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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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LA
MEDALLA DE SANTA HELENA |
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| La
Medalla de Santa Helena |
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Por
el Barón |
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Philippe
Lamarque
Miembro del Alto Consejo Directivo
del Instituto Napoleónico México-Francia.
Caballero
de la Órden Nacional de las Artes
y de las Letras y oficial de las Palmas
Académicas de Francia.
Recipiendario del Collar de la Orden del
Mérito de Senegal.
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| Philippe
Lamarque |
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Instituto Napoleónico México-Francia
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Llamada
en el momento de su fundación
« la medalla de chocolate
», esta reliquia forma
parte de las piezas de colección
inevitables para los aficionados
de recuerdos napoleónicos.
Financieramente muy accesible
para los coleccionistas,
no rebasa los presupuestos
más que cuando el
frágil estuche de
cartón blanco ha
sobrevivido. *
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El
12 de agosto de 1857, tres días
antes de la fiesta de San Napoleón,
Napoleón III firma un decreto que
dispone:
« Queriendo honrar por
medio de una distinción especial,
a los militares que combatieron bajo las
banderas de Francia en las grandes guerras
de 1792 a 1815. Hemos decretado y decretamos
lo que sigue: / Art. I: una medalla conmemorativa
es dada a todos los militares franceses
y extranjeros de los ejércitos
de tierra y de mar que han combatido bajo
nuestras banderas de 1792 a 1815. Esta
medalla será de bronce y llevará
de un lado la efigie del Emperador, del
otro por leyenda: “Campagnes
de 1792 à 1815 / A / Ses / Compagnons
/ De gloire / sa dernière / Pensée
/ Ste-Hélène / 5 mai / 1821”
(“Campañas de 1792 a 1815
/ A / Sus / Compañeros / De gloria
/ su último / Pensamiento/ Sta-Helena
/ 5 de mayo / 1821”). Será
portada en un listón verde y rojo,
suspendida en el ojal…
».
En ocasión
de la apertura de la sesión legislativa
de 1858, Napoleón III precisa «
Quise que una medalla venga a recordar
a todos los que habían servido
en nuestros ejércitos, el último
pensamiento de su jefe. Más de
300 000 hombres en Francia y en el extranjero,
pidieron esta medalla, recuerdo de la
epopeya imperial y al recibirla, pudieron
decirse con orgullo: “Y yo también,
formaba parte de la Gran Armada”,
palabras que el Emperador en Austerlitz,
tenía razón de mostrarles
como un título nobleza. »
En Prusia,
el órgano real de prensa, La
Nouvelle Gazette, señala que
en Renania prusiana, sociedades de veteranos
« abrigan los recuerdos del
primer Imperio y se disfrazan con sus
originales ». Simultáneamente,
los enemigos de la epopeya napoleónica
mandan acuñar una medalla satírica
y subversiva en metal blanco, de la misma
dimensión y de aspecto, de listón
idéntico, pero representando en
el reverso a un grognard con
una sola pierna y manco inspirado del
poema de Heinrich Heine Die beide
grenadiere (« Los
dos granaderos ») con, como
leyenda, el recuerdo de los muertos y
heridos de 1792 a 1815. |
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| «
¡Viva el Emperador! ».
Reunión
de viejos Grognards |
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UN PRESTIGIO
INIGUALADO
A pesar de estas
bromas, la medalla de Santa Helena conserva
su prestigio. El rumor pretende que un viejo
grognard interrogado sobre su preferencia
entre esta medalla y la Legión de honor,
habría respondido: « La Legión
de honor, todo el mundo es susceptible de recibirla,
la medalla de Santa Helena, solo los antiguos
grognards pueden vérsela otorgar
». La primera distribución oficial
tiene lugar en París el 15 de agosto
de 1857. Napoleón III en persona condecora
a su tío Jerónimo-Napoleón;
le mariscal Vaillant, ministro de la Guerra;
el almirante Hamelin, ministro de la Marina;
los mariscales Magnan y Pélissier, duque
de Malakoff; el mariscal conde de Baraguey d’Hilliers;
Ornano, gobernador de los Inválidos,
múltiples generales y almirantes (1).
