
| NAPOLEÓN
Y AMÉRICA LATINA
|
Por
el doctor Robert Mosnier

PRESENTACIÓN
El
interesante artículo que ofrecemos hoy
a nuestros lectores lo debemos a la amabilidad
del doctor Robert Mosnier, reconocido especialista
de renombre internacional, colaborador regular
de la Fundación Napoleón y del Souvenir
Napoléonien, quien nos ha concedido el
gran honor de comunicarnos dicha contribución
personalmente para su publicación exclusiva
del INMF en esta, su única traducción
a la lengua castellana.
Nuestros agradecimientos se dirigen igualmente
al doctor Ben Weider, presidente fundador de la
Asociación Napoleónica Internacional,
quien tuvo la gran gentileza de ponernos en contacto
directo con el autor del texto que a continuación
proponemos.
Napoleón
y América Latina
Estamos
a 29 de mayo de 1808 en el castillo de Marracq
cerca de Bayona... El asunto de España
ha sido entablado... Tras la revuelta de Aranjuez,
la abdicación de Carlos IV en favor de
son hijo Fernando, Napoleón ha convocado
a ambos soberanos en Bayona.
Durante la célebre entrevista en la que
el hijo y el padre se desgarran entre sí,
ambos ceden la corona a Napoleón quien
después de dudar decide entregarla a su
hermano José. La partida de los últimos
infantes provoca la ira madrileña, la masacre
de los franceses, es la represión del Dos
y del Tres de Mayo ahogada en sangre por Murat.

José
I, rey de España
El
reino de las Españas domina las Indias
Occidentales. ¿Cómo hacer reconocer
a José como rey de las Indias? La población
americana desde la independencia de los Estados
Unidos tolera difícilmente la tutela española.
Numerosas revueltas han estallado a lo largo del
Siglo XVIII. El centralismo y la intransigencia
borbónica mantienen a los colonos en un
estado de dependencia. La administración,
la armada, están en manos de los españoles;
los colonos disponen de milicias poco confiables,
mal armadas, mal entrenadas.
¿Pero
en los linderos del Siglo XIX, qué representa
América Latina?
Se
extiende de los Estados Unidos actuales - California
– UTAH – Arizona – hasta los
confines de la Patagonia. El extremo Sur del continente
está poblado por pueblos indios insumisos
y que permanecerán tales hasta la mitad
del siglo.
Once virreinatos y capitanías generales
se reparten el territorio. Entre estas, el virreinato
del reino de la Plata, que se extiende en Argentina,
Bolivia, Paraguay y Uruguay nos interesa en el
primer plano.
América Latina fue en el Siglo XVI proveedora
de oro, minas de México, luego, de plata,
minas del Potosí de Europa. Permitió
el desarrollo de la economía capitalista
europea, hizo la fortuna de las ciudades de Génova,
luego de Amberes y finalmente de Amsterdam.

Taxco
de Alarcón, capital mundial de la plata
En
el Siglo XVII, el desmoronamiento de la producción
trae la recesión, lo cual nos costó
entre otras cosas la Fronda, pero Europa estuvo
provista de cacao, café, plantas tintóreas
(índigo) y maderas preciosas. El comercio
triangular trae a las colonias una población
negra. Los indios reacios al trabajo forzado son
diezmados por nuestras infecciones y en especial
por la gripe...
Grandes propiedades (haciendas) se desarrollan...
La América portuguesa en cuanto a ella
gozaba de una cierta autonomía; desde 1709
Portugal y sus colonias estaban estrechamente
ligadas a Inglaterra. El regente Juan y la reina
María se habían embarcado en Lisboa
a la llegada de los franceses de Junot (1807)
y la independencia de Brasil (1822) se haría
sin choques con la dinastía de los Braganza
a su cabeza.
La población del virreinato de la Plata
comportaba:
- A los españoles, comúnmente orgullosos,
mostrándose arrogantes para con los colonos.
Controlan la administración principal,
el comercio marítimo y la armada.
