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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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| 25
DE DICIEMBRE DE 1797 |
| NAPOLEÓN
MIEMBRO DEL INSTITUTO |
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| Admisión
de Napoleón en
el Instituto de Francia
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Por
el Profesor |
Jean Tulard
del Instituto de Francia
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Jean Tulard |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
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Es
a los tan odiados Termidorianos a quienes se les
debe la fundación del Instituto
de Francia.
Durante el Terror habían sido suprimidas
las Academias por causa de aristocracia mientras
sus descubrimientos científicos no salvaban
a Lavoisier del cadalso. Los vencedores de Robespierre
tuvieron empeño en mostrar que la República
necesitaba sabios. Debían ser reunidos,
según el artículos 298 de la constitución
de 1795, en un Instituto nacional « encargado
de reunir los descubrimientos y de perfeccionar
las artes y las ciencias. »
El reclutamiento del Instituto se hizo por cooptación,
escogiendo los primeros en ser nombrados a sus
cofrades. El Instituto ya completo, la lista de
miembros, repartidos en tres clases y en secciones,
fue publicada en el Almanach national
(1).
Abrámoslo.
Queda uno impresionado ante la cantidad de sabios
ilustres de aquel fin de siglo.
En
lo que se refiere a la primera clase, la
de las ciencias, notamos en geometría
los nombres de Lagrange, Laplace, Delambre
y Legendre ; en las artes mecánicas
los de Monge, Prony y Berthoud ; en astronomía
figuran Lalande, Méchain y Cassini,
en física Charles y Coulomb, en química
Berthollet, Fourcroy, Vauquelin, Guyton-Morveau
Deyeux y Chaptal; en mineralogía
Dolomieu; en botánica Lamarck y Jussieu;
en zoología y anatomía Cuvier,
Daubenton, Lacépède, Tenon;
en medicina Pelletan, Portal y Hallé;
en economía rural Parmentier.
La segunda
clase, la de las ciencias morales y políticas,
reúne a filósofos como Volney,
Cabanis, Ginguené, juristas a imagen
de Cambacérès o Merlin de
Douai; hombres políticos que se llaman
Talleyrand, Sieyès, Roederer, historiadores
como Dacier y el hombre que había
dado la vuelta al mundo, Bougainville.
La tercera
clase, intitulada literatura y bellas artes,
comprende escritores como Chénier
(el hermano de André), Bernardin
de Saint-Pierre o Collin d’Harleville;
pintores de la importancia de David, escultores
como Houdon, arquitectos que se llaman Chalgrin,
Gondouin o Peyre y los músicos Méhul
y Gossec.
El más
ilustre de los miembros del Instituto es
el general Bonaparte. Fue elegido el 25
de diciembre de 1797 en la sección
de las Artes mecánicas de la sección
de las ciencias remplazando a Carnot. En
esta ocasión escribió una
carta de agradecimiento que publicó
el Moniteur (2):
« El sufragio
de los hombres distinguidos que componen
el Instituto me honra. Siento bien que antes
de ser su igual seré por largo tiempo
su alumno. Si hubiese una manera más
expresiva de darles a saber estima que tengo
por ellos, la emplearía.
Las verdaderas conquistas, las únicas
que no dejan ningún pesar, son aquellas
que se hacen sobre la ignorancia.
La ocupación más honorable,
como la más útil para las
naciones, es la de contribuir a la extensión
de las ideas humanas. El verdadero poder
de la República francesa debe consistir
de ahora en adelante en no permitir que
exista una idea nueva sin que ésta
le pertenezca. » |
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Napoleón
coronado
Escultura (1807) de Laurent-Philippe
Roland (1746-1816) bajo la Cúpula
del Instituto de Francia. |
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A Lemercier le
dirá: « Ya
se imagina que si no me hubiera convertido en
general en jefe y en el instrumento de la suerte
de un gran pueblo… me hubiese consagrado
al estudio de las ciencias exactas. Hubiera hecho
mi camino en la ruta de los Galileo, de los Newton.
