Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
PARÍS BAJO EL REINADO DE NAPOLEÓN
Vista del arco del Carrusel en construcción (1808)
Por el Barón Dominique Vivant Denon (1747-1825).

Por el Doctor

Pascal Cyr

Dr. Pascal Cyr.
Dr. Pascal Cyr
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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El 20 de brumario, Napoleón se convirtió en Primer Cónsul. La tarea que espera al nuevo gobierno es colosal, Francia se muere. La población francesa soportó difícilmente los últimos meses del Directorio. Las regiones de Francia viven en la miseria y París, capital de la Francia, está flaco; tiene hambre, tirita y parece estar al límite de la paciencia (1). La primera ciudad de Francia tiene una necesidad urgente de una buena cepillada. Napoleón, quien está consciente del trabajo por realizar, será para París el primer urbanista del Siglo XIX. Su sueño: hacer de París la capital del Occidente. Quiere una metrópolis sembrada de monumentos grandiosos, de comodidades como puentes, paseos, fuentes, mercados, plazas, etc. Desgraciadamente, la obra emprendida no será terminada. Sin embargo, como o veremos, la huella indeleble de Napoleón permanece bien presente en la capital francesa. En este artículo, trazaremos las grandes líneas de las realizaciones de Napoleón en París.

 

PARÍS, CIUDAD INSALUBRE

París, capital del Occidente, así es como lo había soñado. Pero, cuando Napoleón encuentra París después del 18 de brumario, ésta se parece más a una ciudad de la Edad Media, de hecho, es poco lo que la diferencia de la ciudad del Siglo XVI del tiempo del rey Enrique IV. En ese momento, la ciudad luz comprende 580 000 almas que se amontonan en sus dos islas y a lo largo de las orillas del Sena. El aspecto interior de la ciudad es más o menos desolador. Las calles estrechas y sinuosas que componen las arterias de la capital están espantosamente sucias a causa de la inexistencia de un servicio de cañería eficaz. Además, ningún servicio de recolección de desechos está organizado: «Cada quien vacía su basura y a veces las peores que solo los perros y los traperos vienen, no diré a limpiar, pero a recoger, parcialmente, del pavimento» (2). En lo que respecta a las banquetas, cuando Napoleón toma el poder, París no posee ninguno. Contrariamente a París cuyas calles son verdaderos lodazales atestados de inmundicias, Londres posee un servicio de aceras desde hace una veintena de años. Siempre en las calles, al no contar París ni con mercados, ni con mataderos, éstas ya de por sí muy estrechas están invadidas por mercaderes ambulantes que venden legumbres y charcuterías: «Oigo a Javotte llevando su cuévano, gritando zanahoria, nabos y coliflores, cántase; pero los detritos de legumbres cubrían el suelo a su paso. Era poco sin embargo junto a los horribles resultados de la matanza de las bestias frente a las carnicerías: la sangre corría en los riachuelos y el pavimento estaba ensuciado de atroces restos» (3). Además, el servicio de agua es caótico, las raras fuentes están a menudo a secas, les es pues preciso a los parisinos ir a buscar el agua directamente en el Sena. Finalmente, para terminar este cuadro poco reluciente, las calles de París no están iluminadas y algunas de ellas son verdaderos degolladeros.

Napoleón visita la manufactura de los hermanos Sévène en Ruán, en noviembre de 1802
El Primer Cónsul, aquí acompañado por Josefina, alienta y aconseja a los ejecutivos y a los obreros de una empresa durante una inspección. Lavado de Jean-Baptiste Isabey (1767-1855).

 

LAS REFORMAS DEL EMPERADOR

Viendo todos esos problemas que perjudican la salud pública y el buen funcionamiento de la ciudad, Napoleón piensa que se debe airear la ciudad demoliendo ciertas callejuelas, construir puentes, ensanchar avenidas, y lo que había hecho para El Cairo, alumbrar las calles. A pesar de ciertas críticas acerca del alumbrado de las calles a causa del funcionamiento con aceite, París a finales del Imperio era considerada como una de las ciudades mejor iluminadas de Europa. La ciudad le debe también a Napoleón diez kilómetros de desagües y sus primeras aceras y regueras, que remplazarán al riachuelo axial y siempre estancado. Otra reforma muy importante es la numeración de las casas. Emprendido de manera embrionaria por Luis XVI y enseguida durante la revolución, Napoleón adopta el sistema par-impar establecido en relación al río. Este sistema fue introducido en la ciudad dando el ejemplo a Europa (4).

La Exposición anual de productos industriales en el patio del Louvre, en 1801
Se organizaban exposiciones cada año, en París y en provincia, para presentar los productos de la industria y de la agricultura.

