Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..

ENVENENAMIENTO DE
NAPOLEÓN

LA ÚLTIMA PRUEBA
 
EXPEDIENTE ESPECIAL DE LA
SOCIEDAD NAPOLEÓNICA INTERNACIONAL
"De qué murió Napoleón", "Cómo murió Napoleón", "Dónde murió Napoleón", "Asesinato de Napoleón"
Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©

 

ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN

 

Los últimos experimentos efectuados por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo y la Universidad de Luxemburgo lo demuestran de manera definitiva:

NAPOLEÓN HA SIDO VÍCTIMA DE UNA INTOXICACIÓN CRÓNICA CON ARSÉNICO


LA TEORÍA DE LA CONTAMINACIÓN EXTERNA NO RESISTE MÁS: EL VENENO HA SIDO LLEVADO AL CORAZÓN DEL CABELLO POR EL FLUJO SANGUÍNEO

Cada año. Los expertos en toxicología médico-forense se reúnen en un congreso bajo los auspicios de La Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses (The International Association of Forensic Toxicologists) (TIAFT).

Fundada en Londres en 1963, la asociación, cuya sede se encuentra hoy en el gran ducado de Luxemburgo, cuenta con 1 600 miembros, todos científicos de alto nivel, pertenecientes a laboratorios de la policía, hospitales, coroners, Institutos de medicina forense, a laboratorios especializados en problemas de dopaje…

Después de, entre otros, Helsinki (2000), Praga (2001), París (2002), es Melbourne, capital del Estado de Victoria, en Australia, la que ha acogido del 17 al 22 de noviembre de 2003, el 41º simposio internacional de la asociación.

Entre los participantes, el doctor Pascal Kintz. Antiguo presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica y hoy vicepresidente de The International Association of Forensic Toxicologists, el doctor Kintz es bien conocido por los científicos, entre otras cosas, por sus trabajos sobre los cabellos de Napoleón.

Él presentaba, en compañía del profesor Robert Wennig, de la universidad de Luxemburgo, los últimos resultados obtenidos por visualización Nano-SIMS (Nano-secondary Ion Mass Spectrometry) en la universidad de Luxemburgo sobre la cuestión de la presencia de arsénico en los cabellos del Emperador.

La conclusión de sus análisis es formal: la presencia del tóxico en la médula, es decir en el corazón del cabello, demuestra, sin equívoco posible, que Napoleón fue víctima e una intoxicación crónica con arsénico.

 

La larga marcha de los pioneros de un posible envenenamiento

A este punto de la exposición, conviene evocar el origen de una teoría que, a pesar de las evidencias científicas, a sido siempre rechazada, con un extraño encarnizamiento, por los historiadores napoleónicos franceses.

5 de mayo de 1821: El Emperador Napoleón I muere en la isla de Santa Elena a donde ha sido deportado por el gobierno inglés.

Causa oficial – y única admitida en Francia – del deceso: un cáncer del estómago. «Hereditario», insisten los adeptos de esta tesis. Damos más lejos la opinión de una personalidad de la medicina quien explica lo que conviene pensar del supuesto carácter hereditario de esta enfermedad.

Primeras sospechas

1955: publicación de las Memorias de uno de los compañeros de deportación de Napoleón, su sirviente, Luis Marchand. A la lectura del documento, un estomatólogo sueco Göteborg, Sten Forshufvud, quien ha hecho estudios de toxicología en la facultad de Burdeos, es llevado a sospechar que Napoleón probablemente no murió de enfermedad como siempre se ha dicho. Ciertos síntomas se parecen, en efecto, a signos observados en los casos de intoxicación crónica por arsénico. Persuadido de que otros no dejarán de notar la presencia de dichos síntomas, el sueco, en primera instancia, no va más lejos en su investigación.

Primeros análisis: éstos revelan la presencia de arsénico

1961: Forshufvud, quien había logrado procurarse un cabello del Emperador por un historiador napoleónico reconocido, el comandante Henry Lachouque – quien autentificó formalmente dicho cabello – lo hizo analizar por un científico, el profesor Hamilton Smith, quien trabajaba en el departamento de medicina forense de la universidad de Glasgow. Éste había desarrollado, junto con el Harwell Atomic Energy Research Establishment cerca de Londres, un método que, al someter un cabello a un bombardeo de neutrones, permitía activar el arsénico de tal manera que podía ser medido con una precisión muy grande. El experimento reveló la presencia de una fuerte concentración de arsénico.

A partir de la publicación de los resultados, lejos de abrirse, todas las puertas en Francia se cerraron ante el detective-historiador aficionado. Éste, en un primer tiempo, se halló en la imposibilidad de entregar a Hamilton-Smith los otros cabellos que necesitaba para llevar más lejos los análisis.

