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El
Emperador Napoleón en Austerlitz
Ilustración de Jacques
Onfroy de Bréville, llamado
« Job » (1858-1931).
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«
La batalla de Austerlitz es la más
bella de todas las que di… »
Napoleón
PRESENTACIÓN
GENERAL
Por el profesor Eduardo Garzón-Sobrado
Presidente-fundador del Instituto
Napoleónico México-Francia |
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«
Podemos permitirnos
todo en la empresa contra
Francia. Hay que destruir
la anarquía en Francia.
Debemos impedir que retome
su antigua preponderancia.
Parece que ambos objetos
bien pueden ejecutarse a
la vez. Apoderémonos
de las provincias francesas
que nos son convenientes
(…). Una vez esto
hecho, trabajemos todos
de concierto para dar a
lo que quede de Francia
un gobierno estable y permanente.
Se convertirá en
una potencia de segundo
orden que ya no será
temible para nadie y haremos
desaparecer de Europa el
foco de democracia que ha
pensado abrasar a Europa
». |
Carta
del Conde de Markov, plenipotenciario
ruso. |
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No
representa novedad alguna hacer
mención de la resplandeciente
estela de gloria inscrita en las
páginas de la Historia
por la inmortal batalla de Austerlitz,
así como tampoco innovaríamos
los esquemas habituales del sitio
del Instituto Napoleónico
México-Francia señalando
que, en el caso de esta batalla
como en el de tantas otras que
componen la pléyade de
hazañas épicas del
periodo napoleónico, nos
encontramos frente a otro ejemplo
más de los innumerables
conflictos bélicos que
fueron impuestos por la fuerza
a Napoleón por las no menos
numerosas Coaliciones europeas,
las cuales, financiadas por el
gabinete de Inglaterra con una
largueza solo igualada por su
frío metodismo, no dejaron
de abrevar de sangre al Viejo
Continente durante más
de dos décadas..
Los
ingleses son mercantes de carne
humana, exclama poco después
de la gran batalla el emperador
del Santo Imperio Romano Germánico,
Francisco II, no sin añadir:
¡No hay duda, en su
querella con Inglaterra, Francia
tiene razón!
Palabras pesadas de significado
que sellan la confesión
edificante de un fautor de guerra
contrito – desencantado,
y tal vez hasta remordido, al
menos en ese fugaz momento –,
desahogo sin embargo cuya terrible
realidad, por desgracia, no bastará
para impedir al soberano austriaco
incurrir nuevamente en los errores
– las faltas – que
bien habrían podido costarle
el trono, de no haber sido su
vencedor el generoso Emperador
Napoleón.
Generoso, sí, y hasta magnánimo,
sin duda, si se considera que,
como decíamos, contrariamente
a la idea generalizada y difundida
maliciosamente y a placer por
los detractores de Napoleón,
y secundada por autores y docentes
complacientes, la batalla de Austerlitz,
y globalmente la campaña
de 1805, no fueron el resultado
de una « agresión
» francesa –o napoleónica,
si se le quiere decir de esa manera–
sino muy al contrario, la expresión
virtuosa y genuina de una legítima
manifestación de defensa
propia deslumbrantemente ejecutada
por el Emperador.
Esta
realidad elemental, que se presenta
de manera clara y franca ante
cualquier investigador que no
limite su estudio a la repetición
llana de simples estereotipos
y lugares comunes, incontables
veces repetidos en obras de acceso
inmediato y superficial, sino
que al contrario alimente su indagación
con verdaderos conocimientos y
fundamentándose en lineamientos
de análisis historiográfico
serio, esta realidad decíamos,
no podrá más que
estallar ante los ojos del estudioso,
dorando con un nuevo lustre no
solo el prestigio y la gloria
del Emperador Napoleón,
sino ante todo sus grandes virtudes
como estratega, político
y dirigente, y esencialmente sus
méritos eminentes a nivel
humano y moral.
A
pesar de esto, bien lo sabemos,
Napoleón I se ha vuelto
– debería decir le
han vuelto – en el
chivo expiatorio predilecto del
mundo entero; la víctima
sacrificatoria por excelencia
que, retomando las palabras de
un historiador bien conocido,
« cristaliza en su cabeza
todos los descontentos ».
Tan solo nos bastará recordar
sucintamente, el caso sorprendente
ocurrido recientemente en el marco
de las emisiones de una televisora
mexicana, de una periodista que
creyó conveniente, a fin
de ilustrar un dudoso y efímero
reportaje matinal sobre los enfermos
mitómanos, ¡citar
nada menos que al Emperador Napoleón
a guisa de paciente tipo! ¿Nos
es preciso subrayar que esta aserción
tan burlesca como gratuita no
fue sostenida por ninguna clase
de argumento, no digamos ya clínico,
ni siquiera anecdótico?
¿¡Qué importa!?:
¡en el caso que nos ocupa,
la afirmación perentoria
hace las veces automáticamente
de verdad certificada! La imagen
era fuerte, su sonoridad poderosa
y, a fin de cuentas, el liliputiense
espantado por el rostro vago y
lejano del gigante cuyos rasgos
no puede vislumbrar, de alguna
manera precisa componerse un retrato
a su medida y a la de sus alcances,
¡conforme a sus necesidades,
a sus miedos y a los delirios
de su fantasía!
En el mismo orden de ideas, aunque
de una naturaleza de una gravedad
muy diferente, no podemos olvidar
que fue justamente este extraño
tipo comportamiento, especialmente
característico –
lo cual es triste constatar –
de una cierta clase francesa,
el que llevó al gobierno
francés a echar al sótano
del olvido la conmemoración
de la victoria de Austerlitz,
un triunfo que no fue, por mucho
que disguste a algunos, un éxito
estrictamente personal y egoísta
del « Usurpador »,
ese «ogro» conquistador,
sino palmariamente el de la Nación
francesa sobre tres monarquías
absolutistas que le habían
declarado arbitrariamente la guerra,
haciendo oídos sordos y
de manera desdeñosa a las
constantes aperturas de paz incansablemente
avanzadas por el Emperador.
Por
supuesto – y lo subrayábamos
más arriba – una
omisión tan inexcusable
no fue sino el efecto lastimoso
de una presión ejercida
por falsos franceses sobre otra
cierta clase política
francesa aminorada y timorata,
no por ello siendo ajenas al problema
importantes personalidades del
medio de las altas eminencias
culturales y patrióticas
francesas. ¡Felizmente!,
estaríamos tentados de
exclamar, recordando la sentencia
terrible, y que cobra tintes sombríos
en la actualidad, del mismo Emperador:
¡«
mientras los franceses se acuerden
de mi nombre, constituirán
una Nación »!
Entre
las susodichas altas personalidades,
nos honramos en invocar al General
Michel Franceschi, general de
Cuerpo de Armada (2S), comendador
de la Legión de Honor,
Consultor Militar Especial de
nuestro orgulloso Instituto Napoleónico
de México, a quien el bicentenario
escamoteado de la colosal batalla
de los Tres Emperadores
brindó una ocasión
especialmente simbólica
para rememorar y revisitar, sobre
la base de un riguroso y metódico
estudio analítico, todos
los aspectos que rodearon y dieron
forma al legendario conflicto.
En efecto, es muy digno de mención
que la maniobra magistral de Austerlitz
prevalece, a doscientos años
de distancia, como el ejemplo
mismo, – la joya inigualada
del arte de la guerra, nos
dice el autor –, siendo
enseñada como modelo en
las principales escuelas militares
del mundo, particularmente en
la Academia de West Point en los
Estados Unidos de América.
Aunque apenas acariciado de manera
anecdótica en este breve
espacio, ciertamente el dato no
deja de tener su peso.
A pesar de esto, y de ninguna
manera limitándose al aspecto
estrictamente militar del asunto,
el General Franceschi extiende
al contrario su reflexión
al marco amplio del contexto geopolítico,
cuyo buen conocimiento es esencial
para poder explicar – y
comprender – el fondo y
el trasfondo de esta campaña
de 1805, la cual, no más
que las demás, Napoleón
no solo no desató, sino
inclusive, nunca deseó.
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AUSTERLITZ
2 DE DICIEMBRE DE 1805
Obra
maestra del arte de la guerra, la legendaria
batalla de Austerlitz corona una resplandeciente
campaña militar y pone fin a la guerra
declarada a Francia por la tercera coalición,
que reunía a las principales monarquías
de Europa.
Esta primera
guerra del Imperio tiene valor general. Constituye,
en efecto, la quintaesencia de la Historia del
Imperio, obligado a defender por las armas a
la Francia nueva derivada de la Revolución
contra las viejas monarquías europeas
legitimistas, temerosas por su supervivencia,
e instrumentadas por Inglaterra, eterna rival
de Francia. El génesis de este primer
afrontamiento contiene el guión de guerra
tipo que será renovado a saciedad por
cinco veces hasta Waterloo en una inmutable
secuencia:
------------------------------------
violación de un tratado de paz
existente bajo un pretexto falaz.
------------------------------------
campaña victoriosa de Napoleón.
------------------------------------
conclusión de un nuevo tratado
de paz, la mayoría de las veces
generoso para el vencido.
------------------------------------
reinicio de la guerra por otro motivo
mendaz, así sucesivamente hasta
1815…
| I
– SITUACIÓN GENERAL
EN 1805 |
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Consagrado Emperador
el 2 de diciembre de 1804, Napoleón no
aspira en 1805 a nada más que a la tranquilidad
para perfeccionar la obra colosal de paz que
condujo como Primer Cónsul en cuatro
años de una fenomenal intensidad creadora.
Recordémosla sucintamente.
En el exterior,
Bonaparte ha logrado el prodigio de hacer la
paz con todos los enemigos de Francia. Las victorias
de Marengo, el 14 de junio de 1800, y de Hohenlinden,
el 3 de diciembre, permitieron la firma del
tratado de Lunéville con Austria el 9
de febrero de 1801. Un tratado de paz franco-rusa
fue firmado en París el 8 de octubre
de 1801. Inglaterra, aislada, consintió
a su vez el cese de hostilidades por medio del
tratado de Amiens del 25 de marzo de 1802. Por
primera vez desde hace trece años, Francia
no está en guerra con ninguna gran monarquía
europea:
La obra de
paz internacional se manifestó por la
extinción de todos los demás focos
belígeros. Una impresionante compilación
de dieciséis tratados y convenciones
concluidos entre 1800 y 1802 han reconciliado
a Francia con Turquía, las regencias
de Argel y de Túnez, España, Portugal
y los jóvenes Estados Unidos de América.
