Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Versión en castellano
EYLAU O LA MIRADA DE NAPOLEÓN
Article en Français
Napoleón visitando el campo de batalla de Eylau
Óleo (1807) del Barón Antoine-Jean Gros (1771–1835). París, Museo del Louvre.
Por
Isis Wirth Armenteros
Consejera Especial del INMF para los Países Hispánico
s
Delegada del INMF en Cuba

Representante oficial en Alemania y Suiza
La Sra. Isis Wirth Armenteros, Consejera Especial para los Países Hispánicos y Representante Oficial en Alemania y Suiza del Instituto Napoleónico México-Francia.
Isis Wirth

El célebre cuadro de Gros, “Napoleón visitando el campo de batalla de Eylau”, acaso lo dice todo. Una de las obras maestras del pintor, como se sabe ganadora del concurso abierto en 1807 y expuesta en 1808, que preludia un romanticismo intenso.

La mirada de Napoleón es la clave. ¿Qué parece estar viendo el Emperador? ¿Un más allá que él solamente ve? ¿O justo la desolación de la guerra, el precio de la victoria? No lo sabríamos. En la diversidad de posibilidades, en la ambigüedad, consiste el arte.

La vastedad de esta mirada sobrecoge e intriga. ¿Qué percibe Napoleón que nosotros no podemos? Tratándose de miradas en la iconografía del Emperador, prefiero, sin embargo, otra sólo antes que esta de Gros: la del retrato de David en el traje de la coronación, que se encuentra en la colección Thiers. Aquí, es tan cercano como tan lejano. El hombre es tan palpable como el inmortal, ése que trascendió a todo y a todos. Quizás por esto al Emperador no le gustó el retrato.

En el lienzo de Gros, por el contrario, sólo hay lejanía y metafísica. No sabemos qué es lo que Napoleón ve, pero gracias a sus ojos tocamos algo de la sustancia del infinito que a él lo habitaba.

Un padre que pierde sus hijos no encuentra ningún encanto en la victoria”, escribe Napoleón el 12 de febrero. “Cuando el corazón habla, la gloria ya no ofrece ilusión alguna”, agregó. ¿Es ésta la mirada del cuadro de Gros? No lo siento de esa manera. Napoleón mira incluso más allá de la gloria, que así pasa a ser algo terrenal y preciso. La mirada de Napoleón está desprendida de cualquier atadura con este mundo.

Lo cierto es que 20000 franceses quedaron fuera de combate tras la victoria sobre los rusos. Los generales d’Hautpoul, Desjardins, Corbineau, Dahlmann, Bonnet, Varé, murieron. Después de la batalla (el 8 de febrero de 1807), el Emperador permanece hasta el siguiente 16 en el campo de la misma. Quiere velar él mismo por la evacuación de los heridos.

Coignet, granadero de la Guardia, relata en sus memorias:

Los estragos en nuestros rangos fueron espantosos. Sea que tuviésemos los pies en la nieve o en el hielo, no sentíamos el frío. Diría que incluso esta temperatura tan rigurosa excitaba nuestro coraje. ¡Pero qué posición tan horrible! Permanecer inmóviles durante dos horas, esperando la muerte sin poder defenderse, y sin poder distraerse. En todas partes, los hombres caían, y filas completas desaparecieron (…) Las balas y los obuses desfondaron el hielo en la parte del lago más cercana a la villa de Eylau. Muchos cazadores a caballo desaparecieron en este abismo, justo cuando el Emperador se decidió a hacernos entrar en movimiento (…) Pero todo esto era nada en comparación con los desastres que ocurrían en otros puntos. A la derecha, justo enfrente de nosotros, el 14º Regimiento de línea fue hecho pedazos. Los rusos entraron en la formación de este regimiento y no hicieron ni un prisionero; acuchillaron a sablazos hasta el último hombre (…) Gritábamos frenéticos: ‘¡Adelante!¡Viva el Emperador! ¡Adelante!. ¡Adelante! Napoleón decidió comprometer el segundo regimiento de los granaderos a pie y un regimiento de cazadores a caballo, bajo las órdenes del general Dorsenne. Se lanzaron sobre la guardia imperial rusa, sin tirar un disparo, sólo con la bayoneta (…) Al mismo tiempo, el Emperador lanza dos escuadrones de granaderos y dos de cazadores a caballo de la Guardia. La carga fue tan impetuosa que los granaderos atravesaron completamente las líneas del ejército ruso (…) Perdieron algunos hombres que fueron hechos prisioneros y conducidos a Königsberg. Pero la mayor parte de los escuadrones regresó donde nosotros, en buen orden, y cubiertos de sangre y de gloria. Estos esfuerzos prodigiosos detuvieron el progreso de los rusos y calmaron su furor. Era tiempo. El coraje de nuestras tropas llegaba a su límite. Sin la Guardia, posiblemente hubiesen sucumbido. No perdimos el campo de batalla, pero tampoco lo ganamos. En la noche, el Emperador le dijo a Dorsenne: ‘No bromeaste con mis viejos soldados. Estoy contento de tí. Los rusos han sido derrotados. Lamentablemente, hemos sufrido mucho.”

