« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
¡UN DESCUBRIMIENTO DEL DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN NAPOLEÓN PERTURBA LOS FUNDAMENTOS DE LA TOXICOLOGÍA!
EL ABURRIMIENTO ES UN VENENO MORTAL
 

Por el Doctor

Ben Weider

Dr. Ben Weider
Caballero de la Legión de Honor
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional
Miembro del Alto Consejo Honorario del Instituto Napoleónico México-Francia
 
« Las grandes obras que he ejecutado y el código de leyes que he formado resistirán a la prueba del tiempo y los futuros historiadores vengarán los entuertos que me habrán hecho sufrir mis contemporáneos.»
Cita de Napoleón recopilada por el Dr. Barry E. O'Meara en Santa Elena.

 

« NAPOLEÓN MURIÓ DE ABURRIMENTO »
Cita de Thierry Lentz, Director de la Fundación Napoleón

La noticia – que deja estupefacto – ha sido transmitida por un comunicado de la muy seria Agencia France-Presse (AFP). Está fechada en Sao Paulo, en donde, hasta el 2 de noviembre, se ha llevado a cabo una exposición consagrada a Napoleón.

La Comisaría general de la exposición a cargo de la Fundación Napoleón, los periodistas brasileños fueron pues a escuchar los argumentos de del Sr. Thierry Lentz, quien, en su calidad de director de dicha Fundación, es tomado por el público en general por la referencia autorizada en materia de historia napoleónica.

Según los términos de la Agencia France-Presse, el Sr. Lentz subrayó que la exposición tenía como finalidad desmitificar algunos aspectos de la vida de Napoleón, y no pudiendo resistir las ganas de aportar un toque personal y original a una cuestión que le es particularmente cara, el director de la Fundación Napoleón añadió:

« Napoleón no murió envenenado. Estaba tuberculoso [sic], tenía una úlcera y sobre todo, se aburría. Murió de aburrimiento y de tristeza ». (Fin de la cita).

Con argumentos desconsoladores, y es triste tener que decirlo, al límite de lo absurdo, el Sr. Lentz, como obligado respetuoso y digno sucesor de su protector, el profesor Jean Tulard, persiste, a pesar de las evidencias científicas, a rechazar la idea de un posible envenenamiento del Emperador.

Durante la conferencia del 14 de enero en Estrasburgo, hemos escuchado al director de la Fundación Napoleón, con el aplomo que le caracteriza, sugerir a los científicos ocuparse primero del problema del arsénico en el siglo XIX en vez de inmiscuirse en el « expediente Napoleón »; Le oímos igualmente condescender públicamente a reconocer la autenticidad de los cabellos que hice analizar por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, pero únicamente porque iba a hacer borrar esta confesión de la grabación (es lo que declaró públicamente durante su conferencia en Estrasburgo, el 14 de enero pasado); Le oímos decir que le « importa un bledo saber si Napoleón fue envenenado o no », puesto que se trata de un fenómeno «secundario»; Le hemos conocido hacerse sucesivamente el campeón del oficial cáncer hereditario (recuerdo que los cancerólogos más eminentes, como el profesor Lucien Israel, niegan a la enfermedad este carácter hereditario), y luego poner, a cuenta del papel tapiz, del pegamento y otras emanaciones de la estufa de Longwood, las huellas de arsénico determinadas por los toxicólogos en los cabellos del Emperador.

Hoy, nos brinda otro diagnóstico: un Napoleón tísico. Y lo que es más, no « aburriéndose a muerte », según la expresión popular bien conocida, sino físicamente matado por el aburrimiento.

¡Ahora, recordemos esa conferencia del 14 de enero en Estrasburgo!

¡Acaso no declaraba el mismo Sr. Lentz a un auditorio subyugado por tanta suficiencia que, « en el fondo del fondo [sic] », no creía en el envenenamiento de Napoleón » – lo contrario hubiese sido sorprendente – antes de sostener que el Emperador había muerto « de muerte natural. »

¡Apenas nueve meses más tarde, con el mismo aplomo, helo aquí concluyendo con autoridad en una tuberculosis, y, el colmo, en un aburrimiento mortal! ¡El aburrimiento materializándose bajo la forma de huellas – cuantificables – de arsénico que se encuentra en el corazón mismo del cabello!

Con esta astuciosa alegación sobre « el aburrimiento que mata », no es nada menos que un campo infinito de investigaciones lo que el director de la Fundación Napoleón acaba de abrir a los investigadores y a los toxicólogos del mundo entero, entre los cuales por supuesto los del FBI y, más recientemente, del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.

Con el tacto que lo caracteriza, el profesor Tulard siempre ha visto en la tesis que sostengo – la intoxicación criminal – « una nueva serpiente marina ».

Ahora, desde hace más de treinta años que busco elucidar las causas del fallecimiento de Napoleón, nunca he variado: el Emperador murió envenenado.

Gracias a los científicos que han procedido a los análisis toxicológicos de los cabellos que les confié – y cuya autenticidad es reconocida – creo haber aportado pruebas más serias y creíbles que las fábulas de inspiración variable que el Sr. Lentz propone a quien quiere oírlas.

Inspirándome en una expresión francesa un poco familiar, la última « ocurrencia » (1) (vocablo que les es caro) del director de la Fundación Napoleón me conduce todo naturalmente a hacer esta pregunta: ¿entre el Sr. Thierry Lentz, quien sigue fielmente « el camino de su maestro » (2), el profesor Jean Tulard, y yo mismo, quien es el que hace surgir « serpientes marinas » de su chistera?

Ben Weider, CM, CQ, SBStJ, PhD
Presidente

1) “Saillie” en francés. La expresión familiar más próxima sería “la última mafufada”... NdT.
2) “La voie de son maître” en el texto original.

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