Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
LAS HERIDAS DE NAPOLEÓN
« Napoleón herido frente a Ratisbona »
Óleo de Pierre Gautherot (1769-1825).

Por el Doctor

Alain Goldcher
Médico podólogo
Práctico facultativo adjunto de reumatología en el hospital de la Pitié-Salpêtrière de París,
Director de enseñanza en las facultades de Medicina de París V y VI.

Alain Goldcher
Dr Alain Goldcher
Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia, presentada con la generosa aprobación del autor©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.

«La salud es indispensable para la guerra y no puede ser remplazada por nada». Esta frase de Napoleón era particularmente cierta a principios del Siglo XIX. Esta información está probablemente influenciada por los antecedentes familiares del Emperador, ya que su padre falleció a los cuarenta años de un escirro del píloro. En cuanto a Napoleón, todos son unánimes sobre su buena salud general entre 1800 y 1814, en revancha, fue víctima de múltiples heridas en el transcurso de su vida. Todas no son conocidas, pues siempre exigió mantener secreto este tipo de accidente para evitar todo desorden político. «¿Quién sabe, decía, qué horrible confusión no produciría semejante noticia?... Si soy herido que nadie lo sepa, si es posible. Si soy muerto, que se trate de ganar la batalla sin mí; será tiempo de decirlo después». A sus compañeros de exilio (Memorial de Las Cases), les recordaba que «había estado expuesto muy frecuentemente en sus batallas; pero que se mantenía en silencio con el mayor esmero. Había recomendado una vez por todas el silencio más absoluto sobre todas las circunstancias de esta naturaleza»

En la bella colección del museo de Romans figura un zapato que perteneció al cardenal Fesch. José Fesch, medio hermano de Letizia Ramolino, aprovechó ampliamente durante su vida de los favores de su sobrino Napoleón Iº. Fue gran capellán del Imperio, gran-águila de la Legión de Honor, senador, amigo de Pío VII y par de Francia.

Sin embargo su conducta puede ser considerada como odiosa en agosto de 1818 cuando el mariscal Bertrand le invita a enviar un nuevo médico a su sobrino, enfermo en Santa Helena. En efecto, el doctor O’Meara, oficial británico y médico personal del Emperador caído, acusado de traición y de calumnia, sospechoso de transferir correspondencia clandestina de los prisioneros hacia Europa, es enviado de vuelta por Hudson Lowe, hijo de médico militar, convertido en el carcelero despiadado que conocemos.
Fesch, iluminado, pensaba que Napoleón había sido «llevado de su roca por los ángeles, que lo habían llevado quién sabe a dónde; pero en perfecta salud». Sus certezas de lo Alto le condujeron a aceptar la candidatura de un prosector de anatomía en Florencia, supuestamente sin título doctoral (1), llamado Antommarchi. Su origen corso, su pretendida admiración por el Emperador y su picardía habían convencido a Fesch de que hacía una buena obra contratando a ese pobre muchacho sin un centavo.

En Longwood, Napoleón, privado de médico desde hacía catorce meses, descubrió rápidamente la incompetencia y la ignominia del protegido de su tío: «¿Ha sido alguien peor atendido que yo por semejante coglione?».
En revancha, gracias a Antommarchi... y a Fesch, beneficiamos de un meticuloso reporte de autopsia. La descripción detallada de las cicatrices permite confirmar múltiples llagas y heridas evocadas en las memorias. «El cuerpo presentaba... muchas cicatrices, a saber: una en la cabeza, tres en la pierna izquierda, de las cuales una en el maléolo externo, una quinta en la extremidad del dedo anular; en fin, había un número suficientemente grande en el muslo izquierdo» (Dr. Antommarchi, Les derniers moments de Napoléon, relato de la autopsia).

UN TRAUMATISMO CRANEANO

En su juventud, «se vuelca con una calesa y pierde el conocimiento». Este incidente está al origen de controversias sobre las pretendidas crisis de epilepsia de Napoleón (2), que tuvo varias pérdidas de conocimiento en su vida.

