Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
EL ASESINATO DE NAPOLEÓN
ACTA DE ACUSACIÓN CONTRA LA CORTE REAL DE FRANCIA Y EL GABINETE DE LONDRES
Napoleón en su lecho de muerte
Esbozo al óleo de Horace Vernet (1789-1863)

Por el Coronel

Émile Guéguen
(1925-2003)
Gran Oficial de la Legión de Honor

Cor. Émile Guéguen

El militar más condecorado de Francia, el Coronel Émile Guéguen, fue un combatiente emérito cuyas hazañas de guerra son célebres en todo el ejército de Francia. Siempre dio muestras en combate de un espíritu caballeresco reconocido por todos sus adversarios, alemanes, vietnamitas o argelinos por igual. Caballero, oficial y enseguida comendador de la Legión de Honor, fue elevado a la dignidad de Gran Oficial de dicha orden el 15 de octubre 1996.

A partir de 1988 dedicó por completo su vida a combatir por la imagen de Francia y la defensa de la memoria de Napoleón I, empeñándose en eliminar las calumnias dirigidas contra el Emperador. El coronel Guéguen forjó una sentencia que gustaba de repetir frecuentemente, y que se ha convertido en una verdadera profesión de fe para muchos napoleónicos del mundo: « Napoleón – decía – no tiene ninguna necesidad de leyenda, sólo necesita verdad ».

Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia ©.
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¿Pero quién fue pues el que cometió ese crimen abominable?

« Napoleón est-il mort empoisonné? » (« ¿Murió Napoleón envenenado? ») (Ediciones Pygmalion), que está redactado como si fuera una investigación judicial, responde justamente a esta pregunta. Para saberlo todo, por consiguiente hay que leerlo.
En él se hallan pruebas formales de la culpabilidad del Gabinete de Londres y de la Corte de Francia, así como todos los detalles del desarrollo de un asesinato realizado, con mano maestra podríase decir, por los dos sicarios Sir Hudson Lowe, Gobernador inglés de Santa Helena bajo las órdenes de Lord Bathurst, Ministro de las colonias, y el Conde Charles de Montholon, agente del Conde de Artois, hermano del rey Luis XVIII.

El proceso del asesinato se llevó a cabo según el método llamado « de la marquesa de Brinvilliers », una célebre envenenadora que vivía en París a mediados del Siglo XVII, durante el reinado de Luis XIV.
Se empieza por deteriorar la salud de la víctima, poco a poco, por medio de dosis ligeras de arsénico antes de acabarlo administrándole simultáneamente sirope de horchata con almendras amargas y calomel. Esta mezcla produce cianuro de mercurio; un veneno mortal que roe la superficie del estómago y acarrea hemorragias irreversibles y fatales. Este método permite dar a pensar en una muerte natural y, aún hoy en día, los médicos pueden dejarse engañar.

Ben Weider, en su libro publicado en 1999 « ¿Murió Napoleón envenenado? » (Pygmalion), aporta las pruebas formales del asesinato y da todos los detalles de su desarrollo.
Aquí vamos simplemente a resumir el acta de acusación:

Napoleón a bordo del Belerofonte
Pintura de Sir William Quiller Orchardson (1832-1910).

- Cuando es tomada la decisión de deportar a Napoleón a Santa Helena (por idea del duque de Wellington), el Conde de Artois, futuro Carlos X, con la ayuda de los ingleses, impone la presencia del Conde de Montholon.

- En el Belerofonte, cinco generales (Savary, Bertrand, Gourgaud, Lallemand y Montholon) acompañan a Napoleón. En el momento de la transferencia a bordo del Northumberland, los ingleses deciden que solamente tres oficiales podrán hacer el viaje a Santa Helena... con exclusión de Savary y Lallemand que serán arrestados.

Dicho de otra forma, imponen a Montholon quien, sin esta decisión, no tenía ninguna oportunidad de ser conservado. De los cinco generales, Montholon era el menos conocido y el menos apreciado por el Emperador.
Aquí los ingleses actúan manifiestamente a petición de la corte real de Francia, pues ellos no tenían, por su parte, ninguna razón para prohibir a unos en vez de a otros.

Notemos que cae el argumento, a veces invocado para justificar la presencia de Montholon, de que huía de la justicia del rey como consecuencia de una malversación financiera.
El rey hubiera podido hacer detener a Montholon tan fácilmente como a Savary y Lallemand.
Como lo veremos más tarde, la corte de Francia no devela a los ingleses la misión verdadera confiada a Montholon. Es presentado como un agente encargado de informar acerca de las tentativas de evasión eventuales y no como asesino
.

