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«
Tengo la intención
de hacer de París la más
bella capital del mundo »
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Napoleón
I. |
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| El
Arco de Triunfo de
la Plaza de la Estrella,
en París |
En
1806, el Emperador Napoleón
confía al arquitecto
Jean-François Chalgrin
(1739-1811) la construcción
de un arco a la gloria de
los ejércitos franceses.
El monumento es comenzado
en 1806, pero interrumpido
a causa de las invasiones
extranjeras. Su edificación
es retomada en 1825, y la
obra es terminada en 1836.
Su talla es monumental,
50 metros de altura y 45
metros de ancho. El 15 de
diciembre de 1840, el cortejo
fúnebre del Emperador
pasa debajo de él
en gran pompa. Es ahí
mismo, en este monumento
fundado por Napoleón
I, que es velado el 22 de
mayo de 1885 el cuerpo de
Víctor Hugo. Del
mismo modo, será
ahí donde el 11 de
noviembre de 1920 tenga
lugar la inhumación
de un soldado
desconocido caído
durante la I Guerra Mundial,
y tres años más
tarde una flama solemne
del recuerdo sea encendida
en memoria de los muertos
caídos en el campo
de honor. |
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NO
EXISTE UN SÓLO LUGAR
EN PARÍS QUE LLEVE EL
NOMBRE DE “NAPOLEÓN”
Una terrible injusticia que
debe ser reparada
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|
| Por
el Profesor |
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| E.
Garzón-Sobrado |
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«
Napoleón,
librado de toda leyenda y visto
bajo el ángulo de la estricta
verdad, es el único hombre
capaz, en este inicio de milenio,
de convertirse en un símbolo
universal.
La puesta en evidencia de sus hazañas,
de su gran sentido común,
de su asombrosa energía enteramente
consagrada a la mejora de las condiciones
de vida de las poblaciones de todas
razas y religiones, de su carisma,
de su espíritu de tolerancia
y de su voluntad permanente de paz,
será para los jefes de estado
un modelo a seguir y, para los pueblos
del mundo entero, un poderoso factor
de amistad, de entusiasmo y de unión
». |
Dr.
Ben Weider, Oficial de la Legión
de Honor
Presidente-fundador de la Sociedad
Napoleónica Internacional.
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En
la página 314 de su reconocida obra Napoléon,
publicado por Tallandier en 1969, el eminente André
Castelot sugería llamar la plaza
que circunda al Arco de Triunfo y que está
rodeada por los antiguos hoteles de los mariscales
« Plaza Napoleón
», una propuesta que si bien parecía
salir un tanto del contexto general de la obra,
distaba mucho de ser una simple ocurrencia anecdótica
o un mero capricho, una extravagancia del gran historiador
.
Varias décadas
más tarde, en el expediente « 2001,
année mondiale Napoléon
» (2001, año mundial Napoleón)
la Sociedad Napoleónica Internacional,
en Montreal, Canadá, a través de una
petición internacional dirigida a las autoridades
parisinas, puso en evidencia las ventajas que sacaría
el conjunto de la humanidad de un reconocimiento
pleno e íntegro de los grandes méritos
e inmortales
aportes del EMPERADOR
NAPOLEÓN I.
Por lo demás, se subrayó igualmente
una patente y dolorosa aberración que como
vemos no había escapado al ojo agudo del
Sr. Castelot, a saber que no existe una
sola calle o plaza de la capital de Francia que
ostente el nombre del héroe más grande
de la Historia de la humanidad.
Este extravío, por desgracia en nada fortuito,
ha sido objeto de indignación a lo largo
de los años, suscitando una abundante correspondencia
de parte de corresponsales del mundo entero, quienes
indignados solicitaron que « la cuarentena
» que azota al Emperador Napoleón fuese
levantada en este principio de milenio.
Muchos son los lugares cuyo emplazamiento e historia
justificarían naturalmente la asignación
de un calificativo que honrara propiamente el nombre
del gran soberano, en lo que nos concierne, pensamos
que dos sitios específicos se presentan inmediatamente
como los más dignos de tener el honor de
enarbolar el nombre del Emperador Napoleón
I: la Plaza Vendôme, y la
Explanada de Los Inválidos.
| EXPLANADA
DE LOS INVÁLIDOS |
| Propuesta:
Explanada Napoleón I
o Del Emperador |
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| Explanada
de Los Inválidos |
Las
primeras líneas del proyecto
de construcción de la Explanada
de Los Inválidos fueron la obra
de Robert de Cotte (1656-1735), primer
arquitecto del Rey, quien a principios
del Siglo XVII trazó esta hermosa
y amplia planicie bordeada de olmos.
