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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
EL ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN EN FRANCE 2:
UNA MANIPULACIÓN MAGISTRAL

Por el Doctor

Ben Weider
Caballero de la Legión de Honor
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional
Presidente de honor del Comité Científico del Instituto Napoleónico México-Francia

Dr. Ben Weider
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia
 
Queridos amigos,
El domingo 30 de septiembre pasado, la cadena de televisión francesa France 2 difundió una emisión enteramente consagrada al envenenamiento de Napoleón.
Era para mí, y para la SNI, una magnífica ocasión para hacer descubrir al mayor número la « verdadera » verdad sobre esta tesis. El Dr. Pascal Kintz y el representante oficial de la SNI en Francia, el Sr. Jean-Claude Damamme, habían proporcionado toda la información necesaria afín de que así fuera.
Así pues, esperaba mucho de esta difusión.
Lo que sentí no fue sólo una decepción al enterarme del resultado. Fue cólera. Enojo de ver cómo la sociedad de producción, ciertamente de pleno acuerdo, si no es que con la complicidad activa de ciertos intervinientes –siempre los mismos– había « traficado » la verdad para, de hecho, poner en duda, y como de costumbre, desacreditar esta tesis.
Una cosa es segura: en Francia, hay verdades que no está bien decir. El envenenamiento de Napoleón forma parte de ellas. Pero, esta vez, considero que propagar semejante desinformación utilizando un gran medio es un auténtico escándalo al cual me voy a esforzar en dar la mayor difusión.
Juzgué pues indispensable darles a conocer mi reacción, y la de Jean-Claude Damamme, quien fue ampliamente solicitado para esta emisión.
Ben Weider.

 

A LOS VISITANTES DE NUESTRO SITIO

PRÓLOGO

Por Jean-Claude Damamme
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional
Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia

El Sr. Jean-Claude Damamme

Leerán más abajo la reacción del Presidente de la SNI, Ben Weider, tras la difusión por la cadena de televisión France2, en la serie « Secrets d’Histoire » (Secretos de Historia), de una emisión acerca de la tesis del envenenamiento de de Napoleón.
No dudo que la juzguen « instructiva ». Y justificada.

He aquí, como preámbulo al texto del presidente de la SNI, Ben Weider, algunas reflexiones que este deplorable y deshonesto asunto me inspiraron.

En efecto, ¿a qué fueron convidados los telespectadores el 30 de septiembre de 2007?

A mirar una emisión consagrada, pues, a la tesis el envenenamiento de Napoleón.

A aquellos de nuestros de nuestros visitantes que acabaran de unírsenos, y por ello, pudieran aún lógicamente ignorarlo, recuerdo que esta tesis no existe más que por la perseverancia de que Ben Weider no ha cesado de dar muestras para hacer establecer, por los toxicólogos más renombrados, el Dr. Pascal Kintz, presidente de la Asociación Internacional de Toxicólogos de Medicina Forense (TIAFT), y el Prof. Robert Wennig, de la universidad del gran ducado de Luxemburgo, la incontestable realidad científica.

Nuestros visitantes se acuerdan igualmente de todos los sarcasmos con los que los oponentes de esta tesis han colmado al presidente de la SNI. ¿En efecto, quien no recuerda, entre otras pamplinas, de aquella famosa « serpiente de mar » del profesor Tulard en las columnas del Figaro Littéraire, o de los « polvos de la madre Celestina », inmortalizados por el Sr. Thierry Lentz, durante una conferencia en Estrasburgo?

¿Qué pasó el 30 de septiembre?

Hemos visto, del lado de los historiadores, a los señores Tulard y Lentz, y del lado de los científicos, al Dr. Lemaire, miembro, como es debido, del Souvenir Napoleónien, y el Prof. Ricordel, del laboratorio de la Prefectura de Policía de París, por no mencionar más que a los que tuvieron que algo ver – y/o que denigrar – de esta tesis en el pasado.

El doctor Lemaire está a la base de la « propuesta » transmitida a investigadores extranjeros de hacer un « estudio clínico de Napoleón ». Proposición de la cual resultó efectivamente un estudio (del que hemos hecho mención en este sitio) en el cual se podía leer que la tesis « quimérica » del envenenamiento estaba ahora « ampliamente desacreditada ». ¡Sic!

En cuanto al profesor Ricordel, fue él quien realizó a cuenta de Science & Vie los famosos análisis de conclusiones « irrefutables » - expresión del autor del artículo publicado en la revista – que se suponía debían mandar de regreso a los « envenenistas a sus estudios ».

