Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
France Bonapartiste.
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Texto en castellano.
¡NAPOLEÓN, HOMBRE DE PAZ!
Texte en Français.
« Se habla de mi amor por la guerra, pero ¿no estuve constantemente ocupado en defenderme?
¿Obtuve alguna victoria sin que haya inmediatamente propuesto la paz?
»
Napoleón en Santa Helena.

Por el Señor

David Saforcada
Presidente de Francia Bonapartista

David Saforcada
David Saforcada
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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La batalla de Friedland, el 14 de junio de 1807
Pintura de Horace Vernet (1789-1863).

Entre las leyendas compuestas por la parcialidad y acreditadas por la ignorancia, hay una – y no de las menos machacadas – que representa a Napoleón como un conquistador sanguinario no viviendo más que para el carnaje y haciendo de la guerra su pasatiempo favorito, su juego preferido. Pero como ante los ataques mentirosos y totalmente « abracadabrantes » del triste señor Ribbe, haciendo de Napoleón el « precursor » de Hitler, el hacedor de genocidios de los negros (1) o bien las calumnias de un Caratini (2), los hechos, para quien quiera verlos (3), se yerguen ante las aserciones malévolas o fraguadas y, en su impasible elocuencia, aseguran a la verdad la victoria definitiva sobre la mentira.

No es el reinado del gran Emperador lo que trataré de pasar en revista (4) sino que buscaré echar un vistazo rápido a las circunstancias de donde surgieron las guerras del Imperio, a los verdaderos instigadores de esos conflictos y al destino que le hubiera hecho a Francia el recogimiento de Napoleón en aquella lucha épica de quince años de la cual él no fue ni el autor ni el amo. La pasión que desnaturaliza los hechos para explotarlos en su provecho, la ignorancia que los juzga en función de las apariencias, hacen de Napoleón un ambicioso feroz, que lo inmola todo a su espíritu de dominación. Nada hay más falso que esta pintura y, para probarlo, habría que poner a la luz y ante los ojos de todos, el carácter del hombre privado tanto como los eventos formidables que se entrechocaban en torno al trono del soberano.

« Los corazones ambiciosos no se enternecen », dijo La Harpe. Napoleón dio testimonio en su vida privada como en muchos de sus actos públicos de la sensibilidad de un corazón abierto a todas las generosidades.

En 1791, quienquiera que hubiese penetrado en la miserable recamarita, habitada por el teniente de 22 años, hubiese hallado en ella al futuro amo del mundo viviendo de pan seco, cepillando él mismo su uniforme, negándose por economía todas relaciones, ansiando un libro en un estante durante semanas o meses, antes de haber podido ahorrar el precio, centavo por centavo… ¿Y por qué esta áspera miseria?… Para pagar, con su magro sueldo, la pensión y el mantenimiento de su joven hermano Luís, el futuro rey de Holanda… ¿Emana ésta admirable abnegación de un ser ambicioso? Napoleón buscó siempre los gozos de la familia, ésta por cierto no siempre estándole agradecida, conocemos su tierno respeto por su madre y su profundo amor por Josefina. Y sus generales, sus soldados, ¡de qué bondad no los rodeó! La noche de Marengo, Napoleón regresa agobiado y doliente a su cuartel general, como de ello se sorprende un ayuda de campo, exclama con una voz entrecortada y con los ojos llenos de lágrimas: -«¡Desaix! ¡Pero Desaix!» (5). La muerte de su compañero de armas, de su amigo, le hace olvidar su brillante victoria. Después de Essling, y mientras sobrevivió Lannes (6), el Emperador fue a visitarlo cada día, todavía quiso volver a ver a su amigo muerto cuyo cuerpo contempló largamente y que abrazó llorando a lágrima tendida. La misma escena de desolación se renovó tras su visita a Duroc (7) agonizante.

Los simples soldados no fueron menos objeto de su paternal solicitud, por lo demás, si no hubiesen hallado en él más que un inexorable ambicioso, conduciéndoles a la muerte para satisfacer la sed de una egoísta pasión, ¿hubieran aquellos hombres de bronce profesado al «pequeño cabo», al «rapadito», ese culto de entusiasmo desenfrenado? ¡No! No es a un ambicioso al que se le haya dado jamás suscitar en los campos de batalla los milagros de heroísmo alcanzados por los ejércitos imperiales. ¡Qué orador, qué escritor, qué poeta sabría describir las inverosímiles elevaciones de audacia guerreras de los soldados del Emperador, en aquellas llanuras sangrientas donde, después de haberse embriagado por quince años con los triunfos de la victoria, aquellos feroces héroes de la libertad debieron al fin conocer los fríos terrores de la derrota!