Anteriormente, este terreno no era más
que un vasto llano, conocido como «
le pré-aux-clercs » -el
prado de los clérigos- que
se extendía alrededor del Hotel
de Los Inválidos. A lo largo
del Siglo XIX este hermoso terreno sirvió
de campo de maniobras hasta el año
de 1863, cuando el Estado lo cede a
la Ciudad de París a condición
de que no se modifique en nada su trazado,
que hasta hoy se mantiene intacto. La
explanada ha conocido sin embargo cambios
puramente temporales, albergando grandes
eventos como la Exposición Universal
de 1889. Hoy, la explanada es fatalmente
uno de los puntos turísticos
más concurridos del mundo, dado
que la tumba del Emperador Napoleón,
situada bajo la cúpula dorada
del Hotel de Los Inválidos, es
el monumento histórico más
visitado de Francia. |
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«
Deseo que mis cenizas reposen
a orillas del Sena, en medio de ese pueblo francés
que tanto he amado »
Tal
es el voto expresado por el EMPERADOR
NAPOLEÓN en
su testamento, redactado en la isla Santa
Helena, algunos días antes de su muerte.
Para ir de su tumba al río Sena, uno pasa
por la Explanada
de Los Inválidos, que el emperador tantas
veces atravesara al ir a visitar a los valientes
que, tullidos y viejos, gozaban del descanso de
su retiro después de haber consagrado sus
vidas a la defensa y a la grandeza de Francia.
Sobra decir que los inválidos de guerra estarían
ciertamente más que felices de ceder el nombre
de la Explanada al más célebre y principal
de los antiguos combatientes y defensores de la
nación francesa. Por otro lado, siempre conservarían
para ellos siete lugares más que les están
dedicados: el Bulevar, el Hotel, la Plaza, la Plazuela,
el Puente, el muelle y la estación de Metro.
Bajo el reloj del patio de honor de Los Inválidos,
se halla actualmente una muy bella estatua de Napoleón;
muy hermosa, realizada en bronce por el escultor
Gabriel Seurre padre (1798-1858). La obra mide tres
metros cincuenta de altura y representa al Emperador
en su “tradicional” figura de pequeño
cabo: uniforme de coronel de cazadores de la
guardia, amplio redingote gris y el legendario sombrerito.
Esta efigie magnífica, llena de dignidad
y de majestad, cuya historia está estrechamente
ligada a la Columna de Austerlitz (ver más
abajo) ha tenido un destino particularmente agitado.
Inicialmente, una primera
estatua de Antoine-Denis Chaudet (1763-1810)
que representaba a Napoleón en emperador
romano, había coronado la columna
hasta 1814, cuando, tras la caída
del Imperio los realistas de la Restauración
la retiraron remplazándola por un
una bandera blanca, el pabellón real.
En 1833, durante el reino de Luis Felipe
de Orleáns, se realizaría
un concurso para escoger una nueva estatua
del Emperador que rematara nuevamente a
la columna, la obra de Seurre resultaría
ganadora. Será realizada con el bronce
obtenido de 16 cañones arrebatados
en Austerlitz, en 1805; es pues la que orna
actualmente la galería superior sur
del Patio de Honor de Los Inválidos.
La estatua se mantendrá en la cima
de la columna hasta 1863 cuando, por decisión
de Napoleón III, será remplazada
por una nueva estatua ejecutada por Dumont,
que representaba a Napoleón en César
Imperator drapeado a la romana. La obra
de Gabriel Seurre fue entonces enviada a
Courbevoie,a orillas del Sena.
Tras el derrumbe del Segundo
Imperio en 1870, Gambetta, entonces nuevo
ministro del Interior, ordenó al
119º regimiento de infantería,
estacionado en Courbevoie, hacer quitar
y echar inmediatamente al Sena la estatua
llamada del pequeño cabo”,
lo cual fue hecho de inmediato.
