| EL
FBI CONFIRMA EL ENVENENAMIENTO EL ENVENENAMIENTO
DE NAPOLEÓN |
Basándose entre otras
cosas en análisis científicos
de la policía estadounidense, Ben
Weider, en su libro “¿Murió
Napoleón envenenado?”
(Pygmalion), demuestra que el arsénico
no fue ajeno a la muerte del Emperador.
|
En
1999, Ben Weider, presidente de la
Sociedad Napoleónica Internacional
leyó una conferencia en la
Sala del Teatro de las Variedades
de Mónaco a la cual asistieron
cerca de 500 personas. |
Napoleón
fue envenenado durante su exilio en Santa
Elena, y no es necesario ser para probarlo.
En efecto, casi todos sus compañeros
de exilio tuvieron diarios personales en los
cuales anotaron las fechas y los síntomas
de las indisposiciones que aquejaron al Emperador
a partir de su llegada a Longwood. El profesor
Jean Tulard, en el prefacio de una edición
en inglés de las memorias del fiel
sirviente Louis Marchand, presenta a este
último como un hombre honesto y un
observador perspicaz. Añade que lo
que él escribe, no puede ser más
que la verdad. Ahora, son justamente Las
Memorias de Louis Marchand (Plon,
París 1955) las que sirvieron de punto
de partida de nuestras investigaciones. Aportan
pruebas flagrantes de un crimen casi perfecto
efectuado a la instigación de un gobierno
británico para el cual, Napoleón,
entrado vivo en la leyenda, molestaba aún
demasiado. Marchand anota con precisión
la naturaleza de los malestares de los que
sufre el Emperador, cada vez que aparecen
o reaparecen.
Les síntomas, considerados en su conjunto,
son característicos del envenenamiento
con arsénico, como está actualmente
precisado en todos los libros de toxicología.
Bien decimos, en su conjunto, ya que tomados
aisladamente pueden llevarnos a un error de
diagnóstico. Un médico, en este
caso, puede pensar en el escorbuto, en una
hepatitis o a cualquier otra enfermedad. Esto
es todavía frecuente en nuestros días,
y numerosos son los “envenenadores”
sobre los cuales nunca caen sospechas. Si
les atrapan, es comúnmente por denuncia.
Conocemos ejemplos recientes en Canadá,
en los Estados Unidos y en Japón, en
donde los culpables fueron arrestados muchos
años después de sus crímenes
y condenados tras una autopsia y el análisis
de cabellos practicado sobre el cuerpo de
las víctimas.
De igual manera en lo que concierne al cuerpo
de Napoleón, y esto es capital, todos
los signos de envenenamiento referidos por
los testigos oculares son corroborados de
una manera irrefutable por el estudio de los
reportes de autopsia y por los análisis
de cabellos. Antes de pasar a estos dos capítulos
esenciales, déjenme relatarles esta
anécdota reciente. En julio de 1996,
los diarios estadounidenses anunciaban que
el departamento de Salud del Estado de Texas
prohibía el uso y retiraba de la venta
una crema de belleza preparada en México
y distribuida en los Estados Unidos. Se había
constatado que muchas mujeres habían
sufrido serios malestares después de
haber utilizado esa crema. El análisis
mostró que la crema contenía
calomel, ese cloruro mercurioso utilizado
como purgante. En ciertas condiciones, este
producto se transformaba en el organismo,
haciéndose tóxico.
Si una débil
cantidad de calomel contenida en una crema
de uso externo enferma, imaginen lo que puede
producir la absorción por vía
oral de una dosis masiva de diez granos. Es
justamente esta dosis la que fue administrada
a Napoleón el 3 de mayo de 1821 para
aliviarlo de su constipación.
Era este el “golpe de gracia”
del método de envenenamiento llamado
“de la Brinvilliers”. Este método
comporta dos fases, una fase de intoxicación
crónica al arsénico que destruye
progresivamente la salud de la víctima
sin que se pueda sospechar una acción
criminal, luego una fase terminal con horchata
y calomel.
LA
HIPÓTESIS DE UN CÁNCER ES CADA
VEZ MÁS CONTESTADA
En los papeles de sir Hudson Lowe, gobernador
inglés de Santa Elena durante el cautiverio
de Napoleón, se halla una carta de
un cierto doctor Gooch, médico reputado
de aquella época. Escribe a Hudson
Lowe para hacerle parte de sus dudas. Para
él no es un cáncer, sino el
calomel, lo que causó la muerte
de Napoleón. El marqués
de Montchenu, delegado de Luis XVIII en la
isla de Santa Elena, declaró inmediatamente
después de la autopsia: “de los
cinco médicos presentes, ninguno sabía
exactamente de qué murió Napoleón”.
