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| El
Liceo Bonaparte,
hoy Liceo Condorcet |
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En
el marco de la misión que el EMPERADOR
NAPOLEÓN se había
impuesto, de mejorar las condiciones de
vida y la dicha de los ciudadanos, la
instrucción pública tenía
un lugar a parta y estaba constantemente
presente en su mente. El Emperador decía:
« la única victoria que no
puede dejar ninguna congoja, es la victoria
que se hace sobre la ignorancia ».
Ahora, esta instrucción había
sido ignorada durante la Revolución
francesa, a tal grado que en 1799, 75%
de los franceses eran iletrados, es decir
que no sabían leer ni escribir.
Napoleón pidió al ministro
del Interior, del cual dependía
la educación nacional, y al Consejo
de Estado, preparar proyectos. Enseguida,
como lo hacía en todos los ámbitos,
participó activamente en las discusiones
y las decisiones.
Como ejemplo, pasemos la palabra a Thibaudeau:
« Habiendo [Napoleón] propuesto
la creación de liceos con otorgamiento
de becas para permitir a los niños
de familias pobres acceder a ellos, la
discusión comenzó ».
- Régnault: « Al acordar
becas del gobierno debéis tomar
todas las precauciones para no tener que
soportar en un liceo durante cinco años,
a un niño que resultaría
indigno de gozar de una recompensa tan
grande. »
- Napoleón: « Esto
merece ser considerado, pero no tenemos
el derecho de infligir a un niño
una sanción que le perseguiría
toda su vida. Algunos niños tienen
retraso a los doce o catorce años,
mientras que otros están adelantados
a los diez. Un niño debe ser constantemente
alentado mientras sus facultades intelectuales
no han alcanzado su completo desarrollo.
»
La cuestión de la creación
de una escuela de las artes y oficios
en Compiègne fue debatida ante
el Consejo de Estado:
- Napoleón: « El
plan que presentáis es demasiado
oneroso. No creo que la escuela deba costar
al gobierno más de 400 francos
por estudiante, después de un adelanto
de 60,000 francos para el lanzamiento;
esta suma será por cierto reembolsada
por la venta de objetos que serán
fabricados por los estudiantes. Los liceos
proveerán a la nación los
ejecutivos, los médicos, los oficiales,
etc. y la escuela de las artes y oficios
(harán falta al menos dos más)
preparará ingenieros para los puertos,
los caminos, los arsenales y también
investigadores para la mejora de las técnicas
y herramientas de la industria y la agricultura.
»
Algunas objeciones fueron hechas acerca
de la situación excentrada de Compiègne
que no sería favorable a la venta
de los objetos fabricados en la escuela.
- Napoleón: « Esto
no es una empresa comercial sino una escuela
destinada a enseñar a los muchachos
el arte y los métodos industriales.
»
La escuela
fue creada por un decreto del 25 de febrero
de 1803. En 1806, fue transferida a Châlons-sur-Marne.
Una segunda escuela de las artes y oficios
fue instalada en Angers.
Entre
las numerosas cuestiones que fueron discutidas
por el Consejo de Estado, vino el turno
de las de los diplomas de médicos
y de cirujanos. Hasta entonces, los médicos
eran considerados superiores a los cirujanos.
Napoleón combatió vivamente
esta distinción. Según él,
los médicos no sabían gran
cosa sobre las enfermedades y su evolución
mientras que los cirujanos, por sus intervenciones,
salvaban un gran número de vidas
humanas.
A principios del Consulado, algunas antiguas
academias comenzaron a soñar con
la supresión del Instituto y con
el restablecimiento de las academias y
en particular de la Academia Francesa.
Se consideraban ellos mismos como una
suerte de nobleza literaria y científica
en oposición a los hombres de letras
y a los científicos surgidos de
la Revolución quienes, a sus ojos,
no eran más que advenedizos. El
Instituto, aunque respetado y admirado
por todas las naciones extranjeras, era,
para ellos, una creación de la
Revolución que no sabrían
tolerar.
Cuando Napoleón volvió de
Marengo, apoyó al Instituto y se
burló de su hermano Luciano, que
se había hecho el abogado de los
académicos. El Instituto de Francia
fue dividido en cuatro secciones:
---------------------------------------1-
Física y ciencias matemáticas.
