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| Instituto
Napoleónico México-Francia - Institut
Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial. |
| ¡NAPOLEÓN,
HOMBRE DE PAZ! |
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«
Se
habla de mi amor por la guerra,
pero ¿no estuve constantemente
ocupado en defenderme?
¿Obtuve alguna victoria
sin que haya inmediatamente
propuesto la paz?
» |
Napoleón
en Santa Helena. |
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| Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
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La
batalla de Friedland, el 14
de junio de 1807
Pintura de Horace Vernet (1789-1863) |
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Entre
las leyendas compuestas por la parcialidad y
acreditadas por la ignorancia, hay una –
y no de las menos machacadas – que representa
a Napoleón como un conquistador sanguinario
no viviendo más que para el carnaje y
haciendo de la guerra su pasatiempo favorito,
su juego preferido. Pero como ante los ataques
mentirosos y totalmente « abracadabrantes
» del triste señor Ribbe, haciendo
de Napoleón el « precursor »
de Hitler, el hacedor de genocidios de los negros
(1) o bien las calumnias
de un Caratini (2), los
hechos, para quien quiera verlos (3),
se yerguen ante las aserciones malévolas
o fraguadas y, en su impasible elocuencia, aseguran
a la verdad la victoria definitiva sobre la
mentira.
No es el reinado del gran Emperador lo que trataré
de pasar en revista (4) sino
que buscaré echar un vistazo rápido
a las circunstancias de donde surgieron las
guerras del Imperio, a los verdaderos instigadores
de esos conflictos y al destino que le hubiera
hecho a Francia el recogimiento de Napoleón
en aquella lucha épica de quince años
de la cual él no fue ni el autor ni el
amo. La pasión que desnaturaliza los
hechos para explotarlos en su provecho, la ignorancia
que los juzga en función de las apariencias,
hacen de Napoleón un ambicioso feroz,
que lo inmola todo a su espíritu de dominación.
Nada hay más falso que esta pintura y,
para probarlo, habría que poner a la
luz y ante los ojos de todos, el carácter
del hombre privado tanto como los eventos formidables
que se entrechocaban en torno al trono del soberano.
| «
Los corazones ambiciosos no se enternecen
», dijo La Harpe. Napoleón
dio testimonio en su vida privada como
en muchos de sus actos públicos
de la sensibilidad de un corazón
abierto a todas las generosidades. |
En 1791, quienquiera
que hubiese penetrado en la miserable
recamarita, habitada por el teniente
de 22 años, hubiese hallado en
ella al futuro amo del mundo viviendo
de pan seco, cepillando él mismo
su uniforme, negándose por economía
todas relaciones, ansiando un libro
en un estante durante semanas o meses,
antes de haber podido ahorrar el precio,
centavo por centavo… ¿Y
por qué esta áspera miseria?…
Para pagar, con su magro sueldo, la
pensión y el mantenimiento de
su joven hermano Luís, el futuro
rey de Holanda… ¿Emana
ésta admirable abnegación
de un ser ambicioso? Napoleón
buscó siempre los gozos de la
familia, ésta por cierto no siempre
estándole agradecida, conocemos
su tierno respeto por su madre y su
profundo amor por Josefina. Y sus generales,
sus soldados, ¡de qué bondad
no los rodeó! La noche de Marengo,
Napoleón regresa agobiado y doliente
a su cuartel general, como de ello se
sorprende un ayuda de campo, exclama
con una voz entrecortada y con los ojos
llenos de lágrimas: -«¡Desaix!
¡Pero Desaix!» (5).
La muerte de su compañero de
armas, de su amigo, le hace olvidar
su brillante victoria. Después
de Essling, y mientras sobrevivió
Lannes (6), el
Emperador fue a visitarlo cada día,
todavía quiso volver a ver a
su amigo muerto cuyo cuerpo contempló
largamente y que abrazó llorando
a lágrima tendida. La misma escena
de desolación se renovó
tras su visita a Duroc
(7) agonizante.
