Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
VIDA RELIGIOSA DE NAPOLEÓN

Por Monseñor

Wilmoz Tower
Prelado pontificio, emérito Arcediano castrense

Traducción del Cgo. Jesús García Gutiérrez. Instituto Napoleónico México-Francia ©
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« Cristo de los Ultrajes » 
Punzante imagen de Nuestro Señor proveniente de la capilla personal del Emperador Napoleón en Longwood House, isla de Santa Helena.
En sus memorias, el fiel mameluco Alí relata que « el Emperador, tras haberse enterado de que el Gran Mariscal [Bertrand] tenía un cuadro, dibujo de una cabeza de Cristo (Ecce Homo), de tamaño natural, se la mandó pedir y la hizo colocar sobre el tabernáculo ».
« Alejandro y los demás, con su genio fracasaron en ello. Quienes creen en Jesucristo aman a alguien a quien no vieron. Es un hecho inexplicable a la razón, imposible a las fuerzas del hombre »
Napoleón.

Con toda razón dice Carlyle que « desde cualquier punto de vista hay que decir que el hecho más importante para un hombre es su religión » (1). Y tratándose de Napoleón también importa saber, no solamente cuales fueron sus ideas, religiosas en teoría y en sus relaciones con los demás, sino más todavía hasta qué punto practicó personalmente su religión, y a este respecto podemos decir lo que sigue.
Napoleón leía con frecuencia Y muchas veces en voz alta la Sagrada Escritura, o sea el Antiguo y el Nuevo Testamento (2) Y a este propósito cuenta Las Cases que, en una ocasión hizo que su hijito, el pequeño Las Cases, le llevara el Evangelio y leyó todo entero el « sermón de la montaña », diciendo que había quedado arrebatado y extasiado con la pureza, la sublimidad y la belleza de la moral que enseña. (3)

Después de sus victorias más sonadas y de los acontecimientos más alegres solía mandar que se cantara un Te Deum, al cual asista personalmente con toda su corte, para darle mayor solemnidad y ya en 1801 se registró como un acontecimiento que maravilló a todo el dominio francés el hecho de que el 18 de junio hubiera asistido Napoleón con todo su Estado Mayor a la misa solemne de acción de gracias celebrada en el Duomo de Milán, hecho del cual el mismo día dio noticia a los Cónsules (4) Y el 25 de marzo del año siguiente para celebrar la paz de Amiens y el 18 de abril por la conclusión del Concordato mandó celebrar funciones solemnes de acción de gracias, a las que asistió personalmente a la cabeza de sus generales, como lo hizo siempre en ocasiones posteriores.

Napoleón yendo a misa
Ilustración del Barón Felician von Myrbach-Rheinfeld (1853-1940).

También en otras ocasiones oía Napoleón la Santa Misa; y cuando estaba en París la oía todos los domingos con la emperatriz y la corte. Siempre se hizo notar la digna compostura que observaba durante las funciones sagradas, que formaba contraste con las actitudes frívolas de los anteriores reyes de Francia. (5)

Servicio religioso de la capilla del Emperador
Estas hermosas piezas en plata portan las iniciales LBR, de Leticia Bonaparte Ramolino, madre de Napoleón, quien era su propietaria. Estos objetos la acompañaron durante su exilio romano, hasta que le fueron enviados a Napoleón en 1819 junto con una capilla romana ordenada por el Cardenal Fesch, tío del Emperador.

 

En Santa Helena, cuando llegaron los dos sacerdotes, no solamente dispuso que uno de los dos celebrara la misa en su comedor « todos los domingos y fiestas de guardar », sino que tuvo cuidado de que también los demás la pudieran oír, y más tarde quiso que se celebrara diariamente. (6)
Siempre hacía genuflexión al pasar por el altar del Santísimo Sacramento. (7)
Cuando fueron abiertas, en las habitaciones de Napoleón, las cajas que llevó Antonmarchi, todos metieron la mano, incluso Napoleón, pero en llegando a los ornamentos sagrados no quiso Napoleón que los tocaran sino los sacerdotes, diciendo: « Llamad a los sacerdotes y cuidado con que alguno toque estos objetos ». (8)

Desde que subió al trono no volvió a comulgar, pero hasta en esto es de notar su conducta franca y viril. Para ser coronado, debía haber comulgado, según el antiguo ceremonial y si hubiera sido crédulo o no hubiera tenido respeto al sacramento hubiera tomado también esta ceremonia a la ligera, y hubiera comulgado sin más ni más, pero no quiso recibir indignamente el sacramento y prefirió hacerse dispensar la comunión y así lo entendió Pío VII. (9)

El Viernes Santo ayunaba con toda su corte, y por lo tocante a los demás ayunos hizo que se los dispensaran por motivos de salud. (10)

Hasta el día de su coronación vivió Napoleón con Josefina sin más lazo que el registro civil del matrimonio, tal vez desde entonces con la intención secreta de separarse a la hora en que se convenciera de que no había de tener hijos, pero para los demás siempre procuró el matrimonio religioso, y así, por ejemplo, obligó a su cuñado Murat a casarse por la Iglesia, y antes de su coronación regularizó su matrimonio con Josefina, si bien más tarde fue declarado nulo, (11) pero con María Luisa se casó por la Iglesia por procurador.

Siempre le fue muy querido el toque de las campanas al Ave María y a las oraciones de la tarde (12).

