Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
À LA COLONNE
ODA A LA COLUMNA DE LA PLAZA VENDÔME 
 
La Columna de la Gran Armada

Poema de

Victor Hugo

Víctor Hugo (1802-1885)
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Desde la Oda a la columna de la plaza Vendôme Víctor Hugo se volvió el chantre de la leyenda imperial.
En 1830, tras la negativa de la Cámara de los diputados de contemplar la posibilidad de transportar de vuelta a Francia las “cenizas” de Napoleón de Santa Helena a la Columna de la Grande Armada, el artista compone un nuevo poema a la gloria del célebre monumento.

A LA COLONNE

Oh! Quand il bâtissait, de sa main colossale,
Pour son trône, appuyé sur 1’Europe vassale,
Ce pilier souverain,
Ce bronze, devant qui tout n’est que poudre et sable,
Sublime monument, deux fois impérissable,
Fait de gloire et d’airain;

Quand il le bâtissait, pour qu’un jour dans la ville
Ou la guerre étrangère ou la guerre civile
y brisassent leur char,
Et pour qu’il fît pâlir sur nos places publiques
Les frêles héritiers de vos noms magnifiques,
Alexandre et César!

C’était un beau spectacle! Il parcourait la terre
Avec ses vétérans, nation militaire
Dont il savait les noms;
Les rois fuyaient; les rois n’étaient point de sa taille;
Et vainqueur, il allait par les champs de bataille
Glanant tous leurs canons.

Et puis, il revenait avec la Grande Armée,
Encombrant de butin sa France bien-aimée,
Son Louvre de granit,
Et les Parisiens poussaient des cris de joie
Comme font les aiglons, alors qu’avec sa proie
L’aigle rentre à son nid !

Et lui, poussant du pied tout ce métal sonore,
Il courait à la cuve ou bouillonnait encore
Le monument promis.
Le moule en était fait d'une de ses pensées.
Dans la fournaise ardente il jetait à brassées
Les canons ennemis.

Puis il s’en revenait gagner quelque bataille.
Il dépouillait encore à travers la mitraille
Maints affûts dispersés;
Et, rapportant ce bronze à la Rome française,
I1 disait aux fondeurs penchés sur la fournaise:
- En avez-vous assez?

C’était son oeuvre à lui ! Les feux du polygone,
Et la bombe, et le sabre, et l’or de la dragonne (1)
Furent ses premiers jeux.
Général, pour hochets il prit les pyramides;
Empereur, il voulut dans ses vœux moins timides,
Quelque chose de mieux.

Il fit cette colonne! Avec sa main romaine
I1 tordit et mêla dans 1’oeuvre surhumaine
Tout un siècle fameux,
Les Alpes se courbant sous sa marche tonnante,
Le Nil, le Rhin, le Tibre, Austerlitz rayonnante,
Eylau froid et brumeux!

Car c’est lui qui, pareil à1’antique Encelade,
Du trône universel essaya 1'escalade,
Qui vingt ans entassa,
Remuant terre et cieux avec une parole,
Wagram sur Marengo, Champaubert sur Arcole,
Pélion sur Ossa!

Oh! quand par un beau jour, sur la place Vendôme,
Homme dont tout un peuple adorait le fantôme,
Tu vins grave et serein,
Et que tu découvris ton oeuvre magnifique,
Tranquille, et contenant d’un geste pacifique
Tes quatre aigles d’airain;

A cette heure ou les tiens t’entouraient par cent mille;
Où, comme se pressaient autour de Paul-Émile
Tous les petits Romains,
Nous, enfants de six ans, rangés sur ton passage,
Cherchant dans ton cortège un père au fier visage,
Nous te battions des mains (2) ;

Oh ! Qui t’eût dit alors, à ce faîte sublime,
Tandis que tu rêvais sur le trophée opime
Un avenir si beau,
Qu’un jour à cet affront i1 te faudrait descendre
Que trois cents avocats oseraient à ta cendre
Chicaner ce tombeau!

Dors, nous t’irons chercher! Ce jour viendra peut-être!
Car nous t’avons pour dieu sans t’avoir eu pour maître!
Car notre oeil s’est mouillé de ton destin fatal,
Et, sous les trois couleurs comme sous l’oriflamme,
Nous ne nous pendons pas à cette corde infâme
Qui t’arrache à ton piédestal!

Oh! Va, nous te ferons de belles funérailles!
Nous aurons bien aussi peut-être nos batailles;
Nous en ombragerons ton cercueil respecté!
Et nous t’amènerons la jeune poésie
Chantant la jeune liberté!

Tu seras bien chez nous! Couché sous ta colonne,
Dans ce puissant Paris qui fermente et bouillonne,
Sous le ciel, tant de fois d’orages obscurci,
Sous ces pavés vivants qui grondent et s’amassent,
Où roulent les canons, où les légions passent:
Le peuple est une mer aussi.

S’il ne garde aux tyrans qu’abîme et que tonnerre,
Il a pour le tombeau, profond et centenaire
(La seule majesté dont il soit courtisan),
Un long gémissement, infini, doux et sombre,
Qui ne laissera pas regretter à ton ombre
Le murmure de l’Océan!

Victor Hugo, « A la Colonne »,
Les Chants du crépuscule.

