de instituciones republicanas
pareció primero una suerte
de monstruosidad en una república.
No le dispensan de críticas
y burlas. Cuando un importante personaje
entra al salón de Madama
de Staël, ésta no deja
nunca de apostrofarle con un semblante
divertido: «¡Y bien!
¿Sois sin duda unos honrados?»
Al término de una cena al
que había convidado a unos
amigos, el general Moreau, otorga
una « cacerola de honor »
a su cocinero.
Inmediatamente después de
su creación, en plena estación
de las flores, los jóvenes
de París se divierten decorando
su ojal con un clavel rojo que,
de lejos, ilusiona un poco, al portar
en efecto los simples Legionarios
la condecoración de plata,
atada a un listón tornasolado
rojo, ornamentado con una suerte
de nudo o de roseta. Bonaparte,
informado, toma muy mal la cosa,
yendo hasta querer detener a los
que hacen burla de su Orden. |
Más
lapidario, Bourrienne, confía
en sus memorias: «Primero
mal acogida, la Legión de
Honor se convirtió prontamente
en objeto de todos los deseos, de
todas las ambiciones».
Cuan significativas son del valor
incomparable de la gloriosa falange,
desde su origen, las cartas de los
valientes soldados que reclaman
el honor de acceder a ella. Entre
otras la del vencedor de Fleurus,
el general Consejero de Estado Jourdan,
quien solicita humildemente del
Primer Cónsul el 30 de fructidor
del año X, el favor de ser
admitido o, con fecha del 16 de
vendimiario del año 12, la
solicitación del ayuda de
campo del general Bernadotte, el
jefe de brigada Gérard, futuro
mariscal de Francia y gran Canciller.
Raros son quienes rechazarán
la distinción. Mientras el
mariscal de Rochambeau, héroe
de la Guerra de Independencia estadounidense
pretextará su edad, el marqués
de Lafayette, el hombre de los dos
mundos, después de haber
estado en coqueteos con el Primer
Cónsul le hará el
feo al Emperador y declinará
su propuesta para «evitar
el ridículo». |
ÉTIENNE
DE LACÉPÈDE, PRIMER GRAN
CANCILLER DE LA LEGIÓN DE HONOR
Para
marcar bien el carácter
mixto, es decir civil y militar
de la Orden, la dignidad de Primer
gran Canciller recae sobre el
famoso naturalista Étienne
de Lacépède, continuador
de la obra de Buffon.
|
|
Nacido
el 26 de diciembre de 1756 en Agen,
Étienne de Lacépède
había tomado my joven a Buffon
como maestro y modelo, manteniendo
una correspondencia con el ilustre
naturalista quien, al envejecer,
le había propuesto en 1785
continuar la parte de su «Histoire
Naturelle» que trataba
sobre los animales. Ya desde 1788,
Lacépède publicaba
el primer volumen de su «Historia
de los reptiles», que trataba
de los cuadrúpedos ovíparos,
y el año siguiente el segundo
que trataba de las serpientes.
Su popularidad no le había
permitido escapar a la tormenta
revolucionaria. Saliendo más
de una vez de situaciones delicadas
había escapado apenas a la
guillotina de Robespierre.
Después de termidor, en la
Escuela Normal creada por la Convención,
la cátedra nueva consagrada
a la historia de los reptiles y
de los peces (3)
le era confiada haciéndole
tomar el rango de verdadero sucesor
de Buffon, lo cual le abría
las puertas del Instituto y de la
Academia de Ciencias.
Una vez consumado el 18 de brumario,
el nuevo gobierno del Primer Cónsul
quiere el apoyo de la opinión
y busca un hombre igualmente amado
y estimado por los hombres de ciencias,
de letras, y por el mundo. Lacépède
se ve literalmente propulsado senador
en 1799, Presidente del Senado en
1801 y gran Canciller de la Legión
de Honor en 1803. Esta institución
de la Legión de Honor se
le presenta entonces bajo el aspecto
más grande y más noble
destinado a afirmar el culto del
verdadero Honor.
Carga aplastante bajo la dirección
del Emperador.
