Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Restitución simbólica a la nación de una pieza histórica extraviada
EL PUEBLO DE MÉXICO RECUPERA LA IMAGEN DE NAPOLEÓN
 
Mascara mortuoria del Emperador Napoleón en el Museo Nacional de Historia del Palacio de Chapultepec, Ciudad de México.
Máscara mortuoria del Emperador Napoleón I

 

RECORRIDO DE UNA RELIQUIA

El lunes 25 de julio de 2005 estuvo marcado por un evento que quedará por largo tiempo en la memoria de los amantes de la historia de México y particularmente de los napoleónicos mexicanos, acontecimiento que desde ahora forma parte de la historia y de los registros de las colecciones napoleónicas americanas.

En efecto, el Instituto Napoleónico México-Francia tuvo la gran dicha de trazar nuevamente un surco en la historia y los estudios napoleónicos mexicanos al restituir de manera simbólica al pueblo de México la mascarilla mortuoria del EMPERADOR NAPOLEÓN I, extraviada desde hace varias décadas, y cuya pérdida había dejado un vacío difícil de colmar en los anales de la historiografía y de las colecciones históricas de este país.

Antiguo Museo Nacional de México en la calle de Moneda, en el Centro Histórico

La máscara original del antiguo Museo Nacional de México era un ejemplar, seguramente en bronce, de la célebre suscripción de 1833, y tenía la particularidad de haber sido donada al pueblo de México por el médico personal de Napoleón en Santa Elena, el mismísimo Dr. Francisco Antommarchi, durante su viaje a nuestro país en 1837. Habiendo tenido que atravesar todos los conflictos armados que desgarraron el país durante todo el Siglo XIX, un objeto de tan gran valor tenía todas las probabilidades de perderse: las innumerables guerras civiles y partidistas mexicanas, dos guerras contra los Estados Unidos, entre ellas la terrible invasión de 1847, las guerras llamadas de Reforma, la Expedición de México bajo Luis-Napoleón III, las guerras del Segundo Imperio; luego, las del Siglo XX, no menos terroríficas, como la sangrienta revolución de 1910, que fue seguida por más de 70 años de expoliaciones bajo la dictadura de los sombríos herederos institucionales de la revolución mexicana...
Así, la preciosa reliquia desapareció, probablemente en la década de 1960, posiblemente en los años 70, para no volver a ser vista desde entonces, lo que representó sin lugar a dudas una incalculable pérdida para el patrimonio histórico y artístico nacional.

 

NEGOCIACIONES PREVIAS

Conscientes de la terrible pérdida que la desaparición de esta reliquia representaba para nuestro país, y tras cinco años de búsquedas vanas, confrontados a la evidencia de que la máscara de 1837 estaba probablemente perdida definitivamente, el Instituto Napoleónico México-Francia decidió que era necesario que el país recuperase este importante símbolo sin más tardar.

Ayuntamiento de la Ciudad de México

Así, en noviembre de 2004, el INMF entró en contacto con las autoridades del Ayuntamiento de la Ciudad de México – instancia en donde la pieza había sido recibida originalmente de manos del mismo Doctor Antommarchi, el 18 de junio de 1837 – así como con el responsable de las colecciones históricas del Palacio Nacional de México – antigua residencia de los virreyes de la Nueva España, y enseguida de los soberanos y dirigentes de México a partir de la Independencia en 1821 – en donde es preservado un buen número de piezas históricas pertenecientes a la historia del gobierno y de la legislación mexicana, pero que sobre todo representa el corazón mismo de la institución y de la identidad nacionales de México.

Después de algunas charlas, los mencionados responsables expresaron su deseo de que el Museo Nacional de Historia del Palacio de Chapultepec fuera el depositario de la pieza propuesta, elección legitima y natural que debía cristalizarse con la entrega de la máscara a este prestigioso recinto, el 25 de julio de 2005, en la Sala Siqueiros.

 

EL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE MÉXICO

Vista áerea del Palacio de Chapultepec

El Castillo de Chapultepec, conocido antiguamente bajo la apelación natural de Alcázar o Palacio de Chapultepec, es hoy en día la sede del Museo Nacional de Historia, institución que preserva la más grande colección de tesoros históricos del país y recipiendario de nuestra memoria nacional.
Lo que sorprende primero es la magnificencia y el esplendor del lugar mismo. Situado sobre la cima de un imponente monte, Chapultepec es en efecto una formación de origen volcánico que tiene su nombre de la lengua náhuatl: chapul, que quiere decir saltamontes, y tepe(tl), que designa un monte o una montaña. En la antigüedad, este lugar sirvió como asentamiento para numerosos poblados desde el tiempo de los Toltecas hasta el de los Mexicas, quienes fundaron la Ciudad de México-Tenochtitlan en 1325. Fue bajo el reino de Moctezuma I ó de Ilhuicamina (1440-1469 d.C.) cuando se construyó gracias a Nezahualcóyotl, rey de Texcoco, el famoso acueducto que conducía el agua desde Chapultepec hasta México-Tenochtitlan.
Chapultepec, se convirtió en un lugar sagrado en el que reinaban Tláloc y Chalchiuhtlicue, pretendidas deidades del agua.

