Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
México.- Francia.
El Instituto Napoleónico México-Francia presenta:
NAPOLEÓN Y PARÍS
Petición internacional por la memoria del Emperador
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Texto en castellano.
« Tengo la intención de hacer de París la más bella capital del mundo »
Napoleón I.
Texte en Français.
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El Arco de Triunfo de la Plaza de la Estrella, en París
En 1806, el Emperador Napoleón confía al arquitecto Jean-François Chalgrin (1739-1811) la construcción de un arco a la gloria de los ejércitos franceses. El monumento es comenzado en 1806, pero interrumpido a causa de las invasiones extranjeras. Su edificación es retomada en 1825, y la obra es terminada en 1836. Su talla es monumental, 50 metros de altura y 45 metros de ancho. El 15 de diciembre de 1840, el cortejo fúnebre del Emperador pasa debajo de él en gran pompa. Es ahí mismo, en este monumento fundado por Napoleón I, que es velado el 22 de mayo de 1885 el cuerpo de Víctor Hugo. Del mismo modo, será ahí donde el 11 de noviembre de 1920 tenga lugar la inhumación de un soldado desconocido caído durante la I Guerra Mundial, y tres años más tarde una flama solemne del recuerdo sea encendida en memoria de los muertos caídos en el campo de honor.
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NO EXISTE UN SÓLO LUGAR EN PARÍS QUE LLEVE EL NOMBRE DE “NAPOLEÓN”
Una terrible injusticia que debe ser reparada

Por el Profesor
Eduardo Garzón-Sobrado
De la Academia Nacional de Historia y Geografía (ANHG/UNAM)

Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia, INMF
.
El Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador y director general del Instituto Napoleónico México-Francia .
E. Garzón-Sobrado
 «Napoleón, librado de toda leyenda y visto bajo el ángulo de la estricta verdad, es el único hombre capaz, en este inicio de milenio, de convertirse en un símbolo universal.
La puesta en evidencia de sus hazañas, de su gran sentido común, de su asombrosa energía enteramente consagrada a la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones de todas razas y religiones, de su carisma, de su espíritu de tolerancia y de su voluntad permanente de paz, será para los jefes de estado un modelo a seguir y, para los pueblos del mundo entero, un poderoso factor de amistad, de entusiasmo y de unión
».
Dr. Ben Weider, Oficial de la Legión de Honor
Presidente-fundador de la Sociedad Napoleónica Internacional.

En la página 314 de su reconocida obra Napoléon, publicado por Tallandier en 1969, el eminente André Castelot sugería llamar la plaza que circunda al Arco de Triunfo y que está rodeada por los antiguos hoteles de los mariscales «Plaza Napoleón», una propuesta que si bien parecía salir un tanto del contexto general de la obra, distaba mucho de ser una simple ocurrencia anecdótica o un mero capricho, una extravagancia del gran historiador .

Varias décadas más tarde, en el expediente «2001, année mondiale Napoléon» (2001, año mundial Napoleón) la Sociedad Napoleónica Internacional, en Montreal, Canadá, a través de una petición internacional dirigida a las autoridades parisinas, puso en evidencia las ventajas que sacaría el conjunto de la humanidad de un reconocimiento pleno e íntegro de los grandes méritos e inmortales aportes del EMPERADOR NAPOLEÓN I. Por lo demás, se subrayó igualmente una patente y dolorosa aberración que como vemos no había escapado al ojo agudo del Sr. Castelot, a saber que no existe una sola calle o plaza de la capital de Francia que ostente el nombre del héroe más grande de la Historia de la humanidad.

Este extravío, por desgracia en nada fortuito, ha sido objeto de indignación a lo largo de los años, suscitando una abundante correspondencia de parte de corresponsales del mundo entero, quienes indignados solicitaron que «la cuarentena» que azota al Emperador Napoleón fuese levantada en este principio de milenio.
Muchos son los lugares cuyo emplazamiento e historia justificarían naturalmente la asignación de un calificativo que honrara propiamente el nombre del gran soberano, en lo que nos concierne, pensamos que dos sitios específicos se presentan inmediatamente como los más dignos de tener el honor de enarbolar el nombre del Emperador Napoleón I: la Plaza Vendôme, y la Explanada de Los Inválidos.

 

EXPLANADA DE LOS INVÁLIDOS
Propuesta: Explanada Napoleón I o Del Emperador
 
Explanada de Los Inválidos
Las primeras líneas del proyecto de construcción de la Explanada de Los Inválidos fueron la obra de Robert de Cotte (1656-1735), primer arquitecto del Rey, quien a principios del Siglo XVII trazó esta hermosa y amplia planicie bordeada de olmos. Anteriormente, este terreno no era más que un vasto llano, conocido como «le pré-aux-clercs» -el prado de los clérigos- que se extendía alrededor del Hotel de Los Inválidos. A lo largo del Siglo XIX este hermoso terreno sirvió de campo de maniobras hasta el año de 1863, cuando el Estado lo cede a la Ciudad de París a condición de que no se modifique en nada su trazado, que hasta hoy se mantiene intacto. La explanada ha conocido sin embargo cambios puramente temporales, albergando grandes eventos como la Exposición Universal de 1889. Hoy, la explanada es fatalmente uno de los puntos turísticos más concurridos del mundo, dado que la tumba del Emperador Napoleón, situada bajo la cúpula dorada del Hotel de Los Inválidos, es el monumento histórico más visitado de Francia.

