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SIMBÓLICA Y TRADICIONES:
EMBLEMAS, ÓRDENES Y ATRIBUTOS MILITARES DEL PRIMER IMPERIO
 
Armas del Imperio.
Armas del Emperador Napoleón I

Por el Coronel

Paul Willing

Antiguo conservador del Museo del Ejército en el Hotel de Los Inválidos
Cor. Paul Willing
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.©

Notas del INMF.
 
Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador de la Francósfera México-Francia.
INTRODUCCIÓN
Por el Profesor
Sir Eduardo Garzón-Sobrado
De la Academia Nacional de Historia y Geografía (UNAM)
Presidente-fundador del INMF.

Oriundo de La Haya (Países Bajos), el Coronel Paul Willing (1821-2007) desempeñó una brillante carrera militar que le permitió recibir múltiples condecoraciones francesas, como la Cruz de Guerra de los TOE, la Cruz del Valor Militar y la Legión de Honor, por no citar más que las distinciones francesas más distinguidas.
Su carrera le llevó, en 1962, a ser nombrado Jefe de gabinete del Estado mayor particular del General de Gaulle, presidente de la república francesa.
En 1978, es nombrado conservador del Museo del Ejército (Hotel de Los Inválidos), puesto que ocupó hasta 1986. Asimismo, fungió como vicepresidente de honor de la asociación de historia militar La Sabretache. Por otro lado, fue miembro de honor del Consejo de administración de la Sociedad de los Amigos del Museo del Ejército y antiguo miembro del jurado de los Grandes Premios de historia de la Fundación Napoleón. Formó parte igualmente del comité de altas personalidades del proyecto de reconstrucción del Palacio de las Tullerías.
El Coronel Willing es autor de importantes obras relativas a los dos Imperios, entre las cuales destacan especialmente: L’Armée de Napoléon III («El ejército de Napoleón III») PREAL, 1983; Napoléon et ses soldats: l’apogée de la gloire 1804-1809 («Napoleón y sus soldados: el apogeo de la gloria 1804-1809») PREAL, 1986; o Napoléon et ses soldats: de Wagram à Waterloo 1809-1815 («Napoleón y sus soldados: de Wagram a Waterloo 1809-1815»), PREAL, 1987.

Guardián de las conquistas realizadas durante la Revolución, Napoleón I no sólo preserva los tres colores nacionales, sino que los generaliza al conjunto del Ejército e instaura un sólo tipo de bandera, de estandarte o de banderín.

La primera disposición de 1804, con rombo central blanco, cuatro triángulos alternados azules y rojos, es idéntica a la de las banderas del Consulado aligerados de las esferas y trofeos de armas.
Dichos emblemas, cuyas telas son fabricadas en tafetán de seda por los talleres Challiot y Picot, no comportan ni franjas ni cuerda y portan inscripciones pintadas y no bordadas.
Será la disposición poco satisfactoria del rombo central de los emblemas (que dificulta la inscripción harmoniosa de los nombres de batallas) lo que va a decidir al ministro de la Guerra, Clarke, en 1812, a colocar por bandas verticales e iguales en el orden: azul, blanco, rojo, los tres colores nacionales. Así, el nacimiento de la bandera tricolor actual tiene su origen en una decisión casi administrativa (1).

Desde la proclamación del Imperio, el 18 de mayo de 1804, Napoleón se preocupa por la elección de un símbolo o emblema imperial.
Ideas extrañas son emitidas por el Consejo de Estado sugiriendo atributos diversos que van de la lechuza, pasando por el gallo y el león (2), hasta el elefante (3), la espiga de trigo e incluso la flor de lis (4).

El Emperador, después de haber descartado con desprecio al gallo, «animal de corral» (5), se une momentáneamente a la elección del león pero luego decide, al día siguiente, que el águila con las alas desplegadas, «portada de la misma manera que los romanos», será el emblema del Imperio francés (6). Es así como un águila de bronce molido, ejecutada por Thomire según un dibujo original del escultor Chaudet, se convierte en la parte esencial de las banderas de las unidades (batallones y escuadrones) del ejército.

Napoleón, disminuyendo la importancia atribuida hasta entonces a la tela de una bandera confiere un carácter simbólico y sagrado al águila (llamada l’oiseau, «el pájaro» (7) por sus soldados). A partir de entonces, la pérdida de un águila asume un carácter deshonroso para la formación en causa. Sólo la toma de una bandera al enemigo podía borrar semejante afrenta y dar derecho eventualmente a la entrega solemne de una nueva águila por el Emperador en persona.
Aunque pocas águilas hayan sido perdidas en combate, Napoleón decide sin embargo, en 1809, reducir su número a una sola por regimiento, lo que aumenta todavía más el valor simbólico de estos emblemas.

