Restitución
simbólica a la nación
de una pieza histórica extraviada |
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EL
PUEBLO DE MÉXICO RECUPERA
LA IMAGEN DE NAPOLEÓN |
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Máscara
mortuoria del Emperador
Napoleón I |
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RECORRIDO
DE UNA RELIQUIA
El
lunes 25 de julio de 2005 estuvo marcado por un
evento que quedará por largo tiempo en
la memoria de los amantes de la historia de México
y particularmente de los napoleónicos mexicanos,
acontecimiento que desde ahora forma parte de
la historia y de los registros de las colecciones
napoleónicas americanas.
En efecto, el
Instituto Napoleónico México-Francia
tuvo la gran dicha de trazar nuevamente un surco
en la historia y los estudios napoleónicos
mexicanos al restituir de manera simbólica
al pueblo de México la mascarilla mortuoria
del EMPERADOR NAPOLEÓN
I, extraviada desde hace varias décadas,
y cuya pérdida había dejado un vacío
difícil de colmar en los anales de la historiografía
y de las colecciones históricas de este
país.
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Antiguo
Museo Nacional de México
en la calle de Moneda,
en el Centro Histórico
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La máscara
original del antiguo Museo Nacional de México
era un ejemplar, seguramente en bronce, de la
célebre suscripción de 1833, y tenía
la particularidad de haber sido donada al pueblo
de México por el médico personal
de Napoleón en Santa Elena, el mismísimo
Dr. Francisco Antommarchi, durante su viaje a
nuestro país en 1837. Habiendo
tenido que atravesar todos los conflictos armados
que desgarraron el país durante todo el
Siglo XIX, un objeto de tan gran valor tenía
todas las probabilidades de perderse: las innumerables
guerras civiles y partidistas mexicanas, dos guerras
contra los Estados Unidos, entre ellas la terrible
invasión de 1847, las guerras llamadas
de Reforma, la Expedición de México
bajo Luis-Napoleón III, las guerras del
Segundo Imperio; luego, las del Siglo XX, no menos
terroríficas, como la sangrienta revolución
de 1910, que fue seguida por más de 70
años de expoliaciones bajo la dictadura
de los sombríos herederos institucionales
de la revolución mexicana...
Así, la preciosa reliquia desapareció,
probablemente en la década de 1960, posiblemente
en los años 70, para no volver a ser vista
desde entonces, lo que representó sin lugar
a dudas una incalculable pérdida para el
patrimonio histórico y artístico
nacional.
NEGOCIACIONES
PREVIAS
Conscientes de
la terrible pérdida que la desaparición
de esta reliquia representaba para nuestro país,
y tras cinco años de búsquedas vanas,
confrontados a la evidencia de que la máscara
de 1837 estaba probablemente perdida definitivamente,
el Instituto Napoleónico México-Francia
decidió que era necesario que el país
recuperase este importante símbolo sin
más tardar.
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Ayuntamiento
de la Ciudad de México |
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Así, en
noviembre de 2004, el INMF entró en contacto
con las autoridades del Ayuntamiento de la Ciudad
de México – instancia en donde la
pieza había sido recibida originalmente
de manos del mismo Doctor Antommarchi, el 18 de
junio de 1837 – así como con el responsable
de las colecciones históricas del Palacio
Nacional de México – antigua residencia
de los virreyes de la Nueva España, y enseguida
de los soberanos y dirigentes de México
a partir de la Independencia en 1821 – en
donde es preservado un buen número de piezas
históricas pertenecientes a la historia
del gobierno y de la legislación mexicana,
pero que sobre todo representa el corazón
mismo de la institución y de la identidad
nacionales de México.
Después
de algunas charlas, los mencionados responsables
expresaron su deseo de que el Museo Nacional
de Historia del Palacio de Chapultepec
fuera el depositario de la pieza propuesta, elección
legitima y natural que debía cristalizarse
con la entrega de la máscara a este prestigioso
recinto, el 25 de julio de 2005, en la Sala Siqueiros.
