« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
LOS HOMBRES DE INFANTERÍA DE LA VIEJA GUARDIA DE NAPOLEÓN
Soldados de élite que potenciaron las victorias del Emperador
Napoleón y la Guardia Imperial en las cumbres de Borodino
Óleo de Vasiliæi Vasilevich Vereshchagin (1842-1904)

Por el Coronel (ret.)

Jerry D. Morelock, FINS

Coronel Morelock
Miembro del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia
Editor en jefe de la revista especializada Armchair General
Veterano condecorado en Vietnam y Corea
Antiguo jefe de la rama rusa en la junta del personal del Pentágono
Traducción, notas y comentarios del Instituto Napoleónico México-Francia ©
« La Guardia muere, pero no se rinde »
Cambronne.

Como comandante en el campo de batalla, Napoleón hizo gala de un genio táctico y estratégico único. Bajo su mando, los ejércitos franceses conquistaron Europa de la costa atlántica a Moscú.

El Granadero
Óleo de Jean-Baptiste-Edouard Detaille (1848–1912)

Aquellos ejércitos estaban compuestos de equipos de armas combinados de infantería, artillería y caballería.
Si bien cada componente desarrollaba un rol vital en el combate, el corazón de un ejército estaba en su infantería, y los mejores hombres de infantería de Napoleón eran sus confiables veteranos de la Vieja Guardia.

La guardia Imperial, que evolucionó desde ser la guardia personal de Napoleón (1), era inicialmente un pequeño conjunto. Sin embargo, para la campaña de Rusia de 1812, dicha fuerza había crecido hasta constar de más de 100 000 soldados. Los hombres eran clasificados en base a su edad y a la duración de su servicio en la Jóven Guardia (« Jeune Garde »), la Guardia Media (« Moyenne Garde »), y la Vieja Guardia (« Vieille Garde »). Los Guardias Imperiales recibían privilegios especiales tales como un pago más alto, mejor cuidado médico, y los mejores armas y equipo.
En añadidura, el rango de los soldados de la Guardia se situaba un grado por encima de su contraparte no perteneciente a ella (por ejemplo, un cabo de la Guardia Imperial era el equivalente de un sargento ajeno a ésta).

Si cada elemento de la Guardia era seleccionado personalmente por sus habilidades de combate excepcionales, los miembros de la Vieja Guardia gozaban de un estatus de élite – eran lo mejor de lo mejor.
Para convertirse en un miembro dela Vieja Guardia, un soldado tenía que medir como mínimo 1m73 (2) de altura (muchos de los granaderos, los veteranos de la Vieja Guardia, eran considerablemente más altos) y debían haber completado varios años de servicio activo y haber participado en al menos dos campañas (3).

En campaña, los miembros de la Vieja Guardia, como todos los soldados a pie de Napoleón, marchaban más de 25 kilómetros al día y a menudo peleaban batallas campales al final de la jornada.
Aunque los primeros esfuerzos por abastecer a las tropas con comida preservada empezaron durante la era napoleónica (se usaban botellas de vidrio, ya que los víveres enlatados todavía no habían sido desarrollados), tanto los miembros de la Guardia como los soldados comunes forrajeaban por su subsistencia, viviendo esencialmente de lo que la tierra proveía.

Puesto que la mayoría de las campañas de Napoleón fueron peleadas fuera de Francia, las sisas de su ejército cumplían el doble propósito de aprovisionar a las tropas francesas a la vez que se les negaban dichos recursos a sus enemigos. 

Durante el combate, los infantes de la Guardia Imperial empleaban « tácticas napoleónicas », marchando en líneas compactas y cerradas hasta estar a distancia de fuego de una línea enemiga, enseguida tirando descargas de fuego con un mosquete (4) de disparador de sílex en el percutor (usualmente apoyados por rondas devastadoras de artillería de campo móvil amasadas contra el punto de ataque) antes de avanzar para acabar con sus oponentes a la bayoneta.

Ningún soldado de infantería de aquel tiempo ejecutaba esas tácticas de combate de proximidad mejor que los miembros de la Guardia Imperial, por lo que se hicieron merecedores del temor y el respeto de los enemigos del Emperador. En efecto, por esa razón, a menudo Napoleón mantuvo a la Vieja Guardia en reserva hasta que la batalla había alcanzado su punto crítico, sincronizando cuidadosamente el formidable ataque de la unidad para lograr un impacto máximo.

El general Hill y el último cuadro de la Vieja Guardia
Desbordados por todas partes, apabullados y decimados, los irreductibles Inmortales del Último Cuadro de la Vieja Guardia son intimados a rendirse, pero responden con orgullo y hombría: « ¡La Guardia muere, pero no se rinde! », y son acribillados por los ingleses. Óleo de Robert Alexander Hillingford (1825-1904).

