
A PROPÓSITO DE LA INTERVENCIÓN DEL DR. PASCAL KINTZ
Durante la conferencia « a dos voces » en la que participaron el doctor Pascal Kintz, del Instituto de Medicina Forense (Universidad Louis-Pasteur) de Estrasburgo, y el Sr. Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón, el 14 de enero de 2004 por iniciativa del diario Últimas Noticias de Alsacia (Dernières Nouvelles d’Alsace).
El
Dr. Pascal Kintz, Presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología
a la obra en su laboratorio en donde procede al análisis de
un mechón de cabellos de Napoleón |
Con
« la entrada en escena » de este científico de alto nivel,
dejamos atrás – esto es algo bueno – el ámbito
de los efectos de mangas fáciles, de las indignaciones y de las reprobaciones
más o menos hipócritas, pero cuidadosamente calculadas.
Dirigido por su disciplina del más extremo rigor – lo que le
diferencia del otro participante – el doctor Kintz recuerda a la asistencia
que el director del Instituto de medicina forense de Estrasburgo, el profesor
Bertrand Ludes, y él mismo, son expertos agregados a los tribunales,
y precisa que aplicaron a este caso el método de la medicina forense
sin a priori.
En otras palabras, estaba fuera cuestión buscar un resultado que
fuera en el sentido de quienes pidieron los estudios, siendo su primera
prioridad la credibilidad científica del laboratorio. Así
pues, el « caso Napoleón I » fue estudiado como si se
tratara de un « caso clásico » de medicina forense.
Las más veces, los « testigos ordinarios » de la medicina
forense son la sangre, la orina, los residuos de digestión, etc.,
lo cual, en el caso de Napoleón, era evidentemente imposible.
De igual modo, los científicos no
tuvieron a su disposición más que cabellos. Fórmula
que no tiene nada de restrictivo, pues el cabello, tejido biológico,
presenta múltiples ventajas: cumula las exposiciones, cualquiera
que sea su naturaleza (drogas, substancias dopantes, medicamento o, por
supuesto, en el caso que nos interesa, arsénico…), e «
incorpora » a lo largo de su crecimiento todo lo que está presente
en la sangre.
Por otro lado, mientras que la sangre y la saliva no guardan rastro de una
substancia extraña más que durante algunas horas, las orinas
durante dos a cuatro días, el sudor durante una semanas, los
cabellos, por su parte, siguen siendo testigos fieles durante años.
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En situación « normal »,
el arsénico no está totalmente ausente de nuestro organismo.
Según las evaluaciones científicas, y haciendo abstracción
de algunas diferencias mínimas – de 0,03 a 0,65 nanogramos
(ng = 10-9) por miligramo – se considera que un sujeto ha
sido expuesto – el vocablo « envenenado » no pertenece
al lenguaje de los científicos sino al de los magistrados –
de manera crónica y repetida al arsénico cuando sus cabellos
presentan una concentración igual o superior a un nanogramo por miligramo.
Fueron, por supuesto, estos valores los que fueron considerados por los
científicos de la Universidad Louis-Pasteur de Estrasburgo.
Exceptuando el mechón llamado « Las Cases », cortado
el 16 de octubre de 1816, los otros cuatro mechones analizados por el doctor
Pascal Kintz fueron cortados al día siguiente del fallecimiento del
Emperador: son los mechones llamados «Vignali», «Lady
Holland», «Noverraz» y «Marchand».
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Para los realizados hechos por el Instituto
de medicina forense de Estrasburgo, todos los mechones – perfectamente
identificados – fueron utilizados en su totalidad, sin que
los cabellos hayan sido previamente cortados en trozos. Por primera vez,
los científicos trabajaron pues a partir de cantidades satisfactorias:
entre 0,5 y 2,2 miligramos de cabellos. Uno podía esperarse a obtener
picos finos e individualizados.
¿Cuál fue la técnica utilizada para el análisis
de las preciosas reliquias?
Hoy en día, la medicina forense reconoce dos técnicas validadas
por todos – esto está subrayado a propósito, pues esta
precisión es importante para lo que sigue – los tribunales
internacionales:
La espectrofotometría de absorción
atómica electrotérmica (en modo de añadiduras
dosificadas): como todo experimento científico de muy alto nivel,
es imposible explicarla en términos accesibles para todos. He aquí
su modo de operación tal como lo había resumido sucintamente
el doctor Pascal Kintz: el arsénico presente en la muestra biológica
(en este caso los cabellos) es volatilizada y enseguida atomizada a alta
temperatura. Es entonces capaz de absorber una radiación de longitud
de onda específica – aquí 193,7 nm. Entre más
átomos de arsénico haya – entre más importante
es su concentración pues – más radiación absorbida
habrá. Si enviamos a través de la muestra una radiación
total de 100, y si hay poco arsénico presente en la muestra, la radiación
final, poco absorbida, será del orden de 95. Al contrario, si la
cantidad de arsénico presente en la muestra biológica es importante,
la radiación final ya no será más que de 50 ó
60: el arsénico habrá absorbido el resto.
La antorcha
de plasma inductiva: este método no fue seleccionado
por los científicos a causa de la gran cantidad de material que requiere
en cuestión de muestras biológicas. En el caso presente, hubiese
sido necesario disponer de unos cien miligramos de cabellos, lo que no era
el caso (Cf. cuadro).