Esta conmovedora fotografía muestra el lugar en el que el 14º Regimiento de línea fue exterminado por los rusos

Hay que tener en cuenta que el enfrentamiento se produjo entre un ejército francés incompleto y, por el contrario, un ejército ruso completo.

Los rusos, bajo el comando de Benningsen, eran todavía 60000, aun después de la persecución posterior a Allenstein. Y esperaban incluso que se les una un cuerpo prusiano de 10000 hombres.

El ejército francés, muy debilitado por las marchas de los días anteriores, cuenta apenas 55000 efectivos. La artillería no comprende sino 200 piezas. El cuerpo de Ney, de casi 10000 hombres, será esperado pero llegará al final del día. Prácticamente, Napoleón tendrá 40000 efectivos para oponerse a esos 60000 rusos.

Ney, por la izquierda; Davout arribará por la derecha. Esto lo sabrá Bennigsen, de modo que lanzará su propia derecha, al mando de Tuczkov, la cual comienza su movimiento desde las primeras horas del 8 de febrero. Davout ataca. A mitad de la mañana, Napoleón considera que es el momento de “créer l’événement”, ordenándole a Augereau que se dirija sobre el centro ruso. Augereau, enfermo, lleva sus divisiones al sur del cementerio de Eylau. La artillería ya se encuentra ahí, en posición. Pero se presenta esa famosa tormenta de nieve de Eylau, “tan densa que no se distinguía a dos pasos”, según el Boletín del 9 de febrero. Y el viento viene del este, de modo que la nieve cae sobre los ojos de los franceses, quienes pierden la dirección y se encuentran en pleno centro ruso…

Napoleón decide lanzar la caballería de Murat. El fuego de los cañones no cesa. El suelo congelado empeora las cosas. Las balas rebotan, estallan y ocasionan así más daños. Entonces el Emperador ordena al coronel Lepic que cargue con los seis escuadrones de granaderos de la Guardia, seguidos por los cazadores a caballo. Los granaderos permanecen casi una hora bajo este fuego, con un coraje único: el de la Guardia.

Cuando, ante las balas, instintivamente doblaban el cuello, Lepic los increpa: “¡En alto, la cabeza! La metralla, no es m…”.

Esta carga entrará en la leyenda, bajo el nombre de la “carga de los 80 escuadrones”. Como la frase que le profiere Napoleón a Murat, cerca de él, inmóvil sobre su caballo, en el momento en que esperaba la orden del Emperador de lanzar la caballería: “Dime, Murat, ¿tú vas permitir que estas gentes nos devoren?”. Y la respuesta de Murat, dirigiéndose a sus hombres: “¡A la carga! ¡Todo esto es para mí!”.

Tal choque de titanes fue una de las cumbres de la carrera de Murat, la carga más fantástica que él haya encabezado. El ataque ruso fue detenido. Pero los granaderos del zar resistían y ametrallaban por la espalda a los franceses que Murat trataba de reunir del otro lado del campo de batalla. Al ver esto, Napoleón, que había guardado la caballería de la Guardia en reserva, decide usarla y ordena a Béssières socorrer a su amigo Murat.

Con solamente 3000 caballos, un Béssières desencadenado atraviesa el centro ruso en tres ocasiones. Y Lepic, de nuevo él, que avanza tan lejos que se vio rodeado de caballeros rusos. Un oficial entre éstos, que hablaba francés, lo conmina a rendirse.

“— Observa a estas gentes sólo un poco a ver si quieren rendirse”.

Y atravesó a su vez el ejército ruso, pero dejó ahí la mitad de sus gentes.

Sin que dejemos de mencionar a los granaderos de la Guardia, conducidos por el general Dorsenne, referido por Coignet. Esta carga a la bayoneta, de frente, como si se tratara de una parada, sin disparar un tiro…

El centro enemigo ya está quebrantado. Pero el cuerpo prusiano de Lestocq arriba sobre los hombres de Davout. El héroe de Auerstaedt se da por completo, y conserva su posición durante tres horas, lo cual permitirá que Ney, finalmente, arribe. Son las siete de la noche. Bennigsen ordena la retirada.

El campo de batalla está en manos de los franceses. Los rusos han perdido.

Quizás en los momentos que siguieron a la victoria, Napoleón, al conocer la extensión de las pérdidas – de la parte rusa, también –, fue invadido por ese sentido cósmico (las leyes ineluctables del equilibrio que impone el destino) que luego Gros imaginaría por medio de esa mirada.

Y ya veremos próximamente por Friedland.

Habitación donde durmió Napoleón en el castillo de Putulsk

¡Viva el Emperador!

I.W.

Leer también: Viaje al fin de Europa, Eylau - 9 al 13 de febrero de 2007, por Henri Caporali.