Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
EL FBI CONFIRMA EL ENVENENAMIENTO EL ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN
 
Basándose entre otras cosas en análisis científicos de la policía estadounidense, Ben Weider, en su libro “¿Murió Napoleón envenenado?” (Pygmalion), demuestra que el arsénico no fue ajeno a la muerte del Emperador.
 
En 1999, Ben Weider, presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional, leyó una conferencia en la Sala del Teatro de las Variedades de Mónaco a la cual asistieron cerca de 500 personas.

Napoleón fue envenenado durante su exilio en Santa Elena, y no es necesario ser para probarlo. En efecto, casi todos sus compañeros de exilio tuvieron diarios personales en los cuales anotaron las fechas y los síntomas de las indisposiciones que aquejaron al Emperador a partir de su llegada a Longwood. El profesor Jean Tulard, en el prefacio de una edición en inglés de las memorias del fiel sirviente Louis Marchand, presenta a este último como un hombre honesto y un observador perspicaz. Añade que lo que él escribe, no puede ser más que la verdad. Ahora, son justamente Las Memorias de Louis Marchand (Plon, París 1955) las que sirvieron de punto de partida de nuestras investigaciones. Aportan pruebas flagrantes de un crimen casi perfecto efectuado a la instigación de un gobierno británico para el cual, Napoleón, entrado vivo en la leyenda, molestaba aún demasiado. Marchand anota con precisión la naturaleza de los malestares de los que sufre el Emperador, cada vez que aparecen o reaparecen.

Les síntomas, considerados en su conjunto, son característicos del envenenamiento con arsénico, como está actualmente precisado en todos los libros de toxicología. Bien decimos, en su conjunto, ya que tomados aisladamente pueden llevarnos a un error de diagnóstico. Un médico, en este caso, puede pensar en el escorbuto, en una hepatitis o a cualquier otra enfermedad. Esto es todavía frecuente en nuestros días, y numerosos son los “envenenadores” sobre los cuales nunca caen sospechas. Si les atrapan, es comúnmente por denuncia. Conocemos ejemplos recientes en Canadá, en los Estados Unidos y en Japón, en donde los culpables fueron arrestados muchos años después de sus crímenes y condenados tras una autopsia y el análisis de cabellos practicado sobre el cuerpo de las víctimas.

De igual manera en lo que concierne al cuerpo de Napoleón, y esto es capital, todos los signos de envenenamiento referidos por los testigos oculares son corroborados de una manera irrefutable por el estudio de los reportes de autopsia y por los análisis de cabellos. Antes de pasar a estos dos capítulos esenciales, déjenme relatarles esta anécdota reciente. En julio de 1996, los diarios estadounidenses anunciaban que el departamento de Salud del Estado de Texas prohibía el uso y retiraba de la venta una crema de belleza preparada en México y distribuida en los Estados Unidos. Se había constatado que muchas mujeres habían sufrido serios malestares después de haber utilizado esa crema. El análisis mostró que la crema contenía calomel, ese cloruro mercurioso utilizado como purgante. En ciertas condiciones, este producto se transformaba en el organismo, haciéndose tóxico.

Si una débil cantidad de calomel contenida en una crema de uso externo enferma, imaginen lo que puede producir la absorción por vía oral de una dosis masiva de diez granos. Es justamente esta dosis la que fue administrada a Napoleón el 3 de mayo de 1821 para aliviarlo de su constipación.

Era este el “golpe de gracia” del método de envenenamiento llamado “de la Brinvilliers”. Este método comporta dos fases, una fase de intoxicación crónica al arsénico que destruye progresivamente la salud de la víctima sin que se pueda sospechar una acción criminal, luego una fase terminal con horchata y calomel.

 

LA HIPÓTESIS DE UN CÁNCER ES CADA VEZ MÁS CONTESTADA


En los papeles de sir Hudson Lowe, gobernador inglés de Santa Elena durante el cautiverio de Napoleón, se halla una carta de un cierto doctor Gooch, médico reputado de aquella época. Escribe a Hudson Lowe para hacerle parte de sus dudas. Para él no es un cáncer, sino el calomel, lo que causó la muerte de Napoleón. El marqués de Montchenu, delegado de Luis XVIII en la isla de Santa Elena, declaró inmediatamente después de la autopsia: “de los cinco médicos presentes, ninguno sabía exactamente de qué murió Napoleón”.