Los eclesiásticos no son olvidados: S.S.
el Papa Pío IX, veterano de los Guardias
de honor en 1813; Monseñor Pilly, obispo
de Châlons; el Sr. Laroque, cura de San
Ambrosio en París. El Emperador acepta
también a las vivanderas. ¡Y no
olvidemos al legendario capitán Jean-Roch
Coignet!
En derecho, solo los solicitantes que han probado
haber servido en la Gran Armada pueden convertirse
en recipiendarios. Sin embargo, numerosos veteranos
no están en condiciones de presentar
los documentos de sus estados de servicio, a
menudo perdidas o incautados por los prusianos
en 1815. En contraparte, el reporte del alcalde
de la comuna de residencia funge como prueba.
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Certificado
oficial y su medalla
Presea y diploma atribuidos
a Joseph Lacroix. |
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La medalla nunca
es concedida a título póstumo.
En caso de fallecimiento entre la concesión
y la recepción, la insignia y su patente
regresan al ministerio de la Guerra. Algunos
abusivos de la credulidad pública aprovechan
la ocasión de explotarla: los gendarmes
señalan a los mendigos que arbolan la
Santa Helena, dirigiendo la atención
e los prefectos sobre las imposturas. Muchos
veteranos, en su prisa por ataviarse con esta
insignia, la fijan y la pierden casi de inmediato.
Es imposible determinar con precisión
el número de titulares. Además,
el incendio de los archivos de la Legión
de Honor en el palacio de Salm-Salm provocado
por los communards en 1871 incrementa
la dificultad.
Sin embargo, la consulta de los registros de
peticiones de esta medalla en los Archivos departamentales
permite argüir estadísticas probables.
En los archivos departamentales del Eure, podemos
observar que un veterano de la comuna de Quillebeuf,
un llamado Louis-Guillaume Marie, es seguramente
uno de los últimos recipiendarios pues
recibe la Santa Helena el 21 de julio
de 1870, o sea dos meses antes de la caída
del Segundo Imperio. Lleva el n° 404 800.
Ciertamente no hubo más condecorados.
También hay que tener en cuenta a los
que reciben la insignia en doble, incluso en
triple ejemplar.
Temiendo que « les falte »
como a muchas personas de edad avanzada, sospechando
a su alcalde de negligencia, se reinscriben.
A esto hay que añadir los migrantes en
aquellos tiempos de revolución industrial
y de éxodo rural. Algunos otros, observando
que sus hermanos de armas y amigos habían
recibido la medalla, temiendo ser olvidados,
formulan múltiples peticiones. Si hubo
al menos 300 000 insignias manufacturadas, los
recipiendarios son ciertamente menos numerosos.
En nuestros días, los coleccionistas
prefieren el listón original, pero al
ser frágil aquella seda, es posible remplazarla
por el listón de la cruz de guerra 1914-1918.
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LAS
MUJERES CONDECORADAS |
| Por
Sylvain Métivier |
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La
medalla de Santa Helena, distinción
honorífica pero o cuán
gloriosa, la obtendrán
mujeres. Pues aun cuando la presencia
de las mujeres estuvo limitada
a partir de 1793, fueron numerosas
las que obtuvieron un certificado
de lavandera, cantinera y siguieron
al ejército en sus campañas.
Algunas incluso tomaron el fusil
para, ocasionalmente o regularmente,
tirar un disparo.
En Alemania, es en el reino de
Wurtemberg donde hallamos a la
única mujer condecorada
entre los 2 971 wurtembergueses
recompensados por la legación
de Francia en Stuttgart. Joséphine
Sichler nació el 19 de
marzo de 1787 en Rottweil. En
1811 desposa, en Ludwigsburg,
a Georges Henssler, suboficial
del 1er regimiento de caballería
de la guardia real. El año
siguiente parten juntos para Rusia.
Él combate en La Moskova
y en ella halla la muerte después
de haber tenido el pie derecho
arrancado por una bola de cañón.
