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“Firma
del Concordato”
Estampa popular que conmemora el restablecimiento
del culto Católico en Francia.
Vemos representados, de izquierda
a derecha: el cardenal Consalvi; el
arzobispo de Corinto; Napoleón;
José Bonaparte; el consejero
de Estado Crétet; el abad Bernier
y el abad Caselli. |
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Es
un hecho que después de que
la revolución combatió a Dios
y a la religión, Napoleón restableció
en Francia los derechos de la Iglesia y restituyó
al pueblo la verdadera libertad religiosa. En
esta empresa encontró dificultades extraordinarias,
porque en esa época todos aquellos que
algo valían estaban influenciados por
Voltaire y sus compañeros y el mismo
Napoleón dijo que le había costado
más trabajo restablecer la religión
que vencer en las batallas, pero no cedió,
porque decía: “El
enemigo más temible no es el fanatismo,
sino el ateísmo”
(1).
Cuando llegó
Pío VII a París para coronar a
Napoleón, lo saludó, en nombre
de la asamblea legislativa, su presidente, el
famoso y eximio orador Fontanes, el cual le
dijo, entre otras cosas: “Cuando el
vencedor de Marengo concibió en medio
de los campos de batalla la idea de restablecer
la unidad religiosa y proporcionar a los franceses
su antiguo culto, preservó de la ruina
completa los principios de la civilización.
Día memorable, igualmente caro a la sabiduría
del hombre de Estado como a la fe del cristiano,
porque entonces Francia, abjurando graves errores,
pareció reconocer que todos los pensamientos
irreligiosos son impolíticos y que todo
atentado contra el cristianismo lo es contra
la sociedad”, (2)
Pero oigamos
a este propósito a la persona más
indicada, al Papa mismo, el cual en la carta
que escribió a Napoleón para rogarle
que interviniera en el negocio de la confiscación
de los bienes eclesiásticos en Alemania
le decía: “Prestasteis la más
grande ayuda cuando se trató de restablecer
en Francia la religión y darle seguridades,
por lo cual, después de Dios, a Vos debemos
dar las gracias por religión, que durante
largo tiempo estuvo expuesta todo lo que se
hizo en aquel país para el bien de la
a los asaltos más terribles. Esto nos
mueve, a recomendaros esta nueva ocasión
de afirmar vuestro acatamiento a la religión
y acrecentar nuevamente vuestra gloria”.
Y después cuando la familia de Napoleón
volvió sus miradas al Papa en interés
del ex-emperador, Pío VII, en la carta
que con este fin dirigió al cardenal
Consalvi, su Secretario de Estado, le decía:
“A Napoleón debemos
sobre todo dar las gracias, después de
Dios, por el restablecimiento de la religión
en el gran reino de Francia; Savona
y Fontainebleau no fueron más que un
error del entendimiento y un paso en falso de
la vanidad humana, mientras que el Concordato
fue una obra de redención humana, digna
de un héroe”.
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Su
Santidad el Papa Pío VII
Por el pintor inglés T. E.
Lawrence (detalle). |
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Napoleón
no solamente salió a la defensa de la
religión en general, sino que veneraba
y apreciaba expresamente la religión
católica y daba grande importancia a
la Iglesia católica. Cuánto era
el aprecio en que tenía la colaboración
con la Iglesia católica lo demuestra
el grande empeño con que quiso concluir
con ella un concordato, a toda costa y a pesar
de todos los obstáculos, y vaya que eran
grandísimos, no solo por parte de la
Iglesia, sino también de sus mismos consejeros
y él mismo dice que difícilmente
podía creer las resistencias que tuvo
que vencer para restituir el catolicismo. (3)
Lo que sentía Napoleón del catolicismo
está perfectamente expresado en el discurso
que pronunció en una reunión del
clero de Milán el 5 de julio de 1800,
en el cual dijo, entre otras cosas: “Deseaba
verme aquí en vuestra compañía
para poder manifestar personalmente mis vivos
sentimientos con relación a la religión
católica, apostólica, romana.
Convencido de que esta es la única que
ofrece una verdadera felicidad a una sociedad
bien ordenada y que puede fortalecer las bases
de mi gobierno, os aseguro que me empeñaré
en sostenerla y defenderla en todo tiempo y
por todos los medios.
Declaro que aquel que se atreva
de cualquier manera a despreciar nuestra
común religión y a permitirse
la más pequeña ofensa contra vosotros,
como ministros consagrados de la religión,
lo tendré como un perturbador del orden
público y un enemigo del bien común,
lo trataré con el mayor rigor y si es
necesario lo castigaré con la muerte.
Es mi deseo que la religión cristiana,
católica, romana, se mantenga en toda
su plenitud y sea públicamente, practicada.
Francia, enmendada ya de su desdicha, ha terminado
por abrir los ojos y ha reconocido que solamente
la religión católica es el áncora
que la puede tener firme y salvarla en sus tempestades
y por eso recibió nuevamente la religión
católica en su seno. No niego haber tenido
alguna parte en obra tan bella y os aseguro
que en Francia se han abierto nuevamente los
templos, la religión católica
ha readquirido su prístino esplendor
y el pueblo mira con veneración a sus
sacerdotes, que han vuelto llenos de celo a
su grey abandonada”.