 

«Deseo que mis cenizas reposen a orillas del Sena, en medio de ese pueblo francés que tanto he amado»

Tal es el voto expresado por el EMPERADOR NAPOLEÓN en su testamento, redactado en la isla Santa Helena, algunos días antes de su muerte.

Para ir de su tumba al río Sena, uno pasa por la Explanada de Los Inválidos, que el emperador tantas veces atravesara al ir a visitar a los valientes que, tullidos y viejos, gozaban del descanso de su retiro después de haber consagrado sus vidas a la defensa y a la grandeza de Francia.
Sobra decir que los inválidos de guerra estarían ciertamente más que felices de ceder el nombre de la Explanada al más célebre y principal de los antiguos combatientes y defensores de la nación francesa. Por otro lado, siempre conservarían para ellos siete lugares más que les están dedicados: el Bulevar, el Hotel, la Plaza, la Plazuela, el Puente, el muelle y la estación de Metro.

Bajo el reloj del patio de honor de Los Inválidos, se halla actualmente una muy bella estatua de Napoleón; muy hermosa, realizada en bronce por el escultor Gabriel Seurre padre (1798-1858). La obra mide tres metros cincuenta de altura y representa al Emperador en su “tradicional” figura de pequeño cabo: uniforme de coronel de cazadores de la guardia, amplio redingote gris y el legendario sombrerito. Esta efigie magnífica, llena de dignidad y de majestad, cuya historia está estrechamente ligada a la Columna de Austerlitz (ver más abajo) ha tenido un destino particularmente agitado.

Inicialmente, una primera estatua de Antoine-Denis Chaudet (1763-1810) que representaba a Napoleón en emperador romano, había coronado la columna hasta 1814, cuando, tras la caída del Imperio los realistas de la Restauración la retiraron remplazándola por un una bandera blanca, el pabellón real.
En 1833, durante el reino de Luis Felipe de Orleáns, se realizaría un concurso para escoger una nueva estatua del Emperador que rematara nuevamente a la columna, la obra de Seurre resultaría ganadora. Será realizada con el bronce obtenido de 16 cañones arrebatados en Austerlitz, en 1805; es pues la que orna actualmente la galería superior sur del Patio de Honor de Los Inválidos.
La estatua se mantendrá en la cima de la columna hasta 1863 cuando, por decisión de Napoleón III, será remplazada por una nueva estatua ejecutada por Dumont, que representaba a Napoleón en César Imperator drapeado a la romana. La obra de Gabriel Seurre fue entonces enviada a Courbevoie,a orillas del Sena.

Tras el derrumbe del Segundo Imperio en 1870, Gambetta, entonces nuevo ministro del Interior, ordenó al 119º regimiento de infantería, estacionado en Courbevoie, hacer quitar y echar inmediatamente al Sena la estatua llamada del pequeño cabo”, lo cual fue hecho de inmediato.
La estatua, decapitada, fue precipitada en las aguas del río, en cuyo fondo permanecería hasta 1876. Una vez que las pasiones se apaciguaron, la estatua fue rescatada, restaurada, y llevada al depósito de Mármoles, donde permaneció hasta 1911.
Será solo entonces cuando regrese a Los Inválidos, instalada sobre el Patio de Honor, en donde se encuentra hoy en día, aun cuando su situación no está garantizada. En efecto, hace algunos años se habló de desplazarla a causa de su gran peso, que amenazaría con derrumbar la galería que la soporta; el Sr. Benjamin Mouton, Arquitecto en Jefe de los Monumentos Históricos, era responsable de decidir su nueva localización. Afortunadamente, la presta movilización de algunas personalidades ha logrado aplazar este proyecto, que bien merece una solución diferente.

Entre tanto, que sea éste su destino o no, ¿porqué no instalar una estatua del Emperador, ya sea ésta u otra original, en la Explanada de Los Inválidos el día en que ésta fuera nombrada «Explanada Napoleón I» o «Explanada del Emperador»?
Una propuesta muy interesante ha sido la de colocar un zoclo hexagonal que presente las menciones, en la parte frontal, «Al Emperador Napoleón» o «A los soldados de la Gran Armada» y, en los cinco lados restantes, un enunciado de las realizaciones pacíficas y humanitarias llevadas a cabo por Napoleón el Grande durante el Consulado y el Imperio.

La Estatua de Napoleón I por Charles-Marie-Émile Seurre (1798-1858)
El rey Luis Felipe de Orleáns decidió en 1831 colocar esta estatua de Napoleón en la cima de la columna de la Grande Armada, hoy Vendôme. Obra del escultor Jean-Marie Seurre padre, esta estatua de bronce mide 3,50 metros de altura. Muy hermosa, brinda a la figura del Emperador, que luce su redingote, su uniforme de los cazadores de la guardia y su legendario sombrerito, una imagen de un realismo admirable. Esta efigie del Emperador es la voluntad, la majestad y la dignidad personificadas. Posteriormente, Napoleón III estimó que una estatua de este valor corría demasiados riesgos en semejante altura, por lo cual ordenó que fuera transferida a la glorieta de Courbevoie.
En 1911, el presidente de la república, Armand Fallières, pensando que Napoleón merecía el patio de honor de Los Inválidos, le dio el emplazamiento que hoy tiene.

