He
aquí, como preámbulo
al texto del presidente de la
SNI, Ben Weider, algunas reflexiones
que este deplorable y deshonesto
asunto me inspiraron.
En
efecto, ¿a qué fueron
convidados los telespectadores
el 30 de septiembre de 2007?
A
mirar una emisión consagrada,
pues, a la tesis el envenenamiento
de Napoleón.
A
aquellos de nuestros de nuestros
visitantes que acabaran de unírsenos,
y por ello, pudieran aún
lógicamente ignorarlo,
recuerdo que esta tesis no existe
más que por la perseverancia
de que Ben Weider no ha cesado
de dar muestras para hacer establecer,
por los toxicólogos más
renombrados, el Dr. Pascal Kintz,
presidente de la Asociación
Internacional de Toxicólogos
de Medicina Forense, y el Prof.
Robert Wennig, de la universidad
del gran ducado de Luxemburgo,
la incontestable realidad científica.
Nuestros
visitantes se acuerdan igualmente
de todos los sarcasmos con los
que los oponentes de esta tesis
han colmado al presidente de la
SNI. ¿En efecto, quien
no recuerda, entre otras pamplinas,
de aquella famosa « serpiente
de mar » del profesor Tulard
en las columnas del Figaro Littéraire,
o de los « polvos de la
madre Celestina », inmortalizados
por el Sr. Thierry Lentz, durante
una conferencia en Estrasburgo?
¿Qué
pasó el 30 de septiembre?
Hemos
visto, del lado de los historiadores,
a los señores Tulard y
Lentz, y del lado de los científicos,
al Dr. Lemaire, miembro, como
es debido, del Souvenir Napoleónien,
y el Prof. Ricordel, del laboratorio
de la Prefectura de Policía
de París, por no mencionar
más que a los que tuvieron
que algo ver – y/o que denigrar
– de esta tesis en el pasado.
El
doctor Lemaire está a la
base de la « propuesta »
transmitida a investigadores extranjeros
de hacer un « estudio clínico
de Napoleón ». Proposición
de la cual resultó efectivamente
un estudio (del
que hemos hecho mención
en este sitio) en el cual
se podía leer que la tesis
« quimérica »
del envenenamiento estaba ahora
« ampliamente desacreditada
». ¡Sic!
En
cuanto al profesor Ricordel, fue
él quien realizó
a cuenta de Science
& Vie los famosos
análisis de conclusiones
« irrefutables » -
expresión del autor del
artículo publicado en la
revista – que se suponía
debían mandar de regreso
a los « envenenistas
a sus estudios ».
Science
& Vie había de
esta manera tan docta afirmado
que la contaminación no
podía deberse más
que a productos de conservación,
puesto que se había hallado
tóxico sobre cabellos del
Emperador que databan de 1805
y de 1814. Ahora, a título
de información, la SNI
no hizo analizar más que
cabellos recogidos en Santa Helena.
¿Porqué, me preguntarán,
detenerse en estos « detalles
» embarazosos?
Desafortunadamente
para la demostración, los
análisis en cuestión
no se habían focalizado
más que sobre la
superficie del cabello. Era abrir
con gran retumbo una puerta ya
abierta. Para nada pues, si no
acaso, evidentemente, para «
quebrar » la tesis del envenenamiento.
La
emisión propuesta por France
2 correspondió a la misma
lógica.
LA
SNI Y LOS TELESPECTADORES FUERON
TIMADOS
Dos
simples ejemplos: cuando el Prof.
Ricordel alega el humo de la estufa
para justificar la presencia de
arsénico – pero no
evoca más que la contaminación
externa, la única aparentemente,
y es una lástima para su
demostración, que toma
en cuenta – un montaje honesto
hubiera presentado claramente
las respuestas del Dr. Kintz,
que barren sin ambigüedad
alguna con esta argumentación
« errónea ».
Y
cuando el profesor Tulard, ahora
con muchas dificultades, sin arriesgarse
a una reacción de los interesados,
para contestar la realidad científica,
declara que creerá en esta
tesis el día en que le
pongan bajo los ojos « la
prueba escrita » de que
sí hubo voluntad de envenenar
a Napoleón, esto equivale
a tomar llanamente a los espectadores
por unos imbéciles. Deploro
la brutalidad de este vocablo,
pero no discierno uno más
apropiado. En efecto, ¿desde
cuándo este tipo de operación
funesta es objeto de una formulación
escrita?
También
tuvimos derecho, en calidad de
« gran vedette »,
a un anatomo-patólogo italiano
del CHU de Basilea, Alessandro
Lugli, respecto al cual me interrogo.
¿No es él acaso
uno de esos investigadores que
lograron la auténtica hazaña
científica de determinar
que Napoleón había
efectivamente sucumbido a «
su » cáncer emblemático
del estómago… midiendo
la talla de sus pantalones? ¡Un
estudio de conclusiones evidentemente
irrebatibles!
El
susodicho afirmó, por otro
lado, que Napoleón no presentaba
ningún síntoma
de intoxicación arsenical.
