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Instituto
Napoleónico México-Francia - Institut
Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador. |
Traducción
del Instituto Napoleónico
México-Francia
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CARTA
DEL PRESIDENTE DE
LA SOCIEDAD NAPOLEÓNICA
INTERNACIONAL
 |
Dr.
Ben Weider |
Hace
unos treinta años,
cuando comencé
mis investigaciones
con el Dr. Sten
Forshufvud de Suecia,
me vino una duda
acerca de la versión
oficial, tradicional,
de la muerte de
Napoleón.
Versión,
que, desde 1821,
se había
transmitido de generación
en generación,
fundamentándose
en la Historia y
la memoria colectiva
bajo la forma de
una imagen conveniente,
reconfortante, casi
de una imagen piadosa
con la cual cada
uno de nosotros
había crecido,
y que siempre había
hecho parte de la
leyenda.
Sin
embargo, me pareció
que, detrás
de esta versión
oficial jamás
puesta en duda de
manera seria, podía
existir otra hipótesis
que siempre se había
rechazado examinar:
la de un crimen
odioso cuidadosamente
oculto. Traté
entonces de seguir
una pista nueva
haciendo de lado
las ideas preestablecidas,
peligrosas porque
ciegan y paralizan
el pensamiento.
Durante años,
me consagré
a detectar las mentiras,
a indagar hechos
desconocidos, a
hacer una selección
entre lo verosímil
y lo que no lo era
en el contexto turbio
de la época.
Subrayo que al no
ser francés
sino canadiense,
no estuve bajo la
influencia de ninguna
segunda intención
cultural, política
o histórica
sobre el tema.
Sin
deformarlos, simplemente
examiné los
hechos bajo un ángulo
nuevo, y seguí
cada pista tan lejos
como era humanamente
posible hacerlo
ciento cincuenta
años más
tarde. Fue para
hacer progresar
el conocimiento
por lo que llevé
a cabo una investigación
desprovista de prejuicios,
« libre »,
desinteresada y
que la puse al servicio
de la verdad. Pero
yo sabía
que toda demostración
factual y plausible
no sería
nunca nada más
que una presunción.
Había
comprendido desde
hacía mucho
que sólo
la ciencia podría
decidir y probar
de manera incontestable
mi tesis del envenenamiento.
Nunca temí
su veredicto, pues
dicho veredicto,
yo lo esperaba con
un único
fin: ante la dimensión
de un personaje
como Napoleón,
me parecía
inconcebible que
se pudiera, aún
hoy, seguir en la
ignorancia de lo
que había
puesto un término
a su extraordinaria
trayectoria.
Fue así como
me dirigí
hacia la ciencia.
Hoy, en lo que concierne
al envenenamiento
de Napoleón,
los resultados son
formales, las pruebas
existen, la verdad
– apoyada
por los análisis
científicos
– es incontestable.
¿No se acudió
en estos últimos
años a pruebas
de ADN para identificar
los restos de la
familia imperial
rusa? ¿Se
ha recusado jamás
la ayuda de la ciencia
en otros campos
de la Historia:
arqueología,
y, especialmente,
egiptología?
¿Se ha acaso
puesto en duda los
resultados obtenidos
por los científicos
y rebatido sus conclusiones?
¿Los historiadores
les pidieron dedicarse
a otros problemas?
Si, en todos esos
casos, los resultados
obtenidos por los
científicos
han sido aceptados
y han dado fe, es
porque no se buscaba
más que una
cosa: la verdad
absoluta para hacer
progresar el conocimiento.
Cuando emprendí
mis primeras investigaciones
para elucidar las
causas reales del
deceso de Napoleón,
no imaginaba que
la verdad tendría
tantas dificultades
para imponerse en
Francia.
Los análisis
realizados a mi
petición
por el Instituto
de Medicina Forense
de Estrasburgo han
sido realizados
por los científicos
del más alto
nivel que se puedan
encontrar. Ahora,
¿a qué
asistimos desde
la comunicación
de sus conclusiones?