Auxonne
Ilustración de Jacques Onfroy de Bréville, « Job » (1858-1931).
Durante su segunda estancia en Auxonne, en 1788-89, mientras aprende su oficio de artillero, el joven oficial Bonaparte comparte su cuartito con su hermano Luis, futuro rey de Holanda, para quien confecciona –al menos el domingo– un copioso puchero, y le hace hacer su primera comunión.

La primera de las siete coaliciones europeas formadas contra Francia fue motivada por la ejecución de Luis XVI en enero de 1793. Obscuro oficial de artillería, ¿tenía Bonaparte algo que ver en estos eventos? No fue conocido hasta septiembre próximo por la toma de Tolón sobre los ingleses, no siendo entonces más que un simple jefe de batallón.

Es a Inglaterra, no lo olvidemos, a la que se le debe la larga cadena de esas guerras que no deben ser juiciosamente consideradas más que como una guerra única. Cual un incendio mal apagado, esta guerra se volvía a encender cada vez que una victoria decisiva del Emperador ponía fin a una campaña, simple episodio de la lucha encarnecida suscitada y alimentada por Inglaterra. La Revolución francesa, con o sin Napoleón, debía ser la señal de un duelo a muerte entre Francia y la Europa que lo provocó para aplastar el principio de la Revolución, a fin de preservar para siempre las viejas naciones feudales. Tal es el recuento histórico muy simple de nuestras guerras antes y durante el Imperio.

Es verdad que en 1795, y pensando preservarse de una nueva agresión o hacerla menos peligrosa, la Convención quiso llevar las fronteras de Francia hasta sus límites naturales, ¿era esto una falta? En todo caso era dar a los riesgos de la guerra un alimento peligroso. No obstante, Bonaparte en este caso también, seguía absolutamente ajeno de las causas de este conflicto. El 29 de marzo de 1796, el joven general recibía en Niza el mando del ejército de Italia, sabemos lo que fue aquella maravillosa campaña terminada por el tratado de Campo-Formio, y de la cual Bonaparte, general de la república, no fue más que el glorioso instrumento.

Llegado el Consulado, Bonaparte quiso que su primer acto fuese ofrecer la paz a Europa, ¿era esa una marca de ambición? Escribió al rey de Inglaterra, Jorge III, una carta en la que, deplorando para ambos países las calamidades de una guerra de ocho años, expresaba el deseo de ver cesar dicho conflicto que podía durar largo tiempo para desgracia de todos los pueblos. Escribía en el mismo sentido a Francisco II, emperador de Alemania, pero esta generosa iniciativa quedó sin resultado, salvo por esta arrogante respuesta de Pitt: -«Inglaterra no firmará la paz más que cuando Francia haya vuelto a sus antiguos límites».
El Primer Cónsul recibía del Directorio una herencia aplastante: Holanda, Suiza, la Liguria reunida a Francia e intereses morales allende todavía. ¿Debía Bonaparte consentir hacer del humillante abandono de aquellas conquistas el precio de la paz? Su honor militar como su deber de jefe de Estado se lo prohibían. En esas condiciones, su primera campaña personal no podría pues imputársele.

Regreso de Napoleón a la isla de Lobau después de la batalla de Essling
Cuadro de Charles Meynier (1768-1832).

Los ejércitos franceses desembocaron a la vez en Alemania, en Suiza y en Italia. Bonaparte entra pronto como liberador en Milán y obtiene enseguida, el 14 de junio de 1800, la victoria de Marengo contra los ejércitos de Francisco II. En Alemania, el general Moreau, aplasta a los austriacos en Hohenlinden, el 3 de diciembre de 1800. En febrero de 1801, el tratado de Lunéville, impuesto a Austria, termina esta brillante campaña dando por fronteras a Francia el Rin y el Adigio, aseguraba además la paz por cuatro años, casi en todo el continente. Un año después, en marzo de 1802, Inglaterra se veía obligada a firmar la paz de Amiens; he aquí esta vez a Francia en paz, incluso con su terrible enemiga. ¿Cuánto durará esta paz y por quién será rota?