En 1815 dejará la cancillería
para ceder la plaza al mariscal
MacDonald, volverá a sus
trabajos, a la Academia de Ciencias
y a su cátedra del Museo.
Víctima de las viruelas Lacépède
morirá el 6 de octubre de
1825. |
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|
El
Conde de Lacépède
(1756-1825) |
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EL
GRAN CONSEJO DE LA LEGIÓN DE HONOR
Conformado
en julio de 1803, el primer gran consejo
de la Orden se compone de esta forma:
Presidente:
|
Bonaparte
|
Primer
Cónsul |
Gran
Canciller |
Lacépède
|
Sabio
naturalista elegido por el Cuerpo
legislativo |
Gran
Tesorero |
Dejean
|
General |
Miembros: |
Cambacérès |
Segundo
Cónsul |
| |
Lebrun |
Tercer
Cónsul |
| José Bonaparte |
Representando
al Consejo de Estado |
| Luciano Bonaparte |
Designado
por el Tribunado |
| Kellermann |
Elegido
por el Senado |
Podrán
ser recibidos en la nueva Orden, los militares
que hayan prestado servicios mayores al
Estado en las guerras de la libertad,
así como, los ciudadanos que, por
su saber, su talento, sus virtudes, han
contribuido a establecer y a preservar
la república, o hecho amar y respetar
la justicia de la administración
pública.
Los diversos ministerios reciben las instrucciones
necesarias a fin de establecer las listas
de proposiciones, el número de
candidatos estando fijado en 4932 para
esta primera promoción, no incluidos
los 2318 titulares de armas de honor,
miembros de derecho (4)
LOS
LEGIONARIOS DE DERECHO
Las nominaciones
de los «Legionarios de derecho»
son ratificadas el 24 de septiembre de
1803. Los hombres de tropa reciben la
estrella de plata, los oficiales subalternos
la de oro, los oficiales superiores, poco
numerosos, el grado de comandante. Esta
promoción queda en la historia
de la Legión de Honor como la de
los humildes pero valientes servidores
de la patria, la de quienes combatieron
por la república de 1792 a 1800,
la de «los obscuros, de los sin
grados», pocos habiendo rebasado
el grado de capitán.
La idea del Primer Cónsul de otorgar
la nueva condecoración a los soldados
reconocidos los más dignos y los
más bravíos entre los guerreros,
hace subir inmediatamente a la Legión
de Honor a un nivel de prestigio pero
también de deseo inigualado hasta
entonces. Por medio de ese gesto altamente
simbólico el Primer Cónsul
prueba que la Orden que acaba de crear
señala una esencia eminentemente
democrática, abierto a todos los
ciudadanos que, sin distinción
de nacimiento, de clase social o de títulos,
han contribuido poderosamente a la grandeza
del país.
LAS
PRIMERAS PROMOCIONES
Del
24 de septiembre de 1803 al 9
de agosto de 1804, 17 decretos
de nominaciones son publicados.
Las listas difieren unas de otras
tanto por el número como
por la composición exclusivamente
militar o civil o en partes compuestas.
Para este periodo que precede
las entregas solemnes de las insignias,
9 172 nominaciones serán
pronunciadas, de las cuales 620
civiles. En éstas últimas,
algunos militares nombrados a
título civil, y, al existir
todavía la corporación
de éstos últimos
a principios de ese Siglo XIX,
13 corsarios entre los cuales
el boloñés Bucaille,
Cary, Cornu, J.B. Pollet y Duchenne
que serán condecorados
por el Emperador el 16 de agosto
de 1804 en Boloña.
Como ejemplo, la promoción
del 14 de junio de 1804, únicamente
militar, en la cual, por algunas
celebridades, ¡cuántos
desconocidos cuyos nombres merecerían
la iluminación de la posteridad!
Como el jefe de batallón
Aurèle-Jean de Boisserolle,
cuyo certificado de Legionario
lleva el número 1439. Nacido
el 3 de septiembre de 1764, ex
de los Guardias de corps de Luis
XVI, voluntario de la Guardia
nacional, luego del ejército
del Sur, el Primer Cónsul
lo había escogido para
asegurar un enlace con el ejército
dejado en Egipto
bajo las órdenes de Kléber.