Luis XVIII (1755–1824)
Por el barón Gérard (detalle).
 
El conde de Artois (1757–1836)
Cuadro de Henri-Pierre Danloux.

- Muy pronto, el gabinete de Londres se da cuenta de que una guarnición de 2 000 marinos y 3 000 soldados es bien onerosa y que no se puede contemplar mantenerla treinta años o más (Napoleón no tenía más que 46 años en 1815, y estaba en excelente estado de salud). Esto, aunado al hecho de que numerosas facciones en Francia e incluso en toda Europa continuarían a provocar disturbios mientras tuvieran la esperanza del regreso del Emperador, conduce a la decisión de asesinarle discretamente.

- Lord Bathurst, Ministro de la guerra y de las colonias, está encargado de la operación. Designa como gobernador a Sir Hudson Lowe, que ha comandado precedentemente a los Corsican Rangers, una unidad especializada en los raptos y los asesinatos, en particular por envenenamiento.
Lowe es sospechoso de haber ordenado el asesinato de Salicetti, muerto envenenado, en Nápoles, el 23 de diciembre de 1809.

- Hudson Lowe se hace acompañar por el doctor Baxter, médico jefe de los Corsican Rangers y gran especialista de los « polvos de sucesión », con la intención de imponerlo como médico personal del Emperador.

- Como Napoleón, a pesar de las presiones y la insistencia repetida del gobernador rechaza los « cuidados » de Baxter (se niega incluso a verle), Sir Hudson Lowe pide al doctor Barry O’Meara encargarse del envenenamiento.

- O’Meara, un honesto médico irlandés, se indigna y se niega de golpe. Entonces es enviado de regreso a Inglaterra donde será borrado de los cuadros de la marina.

- Cuando Baxter, ante la imposibilidad de ejecutar el asesinato para el cual ha llagado a Santa Helena, pide su repatriación, exige un avance amenazando con develar el objetivo de su misión en caso de que dicho favor no le fuera acordado.

- El 10 de marzo de 1819, Napoleón se entera de que el teniente Basil Jackson es desde hace seis meses el amante de Albine de Montholon, que pasa sus noches con ella y su marido, en su recámara conyugal, y que le informa a Sir Hudson Lowe todo lo que se dice y se escribe en Longwood.
Napoleón decide entonces echar a la pareja Montholon.

- Albine de Montholon, cegada por su amor por el apuesto teniente, dieciséis años más joven que ella, le ha develado los proyectos criminales. Hudson Lowe es entonces perfectamente informado, por Basil Jackson, de la verdadera misión de Montholon. A partir de ese momento, se convierte en un cómplice activo y eficaz.

Sir Hudson Lowe (1769 – 1844)
Grabado de la época según un dibujo del artista británico Wivell.

- Sir Hudson Lowe está « loco de rabia » contra el Conde Balmain (enviado ruso) responsable de haber develado al General Bertrand, quien ha rendido cuentas de ello a Napoleón, la naturaleza de la relación entre Albine de Montholon y Basil Jackson. Confía al mayor Gorrequer, su ayuda de campo: « Ese Balmain es el peor de los bribones. Donde quiera que vaya a esconderse en este mundo, le perseguiré y le destruiré ».

- Basil Jackson, en sus memorias Réminiscences of a Staff Officer »), nos dice que la pareja Montholon, en la intimidad, no ocultaba su odio y su desprecio por Napoleón. Nos dice también que Montholon sentía una gran admiración por Sir Hudson Lowe.

- Sir Hudson Lowe facilita la partida de Albine tras su acuerdo con Charles de Montholon, que obtiene quedarse en Longwood para terminar el asesinato. No espera la autorización de Londres y no impone cuarentena en el Cabo (caso único de 1815 a 1821). Envía a Basil Jackson a Bruselas para que pueda consolar a Albine y también vigilarla.

Bella misión para este teniente, pagado por la corona británica y enviado a Santa Helena para construir viviendas. Éste hecho, por sí solo, prueba la complicidad entre Sir Hudson Lowe et Montholon.

- Para el golpe de gracia, es Sir Hudson Lowe quien provee las almendras amargas y quien impone los 10 granos de calomel, e incluso 20 granos si 10 no bastan.