Pequeña digresión semántica sobre los cabellos « atribuidos » a Napoleón

Los agentes del FBI así como los científicos franceses de Estrasburgo han utilizado siempre esta fórmula: « Cabellos atribuidos a Napoleón ».
No hizo falta más para que el « medio » napoleónico francés – sería más justo escribir: « el medio napoleónico parisino » - echase un velo de sospecha, no sobre los mismos análisis (faltos de competencia), sino sobre la pertenencia de los cabellos a Napoleón.
En términos claros: sus análisis muestran que hay arsénico en los cabellos analizados, pero, ¿cual es el valor de sus resultados si los cabellos no son los de Napoleón?

Primera observación: La mención « cabellos atribuidos a… » utilizada tanto por el FBI como por el laboratorio de Estrasburgo no tiene más que un significado: ninguna persona investida con competencias judiciales puede hacer portar la mención: « cabellos de… » más que en la medida en que los ha tomado ella misma sobre la persona.
Esta reserva de procedimiento es pues totalmente normal.

Segunda observación: ¿Se puede razonablemente imaginar, de buena fe se entiende, cabellos provenientes de todas las partes del mundo, incluida Australia y pertenecientes a cinco personas diferentes, que presentarían todos dosis similares de arsénico?

La salvación vino del extranjero.

- Primero de un Suizo, Clifford Frey, quien entregó directamente a Hamilton Smith veinte cabellos que habían pertenecido a uno de los domésticos de Napoleón, un ciudadano suizo llamado Abraham Noverraz. Resultado: las 140 pruebas efectuadas por el científico – lo escribió con su puño y letra a Forshufvud – revelaron « que el sujeto a sido expuesto de manera intermitente a cantidades significativas de arsénico… ».

- Enseguida, una australiana, la Señora Mabel Brookes, descendiente de la joven Betsy Balcombe, quien dejó un testimonio conmovedor sobre Napoleón en Santa-Elena. Informada sobre las investigaciones del sueco por un artículo publicado en la revista científica Nature, la Señora Brookes había enviado a Hamilton Smith un mechón de cabellos cortados en 1816 por el criado Marchand a petición de la muchacha.

- Luego, en 1970, un estadounidense de Nueva Jersey, de ascendencia rusa, Grégory Troubetzkoy, descendiente de uno de los ayudantes de campo del Zar Alejandro I, decidió, él también, aportar su piedra al edificio de la búsqueda de la verdad. Propuso al sueco seis cabellos de un mechón que había pertenecido a Las Cases, el memorialista de Napoleón. Analizados por el científico escocés, estos cabellos revelaron también la presencia de arsénico.

Para dar a conocer sus investigaciones, Forhufvud escribió un libro sobre el tema: ¿Fue Napoleón envenenado?

La obra fue ridiculizada por los historiadores napoleónicos franceses, quienes no dieron ningún valor a los análisis efectuados por Hamilton Smith. Mala novela policíaca, escribieron. Actitud que, hoy en día, no ha variado a pesar de la acumulación de los resultados científicos obtenidos por los expertos internacionalmente reconocidos en el medio de la toxicología.

 

El canadiense Ben Weider toma el relevo

Hombre de negocios internacional educado en el culto de Napoleón por su padre, el Quebequense Ben Weider funda la Sociedad Napoleónica Internacional en 1995 para dar a conocer mejor la personalidad verdadera de Napoleón.

Presente en 40 países, la Sociedad cuenta hoy con más de 500 miembros, muchos de ellos historiadores, entre los cuales figura el inglés David Chandler y el estadounidense Donald Horward.

Cuando había tenido noticia de esta tesis de un posible envenenamiento de Napoleón, Ben Weider se había apresurado a entrar en contacto con el sueco Forshufvud.
Los dos hombres se habían juntado una primera vez en 1963, enseguida en 1966 y finalmente en 1974, fecha « oficial » de la entrada del canadiense en la arena, con el fin de establecer los medios propios para hacer progresar las investigaciones para sostener la tesis.

1995

Mientras los críticos de los medios « oficiales » napoleónicos franceses no habían dejado de llover sobre esta tesis de un posible envenenamiento de Napoleón, Ben Weider, después de haber buscado comprobar todos los argumentos a favor de dicha tesis, había logrado – esta búsqueda había sido muy larga procurarse cabellos de Napoleón.

Los confió al jefe del Servicio de Química / Toxicología del FBI – a quien le tomó mucho tiempo dejarse convencer del interés del – dos cabellos provenientes del mechón perteneciente a Gregory Troubetzkoy.

