|
ANÁLISIS
DE SCIENCE &
VIE: |
|
UN
MÉTODO
NO VALIDADO
POR LOS TRIBUNALES
INTERNACIONALES |
|
|
Por
el Señor |
Jean-Claude
Damamme
Consejero
Histórico Especial
del Instituto Napoleónico
México-Francia
Representante en Francia
de la Sociedad Napoleónica
Internacional |
 |
| Sr.
Damamme
|
|
|
Traducción
del Instituto Napoleónico
México-Francia
© |
El
momento llegó pues
de plantear esta pregunta:
¿Qué hay de
esas revelaciones que le debemos
a la revista de vulgarización
Science&Vie?
En
primer lugar, constataremos
sin sorpresa que, esta vez,
el Sr. Lentz no utiliza el
vocablo « ocurrencia
». Simple distracción
sin duda, pues no se le podría
imaginar reservando esta suerte
de gracia tan sólo
a los « envenenistas
».
Nos
interesaremos en los resultados
obtenidos dejando de lado
la exposición técnica.
La lectura de la revista nos
la proveerá. Pero el
artículo es (en apariencia)
tan complejo (para el profano)
que su comprensión
es aleatoria, y toda persona
que no posea un mínimo
de formación científica
no podrá sino sancionar,
impresionada y subyugada,
los argumentos propuestos
sin poder forjarse una opinión
personal en todo conocimiento
de causa.
¿No
era acaso esta la finalidad
buscada?
Recordación
no superflua: mientras los
Señores Lentz y Tulard,
por no citarlos más
que ellos, siempre han puesto
en duda la autenticidad de
los cinco mechones provenientes
de la colección Weider
insistiendo intensamente en
esta fórmula empleada
por todos los toxicólogos:
« cabellos atribuidos
a… », curiosamente,
no se les oyó proferir
la más mínima
reserva acerca de los cabellos
analizados por instigación
de la revista Science
& Vie bajo la dirección
del laboratorio de toxicología
de la Prefectura de París.
Sobre
este mismo tema del origen
de los cabellos, los historiadores
napoleónicos hostiles
a la tesis nunca se han interrogado
acerca de esta extrañeza:
¿cómo explicar
que cinco mechones de cabellos
provenientes de los cuatro
rincones del orbe y que, según
ellos, habrían pertenecido
a cinco personas diferentes,
podían presentar –
todos – concentraciones
de veneno abrumadoras?
Esto les parecía límpido
y natural.
Para
poner esta sutil (e hipócrita)
argumentación semántica
en su verdadero lugar, recordaremos
una vez más –
y el doctor Kintz lo precisa
por cierto en su exposición
– que toda persona investida
de poderes judiciales no puede
utilizar la mención
específica «
cabellos de…
» más que si
los ha cortado – él
mismo – de la cabeza
de la víctima o del
sujeto.
¿Qué
revelan los resultados publicados
por Science & Vie?
Que
los cabellos analizados presentan
concentraciones en arsénico
superiores a las concentraciones
fisiológicas, y que
esta repartición es
« bastante homogénea
» a lo largo del cabello.
Y como este arsénico,
siempre según la revista,
está igualmente presente
sobre cabellos cortados en
1805 y 1814, antes pues de
la espantosa tragedia de Santa
Elena, no se podría
hablar de « intoxicación
por ingestión
», sino de una contaminación
por « productos
conservadores ».
La
contaminación sería
entonces externa.
Ahora,
explica el doctor
Kintz, si el arsénico
proviene de los productos
de conservación, éste
no se deposita más
que en la superficie del cabello,
y en ese caso, el procedimiento
de descontaminación
evocado precedentemente lo
libera de él. El tóxico
pasa al agua de de lavado.
Basta entonces analizar esa
agua: si contiene una gran
cantidad de tóxico,
ello prueba que el arsénico
es en efecto « exógeno
» (externo).
Este
análisis del agua de
lavado fue hecho. ¿Y
entonces? Al no ser, no más
que el Sr. Lentz, especialista
en toxicología, me
dirijo al doctor Kintz para
obtener una respuesta:
«
No han encontrado nada,
lo que prueba que el arsénico
no viene del exterior
».
Tal
vez convenga entonces interrogarse
acerca del valor real de esta
« prueba de tres que
no hubo intoxicación
» administrada en un
tono sin réplica por
Science & Vie.
Notaremos
con interés –
y sorpresa – que el
autor del artículo,
apoyándose en la opinión
de dos médicos estadounidenses
de los cuales uno, al parecer,
es… cirujano estético,
no vacila en poner en duda
los métodos de descontaminación
empleados por el doctor Kintz,
de quien hemos mencionado
antes la calidad. Lo cual
hace decir a Ben Weider en
un número fuera de
serie del Figaro Magazine
consagrado a Napoleón:
«
Esto equivale
a poner en duda las competencias
profesionales de un hombre
que es nada menos que el presidente
de la Sociedad Francesa de
Toxicología Analítica.
Es grave ».
No
se podría decir mejor.