La estatua, decapitada, fue precipitada
en las aguas del río, en cuyo fondo
permanecería hasta 1876. Una vez
que las pasiones se apaciguaron, la estatua
fue rescatada, restaurada, y llevada al
depósito de Mármoles, donde
permaneció hasta 1911.
Será solo entonces cuando regrese
a Los Inválidos, instalada sobre
el Patio de Honor, en donde se encuentra
hoy en día, aun cuando su situación
no está garantizada. En efecto, hace
algunos años se habló de desplazarla
a causa de su gran peso, que amenazaría
con derrumbar la galería que la soporta;
el Sr. Benjamin Mouton, Arquitecto en Jefe
de los Monumentos Históricos, era
responsable de decidir su nueva localización.
Afortunadamente, la presta movilización
de algunas personalidades ha logrado aplazar
este proyecto, que bien merece una solución
diferente.
Entre tanto, que sea éste
su destino o no, ¿porqué no
instalar una estatua del Emperador, ya sea
ésta u otra original, en la Explanada
de Los Inválidos el día en
que ésta fuera nombrada « Explanada
Napoleón I » o «
Explanada del Emperador
»?
Una propuesta muy interesante ha sido la
de colocar un zoclo hexagonal que presente
las menciones, en la parte frontal, «
Al Emperador Napoleón »
o « A los soldados de la Gran
Armada » y, en los cinco lados
restantes, un enunciado de las realizaciones
pacíficas y humanitarias llevadas
a cabo por Napoleón el Grande durante
el Consulado y el Imperio.
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| La
Estatua de Napoleón I por
Charles-Marie-Émile Seurre
(1798-1858) |
El
rey Luis Felipe de Orleáns
decidió en 1831 colocar
esta estatua de Napoleón
en la cima de la columna de la
Grande Armada, hoy Vendôme.
Obra del escultor Jean-Marie Seurre
padre, esta estatua de bronce
mide 3,50 metros de altura. Muy
hermosa, brinda a la figura del
Emperador, que luce su redingote,
su uniforme de los cazadores de
la guardia y su legendario sombrerito,
una imagen de un realismo admirable.
Esta efigie del Emperador es la
voluntad, la majestad y la dignidad
personificadas. Posteriormente,
Napoleón III estimó
que una estatua de este valor
corría demasiados riesgos
en semejante altura, por lo cual
ordenó que fuera transferida
a la glorieta de Courbevoie.
En 1911, el presidente de la república,
Armand Fallières, pensando
que Napoleón merecía
el patio de honor de Los Inválidos,
le dio el emplazamiento que hoy
tiene.
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Es de notar que,
en París, no menos de doscientos lugares
llevan el nombre de las realizaciones pacíficas,
de las victorias, de los ministros y de los soldados
de Napoleón; el general Cambronne por ejemplo,
tiene una plaza, una calle, una plazuela y una estación
de Metro.
¡El Emperador Napoleón, en
cambio, no tiene nada, absolutamente nada!
No obstante, el
emperador Julio César tiene su calle, él
quien torturó al jefe galo Vercingetórigue,
ícono de la historia francesa, haciendo de
él un esclavo, exhibiéndolo enseguida
en Roma antes de mandarlo estrangular.
En efecto, y es triste constatarlo, las
autoridades de la ciudad de París actúan
hoy tan necia y odiosamente como los ingleses, cuando
mezquina y deshonrosamente negaron que la inscripción
« NAPOLEÓN »
figurara sobre la loza sepulcral del Mártir
de Santa Helena, en el Valle del Geranio,
después de haberlo atormentado
hasta la muerte, víctima de una refinada
crueldad, y de un asesinato
prolongado durante cinco años y medio.
Por desgracia, la
implacable venganza con la que Inglaterra persiguió
al regenerador no sólo de Francia, sino de
una gran parte de Europa y del mundo occidental,
se perpetúa hasta nuestros días, y
en la Francia de hoy se hace como que se «
olvida » que Napoleón trabajaba incansablemente
hasta 20 horas al día, proyectando y construyendo
las instituciones civiles y legislativas que, siempre
vigentes y vigorozas, permiten hoy a los franceses
trabajar solo 35 horas… a la semana, gozando
de un marco jurídico y una seguridad social
que también le deben a Napoleón I.
