« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
VERDADES • MENTIRAS

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia

CARTA DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD NAPOLEÓNICA INTERNACIONAL

Dr. Ben Weider

Hace unos treinta años, cuando comencé mis investigaciones con el Dr. Sten Forshufvud de Suecia, me vino una duda acerca de la versión oficial, tradicional, de la muerte de Napoleón. Versión, que, desde 1821, se había transmitido de generación en generación, fundamentándose en la Historia y la memoria colectiva bajo la forma de una imagen conveniente, reconfortante, casi de una imagen piadosa con la cual cada uno de nosotros había crecido, y que siempre había hecho parte de la leyenda.

Sin embargo, me pareció que, detrás de esta versión oficial jamás puesta en duda de manera seria, podía existir otra hipótesis que siempre se había rechazado examinar: la de un crimen odioso cuidadosamente oculto. Traté entonces de seguir una pista nueva haciendo de lado las ideas preestablecidas, peligrosas porque ciegan y paralizan el pensamiento.

Durante años, me consagré a detectar las mentiras, a indagar hechos desconocidos, a hacer una selección entre lo verosímil y lo que no lo era en el contexto turbio de la época.
Subrayo que al no ser francés sino canadiense, no estuve bajo la influencia de ninguna segunda intención cultural, política o histórica sobre el tema.

Sin deformarlos, simplemente examiné los hechos bajo un ángulo nuevo, y seguí cada pista tan lejos como era humanamente posible hacerlo ciento cincuenta años más tarde. Fue para hacer progresar el conocimiento por lo que llevé a cabo una investigación desprovista de prejuicios, « libre », desinteresada y que la puse al servicio de la verdad. Pero yo sabía que toda demostración factual y plausible no sería nunca nada más que una presunción.

Había comprendido desde hacía mucho que sólo la ciencia podría decidir y probar de manera incontestable mi tesis del envenenamiento. Nunca temí su veredicto, pues dicho veredicto, yo lo esperaba con un único fin: ante la dimensión de un personaje como Napoleón, me parecía inconcebible que se pudiera, aún hoy, seguir en la ignorancia de lo que había puesto un término a su extraordinaria trayectoria.
Fue así como me dirigí hacia la ciencia. Hoy, en lo que concierne al envenenamiento de Napoleón, los resultados son formales, las pruebas existen, la verdad – apoyada por los análisis científicos – es incontestable.

¿No se acudió en estos últimos años a pruebas de ADN para identificar los restos de la familia imperial rusa? ¿Se ha recusado jamás la ayuda de la ciencia en otros campos de la Historia: arqueología, y, especialmente, egiptología? ¿Se ha acaso puesto en duda los resultados obtenidos por los científicos y rebatido sus conclusiones? ¿Los historiadores les pidieron dedicarse a otros problemas? Si, en todos esos casos, los resultados obtenidos por los científicos han sido aceptados y han dado fe, es porque no se buscaba más que una cosa: la verdad absoluta para hacer progresar el conocimiento.
Cuando emprendí mis primeras investigaciones para elucidar las causas reales del deceso de Napoleón, no imaginaba que la verdad tendría tantas dificultades para imponerse en Francia.

Los análisis realizados a mi petición por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo han sido realizados por los científicos del más alto nivel que se puedan encontrar. Ahora, ¿a qué asistimos desde la comunicación de sus conclusiones? Al singular espectáculo de un pequeño grupo de historiadores – del que conviene subrayar que algunos ni siquiera lo son – quienes, no satisfechos de haberse « auto-adjudicado » a Napoleón y el Primer Imperio, se han además « auto-proclamado » censores de referencia, se autorizan a ridiculizar abiertamente y públicamente esta tesis del envenenamiento, por ende desacreditando los trabajos científicos de los que no entienden nada.

Una cosa es cierta: su rechazo no ya no puede justificarse por el azar, la credulidad o la ignorancia, y, desde ahora, la verdadera pregunta que se plantea aún no es: « Cómo » murió el Emperador, sino: « Por qué », ciento ochenta y dos años después, esos historiadores se obstinan en su negativa de aceptar una realidad confirmada por la ciencia.