---------------------------------------2-
Lengua francesa y literatura (40 miembros
como en la Academia Francesa).
---------------------------------------3-
Historia y literatura antigua.
---------------------------------------4-
Artes.
La sección de las ciencias morales
y políticas fue suprimida.
Jean-Antoine Chaptal (1756-1832), Ministro
del Interior, presentó en abril
de 1802, un proyecto de conjunto para
la instrucción pública con
tres niveles (dicho proyecto fue adoptado
por el Tribunado por 80 sufragios contra
9 y por el Cuerpo Legislativo por 251
contra 27 y tuvo fuerza de ley a partir
del 1o de mayo de 1802).
1
– ENSEÑANZA PRIMARIA
Los prefectos en asociación
con los alcaldes, reciben la misión
de crear escuelas públicas
en las ciudades y pueblos. Las escuelas
privadas son autorizadas y, muy
rápido, los obispos instaurarán
escuelas que van a aportar un complemento
precioso. En efecto, si los alcaldes
tienen dificultades para reclutar
institutores calificados, la Iglesia
no tiene ese problema, pues todos
los curas y la mayoría de
las religiosas tienen una instrucción
suficiente para ocupar la función
de institutor. El proyecto de Chaptal
crea un total nada menos que de
23,000 escuelas públicas.
El objetivo es enseñar a
todos los niños la lectura,
la escritura, el cálculo,
la historia, la geografía
y los principios generales de la
moral. Al final del ciclo que duraba
para los niños de la edad
de seis a doce años, les
era otorgado, tras examen, el certificado
de estudios primarios. Este diploma,
llamado el certif, permaneció
vigente como una pieza muy importante,
indispensable para acceder a la
mayoría de los empleos modestos,
hasta la década de 1960,
cuando fue suprimido por los socialistas
franceses.
2
– ENSEÑANZA SECUNDARIA
Napoleón preconizó
la creación de liceos, es
decir establecimientos subvencionados
por el Estado que existen todavía
hoy en día para preparar
a los niños de entre once
o doce años hasta los diecisiete
al examen del bachillerato, que
corona el éxito en los estudios
secundarios. Había dos grandes
orientaciones que conducían
una a la clase terminal de retórica
con mucho latín y estudios
literarios, y la otra a la de matemáticas
elementales. Esta fórmula
permaneció sin grandes cambios
hasta después de la segunda
guerra mundial, simplemente con
el remplazo de la retórica
por la filosofía y la añadidura
de una tercera opción, ciencias
experimentales, en los años
60. Hoy en día, el bac
– bachillerato – sigue
bien presente, con opciones múltiples,
en particular técnicas. Cada
mes de junio, millones de “liceanos”
a través del mundo se dirigen
con el corazón palpitante
ante los tableros de anuncios de
los liceos con la esperanza de encontrar
su nombre en la lista de quienes
obtuvieron el sésamo para
acceder a la enseñanza superior.
En 1804 ya había 160 liceos
en Francia, o sea un promedio de
dos por departamento.
Los primeros habían sido
establecidos en Burdeos, Bruselas,
Lyon, Douai, Marsella, Mayence,
Moulins, Rennes, Turín, Besançon,
Rouen, Estrasburgo, Amiens, Angers,
Bourges, Caen, Cahors, Dijon, Grenoble,
Lieja, Limoges, Metz, Montpellier,
Nîmes, Orleáns, París
(Louis-le-Grand, Henri IV, Charlemagne,
Condorcet), Pau, Poitiers, Reims,
Tolosa, Alejandría, Aviñón,
Bonn, Brujas, Clermont-Ferrand,
Gante, Niza, Nancy, Nantes, Pontivy,
Rodez y Versalles. Los muchachos
de familias con ingresos modestos
pasaban, a la edad de once años,
un concurso departamental de becas
que comprendía una parte
escrita y otra oral. Los mejores
– su número era fijado
por cupo anual – recibían
por la duración de sus estudios
secundarios becas que cubrían
la pensión completa o la
semi-pensión según
el nivel de los ingresos familiares.