Los simples soldados
no fueron menos objeto de su paternal
solicitud, por lo demás, si no
hubiesen hallado en él más
que un inexorable ambicioso, conduciéndoles
a la muerte para satisfacer la sed de
una egoísta pasión, ¿hubieran
aquellos hombres de bronce profesado
al «Caporalito», al «Rapadito»,
ese culto de entusiasmo desenfrenado?
¡No! No es a un ambicioso al que
se le haya dado jamás suscitar
en los campos de batalla los milagros
de heroísmo alcanzados por los
ejércitos imperiales. ¡Qué
orador, qué escritor, qué
poeta sabría describir las inverosímiles
elevaciones de audacia guerreras de
los soldados del Emperador, en aquellas
llanuras sangrientas donde, después
de haberse embriagado por quince años
con los triunfos de la victoria, aquellos
feroces héroes de la libertad
debieron al fin conocer los fríos
terrores de la derrota!
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| Auxonne |
Durante
su segunda estancia en Auxonne,
en 1788-89, mientras aprendía
su oficio de artillero, el
joven Bonaparte compartía
su cuartito con su hermano
Luis, a quien confecciona
–al menos el domingo–
un copioso puchero, y le hace
hacer su primera comunión.
Dibujo de Job. |
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La primera de
las siete
coaliciones europeas formadas contra Francia
fue motivada por la ejecución de Luis
XVI en enero de 1793. Obscuro oficial de artillería,
¿tenía Bonaparte algo que ver
en estos eventos? No fue conocido hasta septiembre
próximo por la toma de Tolón sobre
los ingleses, no siendo entonces más
que un simple jefe de batallón.
Es a Inglaterra,
no lo olvidemos, a la que se le debe la larga
cadena de esas guerras que no deben ser juiciosamente
consideradas más que como una guerra
única. Cual un incendio mal apagado,
esta guerra se volvía a encender cada
vez que una victoria decisiva del Emperador
ponía fin a una campaña, simple
episodio de la lucha encarnecida suscitada y
alimentada por Inglaterra. La Revolución
francesa, con o sin Napoleón, debía
ser la señal de un duelo a muerte entre
Francia y la Europa que lo provocó para
aplastar el principio de la Revolución,
a fin de preservar para siempre las viejas naciones
feudales. Tal es el recuento histórico
muy simple de nuestras guerras antes y durante
el Imperio.
Es verdad que en 1795, y pensando preservarse
de una nueva agresión o hacerla menos
peligrosa, la Convención quiso llevar
las fronteras de Francia hasta sus límites
naturales, ¿era esto una falta? En todo
caso era dar a los riesgos de la guerra un alimento
peligroso. No obstante, Bonaparte en este caso
también, seguía absolutamente
ajeno de las causas de este conflicto. El 29
de marzo de 1796, el joven general recibía
en Niza el mando del ejército de Italia,
sabemos lo que fue aquella maravillosa campaña
terminada por el tratado de Campo-Formio, y
de la cual Bonaparte, general de la república,
no fue más que el glorioso instrumento.
Llegado el Consulado, Bonaparte quiso que su
primer acto fuese ofrecer la paz a Europa, ¿era
esa una marca de ambición? Escribió
al rey de Inglaterra, Jorge III, una carta en
la que, deplorando para ambos países
las calamidades de una guerra de ocho años,
expresaba el deseo de ver cesar dicho conflicto
que podía durar largo tiempo para desgracia
de todos los pueblos. Escribía en el
mismo sentido a Francisco II, emperador de Alemania,
pero esta generosa iniciativa quedó sin
resultado, salvo por esta arrogante respuesta
de Pitt:
-«Inglaterra no firmará la paz
más que cuando Francia haya vuelto a
sus antiguos límites».
El Primer Cónsul recibía del Directorio
una herencia aplastante: Holanda, Suiza, la
Liguria reunida a Francia e intereses morales
allende todavía. ¿Debía
Bonaparte consentir hacer del humillante abandono
de aquellas conquistas el precio de la paz?
Su honor militar como su deber de jefe de Estado
se lo prohibían. En esas condiciones,
su primera campaña personal no podría
pues imputársele.