Ben Weider, C.M., C.Q., SBStJ, Ph.D.
Presidente
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Jean-Claude Damamme

VERDADES • MENTIRAS

Entregad esta espada a mi hijo
Muerte de Napoleón en Santa Elena
 

« Las grandes obras que he ejecutado y el código de leyes que formé resistirán a la prueba del tiempo y los futuros historiadores vengarán las injusticias que me han infligido mis contemporáneos. »

Cita de Napoleón apuntada por el Dr. Barry E. O’Meara en santa Elena.

 

ASUNTO DEL ENVENENAMIENTO

LAS CERTITUDES EXTRAÑAS DEL DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN NAPOLEÓN

 

En el mes de noviembre del año pasado, en su número 1022, la revista de vulgarización Science & Vie publicaba un expediente sobre el envenenamiento de Napoleón, en el que se concluía, con el apoyo de análisis científicos, que contrariamente a lo que había sido establecido por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, el arsénico contenido en los cabellos de Napoleón no se debía más que a productos utilizados para la conservación de sus cabellos. El autor de dicho expediente, anunciado en la portada bajo el título: Exclusivo: Napoleón no fue asesinado, afirmaba de manera perentoria: « La tesis del envenenamiento con arsénico se justifica ».

Descubriremos – y es enfadoso para la demostración que se nos asesta – que contrariamente a la que fue empleada por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo para analizar los cabellos sometidos por el canadiense Ben Weider, el método utilizado no es reconocido por los tribunales internacionales – ¡un colmo cuando se trata de determinar si una intoxicación arsenical es, o no, de origen criminal! – y no ha sido objeto de ningún comunicado en las revistas científicas, las únicas que reconocen los investigadores de alto nivel.

Es lo que desarrollaremos en las páginas que siguen.

¿Hay que ver aquí una relación de causa a efecto?

El 14 de enero, por iniciativa del gran diario Últimas Noticias de Alsacia (Dernières Nouvelles d’Alsace), se llevó a cabo en Estrasburgo una conferencia « a dos voces » en la que participaron el doctor Pascal Kintz, del Instituto de Medicina Forense (Universidad Louis-Pasteur) de Estrasburgo, y el Sr. Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón.

Tema (sensible): el envenenamiento de Napoleón.

Recordemos que el doctor Kintz, presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica, ha realizado los análisis de los cinco mechones de Napoleón que le había confiado el presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal, Ben Weider. Objeto de dichos análisis: detectar en los cabellos del Emperador la presencia potencial de arsénico, ya evidenciada por análisis precedentes.

Recordemos también que el otro participante, el Sr. Lentz, es, por su parte, un adversario determinado de la tesis de un posible envenenamiento (¿criminal?) de Napoleón.

Un equipo había sido enviado por Ben Weider para filmar la manifestación. En nombre de su « derecho a su imagen », el director de la Fundación Napoleón interrumpió el principio de la conferencia, negándose a que el filme fuese utilizado por la Sociedad Napoleónica Internacional, y arguyendo que no había sido previamente informado de dicho rodaje. Hallaremos enseguida la carta dirigida por el Sr. Lentz a Ben Weider y la respuesta de éste último.

 

El Director

Señor Ben Weider
Presidente de la Sociedad
Napoleónica Internacional

 

París, 21 de enero de 2003

Señor Presidente,

Participando a una conferencia organizada en Estrasburgo, el 14 de enero pasado, tuve la sorpresa de encontrar en la sala a mi llegada dos cámaras de las que se me dijo iban a filmar la conferencia a cuenta de su asociación.

Al no haber sido prevenido con antelación, y al no haber dado en momento alguno mi autorización para ser filmado, he enviado la carta de la cual hallará adjunta una copia al presidente de la sociedad de producción.

Le confirmo a usted pues que toda utilización de mi imagen, en especial por la distribución de cassettes de vídeo o la difusión en Internet de esta conferencia, se haría sin mi autorización.

El debate que tenemos a distancia desde hace algunos años me parece deber ser continuado, por un lado, con cortesía, y, por otra parte, en el respeto del método histórico. Me pareció que querer filmarme sin mi autorización no concernía ninguno de estos dos aspectos.

