Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
LOS MÉRITOS DE NAPOLEÓN
PARA CON LA RELIGIÓN Y LA IGLESIA
« La religión cristiana es la de un pueblo civilizado. Eleva al hombre; proclama la superioridad del espíritu sobre la materia, del alma sobre el cuerpo »
Napoleón.

Por

Monseñor Wilmoz Tower
Prelado pontificio, emérito Arcediano castrense

Traducción del Cgo. Jesús García Gutiérrez. Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Firma del Concordato
Estampa popular que conmemora el restablecimiento del culto Católico en Francia. Vemos representados, de izquierda a derecha: el cardenal Consalvi; el arzobispo de Corinto; Napoleón; José Bonaparte; el consejero de Estado Crétet; el abad Bernier y el abad Caselli.

Es un hecho que después de que la revolución combatió a Dios y a la religión, Napoleón restableció en Francia los derechos de la Iglesia y restituyó al pueblo la verdadera libertad religiosa. En esta empresa encontró dificultades extraordinarias, porque en esa época todos aquellos que algo valían estaban influenciados por Voltaire y sus compañeros y el mismo Napoleón dijo que le había costado más trabajo restablecer la religión que vencer en las batallas, pero no cedió, porque decía: « El enemigo más temible no es el fanatismo, sino el ateísmo » (1).

Cuando llegó Pío VII a París para coronar a Napoleón, lo saludó, en nombre de la asamblea legislativa, su presidente, el famoso y eximio orador Fontanes, el cual le dijo, entre otras cosas: « Cuando el vencedor de Marengo concibió en medio de los campos de batalla la idea de restablecer la unidad religiosa y proporcionar a los franceses su antiguo culto, preservó de la ruina completa los principios de la civilización. Día memorable, igualmente caro a la sabiduría del hombre de Estado como a la fe del cristiano, porque entonces Francia, abjurando graves errores, pareció reconocer que todos los pensamientos irreligiosos son impolíticos y que todo atentado contra el cristianismo lo es contra la sociedad », (2)

Pero oigamos a este propósito a la persona más indicada, al Papa mismo, el cual en la carta que escribió a Napoleón para rogarle que interviniera en el negocio de la confiscación de los bienes eclesiásticos en Alemania le decía: « Prestasteis la más grande ayuda cuando se trató de restablecer en Francia la religión y darle seguridades, por lo cual, después de Dios, a Vos debemos dar las gracias por religión, que durante largo tiempo estuvo expuesta todo lo que se hizo en aquel país para el bien de la a los asaltos más terribles. Esto nos mueve, a recomendaros esta nueva ocasión de afirmar vuestro acatamiento a la religión y acrecentar nuevamente vuestra gloria ». Y después cuando la familia de Napoleón volvió sus miradas al Papa en interés del ex-emperador, Pío VII, en la carta que con este fin dirigió al cardenal Consalvi, su Secretario de Estado, le decía: « A Napoleón debemos sobre todo dar las gracias, después de Dios, por el restablecimiento de la religión en el gran reino de Francia; Savona y Fontainebleau no fueron más que un error del entendimiento y un paso en falso de la vanidad humana, mientras que el Concordato fue una obra de redención humana, digna de un héroe ».

Su Santidad el Papa Pío VII
Por el pintor inglés T. E. Lawrence (detalle).

Napoleón no solamente salió a la defensa de la religión en general, sino que veneraba y apreciaba expresamente la religión católica y daba grande importancia a la Iglesia católica. Cuánto era el aprecio en que tenía la colaboración con la Iglesia católica lo demuestra el grande empeño con que quiso concluir con ella un concordato, a toda costa y a pesar de todos los obstáculos, y vaya que eran grandísimos, no sólo por parte de la Iglesia, sino también de sus mismos consejeros y él mismo dice que difícilmente podía creer las resistencias que tuvo que vencer para restituir el catolicismo. (3) Lo que sentía Napoleón del catolicismo está perfectamente expresado en el discurso que pronunció en una reunión del clero de Milán el 5 de julio de 1800, en el cual dijo, entre otras cosas: « Deseaba verme aquí en vuestra compañía para poder manifestar personalmente mis vivos sentimientos con relación a la religión católica, apostólica, romana. Convencido de que esta es la única que ofrece una verdadera felicidad a una sociedad bien ordenada y que puede fortalecer las bases de mi gobierno, os aseguro que me empeñaré en sostenerla y defenderla en todo tiempo y por todos los medios.
Declaro que aquel que se atreva de cualquier manera a despreciar nuestra común religión y a permitirse la más pequeña ofensa contra vosotros, como ministros consagrados de la religión, lo tendré como un perturbador del orden público y un enemigo del bien común, lo trataré con el mayor rigor y si es necesario lo castigaré con la muerte. Es mi deseo que la religión cristiana, católica, romana, se mantenga en toda su plenitud y sea públicamente, practicada. Francia, enmendada ya de su desdicha, ha terminado por abrir los ojos y ha reconocido que solamente la religión católica es el áncora que la puede tener firme y salvarla en sus tempestades y por eso recibió nuevamente la religión católica en su seno. No niego haber tenido alguna parte en obra tan bella y os aseguro que en Francia se han abierto nuevamente los templos, la religión católica ha readquirido su prístino esplendor y el pueblo mira con veneración a sus sacerdotes, que han vuelto llenos de celo a su grey abandonada
». (4)
En 1804 Napoleón dictó a Talleyrand estas palabras: « El Emperador cifra su gloria y su felicidad en ser uno de los sostenedores más constantes de la Santa Sede y uno de los defensores más sinceros del bienestar de las naciones cristianas y quiere que la veneración con que siempre se ha portado hacia la Iglesia de Roma sea considerada entre los hechos primeros y principales que han conquistado gloria a su vida ». (5) Cuando ya habían comenzado las discordias entre Napoleón y el Papa, Alquier, en una carta que dirigió al Papa en el nombre del gobierno imperial, con fecha 8 de julio de 1806, decía que el emperador consideraba como el más honroso privilegio que le había sido concedido con su dignidad, la gran ventaja de proteger a la Iglesia, potencia benéfica y augusta, que ninguno estimaba más que él.