EL
MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE MÉXICO
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Vista
áerea del Palacio de Chapultepec |
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El Castillo de
Chapultepec, conocido antiguamente bajo
la apelación natural de Alcázar
o Palacio de Chapultepec, es hoy en día
la sede del Museo Nacional de Historia,
institución que preserva la más
grande colección de tesoros históricos
del país y recipiendario de nuestra memoria
nacional.
Lo que sorprende primero es la magnificencia y
el esplendor del lugar mismo. Situado sobre la
cima de un imponente monte, Chapultepec es en
efecto una formación de origen volcánico
que tiene su nombre de la lengua náhuatl:
chapul, que quiere decir saltamontes,
y tepe(tl), que designa un monte o una
montaña. En la antigüedad, este lugar
sirvió como asentamiento para numerosos
poblados desde el tiempo de los Toltecas hasta
el de los Mexicas, quienes fundaron la Ciudad
de México-Tenochtitlan en 1325. Fue bajo
el reino de Moctezuma I ó de Ilhuicamina
(1440-1469 d.C.) cuando se construyó gracias
a Nezahualcóyotl, rey de Texcoco, el famoso
acueducto que conducía el agua desde Chapultepec
hasta México-Tenochtitlan.
Chapultepec, se convirtió en un lugar sagrado
en el que reinaban Tláloc y Chalchiuhtlicue,
pretendidas deidades del agua.
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Entrada
al Palacio de Chapultepec |
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No fue sino hasta
después de la Conquista de México
cuando la administración Colonial de la
Nueva España decidió edificar sobre
este promontorio una magnífica casa de
campo, por órdenes del Virrey don Bernardo
de Gálvez, en 1785.
En 1792, el Virrey Juan Vicente de Güemes
Pacheco decidió que esta construcción
gigantesca albergara al Archivo General del Reino
de la Nueva España, proyecto que no se
realizó, abriendo un periodo obscuro para
el castillo, que sería librado al abandono
hasta 1806, cuando fue comprado por el Ayuntamiento
de la Ciudad de México.
En 1833, se decretó que se convirtiera
en sede del Colegio Militar, y el alcázar
conoció entonces sus horas más heroicas
– pero también las más sombrías
– en 1847, al ser bombardeado por la armada
de los Estados Unidos durante las batallas célebres
de los días 12 y 13 de septiembre.
El castillo será enseguida restaurado y
agrandado bajo la presidencia de Miguel Miramón
(1859-1860), quien añadió en especial
algunos cuartos al segundo piso; sin embargo,
el Palacio de Chapultepec recuperará todo
su sentido y conocerá sus horas de gloria
bajo el Segundo Imperio, cuando el Emperador Maximiliano
y su esposa la emperatriz Carlota deciden instalarse
en él, dejando tras ellos el incómodo
y sobre todo muy ruidoso Palacio Imperial (hoy
Palacio Nacional) en plena Plaza de Armas de México.
Tras el asesinato del Emperador, el castillo conoció
una larga serie de vicisitudes, hasta convertirse
al fin, en 1944, por orden del presidente Lázaro
Cárdenas (decreto de 1940), el Museo Nacional
de Historia de México.
LA
MÁSCARA DEL PALACIO DE CHAPULTEPEC
Esta máscara no
es la extraviada reliquia original
donada por Antommarchi al pueblo de México,
y en este sentido, no pretende de ningún
modo remplazar estrictamente hablando
una pieza tan importante. Sin embargo,
al objeto literal, substituye un símbolo
que sigue siendo tan actual y punzante
como lo fue siempre por su profundo significado
y su antecedente histórico; es
en este sentido y desde esta óptica
que se debe comprender esta pieza que
pertenece desde ahora y para siempre al
patrimonio del pueblo de México.
Desde un punto de vista
formal, este objeto se presenta bajo la
forma de una máscara clásica
según un modelo Antommarchi convencional
que data de principios del Siglo XX (colección
del Instituto Napoleónico México-Francia),
con una adición a nivel de la garganta,
un apéndice con una forma similar
a la de un « alza-cuello
» de los ejércitos de los
Siglos XVIII y XIX.