Quedando a su disposición y contando con su comprensión, le ruego aceptar, Señor Presidente, la expresión de mi consideración distinguida.

Firmado: Thierry Lentz.

 

 

El Director

Carta recomendada, acuse de recibo

Señor Thierry Nachtergaële
Presidente
Anubis Producciones

París, 22 de enero de 2003

Querido Señor,

Gracias por su carta del 21 de enero.

Para dar seguida al hecho de que la grabación en vídeo de la velada llamada "Conferencia Gutenberg" organizada por los D.N.A., el 14 de enero de 2003 y realizada por usted por petición de la Sociedad Napoleónica Internacional ha sido efectuada, por un lado, sin que yo haya sido informado con antelación y, por otra parte, sin mi autorización, habiendo además notado que la S.N.I. se había comprometido con usted a respetar mi voluntad en lo concerniente al empleo de esas imágenes no autorizadas, tengo el honor de hacer de su conocimiento que me opongo a toda utilización pública de las imágenes que me representen durante esa conferencia, cualquiera que sea su soporte (cassette, DVD, etc...) y cualquiera que sea el modo de difusión. En otros términos, me opongo formalmente a la difusión de las imágenes de la conferencia Últimas Noticias de Alsacia en Internet o por televisión.

Le agradezco tener a bien informar a sus comanditarios atrayendo su atención sobre el hecho que se trata aquí no solo de una cuestión de cortesía sino también de derecho.

Contando con su comprensión,

Le ruego aceptar, Querido Señor, la expresión de mi consideración distinguida.

Firmado: Thierry Lentz.

 

El Director

El 31 de enero de 2003

Señor Thierry Lentz
Fundación Napoleón

He recibido su carta del 21 de enero y, aunque me decepcione, no estoy sorprendido de su reacción.

Quiero primeramente esclarecer un punto particular. Se equivoca usted al creer que le he faltado en cortesía y soy el primero sorprendido de que no haya usted sido avisado de nuestra intención de filmar el debate. En efecto habíamos hecho todas las gestiones necesarias en ese sentido con el organizador, quien, antes de darnos su aprobación, que obtuvimos por escrito, debía obtener el de los participantes. Ignoraba que los organizadores habían omitido consultarle. Note usted que lo lamento.

Su rechazo de permitirnos utilizar el vídeo del debate del 14 de enero en Estrasburgo parece indicar que usted no tiene el valor de sus opiniones y que no tiene empeño en la búsqueda de la verdad. Le he brindado una ocasión de alta visibilidad y difusión para dar a conocer sus argumentos contra mi tesis del envenenamiento a todos los miembros de la Sociedad Napoleónica Internacional, la cual, digámoslo por cierto, cuenta exactamente 484 miembros en 39 países del mundo. No es a su honor el haber falsa y públicamente indicado que nuestra sociedad no contaba más que con 5 miembros en Francia y 5 en Canadá. Yo no estaré resentido hacia usted puesto que de todas maneras, es de notoriedad pública que nuestra sociedad es es ampliamente apoyada a lo largo del mundo.

Permítame recordarle que nuestros miembros son todos historiadores, docentes, personajes políticos o públicos, o miembros activos en otras organizaciones napoleónicas. Su reputación basta para garantizar su credibilidad.

Si está usted convencido de sus argumentos, no comprendo que se oponga a una iniciativa que tiene como fin el comunicar fielmente su contenido y a hacerlos accesibles a un amplio público. Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias de opinión acerca del tema del envenenamiento del Emperador, aprovecho la ocasión de desearle felicidad y salud.

Firmado: Ben Weider, C.M., C.Q., SBStJ, Ph.D.

 

Subrayemos que el Sr. Lentz se desplazó a Estrasburgo por invitación de Dernières Nouvelles d’Alsace para participar en una conferencia sobre un tema que, es útil recordarlo, concierne los análisis hechos por petición suya, y financiadas por el presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional.

Recordemos también que Ben Weider proporcionó al laboratorio cinco preciosos mechones de cabellos de Napoleón que sabía serían irremediablemente destruidos.

La conferencia se llevó a cabo en tres partes: la exposición del Sr. Thierry Lentz, la del doctor Kintz y un debate, esencialmente entre ambos partícipes.