Los resultados de mis investigaciones han desmoronado poco a poco la tesis del cáncer hereditario del estómago. Múltiples historiadores, como Donald Horward en los Estados Unidos y David Chandler en Inglaterra, apoyan ahora la hipótesis del envenenamiento. Aún los doctores estadounidenses Thomas Hindmanch y Philip Corso quienes durante diez años han defendido con encarnizamiento la tesis del cáncer, reconocen hoy que esa dosis masiva de calomel acabó con Napoleón. Sin embargo, en Francia, un núcleo duro continúa a rechazar la evidencia, como lo escribía, en 1982, Jean Boisson, premio 1974 de la Academia francesa por Le retour des cendres (El regreso de las cenizas): “Cuando s
e trata de la muerte de Napoleón, la tesis del cáncer siendo generalmente aceptada, la del envenenamiento se ve rechazada y condenada, como si constituyera una suerte de crimen de lesa majestad, cometido por historiadores extranjeros e inaceptable para nuestro orgullo nacional.” Sin embargo, el muro defensivo de los adversarios de la tesis del veneno fue recientemente resquebrajada por la publicación del Napoleón de Max Gallo quien escribe, para poner un punto final a su obra magistral: “Debe [Napoleón] tragarse el calomel.” En mi búsqueda de la verdad, he leído, estudiado y anotado más o menos todos los libros, memorias y diarios escritos por los contemporáneos del Emperador, y más particularmente los de quienes vivieron a su lado, incluyendo en Santa Elena. Muy rápido, me pareció que la muerte, en la flor de la edad, de este hombre dotado hasta entonces de una salud de hierro, no podía ser atribuida a un “cáncer hereditario del estómago”.

Esto me parecía falto de sentido. En efecto, en caso de cáncer del estómago, un tumor acaba por obturar el píloro y los alimentos ya no pueden pasar al intestino. El enfermo muere de inanición en un estado de flacura esquelética. Esto fue cierto en el caso de Carlo Bonaparte, fallecido en Montpellier el 24 de febrero de 1785 y cuyo reporte de autopsia señala la presencia “de un tumor muy retinente del largor y del volumen de una gran papa [sic]” que tapaba totalmente el orificio de salida del estómago. No era el caso para Napoleón quien murió muy graso y de quien el reporte de autopsia del doctor Antommarchi precisa: “El orificio del píloro estaba en un estado totalmente normal.” Además, no hace falta ser médico para sorprenderse del calificativo “hereditario” cuando se sabe que ni uno solo de los cuatro hermanos de Napoleón, o de sus tres hijos (de los cuales dos naturales), fue víctima de tal cáncer. Pero dejemos la palabra al cuerpo médico. Carta fechada el 30 de septiembre de 1997 del doctor Michel Ibos, cirujano francés quien operó cientos de cánceres: “después de haber estudiado cuidadosamente los reportes de autopsia de Carlo Bonaparte y de Napoleón, estoy en posición de hacer las observaciones siguientes: ningún estudio estadístico ha establecido nunca la noción hereditaria del cáncer del estómago. Así pues, a filiación familiar no tiene ningún sentido. Jamás un enfermo que padeciera este cáncer ha muerto gordo. Este cáncer evoluciona lentamente y mata poco a poco por caquexia (debilitamiento de todas las funciones de nutrición) y deterioro físico.”

El doctor Hamilton Smith, jefe del departamento de medicina forense de la Universidad de Glasgow en Escocia y toxicólogo de reputación mundial, trabajando con técnicos de laboratorio de investigación de la central nuclear de Harwell, cerca de Londres, ha perfeccionado desde 1960 un método de análisis de cabellos. Este método permite conocer, prácticamente al día, las fechas en que un sujeto ha absorbido dosis de arsénico y la importancia de esas dosis. Ha permitido verificar en cabellos rasurados sobre la cabeza de Napoleón el día siguiente de su muerte, que había absorbido dosis de arsénico en fechas que corresponden exactamente a las de los malestares anotados por otro lado en los diarios de sus compañeros, malestares cuyos síntomas son cada vez los de la intoxicación arsenical.

 

LAS DOSIS DE ARSÉNICO CORRESPONDEN A ACCESOS DE DEBILIDAD DEL EMPERADOR

Hemos trazado la curva de las variaciones de arsénico del 26 de enero al 5 de mayo de 1821 (ver cuadro más abajo), y colocado en frente de los picos (puntos altos) y de los huecos (puntos bajos) las observaciones de Marchand, de Bertrand y del doctor Antommarchi. La concordancia de las agravaciones y mejorías de salud señaladas en los diarios con el trazado de la curva constituye una prueba irrefutable del envenenamiento. Observaciones del Dr. Hamilton Smith: “Las cantidades de arsénico halladas en los cabellos de Napoleón, de 1816 a su muerte, son características del envenenamiento crónico.”