Para reforzar las buenas relaciones de Francia
con la joven república pujante americana,
el Primer Cónsul le ha vendido la Luisiana
el 30 de abril de 1803 en condiciones muy ventajosas.
La desdichada expedición de Santo Domingo
se ha acabado en noviembre de 1803.
Pero los pergaminos
no bastan para asegurar la paz. La política
de defensa de Napoleón se funda sobre
el principio de
prevención de los conflictos.
Ya ha logrado un gran paso en este sentido con
el reconocimiento internacional de las fronteras
de la nueva Francia, objetivo de seguridad perseguido
desde siempre por el Antiguo Régimen,
retomado por la Revolución. Realista,
no se ha contentado sin embargo de este amparo,
ciertamente precioso pero no obstante precario.
Lo ha prolongado por medio de un glacis protector
en consolidación constante, compuesto
de reinos y de estados, amigos, aliados o familiares.
De este modo encontramos:
------------------------------------
en el norte, Holanda, ácida manzana de
discordia con Inglaterra.
------------------------------------
más allá de los Alpes, el Piamonte,
los reinos de Italia y de Nápoles.
------------------------------------
del otro lado de los Pirineo, la alianza con
España
------------------------------------
y sobre todo, frente a la Alemania austro-prusiana,
la Confederación del Rin, en vías
de realizarse.
La acción
pacificadora exterior del Primer Cónsul
se hizo en paralelo con una no menos edificante
obra de concordia
nacional entre franceses, trágicamente
divididos por la Revolución: reintegración
generosa de los emigrados (paz de los corazones),
reducción magnánima de la chuanería
(paz de los bravos), y reconciliación
religiosa por el Concordato (paz de las almas).
Y el Primer
Cónsul todavía encontró
el tiempo para construir un Estado moderno sobre
las cenizas del Antiguo Régimen. Como
verdadero arquitecto
de una Francia nueva, no hay
un ámbito en el que no haya incansablemente
dejado impresa su marca indeleble: estructuras
administrativas, derecho y justicia, enseñanza
y cultura, economía y finanzas, grandes
trabajos, etc., etc… ¡El magistral
Código Civil emerge como una joya de
esta prodigiosa obra civil sin precedentes!
Fiera para
el trabajo, el Primer Cónsul había
consagrado sus días y sus noches a esta
titánica acción pacificadora,
todavía lejos de su término en
1805. En estas condiciones, la idea de la guerra
no podía más que serle totalmente
ajena, como mínimo porque no tenía
ni un minuto que consagrarle. Convertido en
Emperador, seguía no aspirando más
que a la paz para perfeccionar su tarea inmensa.
Creía sinceramente que el tratado de
Amiens había aportado un apaciguamiento
durable a Francia y a Europa. Era subestimar
la ambición hegemónica de Inglaterra
que, atizando el temor del contagio democrático
de las monarquías europeas, va a sacrificar
la tranquilidad del mundo a sus intereses imperialistas…
|
II - INGLATERRA VUELVE A ENCENDER
LA HOGUERA DE LA GUERRA |
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|
William
Pitt «
el
Joven
»
El carnicero de Europa. |
|
« Nunca
hice la guerra por espíritu de conquista.
Acepté las guerras que el Ministerio
inglés levantó contra la Revolución
francesa ». Napoleón.
Inglaterra no
firmó el tratado de Amiens en 1802 más
que a su pesar. Lo lamenta muy pronto dándose
cuenta de que la paz trabaja a favor de Francia.
Decide de inmediato reiniciar las hostilidades,
esforzándose por hacerle cargar a Napoleón
la responsabilidad de la ruptura de la paz.
El Primer Ministro William Pitt encarna en ese
entonces el partido de la guerra.
La tesis usualmente
sostenida de una responsabilidad compartida
en la ruptura de la paz de Amiens no resiste
a un examen serio. El reinicio de la guerra
resulta de la sola voluntad deliberada del gabinete
inglés.
Napoleón
no tiene más que desventajas en hacer
la guerra. ¿Sería acaso tonto
hasta el punto de jugarse en un campo de batalla
la suerte de una Francia convaleciente, por
fin apaciguada, que goza de instituciones estables,
detrás de fronteras por fin seguras?
La refundación del país, ya muy
avanzada, está lejos de ser terminada.
Reclama su presencia asidua en París
y no puede más que sufrir por ausencias
prolongadas en los campos de batalla. Napoleón
ya dio a conocer a sus enemigos potenciales
que su sola y única ambición era
el desarrollo y la prosperidad de Francia, y
que toda su política de defensa era exclusivamente
defensiva, sin ningún espíritu
de conquista. Entrevistándose con el
embajador ruso Markov, le declara, recalcando
sus palabras: « ¡Es
con horror que hago la guerra! ».
Del lado británico,
en cambio, existen dos razones mayores de hostilidades.
La Francia nueva surgida de la Revolución
representa un ejemplo democrático contagioso
para el conjunto de las monarquías absolutistas
reinantes. Para Inglaterra, por lo demás,
constituye el principal obstáculo a su
ambición mundial. El embajador de Rusia
en Londres en 1803, Woronzov, dejó un
testimonio sin equívoco en ese sentido:
« El sistema del gabinete inglés
será siempre aniquilar a Francia como
a su único rival, y reinar después,
despóticamente, sobre el universo entero
».
La propaganda
de Londres para hacerle endosar a Francia la
responsabilidad de la guerra no reposa más
que sobre argucias falaces. La conservación
de la paz depende esencialmente del respeto
de las cláusulas del tratado de Amiens
que la restauró en 1802. El gobierno
británico encuentra toda clase de pretextos
para no cumplir con sus promesas, en particular
la evacuación de Malta que tenía
que haberse producido septiembre de 1802. A
principios de 1803, todavía no manifiesta
señales de partida. No obstante, por
su parte, Francia ya ha evacuado los puertos
napolitanos, cláusula ligada a la retirada
inglesa de Malta.
Cuando Napoleón
le hace la observación de esta circunstancia
al gabinete inglés, éste último
trata de justificarse reprochándole la
anexión del Piamonte y la permanencia
de tropas en Holanda. Pero el Piamonte se ha
hecho francés por petición de
sus representantes. Y las dos cuestiones no
tienen absolutamente nada que ver con el tratado
de Amiens. ¿En qué puede el Piamonte
francés representar una amenaza militar
para Inglaterra? La presencia de las tropas
francesas en Holanda es legítima en un
territorio concedido por un tratado internacional,
el de Lunéville, independiente del de
Amiens.
Acostumbrada
a dominar, Inglaterra querría simplemente
dictar a Francia su política exterior.
¡Si al
menos mostrara un mínimo de cortesía!
Napoleón es al contrario víctima
de una innoble campaña de prensa que
lo arrastra en el lodo. En Londres, se humilla
abiertaente a la Francia nueva. Se le hace al
Conde de Artois el honor de pasar en revista
a un regimiento inglés. El Príncoipe
de Gales ofrece una cena al embajador de Francia,
el general Andreossy, e invita al duque de Orleáns,
futuro Luis Felipe, que luce el cordón
azul real. ¿Es este el comportamiento
de un gobierno que aspira a la paz?
¡Demasiado
es demasiado! El 18 de febrero de 1803, Napoleón
convoca a Lord Whitworth, embajador británico,
para llevar a cabo una indispensable puesta
a punto. Desde hace tiempo está ansioso
por decirle sus cuatro verdades a este diplomático
lleno de arrogancia que no hace ningún
esfuerzo por ocultar su desprecio por Francia.
Ordena muy firmemente a Inglaterra cumplir con
sus compromisos y de dar fin a los ataques innobles
contra su persona.
La respuesta del gabinete británico consiste
en pedir al Parlamento, el 8 de marzo, créditos
militares suplementarios. Inglaterra ya ha decidido
volver a encender la hoguera de la guerra...
El 13 de marzo,
Napoleón dirige una nueva reprobación
personal a Lord Whitworth: « ¡Conque
los ingleses quieren la guerra!
(…) ¡Malhaya
a quienes no respetan los tratados! ¡Ellos
serán responsables ante toda Europa!
».
El 26 de abril, el embajador
británico tiene la caradura de proponer
a Talleyrand un trato increíble, visiblemente
concebido para ser rechazado, sobre todo porque
está presentado en forma de ultimátum
que expira siete días más tarde.
Inglaterra propone conservar Malta durante diez
años, y la isla vecina de Lampedusa para
siempre, mientras que Francia evacuaría
Holanda y Bélgica. ¡Dicho de otra
forma, Inglaterra conserva lo que hubiera debido
dejar, al mismo tiempo que Francia debe regresar
lo que no estaba previsto! ¡Qué
desdeñoso descaro!
Deseoso de dejarle
a la paz una última oportunidad, Napoleón
reprime su tentación de romper inmediatamente
y encarga a Talleyrand proseguir las negociaciones.
Su fracaso es total. El gabinete inglés
no quiere cambiar absolutamente nada de sus
exigencias exorbitantes. Talleyrand da cuenta
a Napoleón de su convicción que
Inglaterra se encuentra ya en estado de guerra
contra Francia.
A pesar de
ello, el Emperador le encarga sin hacerse una
última tentativa por salvar la paz concediendo
neutralizar de Malta, dada en garantía
a una potencia (Rusia) del tratado de Amiens.
Whitworth le opone una desdeñosa inadmisibilidad.
¡La paz no existe más!
Un mano a mano
se entabla entonces. El 12 de mayo de 1803 el
embajador inglés regresa a su país.
El día siguiente, el gabinete británico
confirma su voluntad de conservar Malta durante
diez años, en violación abierta
del tratado de Amiens. Para enfatizar su determinación,
Napoleón manda entonces ocupar en Italia
por Gouvion-Saint-Cyr los puertos de Otranto,
Brindisi y Tarento.
El 17 de mayo,
sin declaración de guerra, el gobierno
británico del ultra belicista Pitt hace
incautar todos los navíos franceses y
holandeses que se encuentran en los parajes
de Gran Bretaña. Se apodera así
de 1 200 barcos y 200 millones de mercancías,
por un acto de piratería de Estado a
gran escala. Aquí se trata de una agresión
abierta. ¡La máscara cae!
Napoleón replica
el 22 de mayo con el arresto de todos
los sujetos británicos que se
hayan en Francia y en sus posesiones.