Es de notar que, en París, no menos de doscientos lugares llevan el nombre de las realizaciones pacíficas, de las victorias, de los ministros y de los soldados de Napoleón; el general Cambronne por ejemplo, tiene una plaza, una calle, una plazuela y una estación de Metro.
¡El Emperador Napoleón, en cambio, no tiene nada, absolutamente nada!

No obstante, el emperador Julio César tiene su calle, él quien torturó al jefe galo Vercingetórigue, ícono de la historia francesa, haciendo de él un esclavo, exhibiéndolo enseguida en Roma antes de mandarlo estrangular.
En efecto, y es triste constatarlo, las autoridades de la ciudad de París actúan hoy tan necia y odiosamente como los ingleses, cuando mezquina y deshonrosamente negaron que la inscripción «NAPOLEÓN» figurara sobre la loza sepulcral del Mártir de Santa Helena, en el Valle del Geranio, después de haberlo atormentado hasta la muerte, víctima de una refinada crueldad, y de un asesinato prolongado durante cinco años y medio.

Por desgracia, la implacable venganza con la que Inglaterra persiguió al regenerador no sólo de Francia, sino de una gran parte de Europa y del mundo occidental, se perpetúa hasta nuestros días, y en la Francia de hoy se hace como que se «olvida» que Napoleón trabajaba incansablemente hasta 20 horas al día, proyectando y construyendo las instituciones civiles y legislativas que, siempre vigentes y vigorozas, permiten hoy a los franceses trabajar solo 35 horas… a la semana, gozando de un marco jurídico y una seguridad social que también le deben a Napoleón I.
También se finge olvidar la manera como el Emperador arriesgó cientos de veces su vida en los campos de batalla, arrostrando la muerte y defendiendo a Francia de los asaltos de las interminables coaliciones internacionales que de 1793 a 1815 arremetieron contra ella, y que amenazaban con degradarla al estado de una nación «desmembrada» y «de segundo», incluso «de tercer orden», según lo refiere literal y patentemente la correspondencia diplomática oficial inglesa de la época.

Observemos que incluso después de las desastrosas campañas de Rusia y de España, y muy a pesar de lo que afirman los detractores del Emperador, los franceses continuaron venerando a Napoleón, como lo prueban entre tantas otras cosas:

- EL REGRESO DE LA ISLA DE ELBA (1815)
El 1º de marzo de 1815, el Emperador desembarca en las playas del Golfo Juan y «sube» de la Provenza hasta el palacio de las Tullerías, tranquilamente montado en su caballito, ante las aclamaciones de las numerosas poblaciones que acuden a su paso. Sólo, frente a todas las policías y ejércitos del rey Luis XVIII que velan en cada etapa, Napoleón avanza, acogiendo uno a uno a los cuerpos de armada que le dan la espalda al rey y se unen nuevamente al Emperador, quien en unos días ha reconquistado su imperio sin disparar un solo tiro. En una «epopeya dentro de la epopeya» de la que la historia del mundo no registra precedente alguno, el Águila «vuela de campanario en campanario hasta las torres de Nuestra Señora de París», y dieciocho días después de su desembarco, es llevado en triunfo por sus generales hasta el palacio de las Tullerías, a los gritos de viva el Emperador, al serle imposible abrirse paso entre la muchedumbre enardecida. El Conde Alejandro de Laborde recuerda que «... aquella escena tuvo algo de gigantesco, de mitológico, de desproporcionado con los sucesos humanos. Un soldado lograba por segunda vez sentarse en el trono de un gran imperio, no por gradaciones, sino de un salto, él solo, saltando desde el destierro y a la faz del mundo que lo había desterrado, y sin más apoyo que recuerdos, seducción, esperanzas». Por su parte, el Vizconde de Chateaubriand, pasmado, constata: ¡es una «invasión de un país por un solo hombre»!
Regreso de la isla de Elba, por Bellangé
En su camino a París, el 7 de marzo de 1815, en Laffrey, cerca de Vizille, una tropa formada realista sale al encuentro del Emperador a fin de llevar preso al «
usurpador» ante Luis XVIII. Después de ordenar a sus hombres bajar las armas poniendo en tierra las bocas de sus fusiles, Napoleón se apea de su caballo y camina tranquilamente hacia la tropa. Al llegar a veinte pasos del frente de batalla, abriendo su redingote y descubriendo su pecho, Napoleón se detiene y dice con voz firme y clara «¡Soldados! Si hay uno solo entre vosotros que quiera matar a su Emperador, puede hacerlo... ¡heme aquí!». Un sólo clamor respondió: ¡Viva el Emperador! y tanto soldados como oficiales corrieron a mezclarse con los veteranos de la isla de Elba.

