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DE
WATERLOO A LA ISLA DE AIX |
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Embarque
hacia el exilio |
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Embarque
hacia el exilio
El Emperador Napoleón
sube a bordo del
Belerofonte. Dibujo romántico. |
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Por
el Señor |
Jacques
L’Azou |
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| Jacques
L’Azou |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
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«
Deudo a la historia, ella
dirá que un enemigo
que durante veinte años
le hizo la guerra al pueblo
inglés vino libremente
en su infortunio a buscar
asilo bajo sus leyes ¿Qué
prueba más clara
podía dar su estima
y de su confianza? ¿Pero
de qué manera respondió
Inglaterra a tal magnanimidad?
Fingió tender una
mano hospitalaria a ese
enemigo y cuando se entregó
de buena fe, se le inmoló
» |
Napoleón,
1815. |
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El
hermoso oficio de librero de viejo me ha permitido,
siguiendo las Reconstituciones Históricas,
revivir los Cien Días. En la Pentecostés,
estábamos en La Ruta Napoleón
en Corps, donde el Emperador pasa su última
noche antes de enfrentarse a las tropas realistas
en la Pradera del Encuentro de Laffrey: «Aventurero
en Corps, Príncipe en Grenoble
». El 18 de junio, en Waterloo, participamos
en la inauguración del nuevo sitio
de la Colina del León con su nueva
iluminación y par la fuerza de las
cosas el aniversario de la batalla.
Este mes de
agosto, la isla de Aix nos permitía
descubrir lo que habían sido los últimos
instantes de Napoleón en esta tierra
de Francia que él adoraba por encima
de todo. Es aquí donde Napoleón
pasa sus últimos días el 13,
14 y 15 de julio de 1815 antes de sacrificarse
por el honor y la grandeza de su leyenda
inmortal.
Ahí,
en su recámara, frente a su cama, se
puede medir la densidad dramática de
su último recorrido: ahí se
termina La Ruta Napoleón que según
el decir de su médico O’Meara,
fue uno de sus momentos más felices
desde la Consagración.
Ahí, uno rehace la batalla de Waterloo
cien veces remplazando a Soult por Berthier,
a Ney por Davout, a Grouchy por Gérard
y las combinaciones son múltiples,
¿no es cierto Drouet D’Erlon?
Hace tres
meses, el Emperador, después de Golfo-Juan
y Grenoble, estaba en Lyon; hace un mes se
ponía en camino hacia Charleroi y Ligny.
| ¡Qué
destino!
Tras
Waterloo, de regreso en París
el 21 de junio, en el Eliseo Napoleón
abdica en favor del rey de Roma. Las
Cámaras eligen una Comisión
de Gobierno presidida por Fouché
y que comprende a Carnot, Caulaincourt,
Grenier y Quinette.
Aclamado
cotidianamente en el Eliseo, Napoleón,
para preparar su partida, se refugia
el 25 en la Malmaison, donde tantos
recuerdos felices le reconfortan.
Después
de los últimos preparativos y
los últimos adioses a su madre
y a los allegados, el 29 de junio a
las 17:30 horas, es la salida hacia
Rochefort donde le esperan dos fragatas,
la Saale y la Méduse,
con el aviso Épervier,
para una destinación que puede
aun escoger. Napoleón tiene la
intención de embarcarse hacia
los Estados Unidos. Antes de partir,
se han abonado a los principales diarios
parisinos que deben ser dirigidos poste
restante a Nueva York.
Tocado
con un sombrero redondo y en atuendo
burgués, acompañado por
sus fieles Savary y Bertrand, Napoleón,
para no ser reconocido, se pone en marcha
en una calesa aislada. Enviado por Fouché,
el general Léonard Becker sirve
de chaperón. Es el cuñado
de Desaix, el héroe de Marengo,
y sabrá permanecer complaciente.
Todos van en trajes civiles.
El mameluco
Alí está en el asiento
junto al cochero. Marchand ha puesto
20,000 francos en un pequeño
cofre para las necesidades del camino.
