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«Mamá, ¿es que ayer no ha acabado?»
« Montjoie Saint Denis! »
Francósfera México-Francia
Sir Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
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ESPERANZAS Y LEYENDAS EN TORNO A LA EVASIÓN DE LUIS XVII
Texte en français.
Luis XVII
Óleo de Antoine Vestier (1740-1824)
«Mamá, ¿es que ayer no ha acabado?»
Por el Barón
Philippe Lamarque
Miembro del Comité de la Francofonía de la Francósfera México-Francia
Caballero de la Órden Nacional de las Artes y de las Letras y oficial de las Palmas Académicas de Francia.
Recipiendario del Collar de la Orden del Mérito de Senegal.
Dr. Philippe Lamarque, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Philippe Lamarque
Traducción al castellano de la Francósfera México-Francia ©
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El soberano oculto o gran monarca forma parte del imaginario de todos los pueblos: la supervivencia merovingia de Sigisberto IV, el emperador Federico Barbarroja en el Kyffhaüser, Dom Sebastián de Portugal. Entre todos los casos que han hecho verterse torrentes de tinta sobre montañas de papel, uno de los más extraños es el del hijo de Luis XVI y de María Antonieta.

Después de la jornada del 10 de agosto de 1792, la familia real deja las Tullerías por les Feuillants, permaneciendo allí tres días. El 13 de agosto a las cinco de la tarde, el traslado tiene lugar al torreón del Temple.

El más joven prisionero es el segundo hijo del rey y de la reina: recibió al nacer el 27 de marzo de 1785 el título de duque de Normandía, convirtiéndose en delfín al morir su hermano mayor, Louis-Joseph-Xavier fallecido el 4 de junio de 1789. Pétion, alcalde de París, seguido por Étienne Michel y por Antoine Simon, escolta a los prisioneros.

Ordenan a los Señores de Chamilly y Hue, así como a las cuatro camareras, seguirles. En el lugar, el Señor Barthélemy, archivista de la orden de Malta, trabaja entonces tranquilamente en la pequeña torre en la que reside, cuando ve surgir repentinamente a los seccionarios armados con sus picas.
Su gabinete de trabajo es invadido, sus muebles y ropas son defenestrados sin miramientos. Todo lo que no es demolido es amontonado en desorden en la capilla. Barthélemy, completamente anonadado, va a errar toda la noche: encarnaba la última presencia de la Orden de San Juan, gestor de los antiguos bienes inmobiliarios y territoriales del Temple extinto desde Felipe el Hermoso. Debajo de la torre, aguardan los dos coches en los que se hallan la familia real y su séquito, rodeados por una muchedumbre de seccionarios vociferando. Pétion, sensible a la simplicidad y a la compostura del rey, regresa al Hôtel de ville (ayuntamiento) para reclamar que los prisioneros sean albergados en el cercado del Temple. Implacable, la Comuna replica: « la decisión referente a la torre se mantiene ».

Luis el último y su familia conducidos al Temple
La familia real presa de la vindicta del populacho.

 

UN ENCARCELAMIENTO SIN MIRAMIENTOS

María Antonieta, Madama Real y el primer delfín
Óleo de Adolf Ulrich Wertmüller (1751-1811)

A las once de la noche, un seccionario anuncia que la recámara del « pequeño Capeto » está lista. Dos armazones de cincha fueron clavados de urgencia en la sala de billar, en la primera planta de la pequeña torre adjunta al torreón. María Antonieta se reúne con su hijo a la una de la mañana. El gabinete que separa la celda de la reina de la del rey sirve de sala de policía.