También se finge olvidar la manera como el
Emperador arriesgó cientos de veces su vida
en los campos de batalla, arrostrando la muerte
y defendiendo a Francia de los asaltos de las interminables
coaliciones
internacionales que de 1793 a 1815 arremetieron
contra ella, y que amenazaban con degradarla al
estado de una nación « desmembrada
» y « de segundo », incluso «
de tercer orden », según lo refiere
literal y patentemente la correspondencia diplomática
oficial inglesa de la época.
Observemos que incluso después de las desastrosas
campañas de Rusia y de España,
y muy a pesar de lo que afirman los detractores
del Emperador, los franceses continuaron venerando
a Napoleón, como lo prueban entre tantas
otras cosas:
-
EL REGRESO DE
LA ISLA DE ELBA
(1815)
El 1º de marzo de 1815, el Emperador
desembarca en las playas del Golfo Juan
y « sube » de la Provenza
hasta el palacio
de las Tullerías, tranquilamente
montado en su caballito, ante las aclamaciones
de las numerosas poblaciones que acuden
a su paso. Sólo, frente a todas
las policías y ejércitos
del rey Luis XVIII que velan en cada
etapa, Napoleón avanza, acogiendo
uno a uno a los cuerpos de armada que
le dan la espalda al rey y se unen nuevamente
al Emperador, quien en unos días
ha reconquistado su imperio sin
disparar un solo tiro. En una
« epopeya dentro de la epopeya
» de la que la historia del mundo
no registra precedente alguno, el Águila
« vuela de campanario en campanario
hasta las torres de Nuestra Señora
de París », y dieciocho
días después de su desembarco,
es llevado en triunfo por sus generales
hasta el palacio de las Tullerías,
a los gritos de viva el Emperador,
al serle imposible abrirse paso entre
la muchedumbre enardecida. El Conde
Alejandro de Laborde recuerda que «
... aquella escena tuvo algo de
gigantesco, de mitológico, de
desproporcionado con los sucesos humanos.
Un soldado lograba por segunda vez sentarse
en el trono de un gran imperio, no por
gradaciones, sino de un salto, él
solo, saltando desde el destierro y
a la faz del mundo que lo había
desterrado, y sin más apoyo que
recuerdos, seducción, esperanzas
». Por su parte, el Vizconde de
Chateaubriand, pasmado, constata: ¡es
una « invasión de un
país por un solo hombre
»! |
 |
Regreso
de la isla de Elba,
por Bellangé
En su camino a París,
el 7 de marzo de 1815,
en Laffrey, cerca de
Vizille, una tropa formada
realista sale al encuentro
del Emperador a fin
de llevar preso al «
usurpador » ante
Luis XVIII. Después
de ordenar a sus hombres
bajar las armas poniendo
en tierra las bocas
de sus fusiles, Napoleón
se apea de su caballo
y camina tranquilamente
hacia la tropa. Al llegar
a veinte pasos del frente
de batalla, abriendo
su redingote y descubriendo
su pecho, Napoleón
se detiene y dice con
voz firme y clara «
¡Soldados! Si
hay uno solo entre vosotros
que quiera matar a su
Emperador, puede hacerlo...
¡heme aquí!
». Un sólo
clamor respondió:
¡Viva el Emperador!
y tanto soldados
como oficiales corrieron
a mezclarse con los
veteranos de la isla
de Elba. |
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|
- EL
REGRESO DE LAS CENIZAS
(1840)
A pesar de un frío siberiano de -20
grados, centenas de miles de hombres, mujeres
y niños – una muchedumbre jamás
antes vista en París – abarrotaron
las calles de la capital durante horas en
el recorrido del cortejo fúnebre, de
Courbevoie a los Inválidos, para brindar
un testimonio de respeto y agradecimiento
ante los restos del Emperador, que volvían
de Santa Helena un cuarto de siglo después
de la partida del soberano deportado. El recuerdo
punzante de estos momentos e imágenes
imperecederos darían lugar al surgimiento
de autenticas legiones de niños que
desde entonces portarían el
nombre del gran héroe, que marcara
el destino de las generaciones subsiguientes
en Francia, pero también en Europa
y el mundo.
 |
Llegada
a las Tullerías,
el 20 de marzo de 1815,
por Martinet |
El
entusiasmo es indescriptible,
y al serle imposible abrirse
un camino entre la muchedumbre
enardecida, el Emperador
es llevado en triunfo
en hombros de sus granaderos.