Al singular espectáculo
de un pequeño
grupo de historiadores
– del que
conviene subrayar
que algunos ni siquiera
lo son – quienes,
no satisfechos de
haberse «
auto-adjudicado
» a Napoleón
y el Primer Imperio,
se han además
« auto-proclamado
» censores
de referencia, se
autorizan a ridiculizar
abiertamente y públicamente
esta tesis del envenenamiento,
por ende desacreditando
los trabajos científicos
de los que no entienden
nada.
Una cosa es cierta:
su rechazo no ya
no puede justificarse
por el azar, la
credulidad o la
ignorancia, y, desde
ahora, la verdadera
pregunta que se
plantea aún
no es: « Cómo
» murió
el Emperador, sino:
« Por qué
», ciento
ochenta y dos años
después,
esos historiadores
se obstinan en su
negativa de aceptar
una realidad confirmada
por la ciencia.
Ben
Weider, C.M., C.Q.,
SBStJ, Ph.D.
Presidente.
|
|

Jean-Claude
Damamme
VERDADES
• MENTIRAS
|
Entregad
esta espada a mi hijo
Muerte
de Napoleón en Santa
Elena |
| |
«
Las grandes obras que
he ejecutado y el código
de leyes que formé
resistirán a la prueba
del tiempo y los futuros
historiadores vengarán
las injusticias que me han
infligido mis contemporáneos.
»
Cita de Napoleón
apuntada por el Dr. Barry
E. O’Meara en santa
Elena. |
ASUNTO
DEL ENVENENAMIENTO
LAS CERTITUDES
EXTRAÑAS DEL DIRECTOR DE
LA FUNDACIÓN NAPOLEÓN
| En
el mes de noviembre
del año pasado,
en su número
1022, la revista
de vulgarización
Science
& Vie publicaba
un expediente sobre
el envenenamiento
de Napoleón,
en el que se concluía,
con el apoyo de
análisis
científicos,
que contrariamente
a lo que había
sido establecido
por el Instituto
de Medicina Forense
de Estrasburgo,
el arsénico
contenido en los
cabellos de Napoleón
no se debía
más que a
productos utilizados
para la conservación
de sus cabellos.
El autor de dicho
expediente, anunciado
en la portada bajo
el título:
Exclusivo: Napoleón
no fue asesinado,
afirmaba de manera
perentoria: «
La tesis del envenenamiento
con arsénico
se justifica ».
Descubriremos –
y es enfadoso para
la demostración
que se nos asesta
– que contrariamente
a la que fue empleada
por el Instituto
de Medicina Forense
de Estrasburgo para
analizar los cabellos
sometidos por el
canadiense Ben Weider,
el método
utilizado no es
reconocido por los
tribunales internacionales
– ¡un
colmo cuando se
trata de determinar
si una intoxicación
arsenical es, o
no, de origen criminal!
– y no ha
sido objeto de ningún
comunicado en las
revistas científicas,
las únicas
que reconocen los
investigadores de
alto nivel.
Es
lo que desarrollaremos
en las páginas
que siguen.
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¿Hay
que ver aquí una relación
de causa a efecto?
El 14 de enero, por iniciativa
del gran diario Últimas
Noticias de Alsacia (Dernières
Nouvelles d’Alsace), se
llevó a cabo en Estrasburgo
una conferencia « a dos
voces » en la que participaron
el doctor Pascal Kintz, del Instituto
de Medicina Forense (Universidad
Louis-Pasteur) de Estrasburgo,
y el Sr. Thierry Lentz, director
de la Fundación Napoleón.
Tema (sensible): el envenenamiento
de Napoleón.
Recordemos que el doctor Kintz,
presidente de la Sociedad Francesa
de Toxicología Analítica,
ha realizado los análisis
de los cinco mechones de Napoleón
que le había confiado el
presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional de Montreal, Ben
Weider. Objeto de dichos análisis:
detectar en los cabellos del Emperador
la presencia potencial de arsénico,
ya evidenciada por análisis
precedentes.
Recordemos también que
el otro participante, el Sr. Lentz,
es, por su parte, un adversario
determinado de la tesis de un
posible envenenamiento (¿criminal?)
de Napoleón.