Hasta el 29 de septiembre, una cierta quietud reina en aquellos lugares lúgubres, amenizados mal que bien por algunos muebles. Impulsada por la curiosidad, la población del barrio acostumbrada desde los Templarios a gozar de privilegios de exenciones de todas suertes, circula a gusto, relacionándose gustosos con los prisioneros y lo carceleros. Entre más se establece la simpatía, más se habla de evasión en los chismes que hormiguean. Los fanáticos de la Comuna se conmueven con ello, prohíben los abordes, redoblan la guardia. En la velada del 20 de agosto, la princesa de Lamballe, Madama de Tourzel – aya de los Infantes de Francia –, los Señores Hue y de Chamilly, así como las camareras son expulsadas. Por medio de misivas encriptadas, la reina se esfuerza por apaciguar la ira de su hermano el emperador Francisco, de sus cuñados los condes de Provenza y de Artois: « nos perderéis », escribe. Los folicularios revolucionarios extremistas acusan a las cocinas de la prisión de hambrear Paris, imaginando en su delirio « las orgías del Temple » calificadas de antropofágicas.
Entre más los ejércitos republicanos sufren los embates del enemigo, entre más las tropas prusianas y austriacas se acercan, más los propagandistas pierden la razón. El 3 de septiembre, Mathieu apostrofa al rey: « pereceremos todos, pero tú morirás el primero ». El mismo mes, dos mil víctimas pagan con su vida la locura ambiente, sin conmover a Danton ya sus compinches. Amotinadores van al Temple a agitar la cabeza de la princesa de Lamballe en el extremo de una pica. María Antonieta se desmaya.
Su hija debía dar testimonio ulteriormente: « es el único momento en que su firmeza la abandonó ».

Al día siguiente de la victoria de Valmy, en el equinoccio de otoño, la República es proclamada. Esta « pequeña » batalla hace reír mucho a Bonaparte, lo cual no le impedirá hacer de aquel molino un ducado-pradera para Kellermann. Después de todo, la caballería del crepúsculo tuvo su molino gracias a Cervantes.

Hébert va a pregonar la victoria donde el rey, pero el más socarrón de los dos no es el que se piensa. Santerre prohíbe a Luis XVI dar lecciones a su hijo, acusándolo de enseñarle mensajes cifrados. Tras la cena del 29 de septiembre, el rey es trasladado al segundo piso de la gran torre. A principios de octubre, su hijo lo alcanza allí. El 26 de octubre, las tres mujeres son conducidas al 3er piso, mientras que las ventanas son obstruidas con barrotes y cuévanos de madera. El 11 de enero de 1793 a las 5h00 de la mañana, los carceleros hacen subir al delfín donde las princesas. El proceso del rey comienza, luego, el 20, Garat, llamado « Garat-Septiembre », anuncia el veredicto a Luis XVI. Le es permitido volver a ver a su familia, antes de ser guillotinado el día siguiente.
Tuvo el tiempo de entregar subrepticiamente su testamento secreto a Malesherbes, él mismo arrestado a final el proceso. Se confesó al abate Edgeworth de Firmont. En el cadalso, Santerre ordena a los tambores cubrir las últimas palabras del rey: « Muero inocente de todos los crímenes que se me imputan. Perdono a los autores de mi muerte y ruego a Dios que la sangre que vais a esparcir no recaiga jamás sobre Francia ». En las provincias rebeladas estalla el grito: « Viva Luis XVII ».
 
Luis XVII es arrancado a su madre y a su familia
Grabado romántico.

 

El conde de Provenza, emigrado a Hamm en Westfalia, proclama el advenimiento de su sobrino el 28 de enero, respetando poco o mucho el plazo acostumbrado de nueve días.
Por la proclamación del 11 de mayo, la Vendea se subleva. Dumouriez se une a los imperiosos y declara: « nos hace falta el delfín ». En pleno París, circulan tractos a la efigie del infante, « El mártir del Temple ». Mientras en el Comité de salud pública, algunos consideran usar al niño prisionero como rehén, el banquero François du Petitval (asesinado con su familia en 1796) paga sobornos en secreto.
Donde los fanáticos de la Comuna, la cólera ruge: a partir del 3 de julio, el niño es separado de su madre y llevado al 2º piso, allí donde había sido confinado con su padre.
Durante siete meses, hasta el 19 de enero de 1794, es puesto bajo la vigilancia del zapatero remendón Simón y de su mujer. El 2 de agosto, María Antonieta es trasladada a la Conserjería. El 18 de octubre, el niño es huérfano. El 10 de mayo de 1794, Madama Élisabeth, hermana del rey, es decapitada a su vez. Del 19 de enero al 29 de julio, Luis XVII se pudre en el aislamiento a puerta cerrada, relegado en el altillo obscuro de buhardillas tapadas con tablas, sin ver a guardia alguno. Dispone de un campanita para llamar y de una silla agujerada. Solo se entreabre a veces el judas de la puerta, de donde una carota roja surge gritando: « ¡Capeto, raza de sierpe, acercate, muéstrate! ».
Al caer Robespierre, el 9 de termidor (27 de julio de 1794), también Simón es guillotinado, así como los celadores seccionarios. Nadie debe hablar, ni siquiera el incorruptible, puesto que el gendarme Merda le ha quebrado la mandíbula de un balazo durante el arresto. Una nota manuscrita de Barras, el primero en penetrar en la torre el 10 de termidor del año II (28 de julio de 1794), hace que se cierna una duda: « El comité de salud pública me hizo prevenir que se anunciaba la evasión de los prisioneros del Temple que estaban bajo mi responsabilidad ». Barras encuentra un gran adolescente enfermizo, y no al chiquillo jovial y con buena salud que la pareja Simón educaba como a un joven sans-culotte.
El pequeño Luis XVII y sus carceleros

