
Envenenamiento
de Napoleón
Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
CARTA
DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD NAPOLEÓNICA
INTERNACIONAL
 |
Dr.
Ben Weider |
Hace
unos treinta años, cuando
comencé mis investigaciones
con el Dr. Sten Forshufvud de Suecia,
me vino una duda acerca de la versión
oficial, tradicional, de la muerte
de Napoleón. Versión,
que, desde 1821, se había
transmitido de generación
en generación, fundamentándose
en la Historia y la memoria colectiva
bajo la forma de una imagen conveniente,
reconfortante, casi de una imagen
piadosa con la cual cada uno de
nosotros había crecido, y
que siempre había hecho parte
de la leyenda.
Sin
embargo, me pareció que,
detrás de esta versión
oficial jamás puesta en duda
de manera seria, podía existir
otra hipótesis que siempre
se había rechazado examinar:
la de un crimen odioso cuidadosamente
oculto. Traté entonces de
seguir una pista nueva haciendo
de lado las ideas preestablecidas,
peligrosas porque ciegan y paralizan
el pensamiento.
Durante años, me consagré
a detectar las mentiras, a indagar
hechos desconocidos, a hacer una
selección entre lo verosímil
y lo que no lo era en el contexto
turbio de la época.
Subrayo que al no ser francés
sino canadiense, no estuve bajo
la influencia de ninguna segunda
intención cultural, política
o histórica sobre el tema.
Sin
deformarlos, simplemente examiné
los hechos bajo un ángulo
nuevo, y seguí cada pista
tan lejos como era humanamente posible
hacerlo ciento cincuenta años
más tarde. Fue para hacer
progresar el conocimiento por lo
que llevé a cabo una investigación
desprovista de prejuicios, «
libre », desinteresada y que
la puse al servicio de la verdad.
Pero yo sabía que toda demostración
factual y plausible no sería
nunca nada más que una presunción.
Había
comprendido desde hacía mucho
que sólo la ciencia podría
decidir y probar de manera incontestable
mi tesis del envenenamiento. Nunca
temí su veredicto, pues dicho
veredicto, yo lo esperaba con un
único fin: ante la dimensión
de un personaje como Napoleón,
me parecía inconcebible que
se pudiera, aún hoy, seguir
en la ignorancia de lo que había
puesto un término a su extraordinaria
trayectoria.
Fue así como me dirigí
hacia la ciencia. Hoy, en lo que
concierne al envenenamiento de Napoleón,
los resultados son formales, las
pruebas existen, la verdad –
apoyada por los análisis
científicos – es incontestable.
¿No se acudió en estos
últimos años a pruebas
de ADN para identificar los restos
de la familia imperial rusa? ¿Se
ha recusado jamás la ayuda
de la ciencia en otros campos de
la Historia: arqueología,
y, especialmente, egiptología?
¿Se ha acaso puesto en duda
los resultados obtenidos por los
científicos y rebatido sus
conclusiones? ¿Los historiadores
les pidieron dedicarse a otros problemas?
Si, en todos esos casos, los resultados
obtenidos por los científicos
han sido aceptados y han dado fe,
es porque no se buscaba más
que una cosa: la verdad absoluta
para hacer progresar el conocimiento.
Cuando emprendí mis primeras
investigaciones para elucidar las
causas reales del deceso de Napoleón,
no imaginaba que la verdad tendría
tantas dificultades para imponerse
en Francia.
Los análisis realizados a
mi petición por el Instituto
de Medicina Forense de Estrasburgo
han sido realizados por los científicos
del más alto nivel que se
puedan encontrar. Ahora, ¿a
qué asistimos desde la comunicación
de sus conclusiones? Al singular
espectáculo de un pequeño
grupo de historiadores – del
que conviene subrayar que algunos
ni siquiera lo son – quienes,
no satisfechos de haberse «
auto-adjudicado » a Napoleón
y el Primer Imperio, se han además
« auto-proclamado »
censores de referencia, se autorizan
a ridiculizar abiertamente y públicamente
esta tesis del envenenamiento, por
ende desacreditando los trabajos
científicos de los que no
entienden nada.