Al día siguiente, Pitt
declara oficialmente la guerra a Francia,
una guerra total que no se terminará
hasta el 18 de junio de 1815 en Waterloo.
Inglaterra
saca provecho de su superioridad marítima
para ejecutar sus primeros golpes en
las colonias francesas. Santa Lucía
y Tobago, San Pedro y Miquelón
y las factorías de la India son
inmediatamente ocupadas.
Francia responde el 27 de mayo apropiándose
de Hanover, propiedad personal del rey
de Inglaterra Jorge III. Asegura de
este modo el control de los estuarios
del Weser y del Elba, puertas de entrada
de las mercancías inglesas en
Alemania, inicio de una guerra económica
que no cesará de intensificarse.
La
guerra será igualmente clandestina
y terrorista. El gobierno inglés
no retrocederá ante ningún
medio para abatir a Napoleón,
incluso por medio del crimen. No tendrá
ningún escrúpulo en contratar
asesinos a sueldo o fanáticos.
¿No fue ya sorprendido con las
manos en la masa en ocasión de
la conjura de Cadoudal en 1802?
|
 |
| Jorge
III
,
rey de Inglaterra |
|
|
¿Cuál
es la política de defensa de
Napoleón en esta guerra impuesta?
Antes que nada,
le es preciso prevenir una nueva coalición
Europa.
En Rusia, Francia
no está en olor de santidad. El embajador
del zar, Markov, le es abiertamente hostil.
Pero por el momento, Rusia, aislada, no puede
más que quedarse tranquila. Se sabe sin
embargo que agentes británicos y traidores
franceses ya están a la obra en la corte
de San Petersburgo.
Con Prusia,
las relaciones son momentáneamente buenas.
Duroc, embajador en Berlín, hace buen
trabajo. Para consolidar estas buenas disposiciones,
se le obsequia al rey Federico Guillermo Hanover,
arrebatado a los ingleses. Rechaza el regalo,
por miedo a desavenirse con Londres. Pero permanece
favorable a Francia. El acercamiento franco-prusiano
neutraliza sin embargo a Austria que espera
la hora de la revancha por sus derrotas en Italia
y en Alemania.
Detrás
de su glacis protector, la frontera del este
está en seguridad por algún tiempo.
Napoleón tiene entonces las manos libres
ante Inglaterra, pero está consciente
de que esta situación no podrá
durar mucho.
Así,
le es preciso derrotar al ejército inglés
antes de que el gabinete británico logre
formar una tercera coalición. No considera
en la hipótesis de un desembarque inglés
en Francia, cuya superioridad militar y reputación
de invencibilidad hacen muy improbable. No le
queda entonces más que la solución
de librar batalla en la misma Inglaterra, adelantándose
a la ofensiva diplomática inglesa al
este.
El tiempo está
en su contra. Dejando de lado todos los asuntos,
se consagra a este proyecto audaz, que exige
largos preparativos marítimos.
Para compensar
su inferioridad naval aplastante, Napoleón
obtiene el concurso, primero de la marina holandesa,
y luego, en enero de 1805, de la flota española.
Portugal se declara neutro. Se pone en obra
en todos los puertos, comprendidos los fluviales,
una flotilla de 2000 embarcaciones de fondo
plano y armadas, capaces de transportar un ejército
de 150 000 hombres, 450 cañones y 11
000 caballos.
Todos estos
medios se concentran progresivamente alrededor
de Boloña, de ahí la apelación
de Campo de Boloña, que el Emperador
visita frecuentemente para asegurarse de que
todo se pone bien en su lugar. En el otoño
de 1804, el ejército francés está
por fin listo. Pronto tomará el nombre
de Grande Armada. Ya no hay tiempo que perder…
|
III- LA OPORTUNIDAD PERDIDA DEL
CAMPO DE BOLOÑA - TRAFALGAR |
|
|
|
El campo
de Boloña.
Aclamado el 15 de agosto de 1804 por
cien mil soldados en ocasión
de su aniversario, vemos a Napoleón
sentado en un enorme podio decorado
con banderas y armaduras. Detrás
de él, los navíos ingleses
contemplan la escena que se lleva
a cabo al ritmo de numerosas piezas
musicales, entre ellas, la marcha
que será ejecutada durante
la misa de Consagración, el
2 de diciembre de 1804. |
|
Para permitir
el cruce de la Mancha a la Grande Armada, es
preciso que los almirantes tomen el control
del brazo de mar durante dos a tres días.
Pero, decididamente, las relaciones de Napoleón
con sus almirantes se hallan bajo el signo de
una persistente fatalidad desde Egipto. El valeroso
almirante Latouche-Tréville, comandante
en jefe de la operación naval, muere
súbitamente en Tolón el 19 de
agosto de 1804. No hay más alternativa
que remplazarlo en el lugar mismo por Villeneuve,
quien se había mostrado muy endeble durante
el desastre de Abukir. Es un mal presagio.
La misma desgracia
se abate en marzo de 1805 sobre el almirante
Bruix, comandante de la flota de desembarco
en Boloña. Todo parece ligarse para hacer
fracasar la operación. El plan de Napoleón
consiste en atraer la flota de Nelson a las
Antillas por medio de la amenaza que hará
pesar sobre las colonias inglesas la concentración
de la flota francesa. Hecho esto, regresar enseguida
a todas velas fuera de la Mancha, con el objetivo
de conseguir una superioridad naval durante
los pocos días necesarios para la travesía.
Una primera
tentativa tiene lugar en enero de 1805. Se da
la orden a las escuadras de Tolón (Villeneuve)
y Rochefort (Missiessy), de aparejar hacia las
Antillas, operación que la escuadra de
Brest (Ganteaume) debe aprovechar para desembarcar
un cuerpo expedicionario en Irlanda, diversión
estratégica.
El fracaso
es inmediato. Aparejando el 17 de enero, Villeneuve
vuelve a Tolón cuatro días más
tarde, tras haber sido sacudido por una fuerte
tempestad. Missiessy sí llega a la Martinica
el 20 de febrero, pero, al no encontrar ahí
a Villeneuve, vuelve a partir el 28 de marzo
para estar de regreso el 20 de mayo en Rochefort.
Ganteaume no ha podido moverse de Brest, al
estar bloqueando los ingleses la salida.
Es asunto es
reiniciado a principios de marzo, postergando
la iniciativa de desembarco al verano, último
plazo compatible con la situación internacional.
Para ese efecto, Villeneuve debe salir del Mediterráneo
con la escuadra de Tolón, reunirse en
Cádiz a la flota española del
almirante Gravina, y enseguida dirigirse con
hacia la Martinica. Ahí, deben encontrar
la escuadra del almirante Missiessy proveniente
de de Rochefort, y la del almirante Ganteaume
salida de Brest. Todas sus fuerzas reunidas
tendrán entonces la misión de
lanzarse a toda velocidad a la Mancha bajo el
mando de Ganteaume, para encontrarse listos
para la obra entre el 10 de junio y el 10 de
julio de 1805. Napoleón envía
para ello la directiva siguiente a Ganteaume:
« Confiándoos
el mando de un ejército tan importante
cuyas operaciones tendrán tanta influencia
sobre los destinos del mundo, contamos con vuestra
dedicación, con vuestros talentos, y
con vuestro apego a mi persona ».
A lo largo e
los preparativos, no cesará de estimular
a los almirantes, implorándoles asegurarle
el dominio de la Mancha durante solamente dos
días: « Resistid
dos días solamente, Ganteaume. No perdáis
de vista los grandes destinos que tenéis
en las manos. Si no os falta audacia, el éxito
es infalible ».
La audacia es lo que más faltará
a los almirantes, como petrificados de inhibición
ante la reputación de la marina británica.
No se maneja,
por desgracia, a los almirantes y a las escuadras
como a los generales de divisiones. El plan
de invasión, no obstante totalmente realizable
según la opinión misma de los
especialistas de la guerra marítima,
no tuvo para ejecutarla, manifiestamente, almirantes
a la altura.
|
El Emperador
Napoleón en el Canal de la
Mancha
Óleo
de
Maurice Orange |
|
Villeneuve apareja
de Tolón el 30 de marzo... con quince
días de retraso. Mientras Nelson, obnubilado
por Egipto, le espera en Cerdeña y Túnez,
él cruza sin estorbo el estrecho de Gibraltar
el 9 de abril. Hace su
junción con el almirante español
Gravina en Cádiz, y singla hacia la Martinica
a la que llega el 14 de mayo. Instrucciones
con fecha del 29 de abril le ordenan esperar
hasta finales de junio, a Ganteaume proveniente
de Brest, y a Missiessy de Rochefort. Pero el
primero no puede, de nuevo, salir de Brest después
de una tímida tentativa, y el segundo
está en camino de vuelta cuando la orden
de esperar en la Martinica llega a Fort-de-France.
Así toda la responsabilidad de la operación
va a recaer sobre los deleznables hombros de
Villeneuve.
Enterándose
el 7 de junio que Nelson llegó a Barbados
desde hacía algunos días, Villeneuve
entra en pánico y, desobedeciendo las
órdenes recibidas, vuelve a salir para
Europa el 11 de junio, perseguido de lejos por
Nelson. Hace rumbo hacia Le Ferrol. Es interceptado
el 22 de julio por el almirante Calder. Después
de un cañoneo indeciso en la neblina,
Villeneuve va a fondear el 2 de agosto en la
Coruña, reuniendo ahí a todos
los navíos franceses y españoles
de la región.
Napoleón
hace expresar su descontento a Villeneuve por
medio de un mensaje severo del almirante Decrès,
ministro de la Marina: « Su Majestad
quiere apagar esa circunspección que
reprocha a la Marina, ese sistema de defensiva
que mata la audacia y que redobla la del enemigo.
». Decrès ha edulcorado el furor
verbal del Emperador: « Villeneuve
es un miserable que hay que echar ignominiosamente.
¡Sacrificaría todo con tal de salvar
su pellejo! ». Pensaba en
Abukir…
Por una nueva
directiva, le ordena alcanzar en alta mar a
la escuadra de Rochefort, ahora capitaneada
por Allemand, para tratar juntos de desbloquear
a Ganteaume en Brest en caso de imposibilidad
de salida, y luego de penetrar en la Mancha
una vez reunidas todas las escuadras.
Ganteaume no
logra ejecutar la orden de salida después
de muchas tentativas timoratas. Allemand lo
logra en Rochefort, pero no consigue reunirse
con Villeneuve el 14 de agosto. Las dos escuadras
se perciben pero no se atreven a acercarse,
pensando estar viéndoselas con el enemigo.