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|
- EN
ESPERA DEL REY DE ROMA
Una vez muerto el Emperador, las esperanzas
del pueblo francés se volcaron ardorosamente
sobre su sucesor imperial, Napoleón
II, Rey de Roma, heredero Napoleónida
al trono de Francia.
Sin embargo, como sabemos, el pequeño
príncipe, apodado el « aguilucho
», convertido en duque austriaco, vivía
en el palacio de Schönbrunn, cerca de
Viena, celosamente custodiado por las autoridades
imperiales y muy en particular por su estricto
preceptor, el conde Dietrichstein, de quien
evocaremos la siguiente advertencia, muy edificante,
hecha al eminente poeta Edmond Rostand, y
referidas por él mismo: « Estad
bien persuadido de que el príncipe
no oye, no ve y no lee más que lo que
nosotros queremos que lea, que vea, que oiga.
Si recibiera de casualidad una carta, un pliego,
un libro que hubiese burlado nuestra vigilancia,
creed que su primer cuidado sería entregárnoslo
antes de abrirlo: no se decidiría a
poner los ojos en él hasta que nosotros
le hubiésemos declarado que podría
hacerlo sin peligro ». Por supuesto,
el « peligro » al que se hace
alusión era un posible rapto del Príncipe
imperial por parte de eventuales conspiradores
« bonapartistas », que lo llevasen
de vuelta a Francia donde el apoyo popular
al Rey de Roma, el hijo de Napoleón,
era inconmensurable. ¿Qué mejor
prueba de ello que las palabras del mismísimo
emperador de Austria y abuelo del Rey de Roma,
Francisco I, quien en 1830, al parecer no
sin cierto orgullo, señalaba a su nieto
que: « apenas hayas aparecido
en el puente de Estrasburgo, los Orleáns
estarán acabados »?
De hecho, el rey Luis Felipe de Orleáns
estaba tan consciente de la añoranza
y del amor que profesaba al Emperador el pueblo
de Francia, que deseoso de reconciliar a éste
último con su gobierno, optó
por canalizar toda esa popularidad a su favor.
Así, tres años después,
hará erigir la estatua de Napoleón
por Chaudet en la cima de la Columna de Austerlitz,
y posteriormente, en 1840, mandará
una expedición a Santa Helena para
traer los gloriosos restos de regreso a Francia,
ante las ovaciones
de millares de personas llegadas de toda
Europa. Nada pues hay más alejado del
mito falaz del dizque « tirano »,
del supuesto « usurpador » y «
opresor » del pueblo que se ha tratado
de grabar en la imaginación colectiva.
- LA
ELECCIÓN AL SUFRAGIO UNIVERSAL DEL
PRÍNCIPE LUIS
NAPOLEÓN
(1848)
En vísperas de la elección a
la presidencia de la república frencesa
en 1848, el futuro Napoléon III era
sobre todo conocido como un reincidente de
justicia que, según la intelligenzia
parisina, no tenía la menor oportunidad
de ganar frente a Cavaignac.
Muy al contrario, los resultados de la elección,
más que manifiestos, fueron arrasadores:
Luis
Napoleón |
5
572 834 sufragios |
=
74.70% |
Cavaignac |
1
469 156 ” |
=
19.60% |
Ledru-Rollin |
376
834 ” |
=
5.00% |
Raspail
|
37
106 ” |
=
0.45% |
Lamartine |
20
000 ” |
=
0.25% |
Ciertamente,
y nadie ha rebatido nunca esta verdad, Luis
Napoleón, heredero en turno de la leyenda,
fue elegido por una muy sencilla razón:
era el sobrino del Emperador, y fue
por ese mismo motivo que ulteriormente pudo
restablecer el Imperio. |
Finalmente, recordemos
que el presidente Charles de Gaulle y su ministro
de la Cultura André Malraux habían
previsto que el verano de 1969 fuese consagrado
al Emperador. Desafortunadamente, el retiro del
general a Colombey hizo que Napoléon se quedara
en el « ghetto », de donde no ha podido
salir desde entonces.