Un
equipo había sido enviado
por Ben Weider para filmar la
manifestación. En nombre
de su « derecho a su imagen
», el director de la Fundación
Napoleón interrumpió
el principio de la conferencia,
negándose a que el filme
fuese utilizado por la Sociedad
Napoleónica Internacional,
y arguyendo que no había
sido previamente informado de
dicho rodaje. Hallaremos enseguida
la carta dirigida por el Sr. Lentz
a Ben Weider y la respuesta de
éste último.
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El
Director
Señor
Ben Weider
Presidente de
la Sociedad
Napoleónica
Internacional
París,
21 de enero de
2003
Señor
Presidente,
Participando
a una conferencia
organizada en
Estrasburgo, el
14 de enero pasado,
tuve la sorpresa
de encontrar en
la sala a mi llegada
dos cámaras
de las que se
me dijo iban a
filmar la conferencia
a cuenta de su
asociación.
Al
no haber sido
prevenido con
antelación,
y al no haber
dado en momento
alguno mi autorización
para ser filmado,
he enviado la
carta de la cual
hallará
adjunta una copia
al presidente
de la sociedad
de producción.
Le
confirmo a usted
pues que toda
utilización
de mi imagen,
en especial por
la distribución
de cassettes de
vídeo o
la difusión
en Internet de
esta conferencia,
se haría
sin mi autorización.
El
debate que tenemos
a distancia desde
hace algunos años
me parece deber
ser continuado,
por un lado, con
cortesía,
y, por otra parte,
en el respeto
del método
histórico.
Me pareció
que querer filmarme
sin mi autorización
no concernía
ninguno de estos
dos aspectos.
Quedando
a su disposición
y contando con
su comprensión,
le ruego aceptar,
Señor Presidente,
la expresión
de mi consideración
distinguida.
Firmado:
Thierry Lentz.
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El
Director
Carta
recomendada, acuse
de recibo
Señor
Thierry Nachtergaële
Presidente
Anubis Producciones
París,
22 de enero de
2003
Querido
Señor,
Gracias
por su carta del
21 de enero.
Para
dar seguida al
hecho de que la
grabación
en vídeo
de la velada llamada
"Conferencia
Gutenberg"
organizada por
los D.N.A., el
14 de enero de
2003 y realizada
por usted por
petición
de la Sociedad
Napoleónica
Internacional
ha sido efectuada,
por un lado, sin
que yo haya sido
informado con
antelación
y, por otra parte,
sin mi autorización,
habiendo además
notado que la
S.N.I. se había
comprometido con
usted a respetar
mi voluntad en
lo concerniente
al empleo de esas
imágenes
no autorizadas,
tengo el honor
de hacer de su
conocimiento que
me opongo
a toda utilización
pública
de las imágenes
que me representen
durante esa conferencia,
cualquiera que
sea su soporte
(cassette, DVD,
etc...) y cualquiera
que sea el modo
de difusión.
En otros términos,
me opongo
formalmente a
la difusión
de las imágenes
de la conferencia
Últimas
Noticias de Alsacia
en Internet o
por televisión.
Le
agradezco tener
a bien informar
a sus comanditarios
atrayendo su atención
sobre el hecho
que se trata aquí
no solo de una
cuestión
de cortesía
sino también
de derecho.
Contando
con su comprensión,
Le
ruego aceptar,
Querido Señor,
la expresión
de mi consideración
distinguida.
Firmado:
Thierry Lentz.
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El
Director
El
31 de enero de 2003
Señor
Thierry Lentz
Fundación
Napoleón
He
recibido su carta
del 21 de enero
y, aunque me decepcione,
no estoy sorprendido
de su reacción.
Quiero
primeramente esclarecer
un punto particular.
Se equivoca usted
al creer que le
he faltado en cortesía
y soy el primero
sorprendido de que
no haya usted sido
avisado de nuestra
intención
de filmar el debate.
En efecto habíamos
hecho todas las
gestiones necesarias
en ese sentido con
el organizador,
quien, antes de
darnos su aprobación,
que obtuvimos por
escrito, debía
obtener el de los
participantes. Ignoraba
que los organizadores
habían omitido
consultarle. Note
usted que lo lamento.
