« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
ENTREVISTA CON THIERRY CHOFFAT
Presidente del Centro de Estudios e Investigaciones sobre el Bonapartismo (C.E.R.B.), Vicepresidente de « Francia Bonapartista ».

 

Thierry Choffat
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia
« La idea napoleónica aporta no soluciones técnicas a todos los problemas, sino una dinámica para abordarlas, en una perspectiva de evolución, sinónimo de progreso ».
S.A.I. Luis, Príncipe Napoleón (1914-1997).

¿Puede usted darnos una definición del bonapartismo?

Dar una definición clara, satisfactoria del bonapartismo nos siempre es fácil. Esencialmente porque esta corriente política mayor tiene más de dos siglos de existencia y por consiguiente, pasó por evoluciones naturales.
Si hubiera que sintetizar, diría que existen dos tipos de definiciones del bonapartismo político:
1) Un apego a la Familia Imperial así como al sistema político e institucional napoleónico.
2) Una versión más reciente que, eventualmente, podría despegarse de toda veleidad dinástica, no reteniendo del bonapartismo más que sus principales nociones (de autoridad, de llamado al pueblo, de reformas sociales...) sin hacer referencia a las fuentes históricas que son las experiencias de los Primero y Segundo Imperios o aún a los escritos de los Napoleón. A partir de
ese momento se trata de una suerte de « Cesarismo » o, como lo caracterizaba de Cassagnac, de « Noimportaquienismo ».
En fin, para retomar a Guizot, el bonapartismo sería la conjugación del orden y de la democracia, la gloria nacional, la estabilidad, la autoridad y los principios revolucionarios.

¿Cuál es la diferencia entre el bonapartismo original y el bonapartismo moderno?

Antes que nada, precisemos que el bonapartismo, fenómeno histórico bicentenario (tenemos marcas de él desde 1796 con la campaña de Italia) siempre ha sabido mantenerse moderno pues tenía el deber de evolucionar sin cesar so pena de desaparecer. No comparte las nociones fijas del tradicionalismo, de la voluntad de regresar a una « edad de oro » (el Antiguo Régimen por ejemplo, para muchos realistas). Para ser viable, el bonapartismo debe pues renovarse siempre, permanecer moderno, en su acepción y en su práctica.
Así, debe perpetuar sus principales puntos « ideológicos » (Autoridad, democracia, progreso social...) adaptándose a la vez a las circunstancias. Por ejemplo, el bonapartismo de los años 1930 centraba esencialmente su programa en la fiscalidad, en el antiparlamentarismo.
Hoy, el « bonapartismo moderno » ha, a mi manera de ver, conocido una doble evolución: un reflujo de sus posiciones dinásticas (en parte a causa de la ausencia o del recogimiento de los pretendientes) y al mismo tiempo, un ahondamiento de sus reflexiones doctrinales, insistiendo en la defensa de la soberanía, o más bien de las soberanías, nacionales y populares (especialmente a causa de la construcción tecnocrática de Europa y del alejamiento siempre más fuerte de los ciudadanos con sus « élites » políticas.

¿Cuáles son los problemas de Francia actualmente?

No estoy seguro de que el espacio que consagrará a mi entrevista me permitirá enumerar la totalidad de los problemas que conoce Francia actualmente.
La lista es larga, pero la resumiría en unas cuantas evidencias: la ausencia de referencias (históricas, culturales, morales...), la pérdida de identidad, la pérdida de confianza (en nuestros gobernantes, en el porvenir, personal y de la sociedad...), el atasco del ascensor social, con la crisis de la educación, que, se lo olvida demasiado, aseguraba la promoción de los mejores, así como el ejército donde otros talentos podían hacer, durante le revolución y durante el Imperio, ¡de un soldado un mariscal!
Finalmente, más visible, citemos la inseguridad, la crisis económica, el desempleo, las pensiones de retiro...

¿Cuáles son las soluciones propuestas por FRANCE BONAPARTISTE?

No creo que el bonapartismo tenga una visión mesiánica de la historia ni que tenga una solución o soluciones ya preestablecidas. El bonapartismo de por sí no tiene doctrina fija, no tiene sistema ideológico (como el marxismo por ejemplo) que explique el mundo y su evolución. El bonapartismo, es esencialmente pragmatismo mezclado con grandes nociones, de una cierta filosofía de la política. Una vez más, el llamado al pueblo, la autoridad, el orden, reformas sociales justas, la estabilidad gubernamental, la gloria de Francia, un ejecutivo fuerte...

¿Su análisis del 21 de abril? *

Un análisis simple. Más allá de las apariencias más visibles, veo en él ciertamente la subida de los extremos (no olvidemos que las voces cumuladas de la extrema izquierda y de la extrema derecha representan sensiblemente a un elector de tres), pero sobre todo el rechazo de la clase política clásica.

Hoy en día, se nos presenta dos mastodontes, el UMP y PS, que aplastan todo a su paso. Una vez soy yo, una vez eres tú. Pero, miremos de más cerca. Desde hace varias elecciones electorales, los representantes de esos dos campos no representan más que a una ínfima minoría de franceses. En claro, el porcentaje de inscritos (y eso, no tengamos en cuenta a los que no hacen el esfuerzo de inscribirse en las listas electorales), que votaban por Chirac o Jospin (o sus « clones ») ¡no deja de derrumbarse! Eso es un signo grave en nuestra democracia.

¿Cómo explica el decline del bonapartismo y su regreso?

El decline se explica por múltiples razones cumulativas: la pérdida de originalidad ideológica y electoral (con el particular la alianza con los conservadores y los realistas a partir de 1876), la ausencia de jefe mientras que de manera evidente, el bonapartismo gira esencialmente en torno de esa noción cesarista de un jefe, la ausencia de pretendiente (desde 1940, pero también antes con querellas en la cima a partir de 1879 e incluso antes), la ausencia de formación claramente bonapartista desde la disolución del Partido del Llamado al Pueblo en mayo de 1940. ¡Si esta decisión se comprendía muy bien en aquella época, no podemos más que lamentar una « resurrección » cualquiera en 1945!

Finalmente, señalemos la instalación definitiva de la república, su anclaje y su popularidad después de 1918 que hace de todo ataque institucional por ese lado no podía más que fracasar.

En cuanto a las razones de un regreso del bonapartismo, veo en ello sobre todo la plaza dejada vacante para aquellos mismos quienes, desde hace medio siglo, podían ser considerados como herederos del bonapartismo.
Puesto que en 1945 el bonapartismo desapareció de la superficie, fue remplazado muy pronto, yendo los militantes, los eventuales bonapartistas a unirse a Paul Reynaud primero, y luego en masa al general de Gaulle. De 1947-1947 a 1969, el nuevo bonapartismo estaba encarnado en el gaullismo. Nos es forzoso constatar que también ese gaullismo ortodoxo ha desaparecido bienes y personas. Los herederos del general, como los de los emperadores, se encontraron bien huérfanos. De ahí el renacimiento de un bonapartismo que ya no estuviera representado por una corriente política visible.

* Elección presidencial francesa de 2007.