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Envenenamiento de Napoleón: ¿Una « mediatización selectiva »?

LA « LEY DEL SILENCIO »

Carta del Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.

Tras los análisis realizados por el Doctor Pascal Kintz, el Señor Jean-Claude Damamme envió a la revista Historia un « Expediente de Prensa », que se convertiría a la larga en el artículo « La última prueba » (« La dernière preuve »), publicado en el sitio de la Sociedad Napoleónica Internacional.
El director de la revista devolvió el expediente en las condiciones que veremos más abajo.

Esta situación se presenta en un contexto particular, poco después de que un equipo de investigadores suizos dirigidos por el patólogo Alessandro Lugli, tratando de desmentir la tesis del envenenamiento en provecho de la de la muerte por cáncer de Napoleón, en base a un estudio realizado sobre la base de la observación minuciosa de… los pantalones del Emperador.

En efecto, para fundamentar su tesis, este equipo de científicos del Instituto de Historia Médica de la Universidad de Zurich, se dieron a la tarea de comparar una decena de pantalones empleados por el Emperador antes y después de su exilio en Santa Elena, determinando que Napoleón había perdido más de diez kilos durante los últimos meses de su vida, hasta pesar, en vísperas de su muerte el 5 de mayo de 1821, « 75,7 kg. para sus 1,67 metros ».

Una bien singular – y original - manera de diagnosticar una enfermedad en efecto: al medir la cintura de los pantalones imperiales, y notar que su talla disminuía, se concluyó con toda naturalidad que la enfermedad de Napoleón debía forzosamente ser ese cáncer del estómago que impedía al Emperador alimentarse.

Por cierto… Napoleón medía 1m 69.

En todo caso, un artículo referente a este estudio fue publicado precisamente en la revista Historia (Retour sur l'Histoire: Les pantalons de Napoléon parlent, por Frédéric de Monicault Historia nº 672, 2003), que extrañamente no creyó pertinente escribir una sola línea sobre los trabajos altamente serios del Dr. Kintz y otras personalidades eminentes de los medios histórico y científico.
Una situación similar se presentaría en el marco de una emisión médica en la televisión francesa: « Le Journal de la Santé ».

Enseguida, la respuesta del Sr. Jean-Claude Damamme al director de Historia:

Sr. Pierre BARON
Director de la Redacción
« Historia »
Publicaciones Tallandier
74, avenue du Maine
75014 París

23 de enero de 2005

Señor,

Le agradezco el haberme reexpedido – y en perfecto estado – el documento acerca del envenenamiento de Napoleón que le había hecho dirigir de Montreal por el Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional, el Sr. Ben Weider.

Atraigo sin embargo su atención sobre el hecho de que no se trataba, según su expresión, de una « propuesta de artículo », sino de un expediente de prensa, como estaba estipulado en caracteres grasos sobre la portada.

Bien he notado que su «comité editorial no contempla la publicación de este artículo en un número próximo».

Primero estuve, diría, sorprendido de que una revista como Historia no se interesara en un punto de Historia que concierne al personaje histórico más célebre de nuestro país.

Pero su papel membreteado me recordó, por si fuera necesario, que los historiadores napoleónicos «institucionales», muy presentes en las «Publicaciones Tallandier», entonces pues en Historia, han combatido siempre, y peor aún, ridiculizado con argumentos afligentes una tesis que, hoy en día, se sustenta en estudios científicos de un nivel tan alto que les resultaría bien difícil refutarlos sin entrar en conflicto con los investigadores que procedieron a los análisis.

El silencio es pues efectivamente para ellos el arma más adaptada hoy en día a este tipo de situación.

Como tuvo Usted la amabilidad de hacerlo para conmigo, le deseo un muy buen año, y le ruego, Señor, acepte la expresión de mis sentimientos más distinguidos.

Jean-Claude Damamme.

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