¡Increíble pero cierto!
El día
siguiente, cada vez más inquieto de toparse
con la flota inglesa, Villeneuve se refugia
en Cádiz, donde atraca el 18 de agosto.
Nombrado entre tanto almirante en jefe, Nelson
se apresura a bloquear el puerto.
Después
de todos estos retardos, el plan de invasión
de Inglaterra se ha vuelto caduco. La Gran Armada
ya está en camino a Alemania cuando Napoleón
se entera el 2 de septiembre de que Villeneuve
se encuentra todavía en Cádiz.
Confirmándole su pusilánime incuria,
esta noticia lo saca de quicio. Y para que su
escuadra sirva para algo, le confía el
15 de septiembre la misión de operar
una diversión naval frente a las costas
del reino de Nápoles, tentado de unirse
a la coalición en formación. Pero,
estimando que Villeneuve sería incapaz
de llevara a bien esta operación, decide
el 17 de septiembre remplazarle por el almirante
Rosily, quien no tendrá el tiempo de
tomar su mando antes de Trafalgar.
Cuando se entera
de su destitución el 18 de octubre, Villeneuve
todavía no se ha movido. Es verdad que
la orden de maniobra de salida de Cádiz
iba acompañada por la restricción:
« salvo en caso de obstáculos invencibles
». El almirante Gravina le aconsejaba
igualmente una comprensible prudencia.
Sintiéndose
deshonrado por haber sido dejado fuera, el neurasténico
Villeneuve pierde la cabeza y decide entonces
salir el 20 de octubre. El 21 al alba, se topa
con la flota de Nelson en mar abierto del cabo
de Trafalgar. La batalla se entabla al final
de la mañana. Cerrando su línea
sin idea táctica bien definida, Villeneuve
se contenta con ordenar que « todo
capitán que no estuviese en el fuego
no estaría en su puesto ».
¡Orgullosa pero insuficiente encantación!
La confrontación se lleva a cabo con
una violencia extrema hasta el final de la tarde.
Villeneuve
dispone 33 navíos (18 franceses y 15
españoles) y 6 fragatas, armadas con
2,856 cañones. Nelson comanda 27 navíos
y 6 fragatas, armados con 2,314 cañones.
Esta ligera superioridad de la escuadra franco-española,
y la incontestable bravura de sus marinos, nada
pueden contra el profesionalismo superior de
los equipajes ingleses, y sobre todo el genio
de Nelson, quien halla en la muerte una gloria
eterna salvando a Inglaterra.
Aislado y muy
maltrecho, Villeneuve baja pabellón a
media tarde. Sucediéndole al mando, Gravina
halla la muerte en su puesto poco después,
así como el contralmirante Magon. El
desastre se consume hacia las 18 horas.
La desproporción
de las pérdidas mide la amplitud de la
derrota. Del lado franco-español se deplora
4,408 muertos, 2,549 heridos, más de
7,000 prisioneros. Con excepción de un
bastimento que logra regresar a Cádiz,
todos los demás son destruidos o capturados.
Del lado inglés, se enumeran 449 muertos,
1,241 heridos y pérdidas navales mínimas,
compensadas por las apresas.
El desdichado
Villeneuve será liberado por los ingleses
en abril de 1806 pero, desesperado, pondrá
fin a sus días poco después en
una taberna de Rennes.
Las consecuencias de Trafalgar son catastróficas.
Napoleón no volverá nunca a tener
la posibilidad de reducir por las armas a Inglaterra,
foco de la hostilidad contra Francia.
Trafalgar, de hecho, ha sellado ya el destino
del Imperio…
Por ahora, los sinsabores marítimos de
Francia han dejado a sus enemigos el tiempo
necesario para juntarse.
|
IV- LA TERCERA COALICIÓN
Y LA INVERSIÓN ESTRATÉGICA
RELÁMPAGO |
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Salida del
campo de Boloña |
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Recordemos que
la primera coalición levantó en
1793 contra la Francia de la Revolución,
a Austria, Rusia, Prusia, Inglaterra, Holanda,
Cerdeña, Nápoles y España.
La segunda opuso
a la Francia del Directorio en 1798, a Inglaterra,
Austria, Rusia y el reino de Nápoles.
Durante los preparativos de invasión
de Inglaterra, la diplomacia francesa se muestra
muy activa para ganar tiempo y mantener el mayor
tiempo posible a las cortes europeas fuera del
conflicto franco-inglés.
El 2 de enero
de 1805, Napoleón propone una última
vez a Jorge George III la apertura de negociaciones
de paz. Persiste en querer mostrar que no es
un fautor de guerra. Pena perdida, una vez más.
Tenemos la confirmación de que la paz
no es el negocio del británico, todo
volcado en sus miras hegemónicas, tanto
más cuanto que siente la batalla diplomática
inclinarse en su ventaja.
Trabajada por
los agentes británicos e influenciada
por los biliosos emigrados franceses traidores
a su país, la corte de San Petersburgo
se acerca, en efecto, insensiblemente a Inglaterra.
El 11 de abril
de 1805, Inglaterra y Rusia firman un tratado
de alianza que no busca nada menos que la evacuación
de Italia, el restablecimiento del rey de Cerdeña
en el Piamonte, la independencia de Holanda
y de Suiza, y la evacuación de Hanover.
Esto equivale a propinar un golpe fatal al glacis
protector de Francia.
Inglaterra
se muestra muy generosa para con los coaligados.
Se compromete a hacer entrega de 1,250,000 libras
sterling por grupo de 100,000 soldados rusos.
La guerra por procuración de Inglaterra
comienza.
Al haber reconocido
oficialmente al Imperio francés, Austria
se muestra primero reticente a los avances británicos.
Enseguida, presta oídos complacientes
a las insinuaciones embusteras anglo-rusas relativas
a su seguridad supuestamente amenazada por la
fuerte presencia francesa en Italia. Aprovecha
sin chistar este pretexto falaz para unirse
a la coalición el 9 de agosto. No tardará
en morderse los dedos por esta grosera manipulación,
pues será ella la principal víctima.
Suecia se incorporará a la coalición
el 30 de octubre.
En la corte prusiana
se desarrolla una delirante francofobia,
animada por la influyente reina Luisa,
a la cabeza de un poderoso partido pro
ruso que espera su hora. El hábil
embajador francés Duroc logra
difícilmente mantener en la neutralidad
al indeciso rey de Prusia, Federico
Guillermo, que se prepara sin embargo
para una inquietante mediación
armada.
Cuando, poco después
de la entrada de Austria en la coalición,
Napoleón se entera en el campo
de Boloña de que Villeneuve sigue
encerrado en Cádiz y Ganteaume
en Brest, recibe una ducha fría.
Una evidencia estratégica se
impone a él: ya no tiene tiempo
para invadir Inglaterra antes de que
los austro-rusos caigan sobre la espalda
de Francia. A consecuencia de la desidia
de los almirantes, la flota inglesa,
sin ni siquiera haber entablado confrontación
alguna, ya ha permitido al gabinete
británico de ganar la carrera
diplomático que salva a Inglaterra.
Para
precaverse de lo más urgente,
Napoleón se ve obligado a suspender
el proyecto de desembarco en Inglaterra
y hacer frente inmediatamente al peligro
apremiante que viene del Este.
En
algunos días nada más,
monta un nuevo plan de campaña
basculando el campo de Boloña
sobre Alemania. Como de costumbre, la
rapidez de ejecución constituye
su rasgo dominante. Ante la aplastante
superioridad numérica de los
coaligados, le es preciso, según
su método habitual, sorprender
al enemigo y sobre todo vencer sucesivamente
a los austriacos y a los rusos, antes
de que operen su junción. Por
añadidura, de esa manera evita
hacer la guerra en el territorio nacional,
preocupación constante de Napoleón.
El dispositivo
de los coaligados es impresionante:
|
 |
| El
Conde Pierre-Antoine Daru
(1767-1829), administrador
de los ejércitos |
|
|
------------------------
En el teatro alemán: 40 000 rusos, suecos
e ingleses en Hanover, 180 000 austro-rusos
en el Danubio (lo dos-ejércitos
austriaco de Mack y del archiduque Fernando,
seguidos por el ejército ruso de Kutusov).
Otros ejércitos rusos están en
camino para reforzar el dispositivo.
------------------------
En el teatro italiano: 142 000 austriacos del
archiduque Carlos en Italia del norte y 30 000
anglo-rusos en Nápoles.--------------------------------------
En el punto de junción de Alemania y
de Italia, los 53 000 hombres del archiduque
Juan.
El dispositivo
francés se articula como sigue:
------------------------
25 000 hombres son dejados en Boloña.
------------------------
El 1er Cuerpo de Bernadotte se moviliza de Hanover
a Baviera.
------------------------
El 2º Cuerpo de Marmont hace lo mismo desde
Holanda.
------------------------
De Boloña, los Cuerpos de Davout (3º),
Soult (4º), Lannes (5º), Ney (6º),
Augereau (7º), y la Guardia Imperial, se-ponen
en ----------------------------movimiento
a marchas forzadas hacia el Danubio.
En total 160
000 hombres que oponer a unos 250 000 austro-rusos,
muy afortunadamente todavía dispersos.
Es de notar que 30 000 extranjeros sirven ya
en la armada francesa: italianos, belgas, holandeses,
suizos, irlandeses y hasta sirios…
En Italia,
Masséna y sus 50 000 hombres tienen que
mantener en raya al ejército del archiduque
Carlos.
Esta afluencia
torrencial de unidades francesas con dirección
a Alemania aplica una planificación minuciosa
de los movimientos y de los itinerarios. Napoleón
determinó cada detalle con Daru, su incomparable
administrador general de los ejércitos.
Conoce de memoria el itinerario de cada unidad
y le suele pasar que, en pleno camino, vuelva
a poner en la buena dirección a algún
regimiento perdido. La velocidad es tan rápida
que a la intendencia le cuesta seguir el paso.
La Grande Armada soporta una prueba física
sobrehumana, pero está animada por un
ánimo de acero. « Es
para eximir la sangre de mis soldados que les
hago soportar tantas fatigas »,
afirma el Emperador.
|
V- LA DESLUMBRANTE CAMPAÑA
DE 1805 |
|
|
|
Mapa de la
campaña de 1805 |
|
Siempre
conforme a su regla primera, el plan
del Emperador es simple:
------------------------
operar una diversión en Baden,
al sur, para confortar al enemigo en
su espera de ver surgir al ejército
francés por la Selva Negra, línea
de operación lógica.
