Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
UNA “MUJER” ORANGUTÁN DONDE NAPOLEÓN

Por el Doctor

Pierre-François Puech
Miembro del Comité Científico del Instituto Napoleónico México-Francia

El Dr. Pierre-François Puech, Miembro de Honor del Comité Científico del Instituto Napoleónico México-Francia.
El Dr. Puech
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Cuando Bonaparte, de regreso de la expedición de Egipto, toma el poder el 18 de brumario (9 de noviembre de 1799) el país entero es presa de las angustias de la escasez. Habiendo unos energúmenos abierto anteriormente las tumbas reales de San Dionisio, el Museo ha hecho transferir el cuerpo momificado de Turenne al Templo de Marte (Los Inválidos). Entonces, se está obligado a abatir a los animales de la casa de fieras. El advenimiento del Consulado va a arreglar las cosas, pues el Estado es más que una forma específica de gobierno, modifica las relaciones del hombre y de las ciencias.

Bonaparte se considera como el primero de los sabios, por ello es que la historia napoleónica no se resume hoy a la de su principal actor. Movilizó a los hombres y a la naturaleza, y se escrutó con más ardor una multitud de plantas y de animales que se hizo un esfuerzo por someter a la domesticación. ¿Es preciso recordar que Etienne Geoffroy Saint-Hilaire, quien creó en junio de 1793 la casa de bestias del Jardín de las Plantas, tomó por divisa una sola palabra?: utilitati. Las especies asociadas al hombre parecen demasiado poco numerosas comparadas a las que están presentes en la tierra. Parece, además, que la mayoría de las plantas y de los animales útiles se dieron espontáneamente al hombre. Quedan pues múltiples conquistas por efectuar, y por examinar más de cerca a los grandes simios cercanos del hombre.

¿La domesticación de los animales y la aclimatación de las plantas al cambiar sus caracteres crean especies bien fijadas? A este problema de práctica agrícola de primera importancia para el mantenimiento de una producción se relaciona una cuestión de investigación fundamental que moviliza a los sabios.

Al habernos dejado los egipcios en las sepulturas museos donde encontramos las plantas y los animales de miles de años de edad que no se distinguen de sus descendientes, las especies parecen fijadas al abordarlas en primera instancia. Máxime que el naturalista está acostumbrado a hallar los caracteres de los padres en la descendencia.

Cuando se clasificó a los vivientes por niveles, del más simple al más complicado, se constató sin embargo que existían diferentes series graduadas que a pesar de todo se detienen en un estado dado sin que se pueda continuar ayudándose de una serie vecina. Las series se clasifican consiguientemente haciendo muchas entradas, ¿se puede entonces pasar del simio al hombre?

El orangután de la Malmaison

Una especie de bestia llamada Hombre de los bosques había sido descrita precedentemente por los holandeses como no debiendo ser confundida con los bárbaros. Esta categoría, a la cual los javaneses dieron el nombre de Orangután, existe en la India y en las grandes islas de Borneo y Java. El Museo, que tiene como rasgo específico enviar a «viajeros naturalistas» hacia las tierras lejanas a fin de enriquecer las colecciones con las especies desconocidas en Francia, va a encargarse de proseguir el estudio del orangután. Geoffroy Saint-Hilaire, que hizo venir a Georges Cuvier, publicó en especial con éste último, en 1795, una Historia natural de los Orangs-utanes sin haber podido observar un orang viviente. Los autores en esta memoria plantean la idea de la Unidad de composición: «¿En lo que nosotros llamamos especies no debe verse más que las diversas degeneraciones de un mismo tipo?» (Magasin encyclopésique 1795 (3) 451-463). Geoffroy Saint-Hilaire trajo enseguida de la expedición de Egipto una rica colección de animales que lo llevó a clasificar los organismos «sometidos a un plan general» modificado en el transcurso de las eras por el entorno. Así es como buscó las «analogías» que recubren lo que ahora llamamos «homologías» (Encyclopaedia Universalis 1996 (15) 1496 y 2494).

Charles Mathieu Isidore Decaen (1769-1832)
Gobernador de Pondicherry y Mauricio, comandante del ejército de Cataluña durante el Imperio. Litografía inspirada en un cuadro de Vlaffard.