 

ESPANTOSAS CONDICIONES DE DETENCIÓN

Si la violación moral y las brutalidades físicas cesan, las condiciones materiales no se mejoran: higiene y alimentación deplorables, se mantiene la interdicción de paseo y de luz.
Su hermana no es mejor tratada: tras su salida de prisión, nunca tendrá una relación carnal. Sin embargo, los políticos complotan: Barras, Cambacerés, Fouché, Tallien, los demás termidorianos, entre los cuales girondinos sobrevivientes y jacobinos renegados vislumbran una salida en el restablecimiento de una monarquía « fantoche ». Algunos consideran embaucar al conde de Provenza en exilio, pero las cortes de Europa no recusarían la ley sálica. ¿Hacer morir oficialmente al niño y negociar con un futuro Luis XVIII? ¿Hacer escapar al niño e incomunicarlo de modo que sirva los intereses de una facción?

 

Francósfera México-Francia, el portal de la promoción y de la defensa de la Francofonía en América. LAS HIPÓTESIS 

 

¿CÓMO EXFILTRAR AL NIÑO?

Una mujer de espíritu práctico halla la solución: la viuda Beauharnais, amante de Barras, da con un joven criollo de 24 años, Laurent, de inmediato destinado a la vigilancia del niño, a partir del 12 de termidor. Éste manda echar al cocinero Gagnié y a su ayudante, Caron. Para adormecer los recelos, pide adjuntos, obteniendo al conserje Barón como portallaves el 20 de septiembre.
En la noche del 29 al 30 de octubre, un evento insólito llama la atención de María Teresa, llamada Madame Royale (Madama Real), un destacamento que surge en su celda para constatar su presencia. En el transcurso del mes siguiente, todo el personal de servicio en el torreón es remplazado. Los nuevos encargados no están autorizados a ver al niño. Laurent, vuelto ya perfectamente familiar de los lugares, nota que a la altura del 3er piso del gran torreón, la antecámara desemboca en la terraza de la pequeña torre, a donde sube la escalera de caracol de una de las torrecillas de ángulo. De este mismo 3er piso, parte una escalera de madera en la torrecilla sur, que llega hasta el tejado del 4º. La puerta está cerrada, solo Laurent tiene la llave. Nada más fácil que acondicionar un escondite en el amontonamiento de viejos muebles. Queda una última precaución por tomar: hallar un reemplazante antes de la llegada de Gomin. Entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre, llega este guardia sordomudo.

 

LA SUBSTITUCIÓN DEL PRISIONERO

« ¿Conoces al niño? » pregunta de entrada Laurent a Gomin, apenas ha llegado. ¿Qué importa? El secreto reina. Incluso Walnn, jefe de los seccionarios, se lo pregunta.
Sus hombres inquirieron « si vigilaban piedras u otra cosa ». El 19 de diciembre, el comité de seguridad general se inquieta por los rumores de evasión y delega a tres miembros al Temple. Ahora, en este comité, figuran el ci-devant (« hasta aquí ») vizconde conde de Barras, Jean-Baptiste Harmand, Jean-Baptiste Mathieu, Jacques Reverchon y Jean-François Rewbel, todos compinches y cómplices, expertos en las intrigas más florentinas, sin contar al inevitable y prudente Jean-Jacques-Régis Cambacerés, del comité de legislación.
¿Gomin, entrado en funciones el 8 de noviembre, no es el agente de Cambacerés para vigilar a Laurent? Cómplices, pero desconfiados unos de otros.