------------------------
desembocar en fuerza al norte del Danubio,
lejos hacia el este.
------------------------
retornar al sur para encerrar al enemigo
en la nasa así creada.
Aunque
acostumbrados a combatir, los austriacos
van a conformarse dócilmente
a lo que Napoleón espera de ellos.
Para
engañarlos, el Emperador vuelve
a París en vez de seguir a sus
ejércitos.
Mack
invade Baviera, aliada de Francia, el
13 de septiembre de 1805, más
temprano de lo que se esperaba. De tal
forma, no hacía más que
favorecer el plan francés. Se
apodera un poco más tarde de
Munich y prosigue su avance hacia Ulm.
Es exactamente lo que se espera de él.
|
|
A fines de septiembre,
Napoleón alcanza a sus ejércitos
llegados al Rin dentro del plazo record previsto.
El 30 de septiembre, antes de dejar el suelo
de la Patria, les dirige la proclama siguiente:
« Soldados, la guerra
de la tercera coalición ha comenzado.
Habéis debido acudir a marchas forzadas
a la defensa de nuestras fronteras. Ya no haremos
paz sin garantías. Nuestra generosidad
no engañará más a nuestra
política. Soldados, vuestro Emperador
está entre vosotros (…)
».
La Grande Armada
cruza el Rin en Mannheim, Durbach y Kehl entre
el 30 de septiembre y el 2 de octubre, y arremete
sobre los objetivos previstos, siempre a marchas
forzadas. Desde el 7 de octubre, el grueso del
ejército se vuelve hacia el sur atravesando
el Danubio en Donauworth, a unos cien kilómetros
al este de Ulm.
El 10 de octubre
ocupa el cerrojo de Ausburgo más al sur.
Todos los puentes del Danubio entre Donauworth
y Ulm están en poder de los franceses,
salvo el de Elchingen a 7 km de Ulm. Los caminos
de Viena y de Munich están cortados.
El ejército de Mack, rodeado. Intenta
una tímida penetración y enseguida
se refugia en Ulm. El ejército ruso de
Kutusov ya no puede unírsele.
|
|
El
Emperador Napoleón
arenga
a las tropas antes del ataque de
Ausburgo el 10 de octubre
|
|
El 14 de octubre,
volviendo a pasar el Danubio para cortar la
retirada de Mack por la orilla norte, Ney obtiene
una brillante victoria en Elchingen,
que le valdrá su título de duque
de Elchingen.
Antes de que
la nasa se haya cerrado herméticamente,
el archiduque Fernando logra escaparse con 20
000 hombres hacia Bohemia. La caballería
de Murat le da alcance y hace 12 000 prisioneros,
entre los cuales 7 generales y el tesoro del
ejército.
 |
| El
mariscal Ney vuelve
a pasar el puente de
Elchingen el 15 de
octubre… |
|
|
|
 |
| …
y se apodera de la localidad. |
|
|
Encerrado en
Ulm, Mack intenta una última y costosa
salida el 16 de octubre, en vano. El 20 de octubre,
sin ninguna esperanza de ser socorrido por el
ejército ruso que se repliega hacia el
norte, Mack capitula sin condiciones.
La rendición
da lugar a una escena digna de un triunfo antiguo:
27,000 prisioneros austriacos, de los cuales
18 generales, desfilan ante el Emperador durante
cinco horas, poniendo a sus pies sus armas y
sus banderas, 40 en total. El botín comprende
igualmente 60 cañones atalajados. 3,000
heridos no pudieron participar en este desfile
surrealista.
Hecho notable,
mientras desfilaban, muchos prisioneros gritaban
«¡viva el Emperador!»
cuando llegaban a la altura de donde él
se encontraba. ¡Incluso en el ejército
austriaco, Napoleón pasaba por ser un
libertador a los ojos de los simples soldados!
Un coronel
austriaco se sorprende de verle « tan
enlodado y fatigado como el último de
los tambores ». Él le responde:
« Vuestro señor
ha querido hacerme volver recordar que yo era
un soldado. Espero que reconocerá que
el trono y la púrpura imperial no me
han hecho olvidar mi primer oficio ».
Napoleón
se entrevista con los generales austriacos prisioneros:
« Vuestro señor
me hace una guerra injusta. No sé porqué
peleo ». Mack interviene:
« El emperador de Austria no quiso
la guerra, ha sido forzado por Rusia ».¡Confesión
edificante!
|
| Rendición
del general Mack en
Ulm, el 20 de octubre. |
|
En Italia, Masséna,
« el niño querido de la victoria
», no queda inactivo. Enardecido por el
éxito de Ulm, franquea el Adigio y ataca
al ejército del archiduque Carlos que
se repliega con la intención de ir a
proteger Viena. Masséna continúa
pisándole los talones y atosigándole.
En el camino
de Viena se encuentra todavía frente
a Napoleón el ejército de Kutusov,
con una fuerza de 27 000 hombres y reforzado
por 16 000 austriacos. Está atrincherado
en el Inn y no sabe qué hacer tras el
desastre de Ulm. Kutusov rechaza una petición
apremiante del emperador de Austria para defender
Viena. Prudente, decide replegarse en buen orden
en Moravia para unirse al ejército de
su compatriota Buxhöwden. En el cruce del
Danubio en Maritern, choca severamente, el 11
de noviembre, contra el 8º Cuerpo de Mortier
que Bernadotte tiene que apoyar. Además,
circunspecto, Kutusov acelera entonces su repliegue
para alcanzar a Buxhöwden en Olmutz, volviendo
a formar de este modo una masa de 85 000 combatientes.
Sin embargo,
el repliegue de Kutusov deja a Viena desprovista
de toda defensa. El 12 de noviembre, Murat y
Lannes se apoderan de los puentes sobre el Danubio
con pura maña. Hacen creer a los defensores,
pasmados, que un armisticio acaba de ser firmado.
Viena es ocupada sin disparar un solo tiro ese
mismo día.
En ella se hallan intactos miles de fusiles
y centenas de cañones, sin contar importantes
reservas de víveres y municiones.
|
| Entrada
en Munich el 24 de
octubre. |
|
El 13 de noviembre,
el Emperador pernocta en el castillo de Schönbrunn,
el Versalles austriaco, desertado por su soberano.
Al norte, manda ocupar la ciudadela de Brünn
(hoy Brno) el 21 de noviembre.
La toma de Viena
ha resultado mucho más fácil de
lo previsto, pero nada todavía está
ganado.
En Moravia,
un impresionante ejército ruso-austriaco
ha logrado reagruparse, comandado por el emperador
Alejandro en persona. Par mediación de
su comandante de cuerpo Bagration, Kutusov le
ha pagado ha Murat con la misma moneda de los
puentes de Viena. En su itinerario de fuga hacia
el grueso de las fuerzas rusas, se hallaba el
temible cerrojo de Hollabrünn, ya guarecido
por Murat y Lannes. El colmilludo Bagration
se presentó ante Murat y le hizo creer
que Napoleón acababa de concluir un armisticio
con Alejandro. A pesar del escepticismo de Lannes,
Murat se dejó engañar, él,
que pocos días antes se encontraba en
el lugar de Bagration. Una vez descubierta La
maña, ya era demasiado tarde para poner
a Kutusov fuera de juego. Los combates que siguieron
en Hollabrünn para reparar esta sandez
fueron particularmente encarnizados y costosos.
¡Es la eterna historia del regador regado!
Al sur, no
muy lejos de Viena, las fuerzas numerosas de
los archiduques Carlos y Jean están casi
intactas. La Grande Armada se encuentra así
expuesta entre dos fuegos. Le será necesario
llevarse rápidamente una victoria decisiva
contra los rusos.
Es tanto más
indispensable cuanto que, el 17 de noviembre,
se sabe el desastre de Trafalgar.
 |
| Entrega
de las llaves de Viena al Emperador
Napoleón |
|
|
|
 |
| Llaves
de Viena (colección
del Príncipe Napoleón) |
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|
VI - EL ESPLENDOR DE AUSTERLITZ |
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|
| Alegoría
de la victoria de Austerlitz, por
Antoine-François Callet |
|
Es la primera
vez que Napoleón va a enfrentarse al
ejército ruso en una gran batalla. Sabe
que sus siervos-soldados son sólidos.
Intrépidos en el ataque, se muestran
aún mejores en defensa. Conscriptos de
por vida de padres a hijos, son indoctrinados
desde su más tierna edad. La religión
ortodoxa representa su principal fuerza moral.
Están sometidos a una disciplina de hierro.
En dos palabras, el soldado ruso se parece más
al mercenario que al soldado ciudadano francés.
La Guardia Imperial rusa tiene la reputación
de ser invencible, y la caballería cosaca
temible.
La oficialidad,
enteramente dominada por la aristocracia, deja
que desear en materia de competencia, sintiendo
repugnancia por los empleos de estado mayor
o administrativos. Es la razón por la
cual se recurre a múltiples oficiales
extranjeros, como el traidor general francés
Langeron o el general austriaco Weyrother, presuntuoso
jefe de estado mayor de Kutusov, comandante
en jefe. Éste último posee una
reputación de fino táctico y de
líder.
 |
| El
Zar Alejandro I de
Rusia. |
|
|
|
 |
| El
Emperador Francisco
II de Austria. |
|
|
La situación
de la Grande Armada el 20 de noviembre de 1805
no es más brillante. Se encuentra aventurada
en Moravia. Instalados en Brünn (a 100
kilómetros de Viena), Lannes y Murat
bloquean la ruta a Olmutz, (50 kilómetros
al noreste), donde se preparan al ataque los
85 000 austro-rusos (15 000 austriacos aproximadamente),
en presencia de los dos emperadores de Austria
y de Rusia. Napoleón ha hecho ocupar
la aldea de Austerlitz por el Cuerpo de Soult.
Tuvo que dejar
en Viena importantes tropas, como cobertura
ante una reacción posible de las fuerzas
de los archiduques Carlos y Jean, quienes cuentan
entre ambos igualmente 85 000 hombres. La Grande
Armada corre el peligro de encontrarse cogida
en una tenaza.
El Emperador
todavía no ha acabado el reagrupamiento
de todas las unidades destinadas a la gigantesca
batalla que se prepara. Los Cuerpos de Bernadotte
y de Davout están todavía a muchas
jornadas de marcha. No dispondrá más
que de 70 000 hombres cuando toda su gente lo
haya alcanzado.