No hay escolta.
Los demás: Gourgaud, Las Cases,
Montholon, Louis Marchand con los bagajes,
tienen cita en Rochefort. Esta dispersión
es necesaria para evitar esperar en
los relevos. |
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El
Emperador Napoleón
dibujado del natural el 24
de julio de 1815, a bordo
del Belerofonte
Esbozo al lápiz
por Planat de la Faye. |
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Por Rocquencourt
y Saint-Cyr se llega en la velada a Rambouillet,
a donde arriban a las 10 de la noche. Último
castillo...
En el mismo
momento el 8º regimiento de húsares
prusianos, por orden de Blücher, se apresura
para llegara a la Malmaison...
Por Chartes,
Chateaudun (pasando cerca de Les Coudreaux,
propiedad de Ney), enseguida Vendôme,
Tours, Poitiers, el domingo 2 de julio están
en Niort en el Albergue A la Boule
d’Or («En la Bola de Oro»).
Gourgaud y Marchand llegan también,
Montholon con un convoy más importante
pasa por Angulema.
En Niort,
Napoleón pasó con Josefina al
regresar de Bayona. Era el 6 de agosto de
1806... Hizo la fortuna de la ciudad poniendo
a trabajar sus industrias de proceso de gamuza,
en especial en la confección los pantaloncillos
de piel de la Caballería.
Dos escuadrones
del 2º de Húsares pasan cerca
de la posada. A su cabeza, el capitán
Voisin reconoce a su Emperador y da la alerta.
De inmediato la población acude para
aclamarle y se presenta el prefecto Busche,
quien le ofrece hospitalidad en la Prefectura
en la que Napoleón vuelve a encontrar,
éste último domingo, garbo de
soberano.
A las cuatro
de la mañana, la partida de Niort es
desgarradora. Soldados, civiles han dormido
en el suelo frente a la reja de la Prefectura.
- «¡No!
¡No os valláis!... ¡Quedaos
con nosotros!...»
- «Dejad
hijos míos. ¡Ya no soy nada,
vamos; ya no soy nada!...»
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| Vista
del castillo de Malmaison, fachada
que da al parque |
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Después
de haber abdicado el 22 de junio
de 1815 en el palacio del Eliseo,
el Emperador pide hospitalidad
a la reina Hortensia, llegando
a Malmaison el día 25.
Recibe ahí a varias personas,
entre las cuales a sus hermanos
José, Luciano y Jerónimo.
También asisten en los
días siguientes el banquero
Laffite, el tesorero Peyrusse,
María Walewska… El
26 se pasea solo en el jardín,
luego llama a Hortensia y le dice
«con una expresión
conmovedora»:
«¡Esta pobre Josefina!
¡No puedo acostumbrarme
a habitar este lugar sin ella!
¡Siempre me parece verla
salir de una alameda y recoger
esas plantas que tanto quería!
Pobre Josefina». El
29, Napoleón recibe a su
madre, doña Leticia, a
quien ve por última vez;
luego se encierra solo en la recámara
de Josefina, y sale de ella con
los ojos húmedos. A las
17:00 horas el Emperador sube
a la calesa que lo llevará
a Rochefort, de ahí a la
isla de Aix, luego a la deportación
en la isla de Santa Helena. Pintura
de Pierre Joseph Petit (1765-1818)
. |
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Atraviesan
la Vendea por Mauzé le Mignon, Saint
Georges du Bois, Surgères, Muron, regiones
que, desecadas por drenajes, se hacen prósperas.
Alertadas las tierras interiores, los campesinos
que terminan el henaje, sabedores del bien
que hicieron esos trabajos durante el Imperio,
vienen a través de los almiares de
paja para saludarle en los bordes del camino.
Entran a Rochefort,
el lunes 3 de julio a las 8 de la mañana.
