Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
ANÁLISIS DE SCIENCE & VIE:
UN MÉTODO NO VALIDADO POR LOS TRIBUNALES INTERNACIONALES

Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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El momento llegó pues de plantear esta pregunta: ¿Qué hay de esas revelaciones que le debemos a la revista de vulgarización Science &Vie?

En primer lugar, constataremos sin sorpresa que, esta vez, el Sr. Lentz no utiliza el vocablo « ocurrencia ». Simple distracción sin duda, pues no se le podría imaginar reservando esta suerte de gracia tan sólo a los « envenenistas ».

Nos interesaremos en los resultados obtenidos dejando de lado la exposición técnica. La lectura de la revista nos la proveerá. Pero el artículo es (en apariencia) tan complejo (para el profano) que su comprensión es aleatoria, y toda persona que no posea un mínimo de formación científica no podrá sino sancionar, impresionada y subyugada, los argumentos propuestos sin poder forjarse una opinión personal en todo conocimiento de causa.

¿Acaso no era esta la finalidad buscada?

Recordación no superflua: mientras los Señores Lentz y Tulard, por no citarlos más que ellos, siempre han puesto en duda la autenticidad de los cinco mechones provenientes de la colección Weider insistiendo intensamente en esta fórmula empleada por todos los toxicólogos: « cabellos atribuidos a… », curiosamente, no se les oyó proferir la más mínima reserva acerca de los cabellos analizados por instigación de la revista Science & Vie bajo la dirección del laboratorio de toxicología de la Prefectura de París.

Sobre este mismo tema del origen de los cabellos, los historiadores napoleónicos hostiles a la tesis nunca se han interrogado acerca de esta extrañeza: ¿cómo explicar que cinco mechones de cabellos provenientes de los cuatro rincones del orbe y que, según ellos, habrían pertenecido a cinco personas diferentes, podían presentar – todos – concentraciones de veneno abrumadoras?

Esto les parecía límpido y natural.

Para poner esta sutil (e hipócrita) argumentación semántica en su verdadero lugar, recordaremos una vez más – y el doctor Kintz lo precisa por cierto en su exposición – que toda persona investida de poderes judiciales no puede utilizar la mención específica « cabellos de… » más que si los ha cortado – él mismo – de la cabeza de la víctima o del sujeto.

¿Qué revelan los resultados publicados por Science & Vie?

Que los cabellos analizados presentan concentraciones en arsénico superiores a las concentraciones fisiológicas, y que esta repartición es « bastante homogénea » a lo largo del cabello. Y como este arsénico, siempre según la revista, está igualmente presente sobre cabellos cortados en 1805 y 1814, antes pues de la espantosa tragedia de Santa Elena, no se podría hablar de « intoxicación por ingestión », sino de una contaminación por « productos conservadores ».

La contaminación sería entonces externa.

Ahora, explica el doctor Kintz, si el arsénico proviene de los productos de conservación, éste no se deposita más que en la superficie del cabello, y en ese caso, el procedimiento de descontaminación evocado precedentemente lo libera de él. El tóxico pasa al agua de de lavado. Basta entonces analizar esa agua: si contiene una gran cantidad de tóxico, ello prueba que el arsénico es en efecto « exógeno » (externo).

Este análisis del agua de lavado fue hecho. ¿Y entonces? Al no ser, no más que el Sr. Lentz, especialista en toxicología, me dirijo al doctor Kintz para obtener una respuesta:

« No han encontrado nada, lo que prueba que el arsénico no viene del exterior ».

Tal vez convenga entonces interrogarse acerca del valor real de esta « prueba de tres que no hubo intoxicación » administrada en un tono sin réplica por Science & Vie.

Notaremos con interés – y sorpresa – que el autor del artículo, apoyándose en la opinión de dos médicos estadounidenses de los cuales uno, al parecer, es… cirujano estético, no vacila en poner en duda los métodos de descontaminación empleados por el doctor Kintz, de quien hemos mencionado antes la calidad. Lo cual hace decir a Ben Weider en un número fuera de serie del Figaro Magazine consagrado a Napoleón:

« Esto equivale a poner en duda las competencias profesionales de un hombre que es nada menos que el presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica. Es grave ».

No se podría decir mejor.

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