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IMAGINERÍA NAPOLEÓNICA
 
Sesostris, Alejandro Magno, César, Gengis Khan, el Gran Federico bajan sus laureles ante Napoleón el Grande: "ha conquistado el nombre del mayor de los capitanes".
Napoleón en los Campos Elíseos
Imagen popular decimonónica, escuela francesa.
 
Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador del INMF.
PRÓLOGO

Por el Profesor
Eduardo Garzón-Sobrado
Presidente-fundador del Instituto Napoleónico México-Francia.

Refiriéndose a la imaginería popular, el Profesor Jean Tulard indica que: « en sus Memorias, Lamartine recuerda la emoción que le procuraban las imágenes inocentemente abigarradas que vendía un buhonero en MilIy: « Augereau galopando sobre un corcel blanco y cruzando el Rin de un salto de su caballo, o Berthier arrancando una pluma de cisne de su penacho flotante para escribir las órdenes del estado mayor con un aire pensativo.
Pero Kléber, con su talla de tambor mayor, les ganaba a esas figuras y hacía proferir aclamaciones a todo el caserío... La propaganda napoleónica no halló mejores agentes que esas imágenes de combates o esas figuras de grandes hombres mezclados con imágenes piadosas. Venían sobre todo de París y de los mercaderes de la calle Saint-Jacques. Se vendían también en Metz, Nancy, Rennes y Montbéliard. Pero fue Epinal el que más popularizó a Napoleón y al auge de la leyenda
».
Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.
LA IMAGINERÍA INSÓLITA LE DEIFICA

Por

Hubert Decaux

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
La apoteosis de los héroes franceses muertos por la Patria durante la guerra de la Libertad
Óleo de Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson (1767-1824). Esta obra fue terminada en 1801, en pleno florecimiento del Consulado.

Raffet no había apercibido a al Emperador más que una vez, de lejos, cuando era todavía un niño, lo cual no impidió a este buen artista dedicarse a la ilustración de los más mínimos eventos de la vida de Napoléon. Fue él quien ilustró la gran historia popular de Napoleón.

Para el frontispicio de esta obra, el editor había recomendado a Raffet subrayar el aspecto alegórico y multiplicar los símbolos; después de haber esbozado un león y divinidades con casco en torno al infante predestinado, el artista tuvo una inspiración: dibujó la cabeza del vencedor de Austerlitz, con su frente despoblada y su mechón, sobre el cuerpo todo menudito del recién nacido...

El mechón del recién nacido
Litografía de Denis-Auguste-Marie Raffet (1804-1860).

 

LA SOMBRA

Sombra luminosa como jamás hubo, la gran sombra imperial inspiró frecuentemente a los propagandistas y los dibujantes de imágenes napoleónicas; se la encuentra en simples siluetas para recortar o proyectar; se la reconoce entre los árboles de Santa Elena; se la distingue, extendida sobre un ejército en marcha; se destaca sobre un fondo de cielo estrellado cuando los antiguos grognards se duermen... Inclusive se la vio en el cielo surcado de obuses de la batalla de la Marne… pues fue utilizada por los fabricantes de tarjetas postales hasta el final de la guerra de 14-18.

En numerosas litografías románticas, la sombra paternal aparece como el símbolo del poder y de la voluntad. Aquí, la sombra imperial ya no tiene el mismo color de leyenda. Para su hijo, el Emperador aparece como una figura ejemplar, sobre el modelo del cual el niño debe regularse, según la concepción del ilustrador francés.

Encuentro imaginario entre Napoleón y el mariscal Joffre, tras la victoria de la Marne:
« ¿Es usted el generalísimo? pregunta el Emperador, ¡Buen comienzo! Continuad »

Cuando al visitar la Malmaison, el visitante se detiene ante esta extraña composición, puede pensar que se encuentra frente a un « Salón » de 1890. El tema corresponde tanto como el título, al espíritu wagneriano de fines del Siglo XIX: « Osián recibe en el Valhala, a los generales de la República... »

En realidad, esta pintura es de Girodet y fue ejecutada para el Emperador. Hay que añadir que en aquella época, Osián, bardo escocés del Siglo III, se había vuelto a poner muy a la moda, gracias al libro que un mistificador de talento, el escocés James Macpherson había publicado en 1760, atribuyendo a Osián una elección de sus propias poesías, nebulosas y salvajes. En cuanto a las Valkirias, encargadas de distraer a los militares, forman parte de la leyenda escandinava del Valhala, y, durante la eternidad, son ellas quienes verterán el hidromiel a todos los héroes muertos en el combate.

 

CUANDO EL VERBO ES UN BELLO TEMA

Pulsar para leer "Imaginería Napoleónica".
El Magistrado del Verbo
Misteriosa estampa típica de las décadas de 1830-50, en la que el artista pretende representar al Emperador como una figura trasfigurada, incluso deificada. Litografía de Tony Touillon.

El título de esta estampa pre-surrealista es todo un programa: « El Magistrado del Verbo ante el Verbo.» Es una de las múltiples imágenes en las que el artista trató de deificar a Napoleón.