Sometidos al método llamado « Graphite Furnace Atomic Absorption Spectroscopy », los resultados confirmaron aquellos obtenidos por Hamilton Smith en Glasgow.
Iban acompañados de un comentario del responsable del servicio de Química / Toxicología, Roger Martz:

« Washington, DC, 28 de agosto de 1995
« El laboratorio del FBI ha analizado dos de los cabellos de Napoleón que usted ha entregado para una búsqueda de arsénico. Encontrará enseguida los resultados del análisis que ha sido efectuado por medio de la “Graphite Furnace Atomic Absorption Spectroscopy.
La cantidad de arsénico presente en los cabellos analizados concuerda con un envenenamiento por arsénico… »

Cabellos
Largor (cm)
Peso (µg)
Arsénico (ppm)
1
1,75
45
33,3
2
1,40
38,5
16,8

Después de haber consagrado tres libros, entre los cuales ¿Quien mató a Napoleón? publicado en Francia en 1982 (un millón de ejemplares todas la ediciones confundidas), al misterio de la muerte de Napoleón, Ben Weider publicó otro más en 1999 (¿Murió envenenado Napoleón?) para dar a conocer los resultados de los análisis efectuados por el FBI.
La « resistencia » y los sarcasmos del napoleónico francés continuaron como nunca.

Carta escrita el 6 de septiembre de 2000 a Ben Weider
por el profesor emérito de cancerología, Lucien Israel

« He leído con atención su libro, y comparto sus conclusiones.

Al comenzar los trastornos del Emperador en 1816, han durado pues cinco años. Un cáncer del estómago (por cierto, no es hereditario) desarrollándose durante tanto tiempo no habría podido matar más que por metástasis pulmonares y sobre todo hepáticas. Ahora, no se constató ninguna en la autopsia. Otra causa hubiese sido una hemorragia cataclísmica. No se produjo ninguna. Estos son los argumentos principales, pero hay otros, el hecho por ejemplo de que los ganglios regionales del mediastino muestren aspectos supurativos, lo cual no se explicaría en caso de cáncer gástrico.

Pienso pues que su tesis [la del envenenamiento] es la buena ».

2000

El 4 de mayo, Ben Weider organizó en el Senado un coloquio para presentar los resultados obtenidos por el FBI a los expertos franceses en toxicología, como a los especialistas de la época napoleónica.

Del mismo modo que los historiadores napoleónicos – a pesar de su incompetencia (comprensible) en materia científica – no habían nunca aceptado los análisis realizados, a petición del sueco Forshufvud, por el laboratorio de la universidad de Glasgow, de igual forma los especialistas franceses, sin confesarlo abiertamente, mostraron que no estaban dispuestos a aceptar sin reserva los llevados a cabo por un laboratorio extranjero, así fuera el FBI.

¿Porqué esta hostilidad? Porque, por una parte, las muestras entregadas para su análisis eran en extremo pobres: 35 y 45 micro gramos, y por otro lado, porque los cabellos habían sido segmentados. Ahora, entre más pobre sea la cantidad de muestras, es más probable que el trabajo de análisis sea perturbado por la presencia del « ruido de fondo » – se le podría comparar al « soplo » de una cinta magnética virgen – de la máquina. Fue este ruido de fondo el que causó que la señal « de base » no fuera perfectamente lineal.

Al materializarse la presencia de arsénico por un “pico”, la superficie de dicho pico da una indicación de la concentración: entre más importante es su superficie, mayor es la concentración del tóxico (o de toda otra substancia de la que se busque el rastro). Para obtener resultados fiables, es importante disponer de una cantidad suficiente de material biológico – cabellos en el caso que nos interesa. A falta de una cantidad más importante, el FBI, que había trabajado con cantidades aproximadamente mil veces menos importantes, había tenido que multiplicar por cien la muy pequeña respuesta obtenida a partir de la cantidad infinitesimal de cabellos puestos a su disposición para poder expresarla en la unidad de medida de referencia: el miligramo. Pero en semejante configuración, los picos resultantes del ruido de fondo de la máquina habían sido, ellos también, multiplicados por cien. De ahí la dificultad de hacer la diferencia entre una respuesta « verdadera », reveladora de una intoxicación por arsénico, y una respuesta correspondiente al ruido de fondo.
Sin embargo, los resultados confirmaban los de Glasgow.

LA OPINIÓN DE DOS GRANDES HISTORIADORES EXTRANJEROS

Después de haber dudado largo tiempo – lo cual es conforme al proceder de un historiador honesto – el británico David Chandler, antiguo profesor en la academia militar de Sandhurst, y el estadounidense Donald Horward, de la Florida State University, ambos especialistas internacionalmente reconocidos del Primer Imperio, hicieron marcha atrás en sus reticencias.

David Chandler: « Es claro ahora que Napoleón fue envenenado. Acepto este hecho, aunque, durante años, tuve dudas al respecto. » (Sunday Times, 12 de enero de 2003). « Pero queda por esclarecer quien(es) era(n) el (los) asesino(s).» (Revista de la Folio Society inglesa).

Donald Horward: « Por sus investigaciones, Ben Weider permite al lector reconsiderar las causas del fallecimiento de Napoleón, y no cabe ninguna duda de qe su explicación de los eventos que rodean a su muerte sea la más verosímil. »

En cuanto a los diversos historiadores napoleónicos, se desataron por medio de la prensa contra aquel quien había tenido la osadía de venir a pisotear sus platabandas.