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Regreso
de Napoleón a la isla de Lobau
después de la batalla de Essling
Cuadro de Charles Meynier (1768-1832). |
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Los ejércitos
franceses desembocaron a la vez en Alemania,
en Suiza y en Italia. Bonaparte entra pronto
como liberador en Milán y obtiene enseguida,
el 14 de junio de 1800, la victoria de Marengo
contra los ejércitos de Francisco II.
En Alemania, el general Moreau, aplasta a los
austriacos en Hohenlinden, el 3 de diciembre
de 1800. En febrero de 1801, el tratado de Lunéville,
impuesto a Austria, termina esta brillante campaña
dando por fronteras a Francia el Rin y el Adigio,
aseguraba además la paz por cuatro años,
casi en todo el continente. Un año después,
en marzo de 1802, Inglaterra se veía
obligada a firmar la paz de Amiens; he aquí
esta vez a Francia en paz, incluso con su terrible
enemiga. ¿Cuánto durará
esta paz y por quién será rota?
Con la duplicidad inseparable de su política,
Inglaterra se sustrae cínicamente al
cumplimiento del tratado de Amiens, no evacúa
ni Egipto, ni Malta. El 18 de febrero de 1803,
Bonaparte decía al ministro de Inglaterra:
-« ¿queréis
la paz o la guerra? » Inglaterra
no buscaba más que la ruptura, ésta
estalló pronto. ¿Es esta retoma
de las hostilidades responsabilidad de Napoleón?
¿Debía el Primer Cónsul
admitir la inejecución de un tratado
formal? Napoleón reunió a la «
Gran Armada » en el campo de Boloña
para operar su «descenso» a Inglaterra.
Excitadas y sobornadas por Inglaterra, Rusia
y Austria concluyeron contra Francia un pacto
cuyo secretó Napoleón penetró…
Con su ejército, Napoleón concibió
el plan de la fulminante campaña de Austerlitz,
cual siete torrentes las columnas de la Gran
Armada arremetieron contra Austria. Única
mala nueva en el transcurso de la campaña,
la derrota naval de Trafalgar que además
de volver, a corto plazo, cualquier descenso
a Inglaterra imposible, tuvo consecuencias incalculables
sobre les destinos de Francia. El 2 de diciembre
de 1805, aniversario de la Consagración,
Alejandro I y Francisco II contemplaron desde
lo alto del Pratzen
la derrota de sus ejércitos apabullados
por Napoleón con fuerzas inferiores de
más de la mitad. La batalla de Austerlitz
acababa de terminar esa campaña y veía
a los dos vencidos solicitar humildemente la
paz a Napoleón y el 26 de diciembre,
el tratado de Presburgo ponía fin a la
tercera coalición.
La muerte de Pitt, acaecida en 1806, pareció
distender la situación entre Francia
e Inglaterra, hubo incluso charlas emprendidas
con Fox, su sucesor, discusiones que Napoleón
dirigió en u sincero deseo de paz. Es
conocido que Fox murió algunos meses
después de su rival sin que nada fuera
concluido. Entonces los partisanos de la guerra
retomaron el poder en Inglaterra y desencadenaron
contra Francia la cuarta coalición. ¿Podía
Napoleón, esta vez nuevamente, evitar
entrar en campaña?
Federico Guillermo, quien el año anterior
se había quedado a la expectativa, lanzó
a su país a la guerra, sin esperar a
los ejércitos rusos, habiéndose
Alejandro incorporado a la nueva coalición
a fin de vengar la afrenta de Austerlitz, e
invadiendo Sajonia antes de marchar sobre Baviera.
El 28 de septiembre, Napoleón estaba
en Mayence y el 1º de octubre pasaba el
Rin. El 14 de junio bate a los prusianos en
Jena
mientras Davout, con su único cuerpo
de armada, hacía lo mismo en Auerstaedt.