Sin querer ser inconveniente,
tengo el sentimiento que no conocía
muy bien el tema – hablo
de Napoleón, por supuesto,
y no de su especialidad –
acerca del cual se expresó.
LA
DISCRECIÓN (FORZADA) DE
LA SNI
Algunos
de ustedes probablemente se habrán
interrogado acerca de la «
discreción » de la
SNI en esta emisión.
Estábamos
sin embargo bien presentes, al
menos al principio del asunto,
puesto que el autor de este artículo
fue ampliamente – durante
más de una hora –
entrevistado por un representante
de la sociedad de producción.
¿Qué quedó
de ello? Algunos segundos.
En
cuanto a Ben Weider, personaje
clave de la historia, puesto que
esta tesis le debe todo, no hizo
más que una fugitiva aparición
en forma de una fotografía
utilizada, notémoslo, sin
su aprobación escrita.
Debo
recordar que, sin Ben Weider y
su perseverancia arriba mencionada,
la emisión no hubiese podido
existir. Todos esos señores
se hubieran debido mostrar entonces
agradecidos con él, pues,
ese domingo 30 de septiembre,
fue él, y nadie más,
quien, – a pesar de él,
sobra decirlo – les brindó,
« en bandeja de plata »
de algún modo, esa mediatización
televisada de las que son tan
aficionados, y de la que se hubieran
visto privados.
Moraleja,
si puedo decirlo así: cuando
del envenenamiento de Napoleón
se trata, no hay más ni
honestidad intelectual ni deontología.
Solo prima la desinformación.
La
SNI, en esta historia, fue engañada,
sin gran mérito de parte
de los responsables de esta alteración
de la realidad, por lo mucho que
se percibe, detrás de esta
emisión, lo que Ben Weider
llama muy oportunamente «
una manipulación magistral
».
De
hecho no estoy lejos de pensar
que la emisión, tal como
fue realizada por la Sociedad
europea de producción,
no tenía otra finalidad
que la de arruinar, ante el mayor
público posible, esta tesis
del envenenamiento. Nuestros oponentes
lo hubieran tal vez logrado, pero
era no contar con la copa mundial
de rugby que constituyó
un obstáculo a su maniobra.
Resultado, la audiencia de la
emisión fue magra. ¡Gracias
a los Bleus!
Apoyando
mis argumentos, he aquí
la medida de los tiempos de palabra
acordados a los diferentes intervinientes.
No precisan comentario
alguno:
Para
los oponentes:
|
-
Pr. Jean Tulard 7
min 48
- Sr. Thierry Lentz
3 min 45
- Dr. Lemaire 2 min
30
- Pr. Lugli 1 min
20
- Pr. Yvan Ricordel
26 segundos |
Para
los partidarios
de la tesis: |
-
Dr. Pascal Kintz:
1 min 37
- Sr. Jean-Claude
Damamme: 29 segundos |
Lo
cual da en total: |
«
Oposición »:
14 min 69
« Partidarios
»: 01
min 66 |
|
¡Es
decir cerca de 9 veces
más en favor de
los detractores de la tesis del
envenenamiento!
LA
EXPERIENCIA DE LA TELEVISIÓN
POLACA
Les
notifico otro hecho interesante
de anotar.
A
principios de 2006, fui contactado
por una periodista de la televisión
de Estado polaca (Cracovia), que
deseaba hacer una emisión
sobre el mismo tema. Después
de haberme interrogado ampliamente
y en múltiples ocasiones,
expresó su deseo de contactar
a los oponentes de la tesis del
envenenamiento para respetar un
cierto equilibrio. Como yo no
tenía más que la
dificultad de la elección,
le proporcioné los nombres
mencionados más arriba.
Resultado: Jean Tulard le «
colgó en la cara »,
Thierry Lentz y el doctor Lemaire
se apresuraron en no desear responder.
Como
esta periodista polaca, quien,
por su parte, conoce aún
el sentido del vocablo «
deontología » no
quería presentar un reportaje
que no hubiera dado a escuchar
más que los argumentos
de los partidarios de la tesis,
el reportaje, finalmente, no pudo
hacerse, y tanto menos cuanto
que el director de la televisión
de Cracovia e negó, por
lo demás, a « inmiscuirse
» en los asuntos políticos
de Francia. Bloqueo asegurado.
Se podría epilogar largamente
sobre el motivo invocado para
esta decisión.
Así,
nuestros amigos de la oposición
se salvaron in extremis, pues
sin duda habría sido más
difícil orientar en el
« buen sentido » a
representantes de la televisión
estatal polaca. Felizmente para
ellos, la Sociedad europea de
producción, realizadora
de la emisión, llegó
a su auxilio para ayudarles a
dar a oír la buena palabra.
Un
último punto.
Esa
gente sería mucho más
útil a la causa que se
supone defienden si guardaran
su energía y su «
relacional mediático »,
no para encarnizarse contra una
tesis científicamente establecida,
sino para proteger la memoria
de Napoleón cuando éste
último es agredido de manera
vil por panfletarios huraños
y sin talento que manejan el insulto
como una de las bellas artes.
Pero, al fin y al cabo, tal vez
no se sienten concernidos.