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Círculo Austerlitz; Office National des Anciens Combattants, O.N.A.C.
El Listón Rojo - Le Ruban Rouge.
 
Versión en castellano EL CÍRCULO ESTABA PRESENTE EN AUSTERLITZ Version en Français
Para el bicentenario de la victoria de la batalla de los tres emperadores
El Sol de Austerlitz, fotografiado desde el campo de batalla
Textos de
Philippe Bagur, Danièle y André Bessière, Patrick Hefner, Marie-France y Julien Orti, Claude Poillerat, y Robert Remaud.
Traducción al castellano de la Francósfera México-Francia ©
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Aquel día viernes 2 de diciembre de 2005, día del bicentenario de la batalla, la salida fue matinal pues íbamos a visitar el castillo de Austerlitz donde teníamos cita antes de la apertura al público. Una temperatura glacial, - 9°, un ligera neblina que velaba el paisaje, eran todos y cada uno signos anunciadores de una bella jornada…

El castillo de la pequeña ciudad de Slavkov u Brna (Austerlitz en checo). El camino que conduce a él está helado, el paisaje fundido en la bruma. A nuestra llegada, cada quien se calza un par de zapatillas protectoras y la visita comienza. Los orígenes de este castillo barroco remontan al siglo XIII. Su historia primero estuvo marcada por las actividades de la Orden de los caballeros teutónicos que hicieron edificar ahí una de sus bases fortificadas. Las remodelaciones del antiguo bastión en residencia más espaciosa con elementos de tipo Renacimiento datan de los siglos XV - XVI, cuando Slavkov se convirtió en una propiedad de la antigua familia aristocrática morava de los Kounic. Fue Dominique André Kounic, gran admirador de la corte francesa de la era de Luis XIV, quien emprendió trabajos audaces en la sede familiar. Confió al eminente arquitecto italiano, Domenico Martinelli, la edificación de un castillo barroco en el emplazamiento de la antigua residencia de estilo Renacimiento. Pudimos admirar los plafones decorados con los estucos de Santino Bussi y los frescos de Andrea Lanzani. Retratos de la familia Kounic ornan los muros. Atravesando el salón oriental, enseguida la Sala de las Mujeres antes de desembocar en la Sala de los ancestros, preciosa por su decoración de frescos en el plafón que representan a los dioses en el Olimpo, nos deteníamos, un poco emocionados, frente al balcón desde el cual Napoleón se dirigió a sus soldados, el 3 de diciembre y les significó esta arenga célebre: « … Os bastará decir: estuve en la batalla de Austerlitz… para que se os responda: ¡he aquí un valiente! ». En fin, la visita se termina con la sala de baile en donde tuvieron lugar, el 6 de diciembre, las negociaciones de paz entre Francia y Austria. Presenta una acústica única pues, una vez cerradas las puertas, nada puede filtrar al exterior.
A pesar del frío, fuimos a dar algunos pasos en el parque que rodea al castillo, llamado pequeño Versalles, joya de los jardines moravos.

El castillo de Austerlitz

Segunda etapa de nuestra jornada, la colina de Zurán, que acogió el puesto de comando de Napoleón. El Emperador pasó en él la noche precedente a la batalla en su carroza. Fue de ahí desde donde dio, el 2 de diciembre en la mañana, la orden de atacar en dirección de las alturas de Pratzen. Es un territorio de extraterritorialidad de la República francesa en República checa. Cuatro astas sobre las cuales flotan las banderas francesas, austriaca, rusa y checa rodean una suerte de altar sobre el cual una placa conmemorativa presenta un plan en relieve en bronce con las posiciones respectivas de los ejércitos. Ahí, teníamos cita con los reconstituyentes para asistir a una ceremonia de depósito de ramo de flores. El sol de Austerlitz estaba presente, el paisaje inmenso y revestido de blanco. Todo el mundo entonó en una sola voz « La Marsellesa ». La televisión francesa, presente en el sitio, filmó la ceremonia y entrevistó a algunos participantes.