Una cosa es cierta: su rechazo no
ya no puede justificarse por el
azar, la credulidad o la ignorancia,
y, desde ahora, la verdadera pregunta
que se plantea aún no es:
« Cómo » murió
el Emperador, sino: « Por
qué », ciento ochenta
y dos años después,
esos historiadores se obstinan en
su negativa de aceptar una realidad
confirmada por la ciencia.
Ben
Weider, C.M., C.Q., SBStJ, Ph.D.
Presidente.
|
|

Jean-Claude
Damamme
VERDADES • MENTIRAS
|
Entregad
esta espada a mi hijo
Muerte de Napoleón
en Santa Elena |
| |
«
Las grandes obras que he ejecutado y
el código de leyes que formé
resistirán a la prueba del tiempo
y los futuros historiadores vengarán
las injusticias que me han infligido mis
contemporáneos. »
Cita de Napoleón apuntada por el
Dr. Barry E. O’Meara en santa Elena. |
ASUNTO DEL ENVENENAMIENTO
LAS CERTITUDES EXTRAÑAS
DEL DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN NAPOLEÓN
| En
el mes de noviembre del año
pasado, en su número 1022,
la revista de vulgarización
Science & Vie publicaba un expediente
sobre el envenenamiento de Napoleón,
en el que se concluía, con
el apoyo de análisis científicos,
que contrariamente a lo que había
sido establecido por el Instituto
de Medicina Forense de Estrasburgo,
el arsénico contenido en
los cabellos de Napoleón
no se debía más que
a productos utilizados para la conservación
de sus cabellos. El autor de dicho
expediente, anunciado en la portada
bajo el título: Exclusivo:
Napoleón no fue asesinado,
afirmaba de manera perentoria: «
La tesis del envenenamiento con
arsénico se justifica ».
Descubriremos – y es enfadoso
para la demostración que
se nos asesta – que contrariamente
a la que fue empleada por el Instituto
de Medicina Forense de Estrasburgo
para analizar los cabellos sometidos
por el canadiense Ben Weider, el
método utilizado no es reconocido
por los tribunales internacionales
– ¡un colmo cuando se
trata de determinar si una intoxicación
arsenical es, o no, de origen criminal!
– y no ha sido objeto de ningún
comunicado en las revistas científicas,
las únicas que reconocen
los investigadores de alto nivel.
Es
lo que desarrollaremos en las páginas
que siguen.
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|
¿Hay
que ver aquí una relación de causa
a efecto?
El 14 de enero, por iniciativa del gran diario
Últimas Noticias de Alsacia (Dernières
Nouvelles d’Alsace), se llevó a cabo
en Estrasburgo una conferencia « a dos voces
» en la que participaron el doctor Pascal
Kintz, del Instituto de Medicina Forense (Universidad
Louis-Pasteur) de Estrasburgo, y el Sr. Thierry
Lentz, director de la Fundación Napoleón.
Tema (sensible): el envenenamiento de Napoleón.
Recordemos que el doctor Kintz, presidente de
la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica,
ha realizado los análisis de los cinco
mechones de Napoleón que le había
confiado el presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional de Montreal, Ben Weider. Objeto
de dichos análisis: detectar en los cabellos
del Emperador la presencia potencial de arsénico,
ya evidenciada por análisis precedentes.
Recordemos también que el otro participante,
el Sr. Lentz, es, por su parte, un adversario
determinado de la tesis de un posible envenenamiento
(¿criminal?) de Napoleón.
Un equipo había
sido enviado por Ben Weider para filmar la manifestación.