Y puesto que he tenido éxito constantemente
en mis grandes empresas, me hubiera distinguido
altamente también por medio de trabajos
científicos. Hubiera dejado el recuerdo
de bellos descubrimientos. Ninguna otra gloria
hubiese podido tentar a mi ambición.
»
¿Cómo
habría podido el Instituto no adherir al
golpe de Estado de Brumario, máxime que
la expedición de Egipto había dado
un lustre nuevo al joven general quien firmaba
todas sus declaraciones acompañando su
nombre del de « miembro del Instituto »?
Monge y Berthollet, quienes habían formado
parte de la campaña, le ensalzaban. Fue
de hecho Cabanis quien redactó durante
la velada del 19 Brumario la proclama que justificaba
el cambio de régimen.
Dos días
después de haber sido nombrado Cónsul,
Bonaparte asistía, el 12 de noviembre de
1799, a la sesión del Instituto. Y sus
colegas, con un ensamble conmovedor, prestaron
el juramento exigido por el nuevo régimen.
Las cosas se degradaron posteriormente con los
Ideólogos, esos filósofos imbuidos
de las Luces, quienes dominaban la clase de las
ciencias morales y políticas.
Benjamín Constant, que no pertenecía
al Instituto, había sido el primero en
advertir a Sieyès sobre las ambiciones
personales de Bonaparte. En un primer tiempo los
Ideólogos cerraron los ojos ante la nueva
evolución del poder. A fin de cuentas ni
los sabios de la primera clase, ni los artistas
de la tercera tenían estados de ánimo.
La resistencia vino de las ciencias morales; irritación
ante la autoridad creciente de un hombre que no
les consultaba y enojo ante la firma del Concordato
con el Papa. Una provocación para con los
quijotes de las Luces. La guerra estaba declarada.
De ahí el enojo de Bonaparte: «Son
doce o quince y se creen un partido».
El Tribunado les servía en efecto de tribuna.
Aprovechando la primera renovación, Bonaparte
hizo descartar a Constant, Denou, Ginguené
y Garat.
Quedaba el Instituto.
Su prestigio era grande. A falta de excluir o
de suprimir, Bonaparte reorganizó. El 23
de enero de 1803, los miembros del Instituto fueron
repartidos en cuatro clases: ciencias
físicas y matemáticas,
lengua y literatura francesa
(cuarenta miembros), historia y literatura
antigua, y, finalmente, bellas
artes. Cada clase tenía un secretario
perpetuo y una cierta autonomía. Se orientaba
entonces hacia un regreso a las Academias. Bonaparte
se atribuía el derecho a confirmar a los
miembros electos. Así desaparecía
la clase de las ciencias morales y políticas.
Ciertamente, sus miembros no eran excluidos pero,
dispersos en las demás clases, perdían
una parte de su influencia. Algunos continuaron
ocupando un escaño en el Senado (Sieyès,
Cabanis, Volney, Destutt de Tracy) pero habían
entendido la advertencia y se mantuvieron prudentes
hasta 1814.
El 20 de marzo
de 1805, Napoleón decidió la transferencia
del Instituto del Louvre al Collège
des Quatre Nations (3).
Emperador, Napoleón siguió figurando
en la sección de Mecánica de la
clase de las ciencias percibiendo la paga de 1
500 francos. Pero no asistió más.
La última acta que menciona su presencia
data del 8 de septiembre de 1802.
La Primera restauración no tuvo tiempo
de tocar al Instituto. Durante los Cien Días,
Napoleón ya no quiso ser más que
el « protector del Instituto ». El
8 de mayo de 1815, fue remplazado por Pierre Molard,
su adversario desdichado de 1797.
NOTAS:
1) Almanaque
nacional
2) El Monitor: el diario oficial.
3) Colegio de las Cuatro Naciones.
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