Los cuatro inspectores del 19 de diciembre, Barras, Harmand, Mathieu y Reverchon, entregan su reporte el 3 de enero de 1795. Encuentran a un niño postrado, mudo, raquítico, con un defecto de conformación, « un tumor en la muñeca derecha, otro en el codo ».
Harmand pregunta si « el mutismo del niño data del día en que la más bárbara de las violencias le fue hecha para que firmase la acusación contra su madre ».
Harmand intriga para hacerse asignar a las Indias y se dirige a Brest en compañía de Barras. El 22 de enero, Cambacerés hace anular la misión y los dos compinches vuelven a París.

 

Y TRES NIÑOS EN EL TEMPLE

Laurent, habiéndose vuelto sospechoso, es reemplazado por Lasne; Gomin es asignado a la vigilancia de Madama Real el 31 de marzo de 1795. Bastante más tarde, en 1834, en ocasión de la investigación relanzada por la Justicia de la monarquía de julio, Lasne no proferiría más que una ola de contradicciones y de mentiras, en particular que cuando era « capitán en los guardias franceses, a menudo vio jugar al niño », doblemente falso, porque era soldado y porque había dejado el regimiento el 11 de mayo de 1782, el habiendo nacido el infante en 1785.
Boursier, enviado por el Comité militar para constatar la presencia del prisionero, es echado por Gomin y Lasne. En medio de tantos misterios, la Convención publica un decreto: « orden es dada de perseguir en los caminos de Francia al hijo Capeto, de buscar su rastro y de no escatimar nada para traerlo de vuelta ».
Ahora, llega el plazo del tratado de la Jaulnaye, que disponía en fecha del 17 de febrero que a más tardar el 13 de julio los infantes reales serían entregados a los vendeanos. No solo la tregua es rota, sino que en el Temple, la identidad del niño sordomudo no engañaría a nadie y los complotistas no podrían deshacerse del verdadero Luis XVII. Queda hacer morir a otro niño bajo una falsa identidad. Desde marzo, habría tres niños en el Temple:

El delfín abandonado en su calabozo de la Torre del Temple
Grabado romántico.

- el auténtico Luis XVII (a menos que la evasión haya tenido lugar el 29 de octubre de 1794),
- el sordomudo en el palacio del gran prior de San Juan,
- el escrofuloso. Según ciertos historiadores, sería Charles Gonnhaut-Léninger, hijo de un jardinero de Versalles. Visitado por le Naudin, parece estar en buena salud es y muy parlanchín.

Desde termidor, habiéndose suavizado los controles, el sordomudo habría salido en un cesto de ropa sucia. Laurent le evacúa donde Josefina, en el 6, rue de Seine. Aún si esta hipótesis era falsa, nada hubiese impedido a este niño sordomudo salir después del 10 de junio, día de la inhumación del niño escrofuloso. Éste último, envenenado a pequeñas dosis, enferma. Desault, cirujano en jefe del ayuntamiento, entonces disfrazado bajo el apelativo de Hospicio de la Humanidad, seguido por sus asistentes Choppart y Doublet, es convocado al Temple. Este médico facultativo ya conoce a Luis XVII, observa que se trata de otro niño, pero lo atiende, respetando el juramento de Hipócrates.
Imprudente, le falta discreción, habiendo comenzado sus consultas el 6 ó el 7 de mayo, aguardando para no entregar su reporte más que el 31 de mayo. El día siguiente, el 1º de junio, después de una invitación a cenar donde unos convencionales, vomita, guarda cama y muere. El 4 y el 5 mueren respectivamente Choppart y Doublet.

 

EL VENENO

Desde el día siguiente, el cirujano Philippe-Jean Pelletan, asistido por Dumangin, son asignados al cuidado del niño a quien nunca antes han visto, como tampoco conocen a Luis XVII. Nada justifica la designación de un tercer médico, sin embargo Sigault se presenta en Temple en la noche del 7 al 8 de junio. ¿Qué contenía la poción? El 8 en la mañana, Houdeyer, secretario del Comité de seguridad general, hace entrega de una orden a Pelletan, conminándolo a colocar un enfermero en permanencia.
A las dos de la tarde, Pelletan es llamado de urgencia, pero el niño ya ha muerto. Rinde cuentas de ello al Comité, pero eta agencia del terror policiaco no transmite la noticia a la Convención sino hasta el final de la sesión a las cuatro horas. Uno de los escribanos de sesión, Bourguignon, ordena « continuar en el Temple el servicio como habitualmente », lo cual significa implícitamente conservar el secreto administrativo. El 9 en la mañana, cuatro comisarios de la seguridad entran al Temple y levanta la consigna de silencio.
Son seguidos por cuatro médicos: Pelletan y Dumangin, pero también Jeanroy y Lassus, éstos dos últimos ya habiendo conocido al verdadero Luis XVII.
Todos conocen la suerte de Desault y sus dos asistentes, sobre todo desde la huída de Abeillé, uno de sus cofrades, quien cruza hacia las Américas y clama por doquier a su paso que sus cofrades han sido envenenados.