El ejército prusiano se desmoronaba como
un castillo de cartas, Napoleón entraba
a Berlín y aguijoneaba a su ejército
a la persecución de los restos de de
las tropas de Federico Guillermo pero también
al encuentro de los rusos. El 8 de febrero de
1807, en Eylau, exponiéndose con una
heroica temeridad, Napoleón venció
a los rusos y los prusianos juntos. El 14 de
junio siguiente, en Friedland, la Gran Armada
derrotaba una vez más al ejército
ruso y forzaba así al zar Alejandro y
al rey Federico Guillermo, más o menos
desposeído de sus estados, a firmar el
25 de junio de 1807, el tratado de Tilsit.
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Entrevista
de Napoleón y de Alejandro
I en el Niemen
Óleo de Adolphe Roehn (1780-1867) |
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La cuarta coalición
había sido dispersada pero Inglaterra
no quería dejar a Napoleón ni
tregua ni gracia.
Por medio de sus consejos y su oro, la enemiga
de Francia sublevó a Portugal contra
ésta. Fue el origen de la guerra
de España, en 1808, que se reprocha
a Napoleón como su falta. Sea; pero de
esta falta, el Emperador no había tenido
la iniciativa directa… Notemos que las
campañas de Napoleón presentan
todas un carácter defensivo; cuando atacaba,
no era para conquistar.
En enero de 1809, de regreso de Madrid, Napoleón
se encontró de cara a la quinta coalición,
insidiosamente provocada por Inglaterra, pero
entablada por Austria, que acababa de invadir
inopinadamente Baviera; el pretexto eran los
supuestos agravios de las poblaciones alemanas
contra Napoleón… Siempre Napoleón
fue atacado, siempre a Napoleón se le
forzó la mano.
Sin seguir al gran Emperador en sus victorias
rápidas y brillantes, digamos simplemente
que el 17 de abril de 1809, habiéndose
puesto a la cabeza de su ejército, se
llevaba la victoria de Tann tres días
después, el 21 la de Abensberg, el 22
la de Ekmühl y el 23 la de Ratisbonne.
El 13de mayo, Napoleón entraba por segunda
vez a Viena, el 21 de mayo tenía lugar
la batalla de Essling, que podemos calificar
de victoria defensiva. El 5 de julio, los austriacos
sufrían la derrota de Enzersdorff que
precedía al desastre de Wagram.
El 14 de octubre, la paz fue firmada por un
vencedor demasiado generoso que, una vez más
en esta ocasión, creyó en la buena
fe de Austria, a la que podía rayar del
mapa de Europa, y a la cual se contentó
con imponer la aceptación del sistema
continental (8) con todas
sus consecuencias.
El 1o de abril de 1810 tuvo lugar el matrimonio
de Napoleón con la archiduquesa de Austria,
María Luisa (9).
Los años 1810 y 1811 transcurrieron,
salvo por España, en las dulzuras de
la paz que Napoleón supo emplear para
el mayor provecho de sus magníficas concepciones
gubernamentales.
La señal de la sexta coalición
fue dada por Rusia, en acuerdo con Inglaterra.
Rusia eludía completamente los tratados
de Tilsit y de Erfurt, y el gabinete de San
Petersburgo no era más que una sucursal
del gabinete británico. ¿Quién
era entonces el agresor, Alejandro o Napoleón???
El 9 de marzo de 1812, saliendo de París,
Napoleón comenzaba la siniestra campaña
de Rusia. Los inicios fueron felices, pronto
Napoleón era amo de Vilna, las victorias
de Witepsk, de Krasnoé, de Smolensko,
de Wiazma precedieron a las de Borodino y al
entrada a Moscú el 14 de septiembre del
mismo año. Napoleón permaneció
en aquella ciudad un mes entero, con la idea
de que los vencidos solicitarían la paz…
Fue esta larga espera la que, retardando la
retirada, la cambió en desastre, por
los rigores de un invierno mortífero
y cuyos estragos fueron excepcionales incluso
en aquellos parajes (10).
El 18 de diciembre Napoleón regresaba
a París, preparando de inmediato una
campaña de revancha. El 15 de abril de
1813, salía de Francia a la cabeza de
una joven armada (11)
que obtenía, el 1o de mayo, la victoria
de Lutzen ante los rusos y los prusianos, la
de Bautzen tres semanas después. Pero
un nuevo enemigo entraba en escena, invisible,
imperceptible éste: ¡la traición!