Para quien sabe leer el francés, ciertos artículos estuvieron al límite de la difamación pura y simple.

Aceptando tomar en cuenta esas reticencias, Ben Weider anunció a la asistencia que haría proceder otros análisis por un gran laboratorio, francés esta vez.

EL INSTITUTO DE MEDICINA FORENSE DE ESTRASBURGO

El Instituto, que simboliza una tradición medico-forense de dos siglos en Alsacia, forma parte de la Facultad de medicina de la Universidad Louis Pasteur, de la cual depende.

Esta animado por docentes-investigadores, expertos ante el Tribunal de Apelación Colmar.

Como todos los establecimientos de esta naturaleza, el Instituto de medicina forense de Estrasburgo tiene una actividad de tanatología (200 autopsias y 100 levantamientos de cadáveres al año) de medicina forense clínica en colaboración con otras disciplinas hospitalarias (acogimiento de personas víctimas de agresiones físicas, sexuales o psicológicas), de biología molecular, y, gran especialidad del Instituto, de toxicología médico-forense.

Este departamento, el más importante del Instituto por el número de investigadores que trabajan en él, efectúa un millar de análisis al año. Es este uno de los cinco laboratorios del planeta reconocidos por la comunidad científica internacional por el análisis de los cabellos. Quince a veinte por ciento de todo lo que ha sido escrito sobre el tema lo ha sido por miembros de laboratorio.

El 15 de septiembre de 2000, Ben Weider entregó al profesor Bertrand Ludes, director del establecimiento, y al doctor Pascal Kintz, jefe del laboratorio de análisis toxicológicos, y en ese momento presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica, cinco mechones de cabello de Napoleón:

- Un mechón llamado « Lady Holland »: Las Cases cuenta que junto con su marido, sobrino del político inglés Charles Fox, a quien Napoleón estimaba mucho, Lady Holland había logrado hacer llegar al deportado periódicos y objetos agradables, así como « una máquina recién inventada, propia a hacer hielo », ya que Lady Holland sabía que a Napoleón le gustaban las bebidas frescas. (Por desgracia, la máquina en cuestión no funcionó).

- Un mechón llamado « Abate Vignali »: cortado el 6 de mayo de 1821.

- Un mechón llamado « Noverraz », cortado al día siguiente de la muerte de Napoleón, así pues el 6 de mayo de 1821. Fue enviado por Noverraz el 8 de septiembre (sello del correo con fecha del 9) de 1838 a un llamado Mons-Riss, habitante de Saint-Gall, en Suiza:
« Me da mucho placer, escribe el remitente, de enviarle hoy, Señor Monsieur Mons, algunos cabellos del Emperador Napoleón que he tomado de su cabeza tras su muerte. Era el seis de mayo de 1821. »
Cabellos de este mechón, propiedad del hombre de negocios suizo Clifford Frey, habían sido ya analizados por el profesor Hamilton Smith.

- Un mechón llamado « Louis Marchand »: este mechón había pertenecido al comandante Henry Lachouque, citado anteriormente.

- Un mechón llamado « Las Cases »: su origen está autentificado por un pasaje del Memorial de Santa Elena, con fecha del miércoles 16 de octubre de 1816:
« A la hora de su baño, el Emperador se hacía cortar el cabello por Santini [compañero de exilio ya en la isla de Elba] ; yo estaba a su lado, un poco más atrás, un gran mechón cayó a mis pies. Viéndome agacharme, el Emperador preguntó qué pasaba. Respondí que yo había dejado caer algo que recogía. Me pellizcó la oreja sonriendo. Acababa de adivinar. »
En el sobre original que contenía los cabellos, figuraban estas palabras:
« Cabellos de Napoleón recogidos por mí en Longwood, como indicado en el Memorial, y dados al Sr. William Fraser. »

En resumen: son cinco mechones de origen indiscutible, y perfectamente autentificados (veremos más lejos la importancia de esta precisión), los que fueron confiados a los científicos del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.

Una nota que recordar: Durante la conferencia-debate realizada en Estrasburgo el 14 de enero de 2003, uno de los participantes (junto con el doctor Pascal Kintz), el Sr. Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón, y adversario encarnizado de la tesis de una intoxicación crónica con arsénico, consintió en admitir – públicamente – la autenticidad de los cabellos confiados por Ben Weider al Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.

 

Interés de los cabellos para el análisis toxicológico

Mientras que los « testigos” ordinarios (sangre, orina, saliva… que, de todas maneras, hacían falta en el caso de Napoleón) a los cuales recurre la medicina forense, no guardan ninguna huella de una substancia extraña más que desde unas horas a una semana, los cabellos permanecen confiables durante años.