Science & Vie había de esta manera tan docta afirmado que la contaminación no podía deberse más que a productos de conservación, puesto que se había hallado tóxico sobre cabellos del Emperador que databan de 1805 y de 1814. Ahora, a título de información, la SNI no hizo analizar más que cabellos recogidos en Santa Helena. ¿Porqué, me preguntarán, detenerse en estos « detalles » embarazosos?

Desafortunadamente para la demostración, los análisis en cuestión no se habían focalizado más que sobre la superficie del cabello. Era abrir con gran retumbo una puerta ya abierta. Para nada pues, si no acaso, evidentemente, para « quebrar » la tesis del envenenamiento.

La emisión propuesta por France 2 correspondió a la misma lógica.

LA SNI Y LOS TELESPECTADORES FUERON TIMADOS

Dos simples ejemplos: cuando el Prof. Ricordel alega el humo de la estufa para justificar la presencia de arsénico – pero no evoca más que la contaminación externa, la única aparentemente, y es una lástima para su demostración, que toma en cuenta – un montaje honesto hubiera presentado claramente las respuestas del Dr. Kintz, que barren sin ambigüedad alguna con esta argumentación « errónea ».

Y cuando el profesor Tulard, ahora con muchas dificultades, sin arriesgarse a una reacción de los interesados, para contestar la realidad científica, declara que creerá en esta tesis el día en que le pongan bajo los ojos « la prueba escrita » de que sí hubo voluntad de envenenar a Napoleón, esto equivale a tomar llanamente a los espectadores por unos imbéciles. Deploro la brutalidad de este vocablo, pero no discierno uno más apropiado. En efecto, ¿desde cuándo este tipo de operación funesta es objeto de una formulación escrita?

También tuvimos derecho, en calidad de « gran vedette », a un anatomo-patólogo italiano del CHU de Basilea, Alessandro Lugli, respecto al cual me interrogo. ¿No es él acaso uno de esos investigadores que lograron la auténtica hazaña científica de determinar que Napoleón había efectivamente sucumbido a « su » cáncer emblemático del estómago… midiendo la talla de sus pantalones? ¡Un estudio de conclusiones evidentemente irrebatibles!

El susodicho afirmó, por otro lado, que Napoleón no presentaba ningún síntoma de intoxicación arsenical. Sin querer ser inconveniente, tengo el sentimiento que no conocía muy bien el tema – hablo de Napoleón, por supuesto, y no de su especialidad – acerca del cual se expresó.

LA DISCRECIÓN (FORZADA) DE LA SNI

Algunos de ustedes probablemente se habrán interrogado acerca de la « discreción » de la SNI en esta emisión.

Estábamos sin embargo bien presentes, al menos al principio del asunto, puesto que el autor de este artículo fue ampliamente – durante más de una hora – entrevistado por un representante de la sociedad de producción. ¿Qué quedó de ello? Algunos segundos.

En cuanto a Ben Weider, personaje clave de la historia, puesto que esta tesis le debe todo, no hizo más que una fugitiva aparición en forma de una fotografía utilizada, notémoslo, sin su aprobación escrita.

Debo recordar que, sin Ben Weider y su perseverancia arriba mencionada, la emisión no hubiese podido existir. Todos esos señores se hubieran debido mostrar entonces agradecidos con él, pues, ese domingo 30 de septiembre, fue él, y nadie más, quien, – a pesar de él, sobra decirlo – les brindó, « en bandeja de plata » de algún modo, esa mediatización televisada de las que son tan aficionados, y de la que se hubieran visto privados.

Moraleja, si puedo decirlo así: cuando del envenenamiento de Napoleón se trata, no hay más ni honestidad intelectual ni deontología. Solo prima la desinformación.

La SNI, en esta historia, fue engañada, sin gran mérito de parte de los responsables de esta alteración de la realidad, por lo mucho que se percibe, detrás de esta emisión, lo que Ben Weider llama muy oportunamente « una manipulación magistral ».

De hecho no estoy lejos de pensar que la emisión, tal como fue realizada por la Sociedad europea de producción, no tenía otra finalidad que la de arruinar, ante el mayor público posible, esta tesis del envenenamiento. Nuestros oponentes lo hubieran tal vez logrado, pero era no contar con la copa mundial de rugby que constituyó un obstáculo a su maniobra. Resultado, la audiencia de la emisión fue magra. ¡Gracias a los Bleus!