Las tropas de los estados alemanes hicieron
defecciones, muchos generales se desapegaron
del Emperador, más o menos ostensiblemente.
La Victoria de Dresde fue « anulada »
por el revés de Kulm pero también
por las derrotas de los mariscales Ney y Macdonald.
Después de Lipsia (Leipzich), el 18 de
octubre, la retirada tuvo que empezar para dirigirse
hacia el Rin y Francia, no sin haber hecho pagar
al ejército bávaro su traición
durante la batalla de Hanau.
De vuelta a París el 9 de noviembre,
Napoleón no aceptó las condiciones
de los aliados que no quería dejar a
Francia otros límites que los que tenía
durante el reinado de Luis XVI (12).
¡Desde ese momento, Europa entera se ligaba
contra Francia, a la que setecientos mil hombres
comenzaban a invadir!
A la cabeza de los « gloriosos »
desechos de su ejército, Napoleón
iba durante esta « Campaña de Francia
» a ejecutar una de sus más bellas
campañas militares. Con ese puñado
de héroes, viejos grognards y «
María Luisas », obtiene ante el
enemigo las victorias de Montmirail, Vauchamp,
Champaubert, Montereau, Craonne, Reims, Saint
Dizier… Pero el torrente sin cesar engrosado
por refuerzos desborda por todas partes, inexorablemente
los Aliados marchan hacia París, rechazando
ante ellos los cuerpos de Marmont y Mortier.
El 30 de marzo París caía, la
traición se cernía cada vez más
sobre el Emperador.
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La
Campaña de Francia, 1814
Imaginada por Jean-Louis-Ernest Meissonier
(1815-1891) |
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Replegado en
Fontainebleau, Napoleón se preparaba
para retomar la ofensiva cuando Marmont traicionó
incitando a los demás mariscales a pedir
la abdicación a aquel a quien le debían
todo… en la corte del castillo el gran
Emperador hizo sus adioses a sus fieles entre
los fieles, ¡incluso los vieux de la vieille
(13) no pudieron contener
sus sollozos! El que había cubierto a
Europa con sus « alas » se hallaba
ahora soberano de un pedrusco, la isla de Elba.
Recordemos que la violencia de la reacción
ejercida por Luis XVIII impuesto a Francia por
los cañones del extranjero, excitó
tal descontento que Napoleón se vio autorizado
a dejar la isla de Elba; si violaba así
los tratados era para oponerse a la violación
del tratado de Fontainebleau por Luis XVIII
quien, a pesar de la convención formal,
cuestionaba los actos de los gobiernos republicano
e imperial. Un trastorno social hubiese resultado
infaliblemente de la abolición de ciertas
leyes capitales.
El 1º de marzo de 1815, Napoleón
desembarcaba en Fréjus. Llevado en triunfo
hasta París, no costando el « vuelo
del Águila » ni una gota de sangre,
encontró el mismo entusiasmo delirante
en las poblaciones como en el ejército.
Volvía a las Tullerías
el 20 de marzo. Su primer acto fue escribir
a todos los soberanos de Europa para solicitarles
la paz, la cual deseaba tan ardientemente; ¡nadie
de ellos respondió!
Napoleón no puede entonces sino enfrentarse
a la séptima coalición; a los
novecientos mil hombres que van a marchar hacia
Francia, él no puede oponer más
que ciento ochenta mil… Pero calcula que
puede vencer a Wellington y a Blucher en Bélgica
antes de que reciban refuerzos. A la cabeza
del ejército principal, entra en campaña
el 12 de junio y entra a Bélgica el 15
de junio. Mientras Ney deja pasar la ocasión
de dejar en un estado lastimoso a los ingleses,
Napoleón vence, sin aplastarlo, a Blucher
en Ligny el 16 de junio. El 18 de junio era
Waterloo… Waterloo, « espléndido
» desastre consumado por el error «
técnico » de Napoleón, las
faltas de Ney y la incompetencia táctica
de Grouchy… ¡Con la « Guardia
muere pero no se rinde » comenzaba el
fin de un mundo!