Cualquiera que sea la técnica escogida, siempre será precedida
por una:
Descontaminación: previa
al análisis toxicológico, este procedimiento, constante en
materia de medicina forense, permite eliminar de los cabellos todas las
substancias que hubieran podido fijarse sobre su superficie:
- Además de lo que es depositado por el flujo sanguíneo, el
cabello puede incorporar a la salida del cuero cabelludo, todo lo que está
presente en el sudor o en el sebo.
- Por otro lado, puede, en su parte externa, fijar substancias que es conveniente
eliminar antes del análisis: así, los cabellos de personas
presentes en una velada en la que se fumó canabis podrían
revelarse todos positivos si no se les descontaminara.
Precaución suplementaria: para
que el método de análisis fuera perfectamente creíble,
sería importante demostrar su fiabilidad antes de aplicarlo a los
cabellos del Emperador. Así pues, unos « cabellos testigos
» fueron tomados de una persona del laboratorio (cantidades antes
de la contaminación: 0,31 ng/mg), luego contaminados por inmersión
durante cuatro horas en una solución de arsénico.
Después de la contaminación, y antes del lavado, la concentración
de arsénico ascendía a 9,86 ng/mg; después del
lavado, la cantidad había vuelto a bajar a 0,34 ng/mg, es decir
prácticamente la cifra original.
Una vez efectuado este procedimiento, los cabellos de Napoleón fueron sometidos al análisis propiamente dicho. Éste dio los resultados siguientes:
ORIGEN
DE LOS CABELLOS |
CANTIDADES
DE CABELLOS ANALIZADOS |
LONGITUD
DE LOS CABELLOS |
CONCENTRACIONES
EN ARSÉNICO |
Lady
Holland (Cortados el 6 de mayo de 1821) |
1,2 mg
|
4-6 cm
|
38,53
ng/mg |
Abbé
Vignali (Cortados el 6 de mayo de 1821) |
2,0 mg
|
5-6 cm
|
15,50
ng/mg |
Abraham
Noverraz (Cortados el 6 de mayo de 1821) |
2,2 mg
|
6-9 cm
|
6,99
ng/mg |
Louis
Marchand (Cortados el 6 de mayo de 1821) |
0,5 mg
|
4-6 cm
|
15,20
ng/mg |
Las Cases
(Cortados el 16 de octubre de 1816) |
0,5 mg
|
2 cm
|
7,43
ng/mg |
Se notan diferencias sensibles en las concentraciones
de arsénico.
¿Cómo se explican?
- En primer lugar, las concentraciones medias de este arsénico «
natural» presente en los cabellos de cada uno de nosotros, varían
bastante sensiblemente según la parte del cráneo sobre la
cual fueron tomados: en un sujeto sano, estas dosis son de 0,35 ng/mg en
los cabellos tomados del “vertex” (es decir el punto más
elevado sobre la línea media de la bóveda craneal), 0,43 ng/mg
en la zona frontal, 0,31 ng/mg en la nuca, y 0,46 ng/mg en la zona temporal.
Se encuentran lógicamente estas diferencias en el caso de una exposición
crónica a una substancia tóxica.
- Por otra parte, las muestras analizadas no eran todas del mismo largor;
así pues, no incorporaron cantidades equivalentes de arsénico.
- Finalmente, y sin que sea posible verificarlo,
algunos de los cabellos cortados podían estar en fase « anágena
» y otros en fase « catágena », fase « de
inercia » durante la cual el cabello, a punto de caer, no ingiere
más ninguna substancia.
¿Qué constatamos a la lectura de este cuadro?
Que los cabellos sometidos al análisis
presentan concentraciones de 7 a 38 (cifras redondeadas) veces superiores
a ese nanogramo arriba del cual se considera que hubo exposición
(no digamos envenenamiento) crónica y repetida al arsénico.
¿Cuáles pueden ser las causas de las concentraciones halladas
en los cabellos analizados? Puede tratarse:
- de arsénico utilizado como agente tóxico:
es la tesis sostenida por esos « envenenistas », osadamente
ridiculizados por el Sr. Thierry Lentz;
- de arsénico, como componente de una preparación
farmacéutica: no parece que Napoleón haya tenido
la necesidad, y aunque hubiese sido el caso, ciertamente no en dosis tan
masivas.
- de arsénico contenido en el agua de bebida: la
de Longwood fue analizada. Es inocente. ¿Era ese el caso en aquella
época? De todas formas, el Emperador no hubiese sido el único
intoxicado.
- de arsénico contenido en los pigmentos del papel tapiz,
del pegamento, del humo de la estufa, etc. El Sr. Lentz los ha
citado como por encanto a lo largo de páginas enteras, en revistas
especializadas o no – entre las cuales la muy seria revista Historia
(n° 257) de la que nos sorprende que haya podido aceptar argumentos
tan lamentables – en cadenas de radio, en la televisión, etc.
No le pediremos que explique las razones del extraño comportamiento
de esos « agentes exterminadores » que se ensañaron siempre
únicamente contra el Emperador...
- finalmente, podría tratarse de arsénico utilizado
como producto de conservación de los cabellos (estaríamos
entonces en presencia de una contaminación externa).
Esto nos lleva naturalmente a los análisis comanditados
por Science & Vie, y que suponía pondrían un punto final
a la discusión poniendo sobre el banco de los acusados productos
de conservación de los cabellos. Alivio de los « tradicionalistas
» – nuestro vocablo es más cortés que el de ellos
– pues se supone que esos análisis, que van tan bien en el
sentido de la verdad [!] oficial – es decir la suya – van a
enviar a los « envenenistas », de quienes formo parte, a la
lona.
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