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Polémica |
| NAPOLÉON,
¿UN FUNDADOR DEL SIONISMO? |
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Emancipación
de los judíos
Napoleón libera
a los judíos y prohibe
los ghettos, les otorga un estatuto
civil y les concede el derecho
del libre culto. Estampa alegórica
de la época. |
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Por |
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Isis
Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países
Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza
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| Isis
Wirth |
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Traducción
al castellano por el Instituto Napoleónico
México-Francia © |
Lo
había leído por ahí, que
como Napoleón casi lo « inventó
» todo, enarbolan los más entusiastas,
o lo prefiguró, o lo anunció, o
participó en ello, o le dio lugar («
como Dios, el creador »), un cierto olvido
de algo forma parte de su « don de la ubicuidad
» (Lo cierto es que, como es sabido, fue
el fundador de una época, a la que aún
se pertenece).
Napoleón,
¿sionista? Entre esos más entusiastas,
la respuesta es afirmativa (acaso debido a ello,
su sobrino Napoleón III se interesó
en principio en un proyecto de índole «
sionista », que le habría presentado
Henri Dunant, el creador de la Cruz Roja).
Cuando el general
Bonaparte se aproxima a los Santos Lugares de
Israel, él, el descreído, hace llamar
al sabio Monge a su tienda para que le lea en
voz alta pasajes de la Biblia. El ejército
– de ateos – sucumbe al fervor
religioso.
¿Quiso restaurar el sionismo en la tierra
de éste, la de Israel, durante la campaña
de Siria? Eso sí, llamó «
a todos los judíos de Asia y África
a unirse bajo la bandera (la suya, naturalmente,
la única tricolor que me gusta, que a la
de “Ay, Carmela, y si a Franco no le gusta
la bandera tricolor”, la aborrezco) para
re-conquistar Jerusalém ». (Y entonces
se pone a recorrer de arriba a abajo el campo
de batalla donde el cruzado Godofredo de Bouillon
había derrotado a los musulmanes en 1099,
antes de tomar Jerusalém. A Napoleón
le gustaba, con su imaginación, cargarse
de estas energías).
« Se atribuirá a Bonaparte el proyecto
de constitución de un estado judío
en Palestina. (...) La atmósfera de fin
del mundo que acompaña la Revolución
francesa favoreció los movimientos protestantes
y mesiánicos judíos en Europa. Apoyándose
sobre ciertos textos bíblicos, se anunció
la reunión del pueblo judío en Tierra
Santa », apunta Henry Laurens en «
L’expédition d’Egypte »
(Seuil, 1997).
Los periódicos europeos lo publicaron,
en efecto, aunque con semanas de retraso, desde
luego. En París, Le Moniteur Universel:
« Noticia de una proclamación del
general Bonaparte, donde invita a los judíos
a ir a Jerusalém ». También
apareció en dos diarios alemanes, el Vossiche
Zeitung de Berlín y la Gazette
de Hamburgo.
Los diarios ingleses ni siquiera esperaron a la
noticia proveniente de Constantinopla, durante
la campaña de Siria. Desde el principio
de la expedición de Egipto, adujeron que
los franceses querían establecer una «
república judía » en Palestina.
¿En qué se basaba el « rumor
»? La Décade philosophique,
el órgano de los « ideólogos
» de los que entonces Bonaparte era cercano,
decía en un artículo, con probabilidad
redactado por Luciano, el hermano de Napoleón,
que « los judíos correrían
desde las cuatro esquinas del mundo si se les
daba la señal ». Otro, expresó
que « el invencible Bonaparte llama a liberar
Jerusalém y Judea, llama a su antigua patria
a los hebreos dispersos en la tierra ».
Leo en «
Bonaparte à la conquête de l’Egypte
» de Robert Solé (Seuil, 2006) que
un texto de Napoleón, « Llamado
a la nación judía »,
firmado por él el 20 de abril de 1799 ,
habría sido utilizado por Theodor Herzl,
e incluso presentado en las Naciones Unidas en
1947 con vistas a la creación del estado
de Israel. Podría ser falso, lo que en
definitiva lo legitima más aún.
En Santa Helena,
fiel a su costumbre de dejarnos en la duda, el
Emperador dice: « Los
judíos eran bastante numerosos en Siria
(más de 25 000, ya entonces; nota mía),
una esperanza vaga los animaba.
El rumor corrió entre ellos que Napoleón,
después de la toma de San Juan de Acre,
iba a Jerusalém a restablecer el templo
de Salomón. Esta idea los seducía
».
Es lo que era Napoleón: un seductor. Si
tuvo un proyecto político de esa naturaleza,
un fundador del sionismo, fue para ganarse a los
judíos, que « eran bastante numerosos
» en la denominada Palestina.
Mientras tanto, algunos judíos europeos
reconocieron en él al Mesías, por
el solo hecho de que conquistara la Tierra Santa,
« aunque comiera tocino ». Además,
había doblegado al Papa.
Habría una contradicción (una constante
en él), sin embargo, entre el pretendido
sionismo de Napoleón y el que nadie ha
hecho más que el Gran Corso (nunca existió
antisemitismo en su isla natal, el primer territorio
europeo que liberó a los judíos,
bastante antes de su nacimiento, y fue un judío
de Ajaccio, Levy, quien lo escondió en
su casa cuando lo perseguían las huestes
de su enemigo Paoli) por asimilar a los judíos
europeos.
La clave radicaría, en mi opinión,
en esa proclama que es absolutamente cierta: «
a todos los judíos de Asia y África
».
No menciona a los de Europa.
Napoleón
habría, sin duda, intuido el sionismo político
que más tarde se concretaría. Le
abrió las puertas, aquí y allá.
Una cuestión de esa « lógica
» que él reverenciaba, de la que
decía ser el instrumento, pero también
es cuestión de su imaginación fecundadora.