Tres días después del revés,
Napoleón estaba en París, ¿y
cómo fue acogido? Los habitantes de os
barrios populares, con un gran número
de hombres de la clase media, se presentaron
inmediatamente a las Tullerías pidiendo
armas para marchar contra el enemigo. Napoleón
es saludado con aclamaciones frenéticas;
caída ya la noche, el flujo humano que
rodea las Tullerías crecía sin
cesar. De esos miles de pechos oprimidos por
la ansiedad y la esperanza surgía sin
cesar, como un imponente credo, el grito «
¡Viva el Emperador! ».
Con unos cuantos personajes, Napoleón
conversaba acerca de una nueva abdicación.
Repentinamente, Luciano se acerca a una ventana
por la que subía siempre, verdadero rugido
de un pueblo enloquecido, el grito repetido
por todos « ¡Viva el Emperador!
» - « ¿Oís esos gritos?
dice Luciano. Se os piden armas, es a vos a
quien llaman, es a vos a quien esperan…
¡y es así en todo vuestro Imperio!
»
Era verdad. La nación celosa de sus libertades
sabía que solo Napoleón podía
conservárselas. Del Emperador tan solo
dependía barrer con las dos Cámaras
con un puñado de soldados; entonces,
reuniendo a todas las tropas que aun existían,
podía continuar una lucha en la cual,
él sabía que sería apoyado
por un ejército y un pueblo fieles. Ese
prodigio, él lo podía. Pero, después
de una última vacilación, dio
ésta respuesta:
« Si lo
quiero, las Cámaras rebeldes no existirán
más en una hora. Pero no ¡No
he vuelto de la isla de Elba para que París
sea inundado de sangre! …
»
¿En éste drama último,
dónde pues aparece el feroz ambicioso?

La historia
que pronuncia en una última instancia,
atesta que Napoleón no fue el iniciador
ni el agresor de aquellas luchas épicas.
A pesar de su prodigioso genio militar, no se
dejó arrastrar a la guerra por la embriaguez
de sus triunfos. Si fue el capitán más
grande del mundo, fue también el legislador
más sabio, y el brillo de su obra militar
fue igualado por el esplendor de su obra legislativa
y gubernamental que hubiera perfeccionado en
la paz que persiguió sin poder alcanzarla.
Esta obra interior, no tengo que recordarla
aquí, es inmensa y magnífica.
Pacificó la Vendea,
llamó de vuelta a los
emigrados, fundó la Banca de Francia,
la Legión
de Honor, volvió a abrir las iglesias,
concluyó el Concordato,
elevó la instrucción popular.
Elaboró el Código
Civil, instituyó en Consejo de Estado,
la Universidad, el Tribunal de Cuentas, encumbró
la industria, prescribió mejoras y trabajos
nacionales de todos géneros, aportando
a la ejecución de esas altas concepciones
no menos ardor y complacencia que a la organización
de sus campañas militares.
En 1812, Napoleón, visitando la Escuela
Normal expresó: « ¡Mi mayor
victoria, es mi gobierno civil! »
Igualmente grande en la paz que en la guerra,
Napoleón no podría ser considerado
como un bebedor de sangre, esa calumnia es tan
burda como odiosa.
Y ahora, que si algunos de sus detractores reeditan
sus tiradas lagrimosas sobre las guerras en
las que se decidían los intereses, la
vida misma de Francia, les preguntamos ¿cómo
podía Napoleón evitarlas? ¿Cediendo?
¿Pero cediendo qué y a quién?
Si hubiese hecho desde el inicio las humillantes
concesiones de territorio que le eran exigidas
como pretexto, ¿a qué hubiese
llegado? Bien digo pretexto pues Europa no tuvo
otro móvil contra Francia que el aniquilamiento
de la libertad y la restauración de los
Borbones. Así pues, si Bonaparte se hubiese
ablandado, es seguro que Europa se hubiera autorizado
hasta a quebrantar al Primer Cónsul.