Muy al contrario, la condición ha ido degradándose
de manera asombrosa, hasta llegar a extremos lastimeros
como los que se vivieron en 2004, cuando las autoridades
de Francia se negaron a conmemorar el bicentenario
de la Consagración de Napoleón, en
diciembre de 2004, o en 2005, al « escamotear
» éstas las celebraciones que se llevaron
a cabo en la República Checa, con motivo
de los doscientos años de la batalla
de Austerlitz.
¡Más aún, y el solo
hecho de evocarlo resulta increíble, ese
mismo año el gobierno de república
francesa juzgó oportuno enviar de manera
oficial a su principal portaaviones, el buque insignia
« Charles de Gaulle », a los festejos
y regocijos que Inglaterra celebraba en ocasión
del bicentenario de la batalla de Trafalgar, terrible
combate en el que la flota inglesa aniquiló
a la marina franco-española el 21 de octubre
de 1805! ¿Es preciso recordar que en ese
mismo momento, Napoleón avanzaba a marchas
forzadas para enfrentarse a las armadas agresoras
que amenazaban a Francia, los ejércitos de
Austria y de Rusia, financiados por Inglaterra,
promotora y patrocinadora de la coalición
bélica invasora?

| «
Quiero
que el hijo de un cultivador
pueda decirse: yo seré
un día cardenal,
mariscal del Imperio o ministro
». Napoleón.
|
|
|
 |
| El
Emperador Napoleón
en su estudio |
|
|
Tras
detener el impulso devastador e iconoclasta
de la Revolución francesa, primer
gran servicio que rindió a Francia
y a Europa, el EMPERADOR
NAPOLEÓN
esparció los derechos civiles por
todo el continente, a
la postre propagando en el mundo entero
los ideales de igualdad de todos los hombres
ante la ley y el impuesto, de libertad
de pensamiento y de acción, estableciendo
por doquier la abolición de los
privilegios feudales y la substitución
del mérito a la heredad. Aseguró
igualmente la instrucción del pueblo
creando las escuelas primarias, los liceos
y la universidad, así como una
gran multiplicidad de colegios y academias
de enseñanza gratuita. Asimismo,
regeneró el Instituto de Francia,
dándole la estructura que mantiene
actualmente, y reconstituyó la
Academia
francesa, que había sido suprimida
por las autoridades revolucionarias del
Directorio en 1793.
Por
medio de las innumerables instituciones
políticas, legislativas y comerciales
creadas por él, que en muchos casos
rigen aún hoy a una parte considerable
del mundo libre, y entre las cuales destaca
en especial el inmortal Código
Napoleón (Código civil),
el Emperador estableció leyes firmes
y equitativas para las relaciones en el
interior de la familia y de la sociedad,
sentando las bases del derecho y de la
moral pública.
Por
otro lado, después de pacificar
al país y restablecer la religión
en una Francia desgarrada por las guerras
intestinas, las persecuciones y los exterminios
masivos, el Emperador fue también
el primer soberano en acordar la libertad
de culto para todas las religiones, reabriendo
iglesias y templos, financiando
la restauración y la construcción
de nuevos recintos, templos y altares. |
|

| LA
COLUMNA VENDÔME |
| Propuesta:
Columna del Emperador
o Columna de la Gran Armada |
|
 |
Plaza
y Columna Vendôme |
Llevan
el nombre de Louis Joseph de Bourbon,
Duque de Vendôme (1654-1712).
General de armada, bisnieto del rey
Enrique IV y de Gabrielle d’Estrées,
se distinguió en múltiples
batallas y obtuvo importantes victorias
en Flandes y en Italia. El 9 de diciembre
de 1710, en Villaviciosa de Tajuna,
España, batió al general
austriaco Starhemberg; esta victoria
consolidó la posición
de Felipe V, nieto de Luis XIV, sobre
el trono de España, fortificando
notablemente el lugar preminente de
Francia en el tablero político
internacional.