En la Prefectura, como en Niort, Napoleón
se siente aún soberano en esta ciudad
favorable al Imperio que enriqueció
ese puerto con los arsenales, los astilleros,
la cordería, la fundición y
las murallas.
El Emperador
permanecerá allí cinco días
esperando a los salvoconductos que deben permitirle
dirigirse a los Estados Unidos, pero ni el
Prefecto Marítimo François Bonnefoux,
de Marmande, ni Pierre Philibert, un veterano
de Trafalgar, que comanda la fragata La Saale,
los han recibido, y las instrucciones estipulan
que es urgente esperar.
François
Ponée, que comanda la otra fragata
La Méduse, bullicioso oficial
bonapartista, está listo para pasarlo
por alto, pero al ser menos antiguo en el
grado está subordinado al Comandante
Philibert.
Durante esos
cinco días, las soluciones para partir
no faltarán. El Almirante-Conde Pierre
Martin, viejo lobo de mar, retirado a Rochefort,
todo devoto del Emperador y que ha sido llamado,
sugiere un plan que haría embarcar
la tropa en la fragata La Bayadère
del Comandante Charles Baudin, hijo del antiguo
convencional, él también enteramente
dedicado. Hay todavía en el puerto
navíos mercantes estadounidenses muy
rápidos. Luego, es Jean-Victor Besson
de Angulema, fiel y valiente marino del Emperador,
veterano de la campaña de Rusia. Posee
desde su matrimonio en Dinamarca una flotilla
mercante y asegura, con su bricbarca Magdalena,
poder hacer pasar a Napoleón con su
séquito oculto entre los toneles de
aguardiente.
Pero hay que
decidirse rápido, pues Fouché
en ese momento no pierde su tiempo, y ahora
que el Emperador se ha alejado, toma confianza.
Ha hecho nombrar a su amigo Richard, antiguo
convencional, prefecto de Charente y ha escrito
a Becker:
- « Napoleón debe embarcarse
sin demora. No sabéis hasta qué
punto la seguridad y la tranquilidad del Estado
están comprometidas por estos retrasos.
Debéis pues emplear todos los medios
de fuerza que fueran necesarios, conservando
al mismo tiempo el respeto que se le debe...»
José
Bonaparte ha llegado a Rochefort en la noche
del 4 al 5 de julio, y logra afretar un navío
mercante, un bricbarca que transporta coñac
que le llevará a América en
treinta y dos días. Pero a Napoleón
le repugna esta solución que es una
huída vergonzosa. José, su hermano
mayor que le ha servido de menor, puede hacerlo
pero él, se debe a su grandeza.
El viernes
7 de julio, el General Becker que escoltaba
para vigilar, recibe un despacho de la Comisión
de Gobierno cuyo tono es sin discusión.
El 8 muy temprano en la mañana, rinde
cuenta al Emperador de las nuevas instrucciones
de Fouché.
Fouché
sabe que Rochefort es bonapartista, y tiembla,
en el momento en el que está negociando
para restaurar a Luis XVIII, con la idea de
que Napoleón pueda retomar la cabeza
del ejército que se repliega sobre
el Loira. Lo quiere en las fragatas, en una
buena prisión flotante entre los ingleses
y los realistas que poco a poco se vuelven
a instalar.
Los ingleses
alertados por el mismo Fouché han enviado
prestamente al lugar una división compuesta
por el navío Belerofonte y
las corvetas La Daphne, el Slaney
y el Mirmidón. Sir Frederick
Maitland capitanea el Belerofonte,
navío de 74 cañones, pero que
sufrió mucho en Abukir y en Trafalgar.
Viejo navío, bastante lento, es apodado
por la tripulación poco versada en
la mitología, Billy the Ruffian
(«Billy el rufián»).
Belerofonte es el hijo de Neptuno y el nieto
de Sísifo.
Ante esas
amenazas, Napoleón, sin plan preciso
todavía, decide dirigirse a Fouras,
de donde él y su séquito pueden
ponerse en seguridad en la isla de Aix o refugiarse
en las fragatas.