Con la duplicidad inseparable de su política, Inglaterra se sustrae cínicamente al cumplimiento del tratado de Amiens, no evacúa ni Egipto, ni Malta. El 18 de febrero de 1803, Bonaparte decía al ministro de Inglaterra: « ¿queréis la paz o la guerra? » Inglaterra no buscaba más que la ruptura, ésta estalló pronto. ¿Es esta retoma de las hostilidades responsabilidad de Napoleón? ¿Debía el Primer Cónsul admitir la inejecución de un tratado formal? Napoleón reunió a la « Gran Armada » en el campo de Boloña para operar su «descenso» a Inglaterra.
Excitadas y sobornadas por Inglaterra, Rusia y Austria concluyeron contra Francia un pacto cuyo secretó Napoleón penetró… Con su ejército, Napoleón concibió el plan de la fulminante campaña de Austerlitz, cual siete torrentes las columnas de la Gran Armada arremetieron contra Austria. Única mala nueva en el transcurso de la campaña, la derrota naval de Trafalgar que además de volver, a corto plazo, cualquier descenso a Inglaterra imposible, tuvo consecuencias incalculables sobre les destinos de Francia. El 2 de diciembre de 1805, aniversario de la Consagración, Alejandro I y Francisco II contemplaron desde lo alto del Pratzen la derrota de sus ejércitos apabullados por Napoleón con fuerzas inferiores de más de la mitad. La batalla de Austerlitz acababa de terminar esa campaña y veía a los dos vencidos solicitar humildemente la paz a Napoleón y el 26 de diciembre, el tratado de Presburgo ponía fin a la tercera coalición.

La muerte de Pitt, acaecida en 1806, pareció distender la situación entre Francia e Inglaterra, hubo incluso charlas emprendidas con Fox, su sucesor, discusiones que Napoleón dirigió en un sincero deseo de paz. Es conocido que Fox murió algunos meses después de su rival sin que nada fuera concluido. Entonces los partisanos de la guerra retomaron el poder en Inglaterra y desencadenaron contra Francia la cuarta coalición. ¿Podía Napoleón, esta vez nuevamente, evitar entrar en campaña?

Federico Guillermo, quien el año anterior se había quedado a la expectativa, lanzó a su país a la guerra, sin esperar a los ejércitos rusos, habiéndose Alejandro incorporado a la nueva coalición a fin de vengar la afrenta de Austerlitz, e invadiendo Sajonia antes de marchar sobre Baviera. El 28 de septiembre, Napoleón estaba en Mayence y el 1º de octubre pasaba el Rin. El 14 de junio bate a los prusianos en Jena mientras Davout, con su único cuerpo de armada, hacía lo mismo en Auerstaedt. El ejército prusiano se desmoronaba como un castillo de cartas, Napoleón entraba a Berlín y aguijoneaba a su ejército a la persecución de los restos de de las tropas de Federico Guillermo pero también al encuentro de los rusos. El 8 de febrero de 1807, en Eylau, exponiéndose con una heroica temeridad, Napoleón venció a los rusos y los prusianos juntos. El 14 de junio siguiente, en Friedland, la Gran Armada derrotaba una vez más al ejército ruso y forzaba así al zar Alejandro y al rey Federico Guillermo, más o menos desposeído de sus estados, a firmar el 25 de junio de 1807, el tratado de Tilsit.

Entrevista de Napoleón I y de Alejandro I en el Niemen
Óleo de Adolphe Roehn (1780-1867).

La cuarta coalición había sido dispersada pero Inglaterra no quería dejar a Napoleón ni tregua ni gracia.

Por medio de sus consejos y su oro, la enemiga de Francia sublevó a Portugal contra ésta. Fue el origen de la guerra de España, en 1808, que se reprocha a Napoleón como su falta. Sea; pero de esta falta, el Emperador no había tenido la iniciativa directa… Notemos que las campañas de Napoleón presentan todas un carácter defensivo; cuando atacaba, no era para conquistar.

En enero de 1809, de regreso de Madrid, Napoleón se encontró de cara a la quinta coalición, insidiosamente provocada por Inglaterra, pero entablada por Austria, que acababa de invadir inopinadamente Baviera; el pretexto eran los supuestos agravios de las poblaciones alemanas contra Napoleón… Siempre Napoleón fue atacado, siempre a Napoleón se le forzó la mano.