« Bonaparte herido por un soldado inglés durante el sitio de Tolón » (1793)
Por Jacques Onfroy de Bréville, llamado «Job» (1858-1931).

 

UNA LLAGA EN EL MUSLO IZQUIERDO

Su primera herida de guerra data del 16 de diciembre de 1793 durante el sitio de Tolón, ciudad librada por sus habitantes realistas a los ingleses. A pesar de la lluvia diluviana y la obscuridad, decide llevar a cabo el asalto para apoderarse de la fortaleza del pequeño Gibraltar en el promontorio de la Éguillette, uno de los últimos fuertes que cubren el acceso a la rada. Al haber sido muerto su caballo abajo de él, Bonaparte continúa a pie y recibe una cortada de espontón que le da un oficial inglés. Todos los testimonios de sus prójimos y el reporte de autopsia confirman la existencia de una cicatriz sobre una depresión «profunda y que puede admitir al puño» en el muslo izquierdo, un poco arriba de la rodilla. En Santa Helena Napoleón le confiesa a Las Cases que esta herida le hizo temer por su muslo. Escapó por poco a la amputación que quería practicar primero el cirujano Hernández. Finalmente la cicatrización fue obtenida gracias a los cuidados prodigados por Jean-Mathieu Chargé.

El doguillo Fortuné de Josefina

MORDEDURAS EN LOS GEMELOS
En diciembre de 1795 o a principios de enero de 1796, Napoleón pasa su primera noche de amor con María-José-Rosa Tascher de La Pagerie, viuda del general de Beauharnais. La toma del lecho de la futura emperatriz es precedida por una lucha contra Fortuné [«Fortunato»], el doguillo que le acogía regularmente ladrando en cada una de sus visitas de la calle Chantereine (3). El perro abandona su lugar habitual no sin múltiples mordeduras de las cuales algunas dejaron huellas en los gemelos del general. A pesar de ello, dirige a su amante el primero de sus billetes ardientes: «Despierto pleno de ti. ¡Tu retrato y el recuerdo de la embriagante velada de ayer no dejaron reposo a mis sentidos! Dulce e incomparable Josefina...». El 9 de mayo de 1796 (19 de ventoso del año IV), Rosa de Beauharnais se convierte oficialmente en Madama Josefina Bonaparte.
UNA CONTUSIÓN EN LA PIERNA DERECHA


Bonaparte es herido durante la campaña de Egipto en Damanhour, la noche del 11 de julio de 1798 (22 de messidor), como de ello da testimonio el cirujano Larrey en sus memorias: «El general en jefe recibió una patada de un caballo árabe, que le hizo, en la pierna izquierda, una contusión lo bastante fuerte como para que temiésemos accidentes consecutivos: fui lo suficientemente dichoso para prevenirlos, y conducirlo en muy poco tiempo al restablecimiento, a pesar de su marcha penosa y su actividad natural que le alejaba del reposo».

 

UNA CONTUSIÓN EN UN DEDO

En una cacería en Marly, el 22 de junio de 1803 (3 de mesidor del año XI), es tirado al suelo y herido. Una carta de Napoleón a Josefina datada del día siguiente da fe de ello: «Me herí muy ligeramente un dedo cazando un jabalí...». Este accidente fue bastante importante para que se todavía se acordara de él en Santa Helena («una fuerte contusión del dedo») y deja una cicatriz anotada en el reporte de autopsia («extremidad del dedo anular»).

 

UNA EROSIÓN EN LA PIERNA IZQUIERDA

En el Memorial, Las Cases relata otra herida de guerra que no dejó recuerdos precisos a Napoleón: «en la de Essling o de Wagram (6 de julio de 1809), no sabría decir cuál de ellas, otro disparo le había desgarrado la bota, la parte baja y la piel de la pierna izquierda».