Y si Bonaparte hubiera sido acarreado por la
coalición, la Restauración borbónica
tenía todas las oportunidades de ser
definitiva. Al advenimiento de Bonaparte, la
nación francesa no conocía de
la revolución más que sus «
crímenes » y sus « desenfrenos
» (14). Francia
atemorizada hubiese entonces aceptado a la Realeza
un poco enmendada, tal vez. En 1815, era demasiado
tarde para los Borbones, pues Napoleón
había demostrado a Francia, durante esos
quince años de lucha, que la libertad
no es ni licencia, ni la anarquía cuando
se basa sobre un poder lo bastante fuerte y
sabio para adaptarlo a una autoridad leal y
vigilante.
No es pues más que gracias a esta lucha
titánica que Napoleón salvó
a la revolución contra ella misma en
el interior al mismo tiempo que la salvaba en
el exterior del dominio de la vieja Europa feudal…
(15)
¡Si los detractores del Emperador quisieran
reconocerlo, en vez de acusarle de ambición,
le saludarían como al « Mesías
» de la era nueva de la que se dicen,
en lo que a algunos se refiere, los apóstoles!
NOTAS
1) Esos ataques
y esas mentiras (libro de Claude Ribbe «
el crimen de Napoleón ») siendo
en parte, en parte solamente pues sabemos la
aversión del señor Chirac por
Napoleón, la causa de la no-conmemoración
oficial de la victoria de Austerlitz el 2 de
diciembre de 2005, mientras por un rebajamiento
total, el florón de la flota francesa
se prestaba a las ceremonias de Trafalgar…
2) « Napoleón, una impostura »
de Roger Caratini… Este libro es digno
de las divagaciones divertidas en el café
de la esquina a la hora del aperitivo. No falta
más que Fanny et César para acabar
de romper el corazón.
3) Para poner las cosas en el buen sentido en
cuanto a las campañas napoleónicas,
además de os numerosos libros sobre las
dichas campañas (los Lachouque, Houssaye,
Thiers, etc.) no puedo más que aconsejar
la lectura del libro de Paul de Cassagnac «
Napoleón pacifiste » (Napoleón
pacifista) en las Éditions de France
(1933).
49 Dejo al lector referirse a los grandes historiadores
del Imperio, antiguos o actuales, que en varias
ocasiones han trabajado el tema.
5) Desaix, Louis-Antoine-Charles des Aix, caballero
de Veygoux, llamado (Castillo de Ayat (Puy de
Dôme), 17 de agosto de 1768; Marengo,
14 de junio de 1800). He aquí algunas
palabras de Napoleón acerca de él:
« De todos los generales
que tuve a mis órdenes, Desaix y Kléber
han sido los que tenía más talentos;
sobre todo Desaix; Kléber no amaba la
gloria más que tanto que le procurase
riquezas; Desaix no soñaba más
que con la guerra y la gloria; las riquezas
y los placeres no eran nada para él.
Era un hombre pequeño de aspecto sombrío,
más o menos de una pulgada menos grande
que yo, siempre vestido con negligencia, algunas
veces incluso desgarrado, que despreciaba los
gozos y hasta las comodidades de la vida. »
« Derecho y honesto en su manera de proceder,
los árabes lo habían llamado el
« Sultán justo ». La naturaleza
lo había formado para ser un gran general;
era un carácter totalmente antiguo. Su
muerte es la mayor pérdida que tuve.
»
6) Lannes, Jean, duque de Montebello, (Lectoure
(Gers), 1769 - Viena, 1809), de legendaria valentía,
es tal vez el mejor amigo de Napoleón.
Éste último excusa sus modales
francos, a veces brutales, su falta de educación.
Dirá de él: «En
Lannes, el coraje prevalecía primero
sobre la mente; pero la mente subía cada
día para ponerse en equilibrio; yo lo
había tomado pigmeo, lo perdí
gigante». «Lannes,
el más bravo de todos os hombres... era
seguramente uno de los hombres en el mundo con
los cuales podía contar más...
