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Isis
Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países
Hispánicos
Representante oficial en Alemania y Suiza
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| Isis
Wirth |
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En
la subasta imperial efectuada en Fontainebleau
(cerca de París, en Francia), el 2 de diciembre
de 2007, por la casa Osenat, se ha vendido una
página manuscrita de la novela «Clisson
et Eugénie, de Napoleón Bonaparte».
«Cuando estaba de
servicio, me aburría. Me puse a leer novelas,
y esta lectura me interesó mucho. Traté
de escribir algunas, la ocupación afiebró
mi imaginación, pues se mezcló a
los conocimientos positivos que ya yo había
adquirido y con frecuencia me divertía
en soñar al compás de mi razonamiento.
Me lanzaba en un mundo ideal, y yo buscaba en
qué él difería precisamente
del mundo en el cual yo me encontraba».
Así se confesaba Napoleón en 1803
a Madame de Rémusat. Escribir fue un medio
para él de intentar escapar a su vida de
soldado.
«Clisson
et Eugénie» fue escrita en
1795, la historia de un amor perfecto
malogrado por la traición. Es la
última obra literaria de Napoleón,
que nunca pasó del manuscrito,
y emprendida dos años después
del éxito del "Souper de Beaucaire",
un panfleto político donde Bonaparte
defendía la posición jacobina.
Clisson
es el nombre de un amigo del joven general
corso, a quien conoció en la guarnición
de Valence, quien deja a su primer amor,
Eugénie, el segundo nombre de la
primera novia de Napoleón, Desirée
Clary (justo rompieron las relaciones
en el verano de 1795), para seguir a su
destino. Desirée luego se casaría
con Bernadotte, el amargo rival de Napoleón.
Bernadotte se pensaba él mismo
"un" Bonaparte y un Napoleón.
Lo cierto es que Bernadotte tuvo su parcela
de éxito: los reyes actuales de
Suecia descienden de él, un republicano
que no era sino sub-oficial en la víspera
de la Revolución.
La ambición
de Bonaparte era la de ser un gran escritor.
«Mi ambición era grande»,
confesaría en Santa
Helena. Pero no precisó cuál
era. Sin embargo, lo sabemos. El joven
Nabulio, nutrido precozmente con las más
disímiles lecturas, aunque sus
preferencias literarias apuntaban a Rousseau
y a Goethe («Los sufrimientos del
joven Werther» era su libro de cabecera),
ansiaba el absoluto y sabía que
el único medio de alcanzarlo en
el Ancien Régime era por medio
de la literatura. De no haber tenido lugar
la Revolución francesa, Napoleón
probablemente se hubiese ido al retiro
con el grado de teniente...
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Clisson
et Eugénie
Página manuscrita con
los primeros párrafos
de la obra |
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Pero, como él
decía, «la historia no es metafísica»,
sino una realidad que se imponía descifrar
día a día, haciendo uso del estudio
también. El destino se le presentó
y él lo supo ver, y lo agarró con
las dos manos. No por gusto la Quinta Sinfonía
de Beethoven (aun si la napoleónica propiamente
dicha es la Tercera, la «Eroica»)
es la del «destino llamando a la puerta»:
Beethoven era otro de los obsesionados con el
gran Corso.
Napoleón comenzó su faena de escritor
participando en un concurso literario. Quedó
entre los últimos lugares, pero no se desanimó.
Le atribuyó el fracaso a que su francés
necesitó ser revisado por su amable profesor
de la lengua en el colegio militar.
No obstante, sus proclamas militares, las miles
y miles de cartas que dictó, y ese único
Memorial de Santa Helena (convirtió a los
franceses de la isla en un «taller literario»
bajo su dirección) aportaron un nuevo estilo,
todavía hoy una fuente de precisión.
Sin contar el Boletín de la Grande Armée
que él mismo escribía.
Aunque su influencia literaria más grande
fue cómo configuró el romanticismo
del siglo XIX.
Termino
con algunas máximas de Napoleón:
- «El
gran arte de escribir, consiste en suprimir lo
que es inútil».
- «No existen sino
dos fuerzas en el mundo: la espada y el espíritu.
A la larga, la espada es siempre vencida por el
espíritu».
- «Es ridículo
comandar una égloga a un poeta como uno
manda a hacer un vestido de muselina».
- «Por el bien de
la literatura, los excesos que hieren el amor
propio valen quizás mejor que una admiración
estúpida»
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