- EL REGRESO DE LAS CENIZAS (1840)
A pesar de un frío siberiano de -20 grados, centenas de miles de hombres, mujeres y niños – una muchedumbre jamás antes vista en París – abarrotaron las calles de la capital durante horas en el recorrido del cortejo fúnebre, de Courbevoie a los Inválidos, para brindar un testimonio de respeto y agradecimiento ante los restos del Emperador, que volvían de Santa Helena un cuarto de siglo después de la partida del soberano deportado. El recuerdo punzante de estos momentos e imágenes imperecederos darían lugar al surgimiento de autenticas legiones de niños que desde entonces portarían el nombre del gran héroe, que marcara el destino de las generaciones subsiguientes en Francia, pero también en Europa y el mundo.

Llegada a las Tullerías, el 20 de marzo de 1815, por Martinet
El entusiasmo es indescriptible, y al serle imposible abrirse un camino entre la muchedumbre enardecida, el Emperador es llevado en triunfo en hombros de sus granaderos.

- EN ESPERA DEL REY DE ROMA
Una vez muerto el Emperador, las esperanzas del pueblo francés se volcaron ardorosamente sobre su sucesor imperial, Napoleón II, Rey de Roma, heredero Napoleónida al trono de Francia.
Sin embargo, como sabemos, el pequeño príncipe, apodado el «aguilucho», convertido en duque austriaco, vivía en el palacio de Schönbrunn, cerca de Viena, celosamente custodiado por las autoridades imperiales y muy en particular por su estricto preceptor, el conde Dietrichstein, de quien evocaremos la siguiente advertencia, muy edificante, hecha al eminente poeta Edmond Rostand, y referidas por él mismo: «Estad bien persuadido de que el príncipe no oye, no ve y no lee más que lo que nosotros queremos que lea, que vea, que oiga. Si recibiera de casualidad una carta, un pliego, un libro que hubiese burlado nuestra vigilancia, creed que su primer cuidado sería entregárnoslo antes de abrirlo: no se decidiría a poner los ojos en él hasta que nosotros le hubiésemos declarado que podría hacerlo sin peligro». Por supuesto, el «peligro» al que se hace alusión era un posible rapto del Príncipe imperial por parte de eventuales conspiradores «bonapartistas», que lo llevasen de vuelta a Francia donde el apoyo popular al Rey de Roma, el hijo de Napoleón, era inconmensurable. ¿Qué mejor prueba de ello que las palabras del mismísimo emperador de Austria y abuelo del Rey de Roma, Francisco I, quien en 1830, al parecer no sin cierto orgullo, señalaba a su nieto que: «apenas hayas aparecido en el puente de Estrasburgo, los Orleáns estarán acabados»? De hecho, el rey Luis Felipe de Orleáns estaba tan consciente de la añoranza y del amor que profesaba al Emperador el pueblo de Francia, que deseoso de reconciliar a éste último con su gobierno, optó por canalizar toda esa popularidad a su favor. Así, tres años después, hará erigir la estatua de Napoleón por Chaudet en la cima de la Columna de Austerlitz, y posteriormente, en 1840, mandará una expedición a Santa Helena para traer los gloriosos restos de regreso a Francia, ante las ovaciones de millares de personas llegadas de toda Europa. Nada pues hay más alejado del mito falaz del dizque «tirano», del supuesto «usurpador» y «opresor» del pueblo que se ha tratado de grabar en la imaginación colectiva.

- LA ELECCIÓN AL SUFRAGIO UNIVERSAL DEL PRÍNCIPE LUIS NAPOLEÓN (1848)
En vísperas de la elección a la presidencia de la república frencesa en 1848, el futuro Napoléon III era sobre todo conocido como un reincidente de justicia que, según la intelligenzia parisina, no tenía la menor oportunidad de ganar frente a Cavaignac.
Muy al contrario, los resultados de la elección, más que manifiestos, fueron arrasadores:

Luis Napoleón
5 572 834 sufragios
= 74.70%
Cavaignac
1 469 156 ”
= 19.60%
Ledru-Rollin
376 834 ”
= 5.00%
Raspail
37 106 ”
= 0.45%
Lamartine
20 000 ”
= 0.25%

Ciertamente, y nadie ha rebatido nunca esta verdad, Luis Napoleón, heredero en turno de la leyenda, fue elegido por una muy sencilla razón: era el sobrino del Emperador, y fue por ese mismo motivo que ulteriormente pudo restablecer el Imperio.

Finalmente, recordemos que el presidente Charles de Gaulle y su ministro de la Cultura André Malraux habían previsto que el verano de 1969 fuese consagrado al Emperador. Desafortunadamente, el retiro del general a Colombey hizo que Napoléon se quedara en el «ghetto», de donde no ha podido salir desde entonces.
Muy al contrario, la condición ha ido degradándose de manera asombrosa, hasta llegar a extremos lastimeros como los que se vivieron en 2004, cuando las autoridades de Francia se negaron a conmemorar el bicentenario de la Consagración de Napoleón, en diciembre de 2004, o en 2005, al «escamotear» éstas las celebraciones que se llevaron a cabo en la República Checa, con motivo de los doscientos años de la batalla de Austerlitz.
¡Más aún, y el solo hecho de evocarlo resulta increíble, ese mismo año el gobierno de república francesa juzgó oportuno enviar de manera oficial a su principal portaaviones, el buque insignia «Charles de Gaulle», a los festejos y regocijos que Inglaterra celebraba en ocasión del bicentenario de la batalla de Trafalgar, terrible combate en el que la flota inglesa aniquiló a la marina franco-española el 21 de octubre de 1805! ¿Es preciso recordar que en ese mismo momento, Napoleón avanzaba a marchas forzadas para enfrentarse a las armadas agresoras que amenazaban a Francia, los ejércitos de Austria y de Rusia, financiados por Inglaterra, promotora y patrocinadora de la coalición bélica invasora?

