Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
LOS ÍCONOS EN EL OCÉANO DE LA HISTORIA
NAPOLEÓN Y LA PORCELANA, OBJETO DE MEMORIA

Por los doctores

Pierre-François Puech (HDR)
y Bernard Puech (MD)

El Dr. Pierre-François Puech, Miembro de Honor del Comité Científico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Pierre-F. Puech
 
Bernard Puech
 

Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Hace un poco menos de dos siglos (de 1815 a 1821) Napoleón, desde ese momento el convertido en el mejor enemigo de Inglaterra, aprendía la vida de cautivo en Longwood en compañía de una corte recuperada. Este veterano de todas las guerras no estaba totalmente desprovisto pues, rodeado de objetos de recuerdo como la platería y los servicios de Sèvres utilizados antaño en las Tullerías, dictaba versiones de la Historia « a fin de que los lectores escogieran según su gusto y se creasen en el futuro Napoleones a su guisa » (Memorias de ultratumba, Chateaubriand).
Esta memoria tejida estimuló la imaginación y dirige todavía nuestros pensamientos hacia la isla de Santa Helena donde se encuentra desde entonces un mundo pleno de imágenes. El Emperador dio así cuerpo a nuevos sueños, fiel a lo que había experimentado de la comunicación durante la Campaña de Italia. La voluntad de formar la opinión y de ofrecer objetos de memoria fue una constante del régimen napoleónico. La gente piensa generalmente que esta propaganda es el hecho de un orden dictatorial que se impone, cuando Napoleón nunca se despegó de las ideas forjadas por la Revolución francesa. Para resumir, Chateaubriand escribió que « subido al trono, hizo sentarse ahí al pueblo junto con él ». La ornamentación de la porcelana ilustra esta comunicación organizada al hilo de las circunstancias históricas para que la nación entera participara en la epopeya.

 

LA PORCELANA SÍMBOLO DEL PODER

Desde su fundación, en 1756, la manufactura de porcelana de Sèvres produjo servicios de mesa para el uso exclusivo de la Corte. Una realización de las más notables es el Servicio Luis XVI (1783) cuyos motivos de decorado tienen un significado político y cultural. Es generalmente el caso, como lo constatamos para el Servicio arabesco de inspiración « Etrusca » ornamentado con motivos retomados de la antigüedad romana por petición de María Antonieta, quien emplea entonces a artistas como Hubert Robert (llamado Robert des ruines – « Robert de las Ruinas » – por sus paisajes llenos de ruinas antiguas).

Las ilustraciones son consagradas a la gloria del rey y del país, y los objetos manufacturados contribuyen por su magnificencia a servir a la economía francesa. Sucede lo mismo durante el Consulado y el Imperio y, a primera vista, la porcelana de Sèvres ofrece entonces grandes similitudes con la del Antiguo Régimen. Ciertas particularidades dan, sin embargo la ocasión de percibir los fundamentos de una modernidad que se instala a partir de la Revolución, habiendo el espíritu revolucionario juzgado al arte de Antiguo Régimen como un arte « corrompido ».

Se tuvo entonces que purgar aquel arte e introducir más rigor en el estilo. Los motivos son escogidos desde ese instante por su relación con la historia del momento y se vuelven políticamente comprometidos. Durante el Imperio, A.-L. Millin en su « Introducción al conocimiento de los jarrones pintados » (1811) (1) ensalzó la manera como la antigüedad glorificaba a sus héroes guerreros a través de la ornamentación, en acuerdo con el modo en que Napoleón utiliza entonces la porcelana de Sèvres. Aprecia a la Roma antigua que se apropió los jarrones griegos tras la derrota de Filipo de Macedonia como Napoleón lo hace con los jarrones griegos de Roma. El Emperador perpetúa una tradición y toma el relevo de la antigüedad. El jefe del clan familiar de los Bonaparte añade a esta impronta la implementación de una ornamentación doméstica para la nueva sociedad que se instala. La burguesía, que preconiza orden y razón, halla en la porcelana la materia propia para expresar su buena educación. Rechaza los excesos de cursilería del estilo « rococó » y adopta en reacción el neoclasicismo de Jacques Louis David (1748-1825) que encarna una vena escueta de ese estilo cuya sobriedad del colorido produce un relieve vigoroso.

