LAS
IV
JORNADAS
ALFONSINAS
se llevaron a cabo durante el mes de octubre y
cada martes del mismo mes se presentaron en la
Casa
Universitaria del Libro las películas
del proyecto “Fósforo regresa al
cine” en su totalidad. Aunque solamente
una de las sesiones cinematográficas estuvo
incluida en la beca que otorgó el FONCA
para realizar este proyecto, el cinematógrafo
Imperial Folía-Lumière, así
como los organizadores de las Jornadas Alfonsinas
y las autoridades de la UNAM,
llegaron a un acuerdo para presentar todo el ciclo
en beneficio de los estudiantes y el público
en general. Por este motivo comentaremos solamente
la película que no se había presentado
antes. Es menester añadir algo más
sobre las Jornadas Alfonsinas. Como nuestros atentos
y conocedores lectores saben, el mes de octubre
pasado se conmemoraron 120 años del natalicio
de Martín Luis Guzmán. Fue un acierto
del Presidente de las Jornadas Alfonsinas, reconocido
sobre todo y como es la costumbre que suceda,
por nuestros sinceros asistentes para quienes
está realmente dirigido y dedicado este
proyecto, reunir alrededor de esa fecha dos grandes
y muy importantes empresas en un solo objetivo
esto es, Las Jornadas Alfonsinas y el Cinematógrafo
Imperial Folía-Lumière para rendir
un merecido homenaje tanto al cine mudo como a
los autores mexicanos que inauguraron el género
de la crítica cinematográfica. Así
el ciclo “Fósforo regresa al cine”
estuvo debidamente complementado con sendas conferencias
magistrales por parte de tres importantes figuras
de la cultura en México, profundos conocedores
e investigadores del cine y de nuestros ilustres
autores. Tuvimos el honor de recibir y escuchar
a la Dra. Alicia Reyes quien leyó un texto
sobre Alfonso Reyes y el cine, mismo que esperamos
el lector interesado pueda consultar en esta misma
página muy pronto, el Dr. Fernando Curiel
quien realizó algunos comentarios en torno
a Martín Luis Guzmán, y para cerrar
las Jornadas Alfonsinas y en cierto sentido también
nuestro proyecto “Fósforo regresa
al cine”, el Dr. Manuel González
Casanova muy amablemente nos ofreció una
magna conferencia sobre Alfonso Reyes y el cine
italiano.
La película
estelar de esta ocasión es “La vida
de Cristóbal Colón” misma
que no se había presentado y que de hecho
fue un estreno en México pues, según
la información que obtuvimos por parte
de la Filmoteca de la UNAM,
cuando esta película llegó a nuestro
país, se mantuvo en archivo y sólo
gracias a nuestra iniciativa se logró presentarla.
Les rogamos a nuestros lectores considere este
comentario con reservas pues no es definitivo
ni oficial.
Esta
película como cualquier otra
puede presentarse a partir de distintos
puntos de partida. Lo interesante con
respecto a los comentarios de Fósforo
es que además de ser uno de los
más extensos, Reyes (autor del
texto reconocido posteriormente), se
ocupó de un aspecto que nos parece
actual e importante. En efecto dice
Alfonso Reyes a manera de conclusión
en su artículo sobre la vida
de Cristóbal Colón:
“¡Cuidado con las inexactitudes
históricas, más funestas
–por más populares–
cuando entran por los ojos que cuando
entran por los oídos!”
Decimos a manera de conclusión
pero en su momento fue en realidad una
petición que hacía Reyes
a los realizadores de esta película
puesto que él escribe su artículo
cuando la película todavía
no se ha estrenado y de hecho nos informa
Reyes de la ruta que seguirá
la filmación en distintas ciudades
y poblaciones de España. De tal
manera que todavía el autor más
enfáticamente declara: “Vaya
el director con cautela y recuerde que
sobre los restos de Colón, por
ejemplo, pudiera todavía provocarse
una tremolina erudita.”
Solicitamos
al lector nos permita y disculpe una
breve digresión a propósito
de los anteriores comentarios.
¿Nos es verdad que la opinión
pública, aunque hagamos una generalización
con todo y su riesgo, se manipula mejor
a través de las imágenes?
¿Procede con otra intención
la publicidad, comercial o política?