Su
rechazo de permitirnos
utilizar el vídeo
del debate del 14
de enero en Estrasburgo
parece indicar que
usted no tiene el
valor de sus opiniones
y que no tiene empeño
en la búsqueda
de la verdad. Le
he brindado una
ocasión de
alta visibilidad
y difusión
para dar a conocer
sus argumentos contra
mi tesis del envenenamiento
a todos los miembros
de la Sociedad Napoleónica
Internacional, la
cual, digámoslo
por cierto, cuenta
exactamente 484
miembros en 39 países
del mundo. No es
a su honor el haber
falsa y públicamente
indicado que nuestra
sociedad no contaba
más que con
5 miembros en Francia
y 5 en Canadá.
Yo no estaré
resentido hacia
usted puesto que
de todas maneras,
es de notoriedad
pública que
nuestra sociedad
es es ampliamente
apoyada a lo largo
del mundo.
Permítame
recordarle que nuestros
miembros son todos
historiadores, docentes,
personajes políticos
o públicos,
o miembros activos
en otras organizaciones
napoleónicas.
Su reputación
basta para garantizar
su credibilidad.
Si
está usted
convencido de sus
argumentos, no comprendo
que se oponga a
una iniciativa que
tiene como fin el
comunicar fielmente
su contenido y a
hacerlos accesibles
a un amplio público.
Sin embargo, a pesar
de nuestras diferencias
de opinión
acerca del tema
del envenenamiento
del Emperador, aprovecho
la ocasión
de desearle felicidad
y salud.
Firmado:
Ben Weider, C.M.,
C.Q., SBStJ, Ph.D.
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Subrayemos
que el Sr. Lentz se desplazó
a Estrasburgo por invitación
de Dernières Nouvelles
d’Alsace para participar
en una conferencia sobre un tema
que, es útil recordarlo,
concierne los análisis
hechos por petición suya,
y financiadas por el presidente
de la Sociedad Napoleónica
Internacional.
Recordemos también que
Ben Weider proporcionó
al laboratorio cinco preciosos
mechones de cabellos de Napoleón
que sabía serían
irremediablemente destruidos.
La
conferencia se llevó a
cabo en tres partes: la exposición
del Sr. Thierry Lentz, la del
doctor Kintz y un debate, esencialmente
entre ambos partícipes.
- A nivel científico,
la tesis de la intoxicación
arsenical del Emperador, ha sido,
es evidente, presentada magistralmente
por el doctor Pascal Kintz, y
conviene subrayarlo pues el ejercicio
era difícil, de manera
accesible para todos.
- En revancha, la parte
histórica (la
más controvertida) fue
dejada – y será suficiente
para decir su imparcialidad –
a la discreción únicamente
del Sr. Thierry Lentz, representando
« la escuela de pensamiento
» del Souvenir Napoleónien
(el Recuerdo Napoleónico),
es decir la del profesor Jean
Tulard y de sus obligados –
quienes, aún cuando las
demás voces sean sofocadas,
no encarna el único modo
de pensar sobre el tema, ni en
Francia, ni en el extranjero.
Así pues, sobre este punto
en particular, la asistencia no
oyó, como de costumbre,
más que los argumentos
– sin sorpresa y en un único
sentido – del director de
la Fundación Napoleón
nada más.
Contrariamente a lo que pasa ordinariamente
en un país no totalitario,
cuando personas tienen opiniones
divergentes acerca de algún
asunto, cualquiera que sea su
naturaleza, se le permite a cada
uno expresar su punto de vista.
Democracia obliga.
Ahora, ¿a qué asistimos
durante meses en este caso preciso?
¿Desde la comunicación,
en el mes de junio de 2001, del
resultado de los análisis
hechos por el laboratorio del
Instituto de Medicina Forense
de Estrasburgo, quien se expresó
sobre el tema?
