| Señor
Gran Canciller,
Señora,
Señoras, Señores,
y queridos amigos,
Es para mí un gran honor
recibir de manos del Señor
Gran Canciller esta cruz de oficial,
como se habría dicho durante
el Imperio. Y lo que es más
recibirla en este lugar prestigioso
donde el recuerdo de la Orden de
la Legión
de Honor está presente
por doquier.
(Dirigiéndose al Gran Canciller)
Le
agradezco, Señor Gran Canciller,
haber aceptado que esta reunión
tenga lugar y de haber querido hacerme
usted mismo entrega esta condecoración.
Estoy
tan honrado como conmovido.
(Dirigiéndose
a la Princesa Napoleón)
Señora,
La
presencia de Su Alteza Imperial,
esta noche, contribuye al más
alto grado a la dicha de esta jornada.
Evoca esto:
Ya era donde Usted, en Prangins,
el 11 de noviembre de 1996, que
el difunto Príncipe Napoleón
me había hecho entrega de
las insignias de Caballero de la
Legión de Honor.
Tengo esta noche un recuerdo emotivo
para el príncipe Luis. Me
honró con su confianza y
su amistad durante medio siglo.
No olvidaré jamás
sus alientos y el apoyo que me aportó:
durante la guerra primero, luego,
más tardeen mis actividades
que tendían a contribuir
al recuerdo napoleónico en
Francia y en el extranjero.
(Dirigiéndose
a todos)
Señoras
y Señores, estas actividades
napoleónicas fueron, durante
toda mi vida, una preocupación
familiar, ciertamente, pero también
por pasión personal.
Tuve la fortuna de poder hacerlo
en el seno de una formidable asociación
precisamente denominada Souvenir
Napoléonien *. En ella
asistí primero al Dr. Godlewski
cuando la presidía. Saludo
por cierto la presencia aquí
de su esposa, Gisèle, quien
siempre fue muy activa en el seno
del Souvenir Napoléonien.
Luego sucedí al Dr. Godlewski
cuando nos dejó prematuramente.
Pude amplificar esta acción
creando la Fondation Napoléon
**, gracias a la generosidad del
lamentado Martial Lapeyre y la asistencia
técnica del Sr. Philippe
Bern, aquí presente. Finalmente
presidí esta fundación
durante cerca de veinte años.
En ambas instituciones, tuve la
dicha de trabajar con mujeres y
hombres que compartían la
misma pasión. No podría
citarlos a todos, pero muchos de
ellos están aquí esta
noche. Es sin duda alguna, este
trabajo común más
aún que mi persona lo que
hoy es honrado.
(Dirigiéndose
al Príncipe de Essling)
A
través de mi sucesor a la
cabeza de la Fundación Napoleón,
mi amigo Víctor-André
Massená, Príncipe
de Essling, les renuevo a todos
mis agradecimientos.
(Dirigiéndose a su familia)
Y
por supuesto, no podría terminar
sin voltear mi mirada hacia mis
más próximos, es decir
mi familia.
Mi
esposa Monique, por supuesto, tan
atenta. Ella halló con su
obra de pintora un medio apasionante
de alimentar nuestros intercambios
con otros temas que la historia
de nuestros dos emperadores. Monique
hizo venir donde nosotros a sus
amigos pintores y escultores que
se volvieron los míos, como
Fernando Botero y su esposa Sophia
Vari quienes aceptaron unirse a
nosotros esta noche.
En fin, tengo la fortuna de tener
un hijo. Mi hijo, llamado como yo
Napoleón, por tradición
familiar. Él vive plenamente
en su tiempo pero no por ello conoce
menos las raíces y, me atrevo
a decirlo, el valor del nombre que
lleva.
(Dirigiéndose a todos)
A
todos ustedes, mil veces gracias
por estar aquí y acompañarme
todavía en este momento tan
emotivo.
Documento cortesía de la
Asociación
para la Conservación de los
Monumentos Napoleónicos,
ACMN. |