- A los criollos de origen hispánico, quienes
admiten mal la arrogancia y la tutela de la metrópolis
pero que temen las revueltas populares y tienen
la necesidad de un poder fuerte. Los ideales de
libertad, nación y liberalismo penetran
las capas acomodadas de la población hostiles
al poder de la iglesia. Uno de los generales de
la insurrección peruana, Miranda, había
servido a la revolución francesa bajo las
órdenes de Dumouriez.
- A los mulatos, los negros y los amerindios,
quienes constituyen la base de la población.
Buscan trabajar rentando sus brazos, sus servicios,
y tener amos que les aseguren albergue y alimento.
El sentido político no los ha penetrado,
pero pueden brindarse al mejor postor.
Esta población inestable pero necesaria
mantiene este lazo frágil entre criollos
y españoles.
Este 29 de mayo, Napoleón se pregunta:
¿Cómo hacer reconocer a mi hermano
rey de las Indias? Intentar un desembarco atravesando
el inmenso océano y sus tempestades cuando
Inglaterra tiene el control de los mares; es insensato.
Hacer aceptar los ideales del imperio republicano
es una utopía. Ganarse a algunos funcionarios,
prometer la libertad del comercio. ¿Porqué
no?
Pero si la tutela española es tolerada
en razón de los vínculos con la
metrópolis, una tutela francesa parece
una engañifa. Pero hay en Buenos Aires
un virrey desde 1807 que goza de una popularidad
sin igual. Este virrey era francés y había
escrito dos veces a Napoleón después
de Tilsitt (1807) y dos meses antes (1808). Se
trata de Jacques de Liniers.

Santiago
de Liniers y de Bremond (1753–1810) virrey
de La Plata
¿Quién
es él?
Hijo menor de una familia de extracción,
de origen del Poitevin, nacido en Niort; se embarca
a los trece años en las galeras de Malta
y recibe la Cruz; regresa a Francia, se aburre
en la vida de guarnición, pasa a España
en donde participa en una expedición fracasada
en Argel, antes de distinguirse como marino emérito
durante la guerra de Independencia de los Estados
Unidos con la toma de Port Mahon (Minorca) y de
soportar el fuego de las baterías inglesas,
muy de cerca durante la tentativa infeliz por
retomar el peñón de Gibraltar. El
cuerpo expedicionario franco-español comporta
otro francés que se hará célebre,
un cierto Emmanuel de Las Cases.
De regreso a España en donde gana sus grados,
se embarca hacia el Nuevo Mundo y equipa y forma
diversas compañías de marinos armando
chalupas cañoneras destinadas a la defensa
de las costas. Después de haber administrado
durante tres años Paraguay (antigua colonia
jesuita), regresa a Buenos Aires, ciudad de 50
000 habitantes, en forma escaqueada que sabrá
defender victoriosamente dos veces contra las
escuadras inglesas y sus tropas de ocupación
(1807-1808).
Tras la ruptura del Tratado de Amiens (1803),
los británicos, que financian todas las
coaliciones, tienen necesidad de salidas comerciales.
América Latina es codiciada... En 1805
el comodoro Popham se apropia la colonia holandesa
del Cabo y el general Beresford, héroe
de las Indias contra Tippoo Sahib, y de Egipto
con el 81° Highlander tienta un audaz golpe
contra Buenos Aires con 1 600 hombres. Se apodera
de la ciudad pero es desalojado por Liniers quien
arma a las milicias y por un valiente movimiento
envolvente obliga a los ingleses a retirarse a
la fortaleza en donde bajo el fuego de los cañones
son obligados a rendirse.
El año siguiente un cuerpo expedicionario
inglés, de cerca de 10 000 hombres bajo
la dirección del general Whitelocke reitera
el proyecto, se apodera de Montevideo y luego
de la colonia La Favorita, derrota a las tropas
de Liniers cerca de Buenos Aires, pero el cabildo
(municipalidad) refuerza las defensas de la ciudad
y el general Liniers tras haber reunido a sus
tropas dispersas se da cuenta del error de los
ingleses. Estos, en vez de asegurar el bloqueo
de la ciudad, penetran por la fuerza.