1) La dragonne est le cordon qui orne la poignée d'une épée.
2) L’inauguration de la colonne de la Grande Armée (aujourd'hui Colonne Vendôme), le 15 août 1810, ne donna lieu à aucune cérémonie ou défilé.

 

A LA COLUMNA

¡Oh! Cuando él construía, con su mano colosal,
Para su trono, apoyado sobre la Europa vasalla,
Este pilar soberano,
Ese bronce, ante el cual todo no es más que polvo y arena,
Sublime monumento, dos veces imperecedero,
Hecho de gloria y de bronce;

Cuando lo construía, para que un día en la ciudad
O la guerra extranjera o la guerra civil
Contra ella quebraran su carro,
Y para que hiciera empalidecer en nuestras plazas públicas
A los frágiles herederos de vuestros nombres magníficos,
¡Alejandro y César!

¡Era un hermoso espectáculo! Él recorría la tierra
Con sus veteranos, nación militar
Cuyos nombres conocía;
Los reyes huían; los reyes no eran de su talla;
Y vencedor, iba por los campos de batallas
Recogiendo todos sus cañones.

Y luego, regresaba con la Grande Armada,
Atestando de botín su Francia bien amada,
Su Louvre de granito,
Y los Parisienses lanzaban gritos de alegría
¡Como hacen los aguiluchos, cuando con su presa
El águila vuelve a su nido!

Y él, empujando con el pie todo ese metal sonoro,
Corría a la tina donde aún caldeaba
El monumento prometido.
El molde estaba hecho de uno de sus pensamientos.
En el fogón ardiente él echaba a brazadas
Los cañones enemigos.

Luego se regresaba para ganar alguna batalla.
Seleccionaba nuevamente a través la metralla
Múltiples afustes dispersos;
Y, trayendo ese bronce a la Roma francesa,
Decía a los fundidores agachados sobre la fragua:
- ¿Tenéis suficiente?

¡Era su obra! Los fuegos del polígono,
Y la bomba, y el sable, y el oro de la dragona (1)
Fueron sus primeros juegos.
General, por sonajas tomó a las pirámides;
Emperador, quiso en sus deseos menos tímidos,
Algo mejor.

¡Hizo esta columna! Con su mano romana
Torció y mezcló en la obra sobrehumana
Todo un siglo grandioso,
Los Alpes curvándose bajo su marcha tonante,
¡El Nilo, el Rin, el Tiber, Austerlitz radiante,
Eylau frío y brumoso!

¡Pues es a él que, igual al antiguo Encelades,
Del trono universal tentó la escalada,
Que veinte amontonó,
Removiendo tierra y cielos con una palabra,
Wagram sobre Marengo, Champaubert sobre Árcole,
Pelión sobre Osa!

¡Ah! Cuando en un bello día, en la plaza Vendôme,
Hombre cuyo fantasma todo un pueblo adoraba,
Viniste grave y sereno,
Y que descubriste tu obra magnífica,
Tranquilo, y conteniendo de un gesto pacífico
Tus cuatro águilas de bronce;

En aquella hora en que los tuyos te rodeaban de a cien mil;
Donde, como se apretaban en torno a Paul-Émile
Todos los pequeños romanos,
Nosotros, niños de seis años, formados a tu paso,
Buscando en tu cortejo a un padre de orgulloso rostro,
Te batíamos palmas (2);

¡Ah! Quién te hubiese dicho entonces, en esa pináculo sublime,
Mientras tú soñabas sobre el trofeo opimo
Un porvenir tan bello,
Que un día a esta afrenta te sería preciso descender
¡Que trescientos abogados osarían a tu ceniza
Regatear esa tumba!

¡Duerme, iremos a buscarte! ¡Ese día llegará tal vez!
Pues te tuvimos por dios sin haberte tenido por señor!
Pues nuestro ojo se mojó de tu destino fatal,
Y, bajo los tres colores como bajo la oriflama,
¡Nosotros no nos colgamos de esta cuerda infame
Que te arranca a tu pedestal!

¡Ah! ¡Ve, te haremos un bello funeral!
Ya tendremos tal vez también nuestras batallas;
Con ellas daremos sombra a tu féretro respetado!
¡Y te traeremos la joven poesía
Cantando la joven libertad!

¡Estarás bien donde nosotros! Acostado bajo tu columna,
En este poderoso París que fermenta y bulle,
Bajo el cielo, tantas veces por borrascas obscurecido,
Bajo estos adoquines vivos que braman y se amontonan,
Donde redoblan los cañones, donde las legiones pasan:
El pueblo es un mar también.

Si no guarda a los tiranos más que abismo y trueno,
Tiene por tumba, profundo y centenario
(La única majestad de la cual sea cortesano),
Un largo gemido, infinito, suave y sombrío,
¡Que no dejará extrañar a tu sombra
El murmullo del Océano!

Víctor Hugo, « A la Colonne » (A la Columna).
Les Chants du crépuscule (Los cantos del crepúsculo).

1) La dragona o correa es el cordón que adorna la empuñadura de una espada.
2) La inauguración de la columna de la Gran Armada (hoy Columna Vendôme), el 15 de agosto de 1810, no dio lugar a ninguna ceremonia o desfile.