Asesinado éste último,
de Boisserolle transmite las órdenes
el 14 de junio de 1799 a su sucesor
el general Menou y toma parte
activa en la vida de las tropas
de ocupación hasta el 25
de enero de 1801 cuando, embarcado
a bordo del Peausilipp,
escapa a las setenta velas inglesas
que bloquean las costas egipcias,
desembarca en Provenza y llega
poco después a las Tullerías.
Ahí, rinde cuentas de su
misión al Primer Cónsul
que le nombra jefe de batallón
y se acordará de él
durante esa promoción de
la Legión de Honor.
Como el ayuda de campo del mariscal
príncipe Murat, el capitán
Exelmans, futuro mariscal y gran
Canciller de la Legión
de Honor.
|
Como
el capitán Berge que alcanzará
al final de su carrera a las más
altas dignidades de la Legión
de Honor. Nacido en 1779 en la pequeña
plaza fuerte de Collioure, a la
edad de 14 años durante el
sitio de la ciudad pierde a su padre.
Recogido por el ingeniero militar
Hachette, a quien secundaba durante
el sitio, el huérfano a los
15 años como sargento aerostera
en la batalla de Fleurus. Apasionado
por las matemáticas e instruido
por su padre adoptivo, el niño
prodigio entra a la Escuela Politécnica
de la que sale mayor de la primera
promoción a los 16 años.
Monge lo nota, lo presenta a Bonaparte
quien se lo incorpora. A partir
de entonces, participa a los 19
años a la campaña
de Egipto, se ilustra en Alejandría,
en las Pirámides y en El
Cairo. A cargo de una primera misión
de la 2o oficina en San Juan de
Acre, es el espía y el artillero
número 1 del sitio. Se señala
igualmente como encargado de una
2a misión en Argel (1801-1802)
en como suplente técnico
del general Hulin. Capitán
a los 20 años, titular de
dos sables de honor en Egipto, es
hacho oficial de la Legión
de Honor sin haber sido caballero
a los 25 años. Mayor a los
27 años por su conducta en
Jena,
es comandante de la Legión
de Honor a los 32 años en
España, general y barón
del Imperio a los 34 años
en 1813. Durante la Restauración
Carlos X le confirmará en
sus títulos, lo nombrará
jefe de armada en España
y negociador del armisticio de Barcelona.
Terminará su carrera después
de haber redactado los planes de
la expedición de Argel de
1830 (5).
Como el general de brigada Henri
Gatien Bertrand, de la Escuela del
Ingenieros de Mézières,
Legionario desde el 11 de diciembre
de 1803, promovido oficial aquel
14 de junio de 1804. |
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Cruz
de la Legión
de Honor
Águila
de oro del primer
tipo, anverso
y reverso respectivamente |
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Como
el general Olivier Macoux Rivaud,
caballero desde diciembre de 1802,
nombrado directamente comandante
ese mismo 14 de junio de 1804. Después
de haber escalado todos los peldaños
de la jerarquía en el transcurso
de las guerras de la revolución,
dos misiones de confianza exitosas
tras la campaña de Italia
llevadas a cabo ante el Santo Padre
en Roma y del Directorio en parís,
lo habían señalado
a la atención de Bonaparte
quien, Emperador, se había
acordado de él.
La promoción del 15 de julio
de 1804 presentará, según
el equilibrio impuesto por los textos,
un carácter civil que abre
el camino para la osmosis social
deseada por el Emperador. Notamos
junto a Fouché el regicida,
al ex obispo Talleyrand, los cardenales
de Boisgelin y Cambacérès,
el explorador Bougainville, el químico
Chaptal, el juez Portalis, y algunos
generales condecorados en virtud
de sus funciones pacíficas
como Brune y Ségur, consejeros
de Estado, o Ney, ministro plenipotenciario.
Entre los militares se encuentran
los padres de la cirugía
moderna, Desgenettes, Larrey y Percy.