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

 «Quiero que el hijo de un cultivador pueda decirse: yo seré un día cardenal, mariscal del Imperio o ministro». Napoleón.
El Emperador Napoleón en su estudio
Tras detener el impulso devastador e iconoclasta de la Revolución francesa, primer gran servicio que rindió a Francia y a Europa, el EMPERADOR NAPOLEÓN esparció los derechos civiles por todo el continente, a la postre propagando en el mundo entero los ideales de igualdad de todos los hombres ante la ley y el impuesto, de libertad de pensamiento y de acción, estableciendo por doquier la abolición de los privilegios feudales y la substitución del mérito a la heredad. Aseguró igualmente la instrucción del pueblo creando las escuelas primarias, los liceos y la universidad, así como una gran multiplicidad de colegios y academias de enseñanza gratuita. Asimismo, regeneró el Instituto de Francia, dándole la estructura que mantiene actualmente, y reconstituyó la Academia francesa, que había sido suprimida por las autoridades revolucionarias del Directorio en 1793.
Por medio de las innumerables instituciones políticas, legislativas y comerciales creadas por él, que en muchos casos rigen aún hoy a una parte considerable del mundo libre, y entre las cuales destaca en especial el inmortal Código Napoleón (Código civil), el Emperador estableció leyes firmes y equitativas para las relaciones en el interior de la familia y de la sociedad, sentando las bases del derecho y de la moral pública. Por otro lado, después de pacificar al país y restablecer la religión en una Francia desgarrada por las guerras intestinas, las persecuciones y los exterminios masivos, el Emperador fue también el primer soberano en acordar la libertad de culto para todas las religiones, reabriendo iglesias y templos, financiando la restauración y la construcción de nuevos recintos, templos y altares.

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

LA COLUMNA VENDÔME
Propuesta: Columna del Emperador o Columna de la Gran Armada
 
Plaza y Columna Vendôme
Llevan el nombre de Louis Joseph de Bourbon, Duque de Vendôme (1654-1712). General de armada, bisnieto del rey Enrique IV y de Gabrielle d’Estrées, se distinguió en múltiples batallas y obtuvo importantes victorias en Flandes y en Italia. El 9 de diciembre de 1710, en Villaviciosa de Tajuna, España, batió al general austriaco Starhemberg; esta victoria consolidó la posición de Felipe V, nieto de Luis XIV, sobre el trono de España, fortificando notablemente el lugar preminente de Francia en el tablero político internacional.
El primero de enero de 1806, el Emperador Napoleón firmó el decreto de construcción de la «Columna de Austerlitz», confiando a su ministro del Interior, Champagny, el cuidado de su ejecución. 1,200 cañones que habían sido tomados a los ejércitos agresores de la campaña de 1805 (Rusia y Austria, derrotados en la batalla de Austerlitz) fueron puestos a la disposición de los fundidores, es decir un total de total de 180 toneladas de bronce.
Bajo la responsabilidad del Barón Vivant Denon y de los arquitectos Gondoin y Lepère, los trabajos comenzaron el 25 de agosto de 1806 y fueron acabados el 15 de agosto de 1810, día del 41er aniversario del Emperador. En la cima de la columna, de una altura de 44 metros, está grabada la leyenda «Monumento elevado a la gloria de la Gran Armada»

La plaza Vendôme es hoy uno de los puntos más álgidos en el universo del lujo, el prestigio y la moda internacionales, mundialmente conocido por las grandes marcas que en ella tienen su sede: Cartier, Boucheron, Chanel, Dior, Chaumet, y muchos otros. Sin embargo, su origen no tiene mucho que ver con las actividades comerciales y de glamour que hoy la caracterizan.
En efecto, la construcción de esta plaza real fue ordenada en 1685 por Luis XIV, llamándose entonces «Place des Conquêtes» – Plaza de las Conquistas, concebida por el arquitecto Jules Hardouin-Mansart. Para ese efecto, el Rey de Francia adquiere los terrenos de manos de los herederos de César de Borbón, duque de Vendôme, hijo ilegítimo del buen rey Enrique IV. En el centro de la plaza se coloca una imponente estatua ecuestre en bronce del Rey Sol, esculpida por Girardon. Esta obra es destruida por el populacho enardecido durante la revolución francesa.

La columna Vendôme, de 45 metros de alto, no se erigirá hasta 1808, tras la victoria francesa en Austerlitz; será dedicada a la gloria del Emperador Napoleón. Este monumento atravesará igualmente una serie de desventuras a lo largo del siglo XIX. Cuando los Borbones vuelven al poder en 1814, la estatua de Napoleón que coronaba la columna, es derribada y fundida por orden de Luis XVIII. Más tarde, el emperador Napoleón III mandará colocar una nueva estatua de su tío. Símbolo del poder imperial, la estatua será destruida en 1871 por los comuneros, anarquistas devastadores, aunque será vuelta a colocar en su sitio cuatro años más tarde, de donde ya no se ha movido más.
Así, Napoleón se encuentra presente en la cima de la célebre Columna Vendôme, sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué «Vendôme»?, puesto que sabemos que el día de su inauguración su nombre era «Columna de Austerlitz», antes de convertirse en la «Columna de la Gran Armada».

