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Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
190º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL
MARISCAL NEY
Siete de diciembre, 1815-2005
Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia ©

Michel Ney, duque de Elchingen, príncipe de la Moskowa y mariscal del Imperio, nació el 10 de enero de 1769 en Sarrelouis.

Fue un hombre de prodigiosa bravía, lo cual le valió ser llamado el “Valiente de los Valientes” por Napoleón, o aún el “León Rojo” o “el rojizo”, a causa de su tono de piel y del color de su cabello.

Ney se enrola en la armada en Metz, siendo aún muy joven, en un regimiento de Húsares, en el que tiene el rango de suboficial durante la revolución.
En 1792, lo encontramos como teniente en el Ejército del Rin, ascendiendo a capitán en 1794 y rápidamente accediendo al grado de general en 1796.
Al año siguiente, obtiene provisoriamente el mando de la armada del Rin, y tras el golpe de estado del 18 Brumario, se casa, gracias a Napoleón con Aglaë Auguie, una amiga de Hortensia de Beauharnais. Es enseguida nombrado ministro plenipotenciario en Suiza por el Primer Cónsul.

Su desempeño en ese país es satisfactorio, y en 1804 forma parte de la promoción de mariscales del 19 de mayo.
Sin embargo, si bien es cierto que el personaje irradiaba ya un aura notable, su leyenda no nacería hasta el 14 de octubre de 1805, fecha en que gana la batalla de Elchingen ante los austriacos, paso importante hacia la derrota de éstos en Ulm. Por desgracia, el 6º cuerpo del ejército será despachado al Tirol, por lo cual Ney no estará presente durante la batalla de Austerlitz.

Aunque no fue un estratega, el coraje y la bravía de Ney eran legendarios ya en su tiempo, lo que hará decir a uno de sus ayudantes “Es como un semidiós sobre su caballo, un niño cuando baja de él”.
Su brillante desempeño en Guttstadt (5-6 de junio de 1807) y durante la victoria de Friedland (14 de junio) le valdrán el ser nombrado duque de Elchingen el 6 de junio de 1808.

La guerra de España marca un periodo algo sombrío para Ney, que es puesto bajo las órdenes de Massena, pero su momento más brillante estaba por llegar, y se revelaría de manera literalmente épica durante la campaña de Rusia. Este episodio convertirá a Ney no sólo en un héroe, sino además en un símbolo, por lo que Napoleón lo eleva al título de Príncipe de la Moskowa.

El Mariscal Ney durante la retirada de Rusia
Óleo de Émile Boutigny

 

En 1813, Ney está presente, esta vez con mandos importantes, en las inmortales batallas de Bautzen, Lützen y posteriormente en la terrible batalla de Leipzig.

En 1814, tras la victoria de los aliados y su entrada a París, Ney se pronuncia a favor de la abdicación de Napoleón, y tras la partida del Emperador a la isla de Elba, se une notoriamente a los Borbones, al punto que al enterarse del desembarco de Napoleón en las costas de Provence, se compromete a arrestar al “usurpador” y traerlo encerrado “en una jaula de hierro”.
¡Sin embargo, al encontrarse frente al Gran Hombre, se vuelve a unir a él y lo acompaña en su marcha triunfal a través de todo el país, “de campanario en campanario hasta las torres de Nuestra Señora de París”, y conquistar a Francia sin haber disparado un sólo tiro!
Los países coaligados regresan a las hostilidades y encontraremos a Ney en la campaña de Bélgica, en la escaramuza de Quatre Bras y la mítica batalla de Waterloo.

Los franceses esperan a sus tropas al pie de la estatua de Ney, en Metz, durante la Primera Guerra Mundial

De regreso al trono, el Rey Luis XVIII buscará dar ejemplos y, Ney será condenado a comparecer ante un consejo de guerra. El mariscal se niega ser juzgado como un “simple tambor”, y pidiendo ser juzgado por la Cámara de los Pares, será es condenado a muerte por traición tras un juicio inicuo.
Ney será detenido y encarcelado en la Conserjería de París, para ser enseguida fusilado el 7 de diciembre de 1815 cerca del Observatorio de esa ciudad.
Ney fue el único mariscal ejecutado por traición durante la Segunda Restauración. Sin embargo su memoria y el símbolo que representa se ha mantenido intactos hasta nuestros días, brillando con gran fulgor en Francia durante las guerras del Siglo XX, y especialmente durante la Primera.