- A nivel científico, la tesis de la intoxicación arsenical del Emperador, ha sido, es evidente, presentada magistralmente por el doctor Pascal Kintz, y conviene subrayarlo pues el ejercicio era difícil, de manera accesible para todos.

- En revancha, la parte histórica (la más controvertida) fue dejada – y será suficiente para decir su imparcialidad – a la discreción únicamente del Sr. Thierry Lentz, representando « la escuela de pensamiento » del Souvenir Napoleónien (el Recuerdo Napoleónico), es decir la del profesor Jean Tulard y de sus obligados – quienes, aún cuando las demás voces sean sofocadas, no encarna el único modo de pensar sobre el tema, ni en Francia, ni en el extranjero. Así pues, sobre este punto en particular, la asistencia no oyó, como de costumbre, más que los argumentos – sin sorpresa y en un único sentido – del director de la Fundación Napoleón nada más.

Contrariamente a lo que pasa ordinariamente en un país no totalitario, cuando personas tienen opiniones divergentes acerca de algún asunto, cualquiera que sea su naturaleza, se le permite a cada uno expresar su punto de vista. Democracia obliga.

Ahora, ¿a qué asistimos durante meses en este caso preciso? ¿Desde la comunicación, en el mes de junio de 2001, del resultado de los análisis hechos por el laboratorio del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, quien se expresó sobre el tema?

Únicamente los adversarios de la tesis: los señores Tulard, Lentz y otros, a quienes radios, televisiones y prensa escrita han acordado generosamente la palabra sin preocuparse – lo cual es sorprendente de parte de periodistas de quienes sabemos los esfuerzos que realizan en su búsqueda de la verdad – de aquellos quienes tienen otra voz que dar a escuchar. Pudieron así ridiculizar – lo cual no es nuevo, sino que se funda en una estrategia perfectamente experimentada – a la Sociedad Napoleónica Internacional y a su presidente, puesto ipso facto en la incapacidad de responder, dar por cantidad despreciable una tesis que se fundamenta sólidamente en los resultados obtenidos desde hace cuarenta años por los científicos de alto nivel de la Universidad de Glasgow, del FBI y, muy recientemente, de la Universidad Louis-Pasteur de Estrasburgo, y todos aquellos, entre ellos eminentes historiadores extranjeros, quienes la apoyan. Por no citar más que esas, las dos emisiones del 13 de junio y 6 de diciembre en Europe 1, que ofrecieron al Sr. Lentz una doble ocasión de burlarse descaradamente de los « envenenistas », son reveladoras de esta singular situación.

Así, ya que pudimos tener conocimiento de la « banda sonora » de la manifestación, juzgamos indispensable librar a los visitantes del sitio de la Sociedad Napoleónica Internacional algunas reflexiones acerca de esta conferencia; refiérase a los artículos:

- Análisis de Science & Vie, un método no validado por los tribunales internacionales
- A propósito de la Intervención del Sr. Thierry Lentz
- A propósito de la intervención del Dr. Pascal Kintz

¿Debate o ardid?

Después de estas dos intervenciones, se desarrolla una suerte de debate, esencialmente entre el científico y el director de la Fundación Napoleón.

- Éste último plantea de inicio una pregunta que se pretende embarazosa, pues se trata menos, al parecer, de buscar una verdad que de poner en aprietos a quien que no dice lo que se quisiera oírsele decir: fundándose sobre las divergencias relativas a la naturaleza de la intoxicación – interna o externa – el Sr. Thierry Lentz da a entender que, según el doctor Kintz, « las gentes de París no han trabajado bien. »

Extraña aserción proveniente de aquel que reprocha vehementemente a los demás el recurrir a citas alteradas, pues basta escuchar la grabación para oír al doctor Kintz decir simplemente que los científicos que procedieron a los análisis para Science & Vie « han utilizado una tecnología que no es validada por los tribunales, que es desconocida y que no ha sido publicada más que en una revista de vulgarización sin comité de lectura. »

- La segunda pregunta se refiere a las importantes cantidades de arsénico reveladas por los mismos análisis de la revista en los cabellos que fueron cortados antes de que el Emperador hubiera desembarcado en Santa Elena.