En Waterloo (1815), el encuentro final de Napoleón, el Emperador puso en acción a la Guardia en una última, desesperada tentativa de invertir la corriente de la batalla después de que el terriblemente quebrantado ejército anglo-holandés del duque de Wellington fuera reforzado por la oportuna llegada de los prusianos de Gebhard von Blücher.
Aún así, ni las más confiables tropas de Napoleón pudieron prevalecer de cara a tan aplastante superioridad numérica.
Rechazados y obligados a recular, los infantes de la Vieja Guardia se reunieron en cuadros en una última confrontación, mientras sus rivales los instaban a rendirse.
Rodeados, ampliamente superados en número y mirando fijamente las bocas de los cañones de artillería amasados frente a ellos, la élite de Napoleón respondió audazmente « ¡la Guardia muere, pero no se rinde! » *.

Con toda seguridad, los soldados de la Vieja Guardia de Napoleón serán recordados por siempre, pues son pocos los grandes guerreros de la historia que dominaron a tal grado toda una era de guerra.

 
 
De izquierda a derecha: Granadero a pie de la Guardia Imperial y Real, Cazador Granadero a pie de la Guardia Imperial y Real, Gendarme de élite de la Guardia Imperial y Real. Ilustraciones provenientes de la serie « Los Guardias Imperiales y Reales del ejército francés » (en 1806), publicado por los hermanos Henschel. Berlín, 1810.

 

* Muchos lectores tendrán en la memoria la descomposición del ejército francés después de que la Guardia Imperial fuera acribillada en Waterloo. Vale pues la pena relatar que en el momento en que la Guardia avanzaba hacia el enemigo, un infame traidor, oficial realista de carabineros, llegó al galope ante las filas inglesas y anunció a los oficiales de Wellington por dónde iba a atacar la Guardia. Así, en vez de gozar del efecto de sorpresa, fue la Guardia la que fue sorprendida al descubrir que, inexplicablemente, las fuerzas británicas ya la estaban esperando...
Por otro lado, Drouot desmiente en sus memorias que la Guardia haya reculado, y señala que fueron los heridos de la misma quienes lo hicieron, en un intento por no estorbar los movimientos de sus camaradas. En la atmósfera reinante de angustia y de traición ambiente, corrió la voz del retroceso de los Guardias, quienes más que hombres eran un símbolo; entonces cundió el pánico general.
Mercer, oficial Royal Horse Artillery, cuenta cómo entre el caos de la debacle se encontró con un grupo de soldados franceses reunidos en torno a un caído. Era éste un Lancero rojo de la Guardia, horriblemente mutilado, quien a pesar de su estado desesperado, al ver llegar a un inglés, instaba a sus compañeros a contenerse bien y mostrarse dignos de su condición de franceses para no dar una mala impresión del soldado francés, así estuviese vencido. Impresionado profundamente por la valentía y el orgullo de este héroe muriente cuyo comportamiento califica de
« propio de un Romano », Mercer le pide su lanza, que conservará preciosamente toda su vida, y que le servirá, cada año hasta su muerte, el 18 de junio, para llevar a cabo una ceremonia solemne del recuerdo y del honor. Bello ejemplo de lo que el Emperador decía y que lo caracteriza tan bien, cuando afirmaba que « Tras la batalla no quedan enemigos, sino tan solo hombres ». Nota del INMF.

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

DATOS SOBRE LA VIEJA GUARDIA

Nombre oficial: Vieja Guardia de la Guardia Imperial y Real.
Fundada el 18 de mayo de 1804 (previamente Guardia Consular, creada en 1799).
Activa de 1804 a 1815.
Uniforme: chaqueta azul de lana, chaleco blanco y pantalones, shako (gorro) alto de pelo de oso.
Arma favorita: mosquete con disparador de sílex en el percutor calibre 69, con bayoneta triangular.
Táctica mejor conocida: ataque de “táctica napoleónica” (línea o columna).
Batallas remarcables: Austerlitz (1805), Jena-Auerstadt (1806), Waterloo (1815).
La Vieja Guardia en el cine: Waterloo (1970), Guerra y Paz (1967).
Tamaño de la Vieja Guardia (total de las tropas, Joven, Media y Vieja Guardias):
1804 – 9 798.
1805 – 12 187.
1810 – 32 150.
1814 – 112 482.
1815 – 25 870.

NOTAS:

1) La Guardia Imperial fue creada por Napoleón el 28 de floreal del año XII oficiosamente (18 de mayo de 1804), y luego por decreto imperial del 29 de julio, a partir de la antigua Guardia de los Cónsules, previamente guardia particular del Directorio. Comprende en ese momento dos regimientos, uno de Granaderos y otro de Cazadores.
2) Las tallas reglamentarias mínimas eran de 1m73 para los cazadores y 1m83 para los granaderos. Para imaginar el impacto que podían tener esos hombres, es de señalar que en aquel entonces la talla promedio de un hombre francés era de 1m55.
3) Eran precisos 10 años de servicio para entrar en el 1er Regimiento de Granaderos a Pie de la Guardia Imperial, y 8 para el segundo. Se exigía igualmente haber tenido un comportamiento irreprochable durante los combates, ser de buena moralidad, y saber leer y escribir. Dos años más eran necesarios para acceder al grado de oficial.
4) Mosquete charleville 1777.