Apoyando mis argumentos, he aquí la medida de los tiempos de palabra acordados a los diferentes intervinientes.
No precisan comentario alguno:

Para los oponentes:

- Pr. Jean Tulard 7 min 48
- Sr. Thierry Lentz 3 min 45
- Dr. Lemaire 2 min 30
- Pr. Lugli 1 min 20
- Pr. Yvan Ricordel 26 segundos

Para los partidarios de la tesis:

- Dr. Pascal Kintz: 1 min 37
- Sr. Jean-Claude Damamme: 29 segundos

Lo cual da en total:

« Oposición »: 14 min 69
« Partidarios »: 01 min 66

¡Es decir cerca de 9 veces más en favor de los detractores de la tesis del envenenamiento!

LA EXPERIENCIA DE LA TELEVISIÓN POLACA

Les notifico otro hecho interesante de anotar.

A principios de 2006, fui contactado por una periodista de la televisión de Estado polaca (Cracovia), que deseaba hacer una emisión sobre el mismo tema. Después de haberme interrogado ampliamente y en múltiples ocasiones, expresó su deseo de contactar a los oponentes de la tesis del envenenamiento para respetar un cierto equilibrio. Como yo no tenía más que la dificultad de la elección, le proporcioné los nombres mencionados más arriba. Resultado: Jean Tulard le « colgó en la cara », Thierry Lentz y el doctor Lemaire se apresuraron en no desear responder.

Como esta periodista polaca, quien, por su parte, conoce aún el sentido del vocablo « deontología » no quería presentar un reportaje que no hubiera dado a escuchar más que los argumentos de los partidarios de la tesis, el reportaje, finalmente, no pudo hacerse, y tanto menos cuanto que el director de la televisión de Cracovia e negó, por lo demás, a « inmiscuirse » en los asuntos políticos de Francia. Bloqueo asegurado. Se podría epilogar largamente sobre el motivo invocado para esta decisión.

Así, nuestros amigos de la oposición se salvaron in extremis, pues sin duda habría sido más difícil orientar en el « buen sentido » a representantes de la televisión estatal polaca. Felizmente para ellos, la Sociedad europea de producción, realizadora de la emisión, llegó a su auxilio para ayudarles a dar a oír la buena palabra.

Un último punto.

Esa gente sería mucho más útil a la causa que se supone defienden si guardaran su energía y su « relacional mediático », no para encarnizarse contra una tesis científicamente establecida, sino para proteger la memoria de Napoleón cuando éste último es agredido de manera vil por panfletarios huraños y sin talento que manejan el insulto como una de las bellas artes.
Pero, al fin y al cabo, tal vez no se sienten concernidos.

Jean-Claude Damamme.

 

EL ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN EN FRANCE 2:
UNA MANIPULACIÓN MAGISTRAL

Por el Dr. Ben Weider
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional
Presidente del Comité Científico del Instituto Napoleónico México-Francia

Cuando me enteré de que una gran cadena de televisión francesa contemplaba consagrar una emisión entera al envenenamiento de Napoleón, sentí, primero, una gran satisfacción.

Por vez primera, un gran medio de comunicación francés se interesaba por fin, y seriamente creía yo, a esta tesis que, desde hace más de treinta años, defiendo activamente con la ayuda de los científicos más respetados.

Por supuesto, teniendo en cuenta los innumerables ataques deshonestos sufridos por esta tesis, y de la confiscación – ¿y a qué título por cierto? – de todo lo que toca a la persona de Napoleón por los dirigentes del Souvenir Napoleónien y de la Fundación Napoleón, albergaba algunas inquietudes.

Quería sin embargo acordar algún crédito a lo que se llama deontología profesional, aun cuando, en nuestros días, este esté desprovisto de significado real.


Por lo demás, como tenía plena confianza en mi representante oficial en Francia, el escritor e historiador napoleónico Jean-Claude Damamme, cuyo apoyo y devoción nunca desmentidos me han sido y me son siempre preciosos, yo podía razonablemente dar muestra de alguna serenidad.

Efectivamente, a fines del mes de junio, fue contactado por una colaboradora de la sociedad de producción encargada de realizar, para France 2, la emisión « Secrets d’Histoire » sobre el tema del envenenamiento de Napoleón.

En el transcurso de su entrevista, que tuvo lugar en el mes de julio, Jean-Claude Damamme, que conoce perfectamente la tesis, a la vez en sus aspectos histórico y científico, hizo valer todas las pruebas propias para demostrar la inanidad de los argumentos propuestos por los oponentes de esta tesis, y su mala fe deliberada.

Era, por ende, un adversario peligroso. Si no, ¿cómo explicar que, de su intervención que duró más de una hora, el realizador no haya juzgado necesario más que conservar los escasos segundos que pudieron verse en la pantalla?