Entrada al Palacio de Chapultepec

No fue sino hasta después de la Conquista de México cuando la administración Colonial de la Nueva España decidió edificar sobre este promontorio una magnífica casa de campo, por órdenes del Virrey don Bernardo de Gálvez, en 1785.
En 1792, el Virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco decidió que esta construcción gigantesca albergara al Archivo General del Reino de la Nueva España, proyecto que no se realizó, abriendo un periodo obscuro para el castillo, que sería librado al abandono hasta 1806, cuando fue comprado por el Ayuntamiento de la Ciudad de México.
En 1833, se decretó que se convirtiera en sede del Colegio Militar, y el alcázar conoció entonces sus horas más heroicas – pero también las más sombrías – en 1847, al ser bombardeado por la armada de los Estados Unidos durante las batallas célebres de los días 12 y 13 de septiembre.
El castillo será enseguida restaurado y agrandado bajo la presidencia de Miguel Miramón (1859-1860), quien añadió en especial algunos cuartos al segundo piso; sin embargo, el Palacio de Chapultepec recuperará todo su sentido y conocerá sus horas de gloria bajo el Segundo Imperio, cuando el Emperador Maximiliano y su esposa la emperatriz Carlota deciden instalarse en él, dejando tras ellos el incómodo y sobre todo muy ruidoso Palacio Imperial (hoy Palacio Nacional) en plena Plaza de Armas de México.
Tras el asesinato del Emperador, el castillo conoció una larga serie de vicisitudes, hasta convertirse al fin, en 1944, por orden del presidente Lázaro Cárdenas (decreto de 1940), el Museo Nacional de Historia de México.

 

LA MÁSCARA DEL PALACIO DE CHAPULTEPEC

Esta máscara no es la extraviada reliquia original donada por Antommarchi al pueblo de México, y en este sentido, no pretende de ningún modo remplazar estrictamente hablando una pieza tan importante. Sin embargo, al objeto literal, substituye un símbolo que sigue siendo tan actual y punzante como lo fue siempre por su profundo significado y su antecedente histórico; es en este sentido y desde esta óptica que se debe comprender esta pieza que pertenece desde ahora y para siempre al patrimonio del pueblo de México.

Desde un punto de vista formal, este objeto se presenta bajo la forma de una máscara clásica según un modelo Antommarchi convencional que data de principios del Siglo XX (colección del Instituto Napoleónico México-Francia), con una adición a nivel de la garganta, un apéndice con una forma similar a la de un « alza-cuello » de los ejércitos de los Siglos XVIII y XIX.
Está confeccionada en yeso, y se caracteriza por un sello de lacre en dos colores con la efigie de perfil de Napoleón, coronado en César, según un modelo clásico de Bertrand Andrieu (1761-1822) y la inscripción en relieve: Napoléon IEmpereur (Napoleón I – Emperador).

« A pesar de ser el personaje “parteaguas” que dio inicio a la época moderna no sólo de México sino del mundo occidental, las piezas que posee el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec relacionadas con la vida y obra de Napoleón I (1769-1821), son mínimas, de ahí que la donación de la máscara mortuoria del monarca europeo represente un “objeto contundente” para su colección ». SRS.

Salvador Rueda Smithers
Director del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec.

En su parte posterior, esta máscara comprende un receptáculo en el que se halla encastrado un relicario que contiene una serie de objetos simbólicos, de los cuales he aquí la descripción y significado:
 
Sello en el alza-cuello de la máscara
 
- Una pequeña piedra volcánica; simbolizando el peñón fatal de Santa Helena, lugar de exilio y de muerte del Emperador Napoleón.
- Una rama de sauce llorón; recordando el árbol bajo el cual reposaron los restos mortales de Napoleón durante 19 años en el Valle del Geranio, junto a su manantial querido.
- Dos hojas de laurel, una grande y una pequeña; que se refieren respectivamente a la Corona Imperial de Francia, y a la Corona Real de Italia.
- Un rosario con su crucifijo ébano y plata; representando el crucifijo de Santa Elena, que tras haber sido empleado por el abate Vignali durante el servicio de la extrema unción del Emperador, reposó sobre el pecho del monarca cuando éste yacía en su lecho de muerte, los días 6 y 7 de mayo de 1821. Este crucifijo está rematado con una medalla con la efigie de Nuestra Señora de Guadalupe, santa patrona de México y de América.
- Algunos versos de circunstancia.
 

 

UN SÍMBOLO SIN PRECEDENTES

A la simbólica propia e inherente al objeto mismo, el INMF creyó esencial asociar otro, más importante en el sentido que legitima y consagra para siempre a la máscara en tanto pieza irremplazable y única en el mundo.