Está confeccionada en yeso, y se
caracteriza por un sello de lacre en dos
colores con la efigie de perfil de Napoleón,
coronado en César, según
un modelo clásico de Bertrand Andrieu
(1761-1822) y la inscripción en
relieve: Napoléon I –
Empereur (Napoleón I –
Emperador).
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«
A pesar
de ser el personaje “parteaguas”
que dio inicio a la época
moderna no sólo de
México sino del mundo
occidental, las piezas que
posee el Museo Nacional de
Historia del Castillo de Chapultepec
relacionadas con la vida y
obra de Napoleón I
(1769-1821), son mínimas,
de ahí que la donación
de la máscara mortuoria
del monarca europeo represente
un “objeto contundente”
para su colección
». SRS. |
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Salvador
Rueda Smithers
Director del Museo Nacional
de Historia del Castillo de Chapultepec. |
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En su
parte posterior, esta máscara comprende
un receptáculo en el que se halla
encastrado un relicario que contiene una
serie de objetos simbólicos, de los
cuales he aquí la descripción
y significado: |
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Sello
en el alza-cuello de la máscara |
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-
Una pequeña piedra volcánica;
simbolizando el peñón fatal
de Santa
Helena, lugar de exilio y de
muerte del Emperador Napoleón.
- Una rama de sauce llorón;
recordando el árbol bajo el cual
reposaron los restos mortales de Napoleón
durante 19 años en el Valle
del Geranio, junto a su manantial
querido.
- Dos hojas de laurel,
una grande y una pequeña; que se
refieren respectivamente a la Corona Imperial
de Francia, y a la Corona Real de Italia.
- Un rosario con su crucifijo
ébano y plata; representando
el crucifijo
de Santa Elena, que tras haber sido empleado
por el abate Vignali durante el servicio
de la extrema unción del Emperador,
reposó sobre el pecho del monarca
cuando éste yacía en su
lecho de muerte, los días 6 y 7
de mayo de 1821. Este crucifijo está
rematado con una medalla con la efigie
de Nuestra Señora de Guadalupe,
santa patrona de México y de América.
- Algunos versos de circunstancia. |
UN
SÍMBOLO SIN PRECEDENTES
A la simbólica
propia e inherente al objeto mismo, el INMF creyó
esencial asociar otro, más importante en
el sentido que legitima y consagra para siempre
a la máscara en tanto pieza irremplazable
y única en el mundo.
En efecto, para
esta ocasión tan importante, el INMF pidió
a S.A.I. el Príncipe Charles Napoléon,
entonces jefe de la Casa Imperial de Francia,
le concediera el honor y gran privilegio de dirigir
un Mensaje
al pueblo de México,
de tal suerte que sus palabras pudiesen conferir
a la reliquia una dimensión, un significado
y un valor únicos, y consagrar, a través
de las generaciones, su naturaleza definitiva
e inmutable de patrimonio nacional común
a todos los mexicanos, tanto del presente
como del porvenir. El Príncipe Napoleón
tuvo el generoso gesto de dignarse a acordarnos
el texto solicitado – el primero jamás
dirigido directamente a un pueblo americano por
un Príncipe Imperial de la Casa Napoleón
así como por un representante de una de
las dinastías de la monarquía francesa
– que tenemos el honor y gran orgullo de
presentar enseguida, y que constituye el verdadero
y definitivo punto de anclaje de esta máscara
en la historiografía y en la museografía
mexicanas:
Mensaje
de S.A.I. el Príncipe Charles
Napoléon, al pueblo de
México, en ocasión
de la restitución histórica
a la Nación de la máscara
mortuoria del Emperador Napoleón
Iero, el 25 de julio de 2005,
en el Palacio de Chapultepec.