Los islotes de Buenos Aires, casas sin primer
piso y con terrazas llenas de milicianos, tiran
sobre las colonias inglesas, las cuales a pesar
de un fuego nutrido avanzan pero no pueden llegar
hasta la Plaza Mayor. Liniers avanza sus cañones
sobre la explanada, tira sobre los navíos
de escuadra. Los ingleses son vencidos nuevamente,
pero permanecen en los parajes.
Es en Liniers en quien piensa Napoleón.
Tras su victoria, a sido nombrado virrey a pesar
de su condición de francés, a petición
de la población criolla, nombramiento confirmado
por el gobierno de Madrid, pero tiene muchos enemigos
y su posición genera envidiosos.

Hugues
Bernard Maret, duque de Bassano (1763-1839)
¿Cómo
acercarse a Liniers y pedirle que reconozca a
José Primero, rey de las Indias? El Emperador
se dirige a Decrès y a Maret. Decrès
piensa en un joven capitán Jurien, el futuro
padre del almirante Jurien de la Gravière.
Había entablado amistad con Liniers en
1800, pero comprometer a un oficial que podría
caer en manos de la escuadra inglesa no placía
al Emperador, entonces Maret se acuerda de una
cena en París en la cual se hallaba, entre
los convivas, un antiguo emigrado, miembro de
la legión anglo-bátava de Hompesch.
El marqués de Sassenay, regresado a Francia
en 1803 y todo ocupado con su joven esposa estadounidense
en restablecer el orden en sus negocios y volver
a levantar una fortuna caída en desherencia.
La conversación trata de Liniers y Sassenay
habla de aquel con un gozo no disimulado, alabando
los méritos de este general cuya probidad
y honestidad no tienen comparación más
que con su sentido del deber. Refugiado en América...
De recién casado, Sassenay se había
ocupado de diversos negocios mercantes marítimos
que le habían llevado a Buenos Aires en
donde había conocido a Liniers.
¿Pero quien era este marqués de
Sassenay?
Su vida es una verdadera novela. Nacido en Dijon
en 1760 en una familia de parlamentarios. Su padre
lo destina a la armada.
En 1781 es capitán en el regimiento de
Condé dragón. En 1783, a la muerte
de su padre, hereda una fortuna considerable que
sabe administrar con cuidado.
En 1789 es elegido por la nobleza de la bailía
de Châlons-sur-Saône diputado en los
Estados Generales. Se opone hasta el fin a la
fusión de las tres órdenes, luego,
asqueado por la dirección que toman los
acontecimientos revoca su mandato de diputado
y presenta su renuncia el 10 de noviembre de 1789.
De regreso en Dijon, y enseguida a sus propiedades,
mofado, amenazado, insultado, y luego falto de
dinero, decide emigrar en junio de 1792 con un
pequeño pactolo. Pasa a Inglaterra y enseguida
regresa al continente para reunirse con los emigrados
en Coblenz, y forma parte de la armada de Condé;
luego, en 1793, pasa como lugarteniente a la armada
inglesa en la legión anglo bátava
del barón Carlos de Hompesch. Realiza múltiples
campañas en el Rin, luego en San Domingo,
antes de establecerse en los Estados Unidos en
Lancaster, estado de Pennsylvania; más
tarde, en marzo de 1798, en Wilmington, estado
de Delaware, en donde se relaciona con una familia
francesa originaria de San Domingo de la cual
desposa a la más joven hija. Aprende entonces
el oficio de negociante y durante cinco años
se asegura comercio con el rey de la Plata, cinco
años duros y difíciles con la angustia
de sentirse arruinado. Así, cede ante la
insistencia de su mujer y decide regresar a Francia
tras la amnistía general pronunciada por
el Primer Cónsul. Trata de reconstituir
su fortuna o al menos lo que queda de ella y obtiene
en 1804 su certificado de amnistía.

Denis
Decrès (1761-1820)
Así
es como un bello día de 1808 un emisario
correo viene a significarle que el Emperador lo
espera en Bayona... Reúne algunos efectos,
solicita del portador del mensaje algún
esclarecimiento que éste último
a duras penas puede darle, y por una silla de
posta llega en el más corto plazo a Bayona.
Sassenay se encuentra ante el amo de Europa quien
le pregunta lo que sabe sobre Liniers, y quien
enseguida, con un tono perentorio le significa:
"partís mañana hacia Buenos
Aires llevando este despacho y órdenes
escritas que leeréis durante la travesía".
