Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
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NAPOLEÓN, ESCRITOR

Por

Isis Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países Hispánicos

Delegada en Cuba

Representante oficial en Alemania y Suiza

Isis Wirth Armenteros, Consejera Especial para los Países Hispánicos, Delegada en Cuba y Representante Oficial en Alemania y Suiza del Instituto Napoleónico México-Francia.
Isis Wirth
Instituto Napoleónico México-Francia ©
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En la subasta imperial efectuada en Fontainebleau (cerca de París, en Francia), el 2 de diciembre de 2007, por la casa Osenat, se ha vendido una página manuscrita de la novela «Clisson et Eugénie, de Napoleón Bonaparte». «Cuando estaba de servicio, me aburría. Me puse a leer novelas, y esta lectura me interesó mucho. Traté de escribir algunas, la ocupación afiebró mi imaginación, pues se mezcló a los conocimientos positivos que ya yo había adquirido y con frecuencia me divertía en soñar al compás de mi razonamiento. Me lanzaba en un mundo ideal, y yo buscaba en qué él difería precisamente del mundo en el cual yo me encontraba». Así se confesaba Napoleón en 1803 a Madame de Rémusat. Escribir fue un medio para él de intentar escapar a su vida de soldado.

«Clisson et Eugénie» fue escrita en 1795, la historia de un amor perfecto malogrado por la traición. Es la última obra literaria de Napoleón, que nunca pasó del manuscrito, y emprendida dos años después del éxito del "Souper de Beaucaire", un panfleto político donde Bonaparte defendía la posición jacobina.

Clisson es el nombre de un amigo del joven general corso, a quien conoció en la guarnición de Valence, quien deja a su primer amor, Eugénie, el segundo nombre de la primera novia de Napoleón, Desirée Clary (justo rompieron las relaciones en el verano de 1795), para seguir a su destino. Desirée luego se casaría con Bernadotte, el amargo rival de Napoleón. Bernadotte se pensaba él mismo "un" Bonaparte y un Napoleón. Lo cierto es que Bernadotte tuvo su parcela de éxito: los reyes actuales de Suecia descienden de él, un republicano que no era sino sub-oficial en la víspera de la Revolución.

La ambición de Bonaparte era la de ser un gran escritor. «Mi ambición era grande», confesaría en Santa Helena. Pero no precisó cuál era. Sin embargo, lo sabemos. El joven Nabulio, nutrido precozmente con las más disímiles lecturas, aunque sus preferencias literarias apuntaban a Rousseau y a Goethe («Los sufrimientos del joven Werther» era su libro de cabecera), ansiaba el absoluto y sabía que el único medio de alcanzarlo en el Ancien Régime era por medio de la literatura. De no haber tenido lugar la Revolución francesa, Napoleón probablemente se hubiese ido al retiro con el grado de teniente...

Clisson et Eugénie
Página manuscrita con los primeros párrafos de la obra

Pero, como él decía, «la historia no es metafísica», sino una realidad que se imponía descifrar día a día, haciendo uso del estudio también. El destino se le presentó y él lo supo ver, y lo agarró con las dos manos. No por gusto la Quinta Sinfonía de Beethoven (aun si la napoleónica propiamente dicha es la Tercera, la «Eroica») es la del «destino llamando a la puerta»: Beethoven era otro de los obsesionados con el gran Corso.
Napoleón comenzó su faena de escritor participando en un concurso literario. Quedó entre los últimos lugares, pero no se desanimó. Le atribuyó el fracaso a que su francés necesitó ser revisado por su amable profesor de la lengua en el colegio militar.
No obstante, sus proclamas militares, las miles y miles de cartas que dictó, y ese único Memorial de Santa Helena (convirtió a los franceses de la isla en un «taller literario» bajo su dirección) aportaron un nuevo estilo, todavía hoy una fuente de precisión. Sin contar el Boletín de la Grande Armée que él mismo escribía.
Aunque su influencia literaria más grande fue cómo configuró el romanticismo del siglo XIX.

Termino con algunas máximas de Napoleón:

- «El gran arte de escribir, consiste en suprimir lo que es inútil».
- «No existen sino dos fuerzas en el mundo: la espada y el espíritu. A la larga, la espada es siempre vencida por el espíritu».
- «Es ridículo comandar una égloga a un poeta como uno manda a hacer un vestido de muselina».
- «Por el bien de la literatura, los excesos que hieren el amor propio valen quizás mejor que una admiración estúpida»