La tarde estuvo consagrada al sitio del Molino Quemado (Spaleny Mlyn) donde Napoleón se encontró el 4 de diciembre con Emperador de Austria. Este sitio porta hoy en día una placa conmemorativa que recuerda esa « entremés apacible de dos horas [que terminó] la guerra sangrienta que tenían ». La entrevista ocurrió en un lugar de una gran simplicidad. Solo una fogata y un tronco de árbol que permitía sentarse suavizaron un poco las condiciones de este encuentro histórico en el que Napoleón acogió a Francisco II con estas palabras: « Os recibo en el único palacio que habito desde hace dos meses ».
Y, en fin, fue el descubrimiento del territorio en el que se desarrolló la batalla, terreno en forma de triángulo isósceles, inscrito en un rectángulo de 10 km por 12 km, y cuya punta está al sur, protegida por el curso del Zlatý potok (el Goldbach o Riachuelo de oro). Primer alto en Sokolnice que fue, con sus puntos de apoyo principales, es decir el granero para trigo, el castillo, y el criadero de faisanes, el centro de la defensa del ala sur del ejército francés. Cinco marcas en forma de cruz sobre el muro periférico del criadero de faisanes, cerca del camino que lleva a Kobylnice, designan el emplazamiento de cinco cañones franceses.

Segundo alto en Slapanice, donde se nos esperaba para la inauguración del monumento dedicado a los médicos y cirujanos franceses que se ilustraron durante la batalla. Participaban en esta ceremonia numerosas personalidades locales, rodeadas por reconstituyentes de soberbios uniformes. Tras el discurso, pequeño paseo en la casa donde permaneció el mariscal Soult, transformada en museo.
Última etapa de la jornada en Stara Posta, en Pozorice (el Viejo Correo) que fue construido 1785 y fue, el 28 de noviembre de 1805, el cuartel general de Murat. El 2 de diciembre de 1805, el general ruso Bagration tuvo en él su cuartel general. Después de la batalla, Napoleón durmió ahí y, el 3 de diciembre de 1805, recibió al príncipe de Liechtenstein para negociar el armisticio y preparar su entrevista con el Emperador Francisco I.

El Molino Quemado
P
laca que conmemora el encuentro de los emperadores de Francia y Austria, Napoleón I y Francisco I.

Un acogimiento excepcional nos esperaba, una salva de honor saludaba nuestra llegada. Rodeados de múltiples reconstituyentes y en medio del redoble de los tambores que entablaba una marcha militar, uno por uno fuimos condecorados con una medalla con la efigie de la « Stara Posta » en una cara y de los tres emperadores en la otra, por un soldado que nos hizo un saludo militar. Era impresionante. Estábamos fuera del tiempo.
Esta velada de Austerlitz la habíamos vivido con los reconstituyentes de todas nacionalidades, estadounidenses, checos, italianos, españoles, franceses. La misma pasión los anima y sentimos el placer que tenían al reunirse para revivir las napoleónicas.
Repentinamente, gritos de « Viva el Emperador » fueron escandidos a hacer temblar los muros de esta histórica morada. « Napoleón », encarnado por el actor estadounidense Mark Schneider, nos visitaba. Espontáneamente una Marsellesa se elevó. El Viejo Correo de repente rejuveneció dos siglos.

La Señora Danièle Bessière, vicepresidente del Círculo Austerlitz, del brazo del actor estadounidense Mark Schneider.
 
El actor estadounidense Mark Schneider en su rol de Napoleón durante la reconstitución de la batalla.

El día siguiente 3 de diciembre, en dirección a Austerlitz/Slavkov distante de aproximadamente 40 km de Brno. El frío del día anterior (- 12°C) se atenuó y la temperatura es más clemente (0°C), sin viento, una ligera bruma envuelve el paisaje.
En las inmediaciones del campo de batalla, un tapete de nieve de 10 a 20 cm recubre la campiña. Después de un kilómetro de marcha, atravesamos el pequeño pueblo de Tvarozna a lo largo del cual los futuros reconstituyentes han vivaqueado valientemente toda la noche, en tiendas de tela, al calor de los fuegos de campo, de los caballos y por supuesto de la vodka.