 

Francósfera México-Francia, el portal de la promoción y de la defensa de la Francofonía en América. EL INDECIBLE MARTIRIO DEL PEQUEÑO REY LUIS XVII
« Entonces apareció el espectáculo más horrible que le sea dado al hombre concebir, espectáculo repugnante que no presentarán jamás dos veces los anales de un pueblo civilizado, y que los asesinos mismos de Luis XVI no pudieron contemplar sin una piedad dolorosa, mezclada de espanto. En una cámara tenebrosa, de donde no se exhalaba más que un olor de muerte y de corrupción, sobre un lecho desecho y sucio, un infante de nueve años, medio envuelto con un lienzo mugroso y un pantalón en harapos, yacía, inmóvil, con el dorso arqueado, el rostro macilento y desfigurado por la miseria, hoy desprovisto de aquel rayo de viva inteligencia que lo iluminaba antaño; en sus rasgos tan delicados, ya no se veía más que la más mohína apatía, la inercia más salvaje y que parecía atestar la más profunda insensibilidad. Sus labios decolorados y sus mejillas huecas tenían en su palidez algo de verde y de turbio; sus ojos ellos mismos azules, agrandados por la palidez del rostro, pero en los cuales toda flama estaba extinta, parecían, desde que ya no reflejaban el azur del cielo, haber tomado en su nublada inmovilidad un tinte gris y verdoso.
« ¡Y sin embargo, no le hice daño a nadie! » Luis XVII (1785-1795)
Su cabeza y su cuello estaban roídos por llagas purulentas; sus piernas, sus muslos y sus brazos, flacos y angulosos, estaban desmesuradamente alargados a expensas del busto; sus muñecas y sus rodillas estaban cargados de tumores azules y amarillentos [durante su cautiverio el reyecito contrajo sarna en las rodillas]; sus pies y manos, que ya no se parecían a una carne humana, estaban armados con uñas excesivamente largas y tenían la dureza del cuerno. Una mugre inveterada se pegaba como una pez sobre sus pequeñas sienes, esos hermosos cabellos rubios que debían tocar un día la corona de Francia, y hoy librados a la vergüenza y a los bichos; los bichos le cubrían también el cuerpo; los bichos y las chinches estaban amontonados en cada doblez de sus sábanas y de su cobertor en jirones, sobre los cuales corrían grandes arañas negras, huéspedes inmundos de los calabozos... Tal era el aspecto de esta infancia extenuada, que no tenía ya con qué alojar un corazón, – ¡corazón tan noble y amante! – y que se extinguía en la atmósfera pestilente de esta cámara. »
----------------------------------------------Alcide de Beauchesne, Luis XVII, su vida, su agonía, su muerte, cautiverio de la familia real en el Temple, libro 14.

 

UN CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN REDACTADO A LA CARRERA

Es un verdadero sálvese quien pueda. Gourlet, conserje desde hace poco, no conoce a Luis XVII, pero mide los riegos de su asignatura. Gomin y Lasne temen por sus vidas, siendo sospechosos.
Damont pretende haber reconocido a niño « aun cuando sus rasgos estuviesen alterados por la enfermedad ». Sus ayudantes Vanderbourg y Baron tal vez no fueron autorizados a acercársele y no ponen ninguna firma. Llegado hacia el medio día, Darlot no puede constatar nada, la autopsia estando acabada.
Llegado tarde el 11 de junio, Guérin, uno de los seccionarios del « Homme-Armé », redacta un principio de informe, pero no lo acaba, ni lo firma.
Todos estos figurantes la han librado solo con un susto. En revancha, de lado de los médicos, las condiciones de la autopsia son más que dudosas. Ver el atestado: « llegados al 2º piso, hallamos en la cama el cuerpo de un infante que nos pareció de unos diez años de edad aproximadamente y que los comisarios nos dijeron ser el del hijo del difunto Luis Capeto y que dos de entre nosotros reconocieron ser el niño al que daban cuidados desde hace algunos días ». ¡Es difícil alcanzar semejantes cimas en el arte del rodeo y el encubrimiento! Ahora, estos dos médicos, Pelletan y Dumangin, son precisamente los que habían no habían conocido a Luis XVII precedentemente. Su autopsia es minuciosamente descrita: una escrófula incurable, una tuberculosis de la piel y de los ganglios, pero nada figura sobre los signos dérmicos de nacimiento del infante de sangre real. Cuando Darlot y luego Guérin llegan, reconocen a Luis XVII, pero no es más que un cuerpo desnudo, con el estómago y el vientre recosidos y vendados, la bóveda craneal aserrada y recolocada, la cabeza en un gorro, la mandíbula sujetada por medio de una cinta.
En la celda no filtra más que un delgado rayo por la ranura de una tabla del cuévano.