En nombre de su « derecho a su imagen »,
el director de la Fundación Napoleón
interrumpió el principio de la conferencia,
negándose a que el filme fuese utilizado
por la Sociedad Napoleónica Internacional,
y arguyendo que no había sido previamente
informado de dicho rodaje. Hallaremos enseguida
la carta dirigida por el Sr. Lentz a Ben Weider
y la respuesta de éste último.
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El
Director
Señor
Ben Weider
Presidente de la Sociedad
Napoleónica Internacional
París,
21 de enero de 2003
Señor
Presidente,
Participando
a una conferencia organizada en
Estrasburgo, el 14 de enero pasado,
tuve la sorpresa de encontrar
en la sala a mi llegada dos cámaras
de las que se me dijo iban a filmar
la conferencia a cuenta de su
asociación.
Al
no haber sido prevenido con antelación,
y al no haber dado en momento
alguno mi autorización
para ser filmado, he enviado la
carta de la cual hallará
adjunta una copia al presidente
de la sociedad de producción.
Le
confirmo a usted pues que toda
utilización de mi imagen,
en especial por la distribución
de cassettes de vídeo o
la difusión en Internet
de esta conferencia, se haría
sin mi autorización.
El
debate que tenemos a distancia
desde hace algunos años
me parece deber ser continuado,
por un lado, con cortesía,
y, por otra parte, en el respeto
del método histórico.
Me pareció que querer filmarme
sin mi autorización no
concernía ninguno de estos
dos aspectos.
Quedando
a su disposición y contando
con su comprensión, le
ruego aceptar, Señor Presidente,
la expresión de mi consideración
distinguida.
Firmado:
Thierry Lentz.
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El
Director
Carta
recomendada, acuse de recibo
Señor
Thierry Nachtergaële
Presidente
Anubis Producciones
París,
22 de enero de 2003
Querido
Señor,
Gracias
por su carta del 21 de enero.
Para
dar seguida al hecho de que la
grabación en vídeo
de la velada llamada "Conferencia
Gutenberg" organizada por
los D.N.A., el 14 de enero de
2003 y realizada por usted por
petición de la Sociedad
Napoleónica Internacional
ha sido efectuada, por un lado,
sin que yo haya sido informado
con antelación y, por otra
parte, sin mi autorización,
habiendo además notado
que la S.N.I. se había
comprometido con usted a respetar
mi voluntad en lo concerniente
al empleo de esas imágenes
no autorizadas, tengo el honor
de hacer de su conocimiento que
me opongo a toda utilización
pública de las
imágenes que me representen
durante esa conferencia, cualquiera
que sea su soporte (cassette,
DVD, etc...) y cualquiera que
sea el modo de difusión.
En otros términos, me
opongo formalmente a
la difusión de las imágenes
de la conferencia Últimas
Noticias de Alsacia en
Internet o por televisión.
Le
agradezco tener a bien informar
a sus comanditarios atrayendo
su atención sobre el hecho
que se trata aquí no solo
de una cuestión de cortesía
sino también de derecho.
Contando
con su comprensión,
Le
ruego aceptar, Querido Señor,
la expresión de mi consideración
distinguida.
Firmado:
Thierry Lentz.
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El
Director
El
31 de enero de 2003
Señor
Thierry Lentz
Fundación Napoleón
He
recibido su carta del 21 de enero
y, aunque me decepcione, no estoy
sorprendido de su reacción.
Quiero
primeramente esclarecer un punto
particular. Se equivoca usted al
creer que le he faltado en cortesía
y soy el primero sorprendido de
que no haya usted sido avisado de
nuestra intención de filmar
el debate. En efecto habíamos
hecho todas las gestiones necesarias
en ese sentido con el organizador,
quien, antes de darnos su aprobación,
que obtuvimos por escrito, debía
obtener el de los participantes.
Ignoraba que los organizadores habían
omitido consultarle. Note usted
que lo mamento.