El primero de enero de 1806, el Emperador
Napoleón firmó el decreto
de construcción de la «
Columna de Austerlitz », confiando
a su ministro del Interior, Champagny,
el cuidado de su ejecución. 1,200
cañones que habían sido
tomados a los ejércitos agresores
de la campaña de 1805 (Rusia
y Austria, derrotados en la batalla
de Austerlitz) fueron puestos a la disposición
de los fundidores, es decir un total
de total de 180 toneladas de bronce.
Bajo la responsabilidad del Barón
Vivant Denon y de los arquitectos Gondoin
y Lepère, los trabajos comenzaron
el 25 de agosto de 1806 y fueron acabados
el 15 de agosto de 1810, día
del 41er aniversario del Emperador.
En la cima de la columna, de una altura
de 44 metros, está grabada la
leyenda « Monumento elevado
a la gloria de la Gran Armada » |
|
La
plaza Vendôme es hoy uno de los puntos más
álgidos en el universo del lujo, el prestigio
y la moda internacionales, mundialmente conocido
por las grandes marcas que en ella tienen su sede:
Cartier, Boucheron, Chanel, Dior, Chaumet, y muchos
otros. Sin embargo, su origen no tiene mucho que
ver con las actividades comerciales y de glamour
que hoy la caracterizan.
En efecto, la construcción de esta plaza
real fue ordenada en 1685 por Luis XIV, llamándose
entonces « Place des Conquêtes »
– Plaza de las Conquistas, concebida por el
arquitecto Jules Hardouin-Mansart. Para ese efecto,
el Rey de Francia adquiere los terrenos de manos
de los herederos de César de Borbón,
duque de Vendôme, hijo ilegítimo del
buen rey Enrique IV. En el centro de la plaza se
coloca una imponente estatua ecuestre en bronce
del Rey Sol, esculpida por Girardon. Esta obra es
destruida por el populacho enardecido durante la
revolución francesa.
La columna Vendôme,
de 45 metros de alto, no se erigirá
hasta 1808, tras la victoria francesa en
Austerlitz; será dedicada a la gloria
del Emperador Napoleón. Este monumento
atravesará igualmente una serie de
desventuras a lo largo del siglo XIX. Cuando
los Borbones vuelven al poder en 1814, la
estatua de Napoleón que coronaba
la columna, es derribada y fundida por orden
de Luis XVIII. Más tarde, el emperador
Napoleón III mandará colocar
una nueva estatua de su tío. Símbolo
del poder imperial, la estatua será
destruida en 1871 por los comuneros, anarquistas
devastadores, aunque será vuelta
a colocar en su sitio cuatro años
más tarde, de donde ya no se ha movido
más.
Así, Napoleón se encuentra
presente en la cima de la célebre
Columna Vendôme, sin embargo, cabe
preguntarse ¿por qué «
Vendôme »?, puesto que sabemos
que el día de su inauguración
su nombre era « Columna de Austerlitz
», antes de convertirse en la «
Columna de la Gran Armada ».
Hoy es tiempo de devolverle
su nombre: ¿qué se diría
si se desbautizaran los monumentos erigidos
en memoria de los soldados de Verdun? Tan
solo la idea de algo semejante resulta infamante
e inconcebible.
|
 |
Destrucción
de la Columna Vendôme
Por los anarquistas comuneros,
en 1871. |
|
|
En esta plaza, el
Emperador está como en su casa. Tiene bajo
sus ojos la calle de Castiglione, que desemboca
en la calle de Rívoli, y está sostenido
por la famosa rue de la Paix, es decir
la “calle de La Paz”, que anteriormente
se llamó rue Napoléon hasta
el regreso de Luis XVIII, llevado de vuelta a Francia
en los furgones de los ejércitos invasores
extranjeros, quien juzgó pertinente conmemorar
el suceso retirando de dicha calle el nombre de
su temido « ogro corso ». Sorprendente
contradicción, no solo si se piensa que el
rey había tomado las armas contra su propio
país de manera reiterada y constante, sino
además porque basta recordar que, como todo
soldado que haya frecuentado los campos de batalla,
el Emperador Napoleón tenía horror
de la guerra, y que si ciertamente ganó muchas
de ellas, nunca
desencadenó una sola, combatiendo siempre
en defensa de Francia y la propia.