Únicamente
los adversarios de la tesis: los
señores Tulard, Lentz y
otros, a quienes radios, televisiones
y prensa escrita han acordado
generosamente la palabra sin preocuparse
– lo cual es sorprendente
de parte de periodistas de quienes
sabemos los esfuerzos que realizan
en su búsqueda de la verdad
– de aquellos quienes tienen
otra voz que dar a escuchar. Pudieron
así ridiculizar –
lo cual no es nuevo, sino que
se funda en una estrategia perfectamente
experimentada – a la Sociedad
Napoleónica Internacional
y a su presidente, puesto ipso
facto en la incapacidad de
responder, dar por cantidad despreciable
una tesis que se fundamenta sólidamente
en los resultados obtenidos desde
hace cuarenta años por
los científicos de alto
nivel de la Universidad de Glasgow,
del FBI y, muy recientemente,
de la Universidad Louis-Pasteur
de Estrasburgo, y todos aquellos,
entre ellos eminentes historiadores
extranjeros, quienes la apoyan.
Por no citar más que esas,
las dos emisiones del 13 de junio
y 6 de diciembre en Europe
1, que ofrecieron al Sr.
Lentz una doble ocasión
de burlarse descaradamente de
los « envenenistas »,
son reveladoras de esta singular
situación.
Así, ya que pudimos tener
conocimiento de la « banda
sonora » de la manifestación,
juzgamos indispensable librar
a los visitantes del sitio de
la Sociedad Napoleónica
Internacional algunas reflexiones
acerca de esta conferencia; refiérase
a los artículos:
-
Análisis
de Science & Vie, un método
no validado por los tribunales
internacionales
- A
propósito de la Intervención
del Sr. Thierry Lentz
- A
propósito de la intervención
del Dr. Pascal Kintz
¿Debate
o ardid?
Después
de estas dos intervenciones, se
desarrolla una suerte de debate,
esencialmente entre el científico
y el director de la Fundación
Napoleón.
- Éste último plantea
de inicio una pregunta que se
pretende embarazosa, pues se trata
menos, al parecer, de buscar una
verdad que de poner en aprietos
a quien que no dice lo que se
quisiera oírsele decir:
fundándose sobre las divergencias
relativas a la naturaleza de la
intoxicación – interna
o externa – el Sr. Thierry
Lentz da a entender que, según
el doctor Kintz, « las
gentes de París no han
trabajado bien. »
Extraña aserción
proveniente de aquel que reprocha
vehementemente a los demás
el recurrir a citas alteradas,
pues basta escuchar la grabación
para oír al doctor
Kintz decir simplemente
que los científicos que
procedieron a los análisis
para Science & Vie
« han utilizado
una tecnología que no es
validada por los tribunales, que
es desconocida y que no ha sido
publicada más que en una
revista de vulgarización
sin comité de lectura.
»
- La segunda pregunta se refiere
a las importantes cantidades de
arsénico reveladas por
los mismos análisis de
la revista en los cabellos que
fueron cortados antes de que el
Emperador hubiera desembarcado
en Santa Elena.
Esta pregunta, anodina en apariencia,
es en realidad una trampa insidiosa,
ya que el doctor Kintz no fue
invitado a la presentación
de los resultados publicados por
Science & Vie. ¿Es
que su presencia hubiera sido
molesta? Todo es tan simple y
sereno cuando uno se queda, como
de costumbre, entre sí,
fuera de la presencia de un eventual
contradictor – sobre todo
competente.
La respuesta, que confirma y completa
la precedente, podría resumirse
como sigue: no he visto los datos,
no sé lo que ha sido analizado,
no conozco para nada esta tecnología
que ha sido utilizada por primera
vez, que no es validada en el
ámbito científico,
que no ha sido publicada en la
literatura científica internacional.
Y
añadamos: contrariamente,
entre otras cosas, a la que fue
empleada para los análisis
realizados por el Instituto de
Medicina Forense de Estrasburgo.
« Con la tecnología
en cuestión, una tecnología
no destructiva, que es una emisión
de rayos sobre la longitud del
cabello, se puede perfectamente
imaginar, explica el doctor Kintz,
que haya arsénico en todo
el mundo. De ahí la obligación
de ir a buscar en el corazón
del cabello. »
Es justamente lo que fue hecho
en el Instituto de Medicina Forense
de Estrasburgo con los resultados
que se han constatado.