Los resultados de mis investigaciones han
desmoronado poco a poco la tesis del cáncer
hereditario del estómago. Múltiples
historiadores, como Donald Horward en los
Estados Unidos y David Chandler en Inglaterra,
apoyan ahora la hipótesis del envenenamiento.
Aún los doctores estadounidenses Thomas
Hindmanch y Philip Corso quienes durante diez
años han defendido con encarnizamiento
la tesis del cáncer, reconocen hoy
que esa dosis masiva de calomel acabó
con Napoleón. Sin embargo, en Francia,
un núcleo duro continúa a rechazar
la evidencia, como lo escribía, en
1982, Jean Boisson, premio 1974 de la Academia
francesa por Le retour des cendres
(El regreso de las cenizas): “Cuando
se trata de
la muerte de Napoleón, la tesis del
cáncer siendo generalmente aceptada,
la del envenenamiento se ve rechazada y condenada,
como si constituyera una suerte de crimen
de lesa majestad, cometido por historiadores
extranjeros e inaceptable para nuestro orgullo
nacional.” Sin embargo, el muro
defensivo de los adversarios de la tesis del
veneno fue recientemente resquebrajada por
la publicación del Napoleón
de Max Gallo quien escribe, para poner un
punto final a su obra magistral: “Debe
[Napoleón] tragarse el calomel.”
En mi búsqueda de la verdad, he leído,
estudiado y anotado más o menos todos
los libros, memorias y diarios escritos por
los contemporáneos del Emperador, y
más particularmente los de quienes
vivieron a su lado, incluyendo en Santa
Elena. Muy rápido, me pareció
que la muerte, en la flor de la edad, de este
hombre dotado hasta entonces de una salud
de hierro, no podía ser atribuida a
un “cáncer hereditario del
estómago”.
Esto me parecía
falto de sentido. En efecto, en caso de cáncer
del estómago, un tumor acaba por obturar
el píloro y los alimentos ya no pueden
pasar al intestino. El enfermo muere de inanición
en un estado de flacura esquelética.
Esto fue cierto en el caso de Carlo Bonaparte,
fallecido en Montpellier el 24 de febrero
de 1785 y cuyo reporte de autopsia señala
la presencia “de un tumor muy retinente
del largor y del volumen de una gran papa
[sic]” que tapaba totalmente el orificio
de salida del estómago. No era el caso
para Napoleón quien murió muy
graso y de quien el reporte de autopsia del
doctor Antommarchi precisa: “El
orificio del píloro estaba en un estado
totalmente normal.” Además,
no hace falta ser médico para sorprenderse
del calificativo “hereditario”
cuando se sabe que ni uno solo de los cuatro
hermanos de Napoleón, o de sus tres
hijos (de los cuales dos naturales), fue víctima
de tal cáncer. Pero dejemos la palabra
al cuerpo médico. Carta fechada el
30 de septiembre de 1997 del doctor Michel
Ibos, cirujano francés quien operó
cientos de cánceres: “después
de haber estudiado cuidadosamente los reportes
de autopsia de Carlo Bonaparte y de Napoleón,
estoy en posición de hacer las observaciones
siguientes: ningún estudio estadístico
ha establecido nunca la noción hereditaria
del cáncer del estómago. Así
pues, a filiación familiar no tiene
ningún sentido. Jamás un enfermo
que padeciera este cáncer ha muerto
gordo. Este cáncer evoluciona lentamente
y mata poco a poco por caquexia (debilitamiento
de todas las funciones de nutrición)
y deterioro físico.”
El doctor Hamilton Smith,
jefe del departamento de medicina forense
de la Universidad de Glasgow en Escocia y
toxicólogo de reputación mundial,
trabajando con técnicos de laboratorio
de investigación de la central nuclear
de Harwell, cerca de Londres, ha perfeccionado
desde 1960 un método de análisis
de cabellos. Este método permite conocer,
prácticamente al día, las fechas
en que un sujeto ha absorbido dosis de arsénico
y la importancia de esas dosis. Ha permitido
verificar en cabellos rasurados sobre la cabeza
de Napoleón el día siguiente
de su muerte, que había absorbido dosis
de arsénico en fechas que corresponden
exactamente a las de los malestares anotados
por otro lado en los diarios de sus compañeros,
malestares cuyos síntomas son cada
vez los de la intoxicación arsenical.
LAS
DOSIS DE ARSÉNICO CORRESPONDEN A ACCESOS
DE DEBILIDAD DEL EMPERADOR
Hemos trazado
la curva de las variaciones de arsénico
del 26 de enero al 5 de mayo de 1821 (ver
cuadro más abajo), y colocado en frente
de los picos (puntos altos) y de los huecos
(puntos bajos) las observaciones de Marchand,
de Bertrand y del doctor Antommarchi. La concordancia
de las agravaciones y mejorías de salud
señaladas en los diarios con el trazado
de la curva constituye una prueba irrefutable
del envenenamiento. Observaciones del Dr.