Así pues,
la propuesta que hoy hacemos es la de llamar a nuestro
monumento la « Columna del Emperador
», puesto que es éste el título
que, avalado por una triple e irrefragable
legitimidad, fue concedido a Napoleón
I tanto por las altas autoridades
oficiales legislativas en Francia y las
eclesiásticas de Roma, como
por el pueblo de Francia con más
del 99% de sus sufragios, pero
también porque él defendió
dicho título con dignidad y orgullo en su
prisión en Santa Helena hasta
la hora misma de su muerte.
No se necesita ni precisarlo: a lo largo y ancho
del mundo, cuando uno dice simplemente «
el Emperador », cada quien sabe que se está
hablando de Napoleón I.
Tras
esta breve exposición, y
relevando los esfuerzos realizados
hasta hoy para rehabilitar en su
propio país la memoria del
Emperador Napoleón, promotor
e impulsor de la independencia de
las naciones hispanoamericanas,
el Instituto Napoleónico
México-Francia, en la perspectiva
de los bicentenarios de independencia
que se sucederán en América
a partir de 2010 (México),
presentará estos argumentos
al alcalde de París, el Sr.
Bertrand Delanoë,
de tal modo que, ante las instancias
de los napoleónicos del mundo
hispánico, se abran vías
de diálogo y se generen acciones
que puedan cambiar la situación
actual de « cuarentena »
que indebidamente
se inflige al recuerdo del Emperador
Napoleón.
Evidentemente, una carta tiene pocas
oportunidades de acarrear una reacción,
menos aún de producir una
decisión favorable. Por esa
razón, invitamos a los lectores
de nuestro sitio internet en los
cinco continentes a manifestar su
apoyo a esta iniciativa colaborando
en nuestra petición.
¿CÓMO
PROCEDER?
Simplemente envíenos
un mensaje de correo electrónico
que contenga su NOMBRE,
APELLIDO(S)
y PAÍS
DE ORIGEN; acompañado
de una copia (CC) al alcalde
de París; dicho
mensaje contendrá la frase
siguiente:
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Napoleón
el Grande
Estatua de Laurent-Philippe
Roland (1746-1816) en
la Academia Francesa. |
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M.
le Maire, en soutien
à la Pétition
pour la Mémoire
de l’Empereur,
organisée par
l’Institut
Napoléonien Mexique-France
(http://inmf.org/petitionnapparis.htm),
nous demandons que pleine
justice soit rendue
à l’Empereur
en nommant officiellement
l’Esplanade des
Invalides «Esplanade
Napoléon Ier»,
et en rebaptisant à
son tour la Colonne
dite Vendôme «Colonne
de l’Empereur».
Veuillez
agréer, M. le
Maire, l’expression
de mes sentiments les
meilleurs. |
|
(Traducción:
Sr.
Alcalde, en apoyo a la Petición
por la Memoria del Emperador,
organizada por el Instituto
Napoleónico México-Francia,
pedimos que se le rinda plena justicia
al Emperador llamando oficialmente
a la Explanada de Los Inválidos
«Explanada Napoleón
I», y nombrando a
su vez a la llamada Columna Vendôme
« Columna del Emperador
».
Acepte, Sr. Alcalde, la expresión
de mis mejores sentimientos).
Referencias
del envío:
A:
Instituto Napoleónico México-Francia
instituto_napoleonico[arroba]inmf.org,
info_inmf[arroba]yahoo.com.mx
CC:
Sr. Bertrand Delanoë
Alcalde de París (Maire de
Paris)
contact@bertranddelanoe.net,
bertrand.delanoe@paris.fr
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En
apoyo a la Petición
por la Memoria del Emperador,
organizada por
el Instituto Napoleónico
México-Francia, pedimos
que se le rinda plena justicia al
Emperador llamando oficialmente a
la Explanada de Los Inválidos
« Explanada Napoleón
I », y/o nombrando
a
su vez formalmente a la llamada Columna
Vendôme « Columna
del Emperador »
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| En
soutien à la Pétition
pour la Mémoire de l'Empereur,
organisée par l’Institut
Napoléonien Mexique-France,
nous demandons que pleine justice soit
rendue à l’Empereur en nommant
officiellement l’Esplanade des Invalides
« Esplanade Napoléon
Ier », et/ou en rebaptisant
à son tour formellement la Colonne
dite Vendôme « Colonne
de l’Empereur » |
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