Preciosa águila del modelo dicho aligerado, que data de 1810-1811, ejecutada por Pierre-Philippe Thomire (1751-1843). Está confeccionada en bronce, y su peso es aproximadamente de 800 gramos.

En un viento de igualitarismo, la Convención había abolido todas las órdenes de caballería y distinciones militares del Antiguo Régimen, pero ya en Italia el general Bonaparte había juzgado indispensable distribuir armas de recompensa a los bravos de su ejército.
Así, una vez nombrado Primer Cónsul, instituye oficialmente la atribución «de armas de honor» (sables, fusiles, mosquetones, granadas, hachas de abordaje, trompetas o baquetas de tambor) a los oficiales y soldados que se habían ilustrado frente al enemigo.
Al fin, en 1802, realiza la necesidad de crear «una recompensa honorable y personal para los ciudadanos de todas las clases que la merecerían por la eminencia de sus virtudes patrióticas o la importancia de sus servicios». Así fue como se fundó la orden de la Legión de honor que, inicialmente no comporta ningún signo exterior.

Cruz de la Legión de Honor del 1er tipo. Este ejemplar perteneció al Emperador, es el que portaba durante su deportación en Santa Helena.

Esta orden de listón escarlata (8) que se convertirá en una de las más prestigiosas del mundo y no recibe su organización definitiva hasta 1804 (9), va a comportar una insignia, entre la cual la estrella (ya no se trata de cruz) será similar para todos los grados. Los primeros modelos de insignias son encargados donde la ciudadana la ciudadana Challiot, viuda del dibujante del proyecto. Otros son realizados en los talleres Halbout, joyero del Quai Conti que es nombrado «proveedor de la Legión de honor». Las primeras distribuciones solemnes de estrellas a 8000 recipiendarios tienen lugar en la iglesia de los Inválidos, luego en el campo de Boloña, respectivamente el 15 de julio y el 16 de agosto de 1804.

Si bien son creadas bajo el Primer Imperio otras dos órdenes importantes de caballería: las de la Corona de Hierro (1805) y de la Reunión (1807), atribuidas a unas centenas de eminentes civiles y militares de rango elevado, no existirán otras recompensas: decoraciones, medallas o insignias, para los militares de grado más modesto. Habrá que esperar, cuarenta y dos años después de Waterloo, para que «el sobrino», Napoleón III, instituya las medallas conmemorativas y principalmente la «de Santa Helena» que será atribuida, un poco más tarde,a las decenas de miles de sobrevivientes de los ejércitos de la Revolución y del Primer Imperio.

La última parte de la «simbólica militar» del Primer Imperio es aquella, vasta y compleja, de los atributos en cobre, latón o en hojalata, que ornaban los tocados, uniformes, armamentos y atavíos de las diferentes armas, subdivisiones de arma, o cuerpos de tropa de la Armada.
Se trata, esencialmente, de los muy numerosos modelos de alza-cuellos, placas de portapliegos y de cartuchera, hebillas de cinturón, atributos diversos de brida y de antepecho, en fin, placas de los bonnet à poil (10), de shako o de czapska (11) conformes los reglamentos de 1806, 1810 y 1812, pero que comportan múltiples variantes debidas a la iniciativa o a la «fantasía» de un buen número de jefes de cuerpo.

NOTAS:

1) La historia y la simbólica de la bandera tricolor francesa es muy rica y bien merece algunas observaciones.
Este lábaro nace durante la Revolución francesa, el 27 pluvioso año II (15 de febrero de 1794) siendo designado en referencia a la cucarda que portaba la guardia nacional en 1789. Data de hecho de 1794 y por orden de la Convención fue diseñado por el ilustre pintor Jacques Louis David.
La bandera tricolor atravesará todo e periodo revolucionario, el Consulado y el Imperio, hasta ser prohibida en 1815, tras la caída de Napoleón. Resurgirá sin embargo en 1830 para mantenerse hasta nuestros días.
Básicamente, se puede decir que el azul y el rojo son los colores de la ciudad de París, mientras el blanco es el de la Casa Real de Francia. Sin embargo, estos colores están cargados de una profunda significación simbólica que hunde sus raíces en los albores de la historia de Francia:
a) Primeramente, el azul, en primera instancia hace referencia a les Bleus, los partisanos de la república. En este caso el azul se refiere al color del uniforme de los soldados revolucionarios y por posteriormente se asimilará al de la mayoría de los partidos republicanos a lo largo del siglo XIX. Más allá de esta interpretación moderna y bastante simplista, el azul era atribuido por tradición histórica a San Martín, cuya capa era de este color. San Martín, figura por cierto muy venerada por los mexicanos, fue un oficial galo-romano muy rico que desgarró su capa con la espada para darle una mitad a un pobre que pedía limosna tendido en la nieve. En ese sentido, el azul se asimila a la caridad, y más precisamente, al deber que tienen los ricos de ayudar a los pobres.
b) El blanco enseguida, es el color de la pureza y de la Virgen María, a la que Luis XIII consagró el Reino de Francia, en el siglo XVII.
Este color se asocia igualmente a Santa Juana de Arco, cuyo banderín níveo representa a Francia y a su pueblo. En cuanto a su connotación política inmediata, el blanco era el color de la bandera de los reyes, así como de sus partidarios, llamados popularmente les Blancs. En oposición al gorro rojo frigio, los realistas que deseaban la restauración borbónica llevaban un listón blanco como señal de su apoyo al rey Luis XVIII.
c) Si bien fue adoptado posteriormente por la chusma de París durante la Comuna, en 1870, el rojo, que hoy entendemos como el color característico de la lucha de clases y de la revolución comunista, distaba mucho entonces de ser visto bajo estos tintes. En efecto, el rojo era el color de la mítica oriflama de San Dionisio, santo patrón de París. Asimismo, era esta la legendaria bandera de guerra los Reyes de Francia, así como el estandarte imperial de Carlomagno.
2) «El león que pone en fuga al guepardo inglés», sugirió el Conde de Ségur.
3) Propuesta hecha por el consejero Jean-Charles-Joseph Laumond en virtud de «la masa y el espíritu» del paquidermo.
4) La flor de lis es el emblema de Francia, y no, contrariamente a lo que se piensa generalmente, el de la Casa de Borbón y la realeza francesa. Las flores de lis son un símbolo muy antiguo, que tiene su origen en los decorados del Templo de Jerusalén; se convertirán en las «armas de Francia» bajo Luis VII, y desde entonces ornamentarán la corona y el atuendo reales. Dichas «armas de Francia», de «azur sembrado de lises de oro», simbolizan en lo que se refiere al azul, el cielo y el mundo espiritual, y en cuanto a las flores de lis, la blancura «de la pureza y de la perfección».
5) La cita íntegra de Napoleón es algo más terminante: «animal de corral que escarba en el estiércol».
6) El águila es el símbolo por excelencia del Imperio y el elemento central del blasón napoleónico. Se trata de un símbolo con significados diversos, heredero a la vez tanto del águila romana como de la carolingia.
Ave de Zeus en la Grecia antigua, posteriormente de Júpiter y emblema de la Roma imperial, el águila se ha asociado desde tiempos inmemoriales a las victorias militares, pero más profundamente, en la tradición cristiana, tiene una significación espiritual al ser un símbolo asimilado a San Juan apóstol; en efecto, el águila es el ave que se supone capaz de mirar al sol de frente.
Apenas coronado emperador, Napoleón ordenará que dicha efigie sea colocada en el extremo del asta de las banderas del ejército y en los principales edificios, monumentos y documentos oficiales. Será muy recurrentemente complementada con otros atributos, como son el haz de Júpiter y los rayos en sus garras, y la necesaria corona imperial, que es la marca de su elección por parte de Dios y símbolo manifiesto de la recompensa que, a su muerte, el soberano recibirá del cielo. La corona imperial está cerrada, conformada por águilas con las alas alzadas, arcos, y terminándose en un globo rematado por la cruz.
El águila de Chaudet (ver nuestro artículo: Símbolica de las Armas del Emperador Napoleón) es una obra original y poco convencional en virtud de las diferentes referencias en las que el artista se basó para la confección de su modelo. No obstante, resulta evidente su inspiración en las águilas romanas de Marius y de Sylla.
En lo que se refiere a su función y empleo heráldicos, el águila está exclusivamente reservada a los miembros de la Familia Imperial de Francia. Por decreto del 10 de julio de 1804, las armas del Emperador son «de azur con águila a la antigua de oro, apoyándose en un rayo del mismo».
7) También llamada cariñosamente el cucú.
8) En referencia a la prestigiosísima cruz de la Orden de San Luis. Esto explica la razón por la cual Napoleón insistirá siempre en llamar a su presea cruz, cuando en realidad, en el caso de la «Legión», se trata de de hecho de una estrella de cinco rayos, la estrella del Emperador.
9) Año de la restauración de la monarquía: proclamación del Imperio el 18 de mayo de 1804, Consagración y Coronación del Emperador el 2 de diciembre siguiente.
10) Gorros peludos de los granaderos.
11) Comúnmente llamados «chapka».

 

ARTÍCULOS
   
¿Qué animal heráldico para representar al Imperio?, por Frédéric Masson.
La símbolica napoleónica, por el Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado.
El bicentenario del blasón, por el barón Philippe Lamarque.


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