Desgenettes servirá en Polonia,
en España y en Rusia, Larrey
en la Guardia Imperial y Percy en
la Gran Armada.
Ese día André Estienne
el «tambor de Árcole»
recibirá la estrella de manos
del mismo Emperador. Contrariamente
a la leyenda confortada por el cuadro
de Antoine Jean Gros, el general
Bonaparte no había arrebatado
el puente de Árcole cargando
bandera en mano. Habiendo fracasado
su tentativa había dado la
orden de pasar el río Alpone
a nado. André Estienne se
había lanzado entre los primeros
y seguía batiendo la carga
en el agua gritando «¡Adelante,
adelante!». Galvanizado por
el ejemplo del joven tambor de 19
años, tiradores, cazadores
y granaderos franceses se habían
precipitado tras de él, saltando
a la otra orilla de la que habían
echado a los austriacos. Apodado
s partir de entonces «el tambor
de Árcole» André
Estienne había recibido unas
baquetas de honor con mangos y puntas
de plata grabadas a su nombre, y
luego en 1802 había entrado
como tambor a los cazadores a pie
de la Guardia Consular. Gloria última,
durante la ceremonia de la Consagración,
el 2 de diciembre de 1804 en Nuestra
Señora de París, André
Estienne será el único
tambor designado para redoblar el
«toque de llamada y tropa»,
batería prevista para rendir
los honores.
Entre las promociones del año
1805, notemos la nominación
al grado de caballero de Jean Thurel,
el incontestado decano de la Legión
de Honor. Nacido en 1699, el más
viejo soldado de Europa, con un
triple medallón de veteranía
que recompensaba setenta y dos años
de servicio, fallecerá a
los 108 años en 1807. |
EL
JURAMENTO
|
| Juramento
durante la ceremonia de distribución
de la Legión de Honor,
en el campo de Boloña. |
|
Una carta
de aviso que anunciaba su nominación
al nuevo Legionario, llamado caballero
a partir de 1808, le es dirigida por el
gran Canciller. Hace las veces de certificado
y prescribe al nuevo miembro a prestar
el juramento previsto por el decreto del
19 de mayo de 1802 (6),
respetando la fórmula establecida
por Roederer.
«Juro, por mi honor, dedicarme
al servicio de la república, a
la conservación de su territorio
en su integridad, a la defensa de su gobierno,
de sus leyes y de las propiedades que
han consagrado; combatir por todos los
medios que la justicia, la razón
y las leyes autorizan, toda empresa que
tienda a restablecer el régimen
feudal, reproducir los títulos
y calidades que eran atributo de éste,
en fin de concurrir con todo mi poder
a la conservación de la libertad
y de la igualdad».
De 1804 a 1811, la palabra «Imperio»,
remplazará al de «República»,
luego «para con el Emperador
y su dinastía» tras
el nacimiento del rey de Roma a partir
de 1812.
CREACIÓN
Y PORTE DE LAS INSIGNIAS
Entre
tanto, el 18 de mayo de 1804, un senadoconsulto
orgánico había decidido
confiar el gobierno de la república
a un emperador en la persona de Napoleón
Bonaparte. Ciento cuarenta dos artículos
regulan la organización de la nueva
monarquía, restableciendo el artículo
48 el mariscalato.
Desde el día siguiente 19 de mayo,
18 mariscales son nombrados, entre los
cuales cuatro senadores. Otras promociones
intervendrán de 1807 a 1815 llevando
a 25 el número de los mariscales
en el transcurso del Primer Imperio. En
ocasión de esta primera promoción
el Emperador de los franceses precisará
a los nuevos mariscales de Imperio, igualmente
promovidos grandes oficiales de la Legión
de Honor, que esta
dignidad que os confiero, puramente civil,
no os da ningún derecho de mando
en el campo de batalla.
Napoleón esperará a ser
proclamado emperador para fijar, por decreto
imperial del 11 de julio de 1804 (22 de
Mesidor del año XII), la forma
de la condecoración.