 

LA INDUSTRIA DE LA PORCELANA INGLESA

En el momento en que Francia reorganiza con más igualdad la vida cotidiana de la aristocracia y de la burguesía, Inglaterra funda su poderío sobre una economía « de consumo ». Nuevos productos aparecen en el mercado a fin de satisfacer una demanda que evoluciona sin cesar « según los caprichos de la imaginación ». Según McKendrick, este deseo perpetuo sería alimentado por el nacimiento de fenómenos culturales particulares (2). Este hecho no es nuevo en el siglo, así se pudo observar en los Flandes del siglo XVII que había tantos pintores de oficio como panaderos, esto porque los comerciantes y los aristócratas eran entonces todos verdaderos coleccionistas de pinturas (3). Lo que es nuevo, en Inglaterra en el siglo XVIII, es la democratización del consumo de bienes que son producidos industrialmente. McKendrick avanza la idea de una emulación que ya no está frenada por la moral y que se ve especialmente atizada por los deseos femeninos: The impulse of desire was the steam in the economic machine (4).

El ejemplo es dado por la manufactura de Josiah Wedgwood que, para el consumo de té, responde a una demanda latente de productos refinados. La realización de servicios de porcelana con una ornamentación que esté en el aire del tiempo se impone y labra la fortuna de Josiah Wedgwood (1730-1795) que no cesa de acrecentarse. Proveniente de una dinastía de alfareros, Wedgwood se impone a partir de 1759 gracias a la producción de una cerámica dura que se presta a la aplicación mecánica de decorados. Amplió de esta manera a su clientela y su servicio de té de color crema obtiene en 1765 los favores de la reina Carlota (esposa de Jorge III). Los progresos técnicos van acompañados de una evolución de la marca de fábrica firmada con el objetivo de definir bien a estos objetos buscados. El éxito de esta loza fina le permite abrir en 1768 una poderosa manufactura, Etruria, para explotar su invento de los « jaspes ».
Los « jaspes » de Wedgwood son cerámicas de gres, duras e impermeables que difieren de las porcelanas pues son opacas y mates. Estas piezas son lo suficientemente duras para no ser rayadas por el acero. A esta calidad, los « jaspes » añaden un decorado que reproduce con fortuna los objetos antiguos. Decorados con figuras pintadas con un esmalte especial, los jarrones llamados « basaltos » (cuando son de color negro) imitan a los jarrones griegos de figuras rojas. La materia naturalmente blanca está tintada secundariamente de manera uniforme. Estos objetos de color pueden estar decorados con relieves blancos a la antigua para producir bustos, jarrones, placas, vajilla, retratos en medallón, entallados (5) y cameos.

 

APLICARSE A LO QUE ES INMORTAL

Jarrón Barberini
El jarrón Barberini sirvió de « commodity » económica a una regla de mercadotecnia que superpone un signo moderno (el jaspe azul o negro Wedgwood) a la obra de arte antigua. Dibujo según el grabado del Magasin Pittoresque 1835 t.III, p. 204. © Bernard Puech.

Es una preocupación del arte de todos los países de Europa que buscan reanudar con el clasicismo. Las ornamentaciones hallan entonces un tono « arqueológico » y cada nación cuenta algo. Así, Wedgwood confió a John Flaxman la misión de copiar una vitrificación romana muy reputada, el jarrón antiguo Barberini (o jarrón Portland) comprado por Sir William Hamilton, embajador de Inglaterra en Nápoles. Es tan excepcional que había llamado la atención en el siglo precedente de todos los anticuarios y de artistas como Rubens, Wedgwood hace de él el tipo de la producción de los « jaspes » de la Inglaterra antiquizante que reactivan la « novela del viaje » cara a todos los ingleses.

En Francia, el arte oficial neoclásico « Directorio » hace visible una identidad nacional que se construye en las Tullerías y Bonaparte inaugura el 7 de noviembre de 1800 el Museo de Antigüedades constituido en lo esencial del botín de las campañas de Italia. En 1802, durante las negociaciones de paz, el Primer Cónsul visita en compañía de Charles Fox (futuro ministro de los Asuntos extranjeros ingleses) la Exposición Industrial en el Louvre. Se regocijan de la prosperidad de los productos manufacturados: sedería, ebanistería, relojería, orfebrería o cerámica. John Flaxman admira ahí los tesoros de la manufactura de Sèvres pero detesta su encuentro con el gran orden clásico de David, tan alejado de la fiebre de los negocios. La paz favorece entonces el comercio y algunos años más tarde, en 1806, todo París no habla más que de la decoración, guiada por Josefina, del nuevo hotel de Beauharnais en la calle de Lille. A propósito del interés de estos nuevos íconos, un folleto explica que « estos descubrimientos tienden a acercar más de todas las clases del pueblo las cosas precisas para sus necesidades, y a proporcionárselas de mejor calidad y a menor precio... ». El estilo Imperio interpreta libremente lo antiguo y añade al neoclásico la influencia del Egipto antiguo como lugar de peregrinaje de la Expedición. Así el objeto de porcelana es como una memoria inmediata que hace ver el mundo de otra manera.