 

MÚLTIPLES ANÁLISIS CONFIRMAN LA PRESENCIA DE ARSÉNICO

El arsénico fue depositado en los cabellos de una manera biológica, es decir por el flujo sanguíneo durante su vida. Esta es una certitud que pone de lado toda alegación de contaminación por un aporte externo, como crema cosmética por ejemplo, o aún polvo o loción que hubiesen sido utilizados para la conservación de los cabellos. Aún el Federal Bureau of Investigation, la policía federal de los Estados Unidos, ha confirmado los resultados obtenidos por el Dr. Hamilton Smith como lo indica una carta de la cual he aquí la traducción:

 

Departamento de Justicia de los EE.UU. FBI

Washington D.C.

28 de agosto de 1995.

Querido Doctor Weider,

El laboratorio del FBI a examinado los dos cabellos de Napoleón que usted a entregado para la búsqueda de arsénico. Encontrará enseguida los resultados de dichos análisis efectuados por Espectroscopia de Absorción Atómica de Horno de Grafito (Graphite Furnace Atomic Absorption Spectroscopy).

Cabello
Longitud
Arsénico (ppm)
1
17, 5 mm
33, 3
2
14, 0 mm
16, 8

La cantidad de arsénico presente en estos cabellos es significativa de envenenamiento por arsénico.

Si tiene más preguntas, contácteme por teléfono o fax.

Sinceramente suyo,

Firmado: Roger M. Martz.

Jefe de la unidad de Química / toxicología.

Napoleón es jugado por muchos como uno de los hombres más extraordinarios de todos los tiempos; es también uno de los más célebres del milenario que se termina, al menos si la celebridad se mide en función del lugar ocupado en los medios. A acercarnos al año 2000, que coincide con el bicentenario de la edad de oro del Consulado, es tiempo de que toda la luz sea hecha sobre las causas de su muerte. Es el deseo que había formulado al pedir al doctor Antommarchi no descuidar nada durante el examen de su cuerpo: “Le recomiendo sobre todo examinar bien mi cuerpo”. Antes de añadir que legaba a todas las familias reinantes el horror y el oprobio de sus últimos momentos.

BEN WEIDER

De origen canadiense, Ben Weider, doctor honoris causa de las universidades de Florida y de Montreal, es presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional y miembro del consejo del Recuerdo Napoleónico (Souvenir Napoleónien) de Francia. Es el autor de múltiples obras sobre Napoleón en Santa Elena.

Tras la conferencia, el Sr. Ben Weider participó en una sesión de dedicatorias de su libro “¿Murió Napoleón envenenado? (Napoleón est-il mort empoisonné?)

 

EL ANÁLISIS DE LOS CABELLOS

Un análisis de los cabellos de Napoleón rasurados de su cabeza el 6 de mayo de 1821, el día siguiente de su muerte, permitió trazar la curva de las cantidades de arsénico administrado al Emperador entre el final de enero y el 5 de mayo de 1821. Sobre diversos cabellos analizados, el cabello no 3 es el más significativo. De 40 mm de largo, fue cortado en 36 segmentos, los últimos siendo los más cercanos a la cabeza, así pues, de la muerte. La comparación de las tasas de arsénico (ver la gráfica) con las fechas de los malestares mencionados por testigos, es - por lo menos - desconcertante. Así, notamos que el 11 de febrero, mientras la tasa de arsénico es de 13,2 partes por millón (ppm), el general Bertrand anota que el Emperador, quien se sentía mejor, vuelve a caer enfermo repentinamente, sufre de tos seca y de quemazón en las entrañas. La tasa de arsénico que había caído a 4,6 se ha elevado a 12,6. Hasta el 15 de abril, esta tasa que avecina los 11 ppm corresponde según el Dr. Antommarchi, Bertrand y Marchand a un estado de debilitamiento de Napoleón. La víspera de su muerte, la tasa pasa a 15. Sorprendente.

Vertical:

Escala en ppm (partes por millón)

- 11 de febrero de 1821

- 26 de febrero de 1821

Horizontal:

Escala cronológica

 

- 5 de mayo de 1821

(muerte del Emperador)

 
El análisis del cabello nº 3 del Emperador
 

 

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