Hoy es tiempo de devolverle su nombre: ¿qué se diría si se desbautizaran los monumentos erigidos en memoria de los soldados de Verdun? Tan solo la idea de algo semejante resulta infamante e inconcebible.

Destrucción de la Columna Vendôme
Por los anarquistas comuneros, en 1871.

En esta plaza, el Emperador está como en su casa. Tiene bajo sus ojos la calle de Castiglione, que desemboca en la calle de Rívoli, y está sostenido por la famosa rue de la Paix, es decir la “calle de La Paz”, que anteriormente se llamó rue Napoléon hasta el regreso de Luis XVIII, llevado de vuelta a Francia en los furgones de los ejércitos invasores extranjeros, quien juzgó pertinente conmemorar el suceso retirando de dicha calle el nombre de su temido «ogro corso». Sorprendente contradicción, no solo si se piensa que el rey había tomado las armas contra su propio país de manera reiterada y constante, sino además porque basta recordar que, como todo soldado que haya frecuentado los campos de batalla, el Emperador Napoleón tenía horror de la guerra, y que si ciertamente ganó muchas de ellas, nunca desencadenó una sola, combatiendo siempre en defensa de Francia y la propia.

Así pues, la propuesta que hoy hacemos es la de llamar a nuestro monumento la «Columna del Emperador», puesto que es éste el título que, avalado por una triple e irrefragable legitimidad, fue concedido a Napoleón I tanto por las altas autoridades oficiales legislativas en Francia y las eclesiásticas de Roma, como por el pueblo de Francia con más del 99% de sus sufragios, pero también porque él defendió dicho título con dignidad y orgullo en su prisión en Santa Helena hasta la hora misma de su muerte.
No se necesita ni precisarlo: a lo largo y ancho del mundo, cuando uno dice simplemente «el Emperador», cada quien sabe que se está hablando de Napoleón I.

Tras esta breve exposición, y relevando los esfuerzos realizados hasta hoy para rehabilitar en su propio país la memoria del Emperador Napoleón, promotor e impulsor de la independencia de las naciones hispanoamericanas, el Instituto Napoleónico México-Francia, en la perspectiva de los bicentenarios de independencia que se sucederán en América a partir de 2010 (México), presentará estos argumentos al alcalde de París, el Sr. Bertrand Delanoë, de tal modo que, ante las instancias de los napoleónicos del mundo hispánico, se abran vías de diálogo y se generen acciones que puedan cambiar la situación actual de «cuarentena» que indebidamente se inflige al recuerdo del Emperador Napoleón.
Evidentemente, una carta tiene pocas oportunidades de acarrear una reacción, menos aún de producir una decisión favorable. Por esa razón, invitamos a los lectores de nuestro sitio internet en los cinco continentes a manifestar su apoyo a esta iniciativa colaborando en nuestra petición.

¿CÓMO PROCEDER?

Simplemente envíenos un mensaje de correo electrónico que contenga su NOMBRE, APELLIDO(S) y PAÍS DE ORIGEN; acompañado de una copia (CC) al alcalde de París; dicho mensaje contendrá la frase siguiente:

Napoleón el Grande
Estatua de Laurent-Philippe Roland (1746-1816) en la Academia Francesa.

 

M. le Maire, en soutien à la Pétition pour la Mémoire de lEmpereur, organisée par l’Institut Napoléonien Mexique-France (http://inmf.org/petitionnapparis.htm), nous demandons que pleine justice soit rendue à l’Empereur en nommant officiellement l’Esplanade des Invalides «Esplanade Napoléon Ier», et en rebaptisant à son tour la Colonne dite Vendôme «Colonne de l’Empereur».
Veuillez agréer, M. le Maire, lexpression de mes sentiments les meilleurs.

(Traducción: Sr. Alcalde, en apoyo a la Petición por la Memoria del Emperador, organizada por el Instituto Napoleónico México-Francia, pedimos que se le rinda plena justicia al Emperador llamando oficialmente a la Explanada de Los Inválidos «Explanada Napoleón I», y nombrando a su vez a la llamada Columna Vendôme «Columna del Emperador». Acepte, Sr. Alcalde, la expresión de mis mejores sentimientos).