Crucifijo del Emperador Napoleón
Esta hermosa cruz de madera ennegrecida y plata, de factura romana, llegó a Longwood House en 1819, llevada por los curas enviados por el Cardenal Fesch. Tras el fallecimiento del Emperador, el abate Vignali posó este sacro objeto sobre el pecho del soberano difunto, permaneciendo allí durante toda la duración de los oficios religiosos.
Muerte de Napoleón religioso
Esta romántica litografía de Horace Vernet data del año 1838; representa los profundos momentos en los que, tras haberse confesado y comulgado, el Emperador recibe del abate Vignali los últimos sacramentos, o extremaunción, el 3 de mayo de 1821. « Estoy feliz, he cumplido con todos mis deberes (...) debo, quiero rendirle gloria a Dios », dirá el día siguiente, poco antes de extinguirse, el 5 de dicho mes.

Hacia el fin de su vida hizo llamar muchas veces al sacerdote y para que no llamara la atención hacía que se presentara vestido de seglar, y cuando comulgaba quería que « a nadie mostrase lo que llevaba, (a saber el Santísimo) ». «Un día, escribe Montholon, (la tarde del 20 de abril), me dijo el general que llamara yo al sacerdote; que después los dejara solos y no volviera yo sino después de que hubiera salido el sacerdote y que nadie supiera que en esa tarde había estado Vignali conmigo. Obedecí. El sacerdote estuvo con el Emperador cerca de una hora y cuando volví a su lado lo encontré muy tranquilo, sin que en su voz se notara la menor excitación, habló de religión y poco minutos después se durmió». (13)

El 21 de abril dijo Napoleón a Vignali: « Yo nací en la Iglesia Católica y quiero cumplir las obligaciones que me impone y gozar de las fuerzas que proporciona ». (14)

Antonmarchi escribe que un día (el 3 de mayo) mientras salía Vignali de la cámara del emperador, pudo percatarse de que le había administrado los últimos sacramentos. (15)

En realidad, Napoleón se confesó, recibió los últimos sacramentos y dijo después estas hermosas palabras: « Ya hice las paces con toda la humanidad ». (16)

NOTAS:

1) « It is wel1 said, in every sense, that a man’s religion is the chief part with regard to him », (On heroes, hero-worship and the heroic of history, 1873, página 2).
(2) Dr. Barry Edward O’Meara, « Napoleon in Exile », (« Napoleon in der verbannung »), Dresda, 1822, II, página 106.
(3) Conde Emmanuel de Las Cases, « Memorial de Santa HHelena (7 de junio de 1816).
(4) « Correspondencia de Napoleón I », publicada por Napoleón III, 1858; VI, página 269.
(5) Dr. Engelbert Fischer, « Napoleón », I, 1904, páginas 232 y 235; - Frédéric Masson: « Napoleon en Hause », (En alemán v. Marsehall v Bieberstein, 3ª edición, página 278). - Weisz, Szabo, « Historia Universal ». (Edición húngara, 1897-1905, volumen XXII, páginas. 24-9 y 253).
(6) Francisco Antommarchi, Les derniers moments (« Los últimos momentos de Napoleón »), páginas 52 y 80; II, página 67.
(7) « El pontificado de Pío VII », I, página 163.
(8) Francisco Antommarchi, « Les derniers momens », I, página 51.
(9) Dr. Englebert Fischer, Op. cit., páginas 200-1.
(10) Dr. Englebert Fischer, Op. cit., página 235.
(11) Alegando como motivo que no había estado presente « el pastor propio de las partes », al cual ni siquiera se le había avisado, siendo así que el concilio de Trento exige su presencia, para la validez, cuando menos por delegación.
12) Conde de Las Cases, « Memorial de Santa HHelena », (Edic. 1923, página 251).
13) Conde de Montholon, « Récits de la captivité de l’Empereur Napoléon à Sainte-Hélène », (« Relatos de la cautividad de Napoleón en Santa HHelena ») II, páginas. 53-4.
(14) Recuerda Antommarchi, que el 21 de abril de 1821, Napoleón: « ... a la una y media mandó por Vignali. « ¿Sabéis, abate, lo que es una capilla ardiente? » – sí, Majestad – ¿Habéis servido en alguna? – En ninguna. Pues bien, serviréis en la mía ». Entra en este asunto en los más grandes detalles, y da al cura largas instrucciones. Su figura estaba animada, convulsiva; yo seguía con inquietud las contracciones que sufría, cuando sorprendió en la mía no sé qué movimiento que le disgustó. « Estáis por arriba de estas flaquezas; pero qué queréis, no soy ni filósofo ni médico. Yo creo en Dios, soy de la religión de mi padre: no es ateo quien quiere. » Luego, regresando al cura: « Nací en la religión católica, quiero cumplir los deberes que me impone y recibir el socorro que administra. Diréis todos los días la misa en la capilla contigua, y expondréis el Santo Sacramento durante las cuarenta horas. Cuando esté muerto, colocaréis vuestro altar a mi cabeza, en la capilla ardiente; continuaréis celebrando la misa, haréis todas las ceremonias debidas, no cejaréis hasta que esté en la tierra. »
(15)
Dice textualmente Antommarchi en su obra: « ... el enfermo se ha reposado algunos instantes. La fiebre disminuye. Nos retiramos. Vignali se queda solo, y nos alcanza algunos instantes después, en la pieza contigua, en donde nos anuncia que administró el viático al Emperador ». El afirma que Napoleón recibióel santo viático dos veces, la primera de ellas teniendo lugar durante la noche del 29 de abril de 1821.
(16) Dr. Engelbert Fischer, Op. cit., páginas 251-2.