Sin seguir al gran Emperador en sus victorias rápidas y brillantes, digamos simplemente que el 17 de abril de 1809, habiéndose puesto a la cabeza de su ejército, se llevaba la victoria de Tann tres días después, el 21 la de Abensberg, el 22 la de Ekmühl y el 23 la de Ratisbonne. El 13de mayo, Napoleón entraba por segunda vez a Viena, el 21 de mayo tenía lugar la batalla de Essling, que podemos calificar de victoria defensiva. El 5 de julio, los austriacos sufrían la derrota de Enzersdorff que precedía al desastre de Wagram.
El 14 de octubre, la paz fue firmada por un vencedor demasiado generoso que, una vez más en esta ocasión, creyó en la buena fe de Austria, a la que podía rayar del mapa de Europa, y a la cual se contentó con imponer la aceptación del sistema continental (8) con todas sus consecuencias.

El 1° de abril de 1810 tuvo lugar el matrimonio de Napoleón con la archiduquesa de Austria, María Luisa (9). Los años 1810 y 1811 transcurrieron, salvo por España, en las dulzuras de la paz que Napoleón supo emplear para el mayor provecho de sus magníficas concepciones gubernamentales.
La señal de la sexta coalición fue dada por Rusia, en acuerdo con Inglaterra. Rusia eludía completamente los tratados de Tilsit y de Erfurt, y el gabinete de San Petersburgo no era más que una sucursal del gabinete británico. ¿Quién era entonces el agresor, Alejandro o Napoleón???

El 9 de marzo de 1812, saliendo de París, Napoleón comenzaba la siniestra campaña de Rusia. Los inicios fueron felices, pronto Napoleón era amo de Vilna, las victorias de Witepsk, de Krasnoé, de Smolensko, de Wiazma precedieron a las de Borodino y al entrada a Moscú el 14 de septiembre del mismo año. Napoleón permaneció en aquella ciudad un mes entero, con la idea de que los vencidos solicitarían la paz… Fue esta larga espera la que, retardando la retirada, la cambió en desastre, por los rigores de un invierno mortífero y cuyos estragos fueron excepcionales incluso en aquellos parajes (10).

El 18 de diciembre Napoleón regresaba a París, preparando de inmediato una campaña de revancha. El 15 de abril de 1813, salía de Francia a la cabeza de una joven armada (11) que obtenía, el 1° de mayo, la victoria de Lutzen ante los rusos y los prusianos, la de Bautzen tres semanas después. Pero un nuevo enemigo entraba en escena, invisible, imperceptible éste: ¡la traición! Las tropas de los estados alemanes hicieron defecciones, muchos generales se desapegaron del Emperador, más o menos ostensiblemente. La Victoria de Dresde fue « anulada » por el revés de Kulm pero también por las derrotas de los mariscales Ney y Macdonald. Después de Lipsia (Leipzich), el 18 de octubre, la retirada tuvo que empezar para dirigirse hacia el Rin y Francia, no sin haber hecho pagar al ejército bávaro su traición durante la batalla de Hanau.

De vuelta a París el 9 de noviembre, Napoleón no aceptó las condiciones de los aliados que no quería dejar a Francia otros límites que los que tenía durante el reinado de Luis XVI (12). ¡Desde ese momento, Europa entera se ligaba contra Francia, a la que setecientos mil hombres comenzaban a invadir!

A la cabeza de los « gloriosos » desechos de su ejército, Napoleón iba durante esta « Campaña de Francia » a ejecutar una de sus más bellas campañas militares. Con ese puñado de héroes, viejos grognards y « María Luisas », obtiene ante el enemigo las victorias de Montmirail, Vauchamp, Champaubert, Montereau, Craonne, Reims, Saint Dizier… Pero el torrente sin cesar engrosado por refuerzos desborda por todas partes, inexorablemente los Aliados marchan hacia París, rechazando ante ellos los cuerpos de Marmont y Mortier. El 30 de marzo París caía, la traición se cernía cada vez más sobre el Emperador.

La Campaña de Francia, 1814
Imaginada por Jean-Louis-Ernest Meissonier (1815-1891).

Replegado en Fontainebleau, Napoleón se preparaba para retomar la ofensiva cuando Marmont traicionó incitando a los demás mariscales a pedir la abdicación a aquel a quien le debían todo… en la corte del castillo el gran Emperador hizo sus adioses a sus fieles entre los fieles, ¡incluso los vieux de la vieille (13) no pudieron contener sus sollozos! El que había cubierto a Europa con sus « alas » se hallaba ahora soberano de un pedrusco, la isla de Elba.