Ella, viuda, no por ello continúa
menos la campaña y sigue
a las tropas en retirada. Se encuentra
frente a la Beresina, que opta
por atravesar a nado. La travesía
le causa discapacidades (miembros
helados), afirmando su leyenda
que el Emperador estaba presente.
En segundas nupcias, casa con
otro militar, Frédéric
Niethammer, teniente en el 4º
regimiento de chevau-légers.
Es donde ella, en Wurtemberg,
que en 1858 la legación
de Francia la redescubre. El representante
francés la declara extremamente
digna de interés y le otorga
la medalla de Santa Helena con
su certificado inscrito bajo el
número 13 035.
Angélique Marie
Josephe Duchemin nació
el 20 de enero de 1772 en Saint-Malo
de Dinan; es hija de un militar
y hermana de dos futuros soldados.
Por consiguiente sigue las peregrinaciones
paternas que la llevan a Córcega.
En Ajaccio, el 9 de julio de 1789,
se casa con André Brulon,
originario de Champaña
y sobre todo cabo en el 42º
de línea (el regimiento
del padre de Angélique).
Dos años más tarde,
André es muerto en Córcega
en el transcurso de un combate.
Ella queda viuda con su hija y
su hijo. Entre tanto Angélique
se integra al 42º como cabo-furriel.
Y hela aquí a su vez en
combate en Córcega. Está
en el sitio de Calvi, forma su
parte en la defensa de un punto
estratégico. De regreso
en el continente, se encuentra
en el ejército del general
Bonaparte.
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Angélique
Duchemin (1772-1859)
Litografia de la viuda
de Brulon en su vejez, durante
su estancia en Los Inválidos.
Porta con orgullo la Cruz
de la Legión de Honor
y la medalla de Santa Helena.
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Con
su padre y sus hermanos, hela
aquí partida para Italia.
Los tres hombres no volverán
de ahí y para Angélique,
las tres heridas recibidas se
hacen resentir duramente. Después
de siete años de servicios
e igual número de campañas,
pide incorporarse en el hotel
de Los
Inválidos. Será
cosa hecha con el grado de sargento-mayor.
Desde entonces y hasta 1836, toma
en mano la tienda de confección.
Luis XVIII la hará oficial
con el grado de subteniente honorario.
Angélique es una «
vedette »: no hay una visita
real o principesca que no venga
a hacerle visita en el corredor
Bellegarde. Todos salvo Napoleón
I, a quien ella evita cuidadosamente
en cada una de sus llegadas: dirá
no querer recordarle al Emperador
malos recuerdos…
Es en este mismo lugar sin embargo
donde el 15 de agosto de 1851,
Napoleón III hace de ella
la primera
mujer condecorada con la Legión
de Honor. También es
aquí donde en 1857 recibe
la medalla de Santa Helena, antes
de extinguirse dos años
más tarde. Inhumada en
el cementerio de Montparnasse,
sus restos son transferidos el
30 de noviembre de 1865 al Père-Lachaise
donde ahora no queda de ella nada.
Al día de hoy, una treintena
de condecoradas ha sido censada
(a) de las cuales 11 cantineras,
3 vivanderas, 1 blanqueadora de
ropa, 2 combatientes, 1 ayudante
de cirujano. Nacionalidades condecoradas:
19 francesas, 9 belgas, 1 alemana,
1 polaca.
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EN LOS
ORÍGINES DE LA MEDALLA
Durante todas las guerras
revolucionarias de 1792 a 1815, y luego
en los meses que siguieron, numerosas
cortes europeas, comenzando por la de
España, distribuyeron cruces
y medallas conmemorativas a la efigie
de su propio soberano.
Bajo la Restauración, evidentemente
no había manera de que Luis XVIII
acuñase una medalla que honrara
a los soldados del « usurpador
» que lo habían abandonado
en Mitau en Courlande.
En revancha, desde 1815, instaura la
Condecoración del Lis
y el Brazalete de Burdeos recompensando
a todos aquellos que le habían
permanecido fieles y habían servido
en Vendea, en la chuanería, en
el ejército de los príncipes,
incluso en servicio extranjero.