Referencias del envío:

A: Instituto Napoleónico México-Francia
instituto_napoleonico[arroba]inmf.org, info_inmf[arroba]yahoo.com.mx

CC: Sr. Bertrand Delanoë
Alcalde de París (Maire de Paris)
contact@bertranddelanoe.net, bertrand.delanoe@paris.fr

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

En apoyo a la Petición por la Memoria del Emperador, organizada por el Instituto Napoleónico México-Francia, pedimos que se le rinda plena justicia al Emperador llamando oficialmente a la Explanada de Los Inválidos «Explanada Napoleón I», y/o nombrando a su vez formalmente a la llamada Columna Vendôme «Columna del Emperador»
En soutien à la Pétition pour la Mémoire de l'Empereur, organisée par l’Institut Napoléonien Mexique-France, nous demandons que pleine justice soit rendue à l’Empereur en nommant officiellement l’Esplanade des Invalides «Esplanade Napoléon Ier», et/ou en rebaptisant à son tour formellement la Colonne dite Vendôme «Colonne de l’Empereur»

 

LISTA INTERNACIONAL DE SIGNATARIOS
NOMBRE (*Instituciones)
PAÍS
127 SR. MATHIEU SANFOURCHE FRANCIA
126 SR. THIERRY POULIQUEN FRANCIA
125 SR. ALAIN ARNAUD BOBADILLA MÉXICO
124 SR. OSCAR FEDERICO RAMÍREZ TOLEDO GUATEMALA
123 SR. CARLOS MARQUEZ GUARDADO MÉXICO
122 SR. FRANCISCO JAVIER COMBALUZIER TRAVA MÉXICO
121 SR. JUAN CARLOS BASABE LEOZ ARGENTINA
120 SR. CÉDRIC PLOUVIER
Profesor de Historia y geografía en el liceo del Mont Blanc en Passy
FRANCIA
119 SR. EDDIE DE TASSIGNY FRANCIA
118 SR. DAVID JOURDES
Secretario Departamental de Francia Bonapartista en el Ródano, Miembro del Consejo Nacional Bonapartista
FRANCIA
117 SR. TIM VAN DYCK BÉLGICA
116 SR. ABEL GRANADOS PAREDES MÉXICO
115 SR. SANTIAGO LUNA MEJÍA PERÚ
114 SR. ENRIQUE MEZA MÁRQUEZ MÉXICO
113 SRA. MARY CARMEN MÁRQUEZ MÉXICO
112 SR. SERGIO VERGARA IBARRA MÉXICO
111 HON. ROLANDO J. PIERNES
(Cónsul General), Lt. Col-Ret.
PUERTO RICO
110 SR. FREDDY GONZÁLEZ FLORES BOLIVIA
109 SR. CARLOS COMBALUZIER G. MÉXICO
108 SR. PABLO HERNÁNDEZ MOLTENI ARGENTINA
107 SR. LEANDRO H. BERNARDIS ALCAIN ESPAÑA
106 SR. CONDE ALEXANDRE DE BOTHURI BÁTHORY FRANCIA
105 SRA. ELAINE BÉDARD CANADÁ
104 SR. SÉBASTIEN NANTZ
Secretario general de la Union du Peuple Français
FRANCIA
103 SR. CÉSAR VILELA REQUENA PERÚ
102 SR. DANIEL RONDEROS COLOMBIA
101 SR. CHRISTIAN HANRY
Presidente de France Bonapartiste
FRANCIA
100 SR. PAUL-NAPOLEÓN CALLAND FRANCIA
99 SR. Y SRA. CLAUDE Y MARIE-ROSE GUILLO FRANCIA
98 SR. DORIAN FORGET FRANCIA
97 SR. JORDAN BARRAS FRANCIA
96 SR. OLIVIER DUBOIS ITALIA
95 SR. THIERRY CHOFFAT
Presidente del Centro de Estudios y de Investigación sobre el Bonapartismo, CERB
FRANCIA
94 SR. JEAN NADAL FRANCIA
93 * ASOCIACIÓN LES AMIS DE LIGNY
BÉLGICA
92 SR. GUY HUSSON FRANCIA
91 SR. EDOUARD KAPRIELIAN FRANCIA
90 SR. LUC ANDREANI FRANCIA
89 SR. BARTLOMIEJ DOLIWA-KOT
Presidente de la Organización Bonapartista Polaca
POLONIA
88 SR. BARTLOMIEJ BOBIK POLONIA
87 SR. MICHAL MOKRUS POLONIA
86 SR. TOMASZ KOLTOWSKI POLONIA
85 SR. LUKASZ GODULA POLONIA
84 SR. LUC ANDREANI FRANCIA
83 SR. FRANÇOIS QUILICHINI FRANCIA
82 SR. GILLES FONQUERGNE FRANCIA
81 SR. GUILLAUME DE SAES BRASIL
80 SR. GEORGES CLÉMENT FRANCIA
79 SR. GERALD GOBBI FRANCIA
78 GENERAL MATHIEU CECCALDI FRANCIA
77 SRA. MONIQUE BLOCH FRANCIA
76 SR. GHISLAIN KRYGIER FRANCIA
75 SR.Y SRA. CLAUDE Y HÉLÈNE COLOMBANI NUEVA CALEDONIA
74 SR. BERNARD WOLFROM FRANCIA
73 SR. ERIC FRANCESCHI FRANCIA
72 SR.Y SRA. PIERRE-FRANÇOIS FRANCESCHI FRANCIA
71 SR. GEORGES DANTHU FRANCIA
70 GENERAL MICHEL FRANCESCHI FRANCIA
69 SRA. NELLY RIVET FRANCIA
68 SR. MICHEL BALLABRIGA FRANCIA
67 SR. LAURENT SAUERBACH FRANCIA
66 SR. EDDIE DE TASSIGNY FRANCIA
65 SRA. NICOLE GODFRIN FRANCIA
64 SRA. BÉATRICE BARBÉ FRANCIA
63 SR. STEWART ADDINGTON SAINT-DAVID E.U.A.
62 SR. RODRIGO GARCÍA MAYORCA COLOMBIA
61 SR. LOUIS BRUN
Souvenir Napoléonien, delegación de Marsella
FRANCIA
60 M. JEAN-LOUIS KIRSCH FRANCIA
59 SR. PHILIPPE-ALEXANDRE MORSKI FRANCIA
58 SR. TIM VAN DYCK BÉLGICA
57 SR. DAVID FAYON FRANCIA
56 PROFA. NANCY HEBE CASTAGNINI DE ESTÉVEZ
Historiadora, Presidente de la Comisión del Bicentenario de la Patria 1810-2010
Quilmes / Buenos Aires - Argentina
ARGENTINA
55 SR. MIGUEL GUEVARA TORRES MÉXICO 
54 SRA. GLORIA ARIAS NIETO COLOMBIA
53 SRA. GWENAËL MARTEL FRANCIA
52  SRA. ISIS WIRTH ARMENTEROS CUBA
51 SR. FELIPE GARCÍA ARIAS COLOMBIA
50 SR. GERARDO BALLESTER FRANCONI MÉXICO 
49 * RADIO NAPOLEON FRANCIA
48 * EDITIONS ARCADE FRANCIA 
47 SR. FRANCK RICORDEL FRANCIA 
46 PROF. MICHAEL V. LEGGIERE   E.U.A.
45 SR. LUC ANTONELLI FRANCIA
44 SR. LUC MEAUX BÉLGICA
43 SR. THOMAS MOERMAN BÉLGICA
42 SRA. CHANTAL COLOMBO BÉLGICA
41 SR. BRUNO COSENZA FRANCIA
40 SR. CNEL. PIERRE COUVREUR
Presidente de la Asociación Les Amis de Ligny
BÉLGICA
39  SR. ERIC BARCOS FRANCIA 
37 SR. MATHIEU BENAY FRANCIA
36 SR. JEAN-FRANÇOIS THEVENIN FRANCIA
35 SR. MIGUEL MOUTOY BÉLGICA
34 * FORUM POUR LA FRANCE FRANCIA
33 SR. AQUILES SÁNCHEZ SEGURA  MÉXICO
32 E.S. ENRIQUE SADA SANDOVAL CSMA  MÉXICO
31 * FRANCE BONAPARTISTE   FRANCIA
30 SRA. GABRIELA ALBORES SOLÍS  MÉXICO
29 SR. DAVID SAFORCADA
Secretario General de France Bonapartiste
 FRANCIA
28 PROF. NORMA ELIZABETH SALAZAR HERNÁNDEZ  MÉXICO
27 SRA. BÉATRICE VINCENT-BARBÉ  FRANCIA
26 SR. YVAN ZEITER SUIZA
25  SR. RENÉ ARCHENAULT  FRANCIA
24