Otro largo trayecto en la nieve para subir la colina del Santón, promontorio que domina casi todo el campo de batalla (10 km por 12), hasta los pueblos de Sokolnice y Teltnitz.

La colina del Santón y la capilla San Antonio
A la una de la tarde del 2 de diciembre de 1805, el Emperador Napoleón desplaza su puesto de comando a la capilla de San Antonio, en este promotorio del sur de la planicie. Será ahí donde de las últimas órdenes de la batalla; ahí también donde ulteriormente le es presentado un prisionero selecto, el barón de Wimpffen, oficial francés traidor, al servicio de Rusia. Su facha es lamentable; el Emperador le ofrece entonces una copa de vino, « de Francia », precisa...

Napoleón no asistió a la batalla de Austerlitz desde esta colina sino desde el cerro de Zurán, otro punto alto desde el cual dirigió la maniobra y envió a sus mensajeros conforme evolucionaba la batalla.
Hace 200 años y un día, 160.000 hombres de los dos ejércitos se batieron en los campos circundantes. El ejército francés, la « Gran Armada », fuerte de 75.000 hombres bajo el mando del Emperador de los franceses, que afrontaba al ejército coaligado austro-ruso, fuerte de 85.000 a 90.000 hombres, comandada por el mariscal Kutuzov en presencia del zar Alejandro I y del emperador de Austria Francisco II, de ahí la apelación de « BATALLA DE LOS TRES EMPERADORES ».

A pesar de la baja temperatura, rápido desayuno en la carpa cercana a las tribunas colocadas para seguir la conmemoración.
A las 13 horas el espectáculo comenzaba, con 300 caballos, 50 cañones, 3,000 figurantes en trajes militares multicolores de época y en presencia de grupos de reconstitución de los ejércitos inglés, bávaro, prusiano, polaco, sajón, italiano y de 30,000 espectadores admirando a un soberbio Napoleón y un Soult ruso en la persona de Oleg Sokolov, presidente de la asociación rusa de Historia militar.

El campo de batalla de Austerlitz visto desde la colina del Santón
 
El campo de batalla al amanecer y, al fondo, el Sol de Austerlitz

Los ataques de los jinetes, el ruido infernal de los cañones, los tiroteos y la metralla nos dieron la impresión de estar en medio de la batalla.
En el humo espeso y la neblina, los soldados avanzaban en líneas muy cerradas, unos junto a otros, armando sus fusiles sin cesar para un tiro continuo, al son del pífano y de los tambores, tras los pasos de sus banderas.
Respiramos la pólvora y vivimos el ataque de los ejércitos austriacos y rusos que trataban de contornar a la armada de Napoleón por la derecha (su ala supuestamente más débil) y enseguida el contraataque de los soldados franceses en pleno centro del ejército coaligado, cortándolo en dos y forzándolo a dejar el campo de batalla, en orden más o menos disperso, dejando atrás a unos 4,000 muertos, 1,200 heridos, 45 banderas, 186 cañones y 11,000 prisioneros.
La Gran Armada fue amputada de 9,700 heridos y 1,600 almas.
¡Napoleón podía estar orgulloso de sus tropas y de sus mariscales (Lannes, Davout, Soult, Murat, Bernadotte, Bessières, Oudinot….) que acababan de llevarse una victoria prestigiosa y decisiva que puso un término a la 3ª coalición!

Por supuesto recordamos la bravura de los soldados, su valor, sin olvidar que ante todo fue una victoria por anticipado del Emperador que había previsto todas las opciones posibles de la ofensiva austro-rusa.
Estaba seguro de una victoria más o menos rápida.
Fue un triunfo.

 
Escenas de la reconstitución histórica por el bicentenario de la batalla de Austerlitz, el 2 de diciembre de 2005

Un desfile de las tropas, y luego un fuego de artificio firmaban el final de esta magnífica reconstitución.