Es una preocupación del arte de todos los países de Europa que buscan reanudar con el clasicismo. Las ornamentaciones hallan entonces un tono «arqueológico» y cada nación cuenta algo. Así, Wedgwood confió a John Flaxman la misión de copiar una vitrificación romana muy reputada, el jarrón antiguo Barberini (o jarrón Portland) comprado por Sir William Hamilton, embajador de Inglaterra en Nápoles. Es tan excepcional que había llamado la atención en el siglo precedente de todos los anticuarios y de artistas como Rubens, Wedgwood hace de él el tipo de la producción de los « jaspes » de la Inglaterra antiquizante que reactivan la « novela del viaje » cara a todos los ingleses.

En Francia, el arte oficial neoclásico « Directorio » hace visible una identidad nacional que se construye en las Tullerías y Bonaparte inaugura el 7 de noviembre de 1800 el Museo de Antigüedades constituido en lo esencial del botín de las campañas de Italia. En 1802, durante las negociaciones de paz, el Primer Cónsul visita en compañía de Charles Fox (futuro ministro de los Asuntos extranjeros ingleses) la Exposición Industrial en el Louvre. Se regocijan de la prosperidad de los productos manufacturados: sedería, ebanistería, relojería, orfebrería o cerámica. John Flaxman admira ahí los tesoros de la manufactura de Sèvres pero detesta su encuentro con el gran orden clásico de David, tan alejado de la fiebre de los negocios. La paz favorece entonces el comercio y algunos años más tarde, en 1806, todo París no habla más que de la decoración, guiada por Josefina, del nuevo hotel de Beauharnais en la calle de Lille. A propósito del interés de estos nuevos íconos, un folleto explica que « estos descubrimientos tienden a acercar más de todas las clases del pueblo las cosas precisas para sus necesidades, y a proporcionárselas de mejor calidad y a menor precio... ». El estilo Imperio interpreta libremente lo antiguo y añade al neoclásico la influencia del Egipto antiguo como lugar de peregrinaje de la Expedición. Así el objeto de porcelana es como una memoria inmediata que hace ver el mundo de otra manera.

El Imperio se afirma por medio de un discurso simple y claro comprensible por todos y la repetición de sus emblemas permite una intrusión en la vida privada. Es el caso, por ejemplo, de la abeja de los reyes merovingios que remplaza a la flor de lis real. Esta imagen sagrada tiene como función dar a los combates de Napoleón una dimensión histórica y colectiva, a imagen de un enjambre de panal. El Imperio, heredero de la Antigüedad, difunde los signos de la victoria: la hoja de laurel, la palma, el escudo, el trofeo militar. El estilo reúne por consiguiente los símbolos del poder y de la gloria, de modo que, a la partida de Napoleón, la Restauración lo adopta haciendo simplemente evolucionar los colores que se vuelven más delicados con el amarillo, el blanco y el violeta. Las imágenes del Emperador conforman desde ese momento un hilo conductor que atraviesa las vicisitudes de la época.
Un hecho significativo de este fenómeno es dado por la rosca de reyes. Si la historia de dicha rosca empieza en la época romana, el rito de este pastel que comporta una haba, y que deleitó a los sujetos del rey de Francia hasta Luis XVI antes de ser vendido por los revolucionarios bajo el nombre de « pastel de la igualad », persiste en nuestro días con diversos sujetos de porcelana entre los cuales se encuentran « habas » con la efigie de Napoleón.
Se puede elegir un rey del festín... así sea éste republicano, bonapartista o eventualmente realista, y proporcionar así la oportunidad de añadir a las realidades de la existencia, la de los placeres de la imaginación.

NOTAS:

1) Introduction à la connaissance des vases peints.
2) McKendrik N. t al. 1982, The Birth of a Consumer Society: The Commercialization of Eighteenth-Century England; Bloomington: Indiana University Press, 346 páginas.
3) Ver http://www.bozar.be, expediente « Da Van Dyck a Belloto ».
4) « El impulso del deseo era el vapor en la máquina económica »
5) Grabados y piedras preciosas tallados en hueco.