Napoleón, defensor del Catolicismo
Estampa popular que celebra el restablecimiento del culto católico en Francia.

Y es tanto más de admirar el acatamiento de Napoleón a la Iglesia y a la religión católica cuanto que muchos de sus consejeros y la misma Inglaterra en muchas ocasiones le aconsejaron introducir el protestantismo o crear una nueva religión « francesa », independizándose de la Iglesia y del Papa. En su discurso al clero de Breda, en mayo de 1810, dijo que si se hubiera vuelto protestante, 30 millones de franceses hubieran seguido su ejemplo sin vacilar pero que no lo había hecho porque creía que los principios de la religión católica bien podían estar de acuerdo con los del gobierno civil, (6) en otra ocasión rechazó el protestantismo, porque no quería exponer su patria a los horrores de la guerra y de la discordia religiosa (7) o contrariando los consejos de Inglaterra para que adoptara la religión anglicana, respondió que la católica es mejor que la anglicana, (8), Y en otra ocasión decía: « Soy católico y mantengo la religión católica en Francia porque esta es la religión verdadera, la religión de la Iglesia, y haré cuanto esté en mi mano por hacerla más fuerte ». (9)
Teniendo que escoger mujer entre las familias reinantes en Rusia y en Austria, entre los argumentos que lo movieron a aceptar una mujer de la segunda uno de ellos fue que la rusa no era católica. (10)
A los que le aconsejaban que fundara una nueva religión, la « francesa », respondió: « Espero que no querráis que funde yo una religión nueva. Yo veo las cosas de otra manera, porque me parece que la religión vieja es la que me puede ganar los corazones y allanar todos los obstáculos ». (11) Y un poco más tarde: « ¿Que funde yo una nueva religión? El que quiera fundarla debe subir al Calvario, y por mi parte no estoy dispuesto ». (12)
Y no solamente admitía Napoleón en general la religión católica, sino que también veneraba sus dogmas. A una pregunta del Dr. O’Meara respondió: « Sí, creo todo lo que cree la Iglesia ». (13) Y en otra ocasión: « En mis cuestiones con el Papa, mi primer cuidado será no tocar los dogmas ». (14) Y en otra: « He tenido cuidado de no tocar los dogmas, porque un soldado no debe tratar cosas que no sean militares ». (15)

NOTAS:

1) Demetrio Sergejeviks Merejskovski, « Vida de Napoleón »; (traducción al húngaro ediciones Dante, sin año, páginas 131 y 132).
2) También su madre era una mujer religiosa. Napoleón nació el 15 de agosto, fiesta de la Asunción, y poco faltó para que naciera en el templo, pues de hecho su madre presintió el nacimiento mientras asistía a la misa solemne de aquel día; se apresuró a regresar a su casa y dos horas después nacía Napoleón. (Marshall v. Bieberstein. « Napoleon kurz vor seinem Tode », (« Napoleón corre hacia su muerte ») Lipsia, 1903, I, página 172. - Antommarchi, « Denkwürdigkeiten », (« Hechos memorables ») etc » Lipsia, I, página 137).
(3) Conde de Las Cases, « Memorial de Santa Helena », 1840, VI, página 65, (17 de agosto de 1916) .
(4) « Correspondencia de Napoleón I », publicada por Napoleón III, 1858; VI, página 420.
(5) Artaud, « Histoire du Pape Pie VII »,1836, edición alemana 1837-38, volumen II, capitulo 3.
(6) « El pontificado de Pío VII », c. s., II, página 90.
(7) Las Cases, Op. cit.
(8) Gourgaud, « Mémoires de Napoléon à Ste. Hélène », 1823, II, página 547.
(9) Dr. Engelbert Fischer, « Napoleón I », 1904, página 207.
(10) « El pontificado de PíoVII », II, página 40.
(11) Fasquier, « Histoire de mon temps », 1893-5, I, página 60.
(12) Dr. Engelbert Fischer,Op. cit., página 208.
(13) Dr. Barry Edward O’Meara, « Napoleon in Exile », (« Napoleon in der verbannung »), Dresden, 1822, I, página 130. En ese aspecto ver también nuestro artículo
¿Qué pasó en el almacén de Mason?, del Dr. Arnold Chaplin.
(14) Las Cases, I, Op. cit.
(15) Dr. Engelbert Fischer, Op. cit., página 214.