Este régimen se extendía
a los colegios municipales, al principio
mucho más numerosos que los
liceos. Sólo los colegios
privados (en su gran mayoría
bajo la dependencia de la Iglesia
Católica), no recibían
subvenciones del Estado. Sin embargo
todos los establecimientos escolares
secundarios, ya sea los liceos o
los colegios municipales o privados,
preparaban a sus alumnos al bachillerato,
que era el mismo para todos, cualquiera
que fuera su origen o clase social.
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A
propósito
de la creación
de los liceos, 1802
- 2002
Por Robert Mosnier |
El
liceo tiene doscientos
años…
Querido y ordenado
por Bonaparte en
un espíritu
moral así
como político,
la voluntad del
Primer Cónsul
reposaba sobre el
refuerzo de los
lazos entre generaciones
y su apego al estado,
con el cual tendrían
una deuda.
Quitarle toda preocupación
a los padres acerca
de la educación
de sus hijos, hacer
a éstos últimos
aptos para asegurar
funciones administrativas
o militares, o para
secundar a sus padres
en las tareas…
funciones políticas
también para
remplazar la anarquía
de las enseñanzas
y de las numerosas
discordias que reinaban
en las escuelas
centrales provenientes
de la Convención,
en las que las ciencias
exactas y jurídicas
habían eclipsado
a las humanidades,
demasiado próximas
del Antiguo Régimen.
La moral apuntaba
a formar ciudadanos
ilustrados, abiertos
al mundo y no ideólogos
obscuros hinchados
de racionalismo…
abogados del Directorio…
El espíritu
de las Luces se
encuentra en esta
necesidad de lo
útil; la
separación
de los saberes pero
que no desconoce
en nada su jerarquía;
la enseñanza
básica, humanidades,
ciencias exactas
y sociales…
El humanismo prevalece
tras la ruptura
brutal de la Revolución.
Se vuelve a encontrar
al honnête
homme, pero
ilustrado por la
filosofía
que abre la puerta
a la lógica
pero también
a la religión,
que pule las costumbres
y la moral.
El legislador concede
la libertad de enseñanza
reglamentándola
a la vez…
Los padres por razones
que les pertenecen,
de carácter
religioso, político,
u otro, tienen la
libre elección
entre estas enseñanzas
secundarias privadas
o laicas.
Solo se prevé
la apertura de treinta
liceos.
La enseñanza
propuesta es una
especialidad…
Se insiste sobre
el aprendizaje del
francés,
el análisis
gramatical, la síntaxis
y el latín
del que deriva y
sin olvidar el griego.
La retórica
es el arte de razonar.
La poética
traduce lo sensible
y el sentimiento.
La historia no puede
ser disociada de
la geografía,
el tiempo se une
al espacio.
La lógica
introduce a las
ciencias, matemáticas,
ciencias físicas,
dirigiéndose
solamente a una
élite.
Los progresos realizados
hacen a la enseñanza
innovadora, pero
las ciencias siguen
aún en plena
mutación
y permanecen especulativas.
Se teme tanto el
conservadurismo
de los profesores
como una adhesión
demasiado rápida
a las novedades.
Si la moral es abordada,
la religión
es alentada en el
respeto de los diferentes
cultos en este periodo
en el que el Concordato
acaba de ser firmado.
La gratuidad de
la enseñanza
es evocada, se replica
que la clase indigente
puede producir tantos
hombres de genio
como otras, pero
que es un abuso
hablar de educación
gratuita. Ésta
dependería
del Estado que debería
aumentar las contribuciones
directas pagadas
por los particulares…
¿Y cómo
encontrar tantos
maestros?…
El otorgamiento
de becas, las plazas
gratuitas remplazan
todo esto para los
niños más
merecedores…
Conciliar la independencia
de los padres en
la elección
de los institutores
que traerán
al liceo los mejores
elementos, favorecerá
así la emulación
entre los maestros,
apegarlos al gobierno
librándolos
de la preocupación
de la instrucción,
tal es la voluntad
del Primer Cónsul.
Restablecer las
tradiciones de los
colegios favoreciendo
las humanidades
aleja la discordia
mantenida por las
escuelas centrales
de ambición
enciclopedista,
fortalece la voluntad
de reconciliar al
Antiguo Régimen
y al nuevo surgido
de la Revolución.
