« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
Ediciones Pygmalion
« ¿MURIÓ NAPOLEÓN ENVENENADO? »

Por el Doctor

Ben Weider

Ben Weider
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional
Caballero de la Legión de Honor
Miembro del Alto Consejo Honorario del Instituto Napoleónico México-Francia
Caballero de la Orden nacional de Québec
Miembro del Salón de la Fama Canadiense (Canadian Hall of Fame) del Centro Comunitario Judío de Montreal.
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©

Montreal, 31 de mayo 1999.

Me sorprende que múltiples historiadores, sobre todo en Francia, crean aún que Napoleón murió de un cáncer del estómago. Estos historiadores son ciertamente inteligentes, conocen la verdad, pero para proteger los errores cometidos por ellos en el pasado, están obligados a negar la verdad.
Sus argumentos están faltos de lógica.

Voy a hacerles dos preguntas:

1. ¿Es posible morir de cáncer sin manifestar los síntomas de esta enfermedad?

2. ¿Cómo puede uno sufrir un cáncer durante casi cinco años, sin tratamientos médicos, y morir gordo?

La respuesta a estas dos preguntas es simple, Napoleón no murió de un cáncer, pero sí envenenado.

¿Se preguntan cómo llegué a esta conclusión? Fue gracias a “Luis Marchand”, el sirviente de Napoleón, quien pasó todo el exilio con él, y a los demás testigos oculares a quienes debemos la prueba de que murió de un envenenamiento.

No fue sino hasta 1955 cuando su diario fue impreso por primera vez. Luis Marchand era uno de los testigos oculares que describió día tras día los síntomas de la enfermedad de Napoleón. Estos síntomas son idénticos a los de un envenenamiento arsenical, y no tienen nada que ver con un cáncer del estómago.
Ignorar lo que Luis Marchand y los demás testigos oculares nos dicen es ignorar la historia.

Hablando de Marchand, Jean Tulard, uno de los historiadores más conocidos en Francia, declaró, cito:
"No hay ninguna duda acerca de la autenticidad de los hechos que relata Marchand. No tenía nada que esconder, y no tenía que disculparse. Marchand hablaba con toda sinceridad y simplicidad de la vida de todos los días de Napoleón en Santa Elena.”

Vemos bien que Jean Tulard encontró que Marchand era un hombre honesto en quien se podía confiar, entonces no comprendo por qué no acepta lo que Marchand escribió. Después de todo Marchand era un testigo ocular.

Ignorar lo que ha escrito, es ignorar la historia.

Doctor Ben Weider
Posa con su libro “¿Murió Napoleón envenenado?”

Recientemente, el Señor Jean Tulard escribió una crítica de mi libro “¿Murió Napoleón envenenado?” en Le Figaro.

Cuando se le preguntaron sus comentarios acerca de mi obra, he aquí que este historiador, que es profesor de historia en la Sorbona, respondió: “Ben Weider es un fabricante canadiense de artículos de deporte.”

¡Qué brillante respuesta!

Para confirmar lo que Marchand, el testigo ocular, ha revelado y para tener la prueba absoluta, hice analizar un mechón de cabellos de Napoleón. Este mechón fue tomado de la cabeza de Napoleón el 16 de octubre de 1816 por el conde de Las Cases inmediatamente después de que Santini había acabado el corte de cabellos del Emperador.

El laboratorio nuclear Harwell de Londres hizo los análisis que demostraron las cantidades siguientes: 51.2, 45.2, 24.5, 18.8, 2.8, 7.1, 20.4, 24.1. Ese cabello fue analizado en 8 secciones.
Es muy importante notar las fluctuaciones. La línea de abajo demuestra la cantidad normal de arsénico.
Las cantidades de arsénico son de 0,06 a 0,08 partes por millón (Anexo 1).
Lo que me choca todavía es que ciertos historiadores pretenden que el arsénico en los cabellos proviene de un medicamento, de las emanaciones del papel mural o aún de un medio de conservación de los cabellos que consiste en colocarlos en polvo de arsénico. Si estas hipótesis son correctas, el nivel de arsénico de los cabellos hubiera sido constante.

Carta de Su Alteza Real el Príncipe Murat

 

Los análisis realizados por el Centro nuclear de Harwell y por el FBI prueban de manera formal, el envenenamiento por arsénico. Las fechas de los picos y de los huecos del trazado de arsénico obtenidas por el análisis corresponden exactamente a las fechas de las agravaciones o de las mejorías del estado de salud Napoleón tal como son señaladas en las memorias y en los diarios de los testigos oculares.