El primer orang viviente llevado a París, vivió en la Malmaison. Es por este tipo de historia que el filósofo estadounidense Ralph-Waldo Emerson (1803-1882) vio en Napoleón al representante de cada uno de entre nosotros, amante de curiosidades. He aquí una que se sitúa a inicios de 1808, un poco antes de que el Emperador, que volvía de Italia, enviase a Geoffroy Saint-Hilaire a Lisboa a visitar los animales recibidos del Brasil y vigilar a los ingleses presentes en Portugal.

Josefina deseaba poblar la Malmaison con animales que pudiesen eventualmente dejarse domesticar. El general Decaen, gobernador de las Indias francesas, le obsequió por ello en 1808 un bebé orangután hembra domesticado al cual se inculcó una educación. Este pensionario arribó a París a comienzos del mes de marzo. El hermano del gobernador, oficial de marina, aseguró que no tenía más que tres meses cuando llegó en enero de Borneo a la Isla de Francia (Frédéric Cuvier, 1810, Descripción de un orangután, Anales del Museo (16) 46-65).
Felizmente, Cuvier tenía un hermano para quien la influencia del hombre no bastaba para explicar la domesticidad de las bestias. Al ser ésta última un hecho especial, había que buscar su causa propia. Para Frédéric Cuvier la domesticidad venía de la sociabilidad de sujetos provistos de una aptitud particular para comunicar. Había observado ésta en la Malmaison en la persona del joven orangután muerto a los dieciocho meses de una inflamación de los intestinos tras haber permanecido postrado algún tiempo, con un cobertor jalado hasta el mentón y con los brazos fuera del lecho. Esta joven hembra había mostrado su necesidad de sociedad apegándose a las personas que lo habían cuidado. Amando las caricias y dando verdaderos besos, se encaprichaba y daba muestra de su enojo cuando uno no cedía a sus reclamaciones; mímicas que son a menudo las del hombre, aún cuando dejen indiferentes a quienes asisten a la escena.

La teoría del sujeto favorito encuentra aquí su ilustración. La capacidad de apreciar lo que otra persona siente es particularmente útil para establecer lazos. Se trataría de una facultad cognitiva avanzada de los humanos. Cuvier observó esta aptitud en el orang de la Malmaison que disfrutaba trepándose a los árboles: «un día hicieron como que querían subir a uno de esos árboles para ir a cogerlo, pero enseguida se puso a sacudir el árbol…». El orang concluía el temor que había conocido al sentir el suelo desaparecer bajo sus pies cuando estaba en el mar, al temor que debían sentir los demás. Cualquiera que sea la manera, dice F. Cuvier, como se considere la acción, no será posible no reconocer la facultad de generalizar (Flourens, Pierre, 1839, «Commentaire sur l’Histoire Naturelle des Mammifères de Frédéric Cuvier», Journal des Savants, agosto de 1839: 464-479).

Esta capacidad fue recientemente propuesta como habiendo sido necesaria para el origen del hombre (Dunbar R., 2007, «Evolution and social sciences, History of the Human Sciences», Oxford, 20 (2) 29-50). A partir de vestigios prehistóricos del orangután y del hombre, ha sido posible además poner en evidencia el muy próximo parentesco morfológico entre ellos aún si la hominidad apareció más antiguamente (Puech P.-F., Albertini H., Masali M. 1984 «L’orang-utan e l’origine dell’uomo», Anthropologia Contemporanea 7 (4) 301-308).

Evolución comportamental.

Cuando en los albores del siglo XIX se quiso situar al Hombre en el reino animal, una clasificación coronada por los Primates (primeros) desembocó en la idea de un encadenamiento. El evolucionismo había nacido no dejando más que un lugar reducido al enunciado que será hecho enseguida de la evidencia de una supervivencia de los más aptos. Reconocer la coexistencia de una continuidad de comportamientos genéticamente controlados – en particular la bipedia, el régimen alimentario, la aptitud de aprendizaje... – implicaba el estudio de primates «subhumanos». Esta disposición fue bien puesta en evidencia por una mujer orangután que vivió donde Napoleón. Las personas que la conocieron relataron que comía en la mesa, empleaba con destreza el cuchillo y el tenedor para cortar rábanos que le fascinaban y bebía en pequeños sorbos. Acompañada, caminaba sobre dos piernas mientras que, al estar sentada, alzaba sobre sus muslos los faldones de su largo redingote (Mlle Avrillon, 1969; Memorias, reedición en el Mercure de France, página 277).

Molar de orangután fósil comparado al del hombre actual.