Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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UNA ÚLTIMA PALABRA ACERCA DEL ENVENENAMIENTO

Por el Doctor

Ben Weider

Dr. Ben Weider
Caballero de la Legión de Honor
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional
Miembro del Alto Consejo Honorario del Instituto Napoleónico México-Francia
Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia ©

A las pruebas científicas del envenenamiento de Napoleón, es conveniente añadir las pruebas históricas de la complicidad entre el gobernador Hudson Lowe y el conde Charles de Montholon en la ejecución del asesinato. Estas pruebas históricas que hemos presentado con muchos detalles durante la conferencia del 1º de junio de 2002, acaban de ser confortadas por una carta que me envió el 2 de octubre de 2002 François de Candé-Montholon, descendiente en línea directa del conde Charles de Montholon.

François de Candé-Montholon va a decirnos él mismo como tomó posesión de aquellos documentos que esclarecen un punto de la historia controvertido por largo tiempo:

« En los desvanes de la propiedad del conde François de Montholon dormían archivos sin duda desconocidos por él mismo. Cuando muere sin posteridad, sus herederos venden la propiedad ignorando a su vez la existencia de esos documentos que habían sin duda sido disimulados ahí por el mismo general. Fue entonces cuando mi padre, convertido en jefe de familia, recibe un llamado del nuevo propietario. En el curso de los trabajos emprendidos, éste acaba de hallar inopinadamente esos documentos y busca restituirlos de inmediato.

Mi padre, biógrafo renombrado y apasionado de historia, recibe así esos documentos, los consulta rápidamente, no capta su interés y me llama enseguida: “Acaban de traerme archivos que conciernen a la familia Montholon, y con los cuales no sé qué hacer, ¿podrías venir y tomar posesión de ellos en vista de que Montholon parece haberte apasionado siempre?

Recibo pues en envío de algunos cartones con papeles amarillentos y los transporto al campo sin preocuparme más durante muchos meses, listo para olvidarlos a mi vez. En el transcurso del verano siguiente, emprendo una depuración metódica y, para mi estupefacción, descubro especialmente series de cartas desconocidas, constando aún con sus sellos de cera, fechadas en Santa Elena entre 1819 y 1821, escritas de puño y letra de mi ancestro el general de Montholon y dirigidas a su esposa Albine. Es conveniente en efecto precisar que Albine de Montholon dejará Santa Elena el 2 de julio de 1819 bajo el pretexto de que estaba enferma ».

Ahora la carta:

François de CANDE-MONTHOLON
Manoir de la Mesnardière
49520-NOYANT-la-GRAVOYERE

INTERNATIONAL NAPOLEONIC SOCIETY
2875, Chemin Bates Road
MONTREAL-QUEBEC-Canadá

El 2 de Octubre de 2002

Mi querido presidente,

Es con gran placer y gran alegría como recibí su carta del 12 de Septiembre así como los documentos que la acompañaban.

Desde nuestro último contacto, he trabajado mucho, leído, reflexionado a propósito del tema que nos apasiona.

Gracias a sus investigaciones, reconozco estar cada vez más convencido de que es usted quien tiene razón en lo que concierne a su análisis sobre las razones que llevaron a mi ancestro el Conde de Montholon a seguir al Emperador al exilio:

He llegado, por mi parte, a las conclusiones siguientes, sustentadas en los documentos familiares que he continuado a descifrar y a analizar:

El conde François de Candé-Montholon
No me pronunciaré acerca de las causas de la muerte de Napoleón ya que no me estimo competente en ese tema en particular, pero en calidad de observador, diré que aquellos quienes refutan los argumentos que usted avanza, lo hacen con una mala fe y una arrogancia tan evidente que en definitiva sirve a la causa que usted defiende...

Si se considera como admitida esta primera hipótesis, a saber que Napoleón hubiera sido envenenado, sería totalmente deshonesto de mi parte no reconocer que entre quienes se acercaban a Napoleón, mi ancestro es quien se queda cerca del Emperador cotidianamente durante todo el periodo en el que éste presenta los síntomas de intoxicación que usted ha puesto en evidencia. Si esta intoxicación provenía de una causa natural, los demás compañeros hubiesen presentado los mismos síntomas, lo cual, salvo error de mi parte, no tuvo lugar.