Recordemos que la violencia de la reacción ejercida por Luis XVIII impuesto a Francia por los cañones del extranjero, excitó tal descontento que Napoleón se vio autorizado a dejar la isla de Elba; si violaba así los tratados era para oponerse a la violación del tratado de Fontainebleau por Luis XVIII quien, a pesar de la convención formal, cuestionaba los actos de los gobiernos republicano e imperial. Un trastorno social hubiese resultado infaliblemente de la abolición de ciertas leyes capitales.

El 1º de marzo de 1815, Napoleón desembarcaba en Fréjus. Llevado en triunfo hasta París, no costando el « vuelo del Águila » ni una gota de sangre, encontró el mismo entusiasmo delirante en las poblaciones como en el ejército. Volvía a las Tullerías el 20 de marzo. Su primer acto fue escribir a todos los soberanos de Europa para solicitarles la paz, la cual deseaba tan ardientemente; ¡nadie de ellos respondió!

Napoleón no puede entonces sino enfrentarse a la séptima coalición; a los novecientos mil hombres que van a marchar hacia Francia, él no puede oponer más que ciento ochenta mil… Pero calcula que puede vencer a Wellington y a Blucher en Bélgica antes de que reciban refuerzos. A la cabeza del ejército principal, entra en campaña el 12 de junio y entra a Bélgica el 15 de junio. Mientras Ney deja pasar la ocasión de dejar en un estado lastimoso a los ingleses, Napoleón vence, sin aplastarlo, a Blucher en Ligny el 16 de junio. El 18 de junio era Waterloo… Waterloo, « espléndido » desastre consumado por el error « técnico » de Napoleón, las faltas de Ney y la incompetencia táctica de Grouchy… ¡Con la « Guardia muere pero no se rinde » comenzaba el fin de un mundo!

Tres días después del revés, Napoleón estaba en París, ¿y cómo fue acogido? Los habitantes de los barrios populares, con un gran número de hombres de la clase media, se presentaron inmediatamente a las Tullerías pidiendo armas para marchar contra el enemigo. Napoleón es saludado con aclamaciones frenéticas; caída ya la noche, el flujo humano que rodea las Tullerías crecía sin cesar. De esos miles de pechos oprimidos por la ansiedad y la esperanza surgía sin cesar, como un imponente credo, el grito « ¡Viva el Emperador! ».

Con unos cuantos personajes, Napoleón conversaba acerca de una nueva abdicación. Repentinamente, Luciano se acerca a una ventana por la que subía siempre, verdadero rugido de un pueblo enloquecido, el grito repetido por todos « ¡Viva el Emperador! » - « ¿Oís esos gritos? dice Luciano. Se os piden armas, es a vos a quien llaman, es a vos a quien esperan… ¡y es así en todo vuestro Imperio! »

Era verdad. La nación celosa de sus libertades sabía que solo Napoleón podía conservárselas. Del Emperador tan solo dependía barrer con las dos Cámaras con un puñado de soldados; entonces, reuniendo a todas las tropas que aun existían, podía continuar una lucha en la cual, él sabía que sería apoyado por un ejército y un pueblo fieles. Ese prodigio, él lo podía. Pero, después de una última vacilación, dio ésta respuesta:

« Si lo quiero, las Cámaras rebeldes no existirán más en una hora. Pero no ¡No he vuelto de la isla de Elba para que París sea inundado de sangre! … »

¿En éste drama último, dónde pues aparece el feroz ambicioso?

La historia que pronuncia en una última instancia, atesta que Napoleón no fue el iniciador ni el agresor de aquellas luchas épicas. A pesar de su prodigioso genio militar, no se dejó arrastrar a la guerra por la embriaguez de sus triunfos. Si fue el capitán más grande del mundo, fue también el legislador más sabio, y el brillo de su obra militar fue igualado por el esplendor de su obra legislativa y gubernamental que hubiera perfeccionado en la paz que persiguió sin poder alcanzarla. Esta obra interior, no tengo que recordarla aquí, es inmensa y magnífica. Pacificó la Vendea, llamó de vuelta a los emigrados, fundó la Banca de Francia, la Legión de Honor, volvió a abrir las iglesias, concluyó el Concordato, elevó la instrucción popular. Elaboró el Código Civil, instituyó en Consejo de Estado, la Universidad, el Tribunal de Cuentas, encumbró la industria, prescribió mejoras y trabajos nacionales de todos géneros, aportando a la ejecución de esas altas concepciones no menos ardor y complacencia que a la organización de sus campañas militares.