 

CAÍDAS SIN GRAVEDAD

– Corriendo: en septiembre de 1808, el Emperador cae al perseguir a la emperatriz durante una partida de cañas en el jardín, con algunos familiares (Memorias de Constant);
– A caballo: Napoleón sufre varias caídas de caballo que a veces precisan varios días de convalecencia: en el sitio de Tolón, durante las campañas de Italia, en el sitio de San Juan de Acre, en el campo de Boloña y en Arcis-sur-Aube. En Marengo, el 14 de junio de 1800, estuvo a punto de ahogarse en el cieno: «Solo mi cabeza sobresalía del agua y los austriacos hubieran podido fácilmente decapitarme».

 

UNA QUEMADURA EN EL CUERO CABELLUDO

Durante el incendio de Moscú desencadenado por criminales liberados de prisión por órdenes del gobernador Rostopchine, unas pavesas caen en la mitad de la noche sobre el techo del apartamento ocupado por el Emperador en el Kremlin, el 15 de septiembre de 1812. Al salir, «su redingote gris se quemó en varios lugares, así como sus cabellos» (Memorias de Constant).

 

LA HERIDA EN EL PIE EN RATISBONA (23 DE ABRIL DE 1809)

« Napoleón herido en Ratisbona »
Imagen decimonónica de Épinal.

En enero de 1809, Napoleón lucha en España contra el ejército inglés de John Moore. Se entera de que Austria está lista para declarar la guerra, tras muchos años de preparación en vista de vengar Austerlitz.
Durante su regreso a rienda suelta hacia Francia, es informado de la existencia de un complot entre Talleyrand y Fouché que apunta a colocar a Joaquín Murat en su trono en caso de muerte accidental, al ser las noticias de España pesimistas. En París, el 28 de enero, convoca a sus ministros, Talleyrand incluido, y cae en un furor rabioso (... «Sois mierda en una media de seda»).


El ataque austriaco

El 13 de abril [de 1809], vuelve a partir en campaña al Este. Por primera vez, se ha dejado sorprender pues el archiduque Carlos ha atacado el 10 y ocupado Munich, sin ruptura diplomática ni declaración de guerra (5ª coalición). El 17, llega al terreno y adivina de inmediato los proyectos del archiduque. La Gran Armada está dividida en dos grandes cuerpos de armada: Masséna en el sureste y Davout en el noreste; si el centro es doblegado por los ejércitos enemigos (Austria, Prusia), la guerra está perdida. Napoleón da entonces la orden a las dos alas de reagruparse en el centro, sobre la ciudad de Abensberg a la que él mismo acude.
El encuentro entre Davout y sus adversarios se produce en Tengen, al sur de Ratisbona (Regensburg). Aprovechando la ventaja de los franceses y de reagrupamiento de su ejército, Napoleón persigue a los austriacos que son vencidos en Eckmühl, el 22. El archiduque se repliega con todas sus tropas sobre Ratisbona en donde deja una muy fuerte guarnición y prosigue hacia Bohemia para alcanzar a su ejército de reserva. Ha perdido 30 000 hombres en ocho días. El 23 de abril, los franceses arrebatan por asalto Ratisbona, etapa indispensable para abrir la ruta de Viena (tomada el 12 de mayo). En el transcurso de esta batalla, Napoleón es víctima de su segunda herida de guerra.

La herida del Emperador

Al haber sido respetadas las consignas de Napoleón, no existe documento oficial alguno que relate este episodio.
Así pues hay que basarse en los testimonios que difieren a menudo sobre el sitio de la herida, su tipo y las circunstancias.

• Constant, primer valet de cámara del Emperador, evoca el incidente en dos ocasiones, en sus Memorias, con versiones ligeramente diferentes:

– «viendo el Emperador huir a los austriacos por todas partes, creía que el asunto estaba terminado. Se había alistado su desayuno en la cantina, en el lugar que él había designado. Se dirigía a pie hacia dicho lugar, cuando al voltearse hacia el mariscal Berthier, exclamó: «estoy herido».
El golpe había sido tan fuerte que el Emperador había caído sentado; acababa de recibir el balazo que lo había golpeado en el talón. Por el calibre de esta bala, se reconoció que había sido lanzada por un carabinero tirolés, cuya arma tiene el alcance ordinariamente de la distancia a la que estábamos de la ciudad. Un ayuda de campo vino a buscarme, y cuando llegué, encontré al Sr. Yvan ocupado en cortar la bota de Su Majestad, cuya herida le ayudé a vendar. Aunque el dolor fuera aún muy vivo, el Emperador no quiso ni siquiera dar el tiempo de que le volvieran a poner la bota, y para dar el pego al enemigo, y tranquilizar al ejército acerca de su estado, montó a caballo, partió a galope con todo su estado mayor y recorrió todas las líneas».
– «En la campaña de Ratisbona, el 23 de abril, el Emperador recibió en el pie derecho una bala perdida que le hizo una contusión bastante fuerte. Yo estaba con el servicio cuando muchos granaderos de la Guardia acudieron para decirme que Su Majestad estaba herida. Corrí a toda prisa y llegué en el momento en que el Sr. Yvan hacía el vendaje. Se cortó y lazó la bota del Emperador que volvió a montar de inmediato a caballo».

Proyectil que hirió al Emperador en Ratisbona
Conservado en el museo del Ejército de París.

• Otra versión relatada por Octave Aubry («La vida privada de Napoleón»), confirma esta herida en el talón derecho:
«A pie cerca de Lannes, examinaba con el telescopio las defensas de la ciudad cuando una bala, disparada desde las murallas, le dio en el talón derecho. Mientras Yvan lo venda, él dice con sangre fría: “No puede ser más que un tirolés el que me atinó de tan lejos. Esas gentes son muy diestras”. Sin embargo sufre, pues un nervio fue tocado. Pero vuelve a subir a caballo y parte a galope para mostrarse a las tropas que le aclaman con transporte. El día siguiente, aunque febril, pasa revista al ejército».

Estos relatos son igualmente los del Cadete de Gassicourt («Viajes a Austria»), de W. Warden (Cartas de Santa Helena) y del general barón de Marbot.

• Para ciertos testigos, los dedos del pie «se pusieron negros por la contusión» (general Désiré Chlapowski). Esta información es poco verosímil.

• Además de las referencias ya citadas, múltiples argumentos se presentan en favor del talón: el cuadro de Gautherot en el museo de Versalles; los propios recuerdos de Napoleón relatados por Las Cases en el Memorial («una bala le dio en el talón»); la carta escrita por Napoleón a Josefina el 6 de mayo de 1809 para tranquilizarla, al haber llegado a París «rumores» referentes a su heridas. «Amiga mía, he recibido tu carta. La bala que me tocó no me hirió: apenas rozó el tendón de Aquiles. Mi salud es buena. No tienes razón en inquietarte. Mis asuntos aquí van muy bien. Todo tuyo. Di muchas cosas a Hortensia y al duque de Berg».
El «vizcaíno» (pequeña bola de plomo que forma parte de la carga de una caja de metralla) puede ser visto en el Museo del Ejército, en París, pues fue recogido de inmediato por el capitán Lameau, ingeniero-archivista de la oficina topográfica que formaba parte del séquito imperial, y entregado a Madama Gérard, su sobrina, abuela de los donadores.

El cirujano

Muchos nombres son propuestos para designar al cirujano que vendó el pie de Napoleón en Ratisbona: Nicolás Heurteloup (1750-1812), Nicolás-René Dufriche llamado Desgenettes (1762-1837), Dominique Larrey (1766-1842). Un buen conocimiento del servicio de salud del Emperador no deja ninguna duda sobre la identidad del cirujano. Al ser la etiqueta muy respetada durante el Imperio, solo un médico o un cirujano de servicio pudo tocar al Emperador. Napoleón no apreciaba ni a los médicos ni las drogas. No brindó su confianza más que a un solo médico, recomendado por su secretario Bourrienne y su hermano Luis, Jean-Nicolas Corvisart (1755-1821). Corvisart se convirtió en el médico de toda la familia Bonaparte y rápidamente en uno de los verdaderos amigos de Napoleón («No creo en la medicina, creo en Corvisart»). Consejero médico del Primer Cónsul, es promovido oficial de la Legión de Honor un mes después de la Consagración (primer médico que tuvo esta distinción).
Todas las obligaciones oficiales no le impiden seguir una brillante carrera de terapeuta y de docente. Bichat (1771-1802), Laennec (1781-1826) y Dupuytren (1777-1835) cuentan entre sus alumnos más célebres. Nombrado Primer médico de Su Majestad (19 de julio de 1804), obtiene carta blanca para organizar el servicio de salud del Emperador. Entre excelentes practicantes no escoge más que amigos leales, excluyendo a todo militar que hubiera podido ser nocivo para su influencia en altos niveles.