A pesar de las múltiples tentativas que hizo, no pudo nunca, fuera del del Dr. Pascal Kintz que los visitantes de nuestro sitio conocen bien, obtener los nombres de los participantes, que debían ser, en su mayoría, sus antagonistas. Lo cual, ya entonces, auguraba bastante mal del clima de la emisión.

Yo podía sin embargo esperar un resultado honesto y conforme a los hechos, cada quien pudiendo expresarse – en principio – con toda libertad. Y con toda lealtad. Vocablo, me doy bien cuenta hoy, bien irrisorio en el contexto de este asunto.

Efectivamente esta primera emisión de la serie « Secrets d’Histoire », difundida el domingo 30 de septiembre, fue una emisión desprovista de la más elemental honestidad.

Lo confieso, di muestras de inocencia, pues, teniendo en cuenta el historial existente entre nuestros poco « fair-play », pero todopoderosos, adversarios y nosotros, hubiera debido imaginarme que nunca tendrían la decencia de dejarnos exponer al público francés –digo « francés » puesto que soy quebequense– nuestra argumentación.

Esta argumentación, no lo voy a detallar aquí, pues los lectores de Napoleón 1er Magazine saben que todas las informaciones a las que hago alusión figuran en este sitio.

Argumentos alterados

Ante el resultado que pude constatar, que me sea permitido decir aquí que es absolutamente inadmisible ver y oír a esos historiadores, médicos o director de laboratorio oficial que son los Sres. Tulard, Lentz, Lemaire, Ricordel y otros, todos ligados de cerca o de lejos a las instancias napoleónicas mencionadas más arriba, librar, sin oposición, sus argumentos deliberadamente alterados.

Uno de ellos evocaba cabellos de 1805, cuando no se hicieron analizar por el Dr. Kintz más que cabellos recogidos en Santa Helena (de todas formas, permaneciendo en la superficie de los cabellos como fue el caso con los análisis hechos por Science & Vie, se podrían hallar rastros de arsénico en los cabellos, entre otros, del Primer Cónsul) ; otro, una contaminación externa, ignorando deliberadamente análisis efectuados en el corazón de los cabellos del Emperador por el Dr. Kintz y el Prof. Wennig ; otro más, haciendo la lista de los síntomas de la intoxicación arsenical, alegaba las famosas bandas de Mees – hubiese sido necesario que el pobre doctor Antommarchi fuera visionario para encontrar un síntoma que no será descubierto hasta mediados del Siglo XIX – pero ocultaba cuidadosamente los que Napoleón presentaba ; otro todavía, afirmaba con soberbia que Napoleón definitivamente había muerto de cáncer de estómago, cuando cualquier médico, independiente, sobra decirlo, dirá que sólo un examen microscópico de las células, y no macroscópico (al ojo desnudo) – lo cual fue el caso del examen practicado por Antommarchi – permite diagnosticar esta enfermedad, etc. etc.

En el transcurso de esta emisión de una hora y media, el Dr. Kintz, a quien se le debe una de las más importantes revelaciones sobre este caso: la localización del veneno en el corazón mismo de los cabellos – lo cual prueba una ingestión por la vía digestiva – y la identificación de dicho tóxico (mata-ratas), a penas si fue oído.

Una vez más, lo vuelvo a decir y nada me hará callar: los toxicólogos que trabajaron sobre esta tesis demostraron que Napoleón fue víctima de una intoxicación crónica, o en términos vulgares, de un envenenamiento con mata-ratas, sin, por ello, afirmar que el tóxico era la causa directa de su muerte, aquel triste 5 de mayo de 1821. Por supuesto adherí a su opinión.

Me parece sin embargo que atentar contra la vida del soberano más célebre de Francia y del mundo, de quien recuerdo, venero la memoria, es lo suficientemente grave para que los detractores « obligados » de esta tesis se abstengan de reír burlonamente.

El domingo 30 de septiembre de 2007, en vez de un tema históricamente apasionante, instructivo y honestamente realizado, la cadena de televisión France 2 propuso a los telespectadores franceses una emisión orientada, manipulada y trucada.

De hecho, es evidente que el único fin perseguido en todo este asunto fue querer ridiculizar, a gran escala esta vez, una tesis que reposa sobre fundamentos científicos que nadie, de buena fe se entiende, lo cual excluye a la mayor parte de los intervinientes de esta emisión, podría contestar.

Es lamentable que una gran cadena de la televisión francesa haya sido el instrumento de esta manipulación.

Ignoro a quién incumbe la responsabilidad de esta manipulación, pero estén seguros de que no dejaré de poner todo en obra para descubrirlo.

Ben Weider.