En 1812, Napoleón, visitando la Escuela Normal expresó: « ¡Mi mayor victoria, es mi gobierno civil! »

Igualmente grande en la paz que en la guerra, Napoleón no podría ser considerado como un bebedor de sangre, esa calumnia es tan burda como odiosa.

Y ahora, que si algunos de sus detractores reeditan sus tiradas lagrimosas sobre las guerras en las que se decidían los intereses, la vida misma de Francia, les preguntamos ¿cómo podía Napoleón evitarlas? ¿Cediendo? ¿Pero cediendo qué y a quién? Si hubiese hecho desde el inicio las humillantes concesiones de territorio que le eran exigidas como pretexto, ¿a qué hubiese llegado? Bien digo pretexto pues Europa no tuvo otro móvil contra Francia que el aniquilamiento de la libertad y la restauración de los Borbones. Así pues, si Bonaparte se hubiese ablandado, es seguro que Europa se hubiera autorizado hasta a quebrantar al Primer Cónsul.

Y si Bonaparte hubiera sido acarreado por la coalición, la Restauración borbónica tenía todas las oportunidades de ser definitiva. Al advenimiento de Bonaparte, la nación francesa no conocía de la revolución más que sus « crímenes » y sus « desenfrenos » (14). Francia atemorizada hubiese entonces aceptado a la Realeza un poco enmendada, tal vez. En 1815, era demasiado tarde para los Borbones, pues Napoleón le había demostrado a Francia, durante esos quince años de lucha, que la libertad no es ni licencia, ni la anarquía cuando se basa sobre un poder lo bastante fuerte y sabio para adaptarlo a una autoridad leal y vigilante.

No es pues más que gracias a esta lucha titánica que Napoleón salvó a la revolución contra ella misma en el interior al mismo tiempo que la salvaba en el exterior del dominio de la vieja Europa feudal… (15)

¡Si los detractores del Emperador quisieran reconocerlo, en vez de acusarle de ambición, le saludarían como al « Mesías » de la era nueva de la que se dicen, en lo que a algunos se refiere, los apóstoles!

France Bonapartiste.