Esta pregunta, anodina en apariencia, es en realidad una trampa insidiosa, ya que el doctor Kintz no fue invitado a la presentación de los resultados publicados por Science & Vie. ¿Es que su presencia hubiera sido molesta? Todo es tan simple y sereno cuando uno se queda, como de costumbre, entre sí, fuera de la presencia de un eventual contradictor – sobre todo competente.

La respuesta, que confirma y completa la precedente, podría resumirse como sigue: no he visto los datos, no sé lo que ha sido analizado, no conozco para nada esta tecnología que ha sido utilizada por primera vez, que no es validada en el ámbito científico, que no ha sido publicada en la literatura científica internacional.

Y añadamos: contrariamente, entre otras cosas, a la que fue empleada para los análisis realizados por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.

« Con la tecnología en cuestión, una tecnología no destructiva, que es una emisión de rayos sobre la longitud del cabello, se puede perfectamente imaginar, explica el doctor Kintz, que haya arsénico en todo el mundo. De ahí la obligación de ir a buscar en el corazón del cabello. »

Es justamente lo que fue hecho en el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo con los resultados que se han constatado.

- Última maniobra del director de la Fundación Napoleón: para tratar de acreditar que, finalmente, esas cantidades de arsénico eran muy banales en Santa Elena, evoca unos análisis hechos por un laboratorio de Munich, que revelaron cantidades de arsénico bastante elevadas en unos cabellos de Albine de Montholon.

La respuesta a su preocupación se halla en una carta dirigida el 2 de octubre de 2002 por el Sr. de Candé-Montholon a Ben Weider:

« … Por otra parte, el profesor Maury había hecho analizar unos cabellos de Albine de Montholon que yo le había entregado y que fueron muy probablemente cortados para ser dados a su esposo cuando ella dejó Santa Elena: Esos cabellos presentan una cantidad normal de arsénico [subrayado por nosotros] compatible con las cantidades que se encuentran hoy en nuestros cabellos. Pongo de hecho a su disposición dicho mechón, si usted desea someterlo a un nuevo análisis… »

¡En vista de la identidad del remitente así como de la del destinatario, no hay duda de que esta carta parezca sospechosa al Sr. Lentz !

Antes de que se acabara la conferencia, el director de la Fundación Napoleón vuelve a las razones que le llevaron a crear un incidente al inicio de la conferencia y sobre su negativa a ser filmado.

He aquí lo que declara a la asistencia:

« Me niego a que mi imagen sea entregada a la Sociedad Napoleónica Internacional, primero porque no fui informado previamente [!]. Les hubiera leído un texto, y no hubiera salido de él porque los métodos de esta Sociedad Internacional, que cuenta con [se le oye fingir que duda] cinco “adeptos” en Francia y cinco en Canadá - [¡«adeptos»! ¡Qué curiosa expresión, Sr. Lentz! En su carta, reproducida al principio de este texto, Ben Weider responde a esta lamentable mezquindad] - son los de utilizar este tipo de evento para decir, por ejemplo, que he dado razón varias veces al doctor Kintz ; pero lo hice con las reservas acostumbradas. ¡Pues bien, podía usted estar seguro de que, mañana, la prensa de Montreal hubiera titulado: El director de la Fundación Napoleón da razón a Ben Weider! »

Los periodistas quebequenses sabrán ciertamente apreciar como se debe este gratificante comentario sobre su deontología profesional.

No hay duda igualmente de que los profesores Chandler y Horward, ambos miembros eminentes de la Sociedad Napoleónica Internacional, apreciarán a su justo valor este amable calificativo de « adeptos ».

Ahora, lean atentamente el pasaje que sigue – ha sido transcrito palabra a palabra (se trata pues nuevamente de lenguaje hablado) – pues, he aquí lo que este mismo Sr. Lentz, a quien acabamos de oír complacientemente sentencioso y moralizador, responde a una pregunta del animador sobre la autenticidad de los cabellos entregados por el canadiense a los científicos del Instituto medico-forense de Estrasburgo:

« Aparentemente, vamos, lo digo, pero como voy a hacer que lo borren de la cassette, el Sr. Weider no podrá publicarlo en su sitio Internet, aparentemente, los cabellos que le fueron dados al doctor Kintz parecen ser buenos, porque, efectivamente, hay una cierta trazabilidad… »

En una teleserie estadounidense, esta declaración iría seguida del inevitable:

« El jurado apreciará. »

¡No dudamos que los lectores de la presente hagan lo mismo!


