| LOS
ÍCONOS EN EL OCÉANO
DE LA HISTORIA |
| NAPOLEÓN
Y LA PORCELANA, OBJETO DE MEMORIA |
|
Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
al público de manera gratuita
y puede ser reproducida con fines
no lucrativos, siempre y cuando
no sea mutilada, se cite la fuente
completa y su dirección electrónica.
De otra forma, requiere permiso
previo por escrito de la institución.
|
Hace
un poco menos de dos siglos (de 1815 a 1821)
Napoleón, desde ese momento el convertido
en el mejor enemigo de Inglaterra,
aprendía la vida de cautivo en Longwood
en compañía de una corte recuperada.
Este veterano de todas las guerras no estaba
totalmente desprovisto pues, rodeado de
objetos de recuerdo como la platería
y los servicios de Sèvres utilizados
antaño en las Tullerías,
dictaba versiones de la Historia «
a fin de que los lectores escogieran según
su gusto y se creasen en el futuro Napoleones
a su guisa » (Memorias de ultratumba,
Chateaubriand).
Esta memoria tejida estimuló la imaginación
y dirige todavía nuestros pensamientos
hacia la isla de Santa Helena donde se encuentra
desde entonces un mundo pleno de imágenes.
El Emperador dio así cuerpo a nuevos
sueños, fiel a lo que había
experimentado de la comunicación
durante la Campaña de Italia. La
voluntad de formar la opinión y de
ofrecer objetos de memoria fue una constante
del régimen napoleónico. La
gente piensa generalmente que esta propaganda
es el hecho de un orden dictatorial que
se impone, cuando Napoleón nunca
se despegó de las ideas forjadas
por la Revolución francesa. Para
resumir, Chateaubriand escribió que
« subido al trono, hizo sentarse ahí
al pueblo junto con él ». La
ornamentación de la porcelana ilustra
esta comunicación organizada al hilo
de las circunstancias históricas
para que la nación entera participara
en la epopeya.
LA
PORCELANA SÍMBOLO DEL PODER
Desde su
fundación, en 1756, la manufactura
de porcelana de Sèvres produjo servicios
de mesa para el uso exclusivo de la Corte.
Una realización de las más
notables es el Servicio Luis XVI
(1783) cuyos motivos de decorado tienen
un significado político y cultural.
Es generalmente el caso, como lo constatamos
para el Servicio arabesco de inspiración
« Etrusca » ornamentado con
motivos retomados de la antigüedad
romana por petición de María
Antonieta, quien emplea entonces a artistas
como Hubert Robert (llamado Robert des
ruines – « Robert de las
Ruinas » – por sus paisajes
llenos de ruinas antiguas).
Las ilustraciones
son consagradas a la gloria del rey y del
país, y los objetos manufacturados
contribuyen por su magnificencia a servir
a la economía francesa. Sucede lo
mismo durante el
Consulado y el Imperio y, a primera
vista, la porcelana de Sèvres ofrece
entonces grandes similitudes con la del
Antiguo Régimen. Ciertas particularidades
dan, sin embargo la ocasión de percibir
los fundamentos de una modernidad que se
instala a partir de la Revolución,
habiendo el espíritu revolucionario
juzgado al arte de Antiguo Régimen
como un arte « corrompido ».
Se tuvo
entonces que purgar aquel arte e introducir
más rigor en el estilo. Los motivos
son escogidos desde ese instante por su
relación con la historia del momento
y se vuelven políticamente comprometidos.
Durante el Imperio, A.-L. Millin en su «
Introducción al conocimiento de los
jarrones pintados » (1811) (1) ensalzó
la manera como la antigüedad glorificaba
a sus héroes guerreros a través
de la ornamentación, en acuerdo con
el modo en que Napoleón utiliza entonces
la porcelana de Sèvres. Aprecia a
la Roma antigua que se apropió los
jarrones griegos tras la derrota de Filipo
de Macedonia como Napoleón lo hace
con los jarrones griegos de Roma. El Emperador
perpetúa una tradición y toma
el relevo de la antigüedad. El jefe
del clan familiar de los Bonaparte añade
a esta impronta la implementación
de una ornamentación doméstica
para la nueva sociedad que se instala. La
burguesía, que preconiza orden y
razón, halla en la porcelana la materia
propia para expresar su buena educación.
Rechaza los excesos de cursilería
del estilo « rococó »
y adopta en reacción el neoclasicismo
de Jacques Louis David (1748-1825) que encarna
una vena escueta de ese estilo cuya sobriedad
del colorido produce un relieve vigoroso.