En efecto, este Emperador, con la frente coronada de laureles, vistiendo el sudario de los fantasmas, va a pedir explicaciones a Dios porque el dibujante consideró que Napoleón estaba en el mismo plano que Dios. Va a verle, cual colega, con su carta de estado mayor en la mano... no comprendiendo su último fracaso. Nótese que una araña gigante remplaza sobre el mapa a las pequeñas banderas que generalmente indican las posiciones de los cuerpos de armadas.

 

DESPUÉS DE LA LLUVIA...

Éste anuncia los bellos días – Napoleón los da
Estampa popular romántica.

 

Es a un inspector de aguas y bosques, que vivía en Dreux, a quien debemos el buen pensamiento de indicar bajo el cuadrante de un barómetro: « Éste anuncia los bellos días... » y bajo un retrato del Emperador, pegado sobre el dorso del aparato: « ¡Napoleón los da! » En estampa, la idea es encantadora, pero el barómetro de propaganda no fue realizado a pesar de los esfuerzos del guardia forestal; los industriales consultados se negaron a encargarse de ello bajo el pretexto de que si la aguja marcaba « Tempestad » o « Gran lluvia », el texto se haría tendencioso. A pesar de lo que se piense de la ciencia meteorológica del inspector en cuestión, el solecismo del que se hizo culpable - festos en vez de festas – prueba la deficiencia de su latín.

Con el tiempo, el odio indómito de los ingleses, que se había mermado de generación en generación, acabó por convertirse en una admiración sin límites por el más grande soldado del mundo.

Los turistas británicos son hoy en día los mejores clientes de souvenirs napoleónicos, verdaderos o falsos, antiguos o modernos. Así pues no es de sorprender que algunos industriales avisados hayan pensado en hacer figurar el nombre prestigioso de Napoléon sobre las etiquetas de los productos que destinaban a la importación; es así como nación la Fine Napoleon y se vio en los cafés, los bares y los restaurantes esparcirse los ceniceros publicitarios, en materia incombustible, representando el sombrerito del Emperador.

Napoleon is good for you… o Le Petit Caporal made in Normandy

Lo que puede parecer más curioso, es el éxito obtenido en Inglaterra por un queso francés: el « Camembert Napoléon », made in Normandy ; del cual, según algunos diarios británicos, no es sólo la calidad de ese queso lo que atrae a la clientela, es sobre todo su etiqueta, que múltiples admiradores del vencido de Waterloo mandan enmarcar… como a una miniatura.

 

LA IMAGINERÍA POPULAR Y EL ARTE PICTÓRICO LE MAGNIFICAN

Alegoría del estado de Francia antes del regreso de Egipto
Óleo de Jean-Pierre Franque (1774-1860). Expuesto en el Salón de 1810 y hoy conservada en el Museo del Louvre.

El arte no es ajeno al nuevo periodo de popularidad del espíritu bonapartista a pesar del regreso de los Borbones. Numerosos, los grabados debidos a los pintores y a los escultores de la época, contribuyeron a mantener el culto y la leyenda de Napoleón.
Horace Vernet expone en el Salón de 1822 un serie de cuadros que son otras tantas profesiones de fe bonapartistas. « El Soldado Labrador », « Montmirail », « La Muerte de Poniatowski », fueron por cierto rechazadas por los oficiales. Vernet los expuso entonces en su taller, y el público popular acudió con presteza. Después de 1830, Vernet hace revivir en sus cuadros de batallas el genio militar de Napoleón.
Hippolyte Bellangé expone también en el Salón de 1822 « La Batalla de la Moskova » que es aceptada. Presentará enseguida en cada Salón grabados de esta vena.
Boissard, Delaroche, Guérin, Philippoteaux, Rœhn, Victor Adam, son entonces los alférez para una falange de artistas animados por el deseo de hacer revivir la epopeya.

Bajo Luis Felipe, Isabey, el antiguo maestro de dibujo de María Luisa, envejeciendo, evoca la memoria del ilustre exiliado de Santa Elena, en su cuadro « El Regreso de las Cenizas » (1841).
El escultor Rude ejecuta en 1847 su « Napoleón despertándose a la Inmortalidad »; David d’Angers graba sus medallas de cera: entre ellas la efigie atormentada de Bonaparte conoce la popularidad.
Para atraer a los Bonapartistas a su causa, Luis Felipe manda colocar en la cima de la columna Vendôme la estatua de Napoleón en gabardina y sombrerito, por Seurre (1833). (1)
Finalmente, el 26 de julio de 1836, el Arco de Triunfo es inaugurado, con los nombres grabados de los 386 generales que figuraron en las guerras del Imperio.

La revista nocturna de Austerlitz
Litografía de Denis-Auguste-Marie Raffet (1804–1860).

 

Es a causa de su amplia difusión debida a su precio módico, que las litografías y las imágenes de París y de Epinal contribuyeron a volver tan popular la leyenda del Pequeño Cabo.

Pero, entre los dibujantes de litografías, dos artistas entre los que hay que decir del segundo que tiene genio, Charlet y Raffet, dominan incontestablemente. Se dirigen directamente a la imaginación popular.