La mente de Lannes había crecido al nivel
de su valentía, se había convertido
en un gigante».
7) Duroc Géraud-Christophe-Michel (Pont-à-Mousson
(Lorraine), 25 de octubre de 1772 - Markesdorf,
22 de mayo de 1813) es indisociable de la aventura
personal de Napoleón, de quien fue uno
de los más cercanos y más fieles
colaboradores militares, desde el ejército
de Italia hasta su muerte trágica, el
22 de mayo de 1813. De él, el proscrito
de Santa
Helena decía: « Su
servicio era exacto y regular; no era sino hasta
que mi jornada estaba totalmente concluida y
terminada, cuando ya me reposaba, que la suya
comenzaba. Duroc era puro, moral, totalmente
desinteresado para recibir, extremamente generoso
para dar. »
Sus funciones de gran mariscal del Palacio,
con las cuales cumplió con exactitud
y eficacidad durante todas las campañas
del Imperio, no deben hacer olvidar que también
fue un soberbio combatiente y un excelente diplomático.
El Emperador recompensó esos servicios
con el título de duque del Friul. Por
su lealtad y sus competencias, Duroc es una
de las grandes figuras de la epopeya.
8) El Bloqueo Continental que cerraba a las
mercancías y productos británicos
todos los puertos de Europa, era el único
medio por medio del cual Napoleón esperaba
reducir a la implacable enemiga de Francia.
9) No hay gran mérito en juzgar posteriormente
un evento, cuando todas las consecuencias han
evolucionado en plena luz. Así, se ha
dicho que Napoleón, decidido por contractar
una nueva unión, hubiese debido desposar
a una francesa. Pero él contaba con una
alianza definitiva con Austria. No hay duda
de que esa alianza, lealmente consentida, hubiese
preservado a Napoleón del revés
final. Pero el Emperador de Austria había
dado su hija al vencedor como le hubiera dado
una provincia, es decir con rencores que no
pedían más que estallar lo mejor
y lo antes posible.
10) Y si Napoleón fue vencido por el
clima, más que por los rusos, volvámoslo
a decir bien fuerte a sus detractores, era porque
había entrevisto la seductora imagen
de la paz, objeto de sus votos constantes, aun
en sus horas triunfales. ¡La paz! Fue
él casi siempre quien, tras sus victorias,
se inclinó sobre el vencido para ofrecérsela,
esa paz… Sin jamás abusar de su
prestigio ni de sus victorias, fue él
quien la propuso por doquier. En 1799, la ofreció
a Europa y fue Europa la que la rechazó.
La ofreció nuevamente en 1805, en 1807,
en 1809, en 1812, en 1813 y otra vez al regreso
de la isla de Elba.
11) Napoleón logró organizarla
sin cobrar ningún impuesto sobre el país.
Por su minuciosa supervisión de las finanzas
públicas, había creado en Francia
una administración tan impecable que
había podido constituir, en las cavas
del Eliseo, un tesoro de trescientos millones
(recordemos que al tomar el poder en 1799, ¡el
Primer Cónsul no había hallado
en el mismo Tesoro lo suficiente para comprar
un pollo! NdT.)… ¡Qué paralelo
entre las finanzas imperiales y las finanzas
actuales de Francia! ¡A pesar de las guerras
incesantes de su reino, Napoleón no contractó
nunca un empréstito!
12) Apelo a la buena fe de todos; ¿si
Napoleón hubiese consentido esa mutilación
de Francia, aquellos mismos quienes le reprochan
lo más vivamente sus guerras no lo abrumarían
con su desprecio???
13) «Los viejos de la vieja», es
decir los veteranos de la Vieja Guardia.
14) «Ses débauches», en el
original. El vocablo débauche
no tiene un equivalente exacto en castellano.
Empleamos el término “desenfreno”,
aunque para ser exactos, precisemos que la connotación
de la expresión debe aplicarse especialmente
al ámbito moral, evocando el libertinaje,
la depravación, la perversión
del gobierno republicano.
15) Todos parecidos con la situación
de la Francia actual es involuntaria…
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