Larrey, el más célebre de los cirujanos de la época, nunca pudo obtener un puesto oficial adjunto al Emperador, a quien conocía desde Tolón. Le siguió a Egipto como cirujano-jefe del cuerpo expedicionario. Corvisart, fino psicólogo, temía su estima recíproca e hizo todo para no perder su ventaja. Larrey fue inspector general del servicio de salud de los ejércitos en 1804, y luego cirujano en jefe de la Gran Armada el 12 de febrero de 1812. Nunca perteneció al servicio de salud del Emperador.

Desgenettes fue médico-jefe del ejército de Italia, y enseguida de la expedición de Egipto, donde se opuso a Bonaparte acerca de la conducta que había que tener hacia los apestados. Participó fielmente en todas las campañas y luego se hizo inspector general del servicio de salud de los ejércitos. Nunca atendió al Emperador.

Heurteloup, otro fiel de Bonaparte, fue cirujano-jefe del ejército de Italia y enseguida de los ejércitos en 1800 (a los cincuenta años). Miembro del consejo de salud del ejército, secundado por Percy, fue presidente de la sociedad médica de París. En 1809, responsable de la organización del servicio de salud, estaba presente cuando se suscitó la herida del Emperador, pero su función no le permitió intervenir. No se hizo miembro del servicio de salud del Emperador hasta 1812.

El primer cirujano Boyer fue nombrado a ese puesto importante por Corvisart por su competencia y su timidez durante las recepciones oficiales. No tenía ningún gusto por las expediciones lejanas y no partía más que por orden del Emperador, quien apreciaba su compañía. No participó en las campañas de 1809.

En revancha, el cirujano ordinario Yvan había seguido a Napoleón desde las campañas de Italia. Cirujano en jefe de Los Inválidos en 1804, Corvisart no pudo excluirlo del servicio de salud como a los demás fieles del general Bonaparte. Yvan fue uno de los únicos cortesanos, junto con Corvisart, que tuvo la ocasión de asistir a veces a aseo del Emperador. Incluso pernoctó en las Tullerías por algún tiempo (lo que Corvisart no había aceptado nunca) a fin de estar en condiciones de procurar cuidados a cualquier hora del día o de la noche. Fue ciertamente él quien curó el pie del Emperador.