Pasado

 

presente

Punta del cabello

 

 

Raíz del cabello

 
Velocidad de crecimiento del cabello: 0,8 a 1,3 cm / mes
 

 

Al ser los cabellos « testigos fiables » durante años, su examen permite estudiar el pasado biológico de una persona. La rapidez promedio de crecimiento siendo de un centímetro al mes, un cabello largo de 6 centímetros permitirá remontar 6 meses en el pasado de esta persona.

Por otra parte, los cabellos, tejidos biológicos, presentan dos ventajas mayores:

- Cumulan las exposiciones, cualquiera que sea la naturaleza de éstas (drogas, substancias dopantes, medicamentos o, en el caso presente, arsénico…);

- Incorporan a lo largo de su crecimiento (un centímetro al mes: un cabello de seis centímetros permite pues remontar hasta seis meses en el « pasado biológico» de una persona) todo lo que está presente en la sangre.

Esta vez, y contrariamente a lo que había pasado con el FBI, los científicos de Estrasburgo tuvieron a su disposición cantidades satisfactorias de muestras – de 0, 5 a 2,2 miligramos – lo cual les ponía al abrigo del escollo al que habían estado confrontados sus homólogos estadounidenses.

Métodos de análisis

Existen dos técnicas de análisis validadas por todos (precisión indispensable como se verá enseguida) los tribunales internacionales:

- La antorcha de plasma inductivo acoplado con espectrometría de masa (Inductively coupled plasma mass spectrometry (ICP-MS).
Exigía que los científicos tuviesen a su disposición unos cien miligramos de cabellos. Fue pues descartada en razón de su alto consumo en muestras biológicas.

- La espectrometría de absorción atómica electrotérmica (Electrothermal atomic absorption spectrometry (ETAAS)).

Como todo experimento científico de muy alto nivel, es imposible explicarla en términos accesibles a todos. He aquí su modo operativo resumido sucintamente por el doctor Pascal Kintz: el arsénico presente en la muestra biológica (en este caso los cabellos) es volatilizado y luego atomizado a alta temperatura. Entonces es capaz de absorber una radiación de longitud de onda específica. Entre más numerosos sean los átomos de arsénico – y su concentración más importante pues – habrá más radiación absorbida. Si se envía a través de la muestra una radiación total de 100 milirems, y si hay poco arsénico presente en la muestra, la radiación final, poco absorbida, será del orden de 95 milirems. En cambio, si la cantidad de arsénico presente en la muestra biológica es importante, la radiación final ya no será más que de 50 ó 60 milirems: el arsénico habrá absorbido el resto.

- En cuanto a la descontaminación previa, procedimiento constante en medicina forense, consiste en un « lavado » de los cabellos a analizar para quitarles todas las substancias que hubieran podido depositarse sobre su vaina externa: por ejemplo, productos de conservación, frecuentemente invocados por los historiadores napoleónicos franceses para explicar a su manera la presencia de arsénico en los cabellos de Napoleón. En efecto, además de lo que es transmitido por el flujo sanguíneo, el cabello puede incorporar, fuera del cuero cabelludo, todo lo que está presente en el sudor o el sebo (ver diagrama más abajo), y, en su parte externa, puede fijar substancias que es conveniente eliminar antes del análisis.

Cabellos: mecanismos de incorporación

1) Sangre. 2) Sudor y sebo. 3) Contaminación externa.
Este esquema muestra los diferentes mecanismos que pueden conducir a la contaminación de los cabellos.
Nótese que sólo el mecanismo de incorporación por el flujo sanguíneo puede conducir un tóxico al corazón del cabello, revelador de una intoxicación crónica por vía digestiva.

El ejemplo más representativo es el de las personas presentes en una velada durante la cual se ha fumado canabis: si no fueran previamente descontaminados, sus cabellos podrían revelarse todos positivos.
Los cabellos de Napoleón fueron pues sometidos a esta operación de descontaminación, la cual, esquemáticamente expuesta, consiste en un paso por tres baños sucesivos, dos de los cuales en acetona, acompañados cada vez por una vigorosa agitación. Después de este tratamiento, las substancias presentes sobre la vaina de los cabellos se hallan en el líquido de lavado. Les cabellos están entonces listos para los análisis que podrán revelar lo que entraña su estructura interna.

RESULTADOS DEL ANÁLISIS

En situación « normal », el arsénico no está totalmente ausente en nuestro organismo (ver cuadro). Esta es la razón por la cual existe una « tolerancia », variable según los países.

Distribución 75 As en un cabello no contaminado
El arsénico está presente en cantidades ínfimas en todos los cabellos. Es lo que muestra este corte. Pero la médula, parte obscura en el centro, no presenta ninguna huella de tóxico, contrariamente a los cabellos de Napoleón.

Los resultados que aparecen en el cuadro siguiente hablan por sí mismos.
A la lectura de los resultados, se constata:

1) Que los cabellos de Napoleón presentan (en cifras redondeadas) concentraciones en substancia tóxica de 7 a 38 veces superiores a la dosis « admitida ».

2) Que existen diferencias sensibles en las concentraciones observadas.