LA
INDUSTRIA DE LA PORCELANA INGLESA
En el momento
en que Francia reorganiza con más
igualdad la vida cotidiana de la aristocracia
y de la burguesía, Inglaterra funda
su poderío sobre una economía
« de consumo ». Nuevos productos
aparecen en el mercado a fin de satisfacer
una demanda que evoluciona sin cesar «
según los caprichos de la imaginación
». Según McKendrick, este deseo
perpetuo sería alimentado por el
nacimiento de fenómenos culturales
particulares (2). Este hecho no es nuevo
en el siglo, así se pudo observar
en los Flandes del siglo XVII que había
tantos pintores de oficio como panaderos,
esto porque los comerciantes y los aristócratas
eran entonces todos verdaderos coleccionistas
de pinturas (3). Lo que es nuevo, en Inglaterra
en el siglo XVIII, es la democratización
del consumo de bienes que son producidos
industrialmente. McKendrick avanza la idea
de una emulación que ya no está
frenada por la moral y que se ve especialmente
atizada por los deseos femeninos: The
impulse of desire was the steam in the economic
machine (4).
El ejemplo
es dado por la manufactura de Josiah Wedgwood
que, para el consumo de té, responde
a una demanda latente de productos refinados.
La realización de servicios de porcelana
con una ornamentación que esté
en el aire del tiempo se impone y labra
la fortuna de Josiah Wedgwood (1730-1795)
que no cesa de acrecentarse. Proveniente
de una dinastía de alfareros, Wedgwood
se impone a partir de 1759 gracias a la
producción de una cerámica
dura que se presta a la aplicación
mecánica de decorados. Amplió
de esta manera a su clientela y su servicio
de té de color crema obtiene en 1765
los favores de la reina Carlota (esposa
de Jorge III). Los progresos técnicos
van acompañados de una evolución
de la marca de fábrica firmada con
el objetivo de definir bien a estos objetos
buscados. El éxito de esta loza fina
le permite abrir en 1768 una poderosa manufactura,
Etruria, para explotar su invento
de los « jaspes ».
Los « jaspes » de Wedgwood son
cerámicas de gres, duras e impermeables
que difieren de las porcelanas pues son
opacas y mates. Estas piezas son lo suficientemente
duras para no ser rayadas por el acero.
A esta calidad, los « jaspes »
añaden un decorado que reproduce
con fortuna los objetos antiguos. Decorados
con figuras pintadas con un esmalte especial,
los jarrones llamados « basaltos »
(cuando son de color negro) imitan a los
jarrones griegos de figuras rojas. La materia
naturalmente blanca está tintada
secundariamente de manera uniforme. Estos
objetos de color pueden estar decorados
con relieves blancos a la antigua para producir
bustos, jarrones, placas, vajilla, retratos
en medallón, entallados (5) y cameos.
APLICARSE
A LO QUE ES INMORTAL
|
 |
|
Jarrón Barberini |
El
jarrón Barberini
sirvió de «
commodity » económica
a una regla de mercadotecnia
que superpone un signo
moderno (el jaspe azul
o negro Wedgwood) a la
obra de arte antigua.
Dibujo según el
grabado del Magasin
Pittoresque 1835
t.III, p. 204. ©
Bernard Puech. |
|
|
|
Es
una preocupación del arte de
todos los países de Europa
que buscan reanudar con el clasicismo.
Las ornamentaciones hallan entonces
un tono « arqueológico
» y cada nación cuenta
algo. Así, Wedgwood confió
a John Flaxman la misión de
copiar una vitrificación romana
muy reputada, el jarrón antiguo
Barberini (o jarrón Portland)
comprado por Sir William Hamilton,
embajador de Inglaterra en Nápoles.
Es tan excepcional que había
llamado la atención en el siglo
precedente de todos los anticuarios
y de artistas como Rubens, Wedgwood
hace de él el tipo de la producción
de los « jaspes » de la
Inglaterra antiquizante que reactivan
la « novela del viaje »
cara a todos los ingleses.
En
Francia, el arte oficial neoclásico
« Directorio » hace visible
una identidad nacional que se construye
en las Tullerías y Bonaparte
inaugura el 7 de noviembre de 1800
el Museo de Antigüedades constituido
en lo esencial del botín de
las campañas de Italia. En
1802, durante las negociaciones de
paz, el Primer
Cónsul visita en compañía
de Charles Fox (futuro ministro de
los Asuntos extranjeros ingleses)
la Exposición Industrial en
el Louvre. Se regocijan de la prosperidad
de los productos manufacturados: sedería,
ebanistería, relojería,
orfebrería o cerámica.
John Flaxman admira ahí los
tesoros de la manufactura de Sèvres
pero detesta su encuentro con el gran
orden clásico de David, tan
alejado de la fiebre de los negocios.
La paz favorece entonces el comercio
y algunos años más tarde,
en 1806, todo París no habla
más que de la decoración,
guiada por Josefina, del nuevo hotel
de Beauharnais en la calle de Lille.