Otra espada
de Damocles le amenaza. El 3 de noviembre, el
rey de Prusia ha firmado un tratado con el emperador
de Rusia, en virtud del cual el ejército
prusiano (150 000 hombres) pasará de
su posición de mediación armada
a la de coaligado si Francia no acepta las condiciones
impuestas por la coalición. Afortunadamente,
el enviado del rey, su ministro de Asuntos Eternos,
el conde de Augwitz, prudente, temporiza con
Talleyrand en Viena.
En Italia del
norte, desguarnecida, el peligro viene del reino
de Nápoles, cuya actitud es muy amenazadora.
Solo contra
todos, Napoleón tiene que aplastar a
la coalición o desaparecer.
Dispone de
unos diez días para preparar la batalla.
Decide primeramente esperar el choque de los
ejércitos de Kutusov en un terreno que
él habrá elegido entre Brünn
y Austerlitz. Durante muchos días, recorre
el terreno para conocerlo en detalle.
Dos caminos
salen de Brünn, cruce de carreteras. Uno
se dirige directamente al Este hacia Olmutz.
Constituye el eje de acercamiento del enemigo.
A unos quince kilómetros de Brünn,
se encuentra una bifurcación hacia Austerlitz,
a 5 kilómetros de ahí. La segunda
ruta conduce, hacia el sur, a Viena (100 kilómetros).
Representa la línea de comunicación
vital de la Grande Armada.
A unos diez
kilómetros al este de Brünn, corre
de norte a sur el río Goldbach, perpendicular
al camino Brünn-Olmutz. Inmediatamente
al sur de esta última, y bordeando al
este al río, orientado norte-sur, se
yergue la planicie de Pratzen, de cinco kilómetros
de largo y dos de ancho. Dos cerros la coronan:
al norte el Stary-Vinobrady, de modesta altitud
de 298 metros; al sur el Pratzberg a 324 metros.
El río corre 90 metros más abajo.
La planicie de Pratzen se prolonga al sur por
el pantano de Satchen.
Entre la planicie
y el estanque corre una carretera de enlace
orientada norte-este sur-oeste, que liga Austerlitz
al camino Brünn-Viena pasando por el pueblo
cerrojo de Telnitz. Finalmente, a una decena
de kilómetros de Brünn hacia Olmutz,
un montículo a la derecha del camino,
la loma de Zurán, constituye un excelente
observatorio de 197 metros de altitud.
Tal es el campo
de batalla escogido por Napoleón para
ganar una de las más grandes victorias
de la historia militar. Todos los nombres citados
más arriba van a entrar en la leyenda,
en particular la planicie de Pratzen, que lógicamente
hubiera debido dar su nombre a la batalla. Ésta
portará el nombre de Austerlitz porque
es ahí donde el Emperador escribió
su famosa proclama. Pero no anticipemos.
La elección
del terreno no presenta interés más
que por la táctica que en él se
aplique. La que escoge Napoleón, va a
calcarse sobre la maniobra que él incitará
al enemigo a emprender.
Poniéndose
en su lugar, su intención evidente va
a consistir en cortarle la ruta de Viena al
sur de Brünn. Para realizar esto, el eje
Austerlitz-Telnitz constituye la dirección
natural de su esfuerzo. Así pues va a
emprender desbordar el dispositivo francés
por ahí, controlando primero la planicie
de Pratzen.
Para estimularlo
en esta táctica, Napoleón va a
dejarle como señuelo la libre disposición
de la planicie. Cuando inevitablemente se deslice
hacia Telnitz para romper el sólido cerrojo
que haya colocado ahí, el Emperador romperá
su dispositivo en la planicie misma, donde se
habrá debilitado, y luego, envolviéndolo
al sur, lo aplastará sobre el cerrojo
que servirá como yunque.
A este plan
táctico, añade un engaño
psicológico de buena guerra. Para alentar
al presuntuoso Alejandro a abandonar toda prudencia,
va a mostrarle ostensiblemente que le teme a
la batalla.
Para ello, nada como implorar la paz, lo cual,
por lo demás, previene de la acusación
de belicismo, porque Napoleón
desea sinceramente la paz como única
solución razonable. El 28 de
noviembre, manda por medio de Savary una carta
de amistad al Zar, en la cual expresa «
toda su estima y su
deseo de hallar ocasiones que prueben cuanto
ambiciona su amistad (…) que
le tenga por uno de los hombres más deseosos
de serle agradable. ». Demasiado
seguro de sí mismo, Alejandro lo mira
olímpicamente, omitiendo inclusive en
su respuesta belicosa dirigirse a él
como « Sire », sino simplemente
como « jefe del gobierno francés
». El Zar cree visiblemente que Napoleón
le tiene miedo…
Para confortarlo
en este sentimiento, Napoleón ordena
las primeras medidas de repliegue de las tropas
más allá del Pratzen, y para acabar
de persuadir a Alejandro de su derrotismo, despacha
de nuevo a Savary ante él el 29 para
proponerle una entrevista al día siguiente.
El Zar lo manda de regreso a su cuartel general
acompañado por su primer ayuda de campo,
el arrogante y atolondrado príncipe Dolgorouki.
Napoleón va a su encuentro para no darle
el placer de espiar sus posiciones. Este pretencioso
mocosuelo expone con desdeño las condiciones
de su amo: un regreso a las fronteras de 1789
y un abandono inmediato de Viena y de los Estados
hereditarios. En otros términos, una
capitulación tan humillante que es seguro
que no puede ser aceptada. hastiado al más
alto grado por la actitud altanera de ese patán,
el Emperador le ordena secamente esfumarse de
inmediato. Está seguro que ese movimiento
de humor va a ser interpretado por su amo como
una señal suplementaria de la ansiedad
de Napoleón. Todas
las aperturas de paz de Napoleón han
sido rechazadas.
El 1º
de diciembre, el ejército francés
ha terminado su repliegue elástico. Se
presenta bajo el dispositivo siguiente:
------------------------
Al norte, bloqueando el camino de Olmutz-Brünn,
el cuerpo de Lannes (17 000 hombres), y la caballería
de Murat (7000). La defensa se apoya en una
loma fortificada denominada « Santón
», en recuerdo de un parecido topográfico
egipcio.
------------------------
En el centro, de cara al Pratzen y detrás
del Goldbach, el cuerpo de Soult (22 000) y
sus dos divisiones Vandamme y Saint-Hilaire.
Detrás de él y un poco a su izquierda,
el cuerpo de Bernadotte (9000), terminando su
agrupamiento. La Guardia ---------------------------------Imperial
(5000), bajo el mando de Bessières, se
halla no lejos del vivaque imperial, cerca del
altozano observatorio de Zurán.
------------------------
En el ala sur, a propósito dejada desguarnecida
hasta entonces, el cuerpo de Davout (10 000)
acude a marchas forzadas para instalarse a modo
de contención en Telnitz y Sokolnitz
(2 kilómetros al norte). Habrá
recorrido 130 kilómetros en 48 horas,
perdiendo algunos rezagados.
En total, hablamos
de unos 70 000 franceses.
Enfrente, los
austro-rusos se instalan como Napoleón
se lo esperaba, tal como lo confirman sus informadores
y sus reconocimientos:
---------------------------------
Al norte, frente a Lannes y Murat, el cuerpo
de Bagration, (15 000) apoyado por la caballería
de Liechtenstein (5000).
---------------------------------
En el centro, el cuerpo de Kollowrath (15 000).
Detrás de él, en los alrededores
de Austerlitz, donde se sitúan el Estado
Mayor y los dos emperadores, se encuentra en
reserva la Guardia Imperial rusa (10 000), bajo
las órdenes del gran duque Constantino.
---------------------------------
Al sur, como esperado, la masa principal (40
000 hombres) encabezada por Buxhöwden y
compuesta por los cuerpos de Doktorov, Kienmayer,
Langeron y Przidyszewski.
Circunstancia favorable para los franceses,
Kutusov no asume más que un mando teórico,
al reservarse el Zar las decisiones importantes,
inspiradas por el presuntuoso jefe de estado
mayor Weyrother.
¡Su amateurismo irresponsable le costará
muy caro a Alejandro!
En esta jornada
del 1º de diciembre de 1805, Napoleón
se dedica a las últimas puestas a punto.
Primero debe
preparar moralmente a las tropas para el evento.
Según su costumbre, les dirige una proclama
previa a la batalla, para exhortarlos e informarles
acerca de las grandes líneas de la maniobra.
« Soldados,
el ejército ruso se presenta frente a
vosotros para vengar al ejército austriaco
de Ulm: son los mismos batallones que habéis
vencido en Hollabrün, y que desde entonces
habéis perseguido constantemente hasta
aquí… Soldados, dirigiré
yo mismo vuestros batallones. Mientras estén
marchando para doblar mi derecha, me presentarán
el flanco. Me mantendré lejos del fuego,
si, con vuestra bravura acostumbrada, lleváis
el desorden y la confusión a las filas
enemigas. Pero si la victoria fuera en algún
momento indecisa, veríais a vuestro emperador
exponerse a los primeros golpes. Pues la victoria
no podría vacilar en esta jornada en
la que está en juego en honor de la Infantería
francesa, que importa tanto al honor de la Nación.
Esta victoria terminará nuestra campaña,
y podremos volver a nuestros cuarteles de invierno,
donde seremos alcanzados por nuevos ejércitos
que se forman en Francia. Y entonces la paz
que haré será digna de mi pueblo,
de vosotros y de mí ».
Un soldado
se muestra tanto más eficaz cuanto que
conoce bien su lugar y su papel. Todo ejecutante
se siente siempre halagado y motivado al sentir
que se le considera más que un simple
autómata. Es una cuestión de dignidad.
Se le puede dar este consejo precioso a todo
joven ejecutivo, cualquiera que sea su profesión.
El Emperador
inspecciona enseguida las líneas para
mostrarse por doquier, y asegurarse que cada
cual está en su lugar. Pellizca muchas
orejas a veteranos de Italia y de Egipto. Se
entrevista con un buen número de ellos
con su tuteo familiar.
Ama
esos contactos, vigorizantes tanto para
el más humilde de los soldados
como para él. Constata que la
moral está en su punto más
alto. Su proclama ha sido dada a conocer
a todos y cada uno. Un soldado del 28º
regimiento de línea exclama:
« ¡Te prometemos que
mañana no tendrás que
combatir más que con los ojos!