- Última maniobra del director
de la Fundación Napoleón:
para tratar de acreditar que,
finalmente, esas cantidades de
arsénico eran muy banales
en Santa Elena, evoca unos análisis
hechos por un laboratorio de Munich,
que revelaron cantidades de arsénico
bastante elevadas en unos cabellos
de Albine de Montholon.
La respuesta a su preocupación
se halla en una carta dirigida
el 2 de octubre de 2002 por el
Sr. de Candé-Montholon
a Ben Weider:
« … Por otra parte,
el profesor Maury había
hecho analizar unos cabellos de
Albine de Montholon que yo le
había entregado y que fueron
muy probablemente cortados para
ser dados a su esposo cuando ella
dejó Santa Elena: Esos
cabellos presentan una cantidad
normal de arsénico [subrayado
por nosotros] compatible
con las cantidades que se encuentran
hoy en nuestros cabellos. Pongo
de hecho a su disposición
dicho mechón, si usted
desea someterlo a un nuevo análisis…
»
¡En vista de la identidad
del remitente así como
de la del destinatario, no hay
duda de que esta carta parezca
sospechosa al Sr. Lentz !
Antes de que se acabara la conferencia,
el director de la Fundación
Napoleón vuelve a las razones
que le llevaron a crear un incidente
al inicio de la conferencia y
sobre su negativa a ser filmado.
He
aquí lo que declara a la
asistencia:
« Me niego a que mi
imagen sea entregada a la Sociedad
Napoleónica Internacional,
primero porque no fui informado
previamente [!]. Les hubiera leído
un texto, y no hubiera salido
de él porque los métodos
de esta Sociedad Internacional,
que cuenta con [se le oye fingir
que duda] cinco “adeptos”
en Francia y cinco en Canadá
- [¡«adeptos»!
¡Qué curiosa expresión,
Sr. Lentz! En su carta, reproducida
al principio de este texto, Ben
Weider responde a esta lamentable
mezquindad] - son los de utilizar
este tipo de evento para decir,
por ejemplo, que he dado razón
varias veces al doctor Kintz ;
pero lo hice con las reservas
acostumbradas. ¡Pues bien,
podía usted estar seguro
de que, mañana, la prensa
de Montreal hubiera titulado:
El director de la Fundación
Napoleón da razón
a Ben Weider! »
Los periodistas quebequenses sabrán
ciertamente apreciar como se debe
este gratificante comentario sobre
su deontología profesional.
No hay duda igualmente de que
los profesores Chandler y Horward,
ambos miembros eminentes de la
Sociedad Napoleónica Internacional,
apreciarán a su justo valor
este amable calificativo de «
adeptos ».
Ahora, lean atentamente el pasaje
que sigue – ha sido transcrito
palabra a palabra (se trata
pues nuevamente de lenguaje hablado)
– pues, he aquí lo
que este mismo Sr. Lentz, a quien
acabamos de oír complacientemente
sentencioso y moralizador, responde
a una pregunta del animador sobre
la autenticidad de los cabellos
entregados por el canadiense a
los científicos del Instituto
medico-forense de Estrasburgo:
«
Aparentemente, vamos, lo digo,
pero como voy a hacer que lo borren
de la cassette, el Sr. Weider
no podrá publicarlo en
su sitio Internet, aparentemente,
los cabellos que le fueron dados
al doctor Kintz parecen ser buenos,
porque, efectivamente, hay una
cierta trazabilidad…
»
En una teleserie estadounidense,
esta declaración iría
seguida del inevitable:
«
El jurado apreciará. »
¡No dudamos que los lectores
de la presente hagan lo mismo!