Hamilton Smith: “Las cantidades
de arsénico halladas en los cabellos
de Napoleón, de 1816 a su muerte, son
características del envenenamiento
crónico.”
MÚLTIPLES
ANÁLISIS CONFIRMAN LA PRESENCIA DE
ARSÉNICO
El arsénico
fue depositado en los cabellos de una manera
biológica, es decir por el flujo sanguíneo
durante su vida. Esta es una certitud que
pone de lado toda alegación de contaminación
por un aporte externo, como crema cosmética
por ejemplo, o aún polvo o loción
que hubiesen sido utilizados para la conservación
de los cabellos. Aún el Federal
Bureau of Investigation, la policía
federal de los Estados Unidos, ha confirmado
los resultados obtenidos por el Dr. Hamilton
Smith como lo indica una carta de la cual
he aquí la traducción:
Departamento
de Justicia de los EE.UU.
FBI
Washington D.C.
28 de agosto de 1995.
Querido Doctor Weider,
El laboratorio del FBI a
examinado los dos cabellos
de Napoleón que usted
a entregado para la búsqueda
de arsénico. Encontrará
enseguida los resultados
de dichos análisis
efectuados por Espectroscopia
de Absorción Atómica
de Horno de Grafito (Graphite
Furnace Atomic Absorption
Spectroscopy).
Cabello |
Longitud |
Arsénico
(ppm) |
1 |
17,
5 mm |
33,
3 |
2 |
14,
0 mm |
16,
8 |
La
cantidad de arsénico
presente en estos cabellos
es significativa de envenenamiento
por arsénico.
Si tiene más preguntas,
contácteme por teléfono
o fax.
Sinceramente suyo,
Firmado: Roger M. Martz.
Jefe de la unidad de Química
/ toxicología.
|
|
Napoleón
es jugado por muchos como uno de los hombres
más extraordinarios de todos los
tiempos; es también uno de los más
célebres del milenario que se termina,
al menos si la celebridad se mide en función
del lugar ocupado en los medios. A acercarnos
al año 2000, que coincide con el
bicentenario de la edad de oro del Consulado,
es tiempo de que toda la luz sea hecha sobre
las causas de su muerte. Es el deseo que
había formulado al pedir al doctor
Antommarchi no descuidar nada durante el
examen de su cuerpo: “Le recomiendo
sobre todo examinar bien mi cuerpo”.
Antes de añadir que legaba a todas
las familias reinantes el horror y el oprobio
de sus últimos momentos.
BEN
WEIDER
De origen
canadiense, Ben Weider, doctor honoris causa
de las universidades de Florida y de Montreal,
es presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional y miembro del consejo del Recuerdo
Napoleónico (Souvenir Napoleónien)
de Francia. Es el autor de múltiples
obras sobre Napoleón en Santa Elena.
|
| Tras
la conferencia, el Sr. Ben Weider
participó en una sesión
de dedicatorias de su libro “¿Murió
Napoleón envenenado? (Napoleón
est-il mort empoisonné?) |
EL
ANÁLISIS DE LOS CABELLOS
Un análisis
de los cabellos de Napoleón rasurados
de su cabeza el 6 de mayo de 1821, el día
siguiente de su muerte, permitió trazar
la curva de las cantidades de arsénico
administrado al Emperador entre el final de
enero y el 5 de mayo de 1821. Sobre diversos
cabellos analizados, el cabello no 3 es el
más significativo. De 40 mm de largo,
fue cortado en 36 segmentos, los últimos
siendo los más cercanos a la cabeza,
así pues, de la muerte. La comparación
de las tasas de arsénico (ver la gráfica)
con las fechas de los malestares mencionados
por testigos, es - por lo menos - desconcertante.
Así, notamos que el 11 de febrero,
mientras la tasa de arsénico es de
13,2 partes por millón (ppm), el general
Bertrand anota que el Emperador, quien se
sentía mejor, vuelve a caer enfermo
repentinamente, sufre de tos seca y de quemazón
en las entrañas. La tasa de arsénico
que había caído a 4,6 se ha
elevado a 12,6. Hasta el 15 de abril, esta
tasa que avecina los 11 ppm corresponde según
el Dr. Antommarchi, Bertrand y Marchand a
un estado de debilitamiento de Napoleón.
La víspera de su muerte, la tasa pasa
a 15. Sorprendente.
| Vertical:
Escala en ppm (partes por millón)
-
11 de febrero de 1821
- 26 de febrero de 1821
Horizontal:
Escala cronológica |
|
-
5 de mayo de 1821
(muerte del Emperador)
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El
análisis del cabello nº
3 del Emperador |
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