Por lo demás, el Profesor Maury había hecho analizar cabellos de Albine de Montholon que yo le había entregado y que fueron muy probablemente cortados para ser regalados a su marido cuando ella deja Santa Elena: Estos cabellos presentan una tasa normal de arsénico compatible con la tasa que se encuentra hoy en nuestros cabellos. Pongo además a su disposición este mechón, si usted desea hacer proceder un nuevo análisis.

En fin, debo confiarle que los últimos documentos que he descifrado, demuestran el papel muy importante y sin embargo desconocido del Marqués Sémonville en todo este asunto. Muy cercano a Maret, Duque de Bassano, pero también de Luis XVIII, Sémonville tiene una influencia decisiva en la elección de seleccionar la candidatura de Montholon entre quienes seguirán a Napoleón al exilio. Debo reconocer, a la luz de estos documentos en mi posesión, que pienso haberme equivocado al afirmar que mi ancestro había actuado solo. Me parece hoy muy probable que él estaba al menos encargado de una misión de vigilancia en Santa Elena y que en la medida en que se admite su responsabilidad en este asunto del envenenamiento, no hubiera podido actuar más que de acuerdo con los aliados. Por otra parte las relaciones que llevaba con Hudson Lowe durante y después del exilio, así como el retrato que hace de él a su hija Napoleona quien lo contará en sus memorias, prueba que ambos hombres se habían frecuentado regularmente durante y después del exilio. Hoy llego pues a la conclusión de que el análisis que usted siempre ha sostenido es el que me parece más probable.

Acabo de terminar, en colaboración con el célebre guionista francés, Marcel JULLIAN, una pieza de teatro “El secreto de Napoleona” (Le Secret de Napoléone) escrita bajo una forma totalmente novelesca y le envío un ejemplar del manuscrito. Me gustaría mucho tener su opinión sobre la credibilidad de los diálogos que hemos construido.

Marcel Jullian se apasionó con toda esta historia y nuestro editor común nos ha confiado la redacción de una novela en forma de un verdadero fresco histórico que cubre el periodo 1815-1821. Tratándose de una novela, tendremos toda la libertad para construir el guión que nos parezca lo más conforme a la verdad y que, en este caso, será es que usted siempre ha defendido: El General de Montholon partirá hacia Santa Elena investido con una misión secreta al servicio del Rey, bajo la presión de su padre adoptivo el Marqués de Sémonville; pero múltiples eventos voltearán la situación a favor de Napoleón quien por sus cualidades excepcionales sabrá desbaratar todas las intrigas y por el perdón que le acordará antes de morir a aquel a quien él llamaba su hijo, permanecerá hasta el final amo de su destino, como verdadero héroe de esta epopeya última.

¡Lamento, como usted, que muchos de aquellos quienes reivindican el título de historiadores, sean de tan mala fe cuando se trata para ellos de admitir que pudieron cometer errores! Estas mismas personas que esperan poder dividir para reinar mejor me dicen: El señor WEIDER, gran admirador de Napoleón y quien ha sostenido siempre que su ancestro ha asesinado a Napoleón, no puede más que detestar a su descendiente sobre todo porque usted parece suscribir a esta tesis. ¡Pues bien! ¡Mi querido amigo Ben, le doy una ocasión suplementaria de detestarme aún más al suscribir una vez más a una nueva etapa de su demostración!...

Con toda mi amistad,

François de CANDE-MONTHOLON, F.I.N.S.

François de Candé-Montholon, de quien hay que saludar el valor y la probidad intelectual por haber escogido defender la verdad histórica en vez de tratar de disimular acciones de su ancestro que hoy pueden parecer reprensibles, acaba pues de confirmar lo que repito desde hace más de veinte años en mis conferencias, a saber:
« El general conde Charles de Montholon, como agente de los Borbones, logró, al precio de una gran abnegación y largos sufrimientos morales, una misión de honor al servicio del rey. Triunfó donde generales tan célebres como Pichegru y Cadoudal y aristócratas del más alto rango, tales como el marqués de Rivière y los hermanos Jules y Armand de Polignac habían lastimosamente fracasado. »

Ben Weider.

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