Paradójicamente, entre los recipiendarios
se hallan antiguos oficiales de Napoleón
I que habían seguido al rey a
Gante. El caso más sorprendente
concierne al general Turreau de Lignières,
tristemente célebre por haber
pacificado la Vendea a la cabeza de
las columnas infernales. Forma parte
de esa multitud de generales napoleónicos
sumados a la causa real en 1814. Carlos
X es igualmente reticente que su hermano
a honrar a los grognards. Algunos lo
acusan incluso de haber dudado en prever
conferir cruces de San Luis en ocasión
de la toma de Argel en 1830, bajo pretexto
que no era un príncipe de sangre
el que llevaba la operación como
en España en 1823 (acusación
gratuita, al haber la revolución
impedido las ceremonias). Solo el subteniente
Amédée de Bourmont se
vio atribuir la cruz a título
póstumo, al haber desprendido
su padre el mariscal de campo su propia
cruz de su traje para colocarla sobre
la tumba todavía fresca. Mortalmente
herido en la batalla de Staouéli
tras el desembarco de Sidi-Ferruch el
14 de junio de 1830, murió el
5 de julio, día de la toma de
Argel. Es el último recipiendario
conocido. (2)
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Medalla
de Santa Helena
A sus
compañeros
de gloria, su último
pensamiento |
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Medalla
de Santa Helena
Napoleón
I, Emperador |
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En cuanto a Luis Felipe, organizador
del Regreso de las Cenizas y restaurador
de la estatua en la cima de la columna
Vendôme, tolera apenas el
porte de las conmemorativas oficiosas
de las sociedades filantrópicas,
como las célebres Débris
de la Grande Armée («
Restos de la Gran Armada »). Es
verdad que el rey de los franceses está
atento al artículo 259 del Código
penal que reprime entre otros el porte
de insignias oficiosas y que no consiente
firmar más que 73 letras patentes
a titulados: estamos lejos de las 3
500 letras patentes de titulados del
Primer Imperio. Por las mismas razones,
el rey de los belgas y sobre todo el
poder ruso en Polonia persiguen a los
portadores de insignias entre los veteranos
de las tropas del gran ducado de Varsovia.
En julio de 1815, once días después
de la batalla de Waterloo, el reino
de Inglaterra otorga una medalla conmemorativa
a los sobrevivientes, lo cual no evita
el escandaloso y célebre asunto
de la exhumación de los huesos
en las fosas comunes para cocer cal
agrícola. En 1847, la reina Victoria
funda la medalla conmemorativa para
los soldados británicos y hannoverianos
que sirvieron de 1795 a 1814. El príncipe
presidente Luis Napoleón Bonaparte
manifiesta en múltiples ocasiones
su intención de honrar a los
grognards de la epopeya, a
pesar de la oposición republicana:
hay en los demagogos un rechazo de distinguir
a las élites, sobre todo si son
de extracción popular. A partir
del 14 de diciembre de 1851, menos de
dos semanas después del golpe
de Estado, instaura una medida de socorro
vitalicio para los antiguos combatientes
sin recursos, en función de su
edad, de sus años de servicio
y de sus heridas.
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La
Medalla de Santa
Helena en su estuche original
A los compañeros
de gloria de Napoleón I
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Así son socorridos
651 octogenarios, 4 022 septuagenarios
y 6 360 sexagenarios, o sea 11033 pensionados.
El 14 de febrero de 1852, Jean-Baptiste
Schweitzer, antiguo furriel de los hospitales
de Tolón y ex-capitán
de la Guardia nacional, se queja ante
el prefecto de la denigración
que sufre el Ejército Imperial.
Como reparación moral, propone
servirse del bronce de los cañones
de botín, de los cuales muchos
son modelos Gribeauval (3)
inútiles y caducados en el fondo
de los parques de artillería,
para hacer acuñar medallas que
servirán para condecorar a todos
los que puedan justificar una campaña.
La medalla de Santa Helena estaba en
gestación.