¿Cuales son las causas de esto?

- Las concentraciones medias del arsénico « natural » que se encuentra en los cabellos de cada cual varían sensiblemente según la parte del cráneo en la que fueron tomadas. En un sujeto latino, esas dosis son de 0,35 ng/mg para los cabellos tomados en el vertex (punto más elevado sobre la línea mediana de la bóveda craneal), de 0,43 en la zona frontal, de 0,31 en la nuca y de 0,46 en la zona temporal. Estas diferencias se encuentran lógicamente en la hipótesis de una intoxicación crónica.

ORIGEN DE LOS CABELLOS
CANTIDADES DE CABELLOS ANALIZADOS
LONGITUD DE LOS
CABELLOS
CONCENTRACIONES
EN ARSÉNICO
Lady Holland
(Cortados el 6 de mayo de 1821)
1,2 mg
4-6 cm
38,53 ng/mg
Abbé Vignali (Cortados el 6 de mayo de 1821)
2,0 mg
5-6 cm
15,50 ng/mg
Abraham Noverraz (Cortados el 6 de mayo de 1821)
2,2 mg
6-9 cm
6,99 ng/mg
Louis Marchand (Cortados el 6 de mayo de 1821)
0,5 mg
4-6 cm
15,20 ng/mg
Las Cases
(Cortados el 16 de octubre de 1816)
0,5 mg
2 cm
7,43 ng/mg

 

- Al no tener todas las muestras analizadas el mismo largor, no incorporaron entonces cantidades equivalentes de arsénico.

- En fin, y sin que sea posible verificarlo, ciertos cabellos podían estar en fase « anágena » (periodo propiamente dicho de crecimiento; duración: de 6 meses a un año), otros en fase « catágena » (periodo de inercia en el curso de la cual el cabello, a punto de caer, no ingiere más ninguna substancia).

Mencionemos a título de información la fase « telógena », que es la fase de caída.

 

¿Qué origen para el arsénico detectado?
Las hipótesis de teorías variables de los « tradicionalistas »


Tocamos aquí uno de los puntos predilectos utilizados por los historiadores napoleónicos franceses para refutar la tesis, o desprestigiarla.
Según ellos, la presencia de este tóxico podría explicarse por las causas siguientes:

Utilización de preparaciones farmacéuticas: no parece que Napoleón haya tenido necesidad de ellas, y ciertamente no en dosis tan masivas.

Agua para beber: fue analizada en los años 90. Su concentración en arsénico era ínfima. De todas maneras, Napoleón no hubiese sido el único intoxicado.

Papel tapiz, humo de la estufa, etc.: misma observación que en el ejemplo precedente.

Productos de conservación de los cabellos: esta eventualidad constituye el « caballo de batalla » de los oponentes de la tesis de un envenenamiento criminal como va a mostrarlo el párrafo siguiente. Los historiadores Napoleónicos fueron confortados en esta vieja creencia por los análisis (ver más lejos) de la revista Science & Vie.

Según el jefe de los « tradicionalistas », el profesor Tulard, un historiador no afirma nada sin prueba formal (ver más abajo). Lo cual no impide a estos mismos « tradicionalistas » invocar en diversas ocasiones, y con la misma gravedad, como causas posibles de contaminación por el arsénico a todas las evocadas más arriba.
Uno podría sorprenderse de estas divergencias de certezas como del hecho del hecho de que este historiador, tan condescendiente para las investigaciones de los demás, no se interroga acerca del comportamiento de esos extraños agentes exterminadores que no se ensañaron más que contra Napoleón.

- Los mariscos: recordemos, para la pequeña historia, la pintoresca hipótesis emitida, durante la jornada de mayo de 2000 en el Senado, por el representante de un gran laboratorio oficial, la hipótesis según la cual el arsénico presente en los cabellos de Napoleón tenía su origen en los… ostiones y los mariscos. La respuesta a esta hipótesis fue aportada por un profesor de medicina presente: el arsénico orgánico que se encuentra en los crustáceos y los mariscos es inmediatamente eliminado por el cuerpo.

Los mismos historiadores tradicionalistas, quienes « no afirman nada sin pruebas », no dudan por cierto a añadir todavía, y siempre con la misma gravedad:

- El aburrimiento: en noviembre del año pasado, en ocasión de un viaje a Sao Paulo, donde la Fundación Napoleón aseguraba la comisaría de una exposición consagrada d Napoleón, su director, el señor Thierry Lentz, yendo todavía más lejos en la vía de las hipótesis, declaró a los periodistas brasileños:
« Napoleón no murió envenenado. Era tuberculoso [sic], tenía una úlcera y sobre todo, se aburría. Murió de aburrimiento y de tristeza. » (Fin de la cita).
¿En donde pues están las « pruebas » científicas susceptibles de apoyar una teoría tan singular?