Su
rechazo de permitirnos utilizar
el vídeo del debate del 14
de enero en Estrasburgo parece indicar
que usted no tiene el valor de sus
opiniones y que no tiene empeño
en la búsqueda de la verdad.
Le he brindado una ocasión
de alta visibilidad y difusión
para dar a conocer sus argumentos
contra mi tesis del envenenamiento
a todos los miembros de la Sociedad
Napoleónica Internacional,
la cual, digámoslo por cierto,
cuenta exactamente 484 miembros
en 39 países del mundo. No
es a su honor el haber falsa y públicamente
indicado que nuestra sociedad no
contaba más que con 5 miembros
en Francia y 5 en Canadá.
Yo no estaré resentido hacia
usted puesto que de todas maneras,
es de notoriedad pública
que nuestra sociedad es es ampliamente
apoyada a lo largo del mundo.
Permítame
recordarle que nuestros miembros
son todos historiadores, docentes,
personajes políticos o públicos,
o miembros activos en otras organizaciones
napoleónicas. Su reputación
basta para garantizar su credibilidad.
Si
está usted convencido de
sus argumentos, no comprendo que
se oponga a una iniciativa que tiene
como fin el comunicar fielmente
su contenido y a hacerlos accesibles
a un amplio público. Sin
embargo, a pesar de nuestras diferencias
de opinión acerca del tema
del envenenamiento del Emperador,
aprovecho la ocasión de desearle
felicidad y salud.
Firmado:
Ben Weider, C.M., C.Q., SBStJ, Ph.D.
|
|
Subrayemos que
el Sr. Lentz se desplazó a Estrasburgo
por invitación de Dernières
Nouvelles d’Alsace para participar
en una conferencia sobre un tema que, es útil
recordarlo, concierne los análisis hechos
por petición suya, y financiadas por el
presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional.
Recordemos también
que Ben Weider proporcionó al laboratorio
cinco preciosos mechones de cabellos de Napoleón
que sabía serían irremediablemente
destruidos.
La conferencia
se llevó a cabo en tres partes: la exposición
del Sr. Thierry Lentz, la del doctor Kintz y un
debate, esencialmente entre ambos partícipes.
- A nivel científico,
la tesis de la intoxicación arsenical del
Emperador, ha sido, es evidente, presentada magistralmente
por el doctor Pascal Kintz, y conviene subrayarlo
pues el ejercicio era difícil, de manera
accesible para todos.
- En revancha, la parte histórica
(la más controvertida) fue dejada
– y será suficiente para decir su
imparcialidad – a la discreción únicamente
del Sr. Thierry Lentz, representando « la
escuela de pensamiento » del Souvenir
Napoleónien (el Recuerdo Napoleónico),
es decir la del profesor Jean Tulard y de sus
obligados – quienes, aún cuando las
demás voces sean sofocadas, no encarna
el único modo de pensar sobre el tema,
ni en Francia, ni en el extranjero. Así
pues, sobre este punto en particular, la asistencia
no oyó, como de costumbre, más que
los argumentos – sin sorpresa y en un único
sentido – del director de la Fundación
Napoleón nada más.
Contrariamente a lo que pasa ordinariamente en
un país no totalitario, cuando personas
tienen opiniones divergentes acerca de algún
asunto, cualquiera que sea su naturaleza, se le
permite a cada uno expresar su punto de vista.
Democracia obliga.
Ahora, ¿a qué asistimos durante
meses en este caso preciso? ¿Desde la comunicación,
en el mes de junio de 2001, del resultado de los
análisis hechos por el laboratorio del
Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo,
quien se expresó sobre el tema?