Dos otros países
son conocidos por el empleo del bronce
de las piezas de artillería arrebatadas
al enemigo: el caso más célebre,
tal vez el único conocido por
los aficionados de historia, concierne
la Victoria Cross con el bronce
de las piezas rusas de origen chino
tomadas en Sebastopol (decreto real
del 29 de enero de1856), y que sirve
aun en nuestros días, datando
una de las últimas atribuciones
de la guerra de las Malvinas (en 1982);
un caso poco conocido concierne la medalla
conmemorativa prusiana de 1871, grabada
en el canto: Aus erobertem Geschütz
(4).
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SIGNIFICADO
Y SIMBÓLICA
| Tanto
la falera de metal como el listón
de seda, cada parte reviste una significación
simbólica. En aquellos tiempos
de resurgencia de la ciencia heráldica
como del gothic revival en la
época de sir Walter Scott, la medalla
no puede escapar al estilo de su tiempo.
Primeramente,
su nombre no es inocente. Colocada bajo
el nombre de la isla del Atlántico
sur, evoca una suerte de medalla pía
que recuerda el nombre de la emperatriz
bizantina que inventó (es decir
volvió a encontrar) las reliquias
de la pasión.
De la medalla conmemorativa a la medalla
pía, no hay más que un paso
rápidamente dado, sobre todo el
día fundador del San Napoleón.
En el anverso figura un perfil a la antigua
como sobre la Legión de Honor de
los primeros modelos; en el reverso está
pues inscrito: « Campañas
de 1792 a 1815. A sus compañeros
de gloria su último pensamiento,
Sta Helena, 5 de mayo de 1821 ».
Esta espléndida pieza en estilo
neoclásico está firmada
Albert Barre.
Añadamos
a esto como soporte una corona de follaje,
y la población mayoritariamente
católica practicante de la época
identifica inmediatamente los atributos
de un mártir. Nada más simple
que halagar al nuevo régimen añadiendo
una corona en anilla, a fin de imitar
a todas las órdenes dinásticas
en uso en la época. En cuanto al
listón, todos los conocedores de
heráldica identifican al sinople
tomado prestado de la Corona de hierro,
las cinco ramificaciones en palo de gules
provenientes de la Legión de Honor,
la cifra cinco extraída de la simbólica
de las sociedades de pensamientos. Solo
la contravención del esmalte sobre
esmalte puede sorprender (rojo sobre verde),
pero las reglas de la heráldica
no se aplican a la falerística.
En su
conjunto, la « medalla de chocolate
» tiene una garbosa prestancia.
Recompensa a los allegados del Emperador,
« Y nosotros, los pequeños,
los obscuros, los sin-grado…
» (5). |
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Pierre
Rivière
Cultivador de oficio, nace
en 1791 en Ginoles (Aude). Conscripto
en 1811, se integra el 120º Regimiento
de línea del 5º batallón,
2ª compañía. |
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NOTAS:
(1) Philippe
Lamarque, Armorial impérial sous
Napoleón III, reconstitution inédite
des armoiries des personnalités titrées
au Second Empire, Ed. de la Marquise, 320
p., 550 ilustraciones, 2005.
(2) En recuerdo de esta cruz de San Luis, una
insignia fue dibujada en 1943 por el escritor
Jean Brune, en ocasión de la creación
de la 1a división blindada que iba a
participar en las campañas de Túnez,
de Italia, de Alsacia y de Baviera.
(3) El Feldlmarschalleunant de Vaquette de Gribeauval
había servido en el ejército K.u.K.
(imperial y real) y llevado consigo el sistema
del que era inventor.
(4) « Hecho en cañones de botín
».
(5) Edmond Rostand, El Aguilucho.
* Agradecimientos
a Patrice Reboul.
FUENTES:
- Moniteur universel, 1851 –
1870.
- Edmond Lemonchois, La médaille
et les décorés de Sainte-Hélène
(« La medalla y los condecorados de Santa
Helena »).
- En Aulnoye jadis (« En Aulnoye
antaño »)
- Base
de los condecorados de Santa Helena.
- Archivos Nacionales, expediente de la Legión
de honor.
- Archivos de la Gran Cancillería de
la Legión de honor.
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