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NAPOLEÓN,
MITO Y COLECCIONES |
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Por
el Señor |
Pierre
Migliorini |
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| Pierre
Migliorini |
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Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
Aquel
15 de diciembre de 1840, hace mucho frío
en París, un frío digno de la campaña
de Rusia. Los grognards, envueltos en
sus capotas de Wagram
o de Eylau,
están agrupados desde la víspera
en torno a fuegos de vivaques improvisados; toda
la noche, se han contado las hazañas de
sus campañas pasadas. Felices en sus viejos
uniformes de granaderos, de coraceros, de mamelucos
o de cazadores, están allí para
rendir un último homenaje a su Emperador…
« Cuando esté
muerto (…) reencontraré
a mis bravos en los Campos Elíseos. Todos
vendrán a mi encuentro, me hablarán
de lo que hicimos juntos » había
predicho Napoleón en Santa
Helena.
De repente, veintiún
cañonazos dan la señal de partida:
el largo cortejo se pone en marcha, en medio de
una multitud inmensa, un millón de personas,
ávida de reconocer a un personaje ilustre,
de aplaudir a otro, y sobre
todo de percibir al carro que lleva los restos
del Emperador. « Oiréis
aun a parís gritar “¡Viva
el Emperador!” », había
anunciado todavía.
Ya desde 1814
y por supuesto tras la caída
de Napoleón en 1815, aparecen los primeros
libros en general hostiles al Emperador. A su
muerte en 1821, los Borbones, desde ese momento
liberados de todo temor del regreso del «
Impostor », levantan la censura autorizando
así la publicación de sus primeras
biografías.
En 1823, es publicado
el Memorial de Santa Helena en el cual Las
Cases, secretario particular y confidente
del Emperador, recopila sus recuerdos y sus opiniones;
su amplia difusión, probablemente el mayor
éxito de librería del siglo XIX,
es a menudo considerado como el vector de la leyenda
napoleónica.
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| Medalla
de Santa Helena y su estuche de la época |
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Tras la caída
de Carlos X, bajo la Monarquía de Julio,
la leyenda napoleónica encuentra un segundo
aire: así es como se aplaude El paso
del monte San Bernardo en el Cirque Olympique,
Napoleón o Schönbrunn y Santa
Helena en el teatro de la Puerta Saint-Martin,
o aun Napoleón o treinta años
de la historia de Francia de Alejandro Dumas.
Luis Felipe,
bajo la presión popular, obra por el desarrollo
de la memoria de Napoleón; así espera,
afirmando su filiación con la Revolución,
sentar su legitimidad y acrecentar su popularidad.
Desde su advenimiento en 1830, toda censura es
levantada, y las publicaciones se multiplican.
El 28 de julio
de 1832, una nueva estatua del Emperador es colocada
en lo alto de la columna
Vendôme. Thiers le propone también
organizar el regreso
de las cenizas del Emperador a París,
como los diarios de oposición y la opinión
le demandan… El general Lamarque fue el
abogado de la moción en la Cámara
de los diputados: « ¡Escoltado por
los llantos de sus viejos compañeros de
armas, que regrese en un féretro Aquel
que, en medio de las aclamaciones de Francia,
volvió tan a menudo en un carro de triunfo!
».
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Certificado
oficial de la Medalla de Santa Helena
y su galardón
Presea y diploma atribuidos
a Joseph Lacroix. |
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Hoy, en diciembre
de 1840, es cosa hecha, después de que
una misión encabezada por el príncipe
de Joinville, hijo del rey Luis Felipe, se haya
dirigido a Santa Helena para recoger los restos
de Napoleón. Los últimos compañeros
del exiliado también formaban parte del
viaje: el gran mariscal Bertrand, acompañado
por su hijo Arthur, nacido en la isla; el general
Gourgaud; Emmanuel de Las Cases, hijo del autor
del Memorial de Santa Helena; Marchand
el ayuda de cámara, así como los
cuatro domésticos Alí, Pierron,
Noverraz y Archambaud.