En efecto, para esta ocasión tan importante, el INMF pidió a S.A.I. el Príncipe Charles Napoléon, entonces jefe de la Casa Imperial de Francia, le concediera el honor y gran privilegio de dirigir un Mensaje al pueblo de México, de tal suerte que sus palabras pudiesen conferir a la reliquia una dimensión, un significado y un valor únicos, y consagrar, a través de las generaciones, su naturaleza definitiva e inmutable de patrimonio nacional común a todos los mexicanos, tanto del presente como del porvenir. El Príncipe Napoleón tuvo el generoso gesto de dignarse a acordarnos el texto solicitado – el primero jamás dirigido directamente a un pueblo americano por un Príncipe Imperial de la Casa Napoleón así como por un representante de una de las dinastías de la monarquía francesa – que tenemos el honor y gran orgullo de presentar enseguida, y que constituye el verdadero y definitivo punto de anclaje de esta máscara en la historiografía y en la museografía mexicanas:

Mensaje de S.A.I. el Príncipe Charles Napoléon, al pueblo de México, en ocasión de la restitución histórica a la Nación de la máscara mortuoria del Emperador Napoleón Iero, el 25 de julio de 2005, en el Palacio de Chapultepec.

Queridos amigos mexicanos,

La mascarilla mortuoria que tenéis ante vuestros ojos pertenece a un hombre bien vivo en el espíritu del pueblo de Francia. Este hombre ha construido la Francia moderna sobre los escombros del antiguo régimen. No se ha contentado con ganar batallas, él ha inventado instituciones civiles inspiradas del Siglo de las Luces que duran hasta nuestros días y que han sido imitadas en muchos países de Europa y del mundo. Él forma parte de aquellos pocos gigantes a quienes debemos el mundo moderno. Que su memoria sirva para proseguir la construcción de una humanidad de progreso, de respeto de los pueblos y de paz.

Mayo de 2005, el Príncipe Napoleón.

 
Placa que conmemora el mensaje de S.A.I. el Príncipe Napoleón

Hoy, el Museo Nacional de Historia de México es sin lugar a dudas el más importante del país, y recibe un promedio de entre 9,000 et 11,000 visitantes al día, rebasando a veces esta cifra durante las temporadas turísticas altas.

Estas cifras impresionantes corresponden también al número de personas que, a partir de hoy, podrán admirar la máscara de Napoleón del Palacio de Chapultepec, que entró en la historia de las colecciones napoleónicas americanas el 25 de julio de 2005.

La máscara sobre un cojín provisional pero ya colocada en su vitrina individual

Para los mexicanos, esta pieza será la ocasión de recordar cotidianamente, más allá de la figura del Emperador Napoleón y todos sus significados intrínsecos, el papel esencial interpretado por este gran hombre quien por su obra y por su ejemplo, dio nacimiento a los proyectos de emancipación de todo un continente, y abrió la vía para que sus hijos pudiesen un día concretar sus sueños de libertad y de soberanía nacional.

Vista de conjunto de la sala de la Independencia en el Museo Nacional de Historia

En cuanto a los extranjeros que visiten nuestra Patria, este objeto será por siempre un testimonio vivo y permanente de los vínculos imperecederos de amistad que siempre han enlazado a estos dos países lejanos, México y Francia, y que los unen en el presente y en el futuro, a través los lazos perpetuos e inquebrantables de la concordia y de la fraternidad.

E.G-S.

 
CERTIFICACIÓN
DE LA MÁSCARA DEL EMPERADOR NAPOLEÓN DEL PALACIO DE CHAPULTEPEC
 
Leer la página especial sobre el mensaje del Príncipe Napoleón al pueblo de México.
La Máscara del Emperador Napoleón I del Museo Nacional de Historia, en el Palacio de Chapultepec
Junto a ella, el certificado de donación-entrega y la placa conmemorativa que contiene el mensaje del Principe Imperial al pueblo de México. Foto: Marianne: Les fascinantes reliques Napoléoniennes.
Acta de entrega-recepción de los objetos donados.   Ficha descriptiva de los objetos donados.
Acta de entrega-recepción y ficha descriptiva de los objetos donados al pueblo de México por el Instituto Napoleónico México-Francia: Máscara mortuoria del Emperador Napoleón I; placa en cobre que contiene el Mensaje del Príncipe Charles Napoleón al pueblo de México; certificado autógrafo de donación.
Signatarios: Sr. Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador del INMF; Sr. Salvador Rueda Smithers, Director del Museo Nacional de Historia (MNH); Sr. Arturo García Arenas, Jefe de control de bienes e inventarios del MNH; Sr. Rubén Pompa Tovar, Coordinador de inventarios del MNH.
Testigos: Sra. Mónica Martí Cotarelo, Subdirectora técnica del MNH; Sra. Isabel Stivalet Barros, subdirectora de museología de la coordinación Nacional de Museos.

Referencias:

Castillo de Chapultepec, Museo Nacional de Historia

Primera Sección del Bosque de Chapultepec
Col. San Miguel Chapultepec
C.P. 11580 Delegación Miguel Hidalgo
Ciudad de México.
Tel: 52 41 31 00
Fax: 55 52 41 31

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