El 10 de junio – 22 pradial – Gomin llama al enterrador Voisin y al cura. Voisin manda cavar una fosa y ordena un féretro. A las cuatro y media de la tarde, el Comité de seguridad general expide la autorización de inhumar.

S.A.R. Don Luis Alfonso de Borbón (Luis XX)
Su Alteza Real Don Alfonso, duque de Anjou, sostiene la urna de cristal que contiene el corazón de Luis XVII durante la ceremonia solemne de deposición de dicha reliquia en la Basílica de San Dionisio, París, el 8 de julio de 2004.

Los comisarios Arnoult y Goddet, seguidos por Pierre Dusser, comisario de policía del cercado del Temple, constatan el fallecimiento. Gomin y Lasne reciben la orden de contrafirmar el atestado, pero ninguno certifica la identidad del muerto. En cuanto a la declaración de Achille Sevestre, la víspera del 9 de junio en la tribuna de la Convención, debidamente registrada en los Archivos nacionales, nadie ha podido observar los atestados mencionados por el orador, por la buena y simple razón que no habían sido establecidos.
Numerosas anomalías se encadenan: múltiples fechas y horarios no concordantes son dados para la inhumación; se trata de un féretro de madera, pero la exhumación en el cementerio de Santa Margarita en 1846 concierne un ataúd de plomo; ningún comisario de la seguridad ni convencional certificaron la identidad ; la prisionera no vio a su hermano muerto ; en 1801, el general conde d’Andigné encerrado en el Temple percibe a otro detenido que jardinea al pie de la torre y descubre el cuerpo de un adolescente en la cal viva: sin duda Gonnhaut-Léninger.

 

LAS VERSIONES MÁS PLAUSIBLES DE LA EVASIÓN

Si hubo realmente evasión, los realistas no tienen nada que ver. Todos sus complots para liberar a la familia real resultan en fracasos.
Robespierre es el único entre los jefes revolucionarios, durante los seis primeros meses de 1794, que dispone de los medios de la empresa. Un miembro de la red de espionaje d’Antraigues firma una deposición: « Robespierre se llevó al rey Luis XVII a Meudon en la noche del 23 al 24 ». Se podría suponer el 24 de mayo, cuando hay que entender el 24 pradial, o sea el 12 de junio de 1794. Tres días antes de esta fecha, Claude François Payan, un hombre de confianza de Robespierre, había redactado una reseña en diez puntos que bien podía parecerse a un plan de evasión del Temple. Si la evasión tuvo lugar un año más tarde, el 10 de junio de 1795, entonces Luis XVII habría sido adormecido con un narcótico, Gomin le habría envuelto con sábanas para colocarlo en el féretro. Voisin sería cómplice, el ataúd no habría sido clavado para permitir la respiración. El niño habría permanecido en el coche mientras los cargadores sacaban un cajón lastrado.
Voisin deplora la « muerte funesta » de los cuatro cargadores en los dos meses que siguen.

La súplica de un inocente : Luis XVII rezando en su prisión del Temple

Grabado de Frederick Yeates Hurlstone (1800-1869).

 

IMPOSTORES Y PRETENDIENTES

Numerosos Luis XVII atormentaron a Francia y al mundo en el transcurso de las décadas que siguieron, entre los cuales los más célebres son ciertamente:

- Naundorff,
- Richemont,
- Hervagault,
- y un mestizo llamado Eleazar Williams, quien vivió en los Estados Unidos de América.

Todas estas candidaturas pueden ser desechadas fácilmente, con excepción de la de Karl Naundorff cuyo caso presenta más verosimilitud.
Este misterio sigue estando sin embargo principalmente fundado en presunciones, así fuesen inquietantes o creíbles.