Todas estas publicaciones
y estas manifestaciones concurren por supuesto
al desarrollo de la leyenda napoleónica…
En 1848, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino
de Napoleón I, es elegido a la presidencia
de la República. Vuelto emperador bajo
el nombre de Napoleón III, crea la medalla
de Santa Helena, para recompensar a los 405
000 soldados aun vivos en 1857, que combatieron
al lado de Napoleón I durante las guerras
de 1792-1815.
La medalla de
Santa Helena es aquí la ocasión
de presentar un primer tema de colección
sobre el Primer Imperio, fuera, por supuesto,
de los temas relativos a las colecciones de los
objetos contemporáneos tales como armas,
uniformes y mobiliarios…
Además
de la medalla que existía en cuatro tallas,
los aficionados buscan igualmente los estuches,
los certificados nominativos otorgados a los recipiendarios,
pero también todos los documentos de envío
o de acuse de recibo.
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Tres
mariscales de Napoleón III, antiguos
soldados de Napoleón I
Vaillant (quien conoció
personalmente al Emperador en 1812 en
Marienwerder y le recibió a cenar),
de Castellane y Pelissier. |
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A partir de mediados
de los años cincuenta, la moda del retrato
fotográfico se impone, con el uso por Disdéri
del tiraje en formato « tarjeta de visita
» muy en boga en la época en la sociedad
burguesa francesa. Para el tema que nos concierne,
estas fotografías son la ocasión
de coleccionar los retratos de militares que arbolan
orgullosamente su medalla de Santa Helena…
Es siempre muy emotivo admirar a aquellos antiguos
grognards de Napoleón tal y como
eran al final de su vida…
Tres mariscales de Napoleón III, antiguos
soldados de Napoleón I: Vaillant (quien
conoció personalmente al Emperador en 1812
en Marienwerder y le recibió a cenar),
de Castellane y Pelissier.
A todo lo largo
del Segundo Imperio, el culto de Napoleón
se halla a través de una inmensidad de
objetos como tabaqueras, estatuillas, tinteros
que representan al Emperador, a su tumba y a su
familia. Por supuesto, después de la derrota
de Sedan y la caída de Napoleón
III, el culto de Napoleón se embota sensiblemente…
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Él
entra a Berlín
Ilustración de Le
Grand Napoléon des Petits Enfants
(“El Gran Napoleón de los
Niñitos”). Libro de J.
Marthold y Job. Librería Plon,
edición original de 1893. |
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Habrá que
esperar hasta fines de los años ochenta
para asistir, con el despertar del nacionalismo,
al renacimiento del nacionalismo, al renacimiento
del culto
napoleónico. Pintores tales como Jacques-Marie-Gaston
Onfray de Bréville, llamado JOB,
contribuyen ampliamente a este renacimiento. Las
obras que él ilustra, en aquella época
a menudo reservados a los niños, son hoy
en día muy buscados por los coleccionistas.
A principios del
siglo XX, el culto de Napoleón prosigue,
y se puede seguir el entusiasmo que suscita a
través de la multiplicación de tarjetas
postales a su gloria. Las más remarcables
son las tarjetas postales rompecabezas, realizadas
antes de la Primera Guerra Mundial; están
constituidas por el ensamblaje de 3 a 12 tarjetas
que representan diferentes escenas del 1er Imperio,
con el Emperador apareciendo gracias a la reunión
del rompecabezas.
Finalmente, no podemos terminar este estudio sin
hablar de los testigos más tardíos
de la epopeya imperial, aquellos publicados desde
1969, año bicentenario del natalicio de
Napoleón: ¡en este caso, lo mejor
va junto con lo peor! Hemos retenido para ilustrar
este periodo la serie de 15 cajas de cerillos
de la SEITA aparecida en 1970.
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| Conjunto
de 12 tarjetas postales rompecabezas,
más o menos 1914. |
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FUENTES:
- « Place
à Monsieur Larrey » de J. Marchioni,
ediciones Babel.
- « Napoléon et la Corse »,
plaquilla que acompañó la exposición
del mismo nombre presentada en el museo de Córcega;
2009.
- Fotografías del autor.
- Artículos presentados: colección
del autor.