A propósito del interés
de estos nuevos íconos, un
folleto explica que « estos
descubrimientos tienden a acercar
más de todas las clases del
pueblo las cosas precisas para sus
necesidades, y a proporcionárselas
de mejor calidad y a menor precio...
». El estilo Imperio interpreta
libremente lo antiguo y añade
al neoclásico la influencia
del Egipto antiguo como lugar de peregrinaje
de la Expedición.
Así el objeto de porcelana
es como una memoria inmediata que
hace ver el mundo de otra manera.
|
Es una preocupación
del arte de todos los países de Europa
que buscan reanudar con el clasicismo. Las
ornamentaciones hallan entonces un tono
«arqueológico»
y cada nación cuenta algo. Así,
Wedgwood confió a John Flaxman la
misión de copiar una vitrificación
romana muy reputada, el jarrón antiguo
Barberini (o jarrón Portland) comprado
por Sir William Hamilton, embajador de Inglaterra
en Nápoles. Es tan excepcional que
había llamado la atención
en el siglo precedente de todos los anticuarios
y de artistas como Rubens, Wedgwood hace
de él el tipo de la producción
de los « jaspes » de la Inglaterra
antiquizante que reactivan la « novela
del viaje » cara a todos los ingleses.
En Francia,
el arte oficial neoclásico «
Directorio » hace visible una identidad
nacional que se construye en las Tullerías
y Bonaparte inaugura el 7 de noviembre de
1800 el Museo de Antigüedades constituido
en lo esencial del botín de las campañas
de Italia. En 1802, durante las negociaciones
de paz, el Primer Cónsul visita en
compañía de Charles Fox (futuro
ministro de los Asuntos extranjeros ingleses)
la Exposición Industrial en el Louvre.
Se regocijan de la prosperidad de los productos
manufacturados: sedería, ebanistería,
relojería, orfebrería o cerámica.
John Flaxman admira ahí los tesoros
de la manufactura de Sèvres pero
detesta su encuentro con el gran orden clásico
de David, tan alejado de la fiebre de los
negocios. La paz favorece entonces el comercio
y algunos años más tarde,
en 1806, todo París no habla más
que de la decoración, guiada por
Josefina, del nuevo hotel de Beauharnais
en la calle de Lille. A propósito
del interés de estos nuevos íconos,
un folleto explica que « estos descubrimientos
tienden a acercar más de todas las
clases del pueblo las cosas precisas para
sus necesidades, y a proporcionárselas
de mejor calidad y a menor precio... ».
El estilo Imperio interpreta libremente
lo antiguo y añade al neoclásico
la influencia del Egipto antiguo como lugar
de peregrinaje de la Expedición.
Así el objeto de porcelana es como
una memoria inmediata que hace ver el mundo
de otra manera.
El Imperio
se afirma por medio de un discurso simple
y claro comprensible por todos y la repetición
de sus emblemas permite una intrusión
en la vida privada. Es el caso, por ejemplo,
de la abeja de los reyes merovingios que
remplaza a la flor de lis real. Esta imagen
sagrada tiene como función dar a
los combates de Napoleón una dimensión
histórica y colectiva, a imagen de
un enjambre de panal. El Imperio, heredero
de la Antigüedad, difunde los signos
de la victoria: la hoja de laurel, la palma,
el escudo, el trofeo militar. El estilo
reúne por consiguiente los símbolos
del poder y de la gloria, de modo que, a
la partida de Napoleón, la Restauración
lo adopta haciendo simplemente evolucionar
los colores que se vuelven más delicados
con el amarillo, el blanco y el violeta.
Las imágenes del Emperador conforman
desde ese momento un hilo conductor que
atraviesa las vicisitudes de la época.
Un hecho significativo de este fenómeno
es dado por la rosca de reyes. Si la historia
de dicha rosca empieza en la época
romana, el rito de este pastel que comporta
una haba, y que deleitó a los sujetos
del rey de Francia hasta Luis XVI antes
de ser vendido por los revolucionarios bajo
el nombre de « pastel de la igualad
», persiste en nuestro días
con diversos sujetos de porcelana entre
los cuales se encuentran « habas »
con la efigie de Napoleón.
Se puede elegir un rey del festín...
así sea éste republicano,
bonapartista o eventualmente realista, y
proporcionar así la oportunidad de
añadir a las realidades de la existencia,
la de los placeres de la imaginación.
NOTAS:
1) Introduction
à la connaissance des vases peints.
2) McKendrik N. t al. 1982, The Birth
of a Consumer Society: The Commercialization
of Eighteenth-Century England; Bloomington:
Indiana University Press, 346 páginas.
3) Ver http://www.bozar.be,
expediente « Da Van Dyck a Belloto
».
4) « El impulso del deseo era el vapor
en la máquina económica »
5) Grabados y piedras preciosas tallados
en hueco.