Queridos
amigos mexicanos,
La mascarilla mortuoria que tenéis
ante vuestros ojos pertenece a
un hombre bien vivo en el espíritu
del pueblo de Francia. Este hombre
ha construido la Francia moderna
sobre los escombros del antiguo
régimen. No se ha contentado
con ganar batallas, él
ha inventado instituciones civiles
inspiradas del Siglo de las Luces
que duran hasta nuestros días
y que han sido imitadas en muchos
países de Europa y del
mundo. Él forma parte de
aquellos pocos gigantes a quienes
debemos el mundo moderno. Que
su memoria sirva para proseguir
la construcción de una
humanidad de progreso, de respeto
de los pueblos y de paz.
Mayo de 2005, el Príncipe
Napoleón. |
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Placa
que conmemora el mensaje
de S.A.I. el Príncipe Napoleón |
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Hoy, el Museo
Nacional de Historia de México es sin lugar
a dudas el más importante del país,
y recibe un promedio de entre 9,000 et 11,000
visitantes al día, rebasando a veces esta
cifra durante las temporadas turísticas
altas.
Estas cifras impresionantes
corresponden también al número de
personas que, a partir de hoy, podrán admirar
la máscara de Napoleón del Palacio
de Chapultepec, que entró en la historia
de las colecciones napoleónicas americanas
el 25 de julio de 2005.
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La
máscara sobre un cojín
provisional pero ya colocada en
su vitrina individual |
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Para los mexicanos,
esta pieza será la ocasión de recordar
cotidianamente, más allá de la figura
del Emperador Napoleón y todos sus significados
intrínsecos, el papel esencial interpretado
por este gran hombre quien por su obra y por su
ejemplo, dio nacimiento a los proyectos de emancipación
de todo un continente, y abrió la vía
para que sus hijos pudiesen un día concretar
sus sueños de libertad y de soberanía
nacional.
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Vista
de conjunto de la sala de la Independencia
en el Museo Nacional de Historia |
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En cuanto a los
extranjeros que visiten nuestra Patria, este objeto
será por siempre un testimonio vivo y permanente
de los vínculos imperecederos de amistad
que siempre han enlazado a estos dos países
lejanos, México y Francia, y que los unen
en el presente y en el futuro, a través
los lazos perpetuos e inquebrantables de la concordia
y de la fraternidad.
E.G-S.
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CERTIFICACIÓN
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DE
LA MÁSCARA DEL EMPERADOR
NAPOLEÓN DEL PALACIO
DE CHAPULTEPEC |
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La
Máscara del Emperador
Napoleón I del
Museo Nacional de Historia,
en el Palacio de Chapultepec
Junto a ella, el certificado
de donación-entrega
y la placa conmemorativa
que contiene el mensaje
del Principe Imperial
al pueblo de México.
Foto: Marianne:
Les fascinantes reliques
Napoléoniennes. |
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Acta
de entrega-recepción
y ficha descriptiva
de los objetos
donados al pueblo de
México por el
Instituto Napoleónico
México-Francia:
Máscara
mortuoria del Emperador
Napoleón I;
placa en cobre
que contiene el
Mensaje del
Príncipe Charles
Napoleón al pueblo
de México;
certificado
autógrafo de
donación.
Signatarios:
Sr.
Eduardo Garzón-Sobrado,
Presidente-fundador
del INMF; Sr.
Salvador Rueda Smithers,
Director del Museo Nacional
de Historia (MNH); Sr.
Arturo García
Arenas, Jefe
de control de bienes
e inventarios del MNH;
Sr. Rubén
Pompa Tovar,
Coordinador de inventarios
del MNH.
Testigos:
Sra. Mónica
Martí Cotarelo,
Subdirectora técnica
del MNH; Sra.
Isabel Stivalet Barros,
subdirectora de museología
de la coordinación Nacional
de Museos.
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Referencias:

Castillo
de Chapultepec, Museo
Nacional de Historia
Primera Sección del Bosque de Chapultepec
Col. San Miguel Chapultepec
C.P. 11580 Delegación Miguel Hidalgo
Ciudad de México.
Tel: 52 41 31 00
Fax: 55 52 41 31