Sassenay no discute las órdenes pero pide
permiso para advertir a su esposa y poner orden
en sus asuntos. El Emperador le responde: "Escribid
vuestro testamento y dirigios donde el Señor
de Champigny, ministro del Interior, por vuestras
instrucciones". Desconcertado, nuestro hombre
obedece y en la velada es recibido por Maret quien
le cuenta en detalle los eventos de Bayona.
El 30 de mayo, el Bricbarca el Consolador, débilmente
armado y comandado por el teniente de navío
Dauriac, espera al enviado del Emperador. La travesía
dura setenta y un días a causa de una tempestad
en el Golfo de Gascona, de vientos contrarios
y de otra tormenta con un viento violento a lo
largo de las costas americanas que rechaza al
endeble navío. Sassenay ordena a Dauriac
desembarcarlo en Maldonado recomendándole
esperarle en Montevideo para el viaje de regreso...

Virreinato
de La Plata
Apenas
desembarcado, recibido calurosamente por el comandante
del fuerte, Sassenay, portando sus despachos y
sin bagajes, llega a Montevideo en donde es acogido
por el general Elio, gobernador de la ciudad y
enemigo jurado de Liniers (Elio fue derrotado
dos veces por los ingleses y busca vengarse del
virrey cuya popularidad con los indígenas
le indispone).
Montevideo se prepara para hacer juramento de
fidelidad al nuevo rey Fernando VII. Sassenay
pide al gobernador retrasar las festividades.
Éste responde que no es de su competencia
y podría producir movimientos sediciosos
en el seno de la población. Se compromete
a facilitar a Sassenay la travesía del
Río de la Plata y le brinda a su ayuda
de campo. Llegado a la Favorita, colonia que se
sitúa frente a Buenos Aires, una lancha
cañonera fletada por Liniers y comandada
por su hijo Don Luis le espera.
El 13 de agosto, se encuentra en Buenos Aires
y espera con impaciencia ser recibido. Tras haberse
enterado de la llegada de un enviado francés,
Liniers está muy contrariado. No dispone
de tropa alguna, es el rehén del Cabildo
y su posición depende de la alianza con
el pueblo. Descontentar al pueblo es exponerse
a perder toda influencia. Liniers convoca la Audiencia,
junta asamblea de notables, y al Cabildo, cuerpo
municipal, para no dar pie a la crítica.
La entrevista es de lo más fría.
Sassenay entrega despachos y valijas, cuenta lo
que ha escuchado en Bayona.

El
Cabildo Abierto
Liniers
le despide y el análisis de los despachos
demuestra además de la abdicación
de los dos reyes a favor de Napoleón, una
carta de Fernando VII estipulando que las fiestas
dadas por su advenimiento no tendrán lugar.
La furia de los representantes es tal que se quiere
atentar contra la vida de Sassenay. Liniers tiene
todas las penas del mundo para impedir tal desenlace,
afirma que Sassenay y la tripulación del
Consolador, el navío que zozobró
para escapar para escapar de las fragatas inglesas,
serán repatriadas a Europa en un navío
neutral.
En la noche del 13 al 14 de agosto Liniers va
a ver subrepticiamente a Sassenay retenido en
la fortaleza, le informa su posición y
le invita con un salvoconducto a regresar precipitadamente
a Europa. Escribe en este sentido a Elio para
que este general se asegure de la partida de los
franceses. Acompañado a la salida por Don
Luis de Liniers, Sassenay llega el 19 de agosto
a Montevideo algunas horas después de que
un barco español que ha ingresado en la
rada a significado al gobernador que había
que detener a todos los franceses y echarles en
prisión... Si la tripulación es
dejada donde el habitante bajo palabra de honor,
Sassenay es echado en un calabozo e incomunicado.
El 15 de agosto Liniers advertía a los
habitantes de Buenos Aires de la llegada e un
barco de la Junta de Cádiz y de los documentos
traídos por el enviado francés...