Resultados
coherentes desde hace más
de cuarenta años
Algunas
reflexiones para terminar con
esta evocación de la conferencia
organizada por les Dernières
Nouvelles d’Alsace:
- El doctor Kintz recordó
de manera útil que, desde
los años sesenta, los científicos
que se han interesado en este
caso han –
siempre –
obtenido resultados homogéneos
– lo cual no pertenece al
ámbito de esa « íntima
convicción », cara
al Sr. Thierry Lentz. ¿O
deberíamos presumir que
todos se han equivocado con una
sorprendente constancia, y, como
consecuencia, agradecer a la revista
Science & Vie (cuyas
motivaciones reales quedan por
ser esclarecidas) por haber –
¡por fin! – permitido
que la verdad (?) surgiera a la
luz?
-Cualquiera que sea la misión
que le fue confiada, recordó
el doctor Kintz, el científico
con sus análisis no tiene
como mandato el substituirse a
la « gama de argumentos
», ni tomar el lugar del
magistrado, o, en el caso presente,
del historiador. Hay sin embargo
una diferencia notable entre el
magistrado y el historiador napoleónico,
tal, al menos, como se le percibe
a través del prisma del
Sr. Thierry Lentz: mientras el
primero, en vista de tales resultados
de los análisis, ordenará
un suplemento de investigación,
el segundo no los tomará
en cuenta bajo pretexto de que
« se burla de
saber » si
el sujeto, el Emperador en este
caso, fue envenenado o no, al
tratarse de un fenómeno…
« secundario ».
-
El canadiense Ben Weider hizo
entrega de las piezas de convicción:
cinco mechones de cabellos. Los
análisis efectuados por
el Instituto de Medicina Forense
de Estrasburgo han revelado sin
ambigüedad la presencia de
arsénico en tales cantidades,
que no pueden ser el fruto del
azar, sino la consecuencia de
una exposición crónica
repetida – contestar
este hecho pone de manifiesto
la ceguera, la mala fe o cualquier
otra obscura razón –
pero, añadió el
doctor Kintz, y él tiene
razón de decirlo, «
No soy capaz de decirlo, y eso
no me interesa, quién,
por qué, cómo. »
- El Sr. Thierry Lentz ha reconocido
– públicamente –
que los cabellos analizados
eran auténticos.
Esos cabellos contenían
fuertes dosis de arsénico.
-
Nosotros sabemos que hay al menos
tres sospechosos con móviles
y/o objetivos en juego colosales
e intereses a veces comunes.
- Los científicos hicieron
su parte. Es importante ahora
que el debate se abra entre «
verdaderos » historiadores
– entendamos: animados por
la única preocupación
de una búsqueda de verdad
absoluta – y que cese el
monopolio de quienes, por su confiscación
del Primer Imperio y una hábil
mediatización, rechazan
los resultados científicos
para imponer lo que, por otra
parte, no puede ya ser tomado
más que por su «
íntima convicción
».
Pues,
contrariamente a lo que el Sr.
Thierry Lentz ha afirmado al principio
de su intervención, elucidar
las causas reales de la muerte
de un hombre como el Emperador
pertenece al ámbito de
la gran Historia del mundo.
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Jean-Claude
Damamme
Escritor,
miembro de la Société
des Gens de Lettres,
Consultor Histórico
Especial del Instituto
Napoleónico
México-Francia,
miembro adherente
de la Association
des Écrivains
Combattants,
representante en
Francia de la Sociedad
Napoleónica
Internacional, autor
de: Lannes, Maréchal
d’Empire (Éditions
Payot), Les Soldats
de la Grande Armée
(Éditions
Perrin), La Bataille
de Waterloo (Éditions
Perrin). |
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El
texto que acaba usted de leer
fue publicado en el sitio Internet
de la Sociedad Napoleónica
Internacional en sus versiones
inglesa y francesa, y en castellano
en el sitio Internet del Instituto
Napoleónico México
Francia. Fue asimismo editado
en forma de folleto. Si desea
recibir sin costo alguno un ejemplar,
le bastará con hacer la
petición:
ya sea por correo a la sede de
la Sociedad:
2875, chemin Bates
Montreal, Quebec
Canadá, H3S 1B7
Ya sea por fax al número
siguiente: (514) 731-9026
O bien por e-mail: napoleon@weider.ca
El presidente
Ben Weider estará feliz
de hacerle llegar un ejemplar.

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