».
En otra
unidad, cuando pregunta si las cartucheras
están cargadas, un soldado de
infantería le responde: «
No, contra los rusos no nos hace
falta más que bayonetas y te
mostraremos eso mañana ».
Bravo
soldado francés, un tanto fanfarrón
y quejumbroso, pero el mejor del mundo
cuando está motivado y tiene
confianza en sus jefes, como es el caso.
Hacia
las cuatro de la tarde, Napoleón
escala hasta la cima del cerro de Zurán
para observar con su catalejo los movimientos
del enemigo. Los rusos ejecutan fielmente
la maniobra que espera de ellos. La
planicie de Pratzen se guarnece. Inclusive
ya percibe los primeros movimientos
de deslizamiento hacia Telnitz. No puede
evitar exclamar frente a sus generales:
« ¡Antes
de mañana en la velada, este
ejército será mío!
».
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Como
Alejandro Magno, el Emperador
Napoleón duerme
la víspera de la batalla. |
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Se siente tan
seguro de sí mismo, que la velada en
el vivaque no resiente en absoluto la gravedad
del momento. La frugal merienda es alegre. Ya
no se habla de ninguna manera de táctica
o de logística, sino de… ¡literatura!
Sus compañeros, Murat, Junot, Rapp, Caulaincourt
y sus demás ayudas de campo, están
asombrados.
Envuelto en su gabardina sobre un montón
de paja, su sueño dura poco. Hacia las
22 horas, Savary lo despierta. A la derecha,
se oyen tiroteos. Es buena señal, los
rusos siguen el movimiento que se esperaba.
Davout ha llegado y atraílla a todas
sus unidades. El Emperador está tranquilo.
Ese táctico a toda prueba cumplirá
perfectamente con su misión.
Napoleón
decide sin embargo proceder a una última
inspección de las tropas, escoltado por
algunos cazadores a caballo de la Guardia. Andando
a lo largo del Goldbach, el destacamento cae
frente a frente ante una patrulla de Cosacos
que carga contra él y lo deja por un
momento en mala postura. Dejando a su escolta
encargarse de la escaramuza, el Emperador vuelve
a su vivaque. Un poco más arriba, al
bajar de su caballo, se tropieza con un tronco
de árbol. Esto despierta a un granadero
que, para verificar quién pasa de esa
forma, improvisa una antorcha con paja y la
enciende para alumbrarse. ¡Cuál
no fue su estupefacción al reconocer
al Emperador todo enlodado! Le hacen falta largos
segundos para reaccionar, pero enseguida, grita
con todas sus fuerzas un poderoso « ¡viva
el Emperador! ». Todo el vivaque
se despierta y va a ver qué pasa. Los
« ¡viva el Emperador! »
surgen por doquier. El Emperador oye decir «
Es el aniversario de la coronación
». No se le había ocurrido. Cada
uno toma su antorcha de paja. Los vivaques de
las unidades se iluminan uno tras otro en toda
la línea de frente. Sus soldados le gratifican
así con un extraordinario espectáculo
de « luz y sonido » improvisado
y bailan la farándula. La música
se une a la fiesta y acompaña los vivas.
Los tambores tocan llamada y tropa. La batahola
es ensordecedora, la emoción de Napoleón
está en su cenit. Exclama « ¡Es
el más bello día de mi vida! ¡Sois
mis hijos! ». Pero
su voz se quiebra al pensar que, en algunas
horas, va a perder a un cierto número
de ellos…
|
|
Vivaque
iluminado en honor del Emperador,
el 1º de diciembre, víspera
de la batalla de Austerlitz. |
|
Este intermedio
imprevisto produce un efecto táctico
imprevisto. Los rusos, creyendo que los franceses
queman sus vivaques y se escapan, aceleran sus
movimientos para anticipárseles. ¡Corren
un poco más rápido a su perdición!
En estas circunstancias,
Davout va a recibir el choque antes de lo previsto,
cuando está lejos de haber reunido a
todas sus unidades. El Emperador lo manda reforzar
inmediatamente con la división Legrand
de Soult. Su resistencia condiciona el éxito
de la batalla.
Napoleón
aprovecha las pocas horas que quedan antes del
día para reposarse un poco.
Desde el alba
de este memorable 2 de diciembre de 1805, sus
mariscales y generales se reúnen en torno
a él en la loma de Zurán. Reciben
sus últimas instrucciones y se dirigen
prestamente a sus unidades.
|
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Últimas
órdenes antes de la
batalla. |
|
Hace frío.
Una espesa neblina inunda el paisaje. Favorece
la puesta en su lugar de las unidades en su
base de partida, fuera de la vista del enemigo.
El campo de
batalla no tarda en encenderse. Al norte, Lannes
y Murat contienen fácilmente a Bagration
y a Liechtenstein, cuya misión estática
corresponde a la de Davout. Éste último
recibe un choque terrible pero aguanta estoicamente.
En el centro, Soult brinca de impaciencia por
lanzarse al asalto del Pratzen. El Emperador
le hace esperar un poco. Lo ideal es llegar
a la planicie en el momento en que esté
desguarnecida por el deslizamiento de los rusos
hacia al sur.
A las nueve, el sol, el legendario sol de Austerlitz,
surge rojo sangre sobre el Pratzen, donde se
perfilan las siluetas rusas. La neblina se disipa
entonces como por encanto. Las cosas serias
comienzan.
Napoleón
libera por fin al cuerpo de Soult como una jauría
de perros. Las divisiones Vandamme y Saint-Hilaire,
suben la pendiente del Pratzen, cada una hacia
un cerro. El espectáculo es grandioso.
Arma en mano, los hombres progresan calmadamente
cantando « On va leur percer le flanc,
rantanplan, tirelire en plan ». ¡Vaya,
entendieron bien la idea de maniobra de su jefe,
expresada en su arenga de la noche anterior!
Las músicas acompañan la marcha
con aires patrióticos. Enseguida los
tambores baten la carga. Un testigo dirá
que « Era como para acarrear a un
paralítico ».
|
|
Ataque de la planicie de Pratzen. |
|
La planicie
es conquistada con bastante facilidad a las
once de la mañana. Los rusos han sido
sorprendidos por este ataque por el flanco que
los obliga a volver a subir desde Telnitz, aliviando
a Davout. Justamente donde él se encuentra
es donde la situación es más candente.
Telnitz y Sokolnitz son perdidos y enseguida
recuperados en combates de cuerpo a cuerpo encarnizados.
El intrépido Davout cumple estoicamente
con su misión abatiéndose a uno
contra tres. Napoleón lo refuerza sin
embargo con cuatro batallones de Oudinot y,
una vez acabada la conquista de la planicie,
desplaza su puesto de comando sobre la loma
Stary-Vinobrady, donde estaba Kutusov algunos
instantes antes. Analiza la situación
y da nuevas órdenes, llevadas instantáneamente
a sus destinatarios por los diligentes ayudas
de campo.
Al norte, Lannes
y Murat atacan con fuerza a Bagration y a Liechtenstein.
La caballería de Nansouty hace maravillas.
Kellermann, el hijo del duque de Valmy, se cubre
de gloria, como lo había hecho en Marengo.
Lo rusos refluyen en desorden detrás
del barranco de Holubitz.
En el centro,
Soult recibe la orden de hacer efectuar su conversión
hacia el sur a las divisiones Saint-Hilaire
y Vandamme para tomar de revés a Buxhöwden.
Bernadotte debe relevarlo en la planicie.
|
|
Mapa operacional
de la batalla de Austerlitz. |
|
Estamos cerca
del medio día. El ineluctable contraataque
ruso se desencadena. Los diez batallones y los
seis escuadrones de la Guardia Imperial del
gran duque Constantino surgen repentinamente
en la planicie y caen brutalmente sobre la división
Vandamme. Bernadotte deja pasar la ocasión
de caer sobre los rusos por el flanco. Distinguibles
por su uniforme blanco y verde, los célebres
jinetes-guardias, hombres gigantescos, los legendarios
regimientos Preobrajenski y Semenovski, aplastan
todo a su paso y acuchillan a los cuadros de
la infantería francesa.
Un principio
de pánico se produce en los rangos. El
4º de línea se desbanda bajo la
carga. Algunos fugitivos llegan hasta el cuartel
general. El águila del regimiento es
capturada. ¡Entonces, el Emperador manda
al ataque a la Guardia, que se mantiene en reserva
no lejos de ahí! Envía a Rapp
donde Bessières para organizar el contraataque.
Esto promete un desafío de titanes, el
enfrentamiento de las dos Guardias Imperiales,
la élite del ejército ruso contra
la élite de la armada francesa. Los cazadores
a caballo de Morland y los granaderos a caballo
de Ordener cargan juntos. Este primer asalto
no logra rechazar a los jinetes-guardias. Morland
muere en el intento. Dahlmann, que lo reemplaza,
agrupa tres escuadrones. Rapp junta por su lado
dos escuadrones, la caballería de los
Mamelucos y de los granaderos a caballo. Juntos,
se lanzan nuevamente al ataque. « ¡Hagamos
llorar a las damas de san Petersburgo! »,
se oye gritar en los rangos de los cazadores
a caballo!
Esta carga
fantástica lo derriba todo a su paso.
Los Mamelucos producen un efecto maravilloso,
como lo relatará un testigo: «
Con su sable curvado, cortaban los riñones
de un soldado. Uno de ellos regresó,
en tres diferentes ocasiones, a traerle al Emperador
un estandarte ruso. A la tercera, el Emperador
quiso retenerlo, pero se lanzó de nuevo
y no regresó más. Se quedó
en el campo de batalla ».
|
|
Carga de la caballería
imperial. |
|
Después
de haber pasado el Pratzen, Rapp junta a sus
jinetes y lanza una segunda carga para acabar
los estragos de la primera. La Guardia rusa
es hecha trizas o se desbanda. ¡El centro
de los coaligados es desbaratado! La Grande
Armada ha logrado « penetrar el flanco
».
Rapp se presenta
en el puesto de comando, herido pero triunfante.
Trae prisionero al coronel de la Guardia, el
príncipe Repnin. Napoleón lo felicita
calurosamente por su hazaña, que ha observado
con su telescopio. Se inquieta por su herida
que sangra. Rapp le responde que « no
es más que un rasguño ».
|
|
Rapp presenta un
prisionero de alto rango, el príncipe
Repnín, de la Guardia
Rusa. |
|
Ahora es la
una de la tarde. El Emperador desplaza su puesto
de comando a la capilla de San Antonio, en el
sur de la planicie. Ahí le es presentado
un prisionero selecto, el barón de Wimpffen,
oficial francés al servicio de Rusia.
