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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
Polémica histórica
POR QUÉ « NO SE DEBE » QUE NAPOLÉON HAYA SIDO ENVENENADO
« France Soir » del 27 de diciembre de 2002

Por el Señor

Jean-Claude Damamme *
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme

El 17 de diciembre, M6 nos ofreció una emisión napoleónica, a falta de ser imperial. Se destacó la lamentable prestación de un cronista mundano quien, a propósito de la vida sentimental de Napoleón, recurrió a la bella expresión de “echarse un tiro”, sin prejuicio de la lección de anatomía amorosa con la evocación del misterioso punto G. ¡Qué gran clase! Descubrimos también “el error apenas creíble” (sic) cometido por Napoleón en 1812 durante la campaña de Rusia: para hacer ceder al Zar Alejandro, hizo marchar a su armada sobre Moscú. Lo ignorábamos, M6 lo revela al fin: de 1800 a 1815, Francia fue gobernada por un hombre que no sabía que, desde hacía un siglo, Moscú había perdido, en provecho de San Petersburgo, su estatuto de capital de Rusia.

Se evocaron las causas del fallecimiento del Emperador. A pesar del artículo de la revista Science & Vie, que se suponía iba a torcer el cuello a la tesis del envenenamiento criminal y enviar al olvido los análisis del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, el cual, salvo error, es una autoridad mundial en ese ámbito, el presidente de la Fundación Napoleón fue extrañamente reservado, sin burlarse, como tenía la costumbre de hacerlo, de una teoría de la cual, notémoslo, solo sus detractores tienen derecho de hablar. Para ridiculizarla. Retomó esencialmente las conclusiones del dicho artículo: el arsénico hallado en los cabellos del Emperador no proviene de una intoxicación por ingestión, sino de múltiples fuentes posibles de contaminación, desde hace largo tiempo catalogadas por los historiadores, como el humo del calentador y el pegamento del papel tapiz de Longwood.
Entra en efecto en el sentido común que estos dos “agentes exterminadores” habían muy precisamente apuntado a su víctima, puesto que Napoleón fue el único a morir de ellos. ¡Un “ataque quirúrgico” antes de tiempo!

Contrariamente a los que fueron pasados por el tamiz por la investigación de la revista en cuestión, los cabellos que el “millonario canadiense” Ben Weider hizo analizar han sido siempre tomados por sospechosos gracias a una semántica sutil, como aquella expresión de “cabellos atribuidos a...” empleada por los científicos.

Hábilmente empleado, este argumento echó la duda sobre la autenticidad de los cabellos. La respuesta es simple: toda persona investida con poderes judiciales no puede utilizar la mención “cabellos de...” más que si los ha cortado ella misma.
Aún así notemos esta coincidencia “apenas creíble”, para retomar la bella expresión del especialista de la campaña de 1812): ¿cómo es que las cinco mechas de cabellos analizados en Estrasburgo en 2001, provenientes de todos los rincones del globo y entregadas por cinco personas diferentes podrían todas presentar concentraciones de veneno similares?

Otro argumento semántico: los científicos no han empleado nunca el vocablo de envenenamiento. Hubiese bastado hacerles la pregunta para obtener una respuesta límpida (lo que sin duda no era el objetivo buscado): este término no pertenece al vocabulario del científico quien habla de “exposición al arsénico”, sino al magistrado, quien, en virtud, entre otras cosas, de los análisis, determina si hubo o no “envenenamiento”.
Esta rúbrica de la emisión se terminó pues como importaba que se acabara. El hombre que no sabía hacer la diferencia entre Moscú y San Petersburgo sucumbió de un cáncer del estómago. Como su padre. Y poco importa que el Dr. Lucien Israel, Profesor emérito de cancerología y miembro del Instituto de Francia, haya escrito al canadiense Ben Weider que el cáncer del estómago “no es hereditario” y que su “tesis (del envenenamiento) es la buena”!

(*) Últimas obras publicadas:
- Lannes, Mariscal de Imperio (Payot)
- Los soldados de la Gran Armada (Perrin)
- La batalla de Waterloo (Perrin).)
- Las Águilas en invierno, Rusia 1812 (Perrin)


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