Finalmente, el arsénico pudo ser utilizado como agente tóxico: se trata de la tesis propuesta por la Sociedad Napoleónica Internacional, y probada por los análisis realizados por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo.

En el diario Corse Matin del 1º de febrero de 2004, en una entrevista del historiador Jean Tulard, notamos esta citación:

« ¡[Algunos] se conmueven por las huellas de envenenamiento encontradas en sus cabellos [de Napoleón] pero, en aquella época, se conservaban los mechones en soluciones de arsénico! ¿Lo ve usted? Un historiador no afirmará nunca sin prueba formal » (Fin de la cita).

Pregunta: ¿En vista de los resultados obtenidos por el profesor Wennig y el doctor Kintz en la universidad de Luxemburgo con el Nano-SIMS, cómo podrá este oponente a la tesis justificar la presencia del tóxico en el corazón de los cabellos de Napoleón?

 

Análisis de la revista Science & Vie:
Un método no validado por los tribunales internacionales

En el mes de noviembre de 2002, en el número 1022, la revista mensual de vulgarización Science & Vie publicaba un expediente anunciado en la portada bajo el título siguiente:

« Exclusivo – Napoleón no fue asesinado », con, en el índice, esta mención perentoria:

« Nuestra investigación libra sus conclusiones: irrefutables ».

En otras palabras, los análisis de los científicos del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo eran totalmente erróneos.

Precisión indispensable: ha sido dicho más arriba que existían dos – y únicamente dos – métodos reconocidos y aceptados por los tribunales internacionales para la búsqueda de tóxico en los cabellos. Uno de estos métodos fue justamente el que utilizó el Instituto de Medicina forense de Estrasburgo para su serie de análisis hechos a fines del año 2000.

¿Qué hay del método utilizado por el laboratorio de la Prefectura de Policía de París a la cual la revista había confiado un mechón de cabellos de Napoleón?

Punto esencial: la tecnología empleada no está validada por los tribunales internacionales, y no fue el objeto más que de una publicación en una revista de vulgarización sin comité de lectura.

En otras palabras, si este método fuera aplicado en un asunto criminal, los resultados obtenidos no serían aceptables por la justicia.

El análisis, que no se centró más que en las capas superiores de los cabellos, revela que estos presentan concentraciones en arsénico superiores a las concentraciones fisiológicas toleradas, y que esta repartición es bastante homogénea en toda la longitud. Un poco como si el cabello estuviera cubierto por una película protectora.

Intoxicación - Incorporación activa - Envenenamiento

Para tratar de desmentir toda suposición de envenenamiento de Napoleón, los oponentes a la tesis se fundan en el hecho de que los científicos nunca recurren al vocablo « envenenamiento ». Por una razón simple: no pertenece al lenguaje del científico. Éste, quien no tiene por mandato tomar el lugar del magistrado, o, este caso particular, al historiador, provee los resultados de los análisis que ha efectuado, y es en vista de dichos resultados que el magistrado e forjará su opinión sobre la eventualidad de un envenenamiento criminal. Jugar sobre esta argumentación falaz para ridiculizar una tesis revela simplemente la más insigne deshonestidad intelectual.

Según la revista, el arsénico, estando ya presente en cabellos cortados en 1805 y 1814, antes pues de la deportación de Napoleón a Santa Elena, no se podría hablar de « intoxicación por ingestión », sino de una contaminación par « productos conservadores ». Conclusión : la contaminación no puede ser sino externa.

Este razonamiento presenta una debilidad, que los lectores de Science & Vie no habrán podido notar, pues el artículo estaba presentado con una tal abundancia de « jerga » científica que, a falta de poseer un bagaje suficiente, el profano se hallaba obligado a aceptar las conclusiones de las que no podía verificar lo bien fundado.

Esta debilidad es la siguiente:

Si, como lo sostiene la revista, el arsénico no está presente más que en la superficie de los cabellos, un proceso de descontaminación correctamente efectuado (en términos simples: el lavado) evocado en la rúbrica « Métodos de análisis » permitirá eliminarlo. El tóxico pasará al agua de lavado que bastará entonces analizar: si esta agua se revela muy positiva en arsénico, se podrá entonces decir que la contaminación es externa, y que se está tratando con arsénico « exógeno ».
Este no fue el caso. Lo que probaba que la contaminación no podía deberse a productos de conservación.

De ahí la necesidad de ir a explorar el corazón del cabello para asegurarse de la presencia, o no, de arsénico « endógeno », es decir llevado por el flujo sanguíneo, o sea por « incorporación activa ». Este fue el objeto de los análisis efectuados en el otoño de 2003 en el gran ducado de Luxemburgo.

 

La investigación pura al apoyo de la verdad histórica

 

Del lote de cabellos utilizados para los últimos análisis realizados en el curso del año 2000, el doctor Pascal Kintz había conservado dos. Uno de ellos provenía del mechón llamado « Las Cases », y el otro del mechón conocido como del « abate Vignali ».