NOTAS

1) Esos ataques y esas mentiras (libro de Claude Ribbe « el crimen de Napoleón ») siendo en parte, en parte solamente pues sabemos la aversión del señor Chirac por Napoleón, la causa de la no-conmemoración oficial de la victoria de Austerlitz el 2 de diciembre de 2005, mientras por un rebajamiento total, el florón de la flota francesa se prestaba a las ceremonias de Trafalgar…
2) « Napoleón, una impostura » de Roger Caratini… Este libro es digno de las divagaciones divertidas en el café de la esquina a la hora del aperitivo. No falta más que Fanny et César para acabar de romper el corazón.
3) Para poner las cosas en el buen sentido en cuanto a las campañas napoleónicas, además de os numerosos libros sobre las dichas campañas (los Lachouque, Houssaye, Thiers, etc.) no puedo más que aconsejar la lectura del libro de Paul de Cassagnac « Napoleón pacifiste » (Napoleón pacifista) en las Éditions de France (1933).
49 Dejo al lector referirse a los grandes historiadores del Imperio, antiguos o actuales, que en varias ocasiones han trabajado el tema.
5) Desaix, Louis-Antoine-Charles des Aix, caballero de Veygoux, llamado (Castillo de Ayat (Puy de Dôme), 17 de agosto de 1768; Marengo, 14 de junio de 1800). He aquí algunas palabras de Napoleón acerca de él: « De todos los generales que tuve a mis órdenes, Desaix y Kléber han sido los que tenía más talentos; sobre todo Desaix; Kléber no amaba la gloria más que tanto que le procurase riquezas; Desaix no soñaba más que con la guerra y la gloria; las riquezas y los placeres no eran nada para él. Era un hombre pequeño de aspecto sombrío, más o menos de una pulgada menos grande que yo, siempre vestido con negligencia, algunas veces incluso desgarrado, que despreciaba los gozos y hasta las comodidades de la vida. » « Derecho y honesto en su manera de proceder, los árabes lo habían llamado el « Sultán justo ». La naturaleza lo había formado para ser un gran general; era un carácter totalmente antiguo. Su muerte es la mayor pérdida que tuve. »
6) Lannes, Jean, duque de Montebello, (Lectoure (Gers), 1769 - Viena, 1809), de legendaria valentía, es tal vez el mejor amigo de Napoleón. Éste último excusa sus modales francos, a veces brutales, su falta de educación. Dirá de él: «En Lannes, el coraje prevalecía primero sobre la mente; pero la mente subía cada día para ponerse en equilibrio; yo lo había tomado pigmeo, lo perdí gigante». «Lannes, el más bravo de todos os hombres... era seguramente uno de los hombres en el mundo con los cuales podía contar más... La mente de Lannes había crecido al nivel de su valentía, se había convertido en un gigante».
7) Duroc Géraud-Christophe-Michel (Pont-à-Mousson (Lorraine), 25 de octubre de 1772 - Markesdorf, 22 de mayo de 1813) es indisociable de la aventura personal de Napoleón, de quien fue uno de los más cercanos y más fieles colaboradores militares, desde el ejército de Italia hasta su muerte trágica, el 22 de mayo de 1813. De él, el proscrito de Santa Helena decía: « Su servicio era exacto y regular; no era sino hasta que mi jornada estaba totalmente concluida y terminada, cuando ya me reposaba, que la suya comenzaba. Duroc era puro, moral, totalmente desinteresado para recibir, extremamente generoso para dar. »
Sus funciones de gran mariscal del Palacio, con las cuales cumplió con exactitud y eficacidad durante todas las campañas del Imperio, no deben hacer olvidar que también fue un soberbio combatiente y un excelente diplomático. El Emperador recompensó esos servicios con el título de duque del Friul. Por su lealtad y sus competencias, Duroc es una de las grandes figuras de la epopeya.
8) El Bloqueo Continental que cerraba a las mercancías y productos británicos todos los puertos de Europa, era el único medio por medio del cual Napoleón esperaba reducir a la implacable enemiga de Francia.
9) No hay gran mérito en juzgar posteriormente un evento, cuando todas las consecuencias han evolucionado en plena luz. Así, se ha dicho que Napoleón, decidido por contractar una nueva unión, hubiese debido desposar a una francesa. Pero él contaba con una alianza definitiva con Austria. No hay duda de que esa alianza, lealmente consentida, hubiese preservado a Napoleón del revés final. Pero el Emperador de Austria había dado su hija al vencedor como le hubiera dado una provincia, es decir con rencores que no pedían más que estallar lo mejor y lo antes posible.
10) Y si Napoleón fue vencido por el clima, más que por los rusos, volvámoslo a decir bien fuerte a sus detractores, era porque había entrevisto la seductora imagen de la paz, objeto de sus votos constantes, aun en sus horas triunfales. ¡La paz! Fue él casi siempre quien, tras sus victorias, se inclinó sobre el vencido para ofrecérsela, esa paz… Sin jamás abusar de su prestigio ni de sus victorias, fue él quien la propuso por doquier. En 1799, la ofreció a Europa y fue Europa la que la rechazó. La ofreció nuevamente en 1805, en 1807, en 1809, en 1812, en 1813 y otra vez al regreso de la isla de Elba.
11) Napoleón logró organizarla sin cobrar ningún impuesto sobre el país. Por su minuciosa supervisión de las finanzas públicas, había creado en Francia una administración tan impecable que había podido constituir, en las cavas del Eliseo, un tesoro de trescientos millones (recordemos que al tomar el poder en 1799, ¡el Primer Cónsul no había hallado en el mismo Tesoro lo suficiente para comprar un pollo! NdT.)… ¡Qué paralelo entre las finanzas imperiales y las finanzas actuales de Francia! ¡A pesar de las guerras incesantes de su reino, Napoleón no contractó nunca un empréstito!
12) Apelo a la buena fe de todos; ¿si Napoleón hubiese consentido esa mutilación de Francia, aquellos mismos quienes le reprochan lo más vivamente sus guerras no lo abrumarían con su desprecio???
13) «Los viejos de la vieja», es decir los veteranos de la Vieja Guardia.
14) «Ses débauches», en el original. El vocablo débauche no tiene un equivalente exacto en castellano. Empleamos el término “desenfreno”, aunque para ser exactos, precisemos que la connotación de la expresión debe aplicarse especialmente al ámbito moral, evocando el libertinaje, la depravación, la perversión del gobierno republicano.
15) Todos parecidos con la situación de la Francia actual es involuntaria…