La isla de
Aix, la conoce por haber estado en ella en
gira de inspección el 5 de agosto de
1808. Entonces había comandado la construcción
de esa casa Casa del Comandante. No podía
imaginar que pasaría en ella sus tres
últimos días en tierra de Francia,
y que sería hoy el Museo Napoleón.
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Museo Napoleónico de la Isla
de Aix |
Esta
es la casa en la que el Emperador
se rindió a los ingleses.
Perteneciente al servicio de ingeniería
marítima, fue clasificada
monumento histórico en
1925 y adquirida el año
siguiente por el barón
Napoleón Gourgaud
(1891-1944), bisnieto del general
Gaspard Gourgaud (1783-1852),
miembro del séquito que
acompañó al Emperador
de la isla de Aix a Santa Helena.
El barón Napoleón
Gourgaud adquirió igualmente
múltiples objetos y recibió
cantidad de donaciones de figuras
eminentes de la nobleza de Imperio;
gracias a este importante patrimonio
inauguró el Museo
Napoleónico
en la casa del Emperador en 1928,
donándolo enseguida al
estado en 1933; hoy en día
está incorporado al museo
de Malmaison, y en sus diversas
salas rememora la vida del Emperador
y de su leyenda. |
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Como en el
Eliseo y en la Malmaison, los coches del séquito
esquivan a la muchedumbre, amasada en la Plaza
Colbert aclamando al convoy, mientras el Emperador
sale por una puerta oculta, se eclipsa por
los jardines y alcanza al convoy en el camino
a La Rochela. Tuercen a la izquierda, con
dirección a Fouras, una aldea de pescadores.
Una pequeña flotilla espera en la ensenada
de la Coue: los botes del puerto de Rochefort
y los de las fragatas. Pero no hay suficiente
calado para que acosten en la orilla y el
embarque de toda esa pequeña compañía
se hace a espalda de hombre. Napoleón
deja su Imperio en hombros de Beau, un marinero
pescador grande y fuerte que va llorando...
Hay allí treinta pescadores y marinos
perturbados. Algunos, durante el Segundo Imperio,
relatarán: «llorábamos
como niñas...»
Al sur del
Fuerte Vauban, el emplazamiento está
aún señalado con una estela
de granito con esta inscripción:
Aquí,
el 8 de julio de 1815
Napoleón I dejó el continente
por el exilio.
El Emperador fue llevado hasta la ballenera
por el marino BEAU
Nativo de Fouras.
Donación del Barón Gourgaud,
bisnieto del General Gourgaud
Ahora, el
mar está demasiado fuerte. Un bote
está a punto de voltearse, Napoleón
hace girar de lleno hacia las dos fragatas
y se la tripulación se embarca ni sin
dificultades a bordo de la Saale
y de la Méduse. El séquito
de sus fieles se ha incrementado hasta 64
personas, con los bagajes que vigilaba Louis
Marchand.
En la Saale, el Emperador es recibido
con los mayores honores. Se instala la recámara
en la sala del Consejo. Montholon, con el
Coronel Planat de la Faye, está a bordo
de La Méduse.
Ese mismo
día, Luis XVIII hace su entrada a París,
rodeado por los Mariscales Victor, Marmont,
Macdonald, Oudinot, Gouvion Saint-Cyr, Moncey
y Lefebvre.
El día
siguiente, domingo 9 de julio, el tiempo está
tranquilo. Napoleón se hace conducir
a la isla de Aix para una simple visita. Pasa
en revista las tropas de marina estacionadas
en el Fuerte de la Rada, el 14º regimiento
de Marinos de de Guerra, conformados por las
tripulaciones 27 y 28, en virtud de un decreto
imperial del 26 de abril de 1815. El capitán
de navío Coudeuin le sirve de Coronel.
Son cerca de 1,500 hombres, muchos de los
cuales regresan de una larga cautividad en
el infierno de los pontones ingleses, pero
listos para hacerse matar por su dios...