DRA. MARÍA SOBRADO SANTIBÁÑEZ
Ex-presidente de la Asociación de exbecarios de Francia

 MÉXICO 
 23  SR. TONATIUH IBARRA CASTILLO  MÉXICO 
 22 Sr. D. JOAQUÍN BLASCO NACHER
Presidente de la Asociación Napoleónica Valenciana
ESPAÑA 
21 SR. MAGNO FERNÁNDES DOS REIS MÉXICO 
20 SR. PABLO SANDES ARGENTINA
19 DR. ULISES CASAB RUEDA
Ex-presidente de la Asociación Médica de exbecarios en Francia
MÉXICO
18 SR. YVAN HARDY BÉLGICA
17 SR. JACQUES LECOUSTUMIER FRANCIA
16 SR. GEORGES DEWAELHEYNS
BÉLGICA
15 SR. PIERRE LEROUGE
FRANCIA
14 SR. CYRIL GIRAULT FRANCIA
13 SR. PHILIPPE GRAMPAIX FRANCIA
12 S.E. DR. ALBERT SALON
Ex-embajador de Francia, Presidente del Foro francófono internacional
FRANCIA
11 CMDT. ALAIN ARCQ
Administrador de la Sociedad Les Amis de Ligny, Miembro de la Société Royale Belge d’Etudes Napoléoniennes
BÉLGICA
10 SR. LAURENT JULLIEN FRANCIA
9 SR. YVES MOERMAN
Presidente de la Asociación Groupement Européen de Gendarmerie Impériale (G.E.G.I.)
BÉLGICA
8
SR. FRANK ABED
Presidente de Réconciliation Nationale
FRANCIA
7
SR. CHRISTOPHE GIORDANI
FRANCIA
6
SR. ALAIN ARNAUD BOBADILLA
MÉXICO
5
DR. XAVIER RIAUD
Director de Colección en las Editions L’Harmattan.
FRANCIA
4
SR. VINCENT SARDON
FRANCIA
3
SRA. VIVIANNE GARZÓN
MÉXICO
2
SR. MARIO A. NEYRA GONZÁLEZ
MÉXICO
1 PR. EDUARDO GARZÓN-SOBRADO
Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia
MÉXICO
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