Para confirmar los análisis hechos por Harwell, el laboratorio más sofisticado en Inglaterra, he enviado otro mechón de cabellos al FBI de Washington. Una carta ( Anexo 2) describe los resultados que recibí.

A pesar de los resultados de dichos laboratorios, ciertos historiadores franceses no quieren ceder ante la evidencia y dicen todavía que Napoleón murió de cáncer hereditario, como su padre.

Es bien extraño... Como historiadores inteligentes pueden presentar argumentos tan fútiles. Cualquier oncólogo puede confirmar que el cáncer del estómago no es hereditario. Además, este argumento se torna aún más ridículo cuando sabemos que ni ninguno de los cuatro hermanos de Napoleón o de sus tres hijos, de los cuales dos naturales, fue víctima de tal cáncer.

Los ingleses, apoyados por la corte real de Francia, inventaron tal enfermedad. Como el ejército francés estaba aún intacto y que la mayoría de la población estaba aún entregada a Napoleón, asesinar al Emperador desde su llegada a Santa Elena hubiera creado un tumulto. Era necesario entonces envenenarlo lentamente en un largo periodo de tiempo y esto, con el fin de darle al público la impresión de que Napoleón padecía realmente de una enfermedad natural.
He aquí una declaración interesante. El Marqués de Montchenu, delegado de Luis XVIII en la isla de Santa Elena, declaró inmediatamente después de la autopsia, y cito:

De los cinco médicos presentes, ninguno sabía exactamente de qué murió Napoleón”.

He aquí otra prueba del envenenamiento de Napoleón. El Emperador murió el 5 de mayo de 1821. Casi veinte años más tarde, en 1840, según las instrucciones de Luis Felipe de Orleáns, Rey de Francia, el cuerpo de Napoleón fue exhumado para ser llevado de vuelta a París.

El Príncipe de Joinville, el hijo del Rey, y muchos compañeros de Napoleón que habían compartido su exilio estaban presentes cuando el féretro fue abierto.
Cual no fue su estupefacción al ver a Napoleón den une perfecto estado de preservación, a pesar de que su cuerpo no había sido embalsamado. Una persona tocó su piel, estaba aún suave. No había ningún cambio en su figura.
Napoleón tenía un aspecto más joven que todos los que estaban presentes.
Los compañeros creyeron estar ante un milagro. Pero ahora sabemos que la preservación de su cuerpo se debía a la intoxicación arsenical. Sabemos que el arsénico puede matar, pero también que puede preservar los tejidos.

Uno de los últimos deseos de Napoleón era que la causa de su muerte fuera conocida pues quería advertir a su hijo que tomara precauciones contra la misma enfermedad. Para poder cumplir este deseo, mi amigo sueco Sten Forshufvud y yo mismo, gracias a la ciencia nuclear y a los diarios de Luis Marchand y de los demás testigos oculares, hallamos la verdadera causa de su muerte: un envenenamiento bien planificado.

Mi libro “¿Murió Napoleón envenenado?” es diferente a todos los demás libros que he escrito sobre este tema.
Mi colega y amigo el coronel Emile Gueguen, y yo mismo, creamos el proceso del milenio. En efecto, mi libro se presenta como un proceso criminal en el que intervienen testigos, procuradores, abogados, médicos célebres y toxicólogos.
Pedí a los lectores ser el jurado.
Todos los lectores fueron invitados a enviar su boletín de voto, incluido en mi libro, antes del 31 de diciembre de 1999. Los resultados preliminares son los siguientes:

Veneno/Cáncer
Maître Piquet – París 452 21
M. Jubinville-Canadá 144 3
Total 59 624

* 95% de los 628 jurados reconocieron el asesinato.

** 8 jurados no se pronunciaron o votaron por una causa diferente a la del veneno o el cáncer.

*** Los 40 jurados miembros del cuerpo médico (12 médicos, 6 farmaceutas y 22 enfermeros) votaron por el veneno.

 

Ben Weider y Gilbert Martineau Preparándose a plantar un árbol en homenaje a Napoleón. Longwood, Santa Elena, 1978.

 


ANEXO I

ANÁLISIS DE LOS CABELLOS DE NAPOLEÓN

ANÁLISIS POR SECCIÓN DE LOS CABELLOS DE NAPOLEÓN
La gráfica muestra los niveles de arsénico (parte/millón)


 

ANEXO II

CARTA DEL FBI

 

 

 

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