Únicamente
los adversarios de la tesis: los señores
Tulard, Lentz y otros, a quienes radios, televisiones
y prensa escrita han acordado generosamente la
palabra sin preocuparse – lo cual es sorprendente
de parte de periodistas de quienes sabemos los
esfuerzos que realizan en su búsqueda de
la verdad – de aquellos quienes tienen otra
voz que dar a escuchar. Pudieron así ridiculizar
– lo cual no es nuevo, sino que se funda
en una estrategia perfectamente experimentada
– a la Sociedad Napoleónica Internacional
y a su presidente, puesto ipso facto en
la incapacidad de responder, dar por cantidad
despreciable una tesis que se fundamenta sólidamente
en los resultados obtenidos desde hace cuarenta
años por los científicos de alto
nivel de la Universidad de Glasgow, del FBI y,
muy recientemente, de la Universidad Louis-Pasteur
de Estrasburgo, y todos aquellos, entre ellos
eminentes historiadores extranjeros, quienes la
apoyan. Por no citar más que esas, las
dos emisiones del 13 de junio y 6 de diciembre
en Europe 1, que ofrecieron al Sr. Lentz
una doble ocasión de burlarse descaradamente
de los « envenenistas », son reveladoras
de esta singular situación.
Así, ya que pudimos tener conocimiento
de la « banda sonora » de la manifestación,
juzgamos indispensable librar a los visitantes
del sitio de la Sociedad Napoleónica
Internacional algunas reflexiones acerca
de esta conferencia; refiérase a los artículos:
- Análisis
de Science & Vie, un método no validado
por los tribunales internacionales
- A
propósito de la Intervención del
Sr. Thierry Lentz
- A
propósito de la intervención del
Dr. Pascal Kintz
¿Debate
o ardid?
Después
de estas dos intervenciones, se desarrolla una
suerte de debate, esencialmente entre el científico
y el director de la Fundación Napoleón.
- Éste último plantea de inicio
una pregunta que se pretende embarazosa, pues
se trata menos, al parecer, de buscar una verdad
que de poner en aprietos a quien que no dice lo
que se quisiera oírsele decir: fundándose
sobre las divergencias relativas a la naturaleza
de la intoxicación – interna o externa
– el Sr. Thierry Lentz da a entender que,
según el doctor Kintz, « las
gentes de París no han trabajado bien.
»
Extraña aserción proveniente de
aquel que reprocha vehementemente a los demás
el recurrir a citas alteradas, pues basta escuchar
la grabación para oír al doctor
Kintz decir simplemente que los científicos
que procedieron a los análisis para Science
& Vie « han utilizado una
tecnología que no es validada por los tribunales,
que es desconocida y que no ha sido publicada
más que en una revista de vulgarización
sin comité de lectura. »
- La segunda pregunta se refiere a las importantes
cantidades de arsénico reveladas por los
mismos análisis de la revista en los cabellos
que fueron cortados antes de que el Emperador
hubiera desembarcado en Santa Elena.
Esta pregunta, anodina en apariencia, es en realidad
una trampa insidiosa, ya que el doctor Kintz no
fue invitado a la presentación de los resultados
publicados por Science & Vie. ¿Es
que su presencia hubiera sido molesta? Todo es
tan simple y sereno cuando uno se queda, como
de costumbre, entre sí, fuera de la presencia
de un eventual contradictor – sobre todo
competente.
La respuesta, que confirma y completa la precedente,
podría resumirse como sigue: no he visto
los datos, no sé lo que ha sido analizado,
no conozco para nada esta tecnología que
ha sido utilizada por primera vez, que no es validada
en el ámbito científico, que no
ha sido publicada en la literatura científica
internacional.
Y añadamos:
contrariamente, entre otras cosas, a la que fue
empleada para los análisis realizados por
el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.
« Con la tecnología en cuestión,
una tecnología no destructiva, que es una
emisión de rayos sobre la longitud del
cabello, se puede perfectamente imaginar, explica
el doctor Kintz, que haya arsénico en todo
el mundo. De ahí la obligación de
ir a buscar en el corazón del cabello.
»
Es justamente lo que fue hecho en el Instituto
de Medicina Forense de Estrasburgo con los resultados
que se han constatado.