Resultados coherentes desde hace más de cuarenta años

Algunas reflexiones para terminar con esta evocación de la conferencia organizada por les Dernières Nouvelles d’Alsace:

- El doctor Kintz recordó de manera útil que, desde los años sesenta, los científicos que se han interesado en este caso han – siempre – obtenido resultados homogéneos – lo cual no pertenece al ámbito de esa « íntima convicción », cara al Sr. Thierry Lentz. ¿O deberíamos presumir que todos se han equivocado con una sorprendente constancia, y, como consecuencia, agradecer a la revista Science & Vie (cuyas motivaciones reales quedan por ser esclarecidas) por haber – ¡por fin! – permitido que la verdad (?) surgiera a la luz?

-Cualquiera que sea la misión que le fue confiada, recordó el doctor Kintz, el científico con sus análisis no tiene como mandato el substituirse a la « gama de argumentos », ni tomar el lugar del magistrado, o, en el caso presente, del historiador. Hay sin embargo una diferencia notable entre el magistrado y el historiador napoleónico, tal, al menos, como se le percibe a través del prisma del Sr. Thierry Lentz: mientras el primero, en vista de tales resultados de los análisis, ordenará un suplemento de investigación, el segundo no los tomará en cuenta bajo pretexto de que « se burla de saber » si el sujeto, el Emperador en este caso, fue envenenado o no, al tratarse de un fenómeno… « secundario ».

- El canadiense Ben Weider hizo entrega de las piezas de convicción: cinco mechones de cabellos. Los análisis efectuados por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo han revelado sin ambigüedad la presencia de arsénico en tales cantidades, que no pueden ser el fruto del azar, sino la consecuencia de una exposición crónica repetida – contestar este hecho pone de manifiesto la ceguera, la mala fe o cualquier otra obscura razón – pero, añadió el doctor Kintz, y él tiene razón de decirlo, « No soy capaz de decirlo, y eso no me interesa, quién, por qué, cómo. »

- El Sr. Thierry Lentz ha reconocido – públicamente – que los cabellos analizados eran auténticos. Esos cabellos contenían fuertes dosis de arsénico.

- Nosotros sabemos que hay al menos tres sospechosos con móviles y/o objetivos en juego colosales e intereses a veces comunes.

- Los científicos hicieron su parte. Es importante ahora que el debate se abra entre « verdaderos » historiadores – entendamos: animados por la única preocupación de una búsqueda de verdad absoluta – y que cese el monopolio de quienes, por su confiscación del Primer Imperio y una hábil mediatización, rechazan los resultados científicos para imponer lo que, por otra parte, no puede ya ser tomado más que por su « íntima convicción ».

Pues, contrariamente a lo que el Sr. Thierry Lentz ha afirmado al principio de su intervención, elucidar las causas reales de la muerte de un hombre como el Emperador pertenece al ámbito de la gran Historia del mundo.

Jean-Claude Damamme

Escritor, miembro de la Société des Gens de Lettres, Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia, miembro adherente de la Association des Écrivains Combattants, representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional, autor de: Lannes, Maréchal d’Empire (Éditions Payot), Les Soldats de la Grande Armée (Éditions Perrin), La Bataille de Waterloo (Éditions Perrin).

El texto que acaba usted de leer fue publicado en el sitio Internet de la Sociedad Napoleónica Internacional en sus versiones inglesa y francesa, y en castellano en el sitio Internet del Instituto Napoleónico México Francia. Fue asimismo editado en forma de folleto. Si desea recibir sin costo alguno un ejemplar, le bastará con hacer la petición:

ya sea por correo a la sede de la Sociedad:

2875, chemin Bates
Montreal, Quebec
Canadá, H3S 1B7

Ya sea por fax al número siguiente: (514) 731-9026

O bien por e-mail: napoleon@weider.ca

El presidente Ben Weider estará feliz de hacerle llegar un ejemplar.

 


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