Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
NAPOLEÓN, MITO Y COLECCIONES

Por el Señor

Pierre Migliorini

Pierre Migliorini
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Aquel 15 de diciembre de 1840, hace mucho frío en París, un frío digno de la campaña de Rusia. Los grognards, envueltos en sus capotas de Wagram o de Eylau, están agrupados desde la víspera en torno a fuegos de vivaques improvisados; toda la noche, se han contado las hazañas de sus campañas pasadas. Felices en sus viejos uniformes de granaderos, de coraceros, de mamelucos o de cazadores, están allí para rendir un último homenaje a su Emperador… « Cuando esté muerto (…) reencontraré a mis bravos en los Campos Elíseos. Todos vendrán a mi encuentro, me hablarán de lo que hicimos juntos » había predicho Napoleón en Santa Helena.

De repente, veintiún cañonazos dan la señal de partida: el largo cortejo se pone en marcha, en medio de una multitud inmensa, un millón de personas, ávida de reconocer a un personaje ilustre, de aplaudir a otro, y sobre todo de percibir al carro que lleva los restos del Emperador. « Oiréis aun a parís gritar “¡Viva el Emperador! », había anunciado todavía.

Ya desde 1814 y por supuesto tras la caída de Napoleón en 1815, aparecen los primeros libros en general hostiles al Emperador. A su muerte en 1821, los Borbones, desde ese momento liberados de todo temor del regreso del « Impostor », levantan la censura autorizando así la publicación de sus primeras biografías.

En 1823, es publicado el Memorial de Santa Helena en el cual Las Cases, secretario particular y confidente del Emperador, recopila sus recuerdos y sus opiniones; su amplia difusión, probablemente el mayor éxito de librería del siglo XIX, es a menudo considerado como el vector de la leyenda napoleónica.

Medalla de Santa Helena y su estuche de la época

 

Tras la caída de Carlos X, bajo la Monarquía de Julio, la leyenda napoleónica encuentra un segundo aire: así es como se aplaude El paso del monte San Bernardo en el Cirque Olympique, Napoleón o Schönbrunn y Santa Helena en el teatro de la Puerta Saint-Martin, o aun Napoleón o treinta años de la historia de Francia de Alejandro Dumas.

Luis Felipe, bajo la presión popular, obra por el desarrollo de la memoria de Napoleón; así espera, afirmando su filiación con la Revolución, sentar su legitimidad y acrecentar su popularidad. Desde su advenimiento en 1830, toda censura es levantada, y las publicaciones se multiplican.

El 28 de julio de 1832, una nueva estatua del Emperador es colocada en lo alto de la columna Vendôme. Thiers le propone también organizar el regreso de las cenizas del Emperador a París, como los diarios de oposición y la opinión le demandan… El general Lamarque fue el abogado de la moción en la Cámara de los diputados: « ¡Escoltado por los llantos de sus viejos compañeros de armas, que regrese en un féretro Aquel que, en medio de las aclamaciones de Francia, volvió tan a menudo en un carro de triunfo! ».

Certificado oficial de la Medalla de Santa Helena y su galardón
Presea y diploma atribuidos a Joseph Lacroix.

 

Hoy, en diciembre de 1840, es cosa hecha, después de que una misión encabezada por el príncipe de Joinville, hijo del rey Luis Felipe, se haya dirigido a Santa Helena para recoger los restos de Napoleón. Los últimos compañeros del exiliado también formaban parte del viaje: el gran mariscal Bertrand, acompañado por su hijo Arthur, nacido en la isla; el general Gourgaud; Emmanuel de Las Cases, hijo del autor del Memorial de Santa Helena; Marchand el ayuda de cámara, así como los cuatro domésticos Alí, Pierron, Noverraz y Archambaud.

Todas estas publicaciones y estas manifestaciones concurren por supuesto al desarrollo de la leyenda napoleónica… En 1848, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, es elegido a la presidencia de la República. Vuelto emperador bajo el nombre de Napoleón III, crea la medalla de Santa Helena, para recompensar a los 405 000 soldados aun vivos en 1857, que combatieron al lado de Napoleón I durante las guerras de 1792-1815.

La medalla de Santa Helena es aquí la ocasión de presentar un primer tema de colección sobre el Primer Imperio, fuera, por supuesto, de los temas relativos a las colecciones de los objetos contemporáneos tales como armas, uniformes y mobiliarios…

Además de la medalla que existía en cuatro tallas, los aficionados buscan igualmente los estuches, los certificados nominativos otorgados a los recipiendarios, pero también todos los documentos de envío o de acuse de recibo.

Tres mariscales de Napoleón III, antiguos soldados de Napoleón I
Vaillant (quien conoció personalmente al Emperador en 1812 en Marienwerder y le recibió a cenar), de Castellane y Pelissier.

 

A partir de mediados de los años cincuenta, la moda del retrato fotográfico se impone, con el uso por Disdéri del tiraje en formato « tarjeta de visita » muy en boga en la época en la sociedad burguesa francesa. Para el tema que nos concierne, estas fotografías son la ocasión de coleccionar los retratos de militares que arbolan orgullosamente su medalla de Santa Helena… Es siempre muy emotivo admirar a aquellos antiguos grognards de Napoleón tal y como eran al final de su vida

Tres mariscales de Napoleón III, antiguos soldados de Napoleón I: Vaillant (quien conoció personalmente al Emperador en 1812 en Marienwerder y le recibió a cenar), de Castellane y Pelissier.

A todo lo largo del Segundo Imperio, el culto de Napoleón se halla a través de una inmensidad de objetos como tabaqueras, estatuillas, tinteros que representan al Emperador, a su tumba y a su familia. Por supuesto, después de la derrota de Sedan y la caída de Napoleón III, el culto de Napoleón se embota sensiblemente…

Él entra a Berlín
Ilustración de Le Grand Napoléon des Petits Enfants (“El Gran Napoleón de los Niñitos”). Libro de J. Marthold y Job. Librería Plon, edición original de 1893.

 

Habrá que esperar hasta fines de los años ochenta para asistir, con el despertar del nacionalismo, al renacimiento del nacionalismo, al renacimiento del culto napoleónico. Pintores tales como Jacques-Marie-Gaston Onfray de Bréville, llamado JOB, contribuyen ampliamente a este renacimiento. Las obras que él ilustra, en aquella época a menudo reservados a los niños, son hoy en día muy buscados por los coleccionistas.

A principios del siglo XX, el culto de Napoleón prosigue, y se puede seguir el entusiasmo que suscita a través de la multiplicación de tarjetas postales a su gloria. Las más remarcables son las tarjetas postales rompecabezas, realizadas antes de la Primera Guerra Mundial; están constituidas por el ensamblaje de 3 a 12 tarjetas que representan diferentes escenas del 1er Imperio, con el Emperador apareciendo gracias a la reunión del rompecabezas.

Finalmente, no podemos terminar este estudio sin hablar de los testigos más tardíos de la epopeya imperial, aquellos publicados desde 1969, año bicentenario del natalicio de Napoleón: ¡en este caso, lo mejor va junto con lo peor! Hemos retenido para ilustrar este periodo la serie de 15 cajas de cerillos de la SEITA aparecida en 1970.

Conjunto de 12 tarjetas postales rompecabezas, más o menos 1914.

FUENTES:

- « Place à Monsieur Larrey » de J. Marchioni, ediciones Babel.
- « Napoléon et la Corse », plaquilla que acompañó la exposición del mismo nombre presentada en el museo de Córcega; 2009.
- Fotografías del autor.
- Artículos presentados: colección del autor.