- Última maniobra del director de la Fundación
Napoleón: para tratar de acreditar que,
finalmente, esas cantidades de arsénico
eran muy banales en Santa Elena, evoca unos análisis
hechos por un laboratorio de Munich, que revelaron
cantidades de arsénico bastante elevadas
en unos cabellos de Albine de Montholon.
La respuesta a su preocupación se halla
en una carta dirigida el 2 de octubre de 2002
por el Sr. de Candé-Montholon a Ben Weider:
« … Por otra parte, el profesor
Maury había hecho analizar unos cabellos
de Albine de Montholon que yo le había
entregado y que fueron muy probablemente cortados
para ser dados a su esposo cuando ella dejó
Santa Elena: Esos cabellos presentan una cantidad
normal de arsénico [subrayado por
nosotros] compatible con las
cantidades que se encuentran hoy en nuestros cabellos.
Pongo de hecho a su disposición dicho mechón,
si usted desea someterlo a un nuevo análisis…
»
¡En vista de la identidad del remitente
así como de la del destinatario, no hay
duda de que esta carta parezca sospechosa al Sr.
Lentz !
Antes de que se acabara la conferencia, el director
de la Fundación Napoleón vuelve
a las razones que le llevaron a crear un incidente
al inicio de la conferencia y sobre su negativa
a ser filmado.
He aquí
lo que declara a la asistencia:
« Me niego a que mi imagen sea entregada
a la Sociedad Napoleónica Internacional,
primero porque no fui informado previamente [!].
Les hubiera leído un texto, y no hubiera
salido de él porque los métodos
de esta Sociedad Internacional, que cuenta con
[se le oye fingir que duda] cinco “adeptos”
en Francia y cinco en Canadá - [¡«adeptos»!
¡Qué curiosa expresión, Sr.
Lentz! En su carta, reproducida al principio de
este texto, Ben Weider responde a esta lamentable
mezquindad] - son los de utilizar este tipo
de evento para decir, por ejemplo, que he dado
razón varias veces al doctor Kintz ; pero
lo hice con las reservas acostumbradas. ¡Pues
bien, podía usted estar seguro de que,
mañana, la prensa de Montreal hubiera titulado:
El director de la Fundación Napoleón
da razón a Ben Weider! »
Los periodistas quebequenses sabrán ciertamente
apreciar como se debe este gratificante comentario
sobre su deontología profesional.
No hay duda igualmente de que los profesores Chandler
y Horward, ambos miembros eminentes de la Sociedad
Napoleónica Internacional, apreciarán
a su justo valor este amable calificativo de «
adeptos ».
Ahora, lean atentamente el pasaje que sigue –
ha sido transcrito palabra a palabra (se
trata pues nuevamente de lenguaje hablado) –
pues, he aquí lo que este mismo Sr. Lentz,
a quien acabamos de oír complacientemente
sentencioso y moralizador, responde a una pregunta
del animador sobre la autenticidad de los cabellos
entregados por el canadiense a los científicos
del Instituto medico-forense de Estrasburgo:
« Aparentemente,
vamos, lo digo, pero como voy a hacer que lo borren
de la cassette, el Sr. Weider no podrá
publicarlo en su sitio Internet, aparentemente,
los cabellos que le fueron dados al doctor Kintz
parecen ser buenos, porque, efectivamente, hay
una cierta trazabilidad… »
En una teleserie
estadounidense, esta declaración iría
seguida del inevitable:
« El jurado
apreciará. »
¡No dudamos que los lectores de la presente
hagan lo mismo!
Resultados
coherentes desde hace más de cuarenta años
Algunas reflexiones
para terminar con esta evocación de la
conferencia organizada por les Dernières
Nouvelles d’Alsace:
- El doctor Kintz recordó de manera útil
que, desde los años sesenta,
los científicos que se han interesado en
este caso han – siempre
– obtenido resultados
homogéneos – lo cual
no pertenece al ámbito de esa « íntima
convicción », cara al Sr. Thierry
Lentz. ¿O deberíamos presumir que
todos se han equivocado con una sorprendente constancia,
y, como consecuencia, agradecer a la revista Science
& Vie (cuyas motivaciones reales quedan
por ser esclarecidas) por haber – ¡por
fin! – permitido que la verdad (?) surgiera
a la luz?