Sin embargo,
Napoleón no toma ninguna decisión
y se permanecerá cinco días
en las fragatas esperando quien sabe qué.
Cinco días perdidos balanceándose
en las olas y en lo vago. Mientras tanto,
Luis XVIII se instala en París, y el
nuevo prefecto de Charente, el barón
Richard llega para tomar sus funciones. Un
regicida, prefecto del rey... pero el ministro
es él mismo regicida. Luis XVIII tiene
necesidad en ese momento de afirmar su trono,
los saldos de cuentas, quedarán pendientes
para el año próximo...
La ratonera
se ha cerrado. Napoleón se encuentra
entre Caribde y Scyla, esos dos monstruos
fabulosos que guardaban el estrecho de Mesina.
Está cogido entre el gobierno real
cada vez más hostil y la Royal
Navy. El Emperador descarta de todos
modos las soluciones de facilidad, que consisten
en partir en un barco mercante, sobre todo
oculto en un tonel como se le propone….
En la dignidad y el honor, el Emperador persiste
en querer dejar Francia con su séquito
y permanece tan grande en la victoria como
en los reveses.
El lunes
10 de julio, Las Cases y Savary son enviados
en el aviso Épervier («Gavilán»),
con pabellón blanco, frente al Belerofonte,
portadores de una carta del Gran Mariscal
Bertrand para preguntar si los salvoconductos
habían llegado y, aun cuando ya no
hubiese esperanza de obtenerlos, sondear al
comandante del crucero inglés. Frederick
Maitland hace esperar a los dos emisarios
ofreciéndoles un desayuno.
Apercibió
a lo lejos al Falmouth, pequeño
navío rápido que trae el correo
de su superior el almirante Hotham, que se
encuentra en el Superb («Soberbio»)
en Quiberón. Durante el desayuno, Maitland
actúa hipócritamente, señalando
que no tiene ninguna instrucción precisa
y que en ese momento, no conoce el resultado
de la batalla de Waterloo. En el saco de correo,
hay un pliego que dice «...os corresponde
emplear todos los medios propios para interceptar
al fugitivo del cual depende la tranquilidad
de Europa».
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Monumento
situado al sur del fuerte Vauban |
| Elevado
a la memoria del Emperador
Napoleón, tras haber
partido el 8 de julio de 1815, en
camino al exilio. Fotografías
del autor. |
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Al final del
almuerzo, Maitland, apunta a los emisarios
«¿Por qué no Inglaterra?».
Inglaterra,
respetuosa del individuo, por medio del sistema
del Habeas Corpus.
Inglaterra,
donde éste afirma, el Emperador no
tendría que temer ningún maltrato.
Montholon añade en sus Memorias que
el comandante inglés afirmó
«que recibiría a Napoleón
a bordo de su nave y le conduciría
a Inglaterra si lo deseaba».
Maitland
terminaba su carta al Gran Mariscal así:
«Como respuesta, tengo el honor de informaros
que no puedo deciros cuales son las intenciones
de mi gobierno. No obstante, al estar nuestros
dos países en estado de guerra, de
ello resulta que no puedo dejar pasar ningún
navío que quiera dejar Rochefort, no
más que ningún navío
de comercio que lleve a un pasajero tan importante
como el Emperador, sin la autorización
de mi jefe que está actualmente en
la bahía de Quiberón.»
El comandante
Maitland expedita por medio del mismo Falmouth,
un mensaje a su superior el Almirante Hotham
para prevenirle que «Buonaparte sí
está ahí...»
Caída
la noche, el Belerofonte va a acoderarse
en la rada de los Basques, teniendo bajo sus
fuegos a la Saale y la Méduse.
El comandante
Philibert ha recibido órdenes secretas
del ministro Decrès, de no aparejar
sin los salvoconductos, y Napoleón
se entera por los diarios que acaban de llegar
de París, que Luis XVIII ha hecho su
entrada a la capital.
