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Cristo de los Ultrajes
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Imagen proveniente de la capilla
personal del Emperador Napoleón
en Longwood House, isla de Santa
Helena. En
sus memorias, el fiel mameluco
Alí relata que «
el Emperador, tras haberse enterado
de que el Gran Mariscal [Bertrand]
tenía un cuadro, dibujo
de una cabeza de Cristo (Ecce
Homo), de tamaño natural,
se la mandó pedir y la
hizo colocar sobre el tabernáculo
».
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Alejandro y los demás,
con su genio fracasaron en
ello. Quienes creen en Jesucristo
aman a alguien a quien no
vieron. Es un hecho inexplicable
a la razón, imposible
a las fuerzas del hombre
» |
Napoleón. |
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Con
toda razón dice Carlyle que “desde
cualquier punto de vista hay que decir
que el hecho más importante para
un hombre es su religión”
(1). Y tratándose
de Napoleón también importa
saber, no solamente cuales fueron sus
ideas, religiosas en teoría y
en sus relaciones con los demás,
sino más todavía hasta
qué punto practicó personalmente
su religión, y a este respecto
podemos decir lo que sigue.
Napoleón leía con frecuencia
Y muchas veces en voz alta la Sagrada
Escritura, o sea el Antiguo y el Nuevo
Testamento (2)
Y a este propósito cuenta Las
Cases que, en una ocasión hizo
que su hijito, el pequeño Las
Cases, le llevara el Evangelio y leyó
todo entero el “sermón
de la montaña”,
diciendo que había quedado arrebatado
y extasiado con la pureza, la sublimidad
y la belleza de la moral que enseña.
(3)
Después de sus
victorias más sonadas y de los
acontecimientos más alegres solía
mandar que se cantara un Te Deum, al
cual asista personalmente con toda su
corte, para darle mayor solemnidad y
ya en 1801 se registró como un
acontecimiento que maravilló
a todo el dominio francés el
hecho de que el 18 de junio hubiera
asistido Napoleón con todo su
Estado Mayor a la misa solemne de acción
de gracias celebrada en el Duomo de
Milán, hecho del cual el mismo
día dio noticia a los Cónsules
(4) Y el 25 de
marzo del año siguiente para
celebrar la paz de Amiens y el 18 de
abril por la conclusión del Concordato
mandó celebrar funciones solemnes
de acción de gracias, a las que
asistió personalmente a la cabeza
de sus generales, como lo hizo siempre
en ocasiones posteriores.
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Napoleón
yendo a misa, por
F. De Myrbach |
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También
en otras ocasiones oía Napoleón
la Santa Misa; y cuando estaba en París
la oía todos los domingos con
la emperatriz y la corte. Siempre se hizo notar
la digna compostura que observaba durante las
funciones sagradas, que formaba contraste con
las actitudes frívolas de los anteriores
reyes de Francia. (5)
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Servicio
religioso de la capilla del Emperador |
Estas
hermosas piezas en plata portan
las iniciales LBR,
de Leticia Bonaparte Ramolino, madre
del Emperador, quien era su propietaria.
Estos objetos la acompañaron
durante su exilio romano, hasta
que le fueron enviados a Napoleón
en 1819 junto con una capilla romana
ordenada por el Cardenal Fesch,
tío del Emperador. |
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En Santa
Helena, cuando llegaron los dos sacerdotes,
no solamente dispuso que uno de los dos celebrara
la misa en su comedor “todos los domingos
y fiestas de guardar”, sino que tuvo
cuidado de que también los demás
la pudieran oír, y más tarde quiso
que se celebrara diariamente.
(6)
Siempre hacía genuflexión al pasar
por el altar del Santísimo Sacramento.
(7)
Cuando fueron abiertas, en las habitaciones
de Napoleón, las cajas que llevó
Antonmarchi, todos metieron la mano, incluso
Napoleón, pero en llegando a los ornamentos
sagrados no quiso Napoleón que los tocaran
sino los sacerdotes, diciendo: “Llamad
a los sacerdotes y cuidado con que alguno toque
estos objetos”. (8)
Desde que subió
al trono no volvió a comulgar, pero hasta
en esto es de notar su conducta franca y viril.
Para ser coronado, debía haber comulgado,
según el antiguo ceremonial y si hubiera
sido crédulo o no hubiera tenido respeto
al sacramento hubiera tomado también
esta ceremonia a la ligera, y hubiera comulgado
sin más ni más, pero no quiso
recibir indignamente el sacramento y prefirió
hacerse dispensar la comunión y así
lo entendió Pío VII. (9)
El Viernes Santo
ayunaba con toda su corte, y por lo tocante
a los demás ayunos hizo que se los dispensaran
por motivos de salud. (10)
Hasta el día
de su coronación vivió Napoleón
con Josefina sin más lazo que el registro
civil del matrimonio, tal vez desde entonces
con la intención secreta de separarse
a la hora en que se convenciera de que no había
de tener hijos, pero para los demás siempre
procuró el matrimonio religioso, y así,
por ejemplo, obligó a su cuñado
Murat a casarse por la Iglesia, y antes de su
coronación regularizó su matrimonio
con Josefina, si bien más tarde fue declarado
nulo, (11) pero con María
Luisa se casó por la Iglesia por procurador.
Siempre le fue
muy querido el toque de las campanas al Ave
María y a las oraciones de la tarde
(12).
