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la larga secuencia de eventos explotados
por los detractores de Napoleón
para mancillar su imagen, el 18
de Brumario figura en excelente
lugar. En este evento, el futuro
Emperador es muy a menudo presentado
como un detestable putchista que
derroca al régimen para satisfacer
una incoercible ambición
personal.
En este ensayo, el general Franceschi
bravea una vez más un pensamiento
único históricamente
correcto para hacer triunfar la
verdad.
Situando buen el caso en su contexto
general, despeja de él con
claridad los aspectos destacados.
Acto salvador de la República,
el 18 de Brumario permitió
realizar suavemente la vital transición
institucional entre un Directorio
en descomposición y un Consulado
que va a revelarse prodigioso.
Políticamente legítima,
esta operación de salud pública
no le debe nada a un complot. Fue
concebida en la transparencia por
personalidades eminentes, conscientes
de un peligro mortal inminente y
que tomaron valientemente todas
sus responsabilidades. Perfectamente
legal, su proceso se desarrolló
sin la menor efusión de sangre.
Si Bonaparte hubiera sido un hombre
de pronunciamiento, no se habría
esperado hasta entonces para hacerse
del poder. Hubiera podido tentar
un golpe de estado ya el 13
de Vendimiario y sobre todo
lograrlo a su regreso triunfal de
la campaña de Italia.
El aspecto más positivo del
18 de Brumario es el de haber evitado
a Francia volverse a hundir en las
sangrientas convulsiones de la Revolución
hacia las cuales ya se encaminaba
inexorablemente.
El advenimiento del Consulado fue
de hecho acogido en el entusiasmo
general por una opinión pública
que gozaba de un juicio más
seguro que el de muchos supuestos
historiadores.
Le debemos agradecimientos al general
Franceschi por resta nueva contribución
convincente a la historia de Napoleón. |