Para terminar, leamos enseguida un triste pero muy hermoso extracto del libro Le Maréchal Ney (El Mariscal Ney), de Frédéric Hulot:

“El cura despertó a Ney a las ocho y media y todo se desarrolló muy rápido. Vestido de civil, el mariscal subió al coche. El trayecto fue breve. Prevenida, quien sabe cómo, pues el lugar de la ejecución era en principio secreto, una muchedumbre bastante numerosa esperaba silenciosa, sin manifestar simpatía u hostilidad. El pelotón de doce hombres esperaba con las armas al pie, comandada por un ayudante de plaza piamontés.
Por una suerte de delicadeza, Rochechouart había designado a un extranjero, no queriendo infligir al mariscal la pena, ni a un francés, la vergüenza de verse obligado a ordenar el fuego.

Por si mismo, Ney fue a colocarse ante los soldados, pidió qué actitud debía tomar, pero rehusó ponerse de rodillas o dejarse vendar los ojos, luego se quitó el sombrero.

Dos versiones fueron dadas de sus últimas palabras. Para algunos, habría dicho a los hombres del pelotón:

"amigos míos, apunten directo al corazón."

Pero para otros, habría gritado:

"Franceses, protesto contra mi juicio... Mi honor."

Cuando se conoce el carácter de Ney, la primera parece más probable. Trastornado, el ayudante de plaza, llamado Saint-Bias, en vez de hacer la seña reglamentaria que consistía en levantar y enseguida bajar su espada, ordenó precipitadamente: "Apunten... ¡Fuego !"

La salva retumbó. Ney se desplomó hacia atrás, y no de cara contra el suelo, como Jérôme lo ha pintado en su célebre cuadro.
Saint-Bias vio que el tiro de gracia era inútil. Las tropas presentes desfilaron gritando según la orden "¡Viva el Rey!", y Rochechouart dijo a uno de sus amigos: "He aquí una gran lección para aprender a bien morir."

Ejecución de Ney
Óleo de Jean-Léon Jérôme (1824-1904)

 

Pero mientras la muchedumbre, todas opiniones confundidas, conservaba un silencio digno, una escena desagradable se produjo: un general ruso hizo caracolear a su caballo ante el cadáver y un oficial inglés hizo saltar al suyo por encima de él.
Cuando se enteró del incidente, Alejandro hizo comparecer al general, lo abrumó de reproches y le anunció que puesto que era un extranjero, aunque a su servicio, lo echaba de su ejército. Si hubiese sido ruso, añadió, lo hubiese retrogradado al rango de simple soldado.
Por su lado, Wellington hizo buscar al oficial inglés y, cuando lo hubo hallado, lo regresó a Gran Bretaña.

El cadáver del mariscal, dejado en el lugar por un instante, fue transportado a un hospital próximo en donde el abate de Pierre le veló.
Cantidad de gentes, sin expresar el móvil de su acción ni sus sentimientos hacia la víctima, fueron a desfilar ante el difunto. El entierro tuvo lugar dos días después, en el Père Lachaise. Se desarrolló en la calma y la dignidad. Contrariamente a lo que había temido el gobierno, ninguna manifestación tuvo lugar.

¡El gobierno tuvo el mal gusto de hacer pagar a la señora Ney los gastos del juicio y hasta los almuerzos servidos a los guardias!
Ella pagó sin una palabra, aunque su situación financiera se hubiese tornado difícil. Poco después, vendió los Coudreaux y aún debió esconderse durante un tiempo para escapar a la vindicta de algunos que la perseguían con su odio”.

Monumento en memoria del Mariscal Ney, cerca del lugar donde fue ejecutado

 

Obras que recomendamos:

- La vie militaire du maréchal Ney (La vida militar del Mariscal Ney), por H. Bonnald, 1910-1914; 3 volúmenes.
- Le Maréchal Ney (El Mariscal Ney), por F. G. Hourtoulle, 1981.
- Le Maréchal Ney (El Mariscal Ney) por Frédéric Hulot. París - Pygmalion-Gérard Watelet – 2000.