La pancarta no precisaba abiertamente que había
que referirse a Fernando VII. Liniers quería
saber lo que habían decidido las Cortes
reunidas en Bayona el 15 de junio de 1808. Esto
tuvo el peor efecto y Liniers, comprendiéndolo,
se apresuró en organizar las fiestas y
de reconocer a Fernando VII. El manifiesto del
15 de agosto es la ocasión soñada
por el general Elio, gobernador de Montevideo,
para sustraerse a la tutela del virrey.
En una carta enviada a Liniers, fustiga su actitud,
la idea preconcebida no es esperar sino reconocer
a Fernando VII único rey legítimo.
Cesado de sus funciones, Elio se rehúsa
a inclinarse y a dejar su lugar. El partido español
se apoya en la Junta de Sevilla, pide la dimisión
del virrey, e intenta el primero de enero de 1809
una revuelta en Buenos Aires. Liniers, siempre
cuidándose de la legalidad, rechaza la
secesión que le propone el partido criollo
y a la llegada de Cisneros, el nuevo virrey, ayuda
a éste a hacerse reconocer. Liniers abandona
el poder recibiendo el título de Conde
de Buenos Aires y parte con los suyos a Córdoba
(agosto 1809).
La caída de Liniers, preludio del establecimiento
del régimen republicano en Argentina, está
incontestablemente ligado a Napoleón

Don
Baltasar Hidalgo de Cisneros, último representante
de la corona de Buenos Aires
¿Pero
que deviene Sassenay?
Encerrado en un calabozo, alimentado de pan y
de cebolla, interrogado por una comisión
militar en octubre de 1808 con el fin de establecer
su duplicidad con Liniers, refuta todos los sobrentendidos
que afirman que cuando se encontraba a solas con
Liniers la noche del 13 al 14 de agosto no hablaron
más que de las batallas de Buenos Aires.
Sassenay pasa diez largos meses en su calabozo,
logra evadirse, fue atrapado nuevamente y encadenado,
enviado a Buenos Aires por petición del
nuevo virrey Cisneros, estuvo a punto de ser condenado
a muerte sin la intervención de quien Liniers,
aún poderoso a favor suyo, lo regresa a
su celda; enseguida es enviado a Cádiz,
Inglaterra habiéndose convertido en aliada
de la junta española. Es encerrado, encadenado
al fondo de la cala junto a la jaula de un tigre
cuyos barrotes habíanse distendido, tratando
la fiera de acercarse a su presa a zarpazos. Los
guardias alertados alejaron la jaula.
El Mercury, sloop inglés que transporta
al prisionero llega a Cádiz a fines de
febrero de 1810. Sassenay es encerrado en un pontón.
En la Vieja Castilla, donde se encuentran un gran
número de oficiales y de soldados, los
vencidos de Bailén, la situación
es trágica. El mariscal Victor acaba de
emprender el sitio de la ciudad... Los españoles
están en alerta continua, los prisioneros,
rebelándose, tratan de escarpase nadando
para reunirse con los sitiadores en la ribera
opuesta.
El 7 de marzo una tempestad terrible surge, los
prisioneros son abandonados por sus carceleros,
muriendo de hambre y de sed durante cinco días.
Pocos días después de la tormenta,
Sassenay logra dar noticias a su familia. Escribe
a su cuñado Pierre de Baudoy en Wilmington
una carta que llega a su dirección por
medio de algunos navíos estadounidenses
en escala en Cádiz.
Su esposa se encuentra entonces en Inglaterra
tras haber obtenido de Fouché un pasaporte
y llegado por Nantes a la isla, en donde las numerosas
relaciones que había conservado su marido
permitían interesar en su causa al gabinete
británico. Wellington, prevenido, asegura
que hará cuanto pueda pero que no será
fácil ya que esto le concierne al gobierno
español.
Mientras tanto, las tropas francesas progresan,
el 22 de abril el fuerte de Matagorda en la península
del Trocadero cae en manos de los franceses. Los
prisioneros de la Vieja Castilla conciben un plan
desesperado, cortar las amarras, dejarse ir a
la deriva arriesgándose a ser arremetidos
o bombardeados por un navío español
o inglés, pero su posición se torna
cada vez más crítica. Sassenay fue
avisado del proyecto por el teniente Dauriac.