El espíritu
de la ley expresa
una continuidad
cuyo objetivo es
la paz civil. Se
inscribe en el programa
ambicioso de reconciliación
de los franceses. |
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3
– ENSEÑANZA SUPERIOR
Las facultades fueron creadas con escuelas
de ciencias, de letras, de derecho y de
medicina. El nivel del reclutamiento y
de la enseñanza de la escuela politécnica
fue acrecentado: (concurso de entrada,
ciclo de estudios de dos años que
conducían al ingreso a escuelas
de aplicación de los Puentes y
Calzadas, de las Minas y de la Artillería).
Una ley reorganizó los estudios
de medicina y otra decidió la creación
de seis escuelas de farmacias. Escuelas
de Artes y Oficios fueron instaladas en
Compiègne y en Angers. Por medio
de una ley del 1º de mayo de 1802,
el Napoleón Primer Cónsul
creó la escuela de Saint-Cyr: «
Será establecida
en una de las plazas fuertes de la república
una escuela especial militar destinada
a enseñar a una porción
de los alumnos egresados de los liceos,
los elementos del arte de la guerra. Estará
compuesta por 500 alumnos que formarán
un batallón, y que estarán
acostumbrados al servicio y a la disciplina
militar. El lema de la Escuela será:
Se instruyen para vencer
».
Al crear
una Escuela especial militar, el Primer
Cónsul sabía que la educación
del oficial, llamado a comandar hombres
en un contexto de violencia extrema, requería
una formación adaptada. Desde su
creación, en doscientos años,
ha formado cerca de 80,000 oficiales entre
los cuales más de 10,000 han muerto
en el campo de honor.
La puesta en marcha del conjunto del sistema
de educación requirió algunos
años. Hizo falta formar a los docentes
y acondicionar o construir los establecimientos.
Cuando fue extendido al conjunto de los
130 departamentos del Gran Imperio, el
sistema de educación fue conocido
bajo el nombre de UNIVERSIDAD
NAPOLEÓNICA.
En el norte de Italia, la Universidad
Napoleónica fue adoptada con entusiasmo
por la población, los profesores
y los estudiantes; Esto es porque el terreno
era favorable en virtud de los rastros
de cultura que no habían desaparecido
totalmente desde el tiempo en que Roma
gobernaba Europa.
En Roma, el Emperador Napoleón
veló personalmente para que las
nuevas instituciones fuesen instauradas
en los plazos más cortos. Deseaba
que Roma ocupase, en el Imperio, el segundo
lugar después de París.
La nueva Universidad reemplazó
a la arcaica Sapienza, cuyos
colegios e institutos habían caído
en una miserable decadencia.
En Alemania, en los departamentos de la
orilla izquierda del Rin, la nueva Universidad
fue adoptada sin la menor oposición
y hasta con una satisfacción que
puede explicarse por el hecho de que los
príncipes alemanes habían
preparado el terreno mostrándose
cálidos adeptos de las ideas del
Siglo de las Luces.
En Suiza, existía una Universidad
que remontaba a Calvino, y que daba excelentes
resultados. Napoleón tuvo la agudeza
de mantenerla, contentándose de
integrar la Universidad de Ginebra con
sus profesores y sus métodos en
el marco más amplio y más
diversificado de la Universidad Imperial.
En la actual Bélgica, la herencia
cultural era muy rica, puesto que el país
había conocido periodos muy brillantes
desde el punto de vista artístico
y literario a través de su pertenecía
sucesiva a diversas culturas, desde Roma
o hasta la Francia Real del Rey Sol, Luis
XIV, pasando por el Imperio Español
de la edad de Oro. Así, la reputación
de la Universidad de Lovaina resplandecía
en toda Europa. En 1808, funcionaban cuatro
liceos en extremo prestigiosos, los de
Bruselas, Brujas, Lieja y Gante.
El gran
monumento que era la Universidad Napoleónica
en 1814, cuyo modelo se extendió
al mundo entero, no fue alterado desde
hace casi dos siglos. Apenas si ha sido
retocado. Napoleón es definitivamente
el fundador de la educación nacional
moderna y por consiguiente, de la Francia
contemporánea con sus valores,
sus modos de vida y la preocupación
permanente de la organización y
del orden.
Como todas las demás grandes realizaciones
del Napoleón, la Universidad fue
alabada, admirada y copiada por el mundo
entero.
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