Las inexactitudes históricas
están a la orden del día
en nuestro país, bastaría
con ver la muy conocida serie “histórica”
que lleva como sello el nombre de una
musa griega. Como quiera que sea la
“tremolina erudita” es sólo
eso, un asunto de intelectuales del
que poco entienden los grandes públicos,
sin embargo una vez en imágenes
se logra manipular mejor la opinión
pública. Tal vez en la antigua
Grecia y Roma importase más el
uso correcto del lenguaje hablado y
el convencimiento se lograse por el
oído, pero ahora en la era de
la imagen el predominio parece residir
en ésta principalmente, así
es como Alfonso Reyes lo entiende.
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| Cartel
oficial de Fósforo...
regresa al Cine - IV Jornadas
Alfonsinas. |
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Sobre los restos
de Colón hay todavía mucho que discutir.
Es sin duda un personaje prototípico hacia
el cual confluyen temas que despiertan la polémica
en distintos niveles. El libro de Jacques Heers
Christophe Colomb publicado en 1981 establece
un ejemplo relativamente cercano a nosotros cuando
en el proemio dice que: “Pocos héroes
han suscitado tantas polémicas y tantos
enfrentamientos entre eruditos: sobre sus orígenes
y su familia, sobre su nacimiento y años
de aprendizaje, e incluso sobre sus méritos.
¿Italiano o catalán? ¿Judío
converso? ¿Portugués? ¿Hijo
de un noble castellano que no osa revelar su nombre?
¿Plagiario y ladrón de un secreto?”
A estas mismas
cuestiones se enfrentó Reyes en distintos
lugares de su obra y el texto de Fósforo
del 14 de julio de 1916 que venimos comentando
lo muestra así. Pero podría consultarse
también el conjunto de ensayos titulado
Última Tule en
donde observamos la persistencia de estas inquietudes
en la actividad intelectual de Alfonso Reyes.
Allí encontramos los siguientes comentarios:
“Decía Francisco López de
Gómara que el descubrimiento de América
ha sido ‘la mayor cosa después de
la creación del mundo, sacando la encarnación
y muerte del que lo creó’. Semejante
actitud mental, que muchos después de Gómara
han adoptado y que revela un asombro por cierto
bien legítimo, equivale a abrir desmesuradamente
los ojos. Pero es sabido que no por eso se ve
mejor, al contrario. Los ojos desmesurados son
los ojos de la alucinación y del éxtasis.
De por sí, ellos engendran los fantasmas
de la leyenda.”
No queremos sugerir otra cosa
sino la importancia que tuvo para Alfonso Reyes
el tema de la leyenda de Colón y sus reflejos
en la cinematografía. Por extensión
este asunto nos ha llevado a considerar como conclusión
y punto de partida la crítica de las “películas
históricas” y su influencia en la
imaginación e ideología de los espectadores.
Por lo demás la película que presentamos
en este proyecto muestra por momentos las mencionadas
inexactitudes históricas que Reyes deseaba
se evitaran. Por desgracias no conocemos un texto
de Alfonso Reyes en el cual una vez vista la película,
complementaran los comentarios que precedieron
a la misma. Aunque seguimos investigando la cuestión,
podemos anticipar que de no existir tales comentarios
y estudios complementarios con base en el conocimiento
de la película, serían uno de los
puntos débiles de Alfonso Reyes y Martín
Luis Guzmán como críticos de la
cinematografía de su época.
Deseamos terminar
con una cita del ensayo “La imaginación
del Nuevo Mundo” de José Pascual
Buxó quien escribe lo siguiente: “…el
cosmógrafo Gerardo Mercator –admirado
hasta nuestros días por la precisión
científica de sus mapas- situaba el Paraíso
terrenal, ya no en el Oriente, sino en el polo
ártico; en su Septentrionalium terrarum
scriptio emerge del polo una formidable montaña
(Rupes nigra et altissima) de la que
dimanan cuatro grandes ríos cuyos brazos
se extienden hacia los cuatro puntos cardinales.
¿Qué pensarían los historiadores
de hoy al confirmar la supervivencia de esos símbolos
‘irracionales’ en un científico
como Mercator al que, bajo ningún respecto,
se le puede tildar de místico iluminado?
Quizá puedan concedernos que la verdadera
historia del mundo no es otra cosa que los sucesivos
conjuntos de imágenes –contradictorias
y compatibles- que los hombres se van formando
de él.”
Estas ideas nos
han sugerido una de las tantas posibles maneras
de abordar la discusión sobre las adaptaciones
o reconstrucciones históricas a través
de la cinematografía. Esperamos que los
comentarios de Reyes y Guzmán sean un punto
de partida interesante sobre esta cuestión
para nuestros amables lectores.