Napoleón emprende en ese momento un programa grandioso de embellecimiento. Como el emperador Augusto quien había hallado Roma en ladrillos, Napoleón ambiciona dejarla de mármol. Desde 1806, París es invadida por los arquitectos y las obras de construcción se inician en toda la ciudad. Napoleón empieza desplazando el futuro centro de la ciudad. Éste que se encuentra entonces en el ayuntamiento, el Emperador decide desplazarlo a los pueblos de Auteuil y del Boulogne. El camino que llevaba a estos pueblos, avenida de guinguettes, toma el nombre de Campos Elíseos (“Champs-Élysées”). Al estar esta calle bordeada de casuchas y de cabarets de de mala fama, Napoleón entiende transformarla en una espléndido paseo cuya extremidad estará coronada por el Arco de Triunfo en la Plaza de la Estrella (5). El Emperador precedía por sesenta años al barón Haussmann. También piensa en los muelles para favorecer la actividad económica de París. De 1802 a 1813, dos kilómetros de paseos son construidos en París, el quai d’Orsay, el quai des Invalides, el quai des Tuileries y el quai de Debilly. El quai des Orfèvres fue prolongado hasta el quai de Saint-Louis. Sin embargo, la construcción de los quai Napoléon y quai Desaix fueron detenidos por falta de subsidios. El último en ser construido en tiempos de Napoleón será el quai Montebello que es terminado en 1813. El Sena, que no posee más que dos puentes en toda su longitud, el de la Concordia y el Puente Real, es franqueado por cuatro nuevos puentes de loa cuales dos de tipo metálicos, novedad hasta entonces reservada a los ingleses. Los puentes de Austerlitz y de las Artes son de metal, el puente de la Cité que liga a ésta última con la Isla San Luis está construido de madera. Y finalmente, el puente de Jena, que originalmente debía ser construido de hierro, es realizado en piedra por el ingeniero Lamandé (6). Todos estos paseos y puentes tienen como objetivo facilitar el aprovisionamiento de París y la libre circulación de los individuos y de las mercancías. Antes del 18 de brumario, París era vulnerable a la menor crecida, impidiendo que los víveres llegasen por el río. Para remediar el problema, Napoleón hace construir vastos depósitos para almacenar reservas de granos (7). En añadidura, Napoleón contempla despejar las calles de todos esos mercaderes ambulantes que pululan por doquier. Pone pues en obra los tianguis y mercados de París, la grande halle, el mercado de vinos y el mercado de granos. Estos amplios espacios tienen como fin agrupar en un sólo lugar a todos los vendedores de legumbres, de charcuterías, de granos y de vinos. Desgraciadamente la obra comenzada en 1806 no será terminada hasta 1813. No obstante, esta iniciativa mejora grandemente la salubridad de París.

Pero la preocupación mayor que obsesiona al Emperador es el aprovisionamiento de agua. Un día había preguntado a Chaptal: «Tengo la intención de hacer de París la más bella capital del mundo [...] quiero hacer algo útil para París. ¿Cuáles serían vuestras ideas al respecto?», «Dadle agua», respondió. En esa época, aun cuando un río fluye en París, el agua no es accesible para todos. Ésta se vende por cubeta y cuesta muy cara, un céntimo por 15 litros. Para lograr su objetivo, a partir de 1802, Napoleón hace construir el canal del Ourcq de sesenta kilómetros de largo. Este canal lleva agua del rio en espera de que alimente las cascadas de las Tullerías y las inmensas piezas de agua de los Campos Elíseos. Enseguida, firma un nuevo decreto que autoriza la construcción de quince nuevas fuentes. Pero el débito es aún muy débil. Así pues es necesario mejorar el sistema y en 1811, el canal alimenta finalmente la torre de agua inaugurada el 11 de agosto del mismo año por Montalivet. Con estas innovaciones, napoleón logra hacer fluir de manera permanente las cincuenta y seis fuentes ya existentes de la capital. También se construye la enorme fuente de Bastilla. Napoleón escribirá a Champagny: «Por este medio, los mercados y las calles se verán lavados».

Por otro lado, Napoleón desea que las instituciones que ha creado estén bien alojadas y que los edificios que las abrigan demuestren la grandeza del régimen. Primero hace construir un palacio en el quai d’Orsay que se convierte en el del Tribunal de Comercio, manda construir la Bolsa en la calle Vivienne en 1808. En 1811, el edificio casi acabado ya está proclamado «la obra maestra de Brongniart». El Louvre que había sido esbozado por diez reyes, es por fin terminado. El Carrusel, liberado por el Emperador de todas las casuchas que lo desfiguraban, cambia de rostro. Hace restaurar las Tullerías que habían sido saqueadas durante la revolución, restaura también el Palacio del Luxemburgo y el palacio Borbón. Finalmente, emprende construir el Panthenón. Este templo dos veces más grande que el templo ateniense, está dedicado a la gloria de la Gran Armada. Pero viendo Napoleón los costos astronómicos de su construcción, entre 16 y 18 millones, piensa instalar en él el Tribunal supremo, el hotel de un ministro o el Palacio de las Bellas Artes.