-Cualquiera que sea la misión que le fue
confiada, recordó el doctor Kintz, el científico
con sus análisis no tiene como mandato
el substituirse a la « gama de argumentos
», ni tomar el lugar del magistrado, o,
en el caso presente, del historiador. Hay sin
embargo una diferencia notable entre el magistrado
y el historiador napoleónico, tal, al menos,
como se le percibe a través del prisma
del Sr. Thierry Lentz: mientras el primero, en
vista de tales resultados de los análisis,
ordenará un suplemento de investigación,
el segundo no los tomará en cuenta bajo
pretexto de que « se burla de
saber » si el sujeto, el Emperador
en este caso, fue envenenado o no, al tratarse
de un fenómeno… « secundario
».
- El canadiense
Ben Weider hizo entrega de las piezas de convicción:
cinco mechones de cabellos. Los análisis
efectuados por el Instituto de Medicina Forense
de Estrasburgo han revelado sin ambigüedad
la presencia de arsénico en tales cantidades,
que no pueden ser el fruto del azar, sino la consecuencia
de una exposición crónica repetida
– contestar este hecho pone de manifiesto
la ceguera, la mala fe o cualquier otra obscura
razón – pero, añadió
el doctor Kintz, y él tiene razón
de decirlo, « No soy capaz de decirlo, y
eso no me interesa, quién, por qué,
cómo. »
- El Sr. Thierry Lentz ha reconocido – públicamente
– que los cabellos analizados eran
auténticos. Esos cabellos contenían
fuertes dosis de arsénico.
- Nosotros sabemos
que hay al menos tres sospechosos con móviles
y/o objetivos en juego colosales e intereses a
veces comunes.
- Los científicos hicieron su parte. Es
importante ahora que el debate se abra entre «
verdaderos » historiadores – entendamos:
animados por la única preocupación
de una búsqueda de verdad absoluta –
y que cese el monopolio de quienes, por su confiscación
del Primer Imperio y una hábil mediatización,
rechazan los resultados científicos para
imponer lo que, por otra parte, no puede ya ser
tomado más que por su « íntima
convicción ».
Pues, contrariamente
a lo que el Sr. Thierry Lentz ha afirmado al principio
de su intervención, elucidar las causas
reales de la muerte de un hombre como el Emperador
pertenece al ámbito de la gran Historia
del mundo.
|
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Jean-Claude
Damamme
Escritor,
miembro de la Société
des Gens de Lettres, Presidente
de Honor del Comité de Distinciones
del Instituto Napoleónico
México-Francia, miembro adherente
de la Association des Écrivains
Combattants, representante
en Francia de la Sociedad Napoleónica
Internacional, autor de: Lannes,
Maréchal d’Empire (Éditions
Payot), Les Soldats de la Grande
Armée (Éditions Perrin),
La Bataille de Waterloo (Éditions
Perrin). |
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El texto que acaba
usted de leer fue publicado en el sitio Internet
de la Sociedad Napoleónica Internacional
en sus versiones inglesa y francesa, y en castellano
en el sitio Internet del Instituto Napoleónico
México Francia. Fue asimismo editado en
forma de folleto. Si desea recibir sin costo alguno
un ejemplar, le bastará con hacer la petición:
ya sea por correo
a la sede de la Sociedad:
2875, chemin Bates
Montreal, Quebec
Canadá, H3S 1B7
Ya sea por fax al número siguiente: (514)
731-9026
O bien por e-mail: napoleon@weider.ca
El presidente Ben Weider estará
feliz de hacerle llegar un ejemplar.

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