- Sir Hudson Lowe exige de los médicos ingleses que modifiquen el reporte de autopsia (para acelerar la mentira del cáncer y descartar las sospechas de envenenamiento). Exige también que escriban un reporte que precise que Napoleón hubiera muerto mucho antes si el hígado no hubiese tapado una perforación del estómago (esto manifiestamente para justificar ante de Lord Bathurst el retraso puesto en la ejecución de la misión de asesinato).

- Sir Hudson Lowe se niega a dejar embalsamar el cuerpo de Napoleón.
Se debe evitar que, más tarde, se pueda encontrar en él huellas de veneno.

- Sir Hudson Lowe da al doctor Arnott una misión de vigilancia draconiana que se lleva a cabo durante todo el periodo que transcurre entre la autopsia y el descendimiento a la tumba.
Quiere estar seguro de que la totalidad del cuerpo, vísceras incluidas, desaparezca para siempre y que nada pueda ser tomado y llevado a Europa con miras a efectuar un análisis ulterior con medios superiores a los aquellos de los que disponía el doctor Antommarchi en la mesa de billar de Longwood.
Sir Hudson Lowe no podía prever que los progresos de la ciencia nuclear, aplicados al análisis de los cabellos, permitirían probar el envenenamiento
.

Así pues, el 5 de mayo de 1821, según Châteaubriand, « El Emperador devolvió a Dios el más poderoso soplo de vida que animó jamás a la arcilla humana ».

Toda su vida, Napoleón había deseado poder consagrar su genio y su formidable energía a la mejoría de las condiciones de vida de las poblaciones, pero los monarcas de Europa, temiendo perder sus privilegios, no entendían las cosas de esa forma.
Después de haber montado contra la Francia de los derechos del Hombre siete coaliciones sucesivas, y contra Napoleón numerosas tentativas de asesinato, lograron por fin matarlo cuando se hubo hallado sin defensa en Santa Helena.

Recordemos que ya desde los tiempos del Consulado William Pitt y su cómplice, el Conde de Artois, habían enviado sucesivamente a Normandía, en barcos de la Royal Navy, decenas de asesinos de los cuales los más célebres son los generales Cadoudal y Pichegru.

No olvidemos tampoco que fue por medio de una innoble traición como los ingleses se apoderaron de la persona de Napoleón, que hubiera podido partir a los Estados Unidos pero que optó por embarcarse a Rochefort, el 15 de julio de 1815, a bordo del Belerofonte y como consecuencia de la promesa que le había sido hecha por el capitán Maitland de poder residir libremente en Inglaterra.

El nombre mismo del bastimento inglés resuena como un signo del destino.
Belerofonte, héroe de la leyenda, había rechazado los avances de la reina de Argos y ésta, para vengarse, le mandó a llevar una carta a Ióbates, rey de Licia. Esta carta prescribía el asesinato de su portador. Ióbates libró entonces a Belerofonte a la Quimera, pero, contra toda espera, éste triunfó sobre el monstruo y, montado sobre Pegaso, alcanzó la inmortalidad.
Como Belerofonte, Napoleón, él también, alcanzó la inmortalidad, mientras la mayoría de sus enemigos cayeron desde hace largo tiempo en el olvido.

El Emperador Napoleón y Betsy Balcombe
El único momento de dicha que conoció Napoleón en Santa Helena fue su estancia en The Briars (“los Espinos”). Era la propiedad de la familia Balcombe, donde se alojó durante sus primeros dos días en la isla, mientras los ingleses se apresuraban a hacer los trabajos indispensables para hacer de Longwood un lugar habitable y trataban (vanamente) de eliminar las hordas de ratas gigantes que ocupaban el lugar. El Emperador, que entonces estaba desbordante de salud y de vigor, se hace pronto gran amigo de Betsy, la más joven de las hijas Balcombe. Con sus catorce años de edad, hablaba un poco el francés y jugaba malas jugarretas, con la complicidad de un hombre feliz de zambullirse en un clima de juventud despreocupada que nunca había conocido.

Con la llegada del tercer milenario, asistimos « una enorme rompiente Napoleón » cuya efervescencia y agitación se extienden con una fuerza irresistible en ámbitos y lugares a menudo inesperados. El Emperador se ha convertido en un verdadero héroe mundial.
De hecho, los franceses nunca creyeron en su desaparición.