Un paso hacia la repudiación de Josefina

Todos los testimonios dan a pensar que la herida de Ratisbona fue sin gravedad, limitada a una fuerte contusión sub maleolar externa derecha. En cambio, influenció probablemente la corriente de la historia.
En abril de 1809, Napoleón comienza a temer por su porvenir. La guerra de España se desarrolla desde hace un año. Los nacionalistas, inspirados por la revolución francesa, comienzan a organizarse en el imperio, especialmente en Alemania y en Italia. Por primera vez, los coaligados, mejor organizados, infligen pesadas pérdidas al ejército imperial justo cuando se comenzaba a creerlo invulnerable. Esta herida en el pie en el campo de batalla, la primera de Napoleón en tanto que Emperador, le hace tomar consciencia de una muerte posible cuando no ha tenido un hijo con Josefina, y por ende un descendiente directo.
Después de la victoria de Wagram (6 de julio de 1809), María Walewska, la amante polaca del Emperador, se reúne con éste en Viena por varias semanas. Corvisart llega por petición de Napoleón en agosto y le anuncia algunos días más tarde que María está encinta. «Temía que esa dicha de la paternidad que tienen todos los hombres me fuera negado, por una especie de venganza de la suerte que me ha prodigado tantos dones. Amo a los niños, tú lo sabes. Pero un pequeño comentario mío, es una gracia a la que ya no osaba pensar». Alejandro, nacido el 4 de mayo de 1810 en Polonia, le aporta una segunda prueba formal, después del conde León, de lo que esperaba: ser padre.
La tentativa de asesinato del sajón Federico Staaps, durante una parada militar, frente al palacio de Schoenbrunn el 18 de octubre de 1809, viene a reforzar el sentimiento de vulnerabilidad. Después de más de dos años de vacilaciones, estos eventos intervenidos durante la campaña austriaca influyen sobre la decisión definitiva de Napoleón de divorciarse.
De Austria, pide a Duroc escribir al intendente de los palacios imperiales para que haga inmediatamente tapiar en Fontainebleau la puerta de comunicación entre su apartamento y el de Josefina. Un mes después de su regreso a París, encuentra el valor de anunciar a la emperatriz su repudiación, el 26 de octubre de 1809. El divorcio es pronunciado el 14 de diciembre de 1809.

ANEXO
Por el Profesor Sir Eduardo Garzón-Sobrado
Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia
Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador de la Francósfera México-Francia.
Para completar esta interesante lista, mencionemos por último los golpes a causa del estallido de una de granada sufridos por el Emperador en 1813, en las cercanías del Río Elba. Señalamos este accidente a título indicativo, pues no ha sido considerado en el texto del Dr. Goldcher, según nos lo explica el autor, al no haber producido heridas o dejado cicatrices en el cuerpo del Emperador.
Según Adolfo Thiers, « El día siguiente, en efecto [9 de mayo de 1813], Napoleón a caballo desde el despuntar del día, descendió a Priesnitz con una fuerte columna de infantería y toda la infantería de la Guardia, y mandó comenzar el paso ante sus ojos. Los rusos estaban formados en la otra orilla, y parecían resueltos a defenderla. Napoleón ordenó el establecimiento de una fuerte batería en las alturas de Priesnitz, a fin de barrer la playa situada enfrente, e hizo subir de inmediato a los tiradores en las embarcaciones que se habían procurado. Trescientos 300 cazadores pasaron, y echaron a los tiradores rusos, mientras que por un va y viene continuo otros fueron a alcanzarlos y a reforzarlos. Inmediatamente comenzaron una fosa para cubrirse, mientras el cañoneo se establecía por encima de su cabeza.
Los rusos trajeron artillería, Napoleón trajo más aún, y pronto fue bajo el fuego de 50 piezas rusas, y de 80 francesas, que el trabajo del puente fue continuado. Las bolas caían por todos lados, y al venir una de ellas a golpear un almacén de tablones cerca del cual estaba situado Napoleón, le lanzó a la cabeza un trozo de madera que le golpeó sin herirlo.
Algunos italianos formados en ese lugar, cedieron a un movimiento de miedo, por él más que por ellos.
Non fa male(4), les dijo, calificándolos con algunas expresiones agradables, y provocando entre ellos grandes carcajadas, les hizo, a su ejemplo, quedarse alegremente bajo una granizada de proyectiles ».
Adolfo Thiers. « Historia del Consulado y del Imperio de Napoleón ». Tomo 15, libro XLVIII, páginas 501 y 502.

NOTAS:

1) Antommarchi recibió por parte de la Universidad Imperial su título de doctor en cirugía el 30 de junio de 1812. Le fue entregado por la Academia de Pisa, refrendado por el ministro Fontanès. El tema de su tesis era «Dissertazione sulla cattareta»
2) Un mito persistente más, totalmente erróneo pero muy difundido en especial por los ingleses y enemigos pro-borbónicos de Napoleón, deseosos de hacer pasar a éste por un enfermo errático y peligroso.
3) Fortuné era de la raza hoy conocida como «Pug».
4) «No duele» en italiano.