Su facha es lamentable. Le ofrece una copa de
vino, « de Francia
», precisa.
Libre de toda
preocupación en su retaguardia, Soult
empuja a sus tropas hacia Telnitz, donde Davout
continúa conteniendo con firmeza a Buxhöwden.
Las dos mandíbulas francesas se cierran
sobre él. Éste busca una salida
del lado de los estanques helados de Satchen.
Las balas de la artillería rompen el
hielo. Cuando no se ahogan, los rusos quedan
fuera de combate por la hipotermia y se rinden
en masa. Sus piezas de artillería y sus
arcones se hunden.
A las cuatro de la tarde,
al caer la noche, la batalla se ha terminado.
Los vestigios del ejército austro-ruso
huyen hacia el este. Su persecución
será interrumpida pronto por
la noche.
La Grande Armada deplora 1500 muertos
y 6000 heridos. El enemigo cuenta con
el doble y abandona en manos de los
franceses a un gran número de
prisioneros, cañones y banderas.
Al
visitar el campo de batalla, Napoleón
exclama: « Ojalá
tanta desgracia recaiga por fin sobre
los pérfidos insulares que son
causa de ella ».
Pero
lo más importante es la dispersión
de la tercera coalición.
El 3
de diciembre, Napoleón se instala
en el castillo de Austerlitz y ahí
redacta su célebre proclama:
« Soldados,
estoy contento de vosotros. Habéis,
en la jornada de Austerlitz, justificado
todo lo que esperaba de vuestra intrepidez.
Habéis decorado vuestras águilas
con una inmortal gloria. Un ejército
de cien mil hombres, comandada por los
emperadores de Rusia y de Austria fue,
en menos de cuatro horas, ya sea cortada
o dispersa. Cuarenta banderas, los estandartes
de la Guardia Imperial rusa, ciento
veinte piezas de cañón,
veinte generales, más de treinta
mil prisioneros, son el resultado de
esta jornada por siempre jamás
célebre. Soldados, cuando todo
lo que es necesario para asegurar la
dicha y la prosperidad de nuestra Patria
esté cumplido, os llevaré
de regreso a Francia. Allá, seréis
el objeto de mis tiernas solicitudes.
Mi pueblo os volverá a ver con
gozo y os bastará decir: «
yo estaba en la batalla de Austerlitz
» para que se os responda: ¡he
aquí un bravo! ».
|
 |
| Últimas
órdenes en la Capilla
San Antonio. |
|
|
La
batalla d’Austerlitz tiene una extraordinaria
resonancia, todavía vivaz hoy en nuestros
días. Es considerada en todas las escuelas
militares del mundo como el modelo del arte
militar. Los alumnos oficiales de la Escuela
de Saint-Cyr, fundada por Napoleón en
1802, han hecho del nombre de Austerlitz su
calendario escolar: A para octubre, U para noviembre,
S para diciembre… hasta la Z para julio.
Es así como el aniversario de Austerlitz
el 2 de diciembre, convertido en la fiesta de
la Escuela, es designado por la esotérica
apelación de 2S.
Ahora solo
queda cobrar los dividendos diplomáticos
de la victoria.
Vencido por
completo, humillado por la derrota de su guardia
personal, Alejandro se bate en retirada, cabizbajo,
con lo que le queda de su ejército. Mirando
por el futuro, Napoleón no busca perseguirlo,
dejándole meditar las lecciones de sus
faltas de juicio. El emperador de Austria, cuyo
país y capital ocupa, ya no puede hacer
nada más que concluir un tratado de paz.
|
VII – LA PAZ PROVISORIA DE
PRESBURGO |
|
|
|
En el campo de batalla tras
la victoria. |
|
Se concierta
una entrevista con el emperador Francisco el
4 de diciembre en un vivaque improvisado a 15
kilómetros de Austerlitz en el camino
de Hungría, en el lugar llamado «
Molino Quemado ». Napoleón le recibe
en gran pompa y con todos los honores debidos
a su rango, incluso besándolo y llamándolo
« mi hermano
». ¿Acaso no están entre
emperadores?
La gravedad
del evento no excluye el humor. Mostrándole
la incomodidad del vivaque, Napoleón
le ruega perdonarlo: « Estos
son los palacios que Vuestra Majestad me obliga
a habitar desde hace tres meses
». Francisco replica inmediatamente: «
Esta morada os va bastante bien, no tenéis
derecho de estar resentido conmigo ».
El Emperador
de los franceses encuentra a un hombre enojado
con Inglaterra y que se da cuenta un poco tarde
que ésta lo ha engañado en toda
la línea. « Los ingleses son
mercantes de carne humana, profiere. No hay
duda, en su querella con Inglaterra, Francia
tiene razón ». ¡Nadie
le obliga a decirlo!
Francisco II
da a entender que habla igualmente en nombre
de Alejandro. Por petición suya, Napoleón
acepta no perseguir a las tropas rusas. Durante
dos horas, frente a frente, los dos soberanos
fijan las grandes líneas del tratado
de paz por llegar entre Francia y Austria. Napoleón
no tiene contemplaciones por su interlocutor,
permaneciendo cortés y respetuoso. Éste
último se espera a esta actitud, consciente
de sus errores. ¿Acaso no ha violado
el tratado de Lunéville? ¿Junto
con Inglaterra, no se ha mostrado Austria desde
hace doce años como la enemiga jurada
de Francia? Así pues da su acuerdo a
todas las proposiciones de Napoleón.
- « Vamos,
es un asunto arreglado. Sólo soy libre
desde esta mañana » ¡exclama!
- « ¿Me
promete Vuestra Majestad no volver a comenzar
la guerra? » le responde Napoleón.
La respuesta
de Francisco es categórica: - «
¡Lo juro y cumpliré mi palabra!
». ¡Ah, si esta promesa hubiera
sido respetada!
|
|
El Emperador Napoleón
recibe a su homólogo Francisco
II de Austria. |
|
Una vez fijados
estos preliminares, Napoleón comunica
sus directivas a Talleyrand para seguir activamente
con las negociaciones de paz.
El 15 de diciembre,
Prusia, intimidada, firma el tratado de Schönbrunn.
Anexa el Hanover inglés, pero cede en
Alemania Ansbach y Baviera, el principado de
Neuchâtel en Suiza a Francia, así
como Bayreuth y el ducado de Clèves.
Además, Prusia se compromete a cerrar
sus puertos a Inglaterra.
Napoleón
no espera la firma de la paz con Austria para
reforzar el glacis protector de Francia que
acababa de mostrar su fragilidad. Por los acuerdos
firmados en Brünn, atribuye agrandamientos
a los tres electores de Baviera, de Baden y
de Wurtemberg y los asocia más estrechamente
a Francia por medio de la conclusión
de un tratado de paz perpetuo entre ella y los
reinos de Baviera, de Baden, de Wurtemberg y
de Italia. Siempre con el mismo espíritu
de prevención-disuasión, fortifica
la frontera del Rin instalando una guarnición
francesa en la fortaleza de Kehl, frente a Estrasburgo.
Firmado el
26 de diciembre de 1805, el tratado
de Presburgo establece la paz entre
Francia y Austria, duramente pero justamente
castigada.
Es considerablemente
debilitada en Alemania. Como se ha evocado más
arriba, cede al Ducado de Baden Ortenau y Brisgau,
a Wurtemberg Constanza y sus posesiones dispersas
en Suabia, a Baviera Vorarlberg, el Tirol, Trento
y Brixen. Además, el Emperador germánico
reconoce la plena soberanía de los reinos
de Baviera y de Wurtemberg y del gran Ducado
de Baden. Austria recibe a cambio las compensaciones
irrisorias del arzobispado de Salzburgo y el
ex-obispado de Wurzburg.
En Italia, Austria renuncia a todas sus posesiones,
con excepción de Trieste. El Véneto
es incorporado al reino de Italia que recibe
igualmente el protectorado de Dalmacia y de
Cattaro. Finalmente, el imperio austriaco debe
pagar una indemnización de 40 millones
por gastos de guerra. El ministro inglés
Pitt no se repondrá del golpe de Austerlitz
y fallecerá poco después.
|
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Los Generales vencedores
en la batalla de Austerlitz, llamada
de los Tres Emperadores. |
|
Una vez la misión
de paz cumplida, el Emperador está impaciente
de volver a París para retomar su tarea
agotadora de Jefe de Estado re-fundador. Se
detiene en Munich para celebrar en esa ciudad
el matrimonio de Eugenio de Beauharnais con
la princesa Augusta, hija del próximo
rey de Baviera, Max José, quien había
deseado, el muy ladino, que Napoleón
la desposara él mismo.
A todo lo largo
del recorrido de Stuttgart a París, no
hay más que arcos de triunfo, recepciones
delirantes, iluminaciones grandiosas. Se considera
organizar un « triunfo »
en París como antaño en Roma.
Las banderas arrebatadas al enemigo desfilan
en la capital en un regocijo indescriptible.
Francia entera se embriaga con la gloria de
Austerlitz.
El 30 de diciembre,
el tribunado decide unánimemente acordar
al Emperador la apelación de «
Napoleón el Grande
».
¡Y vaya
que le hará falta grandeza para hacer
frente a lo que le espera! No puede imaginarse
en ese instante que menos de diez meses después
de Austerlitz, se le arrancaría de nuevo
de su gabinete de trabajo para constreñirle
a la guerra e ir a ganar de nuevo la paz mucho
más lejos ahora…
La campaña
de 1805, que el triunfo de Austerlitz ilumina
con una gloria inmortal, representa la joya
inigualada del arte de la guerra. Cumula en
efecto en el muy corto lapso de cuatro meses:
-----------------------
El prodigio logístico
de la marcha relámpago de una masa de
160 000 combatientes en una distancia de más
de 900 kilómetros.
-----------------------
La deslumbrante
combinación estratégica
de Ulm, coronada por el desmoronamiento del
ejército austriaco.
-----------------------
La obra maestra
táctica de la batalla
de Austerlitz constriñendo al enemigo
a la paz, inmutable objetivo de guerra de Napoleón.
El sol de Austerlitz brillará por toda
la eternidad en el firmamento del arte de la
guerra...
Casaperta, Noviembre
de 2005.
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por Jean-Stanislas Vivien.