Charlet, (1792-1842) es el autor de una producción inmensa: 1.100 piezas y 1.500 dibujos de los que la gran mayoría se refieren a episodios de la vida del Imperio. Ilustró en 1841 el Memorial de Santa Elena.

Raffet, a partir de 1830, evoca con aún más entusiasmo a los soldados de la Grande Armada. Sus litografías vigorosas: « Los adioses de la guarnición », « La Revista », « Waterloo », maravillan al público. Raffet ilustra igualmente las canciones de Béranger.

Se puede decir que se les debe a dos hombres la expansión de la leyenda napoleónica. Ambos son de Epinal: Jean-Charles Pellerin, el editor, y François Georgin, el grabador.

¡Sire, esta mortaja bien vale la cruz!
Típica escena de una anécdota real y gloriosa representada en las innumerables imágenes de Épinal: En la batalla de Ulm, el Emperador, al recorrer la línea del frente durante una terrible carga, se topa entre las humaredas con un granadero malherido que yace moribundo en el suelo; el valiente todavía gritaba: «¡Adelante, adelante!». Napoleón se acerca a él y, lanzándole su redingote gris, le dice: «Toma, y trata de traérmelo, a cambio te daré la Cruz que acabas de ganar ». Pero sabiéndose mortalmente herido, el granadero responde al Emperador: « ¡Majestad, la mortaja que acabo de recibir bien vale la Cruz! » y enseguida expiró, envuelto en la gabardina imperial. Tras el combate, el Emperador mandó buscar al granadero, que era un soldado veterano del ejército de Egipto, y enseguida ordenó que fuese inhumado con su redingote.

 

Jean-Charles Pellerin tuvo sobre todo el genio del comercio. En efecto, bajo el Imperio, tras la firma del Concordato, se le ocurre presentar su primera serie de imágenes religiosas en las que figura justamente la de « San Napoleón », patrón de los guerreros. Por otra parte, imprime múltiples imágenes de actualidad, como el triunfo de Napoleón, la entrada de los franceses a Moscú, o la más célebre tal vez, intitulada: «Virginie Chesquière, o la nueva heroína francesa, nacida en Delemont, departamento del Norte, distrito de Lille». En ella se ve a un oficial del Emperador decorar con la Legión de Honor a una jovencita, incorporada al ejército durante seis años en lugar de su hermano, y que había sido herida.

Pellerin produce todavía las láminas de soldados: « Cazadores », « Guardia Imperial », etc. Estos soldados del Imperio se transforman por cierto en soldados del Rey a partir de 1816. En efecto, la difusión de la Imagen de Epinal, consagrada al Emperador, fue al momento de la Restauración, considerablemente cohibida y hasta clandestina. A causa de una denuncia, el 5 de julio de 1816, la casa de Jean Charles Pellerin es perquirida, seiscientas imágenes son incautadas, Pellerin protesta y advierte a la mayoría de sus corresponsales en toda Francia. Sin embargo, el 19 de agosto, un mandato de arresto es emitido. Pellerin es condenado a cuatro meses de prisión. Felizmente, tras haber apelado, sale bien del asunto, mediante una fuerte multa.
Pero Pellerin no se desanima, y hace propagar en los campos: « La Retirada de Moscú », imagen muy edificante y muy pedida. El Prefecto de los Vosges escribía al Director general de la Policía, Mounnier, acerca de las imágenes de Epinal: « Consisten en gran medida en estampas grabadas sobre madera, de un trabajo de lo más común, de muy pobre valor, y que, por esta razón, se propalan principalmente en las campiñas ». Todo se terminó bien esa vez, puesto que fue probado que la administración, que no preveía ciertamente una difusión tan amplia, había dado su autorización.
Pero después de otro proceso, en 1822, el envejecido Pellerin cede su fábrica a su hijo, Nicolás, y a su yerno Vadet, antiguo oficial de caballería de la Grande Armada, que había perdido una pierna en Essling; su producción crece sin cesar; 1813: 2.000 ejemplares; 1821: 43.000; 1823: 162.000.

Es en 1830 cuando aparece François Georgin, que fue el verdadero grabador de la epopeya napoleónica, y del cual aún hoy en día se hacen reimpresiones. Este imaginero trabajó en colaboración oral con Pierre Germain Vadet, que le inspiró los temas de las batallas que grabó; por ejemplo: « la batalla en la que el señor Vadet fue herido ». Gracias a Georgin, el renombre de la imagen de Epínal se tornó universal.
Se pudo decir de él: « No fue François Georgin quien creó al Napoleón de la Leyenda. Un hombre, aún un imaginero de Epinal, no crea una leyenda épica, pero fue él tal vez, quien dio su fisonomía popular al Napoleón del cual se hablará bajo el bálago por largo tiempo. »

Hubert Decaux.

1) Esta estatua se encuentra hoy majestuosamente enmarcada en el arco central sobre el pórtico del patio de los Inválidos, presidiendo la escalera principal.

 

 

ARTÍCULOS

   
Imagerie d'Epinal, por Valeriano Bozal Fernández.
 



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