Los nuevos análisis fueron realizados con el Nano-SIMS (Nano-Secondary Ion Mass Spectrography), una máquina utilizada en investigación pura y de la cual no existen más que diez ejemplares en el mundo (ver la ilustración siguiente).

Conviene hacer notar que el Nano-SIMS, puesto a la disposición del doctor Kintz por el profesor Robert Wennig, profesor de toxicología en la universidad del gran ducado de Luxemburgo, no es una herramienta de uso cotidiano en medicina forense – ante una Corte de asuntos criminales que hubiese tenido que dar un fallo sobre el « caso Napoleón », los análisis precedentes por absorción atómica hubieran sido suficientes.

 

Instrumento NanoSIMS 50.

Laboratorio de análisis de los materiales.

Realizado en la Universidad de Luxemburgo.

Fue con esta máquina instalada en los locales de la universidad del gran-ducado de Luxemburgo con la que el profesor Wennig y el doctor Kintz han realizado, en otoño del 2003, los últimos análisis en los cabellos de Napoleón.
Los resultados obtenidos muestran que el Tóxico fue « empujado » en los cabellos por el flujo sanguíneo, lo que excluye definitivamente la hipótesis de una contaminación externa.

Pero, teniendo en cuenta la polémica relativa a los cabellos de Napoleón, era indispensable recurrir al Nano-SIMS para poner un término a la leyenda tenaz de la contaminación externa.

Principio del Nano-SIMS 50

Después de haber sido « recortado en rodajas », la muestra (cabello) es colocada en un soporte de acero especialmente concebido para el experimento, luego « bombardeado » por iones de cesio.
Bajo el efecto de este bombardeo, la muestra va a regresar una irradiación complementaria cuya longitud de onda corresponde a una longitud de onda específica del arsénico.
Esto va a permitir establecer la « cartografía » de la muestra, en este caso del o de los cabellos como lo muestra la ilustración del párrafo siguiente.

Mientras que el método precedente (absorción atómica), igualmente empleado por el FBI ofrecía una óptica cuantitativa y daba indicaciones sobre el « entorno » completo del cabello, el Nano-SIMS, por su parte, va al corazón del cabello.

 

Dos imágenes que ponen fin a toda interrogante

 

Esta cartografía evocada en el recuadro que acompaña al esquema de funcionamiento del Nano-SIMS, es lo que pone de manifiesto el documento siguiente:

Distribución 75As en los cabellos de Napoleón

En este diagrama obtenido por imaginería Nano-SIMS, se distingue netamente que la médula, es decir el corazón del cabello, contiene tóxico, arsénico en este caso. Sólo una intoxicación crónica puede « justificar » esta presencia.

Se distingue perfectamente en la médula, en el corazón del cabello pues, la presencia de « manchas » muy importantes que revelan la presencia de arsénico.

Ciertamente hay tóxico en la superficie, muy probablemente a causa, entre otras cosas, de manipulaciones – es lo que loa análisis de Science & Vie mostraron – pero el punto importante e indiscutible es que estas imágenes ponen de una vez por todas un final a la hipótesis de la contaminación externa por productos de conservación de los cabellos.

- Punto esencial a subrayar: la muy buena correlación existente entre las concentraciones medidas por la absorción atómica y las observadas en Luxemburgo con el Nano-SIMS.

- Desde los años sesenta, los científicos que han estudiado y analizado (honestamente) el « caso Napoleón » han – siempre – obtenido resultados homogéneos. Estos resultados han puesto de manifiesto cantidades que van de 7 a 38 veces la concentración « tolerada ».

- Estos resultados habían sido confirmados por los análisis hechos, a fines del año 2000, por el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo según el método de la espectrofotometría de absorción electrotérmica.

- Estos mismos resultados acaban, a su vez, de ser confirmados por los análisis efectuados en la universidad de Luxemburgo con el Nano-SIMS, que ha hallado la huella del tóxico en el corazón de los cabellos de Napoleón, en la médula. La obstinación de algunos historiadores napoleónicos no cambiará en nada la realidad científica.

A ESTA IMPREGNACIÓN DE LA MÉDULA, NO EXISTE MÁS QUE UNA SOLA EXPLICACIÓN POSIBLE:

EL ARSÉNICO LLEGÓ AL CORAZÓN DE LOS CABELLOS A TRAVÉS DE LOS CAPILARES DE LOS IRRIGAN.

ES LA PRUEBA DEFINITIVA DE QUE SE TRATA CLARAMENTE DE UNA INCORPORACIÓN ACTIVA, Y NO, DE NINGUNA MANERA, DE UNA CONTAMINACIÓN EXTERNA.

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Las grandes obras que he ejecutado y el código de leyes que formé resistirán a la prueba del tiempo, y los futuros historiadores vengarán los entuertos que me habrán hecho sufrir mis contemporáneos.

(Santa Elena, Napoleón al doctor Barry O'Meara).

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