(4)
En 1804 Napoleón dictó a Talleyrand
estas palabras: “El
emperador cifra su gloria y su felicidad en
ser uno de los sostenedores más constantes
de la Santa Sede y uno de los defensores más
sinceros del bienestar de las naciones cristianas
y quiere que la veneración con que siempre
se ha portado hacia la Iglesia de Roma sea considerada
entre los hechos primeros y principales que
han conquistado gloria a su vida”.
(5) Cuando ya habían
comenzado las discordias entre Napoleón
y el Papa, Alquier, en una carta que dirigió
al Papa en el nombre del gobierno imperial,
con fecha 8 de julio de 1806, decía que
el emperador consideraba como el más
honroso privilegio que le había sido
concedido con su dignidad, la gran ventaja de
proteger a la Iglesia, potencia benéfica
y augusta, que ninguno estimaba más que
él.
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Napoleón,
defensor del Catolicismo
Estampa popular que celebra el restablecimiento
del culto católico en Francia. |
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Y es tanto más
de admirar el acatamiento de Napoleón
a la Iglesia y a la religión católica
cuanto que muchos de sus consejeros y la misma
Inglaterra en muchas ocasiones le aconsejaron
introducir el protestantismo o crear una nueva
religión “francesa”, independizándose
de la Iglesia y del Papa. En su discurso al
clero de Breda, en mayo de 1810, dijo que si
se hubiera vuelto protestante, 30 millones de
franceses hubieran seguido su ejemplo sin vacilar
pero que no lo había hecho porque creía
que los principios de la religión católica
bien podían estar de acuerdo con los
del gobierno civil, (6)
en otra ocasión rechazó el protestantismo,
porque no quería exponer su patria a
los horrores de la guerra y de la discordia
religiosa (7) o contrariando
los consejos de Inglaterra para que adoptara
la religión anglicana, respondió
que la católica es mejor que la anglicana,
(8), Y en otra ocasión decía:
“Soy
católico y mantengo la religión
católica en Francia porque esta es la
religión verdadera, la religión
de la Iglesia, y haré cuanto esté
en mi mano por hacerla más fuerte”.
(9)
Teniendo que escoger mujer entre las familias
reinantes en Rusia y en Austria, entre los argumentos
que lo movieron a aceptar una mujer de la segunda
uno de ellos fue que la rusa no era católica.
(10)
A los que le aconsejaban que fundara una nueva
religión, la “francesa”,
respondió: “Espero
que no querráis que funde yo una religión
nueva. Yo veo las cosas de otra manera, porque
me parece que la religión vieja es la
que me puede ganar los corazones y allanar todos
los obstáculos”. (11)
Y un poco más tarde: “¿Que
funde yo una nueva religión? El que quiera
fundarla debe subir al Calvario, y por mi parte
no estoy dispuesto”. (12)
Y no solamente admitía Napoleón
en general la religión católica,
sino que también veneraba sus dogmas.
A una pregunta del Dr. O’Meara respondió:
“Sí,
creo todo lo que cree la Iglesia”.
(13) Y en otra ocasión:
“En mis cuestiones
con el Papa, mi primer cuidado será no
tocar los dogmas”.
(14) Y
en otra: “He tenido cuidado de no
tocar los dogmas, porque un soldado no debe
tratar cosas que no sean militares”.
(15)
NOTAS:
1) Demetrio
Sergejeviks Merejskovski, “Vida de
Napoleón”; (traducción
al húngaro ediciones Dante, sin año,
páginas 131 y 132).
2) También su madre era una mujer religiosa.
Napoleón nació el 15 de agosto,
fiesta de la Asunción, y poco faltó
para que naciera en el templo, pues de hecho
su madre presintió el nacimiento mientras
asistía a la misa solemne de aquel día;
se apresuró a regresar a su casa y dos
horas después nada Napoleón. (Marshall
v. Bieberstein. “Napoleon kurz vor
seinem Tode”, (“Napoleón
corre hacia su muerte”) Lipsia, 1903,
I, página 172. - Antommarchi, “Denkwürdigkeiten”,
(“Hechos memorables”) etc”
Lipsia, I, página 137).
(3) Conde de Las Cases, “Memorial
de Santa Helena”, 1840, VI, página
65, (17 de agosto de 1916) .
(4) “Correspondencia de Napoleón
I”, publicada por Napoleón
III, 1858; VI, página 420.
(5) Artaud, “Histoire du Pape Pie
VII”,1836, edición alemana
1837-38, volumen II, capitulo 3.
(6) “El pontificado de Pío
VII”, c. s., II, página 90.
(7) Las Cases, Op. cit.
(8) Gourgaud, “Mémoires de
Napoléon à Ste. Hélène”,
1823, II, página 547.
(9) Dr. Engelbert Fischer, “Napoleón
I”, 1904, página 207.
(10) “El pontificado de PíoVII”,
II, página 40.
(11) Fasquier, “Histoire de mon temps”,
1893-5, I, página 60.
(12) Dr. Engelbert Fischer,Op. cit.,
página 208.
(13) Dr. Barry Edward O’Meara, “Napoleon
in Exile”, (“Napoleon in der
verbannung”), Dresden, 1822, I, página
130. En ese aspecto ver también nuestro
artículo ¿Qué
pasó en el almacén de Mason?,
del Dr. Arnold Chaplin.
(14) Las Cases, I, Op. cit.
(15) Dr. Engelbert Fischer, Op. cit.,
página 214.