El 15 de mayo de 1810, un viento violento del
sudoeste obliga a los barcos ingleses y españoles
a arrimarse a la estacada dejando la vigilancia
del pontón a algunas chalupas cañoneras.
A las 8 de la noche los jefes del complot dan
la orden.
En un abrir y cerrar de ojos los soldados son
desarmados, echados al fondo de la cala, los cables
cortados, se echa a andar el timón; se
cierra las portas y el pontón se pone en
camino. Solo una chalupa inglesa se da a su caza.
Cuando llega a proximidad, los franceses, a pesar
de un fuego nutrido, lanzan proyectiles, piezas
de fundición. El teniente Moreau, jefe
de los conjurados fue muerto; Dauriac toma el
mando.
Un segundo peligro surge, el viento mengua y regresa
al pontón ora hacia la tierra firme en
donde se hallan los franceses, ora hacia la península,
luego hacia las 11 horas de la noche una brisa
favorable lleva al pontón a encallar a
800 metros de la costa francesa. Una balsa es
construida a toda prisa pero se disloca y los
fuertes españoles tiran con bolas al rojo
sobre el desdichado navío que amenaza con
incendiarse. Los prisioneros se echan al mar.
Muchos perecen. Sassenay, quien no sabía
nadar, es lanzado al agua y llevado a la orilla
en donde, del simple soldado al general, llevan
a cabo prodigios de valor para salvar a sus compatriotas.
600 oficiales y 900 soldados logran salvarse.
Recibido, cumplimentado, reconfortado por el general
Victor, escribe el 23 de mayo la relación
de su misión al ministro de Relaciones
Exteriores; sabía a su mujer en Inglaterra
y le ruega hacerla regresar a Francia. Todas esas
aventuras han envejecido prematuramente a Sassenay
quien parece un viejecillo cuando apenas se acerca
a los cincuenta años. A su regreso a su
hogar, sus sirvientes no le reconocen.
Regresemos
ahora a Liniers.
Cisneros se halla a la cabeza de un país
que, a causa de la guerra, es un estado en bancarrota.
Se decide a proclamar la libertad del comercio,
lo que regocija a los criollos y descontenta a
los españoles quienes ven el fin de su
monopolio. Los productos ingleses desembarcan
y estos últimos compran a bajo precio productos
que a causa del conflicto no encuentran comprador.
Los españoles se apartan del virrey que
trata de acercarse al partido criollo... Éste
manipula a Cisneros, el partido criollo se infiltra
en el cabildo... Un diario contesta la autoridad
española y el 17 de mayo de 1810 un navío
inglés trae a Montevideo noticias desastrosas
para la causa de Fernando VII.
¿Los franceses son amos de España?
Una asamblea de notables es convocada, el virrey,
al no poder contar con los jefes militares, es
destituido. La población se alía
con los criollos contra los españoles y
el 25 de mayo de 1810 la república de Argentina
nace.. Esta pretende gobernarse bajo la autoridad
nominal de Fernando VII. El coronel Saavedra,
quien había hecho fracasar los planes de
los conjurados el primero de enero de 1809, es
mantenido; Liniers es llamado a la presidencia.

25
de Mayo
Cisneros
caído, decide llamar a Liniers, maltratado
por la junta pero cuidadoso de preservar la autoridad
legítima. Liniers acepta combatir el movimiento
de insurrección. Temiendo la insuficiencia
de las milicias tuvo la idea de ir a Perú,
de regresar con tropas fieles a la corona, pero
entre los allegados a Liniers había un
traidor que se llevó la decisión.
Liniers no podía alejarse, lo cual hubiese
disgustado a sus partisanos.
La junta argentina le teme a Liniers, le recuerda
las injusticias de las que él ha sido víctima,
le propone ponerse a la cabeza de las tropas revolucionarias
pero fiel a su rey él no quiere consentir
aún después de los reproches de
su padrastro.
