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Cinematógrafo Folía Lumière.

 

Retrospectiva Harold Lloyd.

 

Fósforo...  Regresa al Cine

 

 

 

 

 

 

“Filmación kinetoscópica Edison de un estornudo”, 7 de enero de 1894.

 

 

 

Contrariamente a una idea muy difundida en el público común, el Cine Mudo (llamado de manera corriente y errónea cine silente) dista mucho de ser una mera anécdota o puramente un estilo cinematográfico; muy al contrario, no es nada menos que el fundamento, la raíz misma de lo que un día se llegaría a denominar como el “Séptimo Arte”.

Sin duda, el nacimiento del cinematógrafo, en el ocaso del siglo XIX, representa los albores de una nueva era, de una nueva visión del mundo, del universo, con sus intereses, sus pasiones, sus estilos y técnicas propias, pero constituye igualmente un lenguaje novedoso y revolucionario en sí y por sí mismo, sin paralelo alguno en toda la historia de las ciencias y de las artes humanas: el lenguaje cinematográfico, que irá mutando y desarrollándose a lo largo del siglo XX, explorando lugares, sujetos y temáticas, a la vez que irá descubriendo y generando formas y estilos inéditos, discursos y propuestas originales, creando poco a poco, a lo largo de un largo proceso, la gramática y el discurso todo de la narrativa visual contemporánea.

 

Consumación última de las expectativas y búsquedas decimonónicas por alcanzar y cristalizar la “Obra Total”, reuniendo al fin en el año 1895 - gracias a los trabajos de los hermanos Augusto y Luis Lumière - todas las artes en una única y monolítica obra monumental, polifacética y pluridisciplinaria, la llegada del maravilloso cinematógrafo, en su estado primitivo, pues “mudo”, nos ha legado incomparables obras fílmicas que constituyen aún hoy, a pesar de la colosal evolución y las múltiples mutaciones ocurridas en la técnica y en el lenguaje narrativos a través de poco más que un siglo, bases irremplazables para el pensador y el creador moderno.

 

Bases en el plan temático, iconográfico, secuencial, metodológico, puesto que, en efecto, ya en aquellos tiempos en apariencia remotos para el público ordinario contemporáneo, podemos hallar a profusión el trabajo y la reflexión sobre temas que, aún hoy, siguen siendo de actualidad en los albores de nuestro joven y desesperanzado Siglo XXI: industrialización desenfrenada, control de masas, problemáticas sociales, mitos antiguos y de la modernidad, crimen, poder y pasión, drogas, sexualidad, amor, deseo...

De manera absolutamente errónea, se tiende a pensar que la llegada del cine sonoro marca el fin de la era muda, relegando a su ilustre antecesor a los cajones sombríos del olvido; sin embargo, basta recordar que las proyecciones anteriores al año 1927 rara vez eran literalmente “mudas”, como se dice vulgarmente, siendo - si no por principio, ciertamente por costumbre - acompañadas por uno o más músicos, e inclusive actores y comediantes que interpretaban los roles que los espectadores presenciaban de manera simultánea en la pantalla. Entre otras figuras similares, tal fue el caso particularmente de la escuela Benshi del Japón. Por supuesto, tales prácticas desaparecieron sin embargo gradualmente, al considerárselas con el pasar de los años innecesarias y obsoletas, e incluso según algunos contrarias a la esencia misma y a la pureza del cine.

 

No obstante, es la intención y el propósito del Cinematógrafo Folía Lumière revivir esas imágenes y sonidos del pasado, al mismo tiempo que comprometerse con la preservación y la difusión del patrimonio mundial del cine mudo. Estas prioridades van acompañadas de la firme voluntad de elevar a nuestra patria, México, al nivel de los países de Europa en lo que se refiere a la difusión, regularidad, recurrencia, y conocimiento del patrimonio del cine mudo y el legado de sus grandes creadores e intérpretes.

Más allá de estas primicias, todas las presentaciones del Cinematógrafo Folía Lumière son una ventana y un viaje en el tiempo que brindan nuevamente al público la atmósfera única y el perfume añejo de esos tiempos a veces olvidados, integrando de lleno al espectador en esa maravillosa época que hizo literalmente explotar al mundo en un estallido inesperado de imágenes, de movimiento, de luz y... de música.

 

Eduardo Garzón-Sobrado

Presidente-fundador

 

 

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