Ya no se
está seguro en la Saale, el jueves
13, se toma la decisión de refugiarse
en la isla de Aix.
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| Despedida
del Emperador Napoleón |
El
15 de julio de 1815, a las dos
de la madrugada, Napoleón,
luciendo su uniforme verde de
coronel de los cazadores de la
Guardia, sube a bordo del bricbarca
l'Épervier, ante
los lamentos y el llanto amargo
de la comitiva. Esta imagen evoca
el momento punzante en que el
Emperador se despide del general
Becker diciendo: «...
regresad a la isla de Aix. No
es debido que pueda decirse que
Francia me libró a los
ingleses».
Grabado
de J.J. Baugean. |
|
Instalado
en la casa del comandante de Plaza, Napoleón
ocupará la pieza grande de la planta
baja, pues tiene cuatro salidas y en ese momento
su seguridad está más que amenazada.
El único
partido que tomar para no ser entregado o
detenido por la policía francesa, es
la carta inglesa. Como Paoli quien se había
refugiado en Inglaterra, ya en la isla de
Elba donde era visitado cotidianamente por
turistas ingleses, Napoleón había
dado parte de su intención de dirigirse
a Inglaterra si las cosas se ponían
mal.
Durante esas
jornadas de inactividad, el clan Bertrand,
Las Cases, Savary impelen a esta solución.
Madama Bertrand es de origen irlandés
y tiene familia en Gran Bretaña. Las
Cases ha vivido todo el tiempo de la emigración
en Inglaterra y rememora los buenos recuerdos.
De todas formas Prusia está fuera de
discusión pues Blücher le ahorcaría
alto y corto. En Rusia, desde el incendio
de Moscú, no hay que esperar un acogimiento
favorable. En Austria, desde la relación
de María Luisa con el general Neipperg,
sería ridículo, no queda más
que Inglaterra.
¿Qué
hay más prestigioso que librarse a
sí mismo a su peor enemigo?
Se tergiversa,
pues es aún tentador de ir a América,
Nueva York o Caracas o México, como
José que acaba de tomar su lugar en
un bricbarca estadounidense, el Commerce.
Por sus funciones de Gran Maestre de la orden
masónica, llegó a un arreglo
con François Pelletreau, negociante
y venerable de la logia de Rochefort. José
va a despedirse de su hermano en la isla pues
Napoleón no puede decidirse a huir.
El viernes
14 de julio, Las Cases y el general Gourgaud
deben hacer entrega de una carta al príncipe
regente; pues el rey Jorge III, que se ha
vuelto loco, no reina más, y su hijo,
el príncipe de Gales, confitado al
Oporto, asegura el ínterin.
El borrador
de esta carta está en el Museo Napoleón
de la isla de Aix y es muy conmovedor por
supuesto leer estas palabras que muestran
la grandeza del soberano caído, el
acto último y el más humillante
de un destino deslumbrante:
«
Alteza Real,
Confrontado
a las facciones que dividen
a mi país, y a
la enemistad de las mayores
potencias de Europa, he
terminado mi carrera política
y vengo, como Temístocles,
a buscar amparo en el
hogar del pueblo británico.
Me pongo bajo la protección
de sus leyes, que reclamo
de Vuestra Alteza Real,
como del más poderoso,
del más constante
y más generoso
de mis enemigos. |
Napoleón
». |
|
|
Mientras
tanto, en la isla de Aix, Napoleón
pasa una tarde tranquila, aliviado por la
decisión tomada. Dicta sus últimos
mensajes y envía sus últimas
órdenes financieras, luego va a pasearse
a la playa, caminando hacia el varec, a lo
largo del mar. Va a conversar con algunos
pescadores y a jalarles la oreja a algunos
bravos del 14° de Marina, en el Fuerte
de la Rada. Todos son antiguos prisioneros
de los pontones ingleses y, fanáticos
del Emperador a pesar de su cautiverio, le
ponen en guardia contra los Goddons...