Trabajadas en secreto, las milicias de Córdoba
no son seguras y en cuanto las tropas insurreccionales
se acercan a la ciudad desertan en masa, no hay
otro partido que tomar que el de huir. Después
de haber errado durante ocho días, Liniers
y su amigo La Concha son hechos prisioneros por
el coronel Balcaru. Los movimientos de opinión
pueden cambiar. El partido español levanta
la cabeza, la popularidad de sigue siendo grande,
está intacta en Córdoba, hay que
actuar rápido. La joven república
argentina decide ejecutar a cinco de siete cautivos
que son arrastrados medio desnudos en la Pampa.
El 26 de agosto, muy cerca de un lugar llamado
Cabeza de Tigre, los cinco jefes realistas son
pasados por las armas.
Liniers y La Concha no quieren que se les venden
los ojos.
Las últimas palabras de Liniers son: "Morimos
bajo los golpes de la junta, orgullosos de nuestra
fidelidad al rey y a la patria".
Un religioso de la Merced, después de haber
hecho cavar una fosa, entierra en ella a los cinco
cadáveres. La junta prohíbe toda
manifestación, toda misa en memoria de
las víctimas.
En 1862, un presidente historiador de la república
argentina, decide elevar un monumento a Liniers,
tras haber exhumado los cuerpos de Liniers y de
La Concha. España se conmueve, pide y obtiene
la repatriación. Reposan en la iglesia
del colegio de San Fernando en Cádiz al
lado de Cristóbal Colón, Hernando
Cortés (*), Magallanes, Don Juan de Austria,
Gonzalo de Córdoba.
Conclusión
Ya sea en México, en Nueva Granada o en
Perú los insurreccionistas serán
aplastados... Sobretodo tras el regreso al trono
de Fernando VII, pero el absolutismo, la intransigencia
de este último favorecerán a otros
movimientos insurreccionales apoyados por Inglaterra
que rechaza la intervención de la Santa
Alianza y de los Estados Unidos de América,
los cuales, con la Doctrina Monroe (1823), harán
de la América Latina su coto reservado.
Bolívar y San Martín, los liberadores,
esperarán fundar una federación
de estados pero el mito unitario no pudo ni supo
prevalecer.
Más allá de las ideas de nación,
de libertad y de liberalismo naciente, la acción
intempestiva del Emperador, poco al corriente
de lo que pasaba en América Latina, fue
uno de los elementos desencadenadores de la independencia
de los estados americanos del sur.
R.
Mosnier.
(*) Sin entrar
en el polémico debate concerniente a los
restos de Colón, nos permitimos muy respetuosamente
una observación en lo que se refiere a
Don Hernando Cortés. En efecto, los restos
del gran conquistador no están sepultados
en Cádiz, España, sino en la iglesia
del Hospital de Jesús, en el centro histórico
de la Ciudad de México. El visitante buscará
en vano un monumento o una estatua, tan sólo
una mezquina placa conmemorativa en bronce puede
verse en exposición, exhibida obscuramente
en el muro norte
del altar. EG-S.
El INMF recomienda:
*
Napoléon Ier et la fondation de la République
Argentine ; Jacques de Liniers, Jacques de Liniers,
Comte de Buenos Ayres, Vice-roi de La Plata, et
le Marquis de Sassenay (1808-1810) ;
por el Marqués de Sassenay.
Paris, E. Plon, Nourrit, 1892.
viii, 285 p. 19 cm.
Liniers, Jacques de, 1753-1810.
Sassenay, Claude Henri Etienne Bernard, Marquis
de, 1760-1840.
*
Napoléon et l'Argentine. La mission du
marquis de Sassenay, por Mario Belgrano.
Revue des Etudes Napoléoniennes n °24
(de enero a junio 1925).
*
Santiago de Linier, conde de Buenos Aires,
por Paul Groussac (1848-1929).
*
Las calles y las invasiones, Santiago de Liniers,
por Julio A. Luque Lagleyze.
*
Grandes protagonistas de la Historia
Argentina, colección dirigida
por Félix Luna .
*
Biographie de Jacques de Liniers,
por Jules Richard; comentada por
el doctor Juan María Gutiérrez.
La Revista de Buenos Aires, tomo 13.
*
Filmografía :
Cabeza
de Tigre
Dirigida
por Claudio Etcheberry.
Argentina, 93 minutos
Sitio Internet: http://www.cabezadetigre.com.ar/home.htm
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