El 30 de enero de 1805, creará
la «gran condecoración»
en forma de «gran Águila»,
dignidad superior que completa la jerarquía
de la Orden y permitirá, según
las palabras del Emperador de «lazar
a nuestras instituciones las instituciones
de los diferentes Estados de Europa».
Con la realización de una insignia,
Napoleón habrá llenado plenamente
uno de los objetivos que se había
fijado: devolver a Francia una institución
capaz de rivalizar con las Órdenes
de los demás países europeos.
La estrella de la Legión de Honor
se portará exclusivamente en el
ojal del atuendo, solo el metal, oro o
plata, distinguiendo los grados de los
Legionarios.
Dotaciones son atribuidas a cada grado:
a los grandes oficiales les son asignados
5000 F, 2000 a los comandantes, 1000 a
los oficiales y 250 a los simples Legionarios.
En el ejército, los mariscales
obtienen naturalmente el más alto
grado, los oficiales generales, marina
incluida, el de comandante, los coroneles
y capitanes de navíos el de oficial,
los diversos otros el de Legionario.
LA
PRIMERA ENTREGA DE LAS INSIGNIAS
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|
Distribucíon
de las primeras medallas
de la Legión
de Honor
En la iglesia
de Los Inválidos,
el 15 de julio de 1804 |
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|
La primera
entrega de insignias, en el
Templo de Marte, (la Capilla San
Luis de Los
Inválidos) fijada para
el 15 de julio de 1804, un domingo
para asociar al pueblo de París,
da al Emperador la ocasión
de inaugurar el despliegue de
los fastos del cortejo imperial,
para Josefina, su primera salida
de emperatriz.
Según el protocolo, el
gobernador de Los Inválidos
recibe al Emperador en la reja
de entrada. Detalle picante, el
gobernador que presenta simbólicamente
al Emperador las llaves del Hotel
es el Serrurier (7).
El carácter parcialmente
religioso de la ceremonia desagrada
soberanamente a ciertos invitados.
El general Augereau acompaña
a Napoleón hasta la puerta
de la iglesia y se queda deliberadamente
afuera, seguido en su gesto por
unos sesenta oficiales entre los
cuales Fournier-Sarlovèze,
futuro brigadier y «más
mal sujeto del ejército»
quien accederá algunos
años más tarde a
la dignidad de gran oficial por
su bravía en España.
En su discurso de inauguración,
la elocuencia del gran Canciller
Lacépède alcanza
el nivel de las proclamas militares
del Emperador para insistir en
el papel federador de la Legión
de Honor, imagen de una Francia
nueva.
Napoleón hace entrega él
mismo de las insignias de su grado
a los primeros condecorados civiles
así como a los militares,
comenzando por los que han sido
seleccionados en la fila. Un inmenso
clamor: «¡Viva el
Emperador!» sigue al juramento
prestado por el conjunto de los
recipiendarios. Solo el general
Augereau no responderá
al llamado de su nombre, pero
no rechazará ni el mariscalato
ni a la dignidad de gran águila
el 9 de febrero de 1805.
El capitán
Coignet relata, en sus célebres
«Cuadernos», la solemnidad
con la que tuvo lugar la inauguración
de la nueva Orden Nacional:
La ceremonia tuvo lugar en
el Domo de Los Inválidos.
He aquí cómo estábamos
colocados: a la derecha entrado,
en gradas hasta arriba, estaba
la Guardia; los soldados del ejército
estaban a la izquierda en gradas
iguales, y los inválidos
estaban al fondo, hasta el plafón.
El cuerpo de los oficiales ocupaba
el estrado. Toda la capilla estaba
llena.
|
El
Emperador se presenta; el más
grande silencio reina en la capilla
(8); cruza
todo el cuerpo de oficiales y va
a colocarse a la derecha, en el
fondo, en su trono; Josefina estaba
en frente, a la izquierda, en un
palco; Eugenio al pie del trono
sostenía una almohadilla
guarnecida de alfileres y Murat
tenía una barquilla (era
el casco de Bayard) llena de cruces.