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Crucifijo
del Emperador Napoleón
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Esta
hermosa a cruz de madera
ennegrecida y plata, de
factura romana, llegó
a Longwood House en 1819,
llevada por los curas enviados
por el Cardenal Fesch. El
abate Vignali la posó
sobre el pecho del Emperador
cuándo éste
murió, permaneciendo
allí durante los
oficios. |
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| El
abate Vignali administra el
viático a Napoleón
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Esta
rara y romántica litografía
de Horace Vernet data de del
año 1838. Representa
el momento en que, después
de haber comulgado, el Emperador
recibe los últimos
sacramentos, o extremaunción,
el 3 de mayo de 1821. Napoleón
se extinguiría poco
después, el 5 de dicho
mes. |
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Hacia el fin
de su vida hizo llamar muchas veces al sacerdote
y para que no llamara la atención hacía
que se presentara vestido de seglar, y cuando
comulgaba quería que “a
nadie mostrase lo que llevaba,
(a saber el Santísimo)”. “Un
día, escribe Montholon, (la tarde
del 20 de abril), me dijo el general que
llamara yo al sacerdote; que después
los dejara solos y no volviera yo sino después
de que hubiera salido el sacerdote y que nadie
supiera que en esa tarde había estado
Vignali conmigo. Obedecí. El sacerdote
estuvo con el Emperador cerca de una hora y
cuando volví a su lado lo encontré
muy tranquilo, sin que en su voz se notara la
menor excitación, habló de religión
y poco minutos después se durmió”.
(13)
El 21 de abril
dijo Napoleón a Vignali: “Yo
nací en la Iglesia Católica y
quiero cumplir las obligaciones que me impone
y gozar de las fuerzas que proporciona.”
(14)
Antonmarchi
escribe que un día (el 3 de mayo) mientras
salía Vignali de la cámara del
emperador, pudo percatarse de que le había
administrado los últimos sacramentos.
(15)
En realidad,
Napoleón se confesó, recibió
los últimos sacramentos y dijo después
estas hermosas palabras: “Ya
hice las paces con toda la humanidad”.
(16)
NOTAS:
1) “It
is wel1 said, in every sense, that a man’s
religion is the chief part with regard to him”,
(On heroes, hero-worship and the heroic
of history, 1873, página 2).
(2) Dr. Barry Edward O’Meara, “Napoleon
in Exile”, (“Napoleon in der
verbannung”), Dresda, 1822, II, página
106.
(3) Conde Emmanuel de Las Cases, “Memorial
de Santa HHelena (7 de junio de 1816).
(4) “Correspondencia de Napoleón
I”, publicada por Napoleón
III, 1858; VI, página 269.
(5) Dr. Engelbert Fischer, “Napoleón”,
I, 1904, páginas 232 y 235; - Frédéric
Masson: “Napoleon en Hause”,
(En alemán v. Marsehall v Bieberstein,
3ª edición, página 278).
- Weisz, Szabo, “Historia
Universal”. (Edición húngara,
1897-1905, volumen XXII, páginas. 24-9
y 253).
(6) Francisco Antommarchi, Les derniers
moments (“Los últimos momentos
de Napoleón”), páginas 52
y 80; II, página 67.
(7) “El pontificado de Pío
VII”, I, página 163.
(8) Francisco Antommarchi, “Les
derniers momens”, I, página
51.
(9) Dr. Englebert Fischer, Op. cit.,
páginas 200-1.
(10) Dr. Englebert Fischer, Op. cit.,
página 235.
(11) Alegando como motivo que no había
estado presente “el pastor propio de las
partes”, al cual ni siquiera se le había
avisado, siendo así que el concilio de
Trento exige su presencia, para la validez,
cuando menos por delegación.
12) Conde de Las Cases, “Memorial
de Santa HHelena”, (Edic. 1923, página
251).
13) Conde de Montholon, “Récits
de la captivité de l’Empereur Napoléon
à Sainte-Hélène”,
(“Relatos de la cautividad de Napoleón
en Santa HHelena”) II, páginas.
53-4.
(14) Recuerda Antommarchi, que el 21 de abril
de 1821, Napoleón: “... a la
una y media mandó por Vignali. “¿Sabéis,
abate, lo que es una capilla ardiente?”
– sí, Majestad – ¿Habéis
servido en alguna? – En ninguna.
Pues bien, serviréis
en la mía.”
Entra en este asunto en los más grandes
detalles, y da al cura largas instrucciones.
Su figura estaba animada, convulsiva; yo seguía
con inquietud las contracciones que sufría,
cuando sorprendió en la mía no
sé qué movimiento que le disgustó.
“Estáis por
arriba de estas flaquezas; pero qué queréis,
no soy ni filósofo ni médico.
Yo creo en Dios, soy de la religión de
mi padre: no es ateo quien quiere.”
Luego, regresando al cura: “Nací
en la religión católica, quiero
cumplir los deberes que me impone y recibir
el socorro que administra. Diréis todos
los días la misa en la capilla contigua,
y expondréis el Santo Sacramento durante
las cuarenta horas. Cuando esté muerto,
colocaréis vuestro altar a mi cabeza,
en la capilla ardiente; continuaréis
celebrando la misa, haréis todas las
ceremonias debidas, no cejaréis hasta
que esté en la tierra.”
(15) Dice textualmente Antommarchi en su
obra: “... el enfermo se ha reposado
algunos instantes. La fiebre disminuye. Nos
retiramos. Vignali se queda solo, y nos alcanza
algunos instantes después, en la pieza
contigua, en donde nos anuncia que administró
el viático al Emperador”.
(16) Dr. Engelbert Fischer, Op. cit.,
páginas 251-2.