Los pies fríos y con una gota en la nariz, fatigados pero felices de haber pasado algunos instantes en 1805, el sentimiento general dominante para todos nosotros era evidente: ese día quedaría grabado en nuestra memoria y nosotros conservaríamos un recuerdo inolvidable.
« Os bastará decir, yo estaba en Austerlitz, para que se os responda: he aquí un valiente », declaró por cierto nuestro Presidente, retomando las palabras de Napoleón a sus combatientes, el día siguiente de la victoria.
Recibidos en delegación oficial en el castillo de Austerlitz, por el Señor Alcalde de la ciudad, hermanada con la ciudad de Darney en los Vosgos, esta frase histórica, la teníamos todavía en mente imaginando la escena que se llevó a cabo en la pieza donde fue firmado el armisticio después de la batalla, que da al balcón en donde el Emperador pronunció esta famosa declaración.

Reconstitución de la batalla: elementos de la caballería y batallones formados en cuadro durante las maniobras
 

Para la última etapa y última jornada de esta conmemoración, como las divisiones de los generales Vandame y Saint Hilaire, escalamos la famosa planicie, siendo así capaces de imaginar lo que pudieron haber soportado los hombres de la Gran Armada el 2 de diciembre de 1805.
Llegados a la cima, nos apresuramos a llegar al Monumento de la Paz donde todos los ejércitos estaban representados e impecablemente reunidos.
El momento era solemne y pleno de emoción para nosotros, esparcidos entre la muchedumbre pero unidos por el mismo sentimiento. Después de una bendición de los representantes religiosos, el desfile se llevó a cabo, grandioso, y… como dice la canción… los vimos, a los húsares, los dragones, la Guardia… y nuestros ojos no podían más de mirar por doquier a la vez.
¡Esos hombres de todos los países del mundo reunidos en uniformes diversos para rendir homenaje a quienes cayeron hace doscientos años, fue un instante particularmente emotivo!
Después de los últimos vivos y vibrantes « viva el Emperador », dejamos ese insigne sitio mítico con el sentimiento de haber celebrado la PAZ a la par de haber conmemorado la histórica batalla.
Habíamos vivido un evento fuera de lo común y nos sentíamos orgullosos de ser franceses.
En esta República checa, en los lugares mismos de la batalla, habíamos tenido la impresión de acercarnos a las raíces de Europa. En efecto, bajo el uniforme de los grognards de la guardia, soldados de infantería de la línea o el de los jinetes de dragones o aún de los húsares, se hallaban evidentemente franceses, pero descubrimos igualmente ingleses, belgas, españoles, holandeses, rusos, checos, así como estadounidenses. Los austriacos evocaban no menos auténticamente al « ejército coaligado », contando ellos también entre sus rangos a rusos y checos.
El acudimiento de la muchedumbre de espectadores bajo las carpas nos permitió igualmente conocer italianos.

Esta impresionante fraternización de los pueblos, particularmente sentida en el transcurso de la ceremonia que se llevó a cabo frente a la capilla en cuyo interior se halla un osario bajo una losa grabada con las palabras « Paz-Honor », quedará para nosotros como el momento fuerte de esos cuatro días.
Entonces, una última vez, unimos nuestras voces al entusiasmo colectivo…

El Monumento a la Paz
Este monumento de una altura de 26 metros fue construido por iniciativa del cura Alois Slovak. En su interior, resguarda una hermosa capilla de estilo Art Nouveau y por fuera presenta cuatro estatuas que simbolizan a los héroes de los ejércitos francés, austriaco, ruso y del pueblo moravo.
Desde este punto decisivo, el 2 de diciembre de 1805 a las 11 horas, el IV batallón francés comandado por el Mariscal Soult atacó el centro de los ejércitos aliados y se apoderó de las alturas de la planicie de Pratzen.

¡¡¡VIVA EL EMPERADOR!!!

 
Círculo Austerlitz: "Honneur et Patrie".