La ceremonia comienza por los grandes
dignatarios que fueron llamados
por su rango de orden. Después
de que todas las grandes cruces
fueron distribuidas, se hizo llevar
una cruz a Josefina, en su palco,
sobre un plato que Murat y Eugenio
le presentaron.
Entonces, se llamó a “¡Jean-Roch
Coignet!” Yo estaba en la
segunda grada; pasaba frente a mis
camaradas y llegaba al estrado y
al pie del trono... “No se
pasa...” Murat le dijo “Mi
príncipe, todos los legionarios
son iguales, se le llama, puede
pasar.”
Subo los escalones del trono, me
presento derecho como una estaca
ante el Cónsul que me dijo
que yo era un bravo defensor de
la patria y que había dado
pruebas de ello. Con estas palabras,
“Acepta la cruz de tu Cónsul”,
retiro mi mano derecha que estaba
pegada a mi gorra de granadero y
tomo mi cruz por el listón.
No sabiendo qué hacer con
él bajé los escalones
del trono retrogradando, pero el
Cónsul me hizo volver a subir
junto a él, tomó mi
cruz, la pasó en mi ojal
y la fijo con un alfiler tomado
en la almohadilla de Beauharnais,
y volví a bajar atravesando
todo ese estado mayor que ocupaba
el estrado. Me encontré a
mi coronel, el Sr. Lepreux, y a
mi comandante, Merle, quienes esperaban
su condecoración.
No podía avanzar por lo mucho
que era apretujado por la muchedumbre
que quería ver mi cruz. Las
bellas damas que podían acercárseme
para tocar mi cruz me pedían
permiso para besarme; vi la hora
en que iba a servir de patena para
todas esas damas y señores
que se hallaban en mi camino. Llegué
al puente de la Revolución,
donde encontraba a mi antiguo regimiento,
que formaba la cerca en el puente.
Las felicitaciones llovían
de todos lados; finalmente, estrechado
de todas partes, acabé por
entrar en el jardín de la
Tullerías, donde tuve mucha
dificultad en volver a mi caserna.
Al llegar a la puerta, el faccionario
porta las armas. Me volteo para
ver si no había un oficial
cerca de mí, estaba todo
solo. Voy cerca del faccionario,
le digo “¿Conque es
por mí que portáis
las armas?” – “Si,
me dice, tenemos la consigna de
presentar las armas a los Legionarios”.
Tomé su mano y la apreté
fuertemente.
Mi teniente, que me había
visto decorado el primero, no me
había perdido de vista y
se había apoderado de mí.
Me dijo atentamente: “No me
dejaréis en toda la velada,
vamos a ver las iluminaciones y
de ahí, iremos al Palais-Royal
a bebernos nuestra media taza…”
Nos paseamos en el jardín
durante una hora. Me llevó
al café Borel, al extremo
del Palais-Royal y me hizo bajar
en una gran bodega donde había
mucha gente. Ahí, ambos fuimos
rodeados. El dueño del café
vino cerca de mi teniente y le dijo
“voy a serviros lo que deseáis,
los miembros de la Legión
de Honor se regalan gratis.”
¡Cuán bella fue esa
velada para mí que no había
visto nada semejante! (9) |
LA
SEGUNDA ENTREGA DE LAS INSIGNIAS
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La segunda
ceremonia, destinada a los valientes
del ejército, se lleva a
cabo el 16 de agosto de 1804 en
el campo de Boloña frente
al enemigo que se prepara para la
invasión de Inglaterra.
Ante 100,000 hombres, casi todos
veteranos de las guerras de la República,
unos 2,000 oficiales, suboficiales
y soldados de los ejércitos
de tierra y de mar, reciben la insignia
ya famosa de manos del Emperador,
quien, sentado en el sillón
de Dagoberto, toma las condecoraciones
en piezas de armaduras de Du Guesclin
y de Bayard, afirmando así
su voluntad de vincular el presente
con el pasado y esperando de los
Legionarios las mismas virtudes
y la misma grandeza que habían
vuelto a aquellos héroes
legendarios.
Promovido el 22 de junio de 1804,
François Vaudeville, sargento
de caballería en el 1er Regimiento
de Dragones, soldado de méritos
excepcionales cuyo coraje era tan
célebre que Napoleón
había insistido en condecorarle
el primero en el campo de Boloña
el 16 de agosto siguiente. Nada
había preparado a François
Vaudeville para la carrera de las
armas: había terminado sus
humanidades en Saint-Nicolas de
Port con la intención bien
determinada de convertirse en sacerdote.
La Revolución había
interrumpido brutalmente la carrera
eclesiástica del joven clérigo
que se había alistado el
10 de marzo de 1993 en el 1er Regimiento
de Dragones quedándose en
guarnición en Nancy. A partir
de entonces había conquistado
sus galones a punta de sable durante
las campañas de la Revolución
y del Consulado, campañas
en cuyo transcurso su heroísmo
se había hecho legendario.
(10)
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| Intronizado
en un inmenso pódium
decorado con armas, armaduras
cortinajes y banderas,
el Emperador Napoleón
es aclamado por 120,000
dignatarios, oficiales,
soldados y civiles ante
la mirada de los navíos
ingleses, que disparan
cañonazos en la
lejanía. La música
es magnífica, y
será retomada el
día de la entrada
del Emperador a Nuestra
Señora de París.
Cuadro anónimo,
Museo Napoleónico
de Roma. |
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La narración
de esta grandiosa manifestación
por el historiador Emile Marco de Saint-Hilaire
toma, por su vivacidad y su sentido del
detalle, una forma periodística
excepcional con muchos momentos fuertes
entre los cuales el del juramento.
Un redoble general de todos los tambores
resonó al pie del trono, dio la
señal a los Legionarios de que
avanzaran con sus banderas al centro de
la arena para preparar su juramento. El
mismo Napoleón pronunció
la fórmula.
- ¿Juráis
defender, en peligro de vuestra vida,
el Honor del nombre francés, a
vuestra patria, a vuestro Emperador?
¡Lo juramos! Dicen extendiendo
el brazo.
- ¿Lo
juráis? Repitió
de nuevo Napoleón.
- ¡Si! ¡Sí! ¡Sí!
Y todos agitan el aire con su gorra y
su sombrero prorrumpiendo:
- ¡Viva el Emperador!... ¡Viva
el Emperador!
Napoleón se voltea hacia el grupo
compacto y dorado que le rodeaba; le dirige
un signo, inspira una toma de rapé,
y dice:
- ¡Vamos
señores, comencemos!
La distribución de las cruces
se hace enseguida.
Un ayuda de campo del Emperador llama
al titular; éste, al llegar, se
detiene al pie del trono, saluda, sube
la escalera de la derecha, es recibido
por el gran Canciller que le hace entrega
de su certificado. El page, colocado entre
el trébede y el Emperador, toma
la condecoración en uno de los
cascos y la presenta Napoleón quien
la prende él mismo en el pecho
del valiente. En ese instante, más
de 800 tambores baten un redoble; cuando
el condecorado desciende del trono pasando
ante el brillante estado mayor que ha
permanecido abajo, son apretones de mano
y abrazos a no acabar nunca, al son de
las fanfarrias ejecutadas por 1200 trompetas.
Esta ceremonia es larga: comenzada a las
10 y media horas de la mañana,
se termina a más de las tres de
la tarde porque el Emperador, al dar la
cruz, acompañaba casi siempre esta
acción con algunas palabras de
elogio.
Sucedía a veces que el Legionario
estaba tan conmovido, tan turbado al acercarse
al Emperador, que la escena se hacía
burlesca.
Perdidos en esta masa de hombreras, doce
civiles reciben la cruz entre los cuales
tres magistrados: el Procurador general
imperial Michel, de la audiencia Territorial
de Douai, el Presidente Bonbers, del Tribunal
de Justicia criminal de Pas-de-Calais,
el Gobernador Hazot del Tribunal de Justicia
criminal de Pas-de-Calais, y el alcalde
de Dunkerque, Jean-Marie Emmery, Primer
alcalde condecorado con la Legión
de Honor.
Esta jornada, cuya repercusión
será universal, marca verdaderamente
la entrada de la Legión de Honor
en la vida de la Nación.
LOS
CIVILES EN LA LEGIÓN DE HONOR
La orden
de Legión de Honor es tanto mejor
acogida por la opinión pública,
que no escatima su entusiasmo para con
el Emperador, cuanto que el primer gran
Canciller nombrado es un civil.
Los
civiles sin embargo no reciben la
cruz más que en débiles
proporciones, siendo los financieros singularmente
honrados:
Gaudin, ministro de Finanzas es uno de
los primeros en ser nombrado. Con su colega
Barbé-Marbois, ministro del Tesoro,
es promovido gran oficial en junio de
1804 y gran águila en 1805. En
la diversidad de los puestos que habían
ocupado, habían, uno como el otro,
en un periodo entre todos difícil,
dado el ejemplo de la continuidad de acción
de los grandes funcionarios. Gaudin, denunciado
sin cesar durante la Revolución,
hacía frente obstinadamente en
interés del Tesoro, incluso cuando
su despacho había sido invadido
por la turba desencadenada. En fructidor
del año V Barbé-Marbois
había sido deportado a Guyana.
Un poco menos pintoresco, Mollien, sucesor
de Barbé-Marbois en el Tesoro,
recibe él también el gran
cordón de la Legión de Honor.
Este hombre fundamentalmente honesto no
se enriquecerá jamás.
Napoleón abre esencialmente la
Orden a aquellos cuyos títulos
y el prestigio que les es atribuido designan
a su atención, a ejemplo de Tronchet,
el más grande jurista de su tiempo.
Tomará pues sus Legionarios en
las Asambleas y primero en el Consejo
de Estado con sus más de 50 miembros
condecorados de los cuales una decena
se hacen dignatarios, entre ellos Cambacérès,
Français de Nantes, Merlin de Douai,
y, no olvidado por el Emperador agradecido,
el senador futuro conde de Imperio Roger
Ducos, el ex Cónsul que había
contribuido, con Siéyès,
a su accesión al poder los días
18 y 19 de brumario del año VIII.
Es de notar la nominación al grado
de caballero y al título de miembro
de la Convención y de los Quinientos,
de Jean-Baptiste Drouet, hijo del jefe
de correos de Sainte-Ménéhould
quien, el 22 de junio de 1791 en Varennes,
en Argonne, puso fin al desatino de Luis
XVI. Jean-Baptiste Drouet terminará
su carrera como subprefecto de Imperio.
El cuerpo de los funcionarios, sobre el
cual reposan las bases de la nueva Francia,
se ve relativamente favorecido. Fouché
a la cabeza por supuesto, luego al lado
de los prefectos de policía Pasquier
y del Sena Frochot, más de 150
prefectos se convierten en caballeros,
oficiales o comandantes, así como
133 alcaldes, de los cuales casi todos
los de París, de las grandes ciudades
de Francia y de los territorios anexados.
Las Relaciones exteriores, hoy los «
Asuntos extranjeros » son igualmente
aventajados con unos sesenta Legionarios
de todos los grados como Bourgoin, d’Ornano,
Mercy d’Argenteau y Mathieu de Lesseps.
Los directores de las grandes administraciones
figuran en este palmarés con Guillemot
en las Manufacturas, Marcel en la Imprenta
Nacional, Lavallette en los Correos y
Museos.
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Primera
distribución
de la Legión
de Honor, instituida
por el Emperador,
el 15 de julio de
1804 en la capilla
de los
Inválidos
El
15 de julio de 1804,
en el patio de honor
de Los Inválidos,
el Emperador Napoleón
condecoró a
sus mariscales, los
altos dignatarios
civiles del Imperio,
y también al
grognard
Jean-Roch Coignet.
Aquí, hace
entrega de las insignias
de caballero al gran
matemático
Gaspard Monge. Cuadro
de Jean-Baptiste Debret. |
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La Legión
de Honor se abre de también a los
talentos: entre los 620 civiles recibidos
el 15 de julio de 1804 algunos nombres
resplandecen con un brillo particular:
Los d | | | |