Primera distribución de la Legión de Honor, instituida por el Emperador, el 15 de julio de 1804 en la capilla de los Inválidos
El 15 de julio de 1804, en el Patio de Honor de Los Inválidos, el Emperador Napoleón condecoró a sus mariscales, los altos dignatarios civiles del Imperio, y también al grognard Jean-Roch Coignet. Aquí, hace entrega de las insignias de caballero al gran matemático Gaspard Monge. Cuadro de Jean-Baptiste Debret (1768-1848).

Desafortunadamente, a pesar de sus trabajos que ayudaron a París a trascender la modernidad en materia de salubridad pública, la ciudad, a nivel de su fisionomía general, permanece a fines del reinado de Napoleón más o menos la capital dejada por Luis XVI. Hay una razón para ello: la guerra, la guerra continua engendrada por Inglaterra. Ésta a partir de 1809, absorbe sumas considerables y por consiguiente, Napoleón debe comenzar a ralentizar el ritmo de las construcciones en París. Es la razón mayor que hace que ciertos edificios como les halles sean terminados tardíamente. Después de la caída del Emperador, las grandes construcciones e innovaciones de esta envergadura serán más bien raras. Bajo el reinado de los Borbones, y de Luis Felipe de Orleáns, se asiste al statu quo. Habrá que esperar el reinado de Napoleón III y la llegada de Georges Eugène Haussman, prefecto del Sena, puesto que ocupa durante diecisiete años, para que París se vuelva a convertir en un verdadero terreno de obra de construcción. Haussman se esfuerza en realizar la obra que el Emperador Napoleón I había comenzado al principio del Siglo XIX.
¡Sin embargo, a pesar de todas sus realizaciones, constatamos con tristeza que no existe en París ninguna calle, ninguna avenida ni ninguna plaza que lleve el nombre de Napoleón!
Para significar el bicentenario de la epopeya que trajo la gloria a Francia, esta inmensa injusticia debería ser reparada (8).
Es un poco desconsolador constatar que Roma, Lucca, Liubliana y Varsovia poseen una plaza Napoleón y que siete ciudades estadounidenses llevan el nombre de Napoleón (9), mientras en París, parece haberse negado este honor a uno de los más grandes hombres de la Historia.

NOTAS:

1) E. et J de Goncourt, Histoire de la société française pendant le Directoirehistoria de la sociedad francesa durante el Directorio») París, 1992, p. 120.
2) Poumiès de la Siboutie, (doctor) Souvenir d’un médecin de ParísRecuerdo de un médico de París»). París, Plon, 1910, p. 103.
3) Poumiès de la Siboutie, (doctor) Souvenir d’un médecin de París. («Recuerdo de un médico de París»), p. 82.
4) Georges Poisson en Jean Tulard, Dictionnaire Napoleón, («Diccionario Napoleón») rúbrica «París», París, Fayard, 1999, p. 471.
5) Comenzado el 15 de agosto de 1806, Napoleón no verá nunca acabado el Arco del Triunfo. Será inaugurado en 1836.
6) El puente de Jena estuvo a punto de ser destruido por Blücher en 1815. El nombre de Jena le evocaba un mal recuerdo…
7) Georges Poisson en Jean Tulard, Dictionnaire Napoleón, rúbrica «París», París, Fayard, 1999, p. 471.
8) Sugerencia de André Castelot. Napoleón, París, Tallandier, 1969, p. 314. ¿Por qué no conservar para el Arco de Triunfo su nombre de la Estrella, y llamar «Napoleón» la plaza que lo rodea y que se encuentra bordeada por los antiguos hoteles de los mariscales?
9) André Castelot, Napoleón, París, Tallandier, 1969, p. 314. Encontramos ciudades que llevan el nombre del Emperador en los Estados Unidos en los estados de Alabama, de Kentucky, de Indiana, de Michigan, de Missouri, de Dakota del Norte y de Ohio. Hay igualmente en los Estados Unidos dos ciudades «Bonaparte», una en el estado de Nueva York y la otra en el de Iowa.

Temas relacionados:

París, ciudad imperial, por Georges Poisson.

Obra civil del Emperador Napoleón

Obra del Emperador Napoleón

Ver también nuestra PETICIÓN INTERNACIONAL POR LA MEMORIA DEL EMPERADOR