Durante todo el siglo XIX, la cuestión de la supervivencia de Luis XVII se volvió una verdadera pesadilla para todos los regímenes sucesivos. La multiplicidad de los falsos delfines creó una psicosis. Espada de Damocles encima del Directorio, luego del Consulado, la cuestión embarazó al Imperio, pero también a los regímenes extranjeros y Luis XVIII en exilio en Mitau, donde los campesinos de Courlande lo llamaban el « Französische König », el rey francés y no el rey de Francia.
Bajo la restauración y la monarquía de Julio, los pretendientes más creíbles desataron la crónica judicial. Jules Favre selló el alto al fuego de enero de enero de 1871 en Versalles con la sortija grabada que le había obsequiado la viuda de Naundorff.

Existen numerosos rastros en Europa y en América del Norte que dejan suponer una fuga discreta del niño-rey. Nada prueba objetivamente la eventual descendencia oculta de la Casa de los Borbones directos, sino en ciertas corrientes superviventistas o providencialistas.
La revelación privada y ciertas apariciones mariales tenderían casi a apoyar la tesis de un regreso próximo de la Casa emanada de Luis XVI y de la restauración de la catolicidad en Francia y en el mundo.
Es una verdadera epopeya, que valdría la pena de ser contada, máxime que el análisis de ADN del año 2000 no decidió la cuestión.


ALGUNOS ELEMENTOS DE BIBLIOGRAFÍA:

- BOIRY (doyen Philippe), Luis XVII avait-il deux cœurs? (¿Luis XVII tenía dos corazones ?), éditions de Paris, 2004.
- RAMBAUD (condesa Agathe de), Pour l’amour du dauphin (« Por el amor del delfín »), Anovi, 2005. Parçay-sur-Vienne.
- Sitio del Instituto Luis XVII
- TULARD (Prof. Jean), del Instituto, llamado por el Instituto de la Cultura, a dar su opinión acerca de la deposición del corazón de Luis « XVII », entregó su reporte el 8 de junio de 2004.

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Enfant roi, enfant martyr. Catherine Cairn.
Infante rey, infante mártir
Preciosa bioescultura
de Catherine Cairn. Cripta de San Dionisio, París.
Francósfera México-Francia, el portal de la promoción y de la defensa de la Francofonía en América. ¡CONTRIBUYAMOS TODOS A HONRAR LA MEMORIA DE UN JUSTO!
Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador de la FMF.
En 2005, en virtud de una loable iniciativa del Señor Jack-Yves Bobot, concejal en el III distrito de París, una petición fue sometida al Consejo de París en « Sesión de los días 20 y 21 de junio de 2005 » buscando que las autoridades de la ciudad rindan un debido homenaje a la memoria del infante mártir.
En esta perspectiva, el Sr. M. Bobot expresaba que: « La República se preocupa por las víctimas, cualesquiera que sean su rango social, su origen, su convicción filosófica o religiosa.
Ese pequeño niño, cogido en tormentas políticas que se lo rebasaban, queda ante todo como una víctima y su calvario no ha dejado a los parisinos insensibles.
Doscientos diez años después de este trágico episodio de la Revolución francesa, París debe hacer acto de memoria para este pequeño chico “culpable de su solo nacimiento” ».
El Consejo de París emite el voto de que la denominación “Luis XVII” sea atribuida a una plaza o a una calle de la Ciudad de París
».
En apoyo a esta noble resolución, el sitio Les Manants du Roi nos recuerda con justeza cuan, a nuestra vez, « tenemos el deber de dar cuerpo a este deseo. Todos juntos, fuera de todo espíritu partisano y de todo espíritu de camarilla. La “res publica” no podrá sino ser engrandecida »; asimismo, una petición fue lanzada « a fin de apoyar este deseo, que es un deseo de reconciliación ».
Por otro lado, en torno a un Comité de patrocinio una suscripción será lanzada para edificar una escultura a la memoria del Pequeño Rey, « en la cual todos los niños mártires se hallarán ».
Así, con la fuerza de sus más de 600 000 conexiones mensuales a su sitio, la Francósfera México-Francia se une resueltamente a este admirable proyecto e invita respetuosamente a todo su lectorado en el mundo hispánico y de allende a participar en él activamente, firmando la petición en línea instalada para tal efecto: http://www.lesmanantsduroi.com/LouisXVII-petition.php

 

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