(1)
Esa noche
del 14 al 15 de julio, todo el mundo se afana
para preparar la partida, salvo Napoleón
siempre impasible. Se duerme apaciblemente,
cuando se le va a despertar a la una de la
mañana. El nuevo prefecto Richard ha
llegado de Rochefort. Antiguo convencional,
agiotista, chanchullero, amigo personal de
Fouché, ha ordenado «echarse
sobre el rebelde». Tiene una oportunidad
de centuplicar su fortuna...
El prefecto
marítimo Bonnefoux juega al más
astuto y temporiza con una mentira indicando
que el Emperador se ha embarcado en la Saale
y es inalcanzable a causa de las corrientes
desfavorables; hay que esperar la marea saliente.
Ahora, el mar en ese instante está
quieto, pero la jerga de la gente de mar puede
tener razón de los civiles.
| Hacen
falta cuatro días de diligencia
para llegar de París; Richard
está agotado y, por consejo de
Bonnefoux, toma un poco de reposo en
espera de que la marea sea propicia,
luego se duerme.
El
prefecto marítimo aprovecha para
hacerse llevar a la Saale donde despierta
al comandante Philibert:
«Os
traigo las últimas instrucciones
del ministerio. Tomaréis conocimiento
de ellas mañana temprano...
»
Para
mayor seguridad, manda a Aix a un oficial
para prevenir al general Becker que
hay que acelerar el movimiento.
Hacia
las dos de la mañana, un bote
lleva al Emperador al bricbarca Épervier,
anclado cerca del peñón
de Enet. El capitán Jourdan de
La Passardière le recibe
en el portalón. Napoleón
envía de vuelta a tierra al general
Becker: «General
Becker, regresad a la isla de Aix. No
es debido que pueda decirse que Francia
me libró a los ingleses».
15
de julio, a las 3 de la mañana,
Napoleón bebe un café
cerca del cabrestante. Una guiñada
le hace derramar algunas gotas y «las
manchas que éstas hicieron fueron
respetadas por los hombres de la tripulación
mientras duró mi mando»,
escribirá el capitán Jourdan
de La Passardière.
|
 |
El
Emperador Napoleón
embarcándose a bordo
del Belerofonte, navío
inglés, el 15 de julio
de 1815, a las 6 horas.
Así dejaba
el Emperador el suelo de Francia,
que no volvería a pisar
nunca más. El 17 de
octubre siguiente, deportado
por el gobierno inglés,
desembarcó en la isla
de Santa Helena, sombrío
peñasco que se convertiría
en su prisión y tumba. |
|
|
El viento
es tenue y el bricbarca no avanza. Del Belerofonte,
Maitland envía un bote comandado por
su segundo Andrew Mott, pues ha visto al Superb
en el horizonte y no quiere dejarse rebasar
por su superior el Almirante Hotham. A fuerza
de remos, Mott acosta al Epervier.
« ¡Pues
bien, embarquémonos! »
En medio
de terribles «¡Viva el
Emperador!» gritados por cien
hombres cuyo corazón sangra, Napoleón
se inclina hacia el mar, toma un poco de agua
en el hueco de su mano y la echa tres veces
sobre el casco del Epervier...
En el Belerofonte,
«Billy the Ruffian», una guardia
se alinea en la parte trasera. El contramaestre,
silbato en mano, se tiene listo para rendir
los honores. El bote se acerca en silencio.
Cuando Mott sube la escalerilla, Maitland
le lanza: «¿You got him? »
(2)
El 23 de
julio, a la altura de Ouessant, en su catalejo
de Austerlitz,
Napoleón mira a Francia una última
vez...
NOTAS:
1) Palabra
con la que en Francia, desde la batalla de
Azincourt, en 1415, se designa a coloquialmente
a los ingleses. Al oír a éstos
proferir continuamente la expresión
«God dam», los franceses la transformaron
